Proyecto 8/1


Si alguien le preguntara en ese preciso instante, él podría jurar que casi le parecía sentir el estruendo de aquel gran estallido, seguido por el reflejo anaranjado a sus espaldas.

Ninguna bomba había explotado realmente, no obstante, Takeru era consciente que había sido el detonante para que la situación se llevara a cabo de tal manera y ahora se encontraba caminando solo, pues cuando todo se desató, el resto pareció olvidar su presencia por unos momentos, lo que le había dado el tiempo justo para escabullirse y huir de allí. Mareado, poco a poco intentó recordar los eventos que habían sido los causantes de tal desafortunado desenlace. Su mente era un remolino de imágenes difusas donde solo aquella dulce voz resonaba como un eco eterno.


—¿Puedes ayudarme con esto, Takeru? —preguntó Mimi y el joven se aproximó a ella para terminar de colgar la última guirnalda.

—Este lugar es hermoso, de verdad lo eligieron bien —comentó Hikari, acercándose a ambos y tomándose un momento para observar el salón. El mismo era totalmente de madera y quedaba al aire libre, frente al mar. Era bastante amplio, con algunas mesas, sillones y suficiente lugar para bailar. También había una barra en un costado, una consola musical y hasta un sitio reservado exclusivamente para karaoke.

—¡Lo sé! —exclamó Mimi orgullosa, dando un pequeño aplauso.

—Ay, Takeru, eres tan aburrido —opinó Daisuke, uniéndose al grupo—. ¿De verdad no pudiste conseguir otro disfraz?

El aludido observó a su amigo y rió. Daisuke tampoco se había esmerado demasiado, su disfraz de ninja consistía de una especie de karategui negro, con un cinto rojo y una imitación de katana de plástico colgada en la espalda.

—Daisuke, basta. Ni que tú tuvieras el mejor disfraz —dijo Miyako, apareciendo por las espaldas de su novio.

—¿Por qué me dices eso? —protestó él, haciendo un puchero—. Creí que te gustaría…

Observando su reacción, la muchacha pronto comenzó a reír; Daisuke era demasiado fácil de desestabilizar.

—Pues el tuyo tampoco está tan bonito —comentó el moreno por lo bajo, cruzándose de brazos. Para su infortunio, Miyako le había oído y pronto una de sus divertidas y disparatadas discusiones dio inicio, teniendo de fondo las carcajadas de Takeru, Mimi y Hikari.

—¿Tan temprano y ya se están peleando? —cuestionó una sexta persona, que recién acababa de llegar.

—¡Koushirou! —exclamó Hikari sonriendo, pero retractándose enseguida recordando que Daisuke aún no estaba al tanto de la situación. Miyako lo notó y antes de que su novio tuviera tiempo para reaccionar, se lo llevó lejos de allí.

—Takeru, ¿me ayudas a lavar los vasos? —dijo Mimi, haciéndole una guiñada cómplice a Hikari. El joven comprendió de inmediato y siguió a la castaña hacia la barra de bebidas.

La Yagami se sonrojó un poco y tomó al pelirrojo de las manos.

—Hikari, vaya… te ves realmente hermosa —la elogió él mirándola de arriba abajo, provocando que ella se sonrojase aún más.

—Gracias. Tú te ves increíble, no me esperaba que te animaras a esto —confesó Hikari. Koushirou sonrió ante el cumplido y la luz de uno de los focos iluminó sus colmillos, al tiempo una cálida brisa balanceó su larga capa carmín—. Un ángel y un vampiro, me gusta mucho como suena.

—Y como se ve —completó él, tímidamente. Hikari rió algo juguetona y le dio un fugaz beso en los labios, justo antes que los padres del chico hicieran acto de presencia.

Mimi sonrió con picardía, agazapada tras el mostrador y comentó:

—Siento algo de lástima por Hikari y Koushirou, van a tener que escabullirse toda la noche.

—Sí… —susurró Takeru, detrás de ella.

—¿Tú estás bien con eso? —arremetió la castaña de pronto, incorporándose.

—¿Con Koushirou y Hikari? Sí, por supuesto —aseguró él sin titubear, aunque sintiéndose algo incómodo ante el cuestionamiento. Pensó que a esa altura Mimi ya tendría que tener más que claro lo que él sentía.

—Oh, mira, ahí llegó Taichi —señaló Mimi al muchacho de cabellos alborotados, con un traje de pirata, que acababa de arribar con sus progenitores.

—¿Qué están haciendo aquí? —De improvisto, una voz molesta les cuestionó su presencia y su portadora los miraba con impaciencia—. Creí que habíamos pactado que Shin y yo nos encargaríamos de atender la barra —terminó de decir Jun Motomiya, echando su alborotado cabello hacia atrás y ajustando sus pantalones de cuero negro, de su llamativo disfraz de rockera. Junto a ella, Shin Kido sonrió amablemente, haciendo una pequeña reverencia.

—Tranquila, solo estábamos terminando de lavar los vasos —mintió Mimi—. ¿Y tu disfraz? —preguntó, refiriéndose a Shin quien seguía sonriendo.

—Jun quería comprarme uno, pero le expliqué que los familiares no teníamos por qué disfrazarnos.

Mimi iba a replicar, mas las palabras no le salieron y su piel palideció cuando no muy lejos de donde se encontraba vio llegar dos figuras con coloridos y extravagantes trajes.

—¡Ahí está Mimi! —exclamó una de ellas, corriendo hacia su dirección.

