Peter no pudo seguir leyendo aquel diario; dentro de sus páginas encontró de todo; no podía creer que hubiese sido precisamente su hermana; la blanda y dulce Susan la que pudiese describir con lujo de detalles todo lo que el sádico de Thurn und Taxis le hacía. E inclusive ¡Que ella misma lo disfrutara! Pero no solo encontró situaciones sexuales perversas; sino que encontró información que de ser utilizada debidamente podría hacer caer el poder de Karl; dentro del reich. Información que a su vez, podría servir a Caspian para defenderse de algún posible chantaje. Por parte del príncipe quien estaba empeñado en conocer a su doble.
Encontró nombres, direcciones, inclusive dentro de su burbuja Susan se daba tiempo para espiar a cuenta no solo de Inglaterra sino de Rusia; de quienes decía eran todavía más confiables que los mismos ingleses. Peter paró de leer en las páginas del mes de septiembre, mientras lo revisó se dio cuenta de que el diario estaba escrito hasta marzo de 1944; o sea dos semanas antes de que Karl von Thurn und Taxis tuviese ese famoso ''accidente'' aéreo.
El rey magno de Narnia se dio cuenta de una sola cosa: su hermana era igual que él, una réplica exacta suya en versión masculina. Recordaba que cuando eran reyes, muchas veces tuvieron que suprimir a Lucy y a Edmund de cuestiones que solo ellos podían resolver. Los narnianos definitivamente estaban equivocados al momento de llamar a su hermana ''la benévola'' Susan podía ser piadosa sí. Pero dentro de ella habitaba una Susan muy diferente, una Susan que por sobrevivir, estaba dispuesta a servir al mismísimo diablo. Al igual que él ella estaba más que dispuesta a hacer de todo con tal de salir bien liada de esa guerra. En la que solo por ser la esposa de un nazi, podría sufrir consecuencias demasiado preocupantes para todos ellos.
Peter dejó el diario de su hermana en la caja fuerte; al momento de cerrarla se guardó la llave en el cuello, por temor a que fuese a caer en manos indiscretas; las de Caspian por ejemplo o peor todavía las de Lucy. Se dio a la tarea de buscar un telefono y el número de la casa donde actualmente vivía su hermana.
No podía darse el riesgo de aparecer como si nada sería una tontería y todos los esfuerzos que tanto él como ella hacían por mantenerse a salvo de los nazis se vendrían abajo. Encontró pronto lo que buscó y antes de marcar la numeración fue preciso encerrarse; al momento de sentir algunos pasos cerca del despacho.
Necesitó de toda su fuerza de valor para poder marcar y rezar interiormente a Aslan porque todo saliera bien. Con mano temblorosa el muchacho de cabellera rubia marcó los diez dígitos; esperando que la operadora pasara la llamada. Fue todavía más alentador escuchar la voz de su hermana al momento de contestar desde la otra línea; el señor de Cair Paravel dio un sonoro suspiro y tragó saliva antes de hablar.
[….]
Acababan de regresar del campo; era frustrante viajar todos los días desde el campo a la ciudad; pero los orfanatos eran prioridad; mientras Frederick no estuviera dando lata, ni reclamando tiempo; Susan se daba el lujo de ir y venir, solo que a veces el exhaustivo recorrido la dejaba cansada, caía de bruces y no se le despertaba hasta la cena. Fue todo un progreso el que Frederick declarara que ya era hora de terminar la luna de miel. Claro si era que a eso podría llamársele de ese modo. En Berlín Susan podía ir y venir sin cansarse, y ahora que Frederick estaba nuevamente en París; arreglando los medios para el estreno de una de sus tontas películas, ella tenía tiempo de sobra.
Cuando la señora Zoller se disponía a salir; los teléfonos de la casa; sonaron estrepitosamente, era todavía una regla que no quitaba, del todo; pues para Frederick era esencial el tener conexiones telefónicas por toda la casa. Susan abandonó los paquetes que llevaba en el brazo izquierdo. Abandonándose a contestar el telefono que tuviera más cerca.
—¿Diga?
—¿Qué tal Susan?
