Beta reader: Izuspp.


Notas: La bella Valenti, hizo una edición muy linda para mi fanfic. Pueden verla en mi perfil. ¡Gracias Valenti! Y a ustedes no importa si es un dibujo, una dedicatoria o lo que gusten yo siempre lo recibiré con gusto :)

Dedicatoria para:"Traducciones SNK en español", Ritsu, Izuspp y Valenti quienes me ayudaron mucho y les agradezco tanto. También a todos los chicos que se animaron a leer esta historia, espero les guste.

Recomendación de fanfiction:Para las amantes del EruRi, Izuspp tiene un fanfic maravilloso llamado "Dancing on Highwire".


Capítulo trece

"Amigos"


—Jean, —mencionó nuevamente Hitch— ¿qué hay cerca de los botes?

Y el soldado supo que estaban jodidos.

—Si no vas a decirnos, yo mismo lo veré que hay —se adelantó Marlo, caminando hacia los botes.

—¡Espera! —Le gritó Jean, al mismo tiempo que lo tomaba del brazo—. ¡No puedes!

Marlo alzó una ceja inquisitiva.

—¿Por qué diablos no? —Expresó a secas y Jean supo que era su última oportunidad para él y para Marco, quien escuchaba atento cada una de sus palabras. A partir de lo que dijera ahora, Marlo y Hitch podían enterarse de la existencia de las sirenas o no.

—No puedes porque…—comenzó, sintiendo las palmas de sus manos sudarle fríamente. Deseaba que su cerebro trabajase tan rápido como cuando insultaba a alguien, pero seguramente en estos momentos se veía como vil retrasado mental—…Estoy triste —escondido entre los botes, Marco pensó que de estar en el lugar del soldado, se habría humillado mucho menos.

—¿Y eso a mí que me importa? —Añadió Marlo, con una mueca de verdadero asco.

—¿Me preguntas por qué debería de importarte? —Recalcó, mientras un "sí, idiota" era respondido internamente por el tritón. —Pues porque… ahm…—su mirada se desvió un segundo del soldado de la policía militar, para buscar algo que lo ayudase a responder, y por única vez, fue Hitch su salvación—. Porqué es culpa de Marco —se abrazó de la chica, como si tuviese una verdadera dolencia. —"Ella" es la culpable de que no pueda vivir más en este mundo.

Hitch le miró con pena y correspondiendo su abrazo, acarició su espalda con devoción.

Oh, Jean. Cuanto lo siento —musitó de manera dulce, continuando con su acción—. Pero, ya sabes lo que dicen —agregó con voz suave—: "Si no te sientes bien comiendo las sobras, puedes comerte un plato entero"—se señaló así misma.

—Sí… es una buena frase para el amor —"concordó" Jean, mirando a Marco asomar su cabeza entre los botes ahora que Hitch y Marlo estaban de espaldas a él. Tanteando el terreno y conectando su mirada con la del soldado, comenzó a caminar lentamente para salir de aquel callejón.

—¿Tú crees? —Preguntó de manera súbita Hitch, sobresaltando a Jean y al tritón, quien quedó estático en su sitio—. Porque Marlo no cree que- —antes de que la chica pudiese alzar su rostro y mirar a su compañero, el de cabello castaño, de algún modo improvisado; la acercó hacia él y la escondió entre su pecho.

La chica se quedó anonada al sentir a Jean tan cerca, mientras que Marlo los miraba con reprobación.

—¿Qué rayos haces, Kirschtein? —Tomó a su compañera de la mano, para separarlos a ambos.

—¡Oye tonto! ¡¿Qué haces?! —Se quejó Hitch al sentir su aura rota por el estúpido de su compañero.

—Te salvo a ti y a Marco de las garras de ese sujeto —señaló con su dedo, sacándole una mueca de fastidio al soldado—. Jugando con dos chicas al mismo tiempo —ironizó—, nada menos de lo que esperaba de ti.

Y justo antes de que pudiese soltarle dos o tres verdades a Marlo, los ojos café claro del soldado, divisaron a su derecha la figura del tritón, alejándose por fin del lugar.

Finalmente, una de sus peleas, le había traído algo bueno a Jean.

—Rayos chicos, creo ya es muy tarde —acentuó Kirschtein, mirando hacia el cielo.

—Pero… son apenas como las ocho-

—Cuídate —interrumpió Jean a la chica, para darle un corto abrazo y salir corriendo.

Con decepción, Hitch lo miró alejarse y decidiéndose a ver por fin lo que estaba cerca de los botes, se asomó; encontrándose con la bolsa llena de fruta que Jean le había comprado al tritón y que había olvidado ahí.

—Marlo —llamó a su compañero, quien la vio con la bolsa entre sus manos—. ¿Quieres una fruta?


Unos cuantos metros más tuvieron que recorrer Marco y Jean, para poder encontrarse en el camino. Cansados y con los pies entumidos, el par decidió que lo mejor era descansar para después volver a la legión; pero esta vez, fueron a unas bancas lo suficientemente aisladas, como para estar casi todo el sitio vacío.

Ambos se desplomaron casi al instante, observando en silencio, las copas de los árboles moverse con sincronía con el viento mientras dejaban caer varías hojas a sus pies.

—Jean… —escuchó llamarle el tritón, haciendo que levantase su cabeza que tenía sobre el respaldo de la banca para mirarle.

—¿Qué pasa? —Respondió sin mucho ánimo, notando el rostro serio de Marco.

—Olvidamos la bolsa con fruta —murmuró, seguido de un fuerte gruñido de su estómago. —…Tengo hambre.

Al pensar en comida, fue ahora el estómago de Jean que hizo un sonido, exigiéndole alimento.

—Lo sé, yo también.

Unos segundos más duraron en silencio, cuando el tritón volvió a hablar:

—… ¿Y si vamos por la bolsa?

Jean le miró, sin poder creer lo que acaba decir.

—¿O sea que quieres regresar al lugar donde: está la loca y un sujeto que se empecina en desposarte? —Ironizó—. Estás zafado —se acomodó nuevamente en su lugar, para seguir descansando.

—Sí, tienes razón… —el soldado se alegró de que dejara de insistir en el tema—…Pero lo hacemos rápido, no creo que nos tardemos mucho.

Presintiendo que tal vez no iba a relajarse como quería, Jean se puso frente a Marco y lo jaló por la capucha de la capa.

—Escucha, "Marco" —trató de que su voz sonará lo menos irritada posible—: hoy me quedé casi en la quiebra, pero pensé: "la noche puede mejorar" y lo dejé pasar —acentuó—. Pero resulta que después, me topé con tu acosador personal y tuve que inventarme una sarta de estupideces para evitar que descubrieran que eras un tritón. Y ahora —presionó suavemente su dedo sobre el pecho del tritón—, me pides que vaya donde está Hitch y soporte todo su acoso sexual, ¿sólo porque tú quieres comer?

Se miraron fijamente, dándole espacio a Marco para soltar un:

Ah… ¿Sí? —Que hizo explotar a Jean.

—Pues no. De ninguna manera regresaré allá. —Se cruzó de brazos, como haciendo un berrinche.

Oh, vamos —le dio un empujón amistoso al soldado—. Además, esa humana parece que en verdad le gustas y por lo que me dijiste aquella vez —hizo memoria—, tú quieres tener novia —aprovechando su distracción, Jean tomó la capucha de Marco y la jaló hacia adelante, frotándole la cabeza con los nudillos.

—Sí quiero tener novia, tonto —continuó su acción, mientras que Marco, trataba de liberarse—. Es sólo que Hitch nunca me ha gustado y no me interesa.

Al descubrirse por fin la cabeza del agarre de Jean, el tritón se bajó la capucha y sintió su cabello hecho una maraña.

Maldición. Ya te dije que no hagas eso —se quejó, tratando de acomodarse el cabello, cuando nuevamente el soldado repitió su acción, pero esta vez directamente sobre su cabeza. —¡Jean, ya basta! —Al ver que no lo soltaba, Marco acercó su boca hacia el brazo del soldado y lo mordió.

