Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son de autoría de la fabulosa Stephenie Meyer quien nos regalo un excelente mundo de fantasía. Yo solo me acredito esta retorcida historia.

ADVERTENCIA: Este capítulo contiene escenas explicitas de sexo y lenguaje adulto. Si eres menor de edad, que estás haciendo aquí? Jejeje.


Capitulo 13: Derribando el muro.

Canción del capítulo: Halo - Beyonce.

Canción que se escucha en Sixty Blue: Those sweet words – Norah Jones

A los pasajeros del vuelo 645 con destino a la ciudad de New York se les indica que pueden empezar a abordar por la puerta numero 25.

– Ese es nuestro vuelo Bella, vamos! – Al instante sentí un fuerte tirón de mi brazo, fueron pocos los segundos que tarde en reaccionar y darme cuenta que Alice prácticamente me había arrastrado por todo el aeropuerto. Que exceso de energía de la pequeña hermana de Edward! Rosalie Hale, una hermosa rubia con un cuerpo de infarto era la tercera integrante del loco viaje del fin de semana de compras en New York. Era la novia de Emmett, el mejor amigo de Edward. Al parecer esta no era la primera vez de Rosalie haciendo un viaje de compras con Alice ya que la veía revolotear por todos lados como si fuera una pequeña Tinkerbell sin decir palabra alguna, tan solo esbozaba una sonrisa. Debí hacerle caso a Edward, su hermana realmente se veía algo siniestra detrás de su fachada inocente.

A pesar de mi pánico a volar entre Rosalie y Alice hicieron el viaje bastante entretenido. Alice contó un montón de anécdotas sobre su estadía los últimos años en New York, las historias detrás de los bastidores de la semana de la moda, y las peleas entre las modelos más cotizadas del medio. Rosalie en cambio relató cómo rechazó la oferta de convertirse en modelo y quedarse con un trabajo algo menos caótico como el de relacionista pública, realmente ella no necesitaba trabajar por el resto de su vida si así lo quisiera ya que los Hale son una familia muy poderosa de Illinois, que controlaban desde la industria automotriz hasta un pequeño canal local de Chicago. En pocas horas logramos una conexión interesante entre las tres. El aterrizaje fue tranquilo y al salir del JFK un clima algo frio nos recibió, claro no era como el inclemente tiempo que hace en Chicago, pero hey! eran las 10 p.m. cuando llegamos.

Me dirigí con mi escaso equipaje en mano al área de taxis, cuando sentí que alguien me tocó el hombro. Yo conocía esa mano…

– Matt! – grité al ver a mi mejor amigo allí parado con una chaqueta de cuero café y unos jeans desgastados, típico look de viernes. Solté mi equipaje y lo abracé por la cintura, había olvidado que él había venido a New York hace un par de días.

– Bella…! Qué bueno que me has extrañado, pero si no me sueltas puedes hacerme daño en serio. – reí ante su comentario y lo solté.

– Que…que haces aquí? Como supiste que… – yo misma corté mis palabras al ver a Alice sonreír junto a mí, definitivamente ella lo había puesto sobre aviso de nuestra visita a la ciudad que nunca duerme.

– Necesitan un aventón? – Matt me sonrió y recogiendo mi equipaje del suelo enseguida nos dirigimos a su auto, bueno no era su auto en realidad…era el auto que había rentado, ya que su adorado jeep lo aguardaba en casa. Alice hizo la presentación correspondiente de Rosalie a Matt y nos pusimos en camino al Waldorf que era donde teníamos las habitaciones reservadas. Alice iba en el asiento del copiloto conversando amenamente con Matt mientras que Rosalie y yo íbamos atrás en silencio. Estábamos por entrar a 3rd Av. cuando el teléfono de Alice sonó.

– Edward, que agradable sorpresa! – dijo Alice con su voz cantarina. Tan solo al escuchar mencionar su nombre, mi corazón comenzó a bombear sangre de manera más rápida y agitada, las piernas las sentí debilitarse y mi cabeza se volvió un pequeño carrusel. Respira Bella Swan, respira. – El vuelo fue tranquilo, nada de qué preocuparse hermanito. Si, si…todas estamos bien, si Edward, ella está muy bien también, ahora estamos en el auto de Matt llegando al hotel. – Alice guardó silencio por un par de segundos, pude ver por el espejo retrovisor como cambió su semblante de un minuto a otro. – Edward, no te atrevas siquiera a…No, no, no…estas demente o qué? Edward Cullen basta, eso no lo voy a permitir, no vas a arruinarlo todo con tus malditos... – Alice había elevado su voz al punto de estar casi gritando, de que rayos hablaba con Edward? – No voy a discutirlo contigo hermanito, nos vemos el domingo en Chicago. Adiós!

No quise preguntar qué había sucedido con Alice y su altercado telefónico y al parecer el resto tampoco quería hacer comentarios. Al llegar al hotel y mientras Alice revisaba las reservaciones, por fin pude hablar con mi amigo.

– Bella, te ves diferente. – fue lo primero que soltó mientras nos acomodamos en los sillones del lobby del Waldorf. Elegantes butacas de cuero de estilo un tanto minimalista contrastaban con las majestuosas cortinas que resaltaban en la estancia.

– Diferente? Quizás he aumentado un par de libras, Sue no se cansa de...– Matt negó con la cabeza.

– No me refería físicamente pequeña, hay algo en ti distinto. Pero no logro reconocerlo... Deben ser locuras mías, no me hagas caso y mejor cuéntame como va lo de Charlie. Has tenido noticias sobre los exámenes que le practicaron?.– Mi mente se congeló por un segundo, como supo Matt que Charlie había despertado? En qué momento se lo había dicho? Isabella, tienes un serio problema de memoria!

No es problema de memoria Bells, es tu problema de aturdimiento cuando tienes a Edward cerca, Matt hablo contigo el día que besaste tu celular en la cafetería del hospital porque Edward te había escrito, lo recuerdas ahora? Sonreí al escuchar a mi conciencia. Vaya… ella tenía razón, ni siquiera preste atención a lo que Matt me habló ese día. Rayos! Ni siquiera estoy prestando atención a lo que me dice ahora. Concéntrate Isabella!

– Aun no hay resultados, pero sus progresos son mejores cada día. Dentro de poco deberemos empezar con la terapia para caminar. Cuando regresas a Chicago? – dije volviendo mentalmente a la conversación.

– Tengo mucho por hacer acá Bella, hay casos específicos que requieren seguimiento de cerca y no estaré libre al menos 2 semanas más?

– Dos semanas Matt? – pregunte con algo de decepción. Mi amigo se perdería de la Gala y yo necesitaba de alguien que estuviera conmigo apoyándome..."Para eso tienes a Edward" alguien gritó en mi cabeza.

