Capítulo 12 "Dulce pacto"

Los rayos solares de la media mañana parpadeaban de vez en cuando a través de las pesadas cortinas formando un prisma de luz y oscuridad en la extensa habitación.

Despertó junto al agradable aroma de Minos, su piel disfrutaba de la proximidad de la otra, sentía una calidez en la que quiso permanecer por siempre.

Con añoranza abrió los ojos observando el rostro calmo del platinado dormido, lo repasó con sus dedos suavemente y con cierta timidez. Su trémula mano se deslizó hacia abajo y descansó en el pecho perfecto del aquel monumento de hombre.

Recordó los sucesos de la noche anterior... había ocurrido realmente o era un sueño más? No, no lo era, aún ardía su virginidad despojada.

Apartó la mano de su cuerpo y acarició suavemente su propio cuello marcado en la noche anterior, como si este hubiera hecho una firma apropiándose de ella, si, era propio de él.

Aún podía sentir el calor de su tacto ardiente y las caricias en su piel... al igual que su lengua húmeda en cada parte de su ser, recordó como suavemente los labios se posaban en cada punto clave encendiendo el fuego de la pasión, llevándole a la locura con cada toque.

Respiró profundo, fue demasiado descuidada, las caricias de Minos la hechizaron tanto que habría aprobado hasta su pacto eterno.

Se avergonzaba de haber cruzado todos los límites, pero era lo que quería y tenía que resistir al no tener la fuerza para liberarse, por ahora no podía.

Debía marcharse, si permanecía más tiempo, se perdería para siempre, sumergida en la oscuridad de aquel dominio.

El santo sabía que no tenía nada que ver con sus deseos, ahora más que nunca debía ser de ayuda para el santuario.

La ira se fundió con su vergüenza, nunca habría pensado en perder tan completamente el control y razón, tuvo que ser guiada por Minos y anoche fue totalmente vulnerable.

Se inclinó besando los suaves labios del platinado en la cama y se dispuso a irse.

Tan pronto como sus pies tocaron el piso alfombrado y una leve brisa azotó su cuerpo desnudo, la realidad le golpeo como un latigazo intenso su magullada alma.

El recuerdo de la noche anterior jamás pasaría como una anécdota quedada en la nada, observó sus ropas botadas en el otro extremo de la habitación y avanzó a ellas tomándolas entre sus brazos.

La residencia entera era un contraste al santuario este siempre iluminado por los rayos del sol, blanco y acogedor, este sitio se engullía en la oscuridad elegante... Tomó un baño y vistió sus ropajes, que quedaban ceñidos a su cuerpo. Debía marcharse, dejarlo atrás y continuar con su solitaria vida.

Salir a la luz del día fue como despertar de un sueño eterno.

La tristeza la envolvió, sabía que había hecho lo correcto su deber era cazar espectros, no amar.

Pero…Cuál era el deseo de su corazón?

Agito la cabeza con energía, había ido demasiado lejos para negar sus sentimientos por más tiempo, la emoción que significaba encontrarse con Minos se describía en pocas palabras, pero nada las haría tangibles.

Era algo más que atracción, el anhelo imborrable despertó en cuanto se apartó del platinado, fue la sensación de haber encontrado una parte de sí misma hasta ahora desconocida.

Sólo el amor podía hacer aquello.

Se había rendido la noche anterior, exponiendo su cuerpo al calor de la lujuria, fue lo que quiso en ese instante de debilidad, entregar su corazón, la libertad de ser capaz de amar.

Pero… qué seguía después de su cuerpo? su corazón? Si seguía a Minos tarde o temprano se perdería inevitablemente en las profundidades de su propia condena.

Ya se aferraba a la paz que se cernía a su alrededor, tan pronto como sentía la presencia de Minos.

La paz otorgada solamente por su captor.

Minos era realmente su condena.

Echó a correr hacia el santuario, no porque debía darse prisa, sino porque le dio la ridícula esperanza de así también huir ante sus inminentes sentimientos.

El sudor perlaba su frente, sus pantorrillas estaban sufriendo, pero no hizo caso, sus ojos miraban hacia adelante, quería dejar todo atrás, el trauma de su pasado, el dolor que conllevaba vivir con ello, odio hacia ella misma, la constante soledad, la desesperación, la intensa lucha.

El amor.

Por fin llegó a las 12 casas, ahora lamentaba realmente tener que mirar a los ojos a sus camaradas dorados, después de lo ocurrido, que dignidad tendría para hacerlo?

_Albafika! – dijo Shion con preocupación – el patriarca estaba a punto de mandar tropas para ir a buscarte.

_No es para tanto, solo pase la noche fuera del santuario, termine mis compras muy tarde y no quería molestarlos, eso es todo.

_Ocurre algo? Estas extraña… y sabes que nunca nos molestaras, metete eso en la cabeza

_Nada en especial, son solo imaginaciones tuyas – que había cambiado en ella realmente? , sus motivaciones, deseos, saber que podía renunciar a todo sumergiéndose en las sombras? – voy a pasar por tu templo, Shion.

De pronto el carnero vio lo que era dispar a su visión respecto de Albafika, su cuello estaba decorado de marcas violáceas estas contrastaban fuertemente con la pálida piel de la joven. Que le había pasado a Albafika realmente?

_Espera! Albafika espera! – le dijo el peliverde con desesperación.

_Que ocurre?! – no estaba de humor para ser infortunada, menos por el servicial Shion.

_Que… que le ocurrió a tu cuello? , no se ve nada de bien.