—Lo veo y no lo creo… —musitó la susodicha, estupefacta. El resto permaneció estático, aguantándose el expresar su alborozo.

—¡Hija! ¡Te extrañamos tanto! —chilló la señora Tachikawa, envolviendo a Mimi con ambos brazos. Su vestido de princesa rosa y con brillos, irradiaba tanta luz como su rostro maquillado.

—Mamá, papá… ¡¿Qué es esto?! ¿Por qué están vestidos así? —cuestionó Mimi, roja de la vergüenza, observándolos de pies a cabeza.

Sus padres la miraron confundidos.

—Pero si nos dijiste que era una fiesta de disfraces —se justificó el príncipe Tachikawa, enderezando su corona.

—¡No, no, no! —Mimi negó frenéticamente, haciendo balancear sus dos coletas—. Lo que dije fue que yo… que nosotros, no que ustedes… Ay, necesito sentarme —expresó casi entre jadeos, abanicándose el rostro con su sombrero.

Shin amablemente le arrimó una silla y Takeru decidió que podría hablar con ella en algún otro momento de la noche, después de todo, la velada recién estaba comenzando. Mientras los padres de Mimi intentaban calmarla —mejor dicho, sacarle el espanto— un ya-no-tan-pequeño Iori Hida llegaba, junto con su abuelo, luciendo un espectacular maquillaje de zombi. Entre tanto, en el medio de la pista, el pirata Taichi y Daisuke el ninja se batían a duelo con sus espadas de plástico, fanfarroneando con que uno era mejor que el otro y viceversa.

—Cuidado con esas espadas, no quiero tener que curarlos después —dijo sabiamente Jou, acomodando su túnica blanca. Ante sus palabras, Taichi y Daisuke detuvieron el combate y este último lo miró con desgano, alzando una ceja.

—¿De doctor? ¿En serio? Y yo que pensé que Takeru era el del disfraz más aburrido.

Al tiempo que Jou intentaba justificarse por su falta de originalidad, Sora contemplaba la escena con una amplia sonrisa, ¡cuánto había extrañado estar así con sus amigos! Y todavía tenía el plus de poder verlos disfrazados. Hikari y Miyako se encontraban a su lado y reían al igual que ella. Su madre había llegado hacía muy poco y había tomado asiento en una de las mesas junto a los otros padres y familiares. La noche era cálida y despejada, el mar estaba calmo y apenas se podía oír el sonido de las pocas olas, transmitiendo un sentimiento de profunda paz.

—¿Dónde está Yamato? —preguntó Taichi de golpe y la paz de Sora se esfumó—. Hey, Mimi, ¿tu novio a qué hora piensa llegar? —exclamó con fuerza; la susodicha se encogió de hombros, indicando desconocer la respuesta.

Takeru sonrió para sí con algo de malicia, fantaseando en lo genial que sería que Yamato no se apareciera. Mientras lo hacía, caminó hasta uno de los sillones donde solo se encontraba Iori y pronto comenzaron a charlar.

—¿Puedo sentarme? —pidió Koushirou y ambos asintieron—. Iori, ¿nos permites un momento, por favor? —solicitó educadamente y el joven se fue junto con Daisuke y compañía.

—¿Todo bien? —inquirió Takeru, mirándolo con curiosidad. Koushirou jugueteó un poco con el vaso de refresco que sujetaba en las manos, intentando buscar las palabras adecuadas; nunca había sido bueno para iniciar conversaciones no referentes a tecnología.

—Yo… hace tiempo que quería hablar de esto contigo, pero, eh… —No tardó en comenzar a ponerse nervioso y tartamudear. Sus manos transpiraban y decidió dejar el vaso sobre una mesa para así poder revolverse el cabello engominado. ¿Por qué le resultaba tan dificultoso hablar del tema?

Al ver su comportamiento, Takeru no tardó en adivinar adónde quería ir el pelirrojo y decidió adelantarse.

—Oye —comenzó, apoyando su mano en uno de los hombros de él—, estoy muy feliz por ti y Hikari. Ya lo hablé con ella, así que no te preocupes —aseguró, sonriendo.

—Sí, pero… yo siento que tendría que haberlo hablando contigo, antes de confesarle nada a ella —dijo Koushirou apenado; Takeru ladeó la cabeza, negando.

—Sé que no tuviste oportunidad; en serio que no hay rencores —aseguró el rubio. Tal vez en otra ocasión no se lo habría tomado tan bien, pero dadas las circunstancias, él sabía mejor que nadie lo difícil que era ocultar los sentimientos—. Hikari es una gran chica y sé que tú la cuidarás muy bien.

Koushirou sonrió aliviado.

—Sí, ella es maravillosa —suspiró, mirando con ternura a su pequeño ángel—. Gracias por ser tan buen amigo, Takeru.

Una vasta sonrisa se dibujó en el rostro de Hikari y sus ojos brillaron ligeramente. Si bien no había podido escuchar la conversación, era obvio por el rostro de ambos que todo había resultado bien.

—Ay, hermanita… —dijo Taichi, sentándose a su lado y pasando su brazo sobre los hombros de ella—. Ya me di cuenta.

La sonrisa de Hikari desapareció, para ser suplantada por una mueca de horror. ¿Acaso escuchó bien? ¡Taichi lo sabía!

—No puedes ocultarme nada a mí, te conozco demasiado —afirmó con orgullo. Hikari pasó saliva y cerró los ojos. ¿Qué alternativa le quedaba más que confesar? Además, Taichi no sonaba enojado, así que pensó: ¿por qué no? Inhaló profundo y…

—Sé que extrañas a Takeru.