—¡Auch! —Liberó el agarre que tenía preso al tritón—. Eso duele amigo —quiso reírse de la forma tan graciosa en que Marco había hecho esto, pero al ver su rostro, supo que estaba en verdad molesto y de algún modo le descolocó. —Está bien, no volveré a hacer eso.

Pero no recibió repuesta alguna del tritón.

¿Marco-?

—Sí, está bien. —Respondió secamente al mismo tiempo que metía las manos entre sus largas hebras de cabello negro, con la intención de acomodarlo.

—Claro que no lo está, sigues molesto —trató de que lo mirara a los ojos, pero sólo recibió una mueca de fastidio a cambio. —¡Oh, ya entendí! —Exclamó, logrando que al fin Marco lo viese—. Tú quieres representar una de extrañas riñas amorosas que tienen las personas —se burló—. Aunque pensándolo bien, el cabello y la actitud de "novia orgullosa", ya los tienes.

Ese último comentario, fue el límite —casi inalcanzable— de la paciencia de Marco.

—Puede que tengas razón. —Murmuró Marco de manera aparentemente tranquila, empujando súbitamente a Jean contra la banca, para quedar encima de él.

—…¿Q-Qué haces? —Exclamó al ver la posición tan comprometedora en la que se encontraban.

El tritón sonrió al verlo tan confundido y acercó uno de sus dedos hacia la frente del chico, a unos pocos milímetros de tocar su piel.

Oh, Jean. No te confundas —el dedo que tenía cerca del rostro del soldado se iluminó de un intenso dorado, logrando que Jean abriese los ojos y la boca con sorpresa—. Porque puede pasar, que te centres tanto en cómo me veo; que se te olvide lo que puedo llegar a hacer —al mismo tiempo que decía esto, la cantidad de energía fue tanta, que de su dedo empezó a salir un ligero humo.

Jean no tuvo que pedirle que repitiese su advertencia, para saber que iba a quemarle el trasero, si seguía haciéndolo enojar.

—Sí, ya entendí —salió en automático de los labios de Jean, con la misma expresión atónita—. No volveré a decir nada de tu cabello, ni te diré llamaré "novia histérica", ni siquiera mencionaré a los tontos de tus amigos —miró el dedo del tritón aun brillando cerca de su rostro. —Ahora, ¡¿podrías bajar tu maldito dedo, antes de que me derritas la cara?! —Expresó con pánico, siendo obedecido por Marco, quien victorioso, se volvió a sentar en su lugar.

—Qué bueno que podamos llegar a acuerdos para convivir mejor —agregó, mirando el rostro sudoroso de Jean—. ¿No lo crees así?

El soldado tuvo que esperar unos segundos a que su respiración se estabilizara, para poder responderle.

—Eres… —tragó saliva, intentando recuperarse del susto—… ¡Eres el peor novio falso de toda la historia! ¡Estás loco! —Gritó sin medir su tono, al estar solos en aquel sitio.

—Pues tú tampoco eres la 'mejor de las parejas' —señaló con seguridad y Jean con enojo, se acercó a su rostro.

, pero yo no intenté quemarte la maldita cara.

Los labios del tritón se separaron para responderle al soldado, cuando dos voces aparentemente molestas, se escucharon en el lugar:

—¡Es todo! ¡Me cansé de ti!

Tal parecía, que no sólo Marco y Jean habían escogido este lugar al estar alejado; también una pareja que discutía ferozmente, lo había hecho.

—¿Cansarte, tú? —Exclamó el hombre de modo irónico—. Soy yo quien debería estar en tu lugar diciendo: "¡Me cansé de trabajar en esa mina de porquería y de trabajar más de diez horas al día para darnos algo que comer!".

—¡Yo no hablo del trabajo! —Le respondió ella. —Yo estoy hablando de tu manera de ser: de cómo me haces enojar y después me ignoras.

Al escucharla decir esto, Marco (quien miraba la escena junto a Jean) le miró a modo de reproche.

—Pobre humana —negó con la cabeza—. Debe estar pasándola muy mal con un alguien tan tonto.

Al captar la indirecta del tritón, casi de inmediato, el soldado respondió:

—Pues tal vez "ella", debería dejar de ser tan amargada y no intentar quemarle la cara a la gente por una simple broma.

—Pues "tal vez", nadie le pidió al humano que hiciera bromas tan estúpidas —señaló Marco.

—Entonces deberían separarse, si es que no se aguantan. —Concretó Jean, mezclando en algún punto sus problemas con Marco, con los de la pareja.

—Esa sería la mejor opción. —Se cruzó de brazos el tritón, desviando la mirada con molestia, cuando en alguna parte de la riña que tenían esos dos humanos, se escuchó:

—Yo no me junté contigo, para separarnos cuando las cosas están "un poco mal" —la mujer miró sorprendido a su pareja, callándola no sólo a ella, sino al otro par que los observaba a lo lejos—. ¿Te molestan cosas de mí? —Se señaló a sí mismo— Pues tú también tienes cosas que no me gustan y no por eso pienso dejarte así nada más.

—¿Lo dices en serio? —Le miró la chica con esperanza en sus ojos.

—Sí —respondió él—. Esta decisión no es sólo para ver "hasta cuando nos dura" —decretó, seguro de cada una de sus palabras—. Fue para toda la vida y espero que pienses igual —estiró su mano hacía la chica, quien tras mirarla unos segundos, la aceptó.

Al terminar la escena, casi al mismo tiempo, Jean y Marco se desplomaron sobre la banca nuevamente. Cada uno con diferentes percepciones e ideas de lo que acaban de ver, pero una en particular que sin saber, compartieron.

—…De acuerdo, eso fue incómodo —irrumpió Jean, mirando al tritón absorto en sus pensamientos. —¿Marco? —Le llamó y el otro, pareció reaccionar al fin.

—Disculpa, es que yo… —divagó dentro de su mente— noté algo al ver a esa pareja de humanos.

—¿Ah, sí? —Preguntó el soldado con curiosidad—. ¿Y qué es?

Una risa nerviosa se escuchó por parte de Marco, al mismo tiempo que negaba la cabeza como si no lo pudiese creer.

—Es extraño lo que diré pero… no esperaba que ustedes, fuesen tan parecidos a nosotros —miró a Jean, notando la duda aún en sus ojos—. Lo que quiero decir es que durante todo este paseo, vi las diferentes maneras en las que los humanos demuestran su afecto y aunque algunas me parecieron "nuevas" —recordó a Hitch con sus extraños modos para acercase a Jean y a la pareja queriendo separarse, cuando entre su gente, esto era casi imposible—, creo que si el resultado es el mismo, no importa "la manera" en la que le demuestres a alguien que lo respetas y lo quieres.

Jean contempló el rostro de Marco: sereno, reflexivo y siempre atento a todos esos detalles que él —tal vez por su personalidad— pasaba por alto sin querer.

"¿Cómo es que alguien como el tritón podía ser así ante sus ojos y tener las manos manchadas con sangre inocente?", pensó con incomodidad, ahora que comenzaba a empezaba a sentir apego por él. Sabía que era incorrecto sentirse así, pero no podía evitar imaginar que de ser un humano; Marco sin duda sería su único amigo en la legión.

—Marco… —el semblante tan serio con el que le habló, le causó un mal presentimiento al otro—… ¿De verdad fuiste quien ayudó a matar a esos soldados?

Los ojos del tritón se abrieron con sorpresa; como si por un momento recordase la situación en la que estaba y que era justo su "enemigo", quien le preguntaba esto.

—No puedo contestarte eso, Jean —fue su respuesta, para después desviar su mirada con tristeza.

—¿Por qué no? —Continuó con la mirada sobre Marco, aunque éste no lo mirase—. ¿Qué acaso no confías en que pueda entenderte? —El silencio fue la única contestación que el soldado obtuvo, para volver a insistirle. —¿Marco?