Albafika enmudeció, su talante bajo automáticamente las revoluciones, no cedería ante tales preguntas, era su intimidad rota pero aún le quedaba un suspiro de orgullo como para jugar aquel juego.

_Ahh eso- dijo despreocupadamente – tuve un accidente con mis Piranha Rose, mientras entrenaba algunas se descontrolaron y me lastimaron el cuello y otras extremidades – dijo mostrándole su brazo izquierdo, este también tenía aquellas abrasivas marcas.

_Albafika… tú nunca fallas, perdóname pero no puedo creerte – le dijo tristemente Shion, ante tal reacción Albafika levanto una ceja algo disgustada, parecía ser que no era tan fácil engañar al carnero.

_Tendrás que hacerlo porque esa es la verdad – le dijo tranquilamente.

_Deja por lo menos que cure tus heridas.

_Sabes que eso es imposible, ahora si me das el respectivo permiso, pasare por tu templo.

Afortunadamente no se encontraba el santo de tauro Hasgard, estaba de misión junto con Manigoldo en una isla del sur.

Deuteros de géminis hace años que no se encontraba custodiando su templo asi que paso silenciosamente por este.

Sísifo aun estaba preparando a su sobrino que sería el nuevo santo de leo, parecía ser que era un genio de la pelea a su corta edad.

Al llegar al templo de virgo sintió que esta estaba custodiada por su guardián, Asmita.

Albafika nunca pudo llegar a comprender a ese joven de cabellera dorada, prácticamente nunca salía de su templo ya que permanecía en constante meditación. A pesar de que athena gobernaba en este santuario él tenia otra religión, el budismo, nunca le agrado demasiado aquello, era como si no fuera totalmente fiel al santuario, quizás y esperaba que asi fuera estaba pecando de sobreprotectora.

Y ciertamente ese hombre siempre vivió en un halo de misterio, rumores como que puede ir y venir sin restricciones por todo el espacio, o sus conversaciones con buda.

Agradecía que fuera su aliado, ya que si fuera su enemigo seria un hombre al que temer.

Era cierto, ese hombre es muy distinto a mi y a los demás dorados, pensó Albafika.

_Asmita de virgo, pido permiso para pasar por tu templo – dijo protocolarmente Albafika, él no respondió.

Algo no iba bien, el cosmo hasta ahora sereno se torno agresivo, como si fuera un enemigo.

_Me has decepcionado, Albafika de Piscis, pensé que eras un santo más inteligente pero eres blanda y tonta… al igual que athena.

_No me importa las ofensas a mi persona pero no permitiré que hables así de la señorita athena – estaba fuera de sus casillas, estaba dispuesta a pelear si era necesario.

_Y que harás al respecto? – le dijo irónicamente.

_Callar tus palabras necias – tomo sus rosas negras– Piranha Rose!

Asmita murmuró un mantra y las rosas cayeron débilmente antes de atraversar el objetivo.

_No estás en tus mejores condiciones, sería un desperdicio para mi acabar contigo en estas circunstancias, las cosas serian diferentes si estuvieras con el total de tus energías… sería la batalla de los mil días.

_Quieres exterminarme ehh? – le dijo sonriendo, quizás eso era lo que necesitaba su corazón, sentir el agarre de una pelea intensa.

Sin embargo y como había dicho Asmita, estaba débil, no entendía el porqué, era como si Minos hubiera drenado todas su energías la noche pasada.

_Tu uso indiscriminado de la violencia, y tus emociones… serán tu perdición, Albafika de Piscis – su cosmo se volvió calmo nuevamente – puedes pasar por mi templo.

_Tu… eres un dios cierto? Eres la reencarnación de buda – Albafika siempre había tenido esa duda, desde que eran niños Asmita proyectaba ese aura más elevada que la de ella y sus compañeros.

_A decir verdad, soy simplemente una persona en busca de la verdad, cual es tu verdad… Albafika?

_Proteger a athena y a la tierra – dijo sin pensarlo.

_Como lo pensé, ni tu ni athena poseen la verdad, es como si la razón estuvieran con hades, la tierra se está llenando de sufrimiento y miseria y es mejor cubrirla con el manto de la tranquilidad de la muerte.

_Eres un… Traidor?

_No, simplemente estoy dando fundamentos basados en el conocimiento de la humanidad, a veces e mejor acallar el sufrimiento con el sueño perpetuo.

_Mientes – o eso quería pensar – tu no piensas de ese modo, no puedes pensar así… - dijo confundida.

_Ya veo, simplemente una tonta, así es la frágil naturaleza humana, sin embargo, es la fortaleza voluble de tu corazón la que me ha dejado intrigado, te pareces mucho a la señorita athena.

Flashback

_Esta pequeña niña es athena? – dijo sin esconder su sorpresa Asmita.

_En esta era la diosa no ha nacido bajo su respectiva estatua sino que en las lejanas tierras de Italia – le dijo Sage – nos gustaría pensar que esto tiene algún significado pero…lo mas probable es que athena tuviera la intención de despertar en esta joven ordinaria en esta era.

La niña estaba cabizbaja soportando el llanto.

_Quizás ahora este triste al ser separada de su familia – dijo el patriarca en un suspiro comprensivo.

Una diosa tonta, originalmente un dios desidia manifestar su existencia con todo su fuerza y esplendor y ahora tomarse la molestia de renacer en un humano y rebajarse a elegir una vida llena de sufrimiento.

Como podría una diosa como ella guiar la tierra hacia la verdad?