—¿Qué? —La muchacha abrió los ojos y miró a su hermano con sorpresa.

—Es que, ¡es tan obvio! La manera en la que lo estabas contemplando…

Miyako y Sora intercambiaron miradas y acto seguido la apuntaron al suelo para evitar reírse. Hikari arqueó una ceja y se mordió el labio inferior.

—No estaba mirando a Takeru —aseveró con convicción.

—Por favor. —Taichi observó a su hermana, descreído—. No me mientas, ¿te gustaría que hablara con él? Quizás hoy ustedes podrían…

—¡No! —exclamó Hikari decidida, poniéndose de pie—. No quiero que te metas en mi vida, Taichi; te guste o no, ya crecí. —La severidad de su tono hizo a Taichi retraerse. La joven se cubrió los labios, cayendo en cuenta de lo que había dicho y lo más importante, cómo lo había dicho. No obstante, las carcajadas de su hermano de alguna manera la hicieron relajarse.

—¡Qué graciosa eres! —dijo el moreno, levantándose—. Por la manera en la que hablaste casi haces que te crea.

Hikari parpadeó algo confundida y una vez que Taichi se hubo alejado, se dejó caer en la silla.

—Nunca me toma en serio, por eso no le quiero contar lo de Koushirou —expresó cabizbaja.

Sora y Miyako se acercaron.

—Trata de entenderlo, Hikari —habló la pelirroja—, para él debe ser difícil ver que ya no eres una niña y siempre intentará protegerte.

La castaña asintió en silencio y se incorporó.

—Gracias, Sora. Ojalá algún día Taichi y tú vuelvan a estar juntos —expresó con dulzura y la "geisha" agradeció para sí que su maquillaje le cubriera su notable sonrojo.


—Takeru…

—¿Sí?

—Sé que lo que voy a decir sonará algo raro, pero, ¿te parece si nos tomamos algo? Como para celebrar, no sé…

El rubio dudó. Se había prometido dejar de beber, pero no podía negarle un trago a Koushirou… exacto, después de todo era solo un trago, ¿eso no dañaba a nadie, verdad? Así que decidió aceptar.

Ambos se dirigieron hacia la barra, donde Jun, sin si quiera preguntarles, les sirvió un líquido transparente —presumiblemente vodka— en dos shots. Koushirou observó el suyo con cierta desconfianza.

—¡Salud! —exclamó Takeru, vaciando el contenido del vaso de un solo trago. El pelirrojo dudó un momento, pero luego procedió a imitar a su amigo; decisión que lamentó cuando sintió al líquido quemándole sin piedad cada centímetro de su garganta y esófago.

—¿Estás bien? —quiso saber Taichi, uniéndoseles. Koushirou fingió una sonrisa y a continuación se excusó para ir al baño, cubriéndose la boca—. Pobre, se nota que no está acostumbrado —agregó el moreno y a continuación le solicitó a Jun que sirviera más bebida—. También ponle más a Takeru. —La muchacha así lo hizo y nuevamente ambos vasos estuvieron llenos.

El rubio observó los mismos y luego al chico junto a él.

—¿Puedo preguntarte algo, Takeru? —inquirió el joven y el susodicho asintió—. ¿Recuerdas cuando éramos niños y Yamato te sobreprotegía a cada momento? —Antes de escuchar la respuesta, Taichi tomó su shot y se lo bebió entero.

—Claro que lo recuerdo, ¿por qué?

El Yagami sonrió de lado y su mirada se perdió en el vaso vacío. Como si recordara con nostalgia, como si toda su infancia le hubiera pasado por delante en solo pocos segundos.

—¿En qué momento dejó de hacerlo? ¿Te acuerdas cuando todo era diferente y lo único en nuestras cabezas era simplemente salvar el mundo?

Takeru no supo qué contestar. Entendía que dada la situación, la melancolía se encontraba a la vuelta de la esquina y que, por lo visto, Taichi había sido alcanzado por ella.

—Supongo que solo crecimos… —dijo finalmente el basquetbolista, tomándose su vodka.

Taichi encogió los hombros.

—Sí, creo que es tan sencillo como eso. Por suerte mi trabajo con los niños me hace sentir joven, porque aunque crezcan y se vayan siempre vendrán nuevos, además me agrada no tener que ver cuando pegan el estirón y se vuelven más altos que yo, ¡como tú! —comentó riendo, dándole a Takeru un par de golpes suaves en su cabeza—. En fin, ya que nuestro DeeJay está retrasado, parece que me toca a mí iniciar esta fiesta —diciendo esto, se puso de pie y se desperezó; siendo seguido por la confusa mirada de Takeru, se acercó al lugar de karaoke y tomó el micrófono.

—Esto va a estar bueno —susurró el rubio para sí, acomodándose en la butaca.

Taichi tomó una gran bocanada de aire y aclaró su garganta.

—¡Buenas noches! —exclamó a todo pulmón, asustando a más de uno y llamando la atención del resto—. Amigos, familia… muchas gracias por estar con nosotros en este día tan importante. —A medida que su discurso avanzaba, los presentes comenzaron a acercarse—. En fin, no los hago esperar más. ¡Que comience la música!

