Título: Muñecas Rotas.
Por: Clumsykitty & Kida Luna.
Parejas: AliFate, NanoFate, HayateAli.
Serie: Mahou Shoujo Lyrical Magical Nanoha.
Derechos: MSLN no nos pertenece sino a sus respectivos autores.
Advertencias: El contenido de este fic es Yuri, si no te gusta, con el debido respeto te pedimos que no leas. Gracias.
Sinopsis: Los hilos del destino que tiran de dos muñecas rotas, el amor y el odio enredándose uno con el otro caprichosamente. Y una frágil esperanza que el corazón se empeña en tejer…
Canción: Cómo duele, de Ricardo Arjona.
Te conseguí la luz del sol a medianoche
Y el número después del infinito;
Instalé la osa mayor en tu diadema
Y tú seguías ahí como si nada.
Endulcé el agua de mar para tu sed,
Te alquilé un cuarto menguante de la luna.
Y como buen perdedor busqué en la cama
las cosas que el amor no resolvía.
Y cómo duele… que estés tan lejos,
Durmiendo aquí en la misma cama.
Cómo duele… tanta distancia,
Aunque te escucho respirar
¡Y estás a cientos de kilómetros!
¡¡Y duele!! Quererte tanto…
Fingir que todo está perfecto
Mientras duele, gastar la vida.
Tratando de localizar lo que hace tiempo se perdió…
Capítulo XII
Remordimientos
Takamachi… Nanoha…
El brillo se adueñó de su mirada, oscura y ausente, como quien ha perdido la luz en su interior. Y se quedó allí, quieta, contemplando el pasto verde oscuro a escasos centímetros de sus pies.
Entrecerró los ojos, sintiendo un mar de emociones aglomerarse en su interior, amenazándola con hacerla pedazos en cualquier momento. Así que negó suavemente con la cabeza y se llevó una mano al pecho, arrugando la seda púrpura del vestido que le cubría.
Sonrió con tristeza.
Sintió la traición.
Dolió la pérdida.
Pero, sobretodo, fue su debilidad la que le mataba el espíritu ahora.
Había sido una tonta. Nadie más tenía la culpa.
-"Tengo… -susurró, cerrando los ojos y encogiendo su cuerpo un poco más, en aquella pequeña entrada de madera sobre la que se encontraba sentada-… tengo lo que merezco, ¿cierto?"
La brisa que sopló la obligó a abrazarse a sí misma, percibiendo un agujazo avivarse en su costado derecho; los cabellos dorados sueltos revolotearon, acariciando su espalda con cada sutil movimiento.
-"Así es" –aseveró en voz baja, tragándose las lágrimas que ya subían por su garganta.
Pasó una mano por la comisura de sus ojos, diciéndose a sí misma que alguien como ella no tenía permitido llorar. Ya no podía ser más descuidada.
No volvería a ser débil.
No volvería a llorar.
No volvería… a confiar…
Jamás.
Fate Testarossa cerró los ojos y en una orden muda, el dispositivo inteligente Bardiche apareció en las manos de su dueña. El báculo fue levantado al frente mientras cuatro alas doradas y hermosas refulgían en la noche.
Bañadas por la luz de una luna pálida.
-"Soy el demonio que va a matarte –abrió las pupilas borgoñas, atormentadas como un mar furioso. Y dio una sonrisa rota y empapada en melancolía-, Takamachi Nanoha…"
Precia caminaba alrededor de la enorme sala, considerando sus pocas opciones viables para ayudar a sus hijas. Linith y Arf esperaban pacientes al lado de Alicia, quien ya descansaba en una silla de ruedas luego de que su madre fuera por ella.
Habían abandonado su casa anterior y se habían mudado a una nueva, cuyo dueño había sido un mago colega de Precia ya fallecido, el cual fuese un importante hombre de negocios en la Tierra.
Así lo atestiguaba aquella mansión enorme.