La muchacha se quedó helada; Peter, ¡¿Qué demonios hacía Peter marcando a su casa!? Estaba asustada, pero no dejó que el susto pudiera más que ella. Se despegó la bocina de la oreja y vigiló que ni los sirvientes, ni si quiera Frau estuvieran cerca. Después se la volvió a colgar al oído solo para reprenderlo; era una locura lo que estaba haciendo. Aunque en el fondo, se alegraba por escuchar de nuevo la voz de Peter.
—¡¿Peter!? ¿Cómo se te ha ocurrido llamarme a mi casa, grandísimo tonto?
Susan volvió a vigilar; escuchó unos pasos que le pusieron la piel de gallina en cuestión de segundos.
—Lo sé. —La voz de su hermana se escuchaba queda desde la otra línea; bueno al menos pensó Susan, estaría escondiéndose de no ser escuchado como ella. —Pero es necesario que nos veamos; creo que ya sabrás que hay un personaje que puede poner todo de cabeza.
Susan dio un suspiró largo; si por supuesto que lo sabía; su eterno martirio estaba de vuelta para volverse tenaz y fastidioso. Estaba colmándole la paciencia; pero le seguía teniendo miedo. Aún después de saber tanta información que pudiese perjudicarle no quería amenazarlo, pues siempre las amenazas de él serían peor que las suyas.
— ¿Dónde y cuando? Por favor Peter se rápido tengo miedo que alguien me escuche.
—De acuerdo; mira nos veremos en el Firtz; además necesito saber de ti; que has hecho y como has estado.
Susan sonrió; al menos en ello estaba en lo cierto; durante todo el tiempo en que estuvo fuera de casa, siempre necesitó a sus hermanos. Los extrañó demasiado como para negarse a esa posibilidad de platicar con Peter.
—Está bien; sé donde queda; puedo verte allá en media hora.
Al momento de colgar, Susan dejó escapar un respiro; al fin después de muchos meses de no verse volvería a ver a Peter; aunque quisiera ver a todos sus demás hermanos, por el momento tendría que conformarse. Debía seguir confiando en que los aliados estaban trabajando arduamente para terminar con la guerra, y esperaba que fuese pronto para poder estar en casa tranquilamente, en Inglaterra o en Narnia. Pero lejos de la guerra. Lejos de Alemania. Quería pasear por los jardines de su nueva casa tomada del brazo de Peter; que Caspian se regresara a Narnia si quería, no era cuestión que ya le interesara. Decían que había cambiado mucho; que estaba convirtiéndose en un ser de ese mundo; como le prometió a Aslan en su sueño. Le ayudaría a volver a ser lo que un día fue; sin embargo no había que volver a hablar de amores. Pues de esos la ex reina de Narnia no estaba del todo segura ya. Habían sucedido demasiadas cosas; que les ponían cada vez una brecha más ancha cada vez. Que los separaba conforme se iban acercando.
No era culpa de ambos lo que les sucedía ahora; fue decisión de ella. Ella fue quien se alejó cuando encontró al fin su sitio. En el preciso instante en el que se vio obligada a partir de su Narnia adorada; además. Pocos meses antes de que ella fuese enviada a Alemania. Surgía el tercer viaje de Lucy y Edmund a Narnia. Su hermana le contó que Caspian conoció una estrella; muy hermosa que lo dejó cautivado.
Susan recordó, que esa misma tarde tuvo que reunir todas sus fuerzas para tragarse las lágrimas que amenazaban con salir; guardárselas hasta que terminara el momento del té y subir a su habitación a toda prisa; tenía que desahogar la impotencia, los celos y la rabia sin que nadie la viera.
Las cosas estaban demasiado cambiadas; y no solo las cosas en su vida personal sino también ella. Misma Susan reconocía para sus dentros; que ya estaba muy lejos de la Susan que salió de Narnia con el corazón roto, por abandonar al primer y único amor de su vida. Ahora debía enfrentar la realidad que tenía, una confortable entre comillas. Pero que vivía todo el tiempo con el terror de que un buen día Frederick se enterara de quien era ella en realidad. Cuando eso llegase a suceder; entonces estaría perdida. Por eso le urgía que los aliados se apresuraran a tomar todas y cada una de las fronteras alemanas, así entre más rápido obtuvieran la victoria; más esperanza tenía ella de volver a su hogar.