Y con esas palabras el show dio inicio. Una melodía electrizante y pegadiza empezó a sonar a través de los parlantes. Pronto, el público comenzó a aplaudir animado, Taichi hizo un ademán al mejor estilo Elvis Presley y la letra de la canción salió de su boca, sin necesidad de leer el pequeño monitor que la iba mostrando. Nunca había sido el mejor cantante del mundo, pero la mayoría se movía en su lugar al compás de la música y también, agradecieron el gesto del muchacho por ser el primero en "romper el hielo". Hikari tomaba fotografías con entusiasmo y reía cuando se las enseñaba a Sora o Miyako. Takeru observaba todo desde su asiento en la barra y pronto alzó la cabeza para buscar a Mimi. No tardó en encontrarla; la castaña se había apartado un poco del grupo y contemplaba el show desde atrás, contra el barandal. El Takaishi pensó que quizás sería una buena oportunidad para entablar una conversación —ya que los demás estaban más que entretenidos con el "concierto" de Taichi, y Yamato aún no había llegado— así que tras tomarse otro shot de vodka, se apresuró para llegar a su lado.

—¿Qué haces sola? —preguntó para iniciar la charla. Ella se encogió de hombros.

—Nada, solo pensaba… —habló casi susurrando, con el semblante preocupado. Takeru la observaba algo inquieto y con detenimiento, intentando adivinar qué corría por la mente de la castaña.

—Me gusta tu disfraz —comentó él sonriendo, causando que ella hiciera lo mismo. Adoraba verla de esa manera.

—Gracias. Te dije que te traería nostalgia.

—¿Y no vas a decir nada del mío? —inquirió él con ironía—. Lo sé, es patético. —Mimi iba a replicar, pero él se adelantó—. Y sé que me lo recordaste muchas veces, pero… estos días han sido algo complicados para mí.

Ella lo miró, sonriendo de lado.

—Te ves bien.

Takeru se sonrojó ante el cumplido. Inhaló profundo; vio una buena chance para preguntarle alguna de las tantas cosas que lo inquietaban.

—Mimi. —Ella le esquivó la mirada. Sospechaba qué giro estaba a punto de dar la, hasta ese entonces, amena conversación y le fue imposible no sentir cierta tensión. Takeru separó los labios para proseguir, pero fue interrumpido por una capa roja que golpeó su cara. Más que desconcertado, estiró sus manos para despejar su rostro y lo que vio le hizo desear haberse quedado quieto. Yamato, con un ajustado disfraz de Súperman, se encontraba besando a Mimi con mucha soltura; Takeru sintió un calor desagradable que le subió desde el estómago. No tenía más nada que hacer ahí, así que decidió volver con el resto del grupo, no sin antes pedirle a Jun un par de cervezas.

—Para ti y ¿para? —preguntó ella, entregándoselas.

—Para mí.


—¿Qué haces? —cuestionó Mimi, apartando a su novio y limpiándose el exceso de saliva.

—¿Qué? —Él no comprendió.

—Llegas tarde y me asustas así —dijo ella, poniéndose una mano en el pecho y buscando a Takeru con la mirada. El haber sentido unos labios sobre los suyos de esa manera tan precipitada, la había hecho creer, por una milésima de segundo, que el causante había sido el rubio menor.

—Perdón, el tráfico estaba pesado.

—¿Qué diablos tienes puesto? Prometiste que ibas a venir de vaquero igual que yo.

—Sí, pero, el único traje de cowboy que había me quedaba algo grande. Además, tú eres la vaquera original.

—Ajá —expresó ella cortante, cruzándose de brazos.

—¿Qué te pasa?

—¡Nada! —exclamó Mimi, elevando el tono de voz.

—¿Y por qué estás histérica?

Mimi se echó hacia atrás, irguió el cuello y lo miró fijamente.

—¿Perdón? —Intentó sonar calmada.

Yamato rodó los ojos.

—Nada. Supongo que estás con el mes. —El Ishida no fue consciente de que eso fue lo peor que le pudo haber dicho. Mimi sintió un manojo de sentimientos, agachó la cabeza e intentó serenarse. No fue capaz. Su ira comenzó a esparcirse por su cuerpo como electricidad, hasta concentrarse en una de sus manos. Por fortuna, la canción de Taichi aún continuaba en ese momento; de lo contrario, más de uno se hubiera volteado al escuchar el sonido seco sobre la mejilla de Yamato.

Takeru se encontraba terminando la primera de sus cervezas, cuando le pareció ver a Mimi corriendo hacia el baño. Preocupado, volteó de inmediato buscando con la vista a Yamato, quien estaba solo en el fondo del salón, frotándose el cachete. Decidido a averiguar lo ocurrido, el Takaishi comenzó a caminar hacia el tocador de damas, pasando por delante de Taichi.

—¡Takeru! —exclamó el moreno, haciendo que el rubio se detuviera—. Gracias por ser voluntario para cantar la siguiente.

—¿Eh? No, yo… —Pero antes de que pudiera rechazar el ofrecimiento, Taichi le pasó el micrófono y todos lo aplaudieron. Suspiró resignado, no tenía alternativa.

Cuando finalmente la canción de Takeru terminó, Yamato se dirigió a la consola de música donde se disculpó por el retraso y no demoró en hacer sonar una de las canciones más populares del momento, provocando que la mayoría de los presentes comenzara a bailar. Takeru tomó asiento en uno de los sillones, no tenía ánimo para unirse a la celebración. Desde donde estaba, pudo ver a Mimi saliendo del baño y luego, tomando asiento junto a Sora.

—¿Por qué no estás bailando? —preguntó la castaña.