-"Los perros de la TSAB no van a dejarnos en paz –murmuró entre dientes, mordisqueando sus largas uñas-. Hay que eliminarlos. No queda más opción que eso…"
Alicia levantó su rostro cansado pero nada dijo.
-"Linith, quiero que vayas al colegio de mis hijas. Hay que darlas de baja a ambas, causas de fuerza mayor deben ser suficientes para esos mortales tontos."
-"Sí, ama."
-"Arf, quiero que coloques las trampas mágicas alrededor de esta mansión y las conectes al sistema de defensa que se encuentra debajo, en el sótano –ordenó, cerrando los ojos y masajeándose las sienes con nerviosismo-. Esta vez no cometeré el mismo error."
-"¡Sí, señora!" –ladró presta Arf.
Precia dejó su ir y venir para caminar hacia su hija, estaba más que agotada igual que sus energías.
-"No te preocupes, Ali. Todo va a estar bien."
-"Pero... Fate…"
-"Enseguida vuelve –la interrumpió-, ya he contactado a Bardiche. Todo estará bien, mi cielo. "
-"Mamá…"
-"No perderemos más tiempo. Te lo aseguro" –sonrió lo mejor que pudo.
-"¿Estás despierta, cierto?"
La pregunta lanzada gentilmente en la silenciosa y oscura habitación fue apenas respondida por un débil "uhm"; una pequeña desconsolada risa fue la respuesta a aquella escueta afirmación.
-"Es curioso cómo a pesar de odiar tanto los hospitales continuo trabajando en algo que me manda constantemente a ellos –la mirada oscura se posó en el techo blanco, cubierto de un leve matiz azabache, producto de las sombras de la noche-. Me pregunto, cuántas veces irán a reclamarme de vuelta…"
-"¿Hayate-chan?"
-"Dime, Nanoha."
-"¿No puedes dormir, cierto?"
Ante eso, la Comandante trazó una sonrisa llena de melancolía. Su mirada se dirigió hacia su izquierda, en la camilla donde su amiga estaba descansando mientras le daba la espalda.
-"No –contestó simplemente-, estaba pensando, ya sabes –rió bajito-, en lo mucho que alguien allá arriba debe de odiarnos…"
-"¿Tú crees?" –susurró.
-"Qué cruel es…" –murmuró con voz ahogada.
El sonido de las sábanas moverse espantó la quietud por unos escasos segundos. La pelirroja se dio la vuelta y se sentó en la orilla de su cama, abrazando su almohada y hundiendo la cabeza en ella ligeramente.
-"¿Qué va a pasar ahora?" –preguntó con temor.
-"Vamos a recuperarnos –volteó a verla, al fin, despegando la mirada del techo ensombrecido-. Entonces, nos van a enviar de regreso y nos dirán qué hacer. Dirán que somos las mejores magas de la TSAB –explicó mientras se sentaba también, admirando la estrella dorada que descansaba en una mesita al lado, esa que remarcaba su posición y rango en el Bureau-, y por eso… por eso…"
Hayate bajó la vista, entrecerrándola y aspirando un poco, tratando de contener el sollozo que empezaba a nacer de su corazón. Cerró los ojos y pasó una mano por su cabeza, acomodando unos cuantos mechones castaños y rozando con sus dedos la venda que cubría su frente.
-"¿Por eso?" –musitó Nanoha, forzando su agarre en la almohada.
-"Por eso tenemos que obedecerlos –un gemido escapó de la boca de la maga blanca, entristeciendo más los ánimos de la Comandante-. Ellos dan las órdenes, ¿sabes?"
-"Y nosotras las cumplimos. Lo sé."
-"Nanoha, no llores, Dios, me vas a hacer sentir peor de lo que ya me siento" –comentó entre risas, percibiendo las lágrimas acariciar sus mejillas adoloridas.
-"¡Quiero a Fate-chan de vuelta…!" –gimió en un hilo de voz, mordiendo la almohada y reprimiendo sus sollozos.