De rehacer su vida con lo que quedaba de ella.
Susan tomó los paquetes del rincón donde los abandonó para atender la llamada; apresurándose a salir; ya se inventaría una excusa cualquiera para tranquilizar a Frau. Por el momento, una charla larga y tendida con Peter; le reconfortaría mucho al tiempo que le daría renovadas fuerzas, para seguir mintiendo. Para seguir luchando por sobrevivir a esa guerra maldita que la separaba de las personas que amaba.
[…]
El auto aparcó en la entrada del restaurante numero uno de Berlín; al entrar, una lluvia de uniformes de la SS así como de la Getsapo hiban y venían, algunos en grupo, otros en parejas; en la radio; se escuchaban las últimas victorias del amado Führer, en Rusia; eran mentiras; por supuesto; Susan advirtió las mentiras que el gobierno tenía que contar a su pueblo; en lugar de victorias; Hitler estaba obteniendo derrotas; los soldados en Rusia; lejos de luchar con bravura y valor; como mencionaba el noticiero de las tres, morían a causa del mejor armamento nunca antes visto. Los rusos; eran maestros en el arte de fabricar armas; mucho mejores que los americanos.
Susan encontró la mesa de Peter en un rincón. Junto al baño; solo a él se le ocurría ponerse el uniforme de teniente coronel inglés, en medio de tanto nazi.
La mujer de Fredrick Zoller avanzó a pasitos rápidos; haciendo ruidos ligeros con el tacón de sus zapatos. Una vez que llegó con Peter; tuvieron que saludarse fríamente, aunque hubiesen querido un abrazo caluroso y afectuoso entre ambos.
—Pensé que tardarías más para llegar.
Susurró Peter; tratando de no poner cuidado de los ojos de cientos de Nazis que tenía enfrente.
—Es fácil, cuando mi marido no está en casa; ¿Cómo están Edmund y Lucy?
Peter sonrió; bueno; estaban pasándola. Vivían en una de las mansiones del odioso príncipe; justo en el centro de Berlín. Caspian se encargaba de los negocios de Karl; mientras que él intentaba buscar espías ingleses en Berlín dentro de la SS, del gabinete del Führer, de la Getsapo en fin. De todos los huecos posibles. Churchill necesitaba información que fuese relevante al servicio secreto inglés. Las derrotas alemanas en Rusia; no eran fuerza suficiente para creer que la guerra podía ser ganada; por los aliados. Los americanos estaban metiéndose esta vez de lleno; pero parecía que los alemanes se sembraban en los campos, como los cultivos. Siempre salían miles, muchísimos. Inglaterra estaba ya cansada; necesitaba esta vez un ataque certero, que le garantizara la derrota de los nazis. Necesitaban retirarse del sitio de guerra y poner la bandera de la paz sobre Berlín de una vez.
—Ellos están bien; bueno dentro de lo que cabe. Ya sabes, lo de nuestros padres los afectó demasiado; la enfermedad y agonía de mamá, el asesinato de papá, todo en un lapso de tres días. ¿Un récord no crees?
Susan bufó, ¿Cómo podía Peter; ser tan frío en esos momentos? ¡Eran sus padres! No podía creer que estuviese mofándose de ello.
Peter entendió la indirecta; pero ¿Qué quería que hiciera? Era el mayor de cuatro hermanos; bajo sus espaldas caía la responsabilidad; de mantener vivos al resto. Necesitaba mostrarse fuerte, indiferente, frío e inclusive, en algunas ocasiones cruel. Estaban solos; abandonados completamente a su suerte. Solo dependían de ellos mismos y su trabajo como familia para sobrevivir a la tempestad.
—No es cosa fácil estar al frente de una familia; no es fácil para mí ser hermano, padre, madre todo al mismo tiempo. No es fácil…
Susan se enfureció; Peter estaba viviendo una gloria; comparado con lo que ella tuvo que vivir, todavía se despertaba sudando a mitad de la noche; tenía miedo de que Frederick le preguntaba que cosas gruñía entre dientes; o porque se enterraba las uñas en la carne mientras dormía.