El tritón finalmente miró al otro, con una pena perdida entre sus ojos y lo tomó firmemente por los hombros.

—No te confundas, Jean —le dijo—. Podemos ser llevarnos bien e incluso ser algo parecido a "amigos" —y con un gesto frío (muy raro en él), completó—, pero así como hay cosas que no me dices y sé que ustedes hacen a nuestras espaldas; nosotros también tenemos que protegernos de los humanos. —Se puso de pie. —Por favor… no vuelvas a pedirme algo así.

El soldado no comentó nada más al respecto y a secas, indicó:

—Se hace de tarde, hay que irnos ya.


—¡Te lo advertí! —Escupió con rabia aquel sujeto, pateando uno de los costados de Reiner hasta dejarlo sin aliento. Mismo, que el tritón sintió que le robaban a él también.

—Y-ya… basta —apenas y pudo completar el rubio. —…André —mencionó su nombre, exhausto e indefenso; pero el sujeto continuó pateándolo en el piso, como si la vida de Reiner fuese insignificante ante sus penetrantes ojos.

—Te lo pedí no una, sino miles de veces ¿recuerdas? —Preguntó como si en verdad el rubio fuese capaz de contestarle y le soltó una patada certera, que le arrancó un grito. —¿Qué fue lo que te dije?

Al ver que no hubo respuesta de parte de Reiner, el tritón se asomó desde la esquina y percibió algo que lo alertó: ese humano de cabellos rojos, había sacado un cuchillo plateado, que brilló contra la palidez de la luna.

La boca del tritón se entreabrió, al mismo tiempo que sus manos comenzaron temblarle. Como si tan sólo de ver el cuchillo, recordase el cuerpo de su madre frente a él y sus manos cubiertas de sangre, proveniente de la herida que tenía la sirena:

"Bertholdt" repetía ella su nombre y veía sus labios moverse, pero no había sonido. Todo lo que el tritón percibía, eran los ojos azul celeste de su madre, esforzándose por mantenerse abiertos y empujándolo lejos de su cuerpo. "Huye… ¡sálvate por favor!" le suplicó la sirena, abogando por su vida, antes que la de ella.

—Eres una tremenda mierda de persona, Braun —escuchó decirle nuevamente a ese sujeto, quien alzaba el cuchillo en el aire para tomar impulso y clavarlo con fuerza. —Te pedí que no te metieras con mi hermana y eso fue lo que hiciste. Te pedí que no la hicieras sufrir y la dejaste… —clavó sus ojos contra los del rubio— Y gracias a eso tuve que seguirte hasta acá, valiéndome mierda lo que mis superiores me ordenaron —reveló sin querer—, y poder darte una bien merecida lección.

Los brazos de André se alzaron lo suficiente, para que Reiner supiese que iba a morir ahí. Sin poder defenderse, sin que sus gritos fuesen escuchados y agradeció —de algún modo— estar casi entumido de su cuerpo; ya que de esa forma, no le dolería relativamente tanto al sentir el filo atravesándole la carne. Cerró sus ojos para sentir la cuchillada y durando varios segundo así, hasta que un quejido por parte del otro soldado, lo alertó.

—¡¿Qué mierda haces…?! ¡Suéltame!

Al enfocar su vista mejor, Reiner se dio cuenta que era Bertholdt quien forcejeaba con André, para quitarle el cuchillo. Se sorprendió de ver ese semblante que tenía el tritón esos momentos, parecido al que una vez vio cerca de la costa, cuando ambos peleaban. No soltaba las muñecas de André por ningún motivo y las mantenía dobladas para que pudiese inmovilizarlo.

En un intento por ayudarle, el soldado rubio quiso ponerse de pie, pero el intenso dolor en sus costillas; lo obligó a quedarse en el piso con su rostro lleno de moretones y cortadas. Alcanzando a percibir éste movimiento por parte de Reiner, el tritón supo que el salir vivos y sin ser vistos; dependía cien por ciento de él. No podía usar sus poderes de cristalización, así que, usando su fuerza empujó al humano contra la pared y lo estrelló repetidas veces para liberarse.

—Eres una pequeña escoria muy persistente —siseó André, mirando el rostro que alcanzaba a sobresalir de la capucha del tritón—. Sería una pena que te rajara ese bonito rostro que tienes.

En un movimiento fuerte por parte del de cabello rojo, bajó su puño con tanta fuerza que se soltó del agarre de Bertholdt, golpeándole la frente.

—Maldición… —susurró Reiner al ver al tritón con la capucha baja, descubriendo su peculiar y largo cabello.

André, también se quedó helado frente a Bertholdt, quien al tenerlo sujetado de las manos, no era capaz de subirse la capucha.

—¿Qué mierda… eres ? —Exclamó el de cabello rojo, mirando atento las cochas y perlas que por algún motivo ese sujeto tenía en el cabello. Parecía alguien fuera de ese mundo, como sacado de un libro para niños. Pero no fue hasta que vio el símbolo de la legión en su capa que lo supo: ése era el sujeto que estaba con Reiner y que le pidieron que siguiera—. Son reales…

Alcanzó a escuchar el tritón, cuando sin preverlo, el soldado cambió súbitamente su expresión y enredó las piernas en las caderas del otro para terminar ambos sobre el piso. Reiner (con los antebrazos apoyados para ver la escena) se arrastró como pudo y miró a Bertholdt luchando contra André y cerca de estos, encontró el cuchillo tirado. Con el ardor tan insoportable que lo aquejaba, estiró su brazo, tomó el objeto para esconderlo del de cabello rojo.

Ahora sólo faltaba que el tritón lo noquease y podrían pedir ayuda.

—Ya lo decidí maldito… —sentenció André sobre el cuerpo del tritón, inmovilizándolo de las muñecas—. Me vale mierda lo que mis superiores digan —apretó su agarre, sacándole un gemido de dolor a Bertholdt—: ¡Te voy a matar a ti también! —Con la misma rabia que salió por la boca del humano, el tritón le miró.

No había otra opción, iba a usar sus poderes.

—¡Cierra ya la maldita boca, humano! —Gritó furioso como nunca antes se había sentido. La cristalización fue casi instantánea y usó una fuerza tan bruta, que el agarre se rompió casi al instante y le estrelló un fuerte puñetazo en el estómago, que terminó por estamparlo contra el muro. Como pudo, se puso de pie y al ver como el otro ni siquiera se movía; Bertholdt desvió su mirada hacia Reiner.

—¿E-estás bien? —Habló entrecortadamente debido a la adrenalina y al esfuerzo, sintiendo la mirada atónita y aterrada de Reiner sobre él.

—Algo así… —respondió con dificultad, tratando de levantarse por tercera vez.

Bertholdt observó su rostro lleno de cortadas y golpes (que empezaban a formar oscuros moretones) y que probablemente, no se comparaban con el daño que habían sufrido sus costillas, al ser pateadas sin piedad.

—Trata de no pararte y déjame revisarte primero —le pidió al rubio, recostándolo suavemente sobre el piso.

—Tenemos que irnos antes de que-

—Primero tenemos que ver dónde estás lastimado —le interrumpió Bertholdt, empujándolo delicadamente para recostarlo al fin—. No tiene sentido que nos vayamos, si no vas a poder moverte. —Logrando su cometido, el tritón descristalizó sus manos para proceder a alzarle la playera. Una vez que lo logró, revisó su piel encontrado varios moretones cerca de sus costillas, denotando la violencia con la que lo habían golpeado y lo rozó con suavidad.

—¡Ngh! —Salió de los labios de Reiner y supo que aunque fuesen moretones y no tuviese ninguna fractura —aparentemente—, era demasiado doloroso para él.

Bertholdt, se preguntó cómo es que regresarían antes del amanecer con su evidente estado y aunque no fuese un tritón curativo, sugirió:

—Tal vez puedo cristalizar tus heridas y cuando estemos allá, pedirle a Marco que

Ninguno de los dos lo vio venir.

