Disclaimer: El nombre de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.

Hola chics! Otra vez nos vemos! Jejeje quiero mandarle un saludito muy especial a mi Beta Tamara por siempre ayudarme y utilizar su tiempo en corregir mis faltas! (oh, dulce ortografía no me abandones x3) gracias a Dios tengo a la sacerdotisa de la ortografía, Tammy, para que me ayude! Jejeje

También les envío saludos especiales a las bellas lectoras de esta historia que ocupan un poco de su tiempo para dejarme reviews! Lovebyinspired, indii93, Michu, Yolabertay y Soledadcullen, gracias chicas! :')

A todos quienes siguen y leen la historia muchas gracias también! Es un honor que lean mis locuras! :D


Capítulo beteado por Tamara Escobar (Tammy Swan de Cullen), Betas FFAD

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Capítulo 13

Como siempre los lunes son estresantes, los bancos están llenos, el tráfico es mucho peor que los otros días de la semana, la gente está más agresiva, y ¡diablos! Hasta el agua parece más fría.

Sí, odio los lunes. No es vagancia, no, es solo que todo parece ir más rápido y eso me exaspera, incluso Edward está extraño hoy, no le entiendo. Al parecer tiene una personalidad bipolar, por ratos me mira un poco molesto como si tratara de encontrar algo en mí, y por otros como si quisiera darme un beso. Esto hace que tome nota en mi agenda personal: "Tratar de no acostarme con locos". ¡Ja! Como si fuera fácil notarlo. Y bueno no es que me moleste la forma coqueta que tiene Edward con Jane Caballi, ya que desde un inicio la relación está regida por la libertad, pero sí me parece muy osado que mientras le coquetea me mire, si él así quiere jugar, yo estoy más que lista.

—Hola Bella, el final de febrero se acerca y mi salud se va con él —dijo Ben entrelazando nerviosamente sus dedos.

—Hola Ben, tranquilo, a mi parecer todo está hecho de la mejor manera.

— ¡Los críticos, Bella! ¡Los críticos!—exclamó—. Los compradores se dejan influenciar demasiado, a veces una sola mala crítica y de repente las piezas dejan de venderse como deberían.

—Lo sé Ben, tranquilo —divisé a Edward mirándome—. Los diseños son geniales, y las fotografías… Hemos escogido las mejores, Michael tiene buen ojo —toqué el hombro de Ben para calmarle.

— ¡Y la pasarela! ¡Los días están contados! —Ben tomó su cabeza, parecía que iba a desmayarse.

—Ok, Ben, suficiente, respira por favor, los preparativos para la pasarela están casi listos. La semana pasada trabajamos muy duro, lo único que faltaba era la música que se iba a utilizar mientras modelaban la ropa y según me enteré hace unas cuantas horas atrás, Vladimir ya la ha escogido.

—Está bien, creo que estoy siendo dramático, odio los lunes. —Se dio un golpecito en la frente.

—Tranquilo, yo estoy a pocos minutos de pegar un grito. —Sonreí y Ben simuló los gestos previos a un gran grito, pero obviamente no lo hizo y terminamos riendo como locos.

La pasarela, esto me recordó la importancia que tiene para Edward, él va prácticamente a presentar la ropa masculina, será el primero modelándola, y más que todo va a realizar su aparición en la página web, y como vestirá los trajes más costosos de la línea seguramente también figurará en revistas, él debe estar nervioso por ello.

Desde que estuve conversando con Ben, Edward no ha dejado de observarme, quisiera preguntarle qué le sucede, pero ya he de encontrar la ocasión. La pobre Jane, no sé si conversa con él o con el aire, apenas noto que mueve los labios, como sea, no es de mi interés las chicas que tenga, mientras nuestro trato siga válido, lo demás me da igual.

El Alemán, Nicolás Dürr, me ha estado enviando miraditas extrañas, y yo, como las demás chicas del edificio, he aprendido a distinguir entre un hetero, un bi y un homosexual. Para mi buena suerte Nicolás es un hetero, es muy pálido con unos ojos color verde agua, su cabello es rubio y tiene unos músculos de infarto, y esos labios, mmm… Modelo tenía que ser. Por esto y mucho más, es que a veces amo mi trabajo, lo único malo de Nicolás es su edad, demasiado joven para mí.

Le correspondí con las miraditas, si Edward puede hacer como si nada y coquetear con Jane, yo igual, además es una relación libre, el sexo no ata, es solo sexo.

—Hola Srta. Swan. —Nicolás puso sus manos detrás de la espalda.

—Hola, joven Dürr— contesté con una mirada coqueta—, por favor llámeme Bella —observé a Edward mirando hacia mi dirección.

—Esta, bien Bella —me lanzó un guiño—. Me preguntaba si… —le interrumpí, es demasiado joven para mí, no me voy a exponer por un mocosito—. ¿Desea decirme algo? — preguntó.