— ¿Crees que es fácil para mí también? Desde que mamá murió no he hecho más que recriminarme; echarme la culpa por haber agraviado su enfermedad, ¿Cómo crees que me sentí; cuando supe lo de papá? Súmale a eso los cuatro horribles meses que pasé en Belzec en compañía de semejante monstro; lo que vi, lo que me obligó a hacer, lo que yo misma hice; todo lo he hecho con tal de tratar de salir de esto. Ya no quiero estar más en Alemania, no quiero seguir casada con un tipo que me asquea con sus palabras de amor, con sus peticiones de hijos. Peter; quiero volver a casa.
Peter; agachó la cabeza muchas veces pensó precisamente en que Susan no la pasaba tan peor como todos ellos. Pero siempre que reflexionaba después de sus momentos de furia. Se calmaba y entonces, veía esa realidad que su hermana a punto de llorar le lanzaba a la cara. Era horrible. Todos estaban en una situación tan penosa como peligrosa.
— ¿Tu marido es fiel seguidor del reich?
—Últimamente; Frederick ha estado pensando en pasarse al bando de los traidores. Hitler le prometió que dejaría de usar el apellido Zoller; no es uno que sea de su agrado. Después de que ha pertenecido a una de las familias más antiguas en la historia de Alemania.
—Si; justo para eso, quería verte. Churchill está dispuesto a ayudarlo.
Susan se puso seria; dejó la taza humeante de café sobre la mesa; mirando a su hermano fijamente.
— ¿Qué quiere?
—Quiere que pase información; toda la que tenga, y si nos sirve. Entonces, puede que terminada la guerra, y si los aliados la ganamos. Le podrían devolver, el titulo de principado. Que perdió; cuando su padre traicionó a Hitler. Al inicio del Reich, Su; ¿Crees que puedas convencerle?
Susan se puso las manos en la cabeza; todo ello era tan difícil para ella. Tenía miedo de salir raspada, de que Frederick comenzara a intuir algo.
—Tranquila, seremos cautelosos; solo queremos que esto acabe rápido. Muchos nazis; cercanos a Hitler están colaborando; por que quieren ser salvados de un posible juicio. Quizás Frederick quiera lo mismo.
—Lo sé. —Susan se limpió las lágrimas con una servilleta. —Pero tengo miedo Peter, desde que me enviaron aquí; he vivido presa del pánico. Me da terror que un mal día puedan descubrirme.
—Para entonces; todo habrá acabado, todos estaremos en casa. Mira; no te hagas un lío, ¿Quieres? Piénsalo, y después cítame en un lugar más privado.
Susan asintió. Necesitaba separarse de Peter; antes de que la gente siguiese viéndola, no le gustaba la manera en que lo hacían especialmente los hombres que rodeaban la mesa. Se despidió de Peter fingiendo ser descortés y fría. Poco después se encontraba tres manzanas adelante del restaurante, a pesar de que su corazón latía con mucha fuerza, se sentía feliz; extrañaba a sus hermanos; pero al menos pudo ver a Peter. Pudo mandarles abrazos y muchos besos a Lucy y Edmund a través de su hermano.
[…]
El consejo estaba reunido; casi la mitad de la Luftwaffe estaba de su parte; por lo menos, la mayoría comenzaban a hacer oídos sordos de las palabras de Hermman Göring; a cerca de que la fuerza área del amado Führer era invencible. Las pruebas las tenían con las derrotas sufridas en Rusia y a la vez en el atlántico; en Inglaterra; prácticamente en todos lados. La mayoría de los comandantes de la fuerza aérea del Reich estaban convencidos de que era mejor confiar en el joven príncipe que seguir pegados a los pantalones del Führer. Alemania estaba pronta a caer. Pronto serían nuevamente humillados por Inglaterra y Estados Unidos; ninguno de ellos quería estar allí para verlo nuevamente. Nadie de esa mesa quería ver como un nuevo tratado de Versalles; más humillante que el anterior nacía para derrotarlos.
