—Vine a visitarte, escuche de tu ruptura con Quinn —fingió una sonrisa triste—, lo siento mucho. Necesitas que alguien que te consuele y aquí estoy —le dijo entrando a la casa.

—Vete, Finn —Rachel trataba de empujarlo para que saliera de la casa—, corte con Quinn pero eso a ti no te importa. No quiero estar contigo.

Quinn escuchó los gritos y se congeló, si Finn la veía todo se iba a arruinar. Finn tomó a Rachel de la cintura y la pegó a su cuerpo.

—No te hagas del rogar —le dijo y la besó a la fuerza.

Rachel trataba de zafarse del agarre pero por la fuerza y el tamaño del pelinegro no podía. Rachel se estaba quedando sin aire. Finn la soltó y sonrió ligeramente.

—Ahora vas a ser mía —le dijo mientras la levantaba del suelo y la recostaba en el sillón.

Quinn escuchó el ruido pero sabía que no debía salir. Sólo tuvo una idea y fue llamar a Puck. El teléfono timbró tres veces y el moreno contestó.

—Sexy mama ¿cómo estás? —le dijo él con alegría.

—Puck, ven ahora a casa de Rachel; entra sin tocar y ve a la sala. Finn está aquí —le dijo susurrando.

—Pero…

—Ahora —lo interrumpió. Él cortó la llamada.

Rachel estaba recostada en el sofá siendo besada a la fuerza por Finn. El chico tenía un gran bulto en la entrepierna y Rachel estaba más asustada porque podía sentirlo contra su estómago. Finn se desabrochó la bragueta del pantalón de mezclilla que traía y Rachel trataba de quitarse de debajo de él.

—No te muevas, perra —le dijo mientras levantaba su falda.

En ese momento, Rachel escuchó la puerta abrirse y Puck entró corriendo. Tomó a Finn por los hombros y lo jaló hacia atrás haciendo que callera al piso. Rachel sólo intentaba taparse ya que tenía el pecho descubierto porque el pelinegro había rasgado su suéter.

Puck pateó a Finn en la cara y él cayó de nuevo con la nariz sangrando.

—Eso no se hace, viejo —le dijo mientras lo volvía a hacer pero ahora en las costillas.

—Sácalo de aquí —le dijo asustada.

Puck asintió, lo tomó de los hombros haciendo que se parara y lo sacó de la casa para llevarlo a quien sabe dónde para, probablemente, golpearlo más. Rachel fue al baño y le tocó a Quinn.

—Y… ya puedes salir —tartamudeó sin poder respirar bien.

Quinn salió y se abalanzó sobre la morena.

—Rachel, perdón por no haber salido a ayudarte, no podía y… —Quinn sintió las lágrimas de Rachel recorrer su hombro y dejó de hablar para dedicarse solo a abrazarla.

—Vamos arriba, tengo que cambiarme —por el susto Quinn no se había dado cuenta de que Rachel tenía el suéter partido por la mitad y tragó saliva fuerte al ver el pequeño sujetador negro que tenía.

—S…sí, claro, vamos —le dijo viéndola a los ojos obligándose a no bajar la vista.

Subieron, la morena se puso otra cosa y Quinn sólo la observó con una sonrisa triste. Ver a Rachel así la estaba matando, no podía con la idea de que si no hubiera llegado Puck la morena podría haber sido violada solo porque ella tenía miedo de que algo le pasara.

Rachel se recostó en su cama y se dispuso a dormir aunque aún era muy temprano; Quinn la abrazó por la espalda y esperó a que se tranquilizara y durmiera.

Una hora después llegaron los padres de la morena y Quinn bajó al escuchar el nombre de Rachel y recordó que no había recogido la sala y esta era un completo desastre.

— ¿Qué paso aquí? —le preguntó LeRoy.

—No sé cómo decirles esto… —dijo la rubia pero fue interrumpida por un Hiram histérico.

— ¿Qué hicieron aquí? —le gritó y su esposo trato de calmarlo.

—Nosotros nada pero…

— ¿Pero qué?

—Finn entró y… bueno él… él trató de abusar de Rachel y yo no podía hacer más que esconderme en el baño y pues llame a Puck para que viniera y lo hizo pero por poco y no llega a tiempo y yo sólo podía esconderme en el baño —les explicó.

—Quinn, perdón, estoy un poco estresado últimamente —le dijo Hiram abrazándola.

—No pasa nada, señor Berry —le dijo devolviéndoselo—. Bueno, me voy; buenas noches.

—Quinn, quédate a dormir hoy, Rachel te necesita y no creo que sea buena idea que se quede sola con nosotros después de lo que paso —le dijo LeRoy.

—Ehhh claro, sólo déjeme llamar a mi mamá.

—Sí, hazlo.

— ¿Mama?… hola…no, está todo bien… quería saber si podía quedarme con Rachel esta noche…no… es que pasaron cosas y necesito quedarme con ella hoy… te lo juro, ma, no vamos a hacer nada, sólo dormir… muy bien, adiós… yo también te quiero —colgó—. Me quedaré, señor Berry. De todos modos tengo mis medicinas en la mochila —señaló

—Muy bien, Quinn, toma la pijama que quieras de Rachel, a ella no le importara —Quinn tomó la mochila, subió la escalera, entró al cuarto y encontró a Rachel sentada en el borde de su cama.

Quinn subió a la cama, se sentó pasando sus piernas alrededor de ella y la abrazó por la espalda mientras le besaba la cabeza.

—Tus padres me dejaron quedarme a dormir —le dijo con una sonrisa.

—No llegó a tiempo —le dijo la morena en un susurro.

— ¿Qué? —Quinn no había logrado escuchar.