Hayate Yagami se mantuvo callada un rato, su mente trayendo de regreso los recuerdos de la batalla que le había dejado varias heridas, moretones y un tobillo enyesado.
Y a pesar de eso, sonrió de nuevo. Con dolor.
-"Desearía que Alicia estuviera aquí…"
-"¿Hayate?"
-"Vuelve a dormir, Nanoha –respondió, acostándose y envolviéndose en las sábanas, dándole la espalda-. Mañana será un día pesado."
-"¿Sólo mañana?" –sonrió con ironía, atendiendo a sus palabras.
Se quedaron así el resto de la noche, espalda a espalda, escondiendo las miradas tristes y las furtivas lágrimas que escapaban en un momento u otro.
En algún punto de la madrugada, el sueño, benévolo con ellas, decidió llevarse sus memorias de este mundo por un pequeño lapso de tiempo.
-"¿Aquí es?"
-"Sí, Almirante –el dedo índice enguantado de uno de los oficiales señaló a lo alto de la enorme hacienda-. La Mansión Testarossa."
Las pupilas aguamarinas de Lindy Harlaown contemplaron el gigantesco y elegante lugar, pintado de cafés oscuros y marrones, con algunos grabados antiguos así como exquisitas estatuas antiguas de animales.
Dos altos postes vigilando la entrada a la casa, cuya escalinata de tres peldaños conducía hacia las dos altas puertas de roble rojo.
-"No hay nadie –cerró los párpados y sonrió con anticipación, ya se lo esperaba de antemano-. Bien, vamos a entrar –se volteó hacia el equipo que venía con ella, empezando a dictar órdenes-: Todo lo que sea o parezca crucial en nuestra investigación deberá ser confiscado, ¿de acuerdo?"
-"¡Sí, Ma'am!"
-"Tengan cuidado –advirtió por último-. Estamos en la boca del lobo, y éste… aún no ha muerto."
Todos los guardias asintieron, yendo en grupos designados para comenzar a recorrer la casa. La Almirante Harlaown se dirigió hacia lo que parecían ser las habitaciones principales.
Dio con una modesta sala de fotografías.
Encendió las luces para buscar alguna pista que les condujera a la captura de la familia Testarossa; sin embargo, todo el cuarto era una colección de recuerdos fotográficos y nada más. La mujer se dedicó entonces a mirar las imágenes.
Sus ojos fueron recorriendo e inspeccionando cada una hasta que un oficial vino a ella.
-"Señora, no hemos encontrado rastros o huellas suficientes."
-"Sigan buscando –demandó, su mirada todavía fija en las paredes decoradas-, vuelvan a revisar."
-"¿Sucede algo, Almirante?" –preguntó el oficial al ver el ceño fruncido de su jefa.
-"Observa esta serie de fotos –Lindy las señaló-. Las hijas de Precia Testarossa a una edad muy temprana, se ven muy saludables y felices… pero hay una laguna en estas secuencias; y de pronto… vemos a unas hermanas sin sonrisas ni brillo en sus ojos."
El guardia ladeó la cabeza y enfocó la vista hacia donde el dedo índice de su superiora marcaba, comprobando la veracidad de sus palabras.
-"No me pasa desapercibido que la mayor, Alicia, está sentada junto a un dispositivo médico" –aclaró.
-"¡Señora! –el oficial se acercó-. ¡Es verdad! Pertenece a los monitores mágicos."
La mujer se quedó pensando con una mano sosteniendo su mentón, y luego volvió a señalarlas.
-"Precia deja de aparecer en sus momentos familiares... –murmuró pensativa-. Con el reciente comportamiento no puedo deducir que simplemente se bloqueó ante alguna tragedia… sino más bien…"
-"Que estaba ausente buscando una cura."
-"Así es oficial –se volteó hacia su subordinado con expresión seria-, una cura para Alicia Testarossa. De eso se trata todo este embrollo, esa mujer está buscando salvar a su hija con las Jewel Seeds."