– Si pequeña, ya sé lo que estas pensando. Matt no irá a la Gala, no sabes lo mal que me siento por no poder estar allí contigo pero no es mucho lo que pueda hacer para remediar la situación. De veras lo siento – inclinó su cabeza, Matt realmente se veía apenado.

– Hey, no te sientas mal. Me vas a hacer falta, pero tus pacientes te necesitan más que yo y no hare un berrinche que te obligue a escoger entre su bienestar y mi gala. Está bien, ya podrás acompañarnos el año entrante.– abandoné mi cómoda butaca y me acerque a él. Pasé muy suavemente mis manos por sus rubios cabellos a lo que el respondió con una sonrisa.

– Bella, hay algo muy importante que debo hablar contigo.– su penetrante mirada me alertó. Que iba mal? – Y debo aprovechar a hacerlo acá en New York, sin la molestosa interrupción de cierta...– se quedó en silencio como meditando que decir – circunstancia que podría fastidiarnos en Chicago.

– Molestia en Chicago? – Pregunté incrédula – Si crees que es conveniente hablar acá, vamos suéltalo Matt, soy toda oídos.– me senté en el apoya brazos del sillón donde estaba él sentado.

– No, ahora no es el momento ni el lugar adecuado para lo que debo decirte. Tu estas cansada y debes querer dormir un poco. Sé que Alice no te dará tregua.

– Tienes razón, me siento bastante cansada. Hoy ha sido un día algo...agitado – recordé en ese momento la sesión de besos con Edward en mi oficina. Si, agitado era la palabra perfecta para describir mi día.

– Te parece si lo hablamos mañana durante el almuerzo? Te invito a comer, hay un nuevo lugar cerca de Times Square que tiene una comida fabulosa, se que te va a encantar.

– Me parece una excelente idea, nos encontramos acá a la 2 p.m.? – me puse de pie al ver que Alice y Rosalie se dirigían al lobby.

– Perfecto, nos vemos mañana pequeña.– el imitó mi gesto, cortésmente se despidió de las chicas y salió rumbo a su hotel que quedaba a unas cuantas cuadras de allí.

Luego de sincronizar nuestros relojes y repasar la agenda de compras al menos unas 3 veces mientras íbamos camino a las suites, Alice nos recordó que debíamos estar listas a las 7 a.m. si queríamos visitar todos los lugares programados. Entré a la suite casi arrastrando los pies, saqué mi camisón de dormir y luego de una ducha ya estaba lista para descansar.

No recuerdo exactamente cuánto tiempo tarde en quedarme dormida, pero si se que fue bastante. Mi mente tenía mucho que hacer aún a pesar que mi cuerpo estaba en off hace ya varios minutos. Dos cosas rondaban por mi cabeza. La primera: que era tan importante para Matt que debía estar en otro estado y código postal para decírmelo? Realmente sonaba como algo de vida o muerte. Y segundo: la petición de Edward, el me había pedido que piense en él estos días... Pfff con lo fácil que eso era, ya no representaba mayor esfuerzo para mí. Lo llevaba tatuado en el alma, , sus besos marcados con fuego en mis labios y su nombre escrito con tinta indeleble en lo más profundo de mi corazón.

Al día siguiente y con muy pocas horas de descanso realmente, estuve lista a las 7 a.m. tal como General Alice había solicitado. Necesitaba comodidad así que use algo ligero y casual pero igual manteniendo mi estilo recatado y elegante, elegí un vestido muy primaveral de flores en tonos verdes y púrpuras, con un ligero escote en V, ajustado hasta la rodilla, sabía que un diseño de Michael Kors siempre me iba bien. Usé un cinturón, también morado, dándole un toque chic, además de marcar una buena figura. Como complementos sandalias de tiras gruesas por comodidad y bolso negro Prada, mis favoritos. Al verme al espejo, sonreí, era el look glamoroso que me recordaba el Nueva York de los años 50.

Nos alistábamos para salir del hotel cuando Alice nos detuvo a Rose y a mí, y nos guio muy sutilmente al área de restaurant. La miré intrigada.

– No me mires así, fue una orden expresa de Edward. No puedo dejarte salir de aquí sin que hayas comido algo – sonreí ante su respuesta y solo atiné en rodar mis ojos. Posesivo, dominante y bastante manipulador, así era el hombre del cual me había enamorado.

Un desayuno en base de frutas y cereales fue lo que nos servimos Alice y yo, Rosalie había optado por el café y tostadas francesas. Cerca de las 8, salimos del Waldorf camino a 5th avenue. Prada fue la primera tienda, Alice estaba muy bien preparada ya que sabía exactamente a que parte de la tienda ir. Escudriñó todos y cada uno de los vestidos de la ultima colección. Me hizo probar casi 10, pero ninguno le terminaba por convencer.

– Muy largo.

– Muy corto

– Anticuado

– Demasiado modesto

– Excesivamente revelador

– Grande

– Chico

– No me gusta el color

– Argh horrendo

– Alice? Podemos parar un segundo? Ya no sé ni donde deje el vestido con el que vine.– dije bromeando mientras asomaba la cabeza por el vestidor.

– No...no te atrevas a pedirle que pare Bella. – respondió Rosalie mientras daba un brinco de su asiento y corría al vestidor agitando sus manos para luego hacer una seña de silencio. Rosalie se veía aterrada, tan malo era lo que había dicho?

– Has dicho algo Bella? No logré escucharte ya que estaba admirando a esta belleza – Alice veía con ojitos de amor un hermoso mini vestido blanco demasiado transparente para mi gusto.

– No, no he dicho nada Alice – Vi los ojos de suplica de Rose, ya luego habría tiempo de pedir una explicación sobre su reacción.

Luego de probarme ese mini vestido y otros tres más, Alice se convenció de que Prada no era el lugar correcto. Salimos directo a Dior donde repetimos la misma fórmula sin resultados exitosos. No voy a negarlo habían vestidos fabulosos, pero no había ninguno que realmente me hubiese cautivado lo suficiente como para decir "este es el indicado". Estaba empezando a desesperarme al ver que Chanel tampoco tenía lo que buscábamos, su última colección se había basado en trajes sastre para el día y vestidos ligeros.

Salimos de Chanel un poco antes del medio día, la mañana de compras había sido un desastre total y yo debía estar libre a las 2 de la tarde para la cita con Matt. Alice se veía igual de animada como cuando salimos del hotel, Rosalie y yo nos sentíamos realmente agotadas.