—Sí, así es —esto lo aprovecharía para mi bien—. ¿Podrías ayudarme en bodega con unas ropas? —Él sonrió lascivamente, pero no debería hacerse ideas.

—Claro, con gusto —respondió y yo observé brevemente a Edward, para luego dirigirme al pasillo camino a la bodega.

Edward nos siguió con la mirada y frunció el ceño. Entonces se apegó más a Jane y lo único que hice fue sonreír. El muy tonto quería darme ¿celos? ¡A mí! Está muy loco, cuando sienta algo por él, tal vez y solo ahí me los permita sentir, pero me gusta seguirle la corriente, además hace unos gestos re-graciosos, lo cierto es que tiene un rostro muy expresivo.

Tan pronto como llegué a Bodega, Nicolás se me lanzó encima, quería besarme, este alemán es de armas tomar, pero lo detuve al instante.

—Lo siento Nicolás, pero nuestra relación debe ser estrictamente profesional, lamento si entendiste otra cosa, pero no estoy interesada.

—Ya veremos— me brindó un guiño y se retiró de la sala sonriendo.

Odio cuando resisten aceptar un "no", yo soy simple, si digo "no" así debe ser, si digo "sí" así debe tomarlo y no me gusta que insistan en lo contrario o que brinden un "veremos".

Puse los ojos en blanco y seguí recogiendo algunas prendas.

Sentí que acariciaron mi espalda de forma intima, pensé que era Nicolás, así que iba a darle su buena zurra, me giré molesta, cuando vi a Edward tras de mí, con una mirada muy pero muy encendida.

— ¿Y a ti que te sucede? —pregunté tranquila—. Estás muy raro hoy.

—Nada —continuó con su mirada penetrante—. Solo vine a saludarte, y a conocer a tu nuevo "amigo".

— ¿Te refieres a Nicolás? —Me agaché a tomar más ropa, mostrándole mis nalgas—. Sí, nos llevamos bien —mentí mientras escogía las prendas.

—Oh, ¿cómo Jane y yo? —preguntó.

—Sí, tal cual. —Apenas terminé de responder, él tomo mis caderas y las acercó a las suyas, di un grito ahogado de la impresión cuando sentí a su amiguito.

—Antes de ayer la pase maravilloso contigo Bella, no lo arruines —susurró en mi oído, de tal forma que una corriente invisible recorriera toda mi espina dorsal.

—Desde un principio se dijo cómo sería nuestra relación. No entiendo cómo puedo arruinarla, además tú has hecho lo mismo con Jane. —Me soltó y me sostuve de unos cajones que estaban frente a mí.

— ¿Te veré este viernes? —preguntó mientras se dirigía a la puerta.

—Sino tengo compromisos para ese día, es probable que sí.

—Lo tomaré como un sí, no faltes —culminó y salió de la sala.

Esta de broma ¿no?, primero él empieza coqueteando con Jane y luego prácticamente me exige que el viernes no falte. O sea, él puede coquetear con cualquiera y yo no con Nicolás, ¡qué egoísta!

Esto me enfureció y no le dirigí la palabra cerca de tres días.

—Bella, deja de ser niña y háblame.

—Estrictamente laboral, Cullen.

—Yo te voy hacer hablar—se acercó rápido y mientras me acariciaba la cintura, susurró: —El viernes lo verás.

— ¿Y si no voy el viernes? —No me dejaría aplacar por sus tácticas seductivas.

— ¿Creí que solamente hablaba de forma estrictamente laboral? —Sonrió en mi oído—. Oh, claro que irás, sino yo iré por ti. Jugadores iguales, ¿recuerdas? —Besó el lóbulo de mi oreja y se retiró. Mi respiración se aceleró, pero con todas mis fuerzas trataba de acompasarla. Estúpido cuerpo, estúpido Cullen.

El Gran día llegó, era por fin viernes y con lo terca que soy, no fui a la cita. No tenía qué temer, él no conocía mi casa, yo nunca se la he mostrado a él ni a nadie de la oficina. Así que me quede tranquila en casa, viendo películas de época, cuando a las 20:00 p.m. tocaron el timbre, me asomé por la ventana, pero no alcanzaba a ver quién tocaba, algún otro inquilino que iba de salida le había permitido entrar, tocaron nuevamente y abrí la puerta.

— ¿Tú? Pero, ¿cómo? —Fue lo último que alcancé a decir, pronto unas manos rodearon mis caderas y unos labios se posaron en los míos, suaves, rellenos, lujuriosos, salvajes, escuché la puerta cerrarse tras de nosotros y me dejé llevar por la pasión.

¡Caray! Tendré que ponerle ojo mágico a mi puerta.


Solo puedo decir: Confusiones… confusiones! x3 Nos leemos pronto! Bye! Si me quieren dejar sus ideas u opiniones acerca de la historia, las recibo con gusto! :D