La Almirante Harlaown se acercó hacia una foto en especial, enmarcada un poco más alto a la mitad de la fina pared color crema. Sus dedos enguantados en blanco repasaron la imagen donde dos niñas pequeñas reían, una con su cabello en dos coletas mientras sostenía en sus manos un diminuto triángulo dorado.
La otra, en cambio, de apariencia similar, con el cabello trenzado. Revelando sobre su palma izquierda un broche con un cuarzo de cristal, dos aletas de murciélago incrustadas en diamantes.
-"Quiere usar el poder de la Lost Logia… no –negó de inmediato-. Más aún, despertar al dios que duerme en ellas."
-"Eso es una locura, señora. Es un remedio… -titubeó-… espantoso…"
-"¡Busquen en la habitación de Alicia Testarossa! –su grito tronó enseguida por todo el lugar, sin despegar la mirada ni la piel de la fotografía al frente suyo-. Debo saber qué clase de padecimiento sufre, es posible que ahora toda la familia se haya refugiado para atenderle. ¡Vamos! ¡Vamos! ¡No hay tiempo que perder, señores!"
Con el sonido de todas las voces acordando sus instrucciones, finalmente sus dedos abandonaron aquella imagen, dejando una huella impresa y libre de polvo en aquel pequeño espacio que había tocado.
Uno que, por alguna razón, hacía que los escalofríos envolvieran su ser…
-"¡AAAAAARGHHH!"
-"Vita, cállate."
-"¡Es injusto, Signum! ¡¡Simplemente injusto!!"
La pelirrosa no respondió, sentándose en una de las sillas que Shamal tenía en su consultorio donde todas las ex-Wolkenritten estaban revisándose. Vita se bajó de la camilla de inspección para vestirse.
-"¡Siempre tienen que sufrir las mejores!"
-"He dicho que te calles" –amenazó la mayor fríamente.
-"Chicas, chicas, tranquilas" –intentó calmar los ánimos.
-"Dile, Shamal. ¡Dile que todo está mal!"
La aludida suspiró, caminando hacia Signum para tomar asiento al lado suyo antes de responderle a la pequeña guerrera.
-"Que más quisiera poder decir que estoy de parte de Nanoha y la ama Hayate, pero lo que sucede con Precia Testarossa y sus hijas es sumamente peligroso."
-"¡Pero ellas son las víctimas! ¿No lo ven?" –gruñó la pelirroja de nuevo.
-"Unas víctimas que quieren destruirlo todo" –apuntó Signum, cruzándose de brazos.
-"No pueden juzgarlas solamente así. Recuerden… recuerden que pasó con nosotros…"
-"Eso es distinto."
-"Boberías, Signum –alzó el rostro tercamente-. Es exactamente lo mismo. Estamos juzgando sin saber las verdaderas razones, ¡y estamos de paso destruyendo algo importante para la ama Hayate!… y para Nanoha… -desvió la mirada, mordiéndose los labios-. ¿No las han visto?"
-"Por ellas es que debemos acabar con este problema" –contestó como si nada, moviendo su brazo para comprobar su estado. Mientras Shamal se ponía de pie para guardar de una vez sus herramientas médicas.
-"Tú todo lo quieres terminar a espadazos –le discutió Vita a Signum, parándose de puntillas frente a ella-. Esto no es nada más un delincuente queriendo dominar un mundo, sino las hermanas Testarossa que… bueno…"
-"¿Bueno, qué?" –enarcó el ceño, esperando.
-"Pues…" –dudó, rascando una de sus mejillas.
-"El ama Hayate está enamorada de Alicia Testarossa."
¡TRASH!
-"¡Ay, Signum! ¡Cállate!"
Demasiado tarde, el ruido metálico de la bandeja de utensilios médicos que resbaló de manos de la guardiana del lago retumbó por toda la enfermería. La rubia se volteó lentamente, como si un rayo la hubiera alcanzado.