– Versace, se que Versace tiene lo estoy buscando. El atelier esta a pocas cuadras, vamos. – Alice se coló en medio de Rose y yo justo cuando pensaba preguntar a Rosalie el porqué de su reacción de la mañana.

Llegamos al Atelier Versace después de atravesar casi todo Manhattan y no solo unas "pocas cuadras" como dijo Alice.

– Alice Cullen! Pensé que no volvería a verte por aquí en al menos un par de meses más. Tanto extrañas New York? – Un hombre de apariencia juvenil y de aproximadamente unos 1.80 mts. recibió a Alice con un abrazo en cuanto entramos. El tipo se veía gigante y realmente atemorizador junto a Alice.

– Esta vez solo vengo de visita Tom. Estamos buscando el vestido para mi querida cuñad...perdón mi querida amiga Bella Swan. – dijo sonriente.

– Bella Swan? De Swan Editors? Wow... Que honor. Creo que tengo el vestido perfecto para ti. – desapareció unos instantes para luego regresar con un colgador y una bolsa protectora que revestía al vestido. Cuidadosamente bajó el zipper de la bolsa y descubrió la obra maestra. Mis ojos no daban crédito, era realmente un vestido hermoso, el color azul aguamarina me cautivó. Era un vestido de organza de una sola manga y un corte elevadísimo en la pierna. Un cordón turquesa se entrecruzaba debajo del pecho y cintura hacia la tira del hombro descubierto, formando un escote abismal en la espalda, dejando toda la piel de esta expuesta, no sin desmerecer el escote bastante sugerente en el frente. Era atrevido, pero sin duda, una muestra de la distinción y elegancia. Lo tomé cuidadosamente y me lo llevé al vestidor.

– Bella, te ves asombrosa – dijo Rosalie mientras yo seguía anonadada por el reflejo del espejo exterior del vestidor. Esa no era yo, ni siquiera parecía yo!

– No creen que es un poquito revelador? – comenté sin quitar los ojos del espejo. El escote delantero del vestido sumado a mi gran suerte podía causar un gran caos el día de la Gala.

– Que dices! Esta perfecto Bella, te ves hermosa. – dijo Alice dando brinquitos de alegría.

– Tengo miedo de que piensen que se ve algo...extravagante o vulgar? – Alice negó con la cabeza.

– No es vulgar Bella, es elegante. Sabes donde radica la diferencia? La gran Coco Chanel decía que "Viste vulgar y solo verán el vestido, viste elegante..."

– "Y verán a la mujer" – Concluí por ella. – Eso solía repetirme Renee. – sonreí al recordar a mi madre, me hubiera gustado compartir esta experiencia con ella pero Rosalie y Alice se habían encargado de hacer su ausencia menos dolorosa en esta tarea en particular.

– Linda, te ves realmente deslumbrante – escuché decir a Tom al fondo de la tienda. – Ten, estos son los accesorios que complementan todo el vestuario – me extendió una caja de varios compartimientos donde estaban cuidadosamente acomodados los pendientes, y un hermoso colgante.

– Este es el indicado – sonreí ante mi conclusión. Era arriesgado, pero valía la pena el riesgo.

– Los zapatos perfectos los vi en Prada, debemos regresar allá ahora! – dijo Alice arrastrándome directo al vestidor.

Después de pagar el hermoso y un poquito costoso vestido salimos de regreso a Prada. De camino para allá, Alice se adelantó unos cuantos pasos para contestar una llamada telefónica.

– Apuesto que debe estar hablando con mi hermano. El pone la misma cara de tonto cuando habla con ella – comentó Rosalie divertida.

– Siempre es así tan...llena de energía? – Rose asintió levemente.

– Suele ser incluso más eléctrica, esta vez creo que se ha controlado – recordé entonces lo que quería preguntarle.

– Por cierto, de que iba tu reacción en Prada? Realmente me asusté.

– Oh, lo siento. No quise asustarte, mi intención era solo advertirte.

– Advertirme de? – pregunté mientras cruzábamos una de las calles del bajo Manhattan.

– Verás – dijo cambiando el peso de sus bolsas de una mano a otra. Al parecer Rosalie si había aprovechado nuestro paseo por las tiendas y había comprado unas cuantas cosas en las tiendas que habíamos visitado – La primera vez que salí de compras con Alice fue hace un par de años atrás, Esme me había advertido de no contradecir a su pequeño tesoro en cuanto a opiniones de moda, debí haber escuchado su recomendación – sacudió un poco la cabeza y sonrió – Esa vez, buscaba el vestido perfecto para la primera cita con Emmett. Estuvimos en todas las tiendas del centro de Chicago, vi unos cuantos que me gustaron pero Alice simplemente los descartaba. Hasta que, cerca de las 5 p.m. y ya completamente exhausta se me ocurrió decirle: Alice, podríamos ir a casa? Estoy cansada...

– Y que sucedió? No veo nada de malo con eso – comenté.

– Que eso es lo peor que le puedes decir a la pequeña Carrie Bradshaw! Me tuvo cerca de una hora completa hablando sobre la importancia de encontrar el vestido perfecto para la ocasión especial, incluso me dio una cátedra sobre la historia del diseño, yo solo asentía escuchándola atentamente. Antes de terminar el día entramos a la última tienda que nos quedaba por revisar, y fue allí donde encontré el más perfecto vestido de todos. Si no hubiera sido por la tenacidad de Alice me hubiese ido enfadada y jamás lo hubiese encontrado. Pero la enana es una Cullen de cepa, tenaz y perseverante, y no se detienen hasta no conseguir lo que quiere ... Tú debes saber eso también, cierto?.– me guiñó el ojo y sonrió. No puede sino reaccionar con una sonrisa discreta. Ninguna de las dos hizo más comentarios, llegamos a Prada y encontramos los zapatos perfectos. Al César lo que es del César, Alice realmente era talentosa en esto.

– Bueno, creo que tenemos todo! Solo nos queda una tienda por visitar, vamos que mi amiga Victoria nos espera – dijo dando brinquitos con las bolsas en mano.

Cerca de las 2 pm ya estábamos de regreso al hotel, en Victoria Secret Alice prácticamente me había obligado a comprar desde finas y casi invisibles tangas para el vestido de la gala, hasta sexys camisones para dormir. Era un remolino de energía que alboroto el lugar en cuestión de minutos. Ni siquiera me fijé en qué momento incluyó en mi bolsa un liguero blanco. Nunca había tenido uno, y se veía realmente hermoso aunque algo complicado de usar. Que iría primero? Las medias? La tanga? Imaginé que se vería sexy, debía ser estrenado en una ocasión especial sin duda. De inmediato pensé en Edward, Si...! Sería perfecto para una noche de se...