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Silenciosamente la joven Sasha intento colarse por el templo de virgo, parecía ser que lo había hecho con satisfacción ya que Asmita de virgo no había abierto sus ojos, bueno la verdad es que nunca lo hacia.

_De seguir saliendo preocupara al patriarca y a los demás – dijo finalmente este.

_Como me has reconocido si tienes los ojos cerrados?

_No los tengo cerrados, ellos permanecen asi, Athena, aun asi soy capaz de ver hasta en las sombras que causa el dolor en este mundo.

_Entonces es por eso – se hinco al lado de él – que siempre luces tan afligido.

_Tu siendo una diosa, por que has dejado que el dolor invada tu corazón? – no lo comprendía.

_Mi corazón está bien con el dolor, eso significa que no olvidare mi promesa y es esa la razón de que este bien así, sabes? Conservaría el dolor tal y como está en mi corazón por siempre – le dijo con una sonrisa

Fin Flashback

_Que me parezco a athena?

_Ambas son frágiles sin embargo esconden un poder inigualable.

_Eres un enigma, Asmita de virgo – de ese modo se dispuso a salir del templo de la virgen.

_Te aconsejo que escuches mas a tu corazón, este a veces abre mas puertas que la razón.

Mi corazón… permitiría que este respirara tranquilo?

No tuvo mayores inconvenientes para llegar al salón del patriarca, este al verla levanto de inmediato.

_Albafika! Regresaste, que demonios te había pasado?

_Se me hizo de noche en Rodorio y me refugie en una posada – le dijo tranquilamente, una mentira, como un bálsamo.

_No me vuelvas a preocupar así, realmente lamentaría si te pasara algo.

_No es para preocuparse, se cuidar de mi.

_segura? Tu cuello dice lo contrario – la cloth de piscis cubría buena parte de sus marcas pero no todas - alguien te ataco?

Atacado seria poco, más bien, devorado…

_No su ilustrísima, tuve un accidente con mis rosas – esperaba que con eso fuera suficiente.

_Ten más cuidado para la próxima – le dijo seriamente – ahora puedes retirarte.

Cuando la joven santo se hubo ido Sage se puso a pensar

Esas marcas no son de rosas, son firmas pasionales.

Albafika acaso tu… no, no puede ser, su amante moriría al instante.

Y si no era humano?

En que se estaba metiendo realmente Albafika?

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Despertó con un solo pensamiento en mente.

Albafika…

No se encontraba en el lecho, era de suponerse, sus manos recorrieron la zona en donde la noche anterior su amante había descansado, tan frágil y vulnerable.

Algo le inquietaba, la presa había sido mucho más compleja que de costumbre, y valla que lo era siendo un santo de oro.

Sonrió torcidamente, estaba jugando con fuego, no se quemaría, la haría suya y desde su confianza ganada la destrozaría desde el interior.

Su nuevo juguete premeditado.

Pero algo no iba bien, que le hacía contenerse tanto al estar con Albafika?, tenía que exterminarla, no amarla.

Rio roncamente, amar él? Patético.

Tenía tiempo de sobra aún, se divertiría con el nuevo objeto de su devoción.

Salió de la finca y en el porche se encontró con Aiacos, parecía ser que lo estaba esperando hace un buen rato, su garbosa figura corto el aire que lo rodeaba.

_Saciaste tu sed? – le dijo finalmente el moreno acariciando la mejilla de Minos el cual lo acepto de buena gana.

Minos parecía ser otro, en el último tiempo las mejillas del platinado estaban completamente hundidas y su rostro demacrado producto de su autoimpuesta soledad.

Ahora era distinto, su piel estaba sedosa y luminosa su esbelto cuerpo irradiaba la vida misma, como una flor besada por el sol.

_Más que eso… por fin encontré el objeto de mis deseos – dijo con voz soñadora.

_Entonces… no la mataste? – era extraño, Minos siempre tarde o temprano se desasía de sus marionetas.

_Esto es solo el prólogo de la verdadera función.

_Piensas llevártela al inframundo?

Eso era imposible ya que era el enemigo, por supuesto que su compañero no sabía de esto, tampoco lo haría ya que si se enteraban de que había localizado a un santo de oro le ordenarían asesinarle en el acto, y él no quería aquello.

Pero, era por ambición o era realmente otro sentimiento?

Amor…

No, era muy pronto para cortar los hilos, la haría danzar primero, la marioneta más hermosa que haya podido tener.

_Por el momento no, es una joven de buena familia y si desapareciera lo más probable es que mandaran a algún dorado a rescatarla.

_Piensas verla en esta finca… no es muy arriesgado?

_Lo es pero ya sabes, no me gusta meditar demasiado sobre ello, quiero saciar mi anhelo y solo ella me puede brindar ese bálsamo.

_La buscaras nuevamente? – Minos jamás obligaba a sus presas.

Negó con su cabeza.

_Es una flor, ella buscara la luz del sol o la oscuridad de su alma.

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No hacía mucho desde que había llegado al inframundo, estaba algo hastiado de las interrogaciones y reprendas de parte de Pandora y Radamanthys, no tenían cosas mejores que hacer?

Sonrió lascivamente ante el pensamiento…

Se encontraba en su estudio cerca del fuego, las llamas danzaban tal cual amantes apasionados, posesionándose de su respectivo compañero, al fin y al cabo era todo tan sencillo.

