Lamento el retraso, pero el fantasma que me persigue desde hace un anio no es facil de dominar, y hay dias en que en realidad no tengo animos ni de abrir mi computadora, pero cumpliendo con mi promesa de terminar mis historias, aquie les dejo lo que seria el ultimo capitulo de esta... agradesco mil por sus reviews y por no olvidarse de mi a pesar de mi tadanza y mis horrors de ortografia, ojala esta historia haya sido de su agrado, y pues me paso con la s territanas para terminar mi otra histOria que la tengo abandonada... bendiciones mil. y gracias a todos los que me leen y me regalan unos minutos de su tiempo... espero leernos pronto en alguna otra historia pero no subire hasta que este terminada para no retrasarme con los capitulos... NOS LEEMOS LUEGO! AKIREM.


Capitulo 13

El desayuno termino pero Albert apenas si había probado bocado, Candy estaba ahora sirviendo el café y acercándose deposito la taza justo frente a él, aunque él no podía dejar de ver… lo que ella exhibía, ella tomo su propia taza y volvió a tomar su lugar, se estaba desesperando, Albert era un caballero por supuesto, pero ella descubrió algo escondido en él y quería volver a tenerlo… se estaba impacientando, así que recordando uno de sus muchos descubrimientos en el salón de jade decidió probar suerte.

Se puso de pie y contoneándose se acercó a Albert quien desvió por primera vez la vista que mantenía sobre ella, entonces tomo el café frente a él y lo empujo dejando el espacio, sin pensarlo dos veces se volvió de espaldas dejando la mesa justo a mitad de su trasero, entonces se empujó a sí misma para quedar sentada justo en el lugar en que había estado el café de Albert, coloco una pierna a cada lado de la silla del hombre que la miraba completamente sorprendido, y apoyándose hacia atrás en sus brazos lo miro con picardía mientras el observaba su entrepierna cubierta por un ligero calzón que apenas cubría su trasero, demasiado fuera de lo tradicional pero perfecto para su propósito.

-deseas algo más?- le pregunto coqueta viéndolo tragar forzadamente y agitando su cabeza lentamente de lado alado, entonces supo que era ella quien debía tomar el mando, se incorporó y se inclinó hacia el frente hasta que su rostro quedo a la altura del de Albert, el no dejaba de sorprenderse, entonces lo tomo por el cuello de su camisa y lo jalo hasta que sus labios se apegaron a los suyos, comenzó a besarlo y el no tardó en responder, cuando sintió que el al fin estaba mostrando pasión, quito sus altos tacones del asiento y se empujó para caer a horcajadas justo sobre los muslos de Albert muy, muy cerca de donde podía ver que su hombría ya despertaba.

Albert estaba totalmente cegado por la pasión, ver a su Candy comportándose de aquella manera solo para el… porque ahora sabía que solo el había visto esa faceta en ella, lo tenía completamente excitado, sintió sus labios cálidos dominando los suyos y no pudo negarse a corresponder a su beso, después sintió su peso sobre las piernas y el calor que ya sentía en la entrepierna creció, no podía controlar lo que sentía, ni lo que deseaba, pero algo en su interior le grito que debía detenerse, ya una vez había caído bajo su pasión, no debía volver a dejarse manipular por ese sentimiento, él amaba a Candice y debía demostrárselo deteniéndose y comportándose como un caballero, aunque como dijera George… eso era un acto digno de un santo, mas con sus pensamientos él estaba muy lejos de serlo.

-Candy… no, espera pequeña… no debemos…- le costó un mundo detenerse y decirle aquellas palabras, y se sintió pésimo al ver la vergüenza y la desilusión reflejadas en su bello rostro.

- Te doy asco verdad?- le pregunto ella ocultando su rostro entre sus rizos libres.

-No, pequeña no es eso… es solo que…- no sabía cómo explicarse, como hacerle entender sus verdaderas intenciones.