-"¿Estás… ¡hablando en serio!? –Shamal exclamó sorprendida-. ¿Cómo lo sabes?"
Signum bufó al tiempo que arqueaba una ceja, de nuevo. ¿Qué acaso no era más que evidente?
-"Es obvio" –tuvo ganas de reírse, pero se contuvo, sonriendo apenas un poco.
-"Oh, honorable líder. Explícate, ¿quieres?" –Vita le dio un golpecito en su brazo.
A lo cual Signum respondió jalando una de sus trenzas y obligándola así a que la dejase en paz.
-"En la pelea jamás quiso atacarla, sólo se defendió. Inaudito que no lo hayan sentido."
-"Disculpa, estaba tratando de salvar mi trasero."
-"Vita, ¡tus modales!" –la regañó la doctora.
-"Lo siento, Shamal" –arrastró las palabras, volteando el rostro encaprichadamente cuando vio a Signum dirigirle una sonrisa de burla.
La guerrera de la espada pasó una mano por sus cabellos y se levantó de la camilla donde había estado sentada, tomando una camiseta oscura para cubrir los vendajes que rodeaban su pecho y parte de su abdomen.
-"Va ser realmente imposible que la ama Hayate haga algo que perjudique a esa joven" –añadió, terminando de colocarse la prenda.
-"Ew."
-"¡Vita!"
-"Lo siento, Shamal –esta vez se disculpó en serio-. Yo siempre he querido que Hayate-chan sea muy feliz, pero como que escogió a la persona menos indicada en el momento menos oportuno. ¿Qué vamos a hacer?" –suspiró, poniendo los brazos detrás de su cabeza.
-"Matarlas."
-"¡SIGNUM!" –corearon ambas espantadas.
Zafira, quien había ingresado al cuarto en su forma lupina, tosió para llamar la atención y tener la palabra. Las jóvenes entonces le miraron con curiosidad.
-"Esta pelea es únicamente entre las hermanas Testarossa y nuestra ama, al lado de la capitana Takamachi. Nadie más debe intervenir –parpadeó, la expresión su faz estoica y tranquila como siempre-. Hacerlo empeorará la situación y lastimará no sólo a las hijas de Precia, sino a nuestra dueña y a nuestra amiga también."
-"Un cuadrado vicioso" –sacó la lengua.
-"Es círculo, Vita" –la corrigió Signum.
-"Pretendía ser un comentario sardónico, jefa."
Shamal hizo una señal de silencio a ambas para seguir escuchando a Zafira, a lo cual éste solamente asintió.
-"Las Jewel Seeds que guardan en su esencia a su dios creador –gruñó entre colmillos, caminando hacia sus compañeras para asegurarse que sus palabras fuesen escuchadas-. Nadie tiene la información sobre qué ocurrirá si lo despiertan, sólo suponen que trae desgracias."
-"Creo que no sigo tu pensamiento" –murmuró Vita confundida.
-"Hay información disponible."
-"¡Ah, claro!" –la más pequeña golpeó su derecho contra su palma izquierda.
-"Yuuno sabe todo lo de la Biblioteca Infinita" –apuntó Signum.
-"Pero no sobre el Libro de la Oscuridad" –agregó Shamal.
Tres pares de ojos le miraron atónitas. Zafira asintió, otra vez.
-"Desafortunadamente, nada más el ama Hayate es quien puede saber lo que harán las hermanas Testarossa. Ella y Rein."
-"Maldita sean las piedras ésas."
-"¡Vita!"
-"¡Es la verdad! ¡Deja de regañarme Shamal, no soy una niña!"
Signum decidió retirarse en completo silencio, aunque en sus facciones se leía un sentimiento de rabia contenida. Shamal quiso detenerla, no obstante, la pelirrosa salió a paso apresurado.