"Como espuma de mar" así se titulaba el libro que descansaba en sus pálidas manos, no sabía si era un libro de amor o de humor, amor tan estereotipado, falsa cursilería, exceso de recursos banales y superficiales, agradecía que los protagonistas hubieran muerto al final, así hacían justicia a su mala suerte de ser denigrados a ser seres tan débiles.

Blanco y negro…

Por que el ser humano tendía a extrapolar las cosas? No existían acaso los matices?

De pronto comenzó a dolerle la cabeza, cerró el libro con cansancio, realmente había sido una pérdida de tiempo, su cuerpo ardía en dolor, ya no recordaba aquella sensación, su mente se nublo y su visión se fue a negro engullida por las tinieblas, lo último que recordó fue aquel aroma a rosas.

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Despertó bañado en sudor, se sentía débil y miserable, a los pies de su lecho un hombre joven de cabellera blanca velaba por su sueño.

_Despertó, señor Minos – su voz era calma sin embargo sus ojos denotaban profundo alivio.

_Lune, cuantos días han transcurrido? – no recordaba nada, solo profundo ardor y dolor como si este disfrutara de su sufrimiento.

_Tres días – su mirada se torno curiosa – que ocurrió? si puedo saberlo claro está.

_Ya lo debes saber – aún le costaba hablar, como si su lengua quisiera estar sellada en su paladar – fui envenenado.

_No es necesario decir lo obvio – Lune era su hombre de más confianza, de las pocas personas a las cuales le daba explicaciones y le permitía hablar en un mismo nivel, se lo había ganado.

Su lealtad y profunda comprensión…

_Entonces dime cuál es tu inquietud.

_No está claro? Las razones.

_Ya sabes que me gusta jugar con fuego… quizás ahora no pude evitar sentirme engullido por sus brasas.

_Según Niobe, por sus venas está recorriendo un veneno muy poderoso, si fuera una persona normal ya estaría muerto.

_Ya veo – ahora comprendía, los miedos de Albafika eran ciertos y no infundados, era conmovedor, no pudo evitar sonreír.

_Ese veneno… es lo que estoy pensando? – Minos sabía que Lune era una persona con un conocimiento casi ilimitado.

_Para que preguntas algo de lo cual ya sabes? Es algo necio de tu parte.

_Royal Demon Rose… Piscis.

Minos solo lo miro afirmativamente, se sentó en su lechoy retiro el paño húmedo que se encontraba en su frente con orgullo.

_Se enfrento con Piscis acaso? – ahora su mirada era sorprendida, no era el momento, no aun y Minos lo sabía.

_Venganza… - murmuró.

_...Contra el santuario – terminó la frase - Y como es ella? Según sus informes Piscis era uno de los santos mas peligrosos que habían, de los que había infortunado mas de una vez a las tropas del inframundo.

_Un ser complejo y fascinante.

_La marioneta que estaba esperando – se levantó de su lecho dándole la espalda – Niobe dijo que estaría bien, realmente es un ser resistente, señor Minos.

_Realmente es así? – no podía evitar pensarlo, jugar con el enemigo – sus peligrosos encantos, ganar su confianza y corazón para luego aplastarlo inexorablemente.

_Parece el plan perfecto…

_Sin embargo no lo es, posee buenas armas.

_Su veneno? Cada segundo que pasa usted se hará más inmune a él.

_Va más allá de ello, te lo aseguro.

Arrastrarla al fondo de las tinieblas y pisotear su orgullo y convicciones, ahora era eso su meta, saciar su sed y de paso su venganza.

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Había pasado menos de una semana desde su encuentro con Minos, los días pasaban lentos y monótonos, su mente decía que era lo mejor, pero… y su corazón?

Había visitado Rodorio más de lo habitual, inventaba excusas al resto y a ella misma para hacerlo, pero era necio negar sus verdaderos motivos… volver a sentir.

Se había negado ir a la finca de Minos, era como doblegarse a su voluntad, ya había mostrado debilidad y no pensaba volver a hacerlo.

Había dejado de lado los vestidos, no era cómodo y no tenía ánimos de agradar al resto, era algo innecesario. El aire se torno frio y húmedo, el cielo comenzó a nublarse, llovería y no alcanzaría a llegar al santuario antes de encontrarse totalmente empapada.

No era algo significativo, había jurado nunca más ir a aquella cantina, su amor propio lo impedía, la pregunta era, donde se resguardaría del tiempo adverso?

La finca…

No, tenía que hacerlo?, quería hacerlo? Por otro lado pensó, es simplemente refugiarse no tenia nada de malo.

Frío punzante llovía a cantaros sobre el santo, mientras el color del cielo por fin se tornaba en un gris opresivo.

Antes de terminar de meditar aquellas cosas ya se encontraba en el bosque al norte empapada en su totalidad, la elegante finca contrastaba con el inhóspito paisaje.

Las verjas estaban cerradas, no habría nadie?

De pronto vio en el antejardín a una joven de unos 14 años cubriéndose de la lluvia, al verla se sorprendió, lo más probable es que no fueran frecuentes las visitas.

_Disculpa, se encontrará el señor Minos? – por que preguntaba ´por él? Podría haber dicho simplemente que era un santo de athena y que necesitaba refugio.

_Él no recibe a vivistas sin antelación – había dudado un momento en decir aquello, la mujer era realmente hermosa, dudaba que fuera cualquiera, para preguntar por su señor de modo tan demandante.

_Solamente dile que Albafika necesita resguardo para la lluvia, creo que lo comprenderá.

La joven quedo un momento en silencio, abrió el gran portón e hizo ademan para que entrara.