Sin embargo; la creencia de un cuarto reich; una vez acabado el de Hitler; a manos de un verdadero alemán, de un hombre joven con visiones; únicamente de impulsar Alemania por encima de las demás potencias; era un tanto más prometedora; nadie quería un imperio europeo regido por ideas que no siempre resultaban ser lo que eran. Por ejemplo; fue un duro golpe para ellos. Descubrir que el amado Führer era tan judío como los que morían todos los días en los campos de concentración.
Karl von Thurn und Taxis tenía una Alemania más tolerante en mente; consciente estaba de que los mejores banqueros; doctores, maestros, catedráticos; eran judíos. Planeaba dar una vuelta de 360 grados a los anteriores planes de Adolf Hitler. Para Karl lo único que importaba era elevar Alemania al nivel de Estados Unidos; crear una potencia más capaz de lo que ya era. Necesitaba para ello; que al menos un 90% del los comandantes de la fuerza aérea estuvieran a su favor. Ese día; Caspian se preparaba para hablar ante todos ellos Robert Ritter von Greim, Albert Kesselring, Hugo Sperrle, Erhard Milch, Wolfram Freiherr von Richthofen. El anterior príncipe logró convencerlos con pruebas y evidencias sobre la traición de Adolf Hitler; todos excepto Hermman Göring; estaban reunidos en la sala de consejo.
El príncipe que ellos creían hizo su aparición vistiendo el uniforme de Reichsführer; los presentes se pusieron de pie; haciendo el saludo nazista; a Caspian no le quedaba de otra más que responder; en ausencia de Göringl tomó su lugar en la cabecera de la mesa. Una vez que todos estuvieron sentados. Caspian empezó prácticamente su actuación.
—Ahora Colina, Bolonia, Dersde han caído bajo los aliados, ¿Qué prueba más evidente necesitamos para saber que el Reich está debilitándose de a poco?
Los murmullos comenzaron, hacía cuatro años, nadie en esa mesa; ni si quiera quien la precedía podían atreverse a decir que el tercer reich era débil. E inútil era todavía seguir soportándolo.
— ¿Pero que podemos hacer nosotros alteza? — Hugo Sperrle tomó la palabra; en su rostro; como en sus palabras se veía y escuchaba preocupación; no solo por él, sino por su familia. —Todos los que estamos presentes aquí arriesgamos demasiado. En tanto Adolf Hitler no dé su brazo a torcer; Alemania seguirá siendo herida por los bombardeo de los aliados. Además, su Hitler se diese cuenta, tendríamos mucho que perder; yo no importo, me importa mi familia. Supongo que a los presentes también les preocupa eso.
Caspian podía aprovecharse de ese ligero temor.
—Es por eso mismo que he citado esta reunión de urgencia; es necesario poner un punto final al reich. Necesitamos desacreditar a Hitler; que comiencen los rumores; especialmente por el ejército.
Los murmullos volvieron a soltarse; la mayoría de esos notables personajes sabían muy bien que pasaba cuando el führer se alteraba. Las cosas podían salir peor.
— ¿Por qué no empezar en los jóvenes? —Comentó Albert Kesselring—Es mejor que la propaganda antihitleriana empiece en las universidades; es más fácil manipular las mentes jóvenes y letradas; que las duras del ejército.
Era un comentario bastante asertivo; Caspian le daba razón al comandante, pero empezar paso por paso; sería alargar la guerra un poco más. Era justo lo que Inglaterra a toda costa quería evitar que pasara. Más guerra, más pérdida injustificada de vidas.
— ¿Cuánto tiempo tomaría? —Preguntó Caspian interesado; eso le interesaba muchísimo.
El hombre se rascó la barbilla; era imposible dar una cantidad exacta de tiempo. Cuando las cosas solo se regateaban en simples ideas. Que de ser llevadas a la práctica sería peligroso para todos. Sin embargo; ya era necesario dar un cambio que originara un respiro a la amada nación.
—No lo sabría con seguridad; tan solo con esparcir el rumor; de que el führer tiene sangre judía en las venas, tomaría algún tiempo. Pero supongo que es lo más efectivo que podemos hacer por el momento; para debilitar al reich.