– Bella? Hey tu! – Alice agitaba sus manos frente a mí, mientras íbamos en el elevador, al parecer me había perdido en mis pervertidos pensamientos. – Esta tarde programe una sesión de spa y masajes en el hotel. Habrá depilación y terapia de relax, empieza a las 5.

Oh, disculpa Alice. Perfecto por mi lado, creo que necesito ese masaje. Ahora tengo un almuerzo con Matt, pero estaré de regreso a esa hora.

– Listo, nos vemos en el spa a las 5.– dijo alejándose con Rose por el corredor que conducía a sus suites.

Tuve el tiempo necesario para refrescarme un poco y retocar mi maquillaje. Eran las 2 en punto y Matt ya debía estar en el lobby. Bajé enseguida y confirme mis sospechas, mi amigo estaba abajo. Lo había extrañado tanto, y creo que el almuerzo sería la excusa perfecta para contarle todo lo que estaba sucediendo con Edward.

– Listo? – toqué su hombro derecho y el volteó a verme con una sonrisa dibujada en su rostro. Me dio un tierno abrazo el cual correspondí con la misma ternura. Un segundo después abrí los ojos después de escuchar el carraspeo de alguien cercano.

– Isabella, buenas tardes – mi dios griego estaba parado allí frente mío, en la misma puta ciudad, en el mismo puto hotel, en el mismo puto momento en que compartía una muestra de afecto con Matt. Mierda!

– Edw...Edward – dije en un susurro soltándome del abrazo de Matt...

Edward POV

El infame aparato telefónico fue a dar al otro lado de la habitación, era tanta la rabia que me embargaba que mi única reacción fue estrellada el celular en la pared. Acababa de cerrar la llamada con Alice quien estaba con Isabella en New York. Fui muy claro al pedirle a mi hermana que debía cuidar a Isabella durante el fin de semana, y que es lo primero que hacen al bajarse del avión? Estaban con el imbécil de Stone! La sangre me hervía de la rabia, estaba realmente histérico. Agarraba mi cabello tan fuerte que ni siquiera me importaba si eso me causaba dolor, caminaba de un lado al otro de la habitación con desesperación. Los puños crispados en mi cabello ahora eran acompañados de un gruñido atrapado en mi garganta que pugnaba por salir...

"Edward esta celoso"

"Edward esta celoso"

"Edward esta celoso"

Canturreaba una traviesa voz en mi cabeza

– Mierda, que me pasa! – entre rápidamente al baño y me mojé un poco el rostro para tranquilizarme. El maldito estaba con mi Bella en otra ciudad, y era poco o nada lo que podía hacer. A pesar de las advertencias telefónicas de Alice debía ir a New York y asegurarme que el infeliz ese no ponga un solo dedo en ella. Regrese a mi habitación y comprobé que a causa del golpe el celular había quedado inservible. Utilicé el teléfono del departamento e impulsado por cualquier otra cosa menos la lógica y la razón llamé a American Airlines, eran casi las 11 p.m., alguien tenía que contestarme. Después de 3 intentos fallidos, una señorita me contestó y reservé el primer vuelo de mañana que partía del Midway a las 7 a.m., debía llegar pasado el medio día y rogaba que nada hubiera pasado para ese entonces.

Empaqué solo unas cuantas cosas y programé la alarma a las 4 am aunque fue algo inútil ya que pase la mayor parte de la madrugada sin poder dormir, me sentía ansioso y algo desesperado.

El vuelo se dio sin inconvenientes, tuve un asiento que daba a la ventana lo que me dio tiempo para pensar sobre algunas cosas mientras veía al avión abrirse camino entre las nubes. Recorrí mentalmente el plan inicial que me había llevado en ese momento a estar camino a otra ciudad. Debía conquistar a Isabella, arruinarla y hacerla miserable, pero nada estaba saliendo bien. El maldito plan se estaba yendo a la mierda, cada segundo se me hacia mas difícil fingir. Ese viaje a Seattle fue especial, para que mentir? Isabella se descubría a cada instante como la mujer que jamás esperé encontrar. Dulce, intrigante, sencilla y extremadamente hermosa, como podía yo odiar a alguien así?

Sin saber porque comencé a vigilar cada uno de su movimiento ya de regreso en Chicago, quería saber donde estaba a cada instante y si estaba bien, prácticamente me convertí en su sombra. Mi instinto sobreprotector se encendió desde el mismo momento en que ella se desmayó en mis brazos. No verla en la oficina los días posteriores fue un infierno, ella se había convertido en mi droga, necesitaba de su calor y de sus besos...

Sus besos, aquel bálsamo que le daba alegría a mi alma y a los cuales recientemente me descubrí adicto. Era lo que me estaba conduciendo a semejante locura, Alice de seguro se pondrá histérica cuando me vea en el Waldorf, pero me arriesgaría a hacerlo. No soportaba la idea de tenerla lejos de mí. Quien lo diría? Edward Cullen extrañaba a una mujer.

Aquel conquistador nato, un león salvaje y primitivo que no desaprovechaba la oportunidad de follarse a cuanta falda se le atraviese en su camino, era ahora un triste gatito domesticado por la mujer que juro destruir. Ya ni siquiera me interesaba visitar a Gianna, o llamar a Jessica, Lauren o Jane. Sencillamente ninguna era Bella, ella había neutralizado cualquiera tipo de atracción a cualquier mujer, no me afectaban en lo mas mínimo. Aunque debo admitir que la presencia de Irina el día que estaba almorzando con Isabella estuvo a punto de llevarme a un colapso de nervios. La vi entrar al mismo lugar acompañada de un tipejo, de aspecto algo desaliñado y bastante desagradable. Era con ese tipo de hombres con quien compartía en la cama a Irina? Me dio repulsión de mi mismo en ese momento.

Ella me reconoció, por supuesto quien no reconocería una belleza tan imponente como yo! Tuvo la intención de acercarse a mi mesa, pero el hombre que estaba con ella la guió al otro extremo del lugar, ufff respire aliviado cuando se alejo.

Tome un taxi al llegar al JFK y salí directo al hotel, rogaba por que Isabella estuviera allí. El trayecto se hacía eterno, aunque cada kilometro se sentía como una hermosa agonía, cada vez a menos metros de mi fuente de luz... Mi pequeña Bella.

Atravesé las puertas del hotel como una ráfaga, solicite información sobre mi hermana, era lógico que donde estuviera ella estuviera también Isabella. Me notificaron que la Srta. Cullen había salido así que decidí esperarla en el lobby. Me senté a esperar con el periódico en mano, eran casi las 2.

Un aroma conocido me invadió, provenía del elevador. No necesité mirar para saber que era ella quien salía del mismo. Caminé hasta el lobby y la vi en todo su esplendor, la seguí con la mirada, quería sorprenderla pero el sorprendido resulte ser yo!