_Pase por favor y espere en el vestíbulo – de ese modo la joven se perdió en el pasillo contiguo.

A pesar de no ser muy grande era de una elegancia exquisita, el fuego chisporroteaba en la chimenea, se despojo de su abrigo dejando ver su habitual camisa blanca ahora apegada a su cuerpo producto de la humedad.

Y allí lo vio aparecer con su elegancia y presteza habitual, su mirada era hambrienta, como si la hubiera estado esperando todo este tiempo, no pudo evitar estremecerse ante la idea.

_Albafika, no pensé volver a verte – dijo en un susurro casi inaudible.

_Ni yo pensé que volvería, sin embargo necesitaba resguardo para la lluvia…

_No necesitas explicaciones para venir aquí, ven conmigo, vamos a un lugar más cómodo.

Ella instintivamente lo siguió, su espalda ancha era admirable, apetecible de tocar y sentir.

Llegaron a un estudio algo más amplio que el vestíbulo, Albafika recordó la casa de acuario al ver tantos libros en un solo lugar, igualmente se encontraba una chimenea que brindaba calor a la estancia.

Mientras Albafika quitaba su ropa mojada, sentía los ojos de Minos en su piel semidesnuda, agradeció tener ropa intima que cubriera suficientemente su figura, la situación se volvió precaria.

En silencio, se recostó sobre la alfombra al lado de la chimenea deseando entrar en calor, una mano tocó su tersa mejilla deslizándose a su cuello, dándose cuenta que la distancia entre ambos no era significativa en comparación a otras veces.

—Existe algo en ti muy enigmático, Albafika… eres alguien encantadora...

Su corazón latió fuertemente, Minos trató de acariciarla con cariño, los dedos dejaron su cabellera aguamarina para tiernamente acariciar su clavícula, lo que envió un escalofrío por su cuerpo, estaría de nuevo con aquel hombre?

Albafika se estremeció al pensamiento, la tranquilidad de su conciencia de que la unión física con Minos se trató de algo casual, en cualquier caso, no tenía reglas éticas, hace tiempo que no las tenía.

A pesar de eso…

_Mantengamos la distancia, por favor.

Minos se alejó con cautela, debía ser racional, tendría paciencia con el santo, la llenaría de atenciones y cariño.

_Será mejor que te cambies de ropa – le dijo con preocupación – no quiero que enfermes.

_Estando cerca del fuego…. este me confortara, sin embargo, gracias – le dijo con una débil sonrisa.

_Tus ropajes son distintos a los del día que nos conocimos – dijo mirando su camisa algo masculina y sus pantalones ajustados.

_Ya sabes mi realidad, no tengo por qué aparentar algo de lo que carezco, soy un santo, no una damisela.

_Aún así no careces de atractivo y encanto natural – era simplemente deslumbrante a la visión y tacto, como una obra perfeccionada.

_Son cosas pasajeras, terminaré envejeciendo y muriendo algún día – cada día le importaba menos su exterior, este la traicionaba con sus bajos instintos.

_Realmente? – la mirada amatista se encontró con la turquesa, quien era realmente Minos?, lo poco que sabía es que era un ser humano corriente, carecía de cosmo, sin embargo su aura y presencia denotaban a un personaje fuerte, más de lo normal.

Atracción fatal… le costaba contenerse, debía entregar su cuerpo a aquel hombre? Dejaría que su cuerpo se liberase finalmente?

Él la volvía tan débil…

_Tengo que irme… - dijo finalmente.

_La lluvia no ha cesado – acaso sus atenciones no valían para aquella mujer? – si te vas tú visita seria una pérdida de tiempo.

_Entiéndelo, no soy para ti… mejor dicho no soy para nadie, no entiendo realmente como has sobrevivido, te admiro por eso pero no quiero arriesgar tu seguridad en pos de mis necesidades.

_Nadie puede juzgar aquello… ni siquiera tu – acortó la distancia – no te acerques tanto al fuego, puedes quemar esa delicada piel.

_No te das cuenta?, ya me estoy quemando por dentro al sentir tu presencia, que cada día muero por el simple contacto de tu piel.

_Quédate conmigo, dame la oportunidad de extinguir ese fuego en tu corazón – como podía negársele con esa mirada abrasiva y hambrienta, sedienta de su cuerpo.

Fue más fácil de lo esperado.

Impulsado por el deseo y el anhelo, los labios del platinado cubrieron los suyos con fogosidad, apasionadamente besándola, poco a poco más hambriento y atrevido, deslizando su suave y cálida lengua contra la suya, saboreándola a profundidad.

Al principio renuente pero finalmente cediendo, la certeza de que volvería a caer en sus instintos desesperados la abrumaban pero extrañamente hacia que hirviera su poderosa sangre.

Los brazos de Minos se cerraron en su cuerpo, anulando la última barrera impuesta por la joven, recordando la poca moralidad que le podía quedar tras esos íntimos encuentros. Se liberó de la caricia, Albafika pasó su mano por el pecho y se alejó del beso.

_No estoy segura de permanecer…

Minos le sonrió pacientemente.

_Si quieres hazlo, no voy a obligarte a permanecer, pero si no puedo soportar tus encantos, no puedes hacer lo mismo?

Minos estaba en lo correcto, sin saberlo contribuyó a la decisión del santo.

El platinado se las había arreglado para involucrarla en una telaraña de mentiras, siempre mantendría sus emociones bajo control, por lo que obedecía sólo a su lado analítico.