Era poco; pero como el comandante objetaba, debía ser conformista; Caspian se pasó las manos por la cara, intentando llegar a algún acuerdo. El cambio se necesitaba y ya. No uno débil. Necesitaba uno que pusiera en jaque al tercer reich junto con todas sus creencias.
—Bien señores; entonces empecemos con ello. Que en las universidades comiencen a criticar la veracidad del tercer reich y sus efectos sobre nuestra sociedad alemana en el futuro. Hay que recordar; que de esto dependemos en el futuro, si queremos una nueva Alemania resurgida de las cenizas; hemos de hacer las cosas con la certeza de que podemos ganar.
[…]
—Señora Zoller. —Una enfermera se aproximó para ayudarle con los paquetes; Susan agradeció el gesto de todo corazón, sinceramente estaba harta de andar de aquí para allá con ellos.
—Dígame Olga.
—Un hombre está esperándola en su despacho. —Decía la mujer; en tanto se ocupaba de ordenar los paquetes poniéndolos en pilas.
Susan dejó de retocarse el peinado; ¿un hombre? ¿Quién podría ser? ¿Frederick? No, Frederick siempre esperaba a que ella legara a casa para dar la sorpresa de una vuelta inesperada; ¿Entonces, quien?
—¿No ha dicho su nombre Olga?
La recién nombrada negó con la cabeza; el tipo solo llegó con el rostro cubierto; alegando que quería hablar con la dueña del sitio.
—¿Tiene mucho tiempo esperando?
—Casi media hora señora.
—De acuerdo; encárguese de repartir esa ropa entre los niños; las otras cajas contienen sabanas limpias, lavadas y planchadas y lo otro; son alimentos enlatados; esos van en la despensa.
—Como usted mande señora.
La enfermera con ayuda de otras se encargó de desparramar por el orfanato las cajas, en tanto Susan se dirigía a su despacho personal. Al entrar vio en efecto; a un hombre, de aspecto corpulento; sentado en su silla, mirando la pila de libros que descansaban detrás de su escritorio.
—Disculpe, dicen que tiene mucho tiempo esperando; siento la tardanza.
El desconocido soltó una risa ronca; que en ese momento, provocó que a Susan se le desbocaran los latidos del corazón y la sangre se le congelara entre las venas. Fue horrible. Ella pensó que nunca volvería a tenerle en frente de ella, respirando el mismo aire; viéndose fijamente como lo estaba haciendo él en ese pequeño y terrorífico instante.
Karl se fue acercando a ella; dando pasos fijos, y bien plantados sobre el suelo. El sonido de sus botas hacía ecos en la mente de Susan que en ese preciso momento revivía todos y cada uno de los recuerdos que vivió a lado de aquel hombre. Una vez que pudo sentir su aliento acelerado en su cara, Karl tuvo empeño en acercar su boca, quería volver a sentir la textura de esos labios; quería que sus manos volviesen a recorrer cada una de las curvas; de ese cuerpo que una vez; hizo suyo a merced. Antes que otros, antes que nadie Susan Pevensie fue suya, y suya volvería a hacer. No en vano esperó y aguardó hasta ese precioso momento. Al menos para lo era él; no le importaba que tan significativo era para ella.
—Si he podido esperar casi la mitad de lo que va este año; para volverte a ver, no me importaba esperar media hora más Susan Pevensie.
Susan no podía sentirse más acorralada, confundida, comprendió que su vida era un completo caos donde lo único de lo que se sentía segura era de que a pesar; de que Karl demostró en varias ocasiones ser un monstro peor que Hitler; con ella era definitivamente muy distinto; con ella parecía ser un gatito amansado, así que ¿Por qué no usar eso a su favor? El único que realmente la preocupaba era Caspian, necesitaba un encuentro con Caspian para saber como actuar en caso de que alguno de los dos quisiera confundirla.
Comprendió que aprendiendo cómo manejar los temperamentos de Frederick, de Caspian y el de Karl podría afianzar un poco más su salvación propia y la de sus hermanos.