Tanto así, que incluso Reiner miró sin poder hacer nada, como el cuerpo de Bertholdt caía inconsciente contra el piso.

—Te dije que te iba a matar… —los ojos dorados de Reiner, miraron a André detrás del tritón, con un palo entre sus manos y que probablemente, había recogido en alguna parte de ese callejón. Como si fuese alguna clase de ebrio callejero, el de cabello rojo se tambaleaba para mantenerse de pie y con la poca fuerza se bufaba, dejando salir lo que para el rubio en estos momentos, parecía ser su repugnante aliento. —¿No vas a decirme nada? ¿Eh, Braun? —Pateó con gozo el cuerpo bocabajo de Bertholdt, como si de un perro moribundo se tratase.

Reiner no supo, ni pudo hacer nada, mas que poner un semblante perdido mientras algo empezaba a consumirlo y a hacer su sangre tan espesa, que sintió su corazón retumbarle. A este punto ya no escuchaba ni siquiera lo que salía de los labios de André, sólo veía mover sus labios y de algún modo su asqueroso aliento llegaba a su nariz. Miró debajo de él y notó el cuerpo de Bertholdt moverse con un puntapié que le había sido proporcionado nuevamente… y todo se volvió rojo.

—¡MALDITO! —Gritó tan fuerte que si no lo escuchaba nadie, al menos se reventaría los tímpanos con su propia voz. Sintió un calor abrasador recorrerlo y al mismo tiempo que esto sucedió, se logró parar y se abalanzó contra André. Uno tras otro, los puños de Reiner se impactaron contra el rostro del soldado, sin que el mismo lo midiese. Estaba tan perdido y rabioso, que no notó ni siquiera cuando se había abierto la piel de sus nudillos—. ¡SIGUE PELEANDO! ¡NO TE DETENGAS! —Le ordenó de algún modo retorcido a André, quien como si fuese de trapo, recibía golpe tras golpe intentando defenderse de manera inútil, para ser arrojado al suelo.

André ya no sentía más el rostro. Su cara se había hinchado minutos atrás y con creces, había podido evitar unos cuantos golpes.

—¡Para! —Le pidió a Reiner casi gritando por su vida—. ¡Para ya…! ¡Me vas a matar! —Cuando giró la cabeza, fue entonces que Reiner le miró el rostro casi deshecho y lleno de sangre.

El rubio se miró las manos y notó que estaban cubiertas de sangre y que no ser por la voz de André, seguramente lo habría matado.

—Lárgate. —Escupió el rubio con frustración, pero al ver que André no se movía, repitió con más fuerza—: ¡¿Qué no me escuchaste?! ¡Lárgate antes de que te mate!

Sin pensárselo dos veces y con la poca fuerza que tuvo, el de cabello rojo se paró como pudo, mientras se recargaba contra la pared y salía de ahí.

Al pasar de los minutos, Reiner sintió el dolor de sus costillas regresarle y cayó de rodillas al piso. Su cuerpo se sentía exhausto y sus manos le temblaban sin parar, ya que hoy; había descubierto una faceta de él que desconocía y lo asustó. Giró su cabeza para situar el cuerpo de Bertholdt y al encontrarlo (importándole poco su dolor) se arrastró hacia él y volteó su cuerpo.

Retiró unos cuantos cabellos que cubrían su rostro para mirarlo mejor y notó un poco de sangre escurriéndole sobre la frente, además de otras heridas sobre su rostro. Temiendo lo peor, acercó el oído hacia su boca para escuchar su respiración y fue cuando percibió que aunque era algo lenta, lo hacía sin mucha dificultad…

Entonces, ¿por qué no abría los ojos?

—Bertholdt… —lo llamó, removiendo su cuerpo de manera suave—. Oye, ¿me escuchas? —Pero no recibió respuesta alguna. Y esto, empeoró cuando al pasar de los minutos, repetía su acción de llamarle y el tritón no daba señal de despertar. —Deja de jugar y abre los ojos de una buena vez. —Ordenó, creyendo que con esto, el otro respondería. No entendía que era lo que estaba mal, si veía su pecho subir y bajar—. ¡Estás respirando, mierda! ¡No intentes asustarme…! —Y su mirada se perdió en el rostro inerte del otro.

Se había imaginado todos los escenarios posibles para esta salida, pero nunca una como esta.

¿Qué dirían los amigos del tritón si se enteraban…? ¿Y qué pensarían sus superiores e Historia?

Pero lo más importante… ¿Cómo lidiaría él con la muerte de Bertholdt?

Como una especie de auto-tortura, estos pensamientos venían una y otra vez.

¿Por qué le había pedido a Bertholdt que saliera con él, hoy? Si tan sólo hubiese pensado por una puta vez en alguien que no fuese él mismo, ahora el tritón estaría seguro dentro de la legión, escuchando por vigésima vez a esa mujer de los discos de vinilo, cantar sobre fiestas, cabarets y desamor.

Ahora mismo, daría cualquier cosa por volverlo a escucharlo pedirle que pusiera sus discos.

—¿Por qué?… —Siseó con la cabeza gacha y con una intensa tristeza impidiéndole respirar—. ¡¿Por qué rayos te sigues arriesgando por alguien como yo?! —Sacudió el cuerpo del otro con profunda desesperación. —¡Yo te dije que esto no valía la pena! —Negó con la cabeza sin parar—. Conocernos nunca valió la pena… ¿qué acaso no te lo dije, tonto? —Se le quebró la voz y estrechó a Bertholdt fuertemente entre sus brazos.

Varios minutos duró en esta posición, hasta que en un movimiento (parecido a un reflejo por parte del tritón), se separó. Lentamente y sin poderlo creer; Bertholdt comenzó a entreabrir sus ojos con dificultad, siendo el rostro de Reiner lo primero en lo que enfocó su vista. Tembloroso, el tritón colocó su mano sobre el rostro contrario, notando como su entrecejo se relajaba y correspondía su gesto, apresándole la mano con fuerza

—Reiner… —musitó, quejumbroso—…mi cabeza… me duele mucho —intentó tocar su rostro, pero al haber sangre, el soldado lo detuvo.

—Aguarda—bajó la mano del tritón lentamente—, te limpiaré primero —usando la manga de su chaqueta quitó —en lo posible— la sangre que había en el rostro de Bertholdt. —No te levantes aún y espera un poco —le pidió, aunque en realidad el tritón no tenía la más mínima energía o intención de hacerlo. Bertholdt se quedó recostado sobre las piernas del rubio, hasta que le fue más soportable y se incorporó con lentitud.

—Me duele la cara —mencionó el tritón rozándose el ojo derecho, que estaba hinchado y morado.

—No te toques o se pondrá peor —le regañó el soldado. Pensó que de llevar a Bertholdt en ese estado a la legión, sería acribillado prácticamente por todos; así que aún en contra de su voluntad, dictaminó que lo más viable, sería pedirle ayuda al tritón curativo (aunque lo matase después)—. Hay que darnos prisa- ¡ngh! —Tan pronto como Reiner se levantó, el dolor de sus costillas lo obligó a sentarse nuevamente.

—¿Te encuentras bien? —Exclamó con preocupación el tritón, agachándose hacia donde se encontraba el rubio.

—Sí… sólo fue una pequeña punzada —mintió, con clara preocupación en su voz. Se preguntaba que rayos iban hacer ahora que no podía moverse tan rápido, es más: ni siquiera dar un paso, podía.

—No lo estás —trató de sostener el cuerpo del soldado—. Déjame ver qué puedo hacer —le pidió, ayudándolo a recargar su espalda contra el muro.

Con cuidado, le quitó el chaleco y posteriormente la camisa, dejando su torso desnudo. Usando sólo la punta de sus dedos y con la delicadeza que se puede tener al rozar una herida, Bertholdt comenzó a cristalizar las zonas amoratadas. Un escalofrío recorrió al soldado al sentir el frío cristal, que al mismo tiempo; lograba calmar un poco su dolor. Los dedos del tritón se sentían cálidos sobre su piel, como un suave cosquilleo que paulatinamente comenzó a relajarlo.