Vita le siguió enseguida junto con Zafira.
-"¡Hey! ¡Hey!" –le llamó la guerrera del martillo de hierro.
-"Vita, Zafira. Vayan con nuestra ama."
-"Pero tú…"
-"No me sigan –le cortó a la menor-. Shamal, ¿podrías checar el estado en el que se encuentra Rein?"
La rubia asintió obedientemente, a pesar de que en sus ojos se mostraba cierto desconsuelo ante la enunciación del solo nombre. Puesto que, en todo ese tiempo, el Viento Bendito había caído en un colapso profundo.
Ni una señal de vida había sido recibida.
-"¿Qué vas a hacer?" –quiso saber de repente la doctora, sintiendo la preocupación en ella crecer.
Signum se detuvo apenas por unos cuantos segundos para responder, sin siquiera molestarse en voltear a verlos.
-"Tengo que ver algo con mis propios ojos."
Después de todo, ella era la líder.
Y por más doloroso que fuera aquella situación, no podía permitirse dudar ahora.
Aún cuando el precio a la entrada de la obra de dos muñecas rotas, por tal osadía, fuese demasiado alto…
La escuela de las hermanas Testarossa.
Linith se revisó por última vez su traje sastre de modo que todo estuviera encajado en su lugar. Había que pasar por una mujer madura que venía a cancelar la matrícula de sus dos hijas por causas de fuerza mayor.
Así que preparó su mejor sonrisa y entró a la escuela.
Estaban en pleno receso y las chicas se encontraban en los patios, disfrutando de sus minutos de descanso, ya fuese platicando, comiendo o jugando.
La familiar se detuvo unos cuantos momentos, analizándolas.
Las envidiaba.
A pesar de sólo ser humanos tenían una dicha que a sus pequeñas niñas se les había negado. Una libertad de la cual no habían gozado y una vida que jamás habían probado.
Esperaba que pronto eso cambiase.
Preguntando por la oficina de la Directora, Linith echó a andar, mentalizando sus movimientos, discursos y quizá una que otra lágrima melodramática para enfatizar la urgencia de terminar con el asunto. Sin embargo, en la sala de espera estaba una mujer de cabellos largos que hablaba con la secretaria, así que debió esperar su turno en una silla de piel acolchada.
-"¿En qué puedo servirle?"
-"Quisiera hablar con la Directora, si me hiciera usted el favor" –Linith hizo gala de su mejor sonrisa amable.
-"Lo siento, ella está algo ocupada. ¿Podría decirme cuál es su asunto para hacérselo llegar en cuanto este libre?"
-"Bueno, se trata de mis hijas…"
-"¿Tiene usted dos hijas?"
La castaña fue interrumpida por nadie más que Lindy Harlawon, quien al escuchar la palabra mágica se dio vuelta para encarar a quien creyó era Precia Testarossa.
Para su sorpresa, se halló a sí misma con otra persona. Pero no por ello dejó ir su intuición, no aún.
-"Yo también tengo dos hijas –concluyó, dándole más familiaridad al asunto-. Están estudiando aquí –dibujó una sonrisa en su rostro, tratando de inspirar confianza-, quizá sean las cuatro amigas."
-"Lo dudo un poco… ellas están… -hizo una pausa, empezando a sentirse incómoda con la situación-… enfermas."
-"Oh, ¡cuánto lo siento!" –y en verdad, lo sentía.
Aunque otra parte en ella, la que le correspondía a la capitana Harlaown, se disparaba en alerta ante aquello.
-"Por eso quería venir a darlas de baja. Tardarán en recuperarse y es mejor que comiencen el año de nuevo."
Los ojos de la Almirante se afilaron pero no dejó caer su sonrisa.
Olía una mentira a distancia.
-"¿Enfermas? Qué barbaridad... ¿ambas? –preguntó como si fuese algo normal-. Acaso son… ¿gemelas?"