El maldito gusano acosador de Stone estaba allí, abrazando a Isabella, a MI BELLA! Que carajos le pasaba a ese! Estaba pisando terreno peligroso y yo no iba a permitir que ese desgraciado tocara algo que era MIO

– Isabella, buenas tardes.– intenté decir con tono neutral. Sentía los ojos inyectados de furia mientras la veía abrir los ojos y percatarse de mi presencia. Al instante se separó de él y me pregunto qué hacía yo allí.

– Este es un país libre Srta. Swan, pensé en pasar un fin de semana fuera de Chicago y se me ocurrió venir a New York. Al parecer acá uno se divierte en grande no lo cree? – dije mientras alzaba una ceja. Mi tono era ácido y esperaba que Isabella entendiera a lo que me refería. El imbécil volteó y me sonrió. – Stone, que desagradable sorpresa verte por acá.

– Opino lo mismo Cullen. Pobre Alice, debe padecer al tener un neurótico hermano que la persigue por todo el país.

– No es por Alice que estoy acá, Stone – dije sin quitar la mirada de Isabella.

– En fin, espero que tengas una buena estadía. Nosotros salíamos a comer, disculpa. – tomó el brazo de Isabella y la alejó momentáneamente de mi lado. Mis reflejos fueron rápidos y alcancé a tomarla del otro brazo.

– Isabella – le susurré acercándome a su oído – No vas a salir con él, vine por una respuesta y no me voy sin ella.

– De que respuesta hablas Edward? – dijo visiblemente nerviosa.

– De nosotros Isabella, necesito que estés conmigo. No soporto más la espera.– contesté apretando su brazo.

– Edward, yo...– sus palabras fueron interrumpidas por Stone.

– Suéltala idiota, le vas a hacer daño – objetó con furia el gusano.

– Suéltala tu primero imbécil, ella no va a ningún lado contigo. Cierto Isabella? – espeté con furia.

– Siempre entrometiéndote en todo Cullen, vámonos Bella – le dio un tirón para hacerla caminar.

– Acá el que esta sobrando es otro Stone. Suéltala ahora!

– No la voy a soltar, tenemos un almuerzo importante y cosas de que hablar. Suéltala Cullen, le estás haciendo daño a mi amiga.

– Ella podrá ser tu amiga, pero Isabella es mi muj….

– Ya basta ustedes dos! – dijo Isabella interrumpiéndome y soltándose con brusquedad de ambos agarres, eso de seguro le iba a dejar un par de cardenales. – Que demonios les pasa? Parecen dos niños peleando por un dulce por Dios! Están armando un escándalo innecesario, y si no se callan voy a pedir que los boten a los dos de aquí.

– Pero Bella…– protestó el idiota.

– Pero Bella nada…! Pareces un niño Matt, jamás te había visto así. Hablaremos de eso tan importante que debes decirme en casa porque no saldré a comer contigo ahora, ya se me fue el apetito…– sonreí ante la respuesta de Isabella, se la veía hermosa estando furiosa.

– Y tu, Edward…borra esa sonrisa! Contigo hablarle el lunes. Adiós – Se volteo y camino de regreso al elevador. Genial, las cosas seguían sin salirme bien, gracias al imbécil que tenía junto a mí, todo se había ido al carajo. Había planeado llevar a cenar esta noche a Masa Tacayama, un exclusivo restaurant Japonés en Time Warner Center y tener una tranquila conversación disfrutando de un buen vino. Necesitaba escuchar de su propia voz que ella quería estar conmigo en el mismo nivel que yo deseaba estar con ella. Y ahora, era poco o nada lo que podía hacer, decidí volver a casa.

– Contento? Arruinaste mi plan – Sentía la penetrante mirada de Stone mientras me volteaba para salir de allí.

– Y tú arruinaste el mío. – respondí molesto.

– Si, es mejor que te vayas. – Comencé a caminar alejándome de su insoportable presencia – Regresa a Chicago, de donde nunca debiste salir.

– Púdrete – le dije antes de cruzar la puerta.

No recuerdo cuantas horas pase en el maldito aeropuerto esperando un vuelo. Solo sé que llegue cansado a casa cerca de las 3 am, llevaba 24 horas sin pegar el ojo así que era lógico que el domingo me levantara cerca del medio día. Caminé hasta la cocina y la titilante luz del contestador llamo mi atención. Pulsé el botón de reproducción.

Primer mensaje: Sábado 7 a.m.

"Edward, es Alice. Donde estas? Tu teléfono está apagado y estoy tratando de hablar contigo desde anoche. Estas más calmado? Las cosas no son como crees. Llámame en cuanto escuches el mensaje"

Segundo mensaje: Sábado 4 p.m.

" Edward, por Dios donde estas metido? Llamé a mama y tampoco saben donde estas. Papa te fue a buscar al departamento y te habías ido. No habrás cometido la locura de venir a New York verdad? Necesito saber que estas bien, encontramos el vestido perfecto para Bella, vas a morir cuando la veas. Espero tu llamada!"

Tercer mensaje: Domingo 9 a.m.

"Edward Anthony Cullen, se que estas allí… contéstame! Espero que no te hayas emborrachado nuevamente. Esta tarde regresamos a casa, hay algo que me preocupa. Bella ha estado muy callada desde ayer por la tarde, tu desaparición no tiene nada que ver con su silencio, cierto? Hablamos luego.

Pobre Alice, de veras se notaba preocupada. Debía llamarla enseguida, marque del teléfono de la casa.

– Ali? – dije despacito.

– Edward, por todos los cielos. Estas bien? Que te sucedió? Donde estás? Porque no respondías mis llamadas? Porque estas tan callado? Cielos, vamos dime algo!

– Si tan solo me dejaras hablar, podría contestar tus preguntas – respondí con tono divertido. – Estoy bien Alice, mi teléfono se averió y no he tenido tiempo de conseguir otro. A qué hora están de vuelta?

– Justo ahora estamos por embarcar, así que no puedo seguir hablando. Necesitamos hablar de tu desaparición, Esme está preocupada.

– Enseguida la llamo, te pasaré recogiendo en el aeropuerto enana. Nos vemos luego.

– Adiós hermanito.– Cerré la llamada y enseguida llamé a mama. Alice tenía razón, mama estaba muy preocupada. Tuve que mentirle diciendo que había salido de la ciudad por trabajo y se había averiado mi teléfono en el camino. No podía decirle a mi madre que su hijo estaba teniendo un trastorno obseso compulsivo por una mujer que lo había llevado a atravesar el país.