Hasta ahora…

_Me doy cuenta que es mucho más difícil para mí a causa de mis tormentoso pasado, aceptar tu amor, sin embargo, mi confianza se perturba, jugaste conmigo en nuestro primer encuentro manipulándome, lo has logrado muy bien… cómo puedo estar segura de que no decidiste brindarme una falsa sensación de seguridad? sólo para saciar tus deseos, causaste una herida que ningún espectro ha conseguido.

Era natural… querida guerrera.

Un dejo de tristeza se establecieron en los rasgos de Minos, sin embargo, Albafika estaba segura que no lamentaba nada realmente. Minos no difería mucho de un espectro…

_Pides pruebas y es algo loable, sin embargo…con todas mis fuerzas no puedo mostrar mis emociones, es serio mi afecto por ti y lo probaré con mis acciones a partir de ahora para hacerlo valer, al igual que tu he tratado de reprimir mis sentimientos y al conocerte falle, mi vida está vacía sin ti, dame la oportunidad de convencerte, no habrán mentiras ni manipulaciones, simplemente mi verdad.

Las palabras eran más de lo que ella esperaba, se deslizaban suavemente aliviándole, había tocado su punto débil desarmándola, nuevamente vulnerabilidad, el santo respondió con acusaciones sobre aquella confesión, era su última lucha.

_Para mi propio pesar, me has encantado… -se apartó con suavidad de Minos - palabras que son fáciles en tus dulces labios.

Una expresión dolida inundo el rostro del platinado, suplicante tomó la mano del santo, anonadados ojos turquesas siguieron aquellas acciones y señales, él cayó al suelo, de rodillas con mirada vacilante miró a Albafika, por primera vez, reflejando profunda debilidad tras los ojos amatistas.

_Dame tu confianza nuevamente… te lo ruego – por primera vez su ronca voz sonaba trémula.

Minos avergonzado cerró los ojos y apretó su fría mejilla contra la mano de Albafika, el santo no podía soportar aquella visión disonante al personaje de sus sueños, había sido como un latigazo emocional por parte de su captor, su vulnerabilidad aguda golpeó la conciencia y corazón de la joven más que cualquier otro ataque anterior.

_No, no lo hagas, no puedo soportarlo! – dijo débilmente.

Tiró de su mano y le hizo enderezarse de nuevo intentando devolverte su característica dignidad, maldiciendo esos ojos tras los flecos que brillaban humillados, el corazón latía con fuerza contra su pecho, maldiciendo esa confesión de debilidad, qué feliz habría sido de no ser por su deber y destino.

Tenía a aquel hombre con la guardia baja y lleno de esperanzas en su afecto.

Debía ceder?

Tímidamente acarició el sedoso cabello plata, sus delicados labios rozaron su oreja y en un susurro murmuró.

_Confiare en tus palabras y permaneceré a tu lado.

Le tomó un tiempo a Minos reaccionar y sacar a Albafika del estudio, pero apenas llegó a un pasillo de la finca le preguntó.

_Descansarás en mi recámara o quieres una habitación propia?

_Eso depende de si me deseas esta noche...

El anhelo en Minos estaba escrito claramente en su rostro, el platinado no parecía hacer nada más por ocultar sus sentimientos, estaba rendido a sus pies.

_Estás segura de que estás lista? Careces de confianza hacia mi persona.

_Por qué tus palabras suenan tan dolidas? deberías sentir alegría por mi invitación...

_Aunque me alegra en el alma verte, el regusto de tu visita es amargo, me ofende que vengas solo por necesidad de albergue.

_Aun piensas que vine por eso? Pensé que era así pero solo era una excusa para volver a verte, te molesta que escondiera mi verdadera necesidad con una excusa débil?

La melancolía reflejada aquellos profundos ojos era como un bálsamo para el alma de la joven.

_Ciertamente me afecta… Albafika.

_Si es así, lo siento sinceramente.

_Dejemos las cosas así.

Su mirada era oscura ahora, llena de deseo instintivo, ambos jugarían ese mortal juego.

Sintió sus cálidos labios cerrarse en los suyos con devoción, y luego con fuerza, tomándola fuera de guardia, el beso fue profundo, cerrando al santo con su cuerpo y tomando el rostro en sus manos, recorriendo sus labios a la humedad de su lengua, y profundizando en su boca en un duelo seductor, mientras su cuerpo expresaba el anhelo duro contra ella, su pecho fuerte contra el suyo.

Albafika no pudo reprimir un débil gemido cuando rompió el beso y los labios de Minos se arrastraron por su mandíbula, haciéndole cerrar los ojos, dejando caer la cabeza hacia atrás, las manos sabias bajaban por su cuerpo.

_Si quieres que pare lo haré... - jadeó, todavía sujetándola con fuerza.

Luego hundió su rostro contra el pecho firme, agradeciendo el tejido que protegía su piel del contacto directo, cerró los ojos respirando aún profundo aquel aroma embriagador.

_Puede que tengas razón, no debo apresurarme en complacer mi anhelo físico, permaneceré en mi habitación y el corazón me dirá el tiempo que tardará en confiar en ti.

Había despertado no sólo el deseo en Minos, y al mismo tiempo rechazado, sino también la libertad de decidir, no todo sería perfecto para él, no sería tan fácil.

De mala gana, el platinado aceptó la solicitud y la acompañó a su habitación temporal.

Mientras Albafika se hundía con cansancio en las sábanas suaves, su cabeza estaba confundida, finalmente, después de tantos años, había encontrado a su captor onírico, sin embargo, no podía ser dulce del todo.