—No sé, yo…

—¡Oh, por Dios! —exclamó Mimi, mirando hacia la entrada.

—¿Qué? —interrogó Sora, curiosa.

—Ahí está Ken. No pensé que fuese a venir.

—¿Y por qué no?

—¿No lo sabes? —Mimi se acercó más a la pelirroja y miró a su alrededor para asegurarse de no ser oída por nadie más—. Cuando él y Miyako todavía salían, ella comenzó a verse con Daisuke a escondidas —susurró. Sora abrió los ojos como platos—. Y Ken no se ha hablado con ninguno de los dos desde entonces.

—Oh… —balbuceó la geisha.

—No lo culpo. ¿Te imaginas? Su mejor amigo y su novia… Sé que Miyako es mi amiga y todo pero, lo que hizo fue horrible. Lo que hicieron.

Sora pasó saliva y su ritmo cardíaco se aceleró notablemente. ¿Por qué Mimi le contaba aquello? ¿Casualidad o una no tan sutil indirecta? Sora estaba tan paranoica que ya no sabía qué creer. Se sentía acorralada, atrapada. Mimi seguía parloteando del tema, pero ella había dejado de oírla hacía rato. Sin aguantar más, se puso de pie y dejó a la castaña hablando sola. Pasó por al lado de Yamato y le hizo una seña para que la siguiera. El rubio no comprendió, pero Sora lucía casi desesperada, así que puso otra canción popular a sonar y se alejó de la consola.

—¿Qué ocurre, Sora? —preguntó, una vez que estuvieron lo bastante lejos de la multitud.

La pelirroja daba vueltas en círculo, pronunciando "no puede ser" una y otra vez.

—¿Qué no puede ser? ¿Qué pasa? —Yamato comenzaba a preocuparse en serio.

—¡Mimi lo sabe! —chilló Sora, deteniéndose frente a él y sacudiéndolo por los hombros. Él se rió.

—¿Qué dices? Por supuesto que no —dijo, despreocupado.

—¡Sí! Ella empezó a contarme de que Miyako había estado con Daisuke mientras aún estaba de novia con Ken y siguió y siguió y reiteraba lo horrible que es ser traicionado así por dos personas tan queridas para uno y… —Sora comenzó a alterarse nuevamente. Yamato permaneció estoico.

—Cálmate —le dijo con firmeza—. Es solo una coincidencia, ¿de acuerdo? Hablé con Mimi hace un rato y la verdad sí la noté algo alterada, pero no puede ser por lo nuestro. Sabes cómo es ella, si lo supiera nos hubiera confrontado, nada de indirectas.

Sora se agarró la cabeza con ambas manos y poco a poco se fue acercando al piso, hasta quedar en cuclillas.

—Tenemos que decírselo. Hoy, ahora. Ya no puedo con esto.

Yamato se agachó y ayudó a la joven a ponerse de pie.

—No estás siendo razonable, escucha, vamos a…

Sora lo miró expectante, no entendía por qué Yamato se había callado de pronto. Hasta que se dio la vuelta poco a poco y lo comprendió.

Takeru se encontraba ahí. Mirándolos con desprecio, ese desprecio que desgraciadamente Yamato ya le había visto más de una vez.

—¿Tan temprano y zorreando?

—Zorra Takenouchi… —susurró Sora, ensimismada.

Takeru la oyó y se echó a reír.

—Guau, ¡qué buen apodo! Ni a mí se me hubiera ocurrido uno mejor.

Yamato miró a ambos y se interpuso.

—Sora, ¿qué dices? Y Takeru, ¡solo estábamos hablando!

—Mira, ¡no me interesa! Quítate que obstruyes la puerta del baño —diciendo esto, el rubio menor pasó por al lado de su hermano, pechándolo por el hombro.

—Zorra… —comenzó Sora nuevamente.

—¡Basta, Sora! Tú no eres ninguna zorra. Ya hablamos de esto, nosotros solo… nos dejamos llevar. Mira, no hablaré con Mimi hoy, lo último que deseo es arruinarle la fiesta por la que tanto trabajó. Pero se lo diré mañana sin falta, quiero que se entere por mí y no por alguien más.

La pelirroja asintió, saliendo de su "trance".

—Está bien, pero a mí también me gustaría estar presente.

—No me parece la mejor de las ideas, pero si es lo que quieres...


Takeru suspiró con cierto alivio al notar que cuando salió del baño, tanto su hermano como Sora ya no se encontraban allí. Casi sin querer, los buscó con la mirada: Yamato estaba junto a la consola musical, y la pelirroja sentada en la barra con Jou y Taichi.

El rubio volvió al sillón que había ocupado con anterioridad y se recostó en él, sin dejar de observar alrededor. Los padres de Mimi pasaron bailando por su costado, riendo y halagándose mutuamente. Takeru sonrió de lado. Sabía que la castaña se sentía avergonzada por la actitud de sus progenitores, pero, él daría lo que fuera por poder ver a sus padres de esa manera. Era su sueño más profundo: volver a ser la familia que alguna vez fueron. Por desgracia, tenía más que claro que tal cosa no ocurriría jamás y eso lo hacía sentirse compungido demás. Soñar con situaciones así resultaba absurdo, sí, pero al menos era algo que nadie podría quitarle…

—Hola.

Takeru olvidó sus pensamientos y levantó la vista hacia la dirección de aquel saludo; la única persona capaz que hacerlo sonreír con sinceridad le miraba con cierta picardía.

—Hola… —musitó él.