—…Después de lo que hiciste por mí —habló, súbitamente el rubio y pausando la acción del tritón—, soy yo quien debería estar curándote y no tú a mí.

Una de esas extrañas y sinceras sonrisas que de vez en cuando Bertholdt, solía enmarcar; se formó en sus labios.

—Yo sé que no soy tan bueno en combate —declaró, reanudando su acción de cristalizar las heridas de Reiner— y tampoco poseo habilidades curativas —miró fijamente los ojos dorados de Reiner, que le miraban atentos—. Pero prometo, que yo trataré se ser más fuerte y valiente la próxima vez —rozó sus dedos contra la cortada en labios de Reiner y se detuvo.

La mirada del soldado se quedó inmersa en los ojos del tritón, como si fuese algo natural intentar descifrar la profundidad en el azul obscuro de su mirada.

—Así estás bien. —Decretó Reiner de golpe, confundiendo al tritón.

—¿Cómo? —Repitió Bertholdt.

—Que así como eres, tú ya eres fuerte.

Aquello le sacó otra sonrisa a Bertholdt y como última acción, cristalizó aún más delicadamente la cortada en el labio del soldado. Lentamente, Reiner se acomodó la playera y el chaleco, notando como el dolor había sido reducido en su mayoría, cuando un comentario por el tritón, lo descolocó:

—Creo que ya va a amanecer.

Alzando su vista hacia el cielo casi blanco, el rubio sintió como si le vertieran un balde de agua helada.

—Hay que salir de aquí, ahora —ordenó el rubio, parándose de su lugar y tomando la mano de Bertholdt.

—¡Reiner te vas a lastimar! —Escuchó a Bertholdt gritarle en más de una ocasión al salir de aquel callejón, pero si amanecía, el tritón perdería sus piernas y sería doble trabajo llegar a la legión.

Siendo inútil las réplicas de su parte, el tritón se cubrió el rostro nuevamente con la capucha y recordó las flores blancas que le había regalado Reiner, olvidadas en alguna parte de la calle.


Con la fuerza que podía tener alguien después de casi ser asesinado y estar en medio de una riña por su vida; Reiner y Bertholdt corrieron lo más rápido que pudieron. Bajo cielo casi cristalino y con el sol a nada de salir, divisaron a unos metros la legión, cuando entre su carrera, las piernas del tritón flaquearon y cayó de golpe al piso.

—¡Bertholdt! —Le llamó el rubio, regresando sus pasos para tomarlo del un brazo y ayudarlo. Sin embargo, éste lo detuvo.

—Mis piernas… —indicó Bertholdt— ya no reaccionan —y justo unos instantes después de decir esto, el sol cayó inevitablemente sobre los cuerpos ambos y un sonido de algo rasgándose se escuchó… Para su mala suerte: Bertholdt había adquirido su cola de pez.

Reiner soltó un suspiro rendido, pensando que luego sería el momento para lamentarse. Ahora lo único que importaba era meterse en ese maldito hoyo que había en el muro y curar al tritón.

—Sostente fuerte —se acercó al moreno (quien enredó sus manos alrededor del cuello de Reiner) y lo cargó entre sus brazos. Bertholdt no objetó absolutamente, aun cuando sabía del inmenso esfuerzo que hacía el soldado al cargarlo y el dolor que le causaba.

Caminando unos cuantos metros más, ambos lograron llegar al muro. Frenéticos, se metieron al hoyo, siendo Reiner el primero en pasar y ayudar a Bertholdt, quien sólo podía arrastrarse con sus brazos.

Al estar del otro lado, ambos se tomaron un respiro para después continuar con su marcha.

—¿Seguro que aún puedes continuar? —Le preguntó el tritón al soldado, quien asintió a secas con la respiración agitada.

—Sí… sólo que debemos de tener cuidado —miró a su alrededor ante la indeseada presencia de alguien. El muro se encontraba en la parte posterior de la legión, cerca de las caballerizas y a unos cuantos metros de los salones experimentales. Entonces, si no querían encontrarse con alguien del turno de la mañana, lo mejor era esconderse entre las cabellerizas y desde ahí tantear su terreno—. Hay que apresurarnos antes de que-

Al estar justo en la entrada del agujero, algo o alguien (que intentaba meterse), chocó contra Reiner.

—¡Quítate de en medio! —Reconoció la voz de Jean, entrando por el agujero con una cara de fastidio, el cual al ver a Reiner con la cara herida y con Bertholdt en un estado aun peor, se quedó helado—… ¿Qué mierda les pasó? —Exclamó atónito, cuando una voz detrás de él, se escuchó:

—Gracias por "ayudarme", Jean —dijo con sarcasmo Marco, al mismo tiempo que se arrastraba con sus brazos e ingresaba al lugar.

Los ojos de los soldados se miraron fijamente, sabiendo lo que vendría y fue entonces que sucedió: ahí, justo a un lado de Reiner; Marco vio a Bertholdt con rastros de sangre seca y heridas en su rostro.

—Marco, espera… —trató de contenerlo el soldado de cabello castaño, al ver la expresión paralizada de su rostro. —Tranquilizarte y deja que nos expliquen qué fue lo que paso.

En un corto momento, el tritón dorado miró a Reiner hincado en el piso con la cara llena de heridas casi igual que su amigo y una errónea deducción vino a él.

—¿Qué puede justificar lo que estoy viendo ahora? —Aclaró con voz grave y firme, apretando sus puños hasta dejarlos blancos. Como si de un animal se tratase, sus ojos se clavaron viperinos sobre Reiner y sus puños se iluminaron de golpe; pasando de un intenso dorado a un rojo tan brillante, que asustó a los presentes— Te voy a matar. —Sin otra advertencia más que esa, se arrastró con sus manos hasta llegar a Reiner y lo tacleó con fuerza.

Observando las manos de Marco despedir un denso humo, Bertholdt supo que si tocaba la más mínima parte de la piel del rubio, le produciría una quemadura tan grave, que incluso podía llegar a matarlo. No se lo pensó más y al ver cómo estaba a punto de herirlo, el tritón azul empujó a su amigo y lo aprehendió en el piso, ayudado por Jean.

—¡Marco! —Gritó Jean, sosteniéndolo de los brazos—. ¡¿Qué mierda te pasa?! ¡Trata de controlarte, maldita sea! —Al ver como el otro seguía forcejeando, el soldado no tuvo más opción que arremeterlo contra el piso, sacándole una mirada asesina.

—¡¿Tú quieres que me tranquilice cuando fue tu estúpido amigo, quien lastimó a Bertholdt?! —Giró su cabeza contra la tierra para mirar a Reiner. —Porque sé que fuiste tú —escupió sus palabras—. Nadie más estaba con él para haberlo lastimado así.

Jean miró los rostros de Reiner y el tritón azul durante unos segundos, como tratando de convencerse de lo contrario; cuando una segunda voz intervino.

—Eso no es cierto —declaró Bertholdt, firmemente—. Reiner no me hizo nada de esto, fue el otro humano que nos topamos allá afuera- —tarde, el soldado rubio le cubrió la boca al tritón para que no dijese algo más, pero lo suficiente para que los otros dos lo entendieran.

Las manos de Marco se fueron apagando lentamente, dándole luz verde a Jean para soltar su agarre y que éste, se reincorporara poco a poco.

—Bertholdt, ¿saliste con este sujeto en medio de la noche?

Al parecer nadie se daba cuenta de la situación en la que se encontraban, iniciando otra discusión y llegando a fastidiar a los soldados.

—Creo que él puede hacer lo que le venga en gana, ¿no crees? —Se agregó Reiner a la discusión, como si no estuviese a punto de perder la cara por el tritón dorado hace unos segundos.

—Claro que puede hacer lo que quiere —respondió rápidamente Marco—, pero no contigo —enfatizó.