Cerca de las 6 me dirigí al aeropuerto. En la sala de arribos vi a Emmett y Jasper el hermano de Rosalie. Algo ridículo que ambos esperaran a la misma persona no? A menos que…

– Edward, hombre! Pensé que debía poner un anuncio de "Se busca" en los cartones de leche. Alice llamó anoche preguntando si tú estabas conmigo.

– Al parecer le hago falta a mucha gente – comenté entre risas. Estuvimos charlando un rato, el hermano de Rosalie resulto ser un tipo bastante agradable, a pesar que los Hale son amigos de mis padres hace unos cuantos años atrás yo no había tenido la oportunidad de conocerlo y mucho peor de conversar con el ya que Jasper vivía en otra ciudad encargándose de los negocios de sus padres. Unos cuantos minutos después vimos salir a Alice y a Rosalie, pero donde estaba Isabella? Me acerqué a pedirle una explicación a Alice, pero ella se me adelantó.

– Ya sé lo que me vas a preguntar, la banda transportadora se atoró y su equipaje fue el último en salir. Viene más atrás. – respiré aliviado. Emmett estaba a unos cuantos metros míos dándole una calurosa bienvenida a Rosalie y Jasper estaba junto a mí tomando el equipaje de mi hermana y abrazándola. Hey, pausa! Había algo aquí que yo no sabía? Solo enarqué una ceja y me aleje unos cuantos pasos, mi hermanita estaba en su propia burbuja con Jasper. Alice me debía una explicación. Alejé mi mirada de ellos y vi a mi ángel salir por la puerta de arribo. Solo habían pasado 24 horas sin verla y me pareció la eternidad. Quise acercarme pero ella siguió caminando. Si señores… ella seguía molesta.

– Edward, nos vamos? – dijo Alice poniéndose frente a mí, seguí con la mirada a Isabella. – Deja la paranoia Cullen, Matt se quedó en New York y a ella la vino a buscar Billy su chofer. – Solo asentí y salimos del lugar sin decir nada más.

Camino a casa paramos en Little Coffee Shop, una pequeña cafetería a la que siempre íbamos Alice y yo. Le tuve que confesar la verdad, después de aguantar una severa reprimenda de su parte por la locura del viaje solo atino en decir que ahora comprendía la extraña reacción de Isabella.

– Edward, Bella era una complétame zombi, créeme!. Llegó a la hora del masaje sin decir palabra, y durante la cena fue casi igual. El único momento que pareció prestarme atención fue al final de la noche cuando mencioné que tu cumpleaños era en dos semanas, pero después de eso se volvió a perder en sus pensamientos. Pensamos con Rosalie que quizás estaba preocupada por su padre, pero ya entiendo cual era la razón de su silencio. Lo que no logro entender es tu reacción Edward? Acaso estas celoso de Matt? No tendrías porque estarlo… Primero Matt es solo su mejor amigo, y segundo Bella no es nada tuyo como para que hubieses armado ese escándalo.

– Estas equivocada, en ambas afirmaciones. – dije sorbiendo mi café – Matt no es solo su mejor amigo, no te has fijado como la ve? Ese tipo la desea Alice, Dios no puedo creer que solo yo lo notase!

– Ellos son amigos desde hace años Edward, tienen una conexión especial. Además en que te afecta a ti eso? – Era ahora o nunca, debía decirlo a alguien y Alice parecía ser la indicada.

– Alice, si me afecta y demasiado – dije agachando un poco la cabeza – Yo, yo me estoy empezando a enamorar de Isabella Swan. – susurré derrotado.

Luego de esto sentí como internamente unas pequeñas piedras caían haciendo un sonido sordo, mis palabras habían provocado una grieta en mi muro interno, aquel muro que separaba a quien yo pretendía ser de quien en realidad era; el mismo muro que separaba a Isabella de mi Bella. Su base había empezado a tambalear, sus fuertes cimientos se empezaban a resquebrajar. Su caída sería un desastre sin duda, pero que podía hacer yo para terminar con ese cataclismo que había empezado a ocurrir dentro de mí? Nada! Me sentía impotente por primera vez en mi vida.

– Lo sabía Edward, yo lo sabía! Hey, pero porque estas así? – dijo tomando mi mentón y alzando un poco mi cabeza para verme.

– Porque no era así como debían salir las cosas Ali, no se suponía que debía enamorarme de ella, y ahora… no sé, me siento perdido.

– Nadie escoge de quien enamorarse Edward, dímelo a mí – fue su turno de susurrar.

– Alice, que está sucediendo con Jasper Hale? Quiero la verdad.

– Yo, esto… bueno, desde el día de mi cumpleaños nos hemos estado viendo con Jasper, y ummm bueno somos algo más que amigos. Pero ahora el debe regresar a su casa en San Francisco y yo no sé cómo… no sé cómo sobrellevar la situación Edward. Tampoco escogí enamorarme de Jasper, solo paso y ahora él se va…– sin pensarlo me acerque y la abracé. Ambos necesitábamos del otro. Estuvimos al menos una hora más allí para luego salir a casa. Cené con mis padres, ya estaba por retirarme a mi departamento cuando antes de salir Alice me detuvo.

– Pídele disculpas Edward, y hazlo mañana temprano. Ella lo valorará.– solo asentí y salí de casa. Al llegar no tenía mucho sueño así que me conecte a la web y decidí hacer una reserva online para mañana por la noche en Sixty Blue, un lujoso restaurant de Chicago que se caracterizaba por presentar los Lunes de blues, el día siguiente era el turno del tributo a Norah Jones. Hice todas las preparaciones para hacer de esa una noche especial.

Me levanté temprano ese lunes, fui por sus flores y usé uno de los nuevos trajes que Alice me obligó a comprar semanas atrás. Llegué antes de nadie en el piso, y me colé en su oficina. Unos quince minutos, la escuché llegar. Me puse de pie en cuanto la vi, regia como siempre.

– Edward, que haces aquí? Me asustaste, cielos! – dijo llevando sus manos al pecho.

– Buenos días Isabella, lo siento no quise asustarte. Vine a pedir una disculpa por lo del sábado. – dije acercándome a ella y entregarle las fresias. – Me comporté como un imbécil.

– Como un loco, querrás decir – dijo mientras ponía sus flores en uno de los jarrones de su oficina.