—Ven —dijo Mimi, tomándolo de la mano y guiándolo hacia la pista—. Bailemos —pidió, al tiempo que lo abrazaba; la canción que estaba sonando en ese momento era una melodía lenta. Takeru exhaló profundo, al tiempo que cumplía el capricho de la joven.

Ella pronto se acurrucó en su pecho y comenzó a hablar de cosas triviales, como lo bella que era la tonada o de lo cálida que estaba la noche. Él solamente asentía. ¿Sería posible detener el tiempo? Por un lado, le agradaba que ella actuara como si nada, como si todo fuera igual. Por otro, quería sacudirla y obligarla a hablar, y besarla y que todos lo supieran.

—Eres mi mejor amigo, lo sabes, ¿no? —cuestionó la castaña. Él asintió nuevamente—. Yo… lo último que quiero es perderte y…

Takeru la apartó con delicadeza, tomándola por los hombros y mirándola fijo.

—No quiero que digas eso. Ni siquiera quiero que lo pienses. Nunca me perderás —habló con total firmeza. Mimi sonrió mostrando cada uno de sus dientes y volvió a abrazarlo, fuerte, muy fuerte. Él también lo hizo así y zambulló su rostro en el cabello de ella, embriagándose con ese aroma a cítricos con algún tipo de flor que nunca había podido descifrar. De pronto, un olor a humo opacó su confortable posición; Yamato los observaba con recelo desde la consola musical al tiempo que fumaba un cigarrillo. Takeru iba a decir algo, pero calló. No permitiría que nada arruinara aquel momento con Mimi; aunque ella fuese su novia, aunque él fuese su hermano.

—Quiero que sepas algo más —declaró, aferrándola—. No importa qué pase, o dónde estemos, o, lo que sea… siempre puedes contar conmigo, ¿entendiste? —Intentó que no sonase como una orden, no obstante, fue casi inevitable. Mimi susurró un leve "ajá" y le acarició la espalda.

Continuaron bailando en silencio unos momentos más, hasta que la canción terminó y fue bruscamente sustituida por una estruendosa, energética y eléctrica, cortesía de Yamato. Poco a poco separaron sus cuerpos y sus miradas se cruzaron. Takeru se acercó y le dio un tierno y fugaz beso en la mejilla. Mimi soltó una risita sofocada y acto seguido se dispuso a marcharse, pero él la detuvo y se aproximó a su rostro nuevamente. Ella temió lo peor.

—¿Averiguaste si estás o no embarazada? —Se había contenido de preguntarle desde que la había visto esa noche, pero ya no aguantaba la incertidumbre, ni por un segundo más. Cerró los ojos con fuerza y esperó. Ella lo miró con entereza.

—Sí —dijo sin titubear.

Takeru sintió el suelo a sus pies desvanecerse. Su peor pesadilla se había vuelto realidad… ¿o no? Abrió los ojos de golpe.

—¿Lo averiguaste o lo estás?

Mimi inspiró profundo y pasó saliva, dispuesta a contestar.

—¡Ah! ¡Me encanta esta canción! Mimi, ven a bailarla conmigo. —Los chillidos de Miyako hicieron aparición tan de golpe que antes de que Mimi o Takeru pudieran reaccionar, la Inoue ya había arrastrado a la castaña al centro de la pista.

El rubio masajeó su sien; nuevamente estaba en cero. Resignado, decidió ir por otra cerveza y luego volvió a aquel sillón, donde al menos podría observarla tranquilo, disfrutando de su bebida.

—¿Te importa si te hago compañía un rato? —solicitó Hikari, inclinándose hacia él. Takeru accedió, invitándola a sentarse a su lado. Al parecer, aquella noche todos tenían algo para decirle—. Quería agradecerte por haber hablado con Koushirou.

—No tienes por qué. Además, simplemente le fui sincero.

—Sí, pero, para él fue muy importante poder escucharlo de ti; tener tu "bendición" por así decirlo —explicó ella, riendo un poco al final de la frase.

—De verdad me alegro por ustedes, en especial por ti —afirmó, mirándola—. Y si te hice daño lo siento, pero al verte tan feliz ahora… Dudo que yo pudiera haberte dado esa felicidad.

—Supongo que nunca lo sabremos… —susurró Hikari, acurrucándose en uno de los hombros de él y mirando hacia el frente—. ¿Y qué hay de ti?

—¿Qué hay de mí? —preguntó el rubio, curioso, dándole un trago a su cerveza.

—¿Crees que no lo noté? Te conozco como nadie, Takeru Takaishi —destacó ella, manteniendo su posición.

—¿De qué estás hablando? —Takeru de verdad no comprendía.

—¡Pues de Mimi! —exclamó la pequeña castaña, como si fuera lo más obvio del mundo. La botella de cerveza a medio terminar cayó a un costado y el rostro de Takeru se tornó blanco cual papel—. ¿Estás bien? Parece que hubieras visto un fantasma.

—No, esto es mucho peor… —musitó él, atónito.

—Descuida. No se lo he dicho a nadie y no pienso hacerlo.

Takeru iba a replicar, pero Hikari lo miró alzando las cejas, dando un claro mensaje de "ni siquiera intentes negarlo". El rubio hizo su mayor esfuerzo por volver a sus cabales y respiró profundo, dejándose caer por completo en el asiento.

—Debes estar pensando que estoy demente —mencionó, sujetándose la cabeza.

—Estoy pensando en demasiadas cosas…

—Ni te molestes. Es mucho más complicado de lo que puedes llegar a imaginarte.