El soldado rubio lo miró unos instantes y con el mismo enojo que ya le tenía a Marco, le dijo:

—¿Y tú quién eres para empezar? —Le retó con la mirada y la voz—. ¿Su "madre"?

Una risa ahogada se escuchó por parte de Jean, logrando aumentar el enojo del curativo.

—No soy su madre —aclaró, tajante—. Yo sólo cumplo con mi deber de proteger a mi gente.

Una mueca burlona, se posó en el rostro de Reiner.

—¿Y aún así, tan poca fe tienes en que él pueda defenderse? —Miró a Bertholdt de reojo—. No tiene que estar todo el día pegado a ti, como si fuese un maldito chicle.

—Él aún no sabe defenderse. —Decretó Marco, sorprendiendo no sólo a Reiner, sino a su amigo también.

—Oigan —añadió Jean, tras escuchar el silencio que se formaba—. Sé que están aclarando cosas "importantes", pero por si no se han dado cuenta: ya les toca el turno a los de la mañana y sino ven a Marco y Bertholdt en sus contenedores; nos van a matar.

—Es cierto —musitó Marco con frustración—. Vámonos antes de que pase más tiempo.

Pero justo antes de que Jean pudiese cargar a su amigo, Bertholdt lo detuvo.

—¡Esperen! —pidió el tritón azul—. Reiner está realmente herido y necesita ayuda.

Al mirar la expresión de su amigo, Marco supo lo que quería decirle.

Oh, no. Yo le dije a ese sujeto, que no volvería a curarlo —recalcó Marco, aun ante la suplicante mirada de su amigo.

—Marco —lo tomó nuevamente del brazo—, has esto como un favor para mí y prometo explicarte todo lo que ocurrió —juntó sus manos a modo de súplica.

El tritón dorado miró a Jean, quien (fastidiado de toda la situación) sólo se cruzó de brazos.

Agh, de acuerdo —accedió, virando los ojos.

Una vez dicho esto, Reiner le indicó los lugares donde estaba herido y Marco se sorprendió de encontrar su piel casi totalmente cubierta por moretones; haciendo que cayese en cuenta que tanto el soldado como su amigo, le habían dicho la verdad. No quiso centrarse mucho en este pensamiento por ahora y curó lo más rápido que pudo las heridas del soldado; mientras que Bertholdt y Jean, cubrían sus cuerpos para que la luz que emitía la curación, no se notara.

Jean miraba como paranoico a su alrededor y casi al mismo instante de que el tritón dorado cerró la última herida del rubio, lo cargó de manera abrupta y los separó.

—¿Terminaron o vamos a esperar más? —Miró con desesperación a Reiner y el tritón azul.

—No estábamos jugando Kirschtein —se puso de pie completamente renovado y muy en su interior, agradeciendo por los poderes que Marco tenía.

Se agachó para cargar a Bertholdt nuevamente y con todas sus fuerzas, corrió junto con Jean. Estaba de más pedirles a los tritones que se cubrieran el rostro, cuando tenían toda su aleta asomándose de ese modo. Así que sólo había una opción: correr, insertar la llave del salón y meter a los tritones a sus contenedores. Pero mucho antes de esto, debían ver que nadie —especialmente el comandante y el capitán— estuviesen cerca, por lo que antes de llegar a los salones; se detuvieron en las caballerizas, escondiéndose en un hecho entre la pared.

—¿Ves algo? —Le preguntó Reiner a Jean, quien se asomaba de manera discreta por el lugar y teniendo cuidado de no escuchar ninguna voz. Una ventaja que tenían, al estar el lugar casi desolado.

—No escuchó nada —comentó alerta—. Vamos —le dio una señal al otro soldado y corrieron lo más rápido que pudieron. Aunque los tritones estuviesen tan pesados y sus piernas estuviesen exhaustas; el par logró llegar a los salones, notando de manera extraña como en uno de estos, la puerta estaba abierta.

—¡Metete ahí! —Señaló Reiner con la mirada y acatando su orden, Jean ingresó en el salón que era de Bertholdt y cerró la puerta. Un extraño presentimiento se apoderó de Reiner, quien recordaba haber cerrado la puerta perfectamente, cuando al girarse; los ojos de Historia chocaron con los suyos.

—¡Reiner! —Exclamó con la cara llena de preocupación, mirando a los recién llegados—. ¿Qué sucede? ¿Por qué los tritones no están en el agua?

Al escucharla decir esto, Bertholdt volteó su rostro hacia el pecho de Reiner y jaló más su capucha.

—Es que… —respondió primero Jean, haciendo que Marco negara con la cabeza por lo que diría después— ¡Fuimos a tomar el sol!

Por única vez, el tritón dorado deseó que hubiese sido el soldado rubio, el primero en hablar.

Molesta de que la subestimaran con tan patética excusa, Historia se acercó al tritón de escamas azules y le retiró la capucha: al verle las heridas en el rostro, la misma expresión de sorpresa que tuvo Marco en un inicio, se hizo presente en ella.

—¿Q-qué rayos fue lo que pasó? —Preguntó alterada, mirando a Reiner, cuando unas voces a lo lejos, captaron la atención de los soldados. Sin responder a su pregunta, los chicos se turnaron para subir las escaleras del contendor y guiaron a los tritones dentro del agua. —¿Chicos?… —Repitió al ser ignorada— ¿Qué pasó?

Jean fingió ver a los tritones en el contendor, dejando a Reiner molesto y solo con el problema

—Escucha —tomó las manos de la chica, ante la mirada atenta de Bertholdt—: sé que estás preocupada, pero ahora tenemos problemas un poco más graves —al escuchar las voces acercándose más, el soldado, le pidió. —¿Crees que podrías ayudarnos?

La expresión de Reiner parecía ser honesta y dado que podían ser castigados, la chica asintió.

—¿Qué necesitan-? —Se sobresaltó de escuchar los pasos apresurados de alguien. Mirando a los soldados y a los tritones, hizo una señal de que no salieran y se asomó.

—Buenos días —dijo Armin, sacándole un grito a la chica, que alteró a los demás también—. Ah, lo siento. No quería asustarte —agregó, jugando con las llaves de sus manos.

—No te preocupes —sonrió, cerrando la puerta del salón tras de sí—. Es sólo que hoy estoy algo nerviosa —admitió, mientras que del otro lado, Reiner y Jean escuchaban toda la conversación.

—Sí, hasta estás sudando —le observó de manera meticulosa, como sólo el rubio sabía hacerlo. —Bueno, me retiro —agregó el chico—. Hoy se me hizo algo tarde y no quiero que lleguen los capitanes y me regañen —movió las llaves nuevamente.

Observando al chico alejarse más y más, Historia entró en pánico.

—¡Armin! —La manera tan desesperada en que la rubia lo llamó, lo hizo retroceder.

—¿Qué pasa? ¿Te sientes mal? —Le tocó la frente y antes de que pudiese responder, la voz que menos deseaba escuchar la rubia en esos momentos, se hizo presente.

—¡Buenos días chicos! —Saludó animadamente la señorita Hanji, con Petra y el capitán a su lado—. ¿Cómo va la investigación hoy?

Historia tenía un defecto y ese era, que era aún peor para mentir que Jean. Así que mirando a sus superiores frente a ella, respiró lo más profundo que pudo y continuó.

—E-excelente —le tembló la voz, logrando llamar para "su jodida desgracia" más la atención—. De hecho… —se le ahogó la voz y dentro del salón, los chicos supieron que esa situación estaba echada a perder. La rubia inhaló y exhaló disimuladamente, con la mirada de Armin sobre ella—…De hecho justo Armin y yo, íbamos por la comida de los tritones —soltó una risilla incómoda, logrando que la científica la mirase detenidamente.

—Oye, ya basta tonta —le dio un codazo el capitán, al ver como incomodaba a Historia.

—Lo siento —comentó Hanji, mirando nuevamente a los chicos—. Es sólo que estoy impresionada por la dedicación de estos chicos —sonrió con orgullo—. ¡Ese es el espíritu del investigador!