– Como un loco que no saber qué hacer cuando no te tiene cerca, como un lunático que está desesperado por una respuesta – dije tomándola de la cintura por la espalda. – Isabella no aguanto más.– La volteé despacio y tomando su rostro con las manos la besé. El beso fue dulce como para demostrar cuanto la había extrañado, pero de a poco fue ganando intensidad. Ella enredó sus dedos en mi cabello y me atrajo un poco más hacia ella. Sin darnos cuenta terminamos cerca de uno de los sillones de la oficina y nos deje caer en él, sus labios se abrieron un poco dándole paso a mi traviesa lengua quien con pericia jugueteaba con la suya en una batalla sin fin. Cortos jadeos salían de su boca pero no existía en ella la mas mínima intención de romper el beso, ella también me había extrañado y de muchas maneras. A través de la fina tela del traje que usaba estaba mañana pude sentir claramente sus pezones erecto, necesitaba tocarla.

Muy despacito dirigí una de mis manos a sus nalgas y las apreté levemente a lo que ella respondió con un gemido en mis labios. Eso me excitó aun mas, con mi otra mano subí un poco su vestido y me atreví a explorar sus piernas. Eran extremadamente suaves como imagine que serían, subí un poco más y me encontré con sus bragas en el camino. Ella apretó aun más mi cabello, Edward "el maestro del sexo" Cullen la estaba volviendo loca del deseo. Con deliberada lentitud pase uno de mis dedos por su sexo, que estaba casi empapado a causa de la excitación. No sería capaz de aguantar por más tiempo sin saber que había debajo de esas diminutas bragas que usaba esta mañana, moría por saber cuántos habían sido quienes habían llegado a ese punto con Isabella. Cuantos habían tocado esa parte de ella que ahora era únicamente mía. Me disponía a arrancar de un tirón la fastidiosa prenda cuando ella se alejó rápidamente de mí.

– No Edward. – Fue lo que dijo mientras se ponía de pie – Debo empezar a trabajar. Si me disculpas, tengo mucho que hacer. – se sentó en su sillón y encendió su portátil como si nada hubiese pasado. Estaba empezando a tener mis dudas, era esa mujer de hierro o qué?

– Esta noche, en Sixty Blue. Tengo mesa para dos, paso por ti a las 8.

– No te dije que aceptaba – respondió mirándome fijamente mientras se sonrojaba.

– No hace falta, tu adorable sonrojo ya me ha dicho que si. Que tengas un buen día Isabella – dije retirándome del lugar.

No me acerqué a su oficina en lo que quedaba del día, la anticipación haría mejor el encuentro. Salí al departamento y tal como lo acordamos estuve fuera de su casa a las 8 pm. Toqué un par de veces el timbre, unos segundos después ella mismo abrió la puerta. Vestía un mini vestido sin tirantes de tul color plateado. Estaba perfecta, aquel trapo que probablemente sería de algún diseñador famoso le quedaba asombrosamente bien. Se veía tan delicada pero a la vez tan sexy. Era corto de modo que sus apetecibles piernas se podían admirar fácilmente y qué decir de esos zapatos negros en punta que le daba un aire de mujer decidida y tenaz. Intenté cerrar mi boca rápidamente para que no notará mi agitación al verla tan radiante. En silencio nos dirigimos al volvo y fuimos al restaurant.

Las delicadas notas de un piano y un saxofón llenaban el ambiente del lugar, tomamos asiento en el mismo silencio que manteníamos desde que salimos de su casa.

– Porque estás haciendo esto? – Isabella fue la primera en romper el silencio.

– A que te refieres Isabella? – pregunté curioso

– Porque quieres estar conmigo? – dijo en un susurro

– Porque eres la más hermosa mujer que he conocido en mi vida, y no hablo solo por el exterior. Eres una persona maravillosa Isabella, fuerte pero a la vez frágil. Y quiero protegerte, yo necesito protegerte, es mi tarea hacerlo.

– Yo, yo lo he pensado Edward. Sería algo insensato, bastante fuera de lo común, sin mencionar lo loco y arriesgado, pero...estoy dispuesta a intentarlo. Si, Edward… acepto estar contigo. – dijo esbozando una pequeña sonrisa. Respondí con otra sonrisa y sin más, me puse de pie y camine hasta su silla donde de rodillas le robé un tierno beso.

– Esas dulces palabras eran todo lo que necesitaba oír – dije alejándome de ella aun con los ojos cerrados.

Al abrirlos algo extraño sucedió, ella estaba sonriendo y por primera vez en todas estas semanas no vi a Isabella, vi a Bella... La Bella que estuvo allí todo el tiempo y que siempre me negaba a reconocer, la Bella que soñaba con tener en mis brazos, la Bella a la que imaginé haciéndole el amor, a la Bella que me había cautivado ese día en la puerta del edificio, a Mi Bella. Mas piedras se escucharon caer en mi cabeza, esta vez eran más grandes que las anteriores, el desmoronamiento era inminente. Un último empujón y todo se habría venido abajo.

Tomé asiento nuevamente y ordené nuestra comida, cuando el mesero estuvo de vuelta con nuestros platos y la botella de vino, sin que Isabella lo notara le entregué una pequeña tarjeta.

Serví las copas de vino, y propuse un brindis, pero ella se adelanto en hablar.

– Por los nuevos comienzos – dijo alzando la copa.

– Por "este" comienzo. – corregí sutilmente mientras chocaba su copa.

Una voz femenina al micrófono rompió nuestra burbuja.

– Tenemos una petición especial esta noche. El señor Cullen desea dedicar una canción a la mujer más Bella del lugar. Srta. Swan esto va para usted.

What did you say?

I know I saw you singing

My ears won't stop ringing

Long enough to hear

Those sweet words

What did you say?

End of the day

The hour hand has spun

Before the night is done

I just have to hear

Those sweet words

Spoken like a melody

Ella solo sonrió mientras daba otro sorbo a su copa, había captado la indirecta enviada por medio de la canción. La comida transcurrió entre juguetonas sonrisas y miradas coquetas. Cerca de las 11 salimos del lugar rumbo a su casa, en un semáforo me aventuré a colocar mi mano libre un poco más arriba de su rodilla, ella solo me miró y sonrió. Llegamos a su casa unos minutos después, el ritual del porche se repetía una vez más.

– Gracias por la cena Edward, ha sido... – no le permití hablar más. Con un urgente beso la silencié.

Nuestros labios se movían acompasadamente, habían aprendido con destreza como acoplarse el uno con el otro. La tomé por las caderas y ella se apretó contra mí. Sin querer terminamos contra la puerta de entrada de la casa. El beso comenzó a volverse más urgente, casi al punto de volverlo salvaje, mi miembro se sentía como un prisionero dentro de mis pantalones. Metí una de mis manos por debajo de su pequeño vestido, y la ayudé a enroscar su pierna en mi cintura. Que exquisito era su toque, simplemente perfecto. Nuestras respiraciones se hacían cada vez más pesadas.