—Takeru… —Hikari lo miró afligida—. Recuerda que somos amigos otra vez, si quieres hablar al respecto…

—No puedo —lamentó él, ladeando la cabeza—. Me encantaría contarte, pero, por ahora no. Involucra a muchas personas… y, prefiero tener discreción por el momento.

—Pues, si es tan grave como dices te va a hacer mal guardártelo… —opinó la castaña.

—Te prometo que cuando pueda hablar serás la primera a quien le diga todo —aseguró Takeru.

Hikari intentó creerle y le dedicó una mirada compasiva antes de dejarlo solo, con su torbellino de pensamientos.

—Vaya fiesta… —dijo para sí mismo, antes de ponerse de pie. Caminó hacia la barra con la cabeza gacha y cuando estaba por pedirse otro trago, algo a su lado lo hizo detenerse. Mimi estaba a punto de darle un sorbo a su cerveza, cuando la mano de él se lo impidió, causando que la botella cayera al suelo, rompiéndose en varios trozos.

—¿Qué rayos…? ¿Cuál es tu problema? —lo retó ella, molesta. Él no supo qué contestar y empezó a balbucear. ¿Cómo responderle cuando él mismo no tenía idea de por qué lo había hecho?

—¿Qué ocurre, Mimi? —quiso saber Yamato, haciendo aparición detrás de ella.

—Nada, solo… —dijo, mirando a Takeru— se me resbaló la botella.

—Ah. Miyako mencionó que me estabas buscando.

—¡Sí! Tengo que hablar contigo, ven —manifestó, tomándolo de la mano y llevándolo lejos de la escena.

Takeru permaneció inmóvil hasta que Jun llegó para juntar los pedazos de vidrio.

—Si serás torpe… —musitó ella entre dientes.

—Lo siento, es que… quería evitar que Mimi pasara un mal momento, suele caerle mal el alcohol —mintió.

—Era cerveza sin alcohol, Einstein —resopló Jun con ironía.

La puta madre. Takeru sabía muy bien lo que eso significaba. Ya no quedaban dudas… Buscó a la joven con la mirada y lo último que pudo ver fue cómo desaparecía tras la puerta del baño de hombres junto con Yamato.

¡A la mierda todo!

Aprovechando la distracción de Jun y Shin, el Takaishi hurtó una de las botellas de vodka a la cual le quedaba poco menos de la mitad y bajó las escaleras del recinto para sentarse en la arena de la playa y comenzar a beber, casi sin respirar, aquel licor incoloro de procedencia rusa.


—¿Qué estamos haciendo en el baño de hombres y por qué le pusiste seguro a la puerta? —inquirió Yamato, mirando en todas direcciones.

—No quiero que nadie nos interrumpa —replicó ella, acercándose.

Yamato sonrió, aún confundido. ¿Qué pervertida idea tenía su novia?

—Tenemos que hablar.

El rubio retrocedió, inseguro. Las tres palabras más temidas para un hombre acababan de ser pronunciadas por Mimi.

—¿De qué?

—Mira, sé que no es el mejor momento para traer esto a colación. Esta noche es tan importante para mí como para todos; pero si no hablo ahora me voy a sentir mal y… sabes cómo soy, no me gusta guardarme las cosas que me pasan.

—Me estás asustando, ¿qué es tan importante que no puede esperar?

Mimi se acercó a él nuevamente, tomó sus manos entre las suyas y lo miró seria. Inhaló a toda su capacidad y prosiguió:

—Necesito un tiempo.


La botella vacía rodó por sobre sus pies y Takeru la tomó para arrojarla a un cubo de basura cercano. Para su grata sorpresa —ya que a esa altura divisaba al menos tres cubos— la misma entró y él se jactó de ser un gran basquetbolista, aun en esas condiciones.

Con las fuerzas que le quedaban, se incorporó tambaleante y emprendió el corto camino que lo llevaba hacia el local. Al llegar, tosió un poco y comenzó a buscar la salida. Todo marchaba según su recientemente elaborado plan: se iría, buscaría un taxi y dormiría hasta que le fuera posible. Por desgracia, el micrófono del karaoke apareció justo frente a sus ojos y un nuevo plan se puso en marcha. No se iría hasta dejar unas cuantas cosas en claro…

Pronto se escuchó un ruido agudo de acople, al momento que puso el aparato entre sus manos, causando que la mayoría de los presentes dejara de bailar o comer, para prestarle atención. Pensando que cantaría una canción, Koushirou se aproximó a la consola y apagó la música que sonaba en ese momento. Todas las miradas estaban puestas sobre Takeru, quien río tontamente y comenzó a hablar.


—¿Qué? —tartamudeó Yamato.

—Necesito un tiempo —reiteró Mimi, nerviosa.

—¿Un tiempo para qué?

—¡No lo sé! ¿Para mí? Para pensar, para descubrir realmente lo que sientes… no estoy segura, solo sé que esto así no va más.

Yamato se sintió morir, mas hizo su mayor esfuerzo por guardar la calma.

—A ver si entendí, ¿estás terminando conmigo?

Ella asintió, mordiéndose los labios. El rubio se echó hacia atrás, hasta que su cabeza y espalda chocaron con la pared.

—Lo siento mucho —susurró Mimi, aguantando las lágrimas.