—Noah, no llego a tiempo —se volteó y la vio a los ojos—, no logró hacer nada pero sí me arrancó la blusa y se siente extraño —Quinn la abrazó.

—No pasa nada, hermosa. Estarás bien —dijo acariciándole el cabello.

—Bésame, Quinn, quítame el mal sabor de boca que tengo —le dijo y la rubia la besó.

El beso era suave y tierno y Quinn trataba de quitar todo el dolor que Rachel sentía mientras tanto la morena la besaba de vuelta y trataba de olvidar lo que había pasado. Rachel presionó muy fuerte y Quinn cayó a su cama. No quería que eso llegara más lejos porque los padres de Rachel podrían entrar en cualquier momento pero sabía que su cuerpo no aguantaría mucho más y Rachel estaba igual. Pero el dolor de no haberse tomado las medicinas en la tarde, aunque esa había sido la condición para salir antes del hospital, ya le empezaban a cobrar factura aparte de que se quedaba sin aire por su nariz.

Quinn se separó pero no se movió de debajo de la morena.

—No sé qué me pasa últimamente —dijo Rachel refiriéndose a como cada beso que se daban terminaba así.

—Yo tampoco —Rachel se movió y Quinn salió de ahí, tomó las medicinas de su mochila.

Las tomó en silencio y se volvió a Rachel.

— ¿Me prestas una pijama?

—Sí, ¿cuál quieres? —abrió su clóset revelando todas las pijamas que la morocha tenía.

Todas eran más o menos del mismo estilo. Con corazones, animales o estrellas; más de estrellas que de otra cosa y rojas o rosas. Todas eran pequeñas y Quinn dudaba que le quedaran.

—No creo que me queden… —fue interrumpida por la morena que tomó una rosa con corazones blancos y rojos.

—Esta me queda grande, creo que hasta se me cae —Quinn la tomó y se dio cuenta de lo ridícula que se vería con ella.

—Eh… gracias. Me voy a cambiar —sonrió y se metió en el baño.

Se quitó la blusa y gimió de dolor por sus costillas cuando intentó cambiarse la venda que tenía alrededor del pecho.

— ¿Estas bien? —le preguntó Rachel al escuchar el ruido.

—Sí —le dijo como pudo cuando algunas lágrimas comenzaban a alojarse en sus ojos por el movimiento que acababa de hacer.

— ¿Entonces por qué hiciste ese ruido? —le preguntó sabiendo que no estaba bien.

—Me pegué —si le decía que no podía ponerse lo venda ella querría ayudarla y no sabía si podría contra su cuerpo al ver a la morena tan cerca de ella.

—Está bien, me voy a ir acostando. Si necesitas ayuda me dices.

La morena se acostó y se durmió y Quinn, después de varios intentos, se puso el pijama y salió del baño intentando no despertar a Rachel.

Quinn se había dado cuenta de que se veía completamente ridícula en ese pijama y que aparte de todo este era algo apretado pero no quería dormir con pantalón de mezclilla.

Se acostó en la cama de espaldas a Rachel con la vista fija en el techo y unos minutos después su celular comenzó a sonar. Preguntándose quien sería a esa hora lo tomó y vio que no tenía el número agendado.

—Bueno —dijo susurrando.

—Hola, Quinn ¿cómo estás? —la voz tomó por sorpresa a Quinn que no podía creer su suerte al escuchar el mismo día a las dos personas que menos quería escuchar.

— ¿Jessica? —ese nombre puso en alerta a Rachel que se levantó y Quinn tuvo que hacerle un gesto para que no hablara.

— ¿Quién más? En fin, escuche que lo tuyo con Rachel terminó y me preguntaba si quisieras salir conmigo a algún lado —fue directa y sin titubeos y eso asustó un poco a Quinn.

—No lo sé, en este momento lo que menos quiero hacer es salir —dijo fingiendo voz triste—, no sé si me la pueda encontrar en algún momento.

—Ve a mi casa mañana, te aseguro que ahí no te la vas a encontrar —sonrió aunque sabía que Quinn no se daba cuenta.

—No lo sé. No quiero que pase algo que pueda arruinar nuestra relación —fue una indirecta para Rachel que con una seña le dijo que pusiera el teléfono en altavoz; Jessica lo tomó como su relación con Quinn y eso era lo que la rubia quería que pensara.

—No pasará nada, solo una noche de chicas para ayudarte a olvidar —le dijo con voz "sensual" y a Rachel le empezó a hervir la sangre.

—No lo creo —trató de sonar despreocupada y como si enserio lo estuviera pensando.

—Ve —le dijo Rachel sin que se escuchara.

—Jessica, ¿te parece si te llamó en unos minutos? Necesito ir al baño.

—No importa, en serio piensa en mi oferta —y colgó.

— ¿Cómo que vaya? —le preguntó sorprendida.

—Tienes que, si no sospechará.

—No pienso ir, si hubiéramos terminado de verdad no hubiera querido ir, ¿por qué tengo que ir ahora?

—Porque sí. Ahora llámala, dile que iras y ponte a dormir.

—Okey —dijo y tomó el celular para marcar el primer número que aparecía en su identificador de llamadas—. Hola… sí, lo siento por colgar… ya lo pensé, está bien, iré… sí, mmm yo también te quiero —hizo una cara extraña y Rachel levantó la ceja—. Adiós.

— ¿La quieres? —le dijo fingiendo enojo.

— ¿Qué querías que le dijera? Me dijo que me quería y yo tenía que decirle que yo también.

—Ya tenemos que dormirnos, Q —le dio un beso—. Buenas noches.

—Buenas noches, hermosa —le devolvió el beso.

Se acostaron y Quinn abrazó por la espalda a Rachel para dormirse casi al mismo tiempo.