—Sí, ¡genial! —sonrió de igual forma la rubia, acercándose rápidamente hacia Armin y quitándole las llaves.

—Oye, ¿qué estás-?

—Ya nos vamos. —Interrumpió al rubio, escondiendo las llaves—. Esperemos que todo salga bien —alzó un poco su voz, para ser escuchada por los soldados y llevarse casi a rastras a Armin de ahí.

Al ver como estos se alejaban, Hanji agregó:

—Ah, Amo a estos chicos.

Que hizo que el capitán, formara una mueca de asco.

—Démonos prisa —dijo serio Levi—. Hoy va a ser un día complicado.

Casi al instante el rostro de Petra y Hanji cambiaron por uno más serio, mientras se dirigían al salón de Eren.


Al mismo tiempo que las voces de sus superiores se dejaron de escuchar, el rechinido de una puerta abriéndose y después cerrándose, les dio la pauta a los soldados para bajar la guardia. Por fin, todo el martirio había terminado.

—Eso fue horrible —suspiró Jean, deslizando su espalda sobre la pared, para quedar sentado.

—Lo sé —concordó Reiner, sentándose a su lado—. Ahora lo importante será esperar a que los capitanes se vayan y llevar al otro tritón a su salón —un bostezo se escapó de sus labios.

—Eso es mucho tiempo… —murmuró el de cabello castaño, escuchando el constante burbujeo del agua al filtrarse y enfocando su mirada en la luz dorada que iluminaba Marco al estar curando a Bertholdt. Sus párpados comenzaron a sentirse muy pesados después de unos minutos, e incapaz de seguir despiertos, ambos soldados se quedaron dormidos en la misma posición.

—Con esto estarás mucho mejor —finalizó la curación el tritón, logrando cerrarle cada una de las heridas a Bertholdt.

—Gracias. —Musitó casi a secas y perdiéndose entre sus pensamientos durante unos instantes.

¿Sucede algo? —Le preguntó Marco, recibiendo una negativa con la cabeza de parte de su amigo. No quería presionarlo después del acto tan lamentable que había tenido allá afuera. —Escucha Berth… —dijo con incomodidad— siento mucho lo que pasó hace-

El tritón azul, alzó la mano en señal de que parase y Marco le obedeció.

—Marco… —le llamo su amigo con un tono extraño en su voz—… ¿En verdad piensas eso que le dijiste a Reiner sobre mí? —Le miró expectante y el de escamas doradas, sin saber a lo que se refería, repitió:

—¿De qué hablas?

Bertholdt, suspiró con decepción.

—¿Tú crees que no puedo defenderme por mis propios medios?

Marco se sorprendió por el repentino comentario, mas negó firmemente con la cabeza.

—Estaba muy molesto en esos momentos —se excusó—. Puede que haya dicho algo que-

—No es verdad. —Le cortó el tritón azul, dejando al curativo con un mal sabor en su boca. Muy pocas veces discutía con Bertholdt, como lo hacía con Eren (a quien ya sabía llevarle el ritmo de la discusión), así que no sabía exactamente que esperar—. Yo sé, por la manera en que me tratan que Eren y tú, que creen que soy un inútil; un estorbo.

—Eso no es cierto —replicó al instante—. Nosotros sabemos de tu fuerza y de tus habilidades para pelear. Tienes mucho potencial

Bertholdt bufó, al mismo tiempo que negaba con la cabeza.

—A eso precisamente es a lo que me refiero —acentuó su voz—. ¿Por qué debo ser sólo "un potencial" y no un tritón guerrero como soy en verdad? …—expresó con frustración. —Que no sea igual que Eren, no significa que sea un inútil —miró a Marco, esperando una respuesta durante los segundos que transcurrieron y que por muy difícil que le pareciera; sabía que tenía.

—No estás listo aún.

Eso era exactamente, lo que Bertholdt esperaba escuchar.

—¿Y… eres tú quién decide eso? —Replicó, a pesar del inmenso afecto que tenía por Marco. —¿Sabes? Yo no estoy seguro de cómo se obtiene 'eso' que te hace un buen o un mal guerrero —admitió—; pero ayer, cuando Reiner y yo fuimos atacados… recordé a mi madre y la gran lección que me dio.

El rostro del tritón dorado se vio embargado de una profunda tristeza y no sintiéndose merecedor de decirle nada a su amigo, miró detenidamente sus manos sobre su regazo.

—Recordé lo que ella decía sobre dar tu vida por otros y como eso, de un modo que no entendí hasta el día de ayer; le daba un significado a tu muerte —continuó Bertholdt, sabiendo que aunque Marco no lo mirase, lo escuchaba atento. —"La vida" —mencionó, como si hablase al azar—, eso es lo que le puede dar sentido a tu muerte. Y aunque ella no fuese una sirena guerrera, puedo decir que su muerte y lucha, tuvo más significado del que en ese tiempo, yo creía— acercó su mano hacia las de Marco, como un gesto de calidez. —No quiero vivir sabiendo que estoy desaprovechando mi vida y lo último que mi madre me dio… —afirmó, logrando al fin, tener la atención la mirada del otro— Y sé qué ella, querría lo mismo para ti.

La tristeza con la que Marco lo miraba, le dio a entender que sabía de lo que estaba hablando. Siempre lo hacía mucho más rápido que él, pero por algún motivo (aunque lo sabía), no lograba aceptarlo.

—No me pidas eso, por favor. —Le suplicó Marco, con el rostro molesto.

—¿Qué no puedo pedirte?

Eso… vivir lo que a tu madre le correspondería por derecho —soltó con frustración—. Sólo debía hacer una cosa aquella vez. La única, que me han enseñado desde el maldito día que nací y no pude… —repitió—. No pude, Bertholdt.

El tritón azul desvió su mirada hacia los soldados, para verificar si esto los había despertado y al ver que no era así, regresó su mirada a Marco.

—Éramos aún muy jóvenes y estábamos asustados —contestó Bertholdt en un tono más suave—. No sabíamos lo que ocurría frente a nosotros —colocó una mano sobre el hombro de Marco, cuando le escuchó decir:

—…Yo debí morir en su lugar.

—No digas eso, por favor —le suplicó al verlo tan convencido de ese hecho.

—Yo siempre he estado solo… —admitió, como si estuviese confesando un secreto—. "Solo", no porque haya nacido sin nadie, sino porque mi familia me fue arrebatada mucho antes de que pudiese amarla —entre sus palabras; sus ojos se dirigieron hacia sus palmas, llenas de cicatrices causadas por quemaduras. —Y sé que suena duro, incluso cruel, pero… de haber estado yo en el lugar de tu madre-

—Basta ya. No sigas, por favor —más que una orden, parecía una súplica por parte de Bertholdt—. Tú ahora estás vivo y formas parte de una familia… —completó— Mi familia.

Marco pensó en la calidez de las palabras de Bertholdt, cuando sintió los brazos de éste, abrazándole.

—Gracias —musitó Marco, correspondiendo el amable gesto—. No lo olvidaré.


Registro de Hanji Zoe:

"El día de hoy finalizó la revisión de los registros de las expediciones, que se han hecho dentro de esta Legión, por lo que se le hará una devolución de los resultados obtenidos a Eren. Me gustaría ser positiva sobre esto, pero dado los resultados obtenidos, sé que no será así. De mi parte, debo agregar: yo tampoco esperaba esto.

Por otro lado y escuchando lo que los demás me han referido, tenemos más información acerca de la reproducción de los tritones y sus vínculos románticos. En primera instancia: ellos, le dan prioridad al "matrimonio". Este concepto es algo diferente para ellos, ya que para que puedan darse muestras de afecto de cualquier tipo; primero deben estar vinculados en matrimonio y no antes. En la forma que me es reportado, pareciera que son muy rígidos en cuanto a esto.