– A la habitación, ahora... Alguien nos puede ver acá Edward– dijo ella alejándose un poco y abriendo la puerta de la casa. Todo se veía oscuro allí, como diablos iba yo a saber cuál era la habitación. – En el segundo piso, primera puerta a la derecha. – En ese momento me di cuenta que iba a entrar a territorio enemigo, quise retroceder pero la mirada de Isabella me dijo que eso no sería buena idea. Era una mirada llena de pura pasión y lujuria, de seguro una igual a la que debía tener yo.

Volví a atrapar sus labios con los míos y agarrándola por las nalgas enrosqué sus piernas en mi cintura. No sé como subí esas escaleras sin caerme pero logré llegar vivo a la primera puerta del segundo piso. Abrí la puerta de su habitación y manteniendo la misma posición la recosté en su cama. Nos separamos por unos instantes, ambos sabíamos que iba a ocurrir esa noche en esa cama. Éramos dos adultos dominados por sus impulsivas hormonas. Junté su frente con la mía para luego susurrarle

– Bella, Bella... Mi Bella. Eres mía... – repetía una y otra vez

– Tuya, siempre tuya Edward – dijo antes de morder el lóbulo de mi oreja. Ella estaba jugando sucio y eso no era justo. Subí su vestido lentamente hasta dejarlo al nivel de su cintura, su blanca piel contrastaba con la diminuta braguita blanca que estaba usando. Era hermosa...

Comencé a repartir húmedos besos por sus muslos mientras avanzaba despacio hasta mi objetivo, al llegar al mismo me deleité con el embriagante olor de su excitación. Quería probarla, necesitaba probarla! Sin mas preámbulo, metí mi dedo por uno de los bordes de su braguita y de un solo tirón la rompí, lo que ocultaba la prenda me dejo sin palabras. Su delicado sexo se mostraba para mí como la más perfecta obra de arte de todos los tiempos.

Me acerqué a él y comencé a repartir besos por toda el área, dejando su rosado botón del placer para el final. Sus gemidos un tanto acallados al principio comenzaron a llenar la habitación, ella se aferraba a las sabanas como si de ello dependiera su vida. Acaso nadie le había hecho sentir antes lo que era un orgasmo?

Los besos fueron rápidamente reemplazados por mi lengua, quien con maestría lamio cada punto de su empapado sexo. Absorbí cada gota, sabía exquisita! La vi retorcerse del placer y eso que aun faltaba lo mejor. Introduje un dedo mientras que mis labios jugueteaban con su clítoris, su cavidad era realmente estrecha lo que me excitó más de solo pensar que sería estar dentro de ella. Ella estaba a punto de correrse, lo podía sentir.

Quise introducir un segundo dedo para incrementar su placer pero al hacerlo me percaté de un pequeño detalle que me detuvo. Mi Bella era virgen...

Retiré mis dedos de ella y me alejé sin decir palabra alguna, la miré por unos segundos, en su mirada se reflejaba pánico y confusión.

– Edw...Edward por…porque te detuviste – dijo con voz algo ronca mientras se apoyaba en sus codos para levantar un poco su torso y de esa manera verme.

– Porque no me dijiste que eres virgen? – su semblante cambió, y unas pequeñas lagrimas se asomaron en sus ojos.

– No...No pensé que...yo solo...– ella cubrió su rostro dejandose caer nuevamente en la cama.

– Shhh, pequeña. Eso no es nada malo…– besé su frente y utilicé el cobertor para cubrir su parcial desnudez.

– Tu...no quieres estar con una virgen, yo…yo lo entiendo.– dijo mientras ocultaba su rostro en la almohada.

– Bella, mírame – dije tomando su rostro – Tu virginidad sería el más especial regalo que podrías hacerme, pero no quiero que sea de esta manera, no ahora. Me entiendes? – Ella asintió despacito.– Ya es tarde y debemos trabajar mañana, debo irme. Que descanses pequeña.– me levanté de la cama y casi al llegar a la puerta, ella me llamó.

– Edward, tengo una pregunta. Me has llamado Bella… porqué? – me volteé y me acerque a ella, le di un pequeño beso en la comisura de los labios y me incorporé nuevamente. Un fuerte sonido se escuchó dentro de mi cabeza, una estela de polvo cubrió hasta a mi conciencia y entre los escombros, se veía una silueta: era yo.

– Porque a partir de esta noche, el muro ha caído. Es todo lo que puedo decirte, hasta mañana.

Salí de su habitación y atravesé la casa en la misma oscuridad con la que ingresé. Subí a mi auto sintiéndome el más grande cretino, juré sobre la tumba de mi abuelo destruir a Isabella Swan, y llevarme con su dignidad. Sería yo capaz de llevarme también su virginidad?


*Nenis se esconde debajo de su cama para no ser encontrada por una turba de lectoras enfurecidas que quieren asesinarla * Hola! Primero que todo un Feliz Año 2011 a todas mis pequeñas consentidas lectoras que me leen. Abrumada completamente por la cantidad de alertas y favoritos que he recibido estos días, a las lectoras nuevas una cordial bienvenida y para mis chicas de siempre un agradecimiento: Diana, joli cullen , NinnaCullen , Aredhel Isile , DianElizz , L'Amelie, Yukarito, V, klaiva , zujeyane , karoLiiz, Sol, felicytas, mgcb, alma alv, Gabisita Black, Alexiasmasen, Sayuri1980, Cullen Vigo, Shei-Cullen-Hale. Millón gracias por sus lindas palabras. Para mis lectoras anónimas gracias por seguir atentas esta retorcida historia.

Para las betas como siempre mi eterno agradecimiento. Isita no se qué hare ahora que te me vas, mi brazo derecho de este capítulo! Vivi, soy más hinchador que tu jefe cierto? Pero siempre llegamos a tiempo para la publicación, gracias por hacer tan chics a mis personajes. Este capítulo te ha quedado genial mi Patricia Field jejeje. Esther, mi mentora en letras! Qué bueno que este capítulo te haya gustado, tus pequeños detalles son los que hacen esta historia perfecta. Y Gaby, mi tormenta de ideas. Sabes cuánto me haces falta? Ya vuelve a casa! Una mención especial a alguien una amiga que estimo mucho y que también me ayudó con sus ideas en este capítulo… si, si… ya sabes quién es no? Gracias cielo!

Por cierto como todos los capítulos el maravilloso vestuario escogido para esta ocasión por mi betita Alice Cepeda está en mi perfil, les sugiero los vean porque están increíbles=)

Un placer haber escrito este capítulo lo disfrute mucho, pero el que sigue… consulten a su médico antes de leer. Los vemos el siguiente miércoles!


Review o tomatazo? Ustedes deciden =)