- No tienes que mentir, se en lo que me he convertido al huir con un hombre sin haberme casado, al haber trabajado en un salón para caballeros, sé que no soy digna de ti, y aunque eso no hubiese ocurrido, tu jamás hubieses elegido a una huérfana sobre una dama de sociedad y apellido distinguido…. Lo se Albert sé que no debo aspirar a nada contigo, pero que puedo hacer?, te amo, te amo y estoy dispuesta a aceptar ser solo tu amante, no importa que solo sea mientras encuentras a la dama digna de ti… o quizá me rechazas porque ya la has encontrado y no deseas faltarle… es eso Albert?.- lo miro a los ojos y sus verdes pupilas ya estaban empañadas por el llanto, Albert se sentía feliz al escucharla confesado su amor a un sin estar en la cama.

-Pequeña… jamás pienses eso, para mí no eres inferior a nadie, sin embargo debo darte la razón en dos cosas… he encontrado a la mujer que deseo como esposa y también es verdad que no deseo faltarle, es por eso que no puedo estar ahora contigo… mucho menos tomarte como mi amante.

-A..Albert…, yo, yo, perdóname, si lo hubiera sabido no hubiera, o Dios mío!, realmente soy una cualquiera…- sentía vergüenza de sí misma, deseaba salir de aquella habitación y arrojarse al mar donde nadie pudiera encontrarla… trato de ponerse de pie pero el la retuvo sosteniéndola de la cintura para que continuara en sus piernas.

-Pequeña, no mal interpretes lo que te estoy diciendo… tú no eres nada de lo que has mencionado, Candy... porque haces esto?.

- siempre fuiste tú…, tu, te amé desde niña pero sabía que no podría ser, tú eras demasiado correcto como para fallar aceptándome o enamorándote de tu pupila, prácticamente eras mi padre, pero no podía evitarlo, en mi corazón sentí que debía confesarte mi amor y dejar que fueras tú el que decidiera, me sentí animada cuando Annie me hiso notar que era tu favorita, que siempre cumplías mis caprichos… yo creí que debías sentir algo por mí y por ello fue que aquella noche... te bese, pero apareció ella, la mujer que los ancianos y la abuela Eloy habían escogido para convertirse en tu esposa, aquella noche no lo sabía, pero ella me lo dejo claro un poco después, fue por eso que me refugie en Terrece, quería ver si te hacía sentir lo que yo sentía cuando ella se te acercaba, cuando se agarraba de tu brazo, pero tú fuiste tan distante que termine creyendo en las palabras de Terrece y pensé que me había enamorado de nuevo, entonces me esforcé por dejar de prestar atención en tu relación con Eliza, y cuando Terrece me dijo que huyera con el no pensé … sabía que pronto te casarías y decidí que yo también sería feliz, pero no deseaba que me olvidaras por eso decidí huir la noche de tu compromiso, El me ofrecía una vida lejos de América… y yo creí que lo amaría más que a ti…. Pero fue imposible, en cuanto intento tocarme… supe que jamás lograría amarlo…, cuando llegamos a Londres supe que algo no iba bien, pero quise tener fe, entonces cuando el busco la manera de… que fuera su amante, lo único que pensaba era en ti, en no fallarte… en mantenerme casta aunque tú nunca lo supieras… Albert yo…te extrañaba tanto… te amaba tanto… te amo.. Y por eso yo… yo no fui capaz de estar con ningún hombre, Jade lo supo y por eso me protegió… yo… quería que tu fueras mi primer hombre… aunque ese día nunca llegara. Por eso ahora que he tenido la oportunidad de cumplir mi más anhelado sueño… no me he detenido… hago esto porque lo he deseado desde hace muchísimo tiempo, el mismo tiempo que te he amado a pesar de todo.