Lo segundo sería, su reproducción: ellos no entienden el concepto de "virginidad", ya que el acto de coito, lo perciben meramente reproductivo. No hablan de "gusto por el sexo" o "placer" en las relaciones sexuales. Por último, se ha hablado también de su vía de reproducción, que es muy parecida a la de algunos peces: la sirena fecunda un huevo y después es inseminado por el tritón. Se desconoce el tiempo la gestación y del desarrollo de los tritones/sirenas.

Cabe mencionar, que los tritones y sirenas tienen una especie de "permiso" otorgado por su sociedad, donde sólo los que son considerados "civiles" y "guerreros" pueden procrear y casarse. Los de tipo "curativo", fungen un papel protector y servicial, parecido a los médicos, excepto que tienen prohibido cualquier vínculo afectivo; incluyendo el de sus progenitores.

Los tritones/sirenas tienen ideas muy arraigadas, pero sé que nosotros también."


Los tres soldados llegaron al primero de los salones que había. Sin hacer mucho ruido, ingresaron, notando como Eren aún estaba dormido dentro de la tina de madera que Hanji le había colocado, sumergido sólo del pecho para abajo. Con delicadeza, Petra se acercó al tritón y sacudiéndolo por su hombro, lo llamó:

—Eren, despierta —al escuchar la voz de la pelirroja, el tritón se removió lentamente para abrir los ojos con dificultad. Al tener la vista más clara, notó como Levi y Hanji la acompañaban con un rostro serio y no le gustó. —. Tranquilo, no es nada malo —sonrió, deseando que fuese del mismo modo para ella, que para Eren.

Consciente del carácter del tritón, Hanji se hincó hacia donde estaba él y buscando las palabras adecuadas dentro de su mente, lo miró.

—Hola Eren, ¿te acuerdas de mí? —Le preguntó, recibiendo un leve asentimiento por el tritón—. Qué bueno, mira; hemos estado revisando lo que nos pediste y… tenemos una respuesta —los ojos verdes del moreno se abrieron llenos de expectativas, provocando que un gesto de tristeza en Hanji. —Necesito recordarte que revisamos todo de principio a fin y con toda la intención de ayudarte.

—Sí, lo sé —respondió Eren, entre confundido y ansioso—. ¿Pero qué fue lo que encontraron?

Hanji hizo una pausa para acomodar sus lentes, con la atenta mirada de Levi y Petra detrás de ella.

—…No encontramos nada —el rostro de Eren se quedó perplejo—. Nadie, a parte de nosotros ha ido cerca del muro María en el tiempo que lleva ésta legión.

—No… e-eso no puede ser —musitó el tritón, llevándose sus manos a la cabeza—. Yo los vi… —recalcó con angustia, como si reviviese aquel momento dentro de su cabeza— ¡Yo los vi! ¡Todos vimos a esos humanos! —Exclamó con frustración—. ¡No pueden decirme que es mentira!

Petra se acercó rápidamente a él.

—Eren, tranquilizarte —le pidió la pelirroja colocando una mano sobre su hombro—. Aún no hemos-

—Me engañaste —señaló a Petra, sorprendiéndola—. ¡Dijiste que no era nada malo, pero como rayos, esto no lo es!

Al ver la expresión de la pelirroja, Levi decidió que era hora de intervenir.

—Ella no te engañó —declaró, acercándose también—. Si venimos hasta aquí, es porque precisamente tenemos algo que te puede servir —se hincó, para mirarlo de frente—. Pero para eso, necesitamos que nos ayudes. ¿Puedes hacerlo?

Analizando toda la situación, Eren ni siquiera tuvo que pensárselo dos veces para acceder.

—¿Qué es lo que necesitan saber? —Preguntó el moreno, dispuesto.

Las soldados al ver como Levi se hacía cargo con tanta facilidad de Eren, se hicieron a un lado.

—¿Ustedes han tenido contacto con otros humanos?

El tritón pensó un poco aquella pregunta y después de unos minutos, respondió:

—Hemos visto a otros humanos, pero nunca hemos tenido un contacto tan personal… —recordó—. En realidad ellos sólo nos atacaron y se fueron.

—¿Y hace cuanto que fue esto? —Agregó Hanji atrás de Levi.

—No podría decirlo con exactitud, pero… creo que serían tal vez unos cien años o más.

Los presentes miraron atónitos al tritón. Si lo que decía era cierto, era algo lógico que no hubiese registros ni vestigios de los humanos que habían pisado cerca de la costa. Pero aun con esta respuesta, una duda que Levi tenía desde la última conversación con el tritón, sobresalió:

—Ayer dijiste que "conocías" a un humano en particular —enfatizó, usando un doble sentido que Eren perfectamente entendió—. ¿Sabes dónde está él?

Con la misma ansiedad de hace algunos instantes, el tritón tomó la camisa de Levi y replicó:

—Eso es lo que necesito que ustedes me digan —se sujetó con fuerza—. ¿Dónde está él? ¡¿Dónde está mi padre?!

Esta vez, ni el mismo Levi puso ocultar su sorpresa, mirándole con los ojos abiertos de par en par.

—Espera… —agregó el capitán, liberándose del su agarre—…el humano a quien te referías ayer… ¿Era tu padre?

Y con ese último asentimiento por parte de Eren, la sorpresa aumentó en los presentes aún más.

—Es por eso que yo te dije que no odiaba a todos los humanos —explicó el tritón—. Yo jamás podría odiar a mi padre… en especial cuando me prometió que me llevaría a mi madre y a mí a vivir con él.

—¿Cómo es eso, Eren? —Preguntó Petra, sin poderlo creer aún.

—Pues no estoy muy seguro —musitó, desviando su mirada—. Cuando lo conocí en un lugar cerca de la arboleda, eso fue lo que le dijo a mi mamá y a mí. Estaba muy feliz por esto, pero…—se perdió dentro de sus recuerdos, unos dolorosos al parecer—… los humanos se llevaron a mi familia —agregó súbitamente—. Ellos se llevaron a mis padres y por su culpa yo… —"he olvidado parte de ellos" iba a decir, pero no pudo. Porque de hacerlo, lloraría frente a todos y no quería mostrarse de ese modo.

—Entiendo —fue todo lo que pudo decir el capitán al ponerse de pie y mirar a las mujeres detrás de él, con una expresión igual de seria que la de él.

—Ayúdame —le pidió Eren a Levi, con una voz tan desesperada y herida—. Haré lo que tú me pidas, pero Levi… —se acomodó en la tina quedando frente al soldado, con sus manos juntas— dime quienes fueron los que nos hicieron esto.

En ese momento, Levi vio a alguien con un orgullo tan grande como el suyo, rogándole con lo poco que tenía que "lo ayudase". Justo, como quien ha sido pisoteado después de perderlo todo; se lo pidió… y así lo haría.

—Tienes mi palabra —decretó Levi, bajándole las manos al tritón—. Ahora dime todo, absolutamente todo lo que sepas y te ayudaremos.

Al verlo a los ojos, Eren supo que no mentía y fue entonces que casi, de manera inevitable, supo que algo cambiaría entre ellos dos.


Reviews sin cuenta:

Guest: Creo que sé quién eres espero no equivocarme marissa, de lo contrario me daré un balazo. Debía dejarlo ahí las parejitas empiezan con la tensión poco a poco, pero la trama va avanzando. En ocasiones es difícil equilibrar el romance y la trama, pero de que los dejaré picados lo haré. Gracias por tu apoyo y mientras este de pie (pero muerta en vida XD), seguiré para ustedes. Gracias :)

Noe chan: Gracias por tan bello review, amé eso de "fresco", los quiero dejar picados y me esforzaré en ello. Este capítulo en especial me tardé por el control de calidad de mis desveladas a las 4 am. Pero les gustará pueden apostarlo.

Voice-l: No sabía en realidad que se hablase mucho de mi fic, creí que era de las underground que medio se nota, medio se esconde. Me da pena en ocasiones, pero gracias. Me halaga demasiado que digas que no te arrepintieses y si continuas ya verás que no. Muchas gracias por tus bellas palabras, espero verte pronto.