—¿Acaso Takeru te dijo algo? —cuestionó Yamato, recordando las palabras de Sora. Quizás después de todo Mimi sí sabía la verdad…

—¿Tú sabes lo de Takeru? —Mimi estaba atónita. ¡¿Cómo podía ser que Yamato supiera lo que Takeru sentía por ella?! ¿Se habría dado cuenta? ¿Takeru se lo habría dicho?

—¡No puedo creer que te lo haya contado! —exclamó él, dándole un cabezazo a la puerta. Mimi se asustó, ahogando un pequeño grito—. Mimi, yo te lo puedo explicar todo…

¡Hola! ¿Hay alguien en el baño? ¿Eres tú, Yamato? —Se escuchó desde el otro lado. El susodicho suspiró hondo.

—Sí, Taichi, ¿qué pasa?

¡Takeru está ebrio! Más vale que vengas.

—¡Mierda! —chillaron ambos y se dispusieron a salir del baño. Taichi rió por lo bajo, creyendo que había interrumpido un momento romántico.

—Oh, pero si ahí están —dijo Takeru, aferrando el micrófono. Sus movimientos eran torpes y hablaba arrastrando las letras y alargando las vocales—. Mi hermano perfecto y su novia… Mimi. ¿O no es así? Déjenme decirles, ¿han oído la frase "no hay dos sin tres"? Bien, ahí están los dos, pero démosle un aplauso a la tercera… ¡Sora!

La aludida quedó petrificada. Mimi miró a ambos, descreída. Yamato avanzó.

—¡Voy a matarlo! —amenazó a gritos, pero fue sujetado por Taichi.

—¿Qué les pasa? ¡Aplaudan! —exigió Takeru—. Oh, no no, esperen que aún no les digo la mejor parte, ¿adivinen quién va a ser mamá?

—No… —musitó la vaquera.

—¡Mimi! —anunció el rubio, desplegando sus brazos.

En ese momento, todos los presentes quedaron boquiabiertos. La señora Tachikawa se desmayó y fue auxiliada de inmediato por su esposo y Jou. Yamato aprovechó la conmoción general para zafarse del agarre de Taichi.

—¿¡Estás embarazada!? —le gritó a Mimi en el oído.

—¿¡Me engañaste con Sora!? —preguntó ella llorando, con la voz entrecortada.

Hikari pareció reaccionar y mandó a Koushirou al rescate.

—Takeru, entrégame el micrófono —dijo él, con su típica serenidad.

—¡No! ¡Aún tengo cosas para decir!

—Vamos, dámelo —demandó, intentando arrebatárselo.

—¡No! ¡Hikari dile a tu novio que se comporte!

—¿¡Qué cosa!? —Esta vez fue Daisuke quien tuvo que sujetar a Taichi con todas sus fuerzas. El micrófono golpeó el suelo y Takeru vio la oportunidad perfecta para escabullirse.

Ahora, todo estaba más claro que el agua. El efecto del alcohol se le había evaporado —o eso creía, pues se encontraba empapado en sudor— y Takeru era más que consciente de lo que acababa de ocurrir. Corrió para tomarse el primer autobús que encontró y luego un taxi hasta el apartamento de su madre.

Se sentó en la tina, desnudo, y dejó que el agua fría lo bañase por completo, váyase a saber por cuánto tiempo. Cuando sintió que estaba por padecer de hipotermia, salió y se vistió con lo primero que encontró. Apagó todas las luces y prendió el stereo. Sus planes de dormir como piedra se habían esfumado, así que sabiendo que no conciliaría el sueño esa noche, simplemente se quedó sentado en el sofá, con los ojos abiertos.

Algunos momentos después, el insistente sonido del timbre lo hizo incorporarse de mala gana. Quizás se tratara de Yamato, aunque si era así, obviamente no le abriría. Observó por la mirilla de la puerta y retrocedió de inmediato. No, sus ojos y su cerebro le estaban jugando una mala pasada.

¿Takeru?

Podría reconocer aquella voz donde fuera. Abrió la puerta de golpe y tras ella, Mimi Tachikawa, con su rostro casi irreconocible de tanto llorar, aguardaba.


¡Ahhhh! ¡Estoy feliz porque al fin terminé este capítulo! Que me quedó tan... tan... no sé, ustedes dirán. Y es que, ¡pasaron tantas cosas! Ahora sí toda la verdad fue revelada y no hay vuelta atrás.

¿Qué decir? No tengo palabras, estaba esperando escribir esto desde que empecé con la historia (la cual me ha tomado más tiempo del que quisiera) y finalmente lo hice. En fin, esperaré con ansias sus opiniones ^^. Este capítulo también venía con dibujito pero aún no está pronto y bueno, quería subirlo de una buena vez así que cuando esté editaré y subiré el link.

Nos acercamos al final; sinceramente, no sé si faltan uno o dos o tres capítulos, eso lo veré mediante escriba y bueno, ver qué deciden hacer los personajes porque a esta altura ya piensan y actúan por su cuenta. En fin, como siempre agradecer sus hermosos reviews del capítulo anterior a: Sybilla's song, Llun, IVYMON, Mor, MimatoxLove, Viviana, Osiris, mag, asondomar, Lilith y Neko-Sandie. GRACIAS MILES :D Saben lo feliz que me hacen.

¡Hasta el cap que viene! (ojalá sea antes de año nuevo, pero lo dudo)

PD: Sobre lo de Zorra, no, no la odio xD Aunque en su momento no me caía muy en gracia debo admitir, jaja. Es solo que siento que Sora es una persona que se juzga a sí misma todo el tiempo y me pareció un buen apodo que se pondría a ella misma, dada la situación.