Caería en la perdición, se fundiría con Minos en una peligrosa comunión.

Pero... por qué no podía disfrutar de su posición orgullosa?

No debía sentir un poco de satisfacción ahora que Minos sería la presa?

Su amor por Minos era real, no importaba lo grande de su odio hacia esa debilidad en ella por él, el dolor en su pecho no desaparecía.

Nunca sería capaz de sentir felicidad plena, siempre tendría esa batalla entre necesidad y moralidad.

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El dolor atenuaba el brillo de sus ojos violetas, no sabía si era por la necesidad o la venganza.

Su corazón se estremecía al pensarlo, fue ignorado, hecho a un lado, su alma sufría en silencio, mientras que su interior gritaba de dolor, soportaría cualquier cosa, pero no esta sensación, definitivamente Albafika sabía defenderse.

La sed de sangre en él aún no estaba satisfecha, sin embargo, su cuerpo estaba temblando, y subrayaba el tormento psicológico de la futura tortura física hacia aquel angelical cuerpo.

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Inadvertida o eso quería creer observó vigilante cada paso de Minos, pero éste parecía hundido en otros temas, sí... ella sabía que esa indiferencia era parte del juego como la suya propia, aunque no era una indiferencia del todo.

Estornudó sintiendo su cuerpo helado y fatigado producto de la humedad del ambiente lluvioso.

_Qué es lo que buscas? -La voz de Minos llegó suave a sus oídos, Albafika acarició su cabeza y tembló.

_Estás bien? -su preocupación era tangible y real.

_Creo que la lluvia tuvo efectos no deseados -respondió con suavidad - nada grave -dijo orgullosa y esquiva.

El platinado la miró pensativo, e inexpresivo.

_Por qué me miras así? -Le preguntó con un dejo de desconfianza característica.

_Estás muy pálida...

_Sólo tengo un poco de frío y cansancio, no te preocupes.

_Lo hago, -advirtió y acercó de Albafika hacia él - ciertamente no es de extrañar, tienes fiebre -dijo el platinado cargo a la joven a la, para llevarle a la cama.

Ella protestó con la fuerza que le quedaba, intentando ser fuerte ante el agarre posesivo de él.

_Suéltame, no soy una mocosa, se cuidar de mi!

—Lo sé... -comentó con ironía –tenía la leve sospecha que enfermarías durante esta tormenta...- la depositó en la cama- .. descansa, regreso en unos momentos... -Se dio la vuelta y Albafika sintió su ausencia.

El santo se preguntó adónde iba, pero hizo lo que le dijo, se sentía realmente mal y era por simple orgullo que no lo había hecho saber anteriormente.

Minos regresó rápidamente - cómo te sientes?

_Terrible…

_Como lo esperaba –sonrió comprensivamente- has comido algo?

_No... -cerró los ojos y giró dándole la espalda en un gesto ciertamente infantil - no tengo hambre...

_Permanece en cama, diré que traigan un tiesto con agua y algunos trapos - Albafika estaba impresionada por su atención.

Cuando hubo bajado algo la temperatura de Albafika, Minos se levanto de los pies de su lecho y dijo.

_Ya vengo.

_Que haras? – estaba escéptica.

_Ya verás.

Algo trama, necesito recuperarme... quizás quiera pasarse de listo

Alarmada o quizás no tanto intentó levantarse fallando estrepitosamente debido al cansancio.

Después de varios intentos fallidos, lo había logrado o eso creía, hacer una sopa de verduras y carne, como aprendió cuando era un simple mortal, ahora debía saber si era comestible ya que el no se arriesgaría a probarlo.

Hizo lo elemental, abusar de su total poder, sentó a uno de sus sirvientes que se encontraba totalmente nervioso y le ofreció un tazón bajo una mirada penetrante y escrutadora, para su sorpresa y fortuna de ambos, tenía muy buen aroma y su criado parecía saborearlo gustoso, llenó otro tazón y con cuidado lo llevó a la habitación del santo, para sorpresa de todos sus sirvientes... jamás lo habían visto cocinar.

Con una sonrisa triunfal, se encontró con que Albafika dormía aún, dejó el plato en la mesa cercana y se inclinó para sentir su frente, la joven solo dormitaba y se estremeció ante el toque de sus dedos y tosió un poco reaccionando, ojos turquesa se encontraron con otros amatistas que le observaban tranquilos.

_Lo siento, no quería despertarte -dijo el suavemente.

_Descuida – dijo con voz rasposa -sólo he estado reposando, tenía los ojos rojos y la piel sonrosada debido al romadizo.

Minos acercó el plato humeante y atractivo a la vista - Come al menos un poco, así mejoraras más rápido.

Albafika tomó el plato con algo de desconfianza y re silencia, después tomó la cuchara, intento sentir el aroma pero se dio cuenta que tenia tapada sus fosas nasales, solo le quedaba intentar alimentarse, Minos se sentó al lado de su camastro y le miró con expectación.

_Y qué te parece? —preguntó con curiosidad.

_Bueno... si no supiera que ya no está con nosotros, pensaría que ha cocinado mi padre, está sabrosa...

_Así debe ser -sonrió con orgullo no contenido- está hecho con lo mejores ingredientes…

_Espera…. – lo miró sorprendida- tú cocinaste?! - se atragantó, ante la información - no te creo...

_Quizás sea difícil de creer pero no siempre fui juez señor de esta finca – le dijo seriamente.