-"No, sólo son hermanas –Linith percibió algo extraño y pensó que lo mejor era salir de ahí cuanto antes. La curiosidad de esa mujer no podía traer algo bueno, después de todo-. No obstante, si la Directora está muy ocupada volveré luego" –le dijo a la secretaria, intentando enmascarar la tensión en su voz.
-"Si así le parece, señora. Y creo que es una excelente idea, quizá sus hijas puedan pasar por última vez nuestro festival anual de las muñecas."
-"¿Festival de las Muñecas?"
-"Sí, lo hacemos en el parque por la noche. Es una muestra artesanal de las muñecas Kokeshi, son típicas muestras japonesas que los templos de la ciudad nos prestan para que las nuevas generaciones sigan conociendo esta tradición antigua."
-"Vaya, es… interesante."
-"Puedo anotarlas anticipadamente si gusta. ¿Cuáles son sus nombres?"
-"Oh, no es necesario, probablemente no puedan asistir –agregó rápidamente, pretendiendo terminar con aquella conversación de una vez-. En cualquier caso, yo me comunicaré por teléfono."
-"Como lo desee, señora."
-"Creo que es todo –Linith sonrió diplomática-. Gracias por su atención" –se despidió, haciéndole una venia a la recepcionista.
-"Para servirle."
-"Con permiso, señora" –se volteó hacia la Almirante.
-"¿No dejará los nombres a la Directora?" –Lindy preguntó, cortando su momento y camino para salir.
La familiar se volvió por última vez hacia ella, enlazando sus ojos oscuros con aquellos tercos aguamarinos, pareciendo la más despreocupada madre sobre la faz de la tierra.
-"No hace falta si volveré. Espero encontrarla de nuevo, entonces –alargó su sonrisa fingida-. Salúdeme a sus hijas de mi parte, seguro que tienen una mamá hermosa."
-"De nada, igual para usted" –le devolvió el gesto.
-"Que pasen un agradable día. Con permiso."
Lindy le miró salir y luego fue a buscarle. Aquella sospechosa mujer tomaba un taxi como cualquier otra.
Pero algo allí no le parecía, no cuadraba…
-"¿Quién eres… realmente?"
Presta, se volvió una vez más hacia la secretaria de la recepción.
-"Por favor, necesito revisar los documentos de todas las alumnas" –ordenó, mostrando por primera vez en la sala una placa de policía.
-"Ah… claro, como usted ordene."
-"Gracias por cooperar."
Lindy sonrió triunfal. Sería un trabajo arduo y difícil, pero si sus sospechas eran correctas…
Estaba más cerca de lo que pensaba.
Acabé con los jardines por tus flores,
Inventé la alquimia contra la utopía.
Y he llegado a confundir con la ternura,
La lástima con que a veces me miras.
Qué triste es asumir el sufrimiento,
Patético es creer que una mentira
Convoque a los duendes del milagro;
Que te hagan despertar enamorada.
Y cómo duele ¡que estés tan lejos!
Durmiendo aquí en la misma cama,
Cómo duele… tanta distancia.
Aunque te escucho respirar
¡Y estás a cientos de kilómetros!
¡Por qué nos duele! Tanta distancia…
Fingir que todo está perfecto mientras sientes
¡¡Que te duele!! Gastar la vida.
Durmiendo aquí en la misma cama...
…Cómo duele...
Continuará…
K: ¡En la torre! Lindy ha hecho en un solo episodio todo lo que todo el personal de la TSAB no ha podido en 11 XDDD!! ¡Lindy para Presidenta!
Mientras no le haga nada a Linith claro, eso sí. Eso es tomarse el trabajo en serio…
C: ¡Uauau! Jajaja, es increíble cómo nos van botando las ideas y según ya lo teníamos todo planeado. En fin, muchas gracias por aguantarnos hasta este momento.
Prometemos trabajar sin cesar XD
¿Verdad, Kida?
Se despiden Clumsykitty & Kida Luna.