-Pequeña…- la miro con tanta ternura al escuchar su confesión que le dolía no poder amarla en ese momento como deseaba…- Perdóname por haber… anoche… cuando supe que eras virgen… me sentí un canalla por haber dudado de ti, yo me deje llevar y pensando que tu…, quise engañarme y creer que estaba soñando, pero en el fondo sabía que un sueño no podía sentir tu aroma… que no podía sentir tu piel de esa manera tan real, pero deseaba tanto estar contigo que quise seguir engañado hasta que me topé con… tu virginidad, entonces supe que me había comportado como un canalla, cuando me dijiste que me amabas… enloquecí tanto que no me importo lo que pudieras pensar de mi… solo deseaba hacerte mía, mía y que no pudieras pertenecer a nadie más.

-entonces…. Porque me dejaste, porque te fuiste?..

-Porque tenía miedo de ver la verdad, porque creí que tu confesión era solo por la pasión del momento, porque creí que al despertar me juzgarías como un canalla por haberme aprovechado de ti…

- No, nunca lo hubiera hecho, yo te amo… y aunque tu no..

-Yo también te amo… anoche te lo dije y ahora te lo repito nuevamente… te amo… y siempre te he amado… annie no se equivocó al decirte que eras mi favorita, y aquella noche que me besaste… yo creí que al fin tendría una oportunidad, pero después llego Eliza… y tú te fuiste… y jamás volviste a verme, me evitabas, me huías y cuando … el apareció robándote de mí… creí que todo había sido una confusión y quizá ese beso jamás había existido…

-Albert yo solo quería huir porque sufría al verte con ella… pero jamás he podido alejarte de mi mente, de mis pensamientos… ese beso que te robe… nunca permitió que otros labios me llenaran… fui mala por hacerle creer a… Terrece que podría llegar a amarlo… quería engañarme a mí misma repitiéndolo constantemente.

Ambos se quedaron mirando fijamente, entonces se dieron cuenta que su amor no se podía ocultar… quizá si se hubiesen visto a los ojos anteriormente… todo hubiera sido diferente.

-Es demasiado tarde para ambos verdad?...- suspiro sin dejarlo de ver a los ojos.

- porque dices eso?...

-Tú has encontrado a la mujer que será tu esposa… me lo has dicho hace un momento, y yo he arruinado mi reputación… haciéndome indigna hasta de ser tu amante…- agacho la mirada avergonzada y la posición en la que se encontraba no le ayudaba mucho.

- Mírame…- le pidió tomando su barbilla y haciéndola verlo a los ojos nuevamente.- la mujer que quiero como esposa la encontré hace mucho tiempo… es verdad que me sentí un poco intimidado al ver la diferencia de edad y al notar que casi era tu padre adoptivo, pero con una inocente esperanza me negué a aceptarlas como mis pupilas, se menciona así porque soy el patriarca, pero su verdadero tutor es la abuela Elroy… además ella las tomo solo bajo su custodia.. Jamás las adopto como Andreys… pensó que a ustedes les gustaría conservar el apellido de su familia.

- Albert que estás diciendo?...

-George me lo confesó,…Candice White… mi corazón te eligió desde la primera vez que te vi, no he podido ni podre amar a nadie más y lo único que pedía era la oportunidad de decírtelo, y se me concedió, ahora… a pesar de que no es de la forma en que siempre lo desee… te pido que aceptes ser mi esposa…

-Albert!, estas… debes pensarlo mejor… yo no… soy…

-Me has dicho que me amas… y yo te amo… nada más importa… nuestra vida comenzó justo desde anoche… cuando nos entregamos uno a otro, porque yo te pertenezco Candice…. Mi pequeña.

- Pero entonces porque me has rechazado?...- dijiste que no querías faltarle a la mujer... que… seria tu esposa.