_Eres un juez?! -exclamó el santo ante la inesperada información – por cierto, cuántos años tienes realmente? – por su joven apariencia no pasaba la veintena.

_Algún día lo sabrás... quizás, pero no hoy, espero que lo comprendas.

_Descuida, no debes hacerlo si no quieres...

El resto de la comida procedió en silencio, Minos le recordaba un poco a un felino con sus movimientos silenciosos y elegantes a la vista, su cabello casi blanco y sedoso, y por supuesto, sus ojos brillantes.

_Estuvo delicioso, gracias... —susurró a la cercanía del otro, se sentía mucho mejor.

_ De nada – dio un respingo elegante y conforme - la última vez que cociné... fue hace tantos años, es increíble, me parece tan lejano aquello…

Cuantos años tenía Minos realmente? Podría saberlo algún día?

_Aparentas poco más que mi edad, eres joven aún.

El platinado no pudo evitar sonreír ante el comentario, se inclinó hacia ella y suavemente limpió los restos de sopa, deslizando la punta del dedo pulgar sobre el labio inferior de la joven.

_Te dije que eso es lo de menos… Ahora descansa.

_No intentaras nada?

_Mientras estés en ese estado… no, soy un descarado pero me importa tu salud.

El joven juez se puso de pie, dejando el tazón en el velador y regresó con una infusión de hierbas.

_Bébelo, te hará descansar y recuperarás pronto...

_Tienes curanderos?

_Tengo que velar por la salud de las personas que cuidan de mi, es una ecuación sencilla… Albafika.

Tragó con dificultad debido al amargo sabor de la infusión.

Albafika comenzaba a sentir el llamado al reino de los sueños.

Se veía tan hermosa cuando dormía a los ojos de Minos, que no podía evitar observarle durante largo tiempo con devoción.

Sus criados se llevaron el plato y demás remedios, mientras él permanecía serio, sumido en pensamientos respecto al santo... y los últimos sucesos.

Se apartó de la cama pensando en salir, seducir alguna joven cualquiera, llevarla a la cama y apaciguar su sed... eso alejaría los pensamientos de su cabeza, pero al último instante oyó los murmullos de Albafika en su sueño.

_No!, prometiste que siempre estaríamos juntos!

Jadeos y lamentos de su niñez magullada...

Con cuidado cerró nuevamente la puerta y avanzó hasta la cama, escuchando sus quejidos, posó suavemente su mano en la frente del santo y acarició sus cabellos.

Su cuerpo estaba temblando y sudaba frío, Albafika abrió los ojos un instante, mirando el mar amatista las volvió a cerrar.

Tu ganas, la cacería de una bella joven se cancela por hoy…

Decidió ir hacia un estante donde mantenía algunos

libros.

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El santo despertó bastante temprano, desde las ventanas los primeros rayos matutinos iluminaban el cielo, se preguntó por Minos y si había ido a su cama, de pronto escuchó la respiración profunda acompasada y giró observándole, el juez estaba sentado en un sillón a su lado y dormía profundamente.

_Minos... —murmuró con suavidad, al no obtener respuesta, intentó un poco más fuerte - el sol saldrá pronto, vuelve a tu cama por favor.

Esta vez, el joven reacciono, abrió los ojos y miró a Albafika irritado.

_Qué ocurre? -preguntó aún medio adormilado, círculos oscuros se reflejaban bajo los ojos. Estaba increíblemente pálido, había cuidado de ella toda la noche acaso?

_El sol saldrá en unos minutos... – será mejor que descanses…

_Luces mucho mejor, —Sonrió el platinado.

_No sigas... por favor no - una expresión preocupada alteró los rasgos de su rostro -estuviste todo el tiempo a mi lado? -Minos asintió - no tenias por que hacerlo.

_He vivido cosas mucho peores.

La joven se despojo lentamente de las pocas vestiduras que tenía dejándola completamente desnuda, ya no sentía pudor, no tenia nada que esconder realmente.

_Hazlo…

_No sabes lo que estás pidiendo...

_Ambos sabemos que lo deseas, y por qué no, también yo lo deseo, vamos, no tengo mucho tiempo.

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Ambos habían llegado al clímax más de una vez, era como si estuvieran contenidos durante largos años, Minos abrazó a su amante de la cintura amoldando su perfecto cuerpo al de aquel ángel ya recuperado del todo.

_Gracias... -fue sólo un murmuro.

La calentura había descendido, pero de alguna forma, Albafika estaba mucho más ardiente de lo que fue la fiebre.

Además...

Lo inverosímil de los últimos actos se extendía por todo su cuerpo...Minos realmente podía ser tan cuidadoso y dedicado? Pero antes de indagar más apretó sus manos con nerviosismo, eso no podía ser real, ya había perdido el control una vez, otra vez, no tenia por que suceder.

O ya había ocurrido?

Respiró profundo y permaneció pensativa en los brazos de su captor.

Mi amor por ti era blanco como los lirios del jardín onírico.

Tan puro y perfecto.

¿Y ahora?

El odio me está consumiendo... cada vez más.

La joven se retiró con profundo agradecimiento hacia el santuario dejando a Minos nuevamente solo.

Los largos flecos platas cubrieron su rostro mientras se sentaba en el lecho ahora con un profundo aroma a rosas.

Un suspiro escapó de sus labios cuando terminó de sentarse en la enorme cama, aún sentía el sabor de Albafika en sus labios.

El vínculo se cerraba, el anhelo crecía...

_No lo entiendo... busco su destrucción… no su amor y gratitud.

Un dulce pacto.