- Así es, no quiero volver a faltarte… ya anoche hice algo indebido al estar contigo sin casarnos… no quiero que vuelva a suceder, aunque me está costando el alma controlarme por no volver a hacerte mía…

- Quiero que me hagas tuya de nuevo… y después te responderé…- las lágrimas se borraron de sus ojos y sintiéndose viva y dichosa decidió jugar un poco más antes de que las cosas se volvieran serias, conocía a Albert y sabía que una vez dicha su respuesta, el no faltaría a las tradición de esperar a ser esposos…, había encontrado la otra cara de Albert , el hombre enamorado que la amaba, al apasionado y libre, al salvaje y posesivo… y no creía soportar estar sin él.

- Pequeña…- la miro suplicante… estaba a punto de estallar y ella no le ayudaba mucho con su propósito de respetarla hasta después de su matrimonio.

-"Esmeralda"…- le replico ella.

- Creo que aun puedes estar algo adolorida… no sería justo para ti…- menciono esforzándose por convencerla aunque quería más convencerse a sí mismo.

- Fui una buena alumna de las joyas de jade… aunque jamás fui una de ellas… tengo algunos conocimientos que me han ayudado y que podrían ayudarte a ti…- provocativa se rozó un poco más cerca de su miembro sintiéndolo endurecerse aún más .

- Que tan buena alumna…- le pregunto sintiéndose derrotado.

- En lugar de explicarlo… porque mejor no te lo demuestro?...- lo beso provocativa mordiendo suavemente el labio inferior de esa boca tan varonil, el gimió.

-Buena idea!- se separó de su boca y tomándola por su bien redondeado trasero para apegarla a él, se puso de pie mientras ella riendo se abrazaba a su cuello con sus brazos y le rodeaba la cadera con sus piernas…. Ojala llegaran a la cama antes de arrancarle esa ropa tan provocativa… quería un "si" como respuesta a su proposición matrimonial y se la arrancaría entre gemidos.

-Sabes?... jade tenía razón,- Candy intentaba decirle mientras él seguía besándola en el cuello, no respondió, solo hiso un gemido para indicarle que la escuchaba.- ella asegura que los hombres se vuelven gatitos cuando se les promete un buen sexo…- rio divertida al ver que se separaba de ella y la miraba de frente.

- Eso dijo?- le pregunto fingiéndose ofendido, entonces ella le beso la barbilla y sentándose ante él y rodeándole la cintura con sus piernas, el gimió nuevamente y la beso con profundidad mientras le desataba el nuevo corsé… después le enviaría una nota de agradecimiento a "Jade" por el bello regalo hecho a su futura esposa…le estaría agradecido cada noche después de su matrimonio.- pues no me importa si me manipulas a tu antojo o me conviertes en tu esclavo… con sexo o sin él siempre estaré a tus pies por que te amo….

- No, yo no quiero tenerte como mi esclavo ni a mis pies, quiero que estés siempre a mi lado y que tomados de la mano recorramos el futuro paso a paso… durante toda la vida incluso más allá de ella… en la eternidad, porque mi amor durara lo mismo que esta… quiero que nos entreguemos cada noche no en el sexo… sino en nuestro amor… sincero y puro.

Albert acepto aquello sellando su pacto con un beso, la pasión los lleno con aquel inicio y pronto sus cuerpos se volvieron a unir demostrándose uno al otro lo mucho que se amaban, el volvió a hacer su pregunta de matrimonio y tal como se lo prometiera a si mismo… ella entre gemidos y gritos de pasión… le respondió un "si", la noche llego nuevamente, el silbido del barco rompía el silencio sobre el enorme mar... anunciando la continuación hacia su destino.

Lejos, muy lejos de ahí, en un puerto cubierto por las tinieblas, en medio de la neblina espesa y obscura, mientras las brisa del mar le golpeaba el rostro como pequeñas agujas congeladas, como una fantasma en pena, un hombre ocultaba e rostro bajo el cuello de su obscura y ancha capa que se ondeaba al viento, en su rostro un par de gotas saladas se desprendían de sus mejillas para morir unidas al inmenso mar que lo separaba más cada segundo de la mujer que pudo haber sido su felicidad…