Hola, hola, Luna de Acero reportándose... woohaaa! (esquiva un tomatazo). Ok, ok, tranquilos mis amores. Ya lo sé, ya lo sé, soy una perra cruel y sin corazón, verdad? Y tienen todo el derecho de molestarse porque me ausenté un largo rato. No diré nada en mi defensa, estuve ocupada participando en algunos concursos de literatura, trabajando a dos manos y tratando de ser madre el resto del tiempo. Ahora si, ya quedé lista para empezar a cerrar fics, así que se vienen muchos finales. De este en particular no, le quedan al menos unos seis o siete capítulos, así que éste y Esclavo Natural serán los únicos que van a quedar en proyecto, el resto, todos, van a tener su final en breve, entre fines de este mes e inicios de Junio.

Ahora voy a dedicarme a publicar y principalmente contestar un montón de mensajitos que me quedaron pendientes, ok? Los he leído a todos, pero no me senté a responder porque estaba más que agotada, mentalmente sobre todo, y bueno físicamente también porque no dormí un carajo, pero como sea. Retomé de nuevo esta hermosa tarea que es compartir con ustedes!

Bien, no los entretengo más, si piensan que lo amerita déjenme un bonito review que yo los colecciono y los aprecio... Oh, por cierto, MÁS DE 200 REVIEWS! Guauuu... para mi es un logro enormísimoooooo. Nunca un fic mío llegó a tanto. Así que ¡gracias! ¡Un trillón de gracias, gracias!

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Hajime Isayama que es un fucking genio.

Advertencias: Bueno, lemon explícito pero romanticón, R18, ya saben, muchos feels, pero en general creo que les va a gustar lo que está por suceder (guiño cómplice)

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"Ama hasta que te duela.

Si te duele, es buena señal".

Madre Teresa de Calcuta

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Black lo abrazó con sus enormes alas negras y susurró sobre su oído.

—Ya es momento, ¿no crees? ¿Cuánto más crees que puedes alargarlo?

Levi marcó el teléfono de Christian, sus manos temblaban. Timbró dos veces y el psiquiatra atendió con voz preocupada.

— ¿Levi?

El hombre no pudo responder, como si sus cuerdas vocales hubieran sido aprisionadas con hilos invisibles, hablar… dolía…

—Estoy yendo, quédate ahí y no hagas nada, no lo escuches, estoy en camino.

—No te engañes más –continuó Black, mientras enterraba sus dientes en su hombro, Levi resopló molesto por el punzante dolor. Apretó los dientes-. Ya… no… te… resistas… o habrá más…

—Cállate, sal de mi cabeza… basta…

—Soy el único que te dice la verdad, Levi y lo sabes. La verdad es… que nadie te ama –el hombre lo miró con sus ojos bien abiertos-, a nadie le importas, en serio. ¿El psiquiatra? –Dijo Black tomando la forma del doctor Christian y paseando frente de él-. No lo hace gratis, y lo sabes, Christa, ja, ja, ja, creo que mejor no aclaro, Eren… -el hombre lo observó mientras la mirada se le nublaba por las lágrimas, Black se transfiguró en un hermoso Eren enfundado en un traje muy sexy de cuero negro, pero sus ojos eran de color ámbar-. Yo solo amo tu dinero, Levi… -le dijo con su hermosa voz, mientras acariciaba su mejilla y lo miraba traviesamente-, soy bueno engañando, ¿verdad?

Levi agachó la cabeza, las lágrimas, silenciosas se deslizaron por su rostro.

— ¿Seguimos? ¿Qué dices? Veamos, tu madre…

—No, no, basta, te lo suplico.

—"Hubiera sido mejor que no hubieras nacido…" Estás enfermo, Levi, y lo sabes, estás tan malditamente enfermo que hasta te das cuenta de eso.

El doctor llegó media hora después, Levi era un despojo humano, de temblores, ojeras y taquicardia en un rincón de su balcón.

—Levi… empezaste a verlo de nuevo, ¿verdad?

El hombre levantó sus tristes ojos grises y lo vio de pie detrás del doctor riéndose burlonamente. Asintió muy despacio.

—Debo internarte.

—0—

—Eren… -Armin lo miró con algo de preocupación-. No te ves muy bien amigo…

—Lo sé, pero me pondré bien, es solo… una fase.

—No lo tomes a mal, pero dime… ¿qué les hizo Levi a ti y a Jean para dejarlos así?

Eren lo miró con los ojos apagados.

—Lo siento, no quería hacerte sentir peor, es solo… me da curiosidad.

— ¿Qué te hizo a ti Erwin para que te enamoraras? –Armin miró a su amigo sorprendido-. Niégalo y te daré un puñetazo en medio de tu bonito rostro.

—Tranquilo, tranquilo amigo. Estás un poco agresivo, bájale ya. No puedo decir que no me guste ese tipo, pero tampoco sé si en verdad lo amo… No sé, creo que amar es una palabra muy grande, muy… intensa. La paso bien con él, sé también que me he vuelto un consentido, pero qué puedo decirte, disfrutaré todo lo que pueda.

— ¿Y qué pasará cuando él se canse de ti y encuentre otra mascota con la cual divertirse?

—Supongo que volveré a buscar trabajo, tengo mis ahorros como para poder subsistir un tiempo.

— ¿No te dolerá? –Armin hizo una pausa y bebió de su taza-. Imagínalo, Armin. Imagina que abraza a otra persona, que la besa, que le dice las mismas cosas que te decía a ti…

—Amigo, no te molestes por lo que te voy a decir, pero no transfieras en mí tus frustraciones… Aaaah… -suspiró largo y tendido, se frotó la nuca y continuó-. No voy a mentirte, me dolería muchísimo –aceptó con una tibia sonrisa-. Pero es lo que aceptamos, ¿verdad? Ser mascotas por una temporada, esto no es para corazones débiles, así que olvídalo pronto y sigue adelante. Al menos ha cambiado tu vida por completo, ¿o no?

Eren asintió mientras sus ojos se perdían en el vapor del té frente a su rostro. Era una mierda tener un corazón débil.

—Bueno, me gustaría quedarme, pero tengo que volver –dijo Armin poniéndose de pie-. ¿Te vas a quedar hasta la tarde? –Eren asintió. No quería que su madre lo viera tan deprimido.

Justo en ese momento Jean ingresó por la puerta, lo miró con desgano y lo saludó.

—No tires tu té, lo tomaré yo –le dijo al rubio mientras se sentaba a la mesa y tomaba una de las tostadas-. ¿Y tú qué? –habló dirigiéndose a Eren-. ¿Te quedarás a holgazanear aquí?

— ¿Tienes algún problema con eso?

—Es tu culo, haz lo que te plazca.

—Es lo que hago.

—Ey, tranquilos, no se agarren a piñas mientras no estoy, ¿pueden prometer eso? –les preguntó Armin mirándolos de reojo,mientras se ponía una campera y se acercaba a la puerta.

—No tengo intenciones de llenarle la cara de sopapos al cara de caballo –acotó Eren, Jean le gruñó en retorno.

—Eso espero. Nos vemos mañana –y se fue.

Estuvieron un buen rato sin hablarse, hasta que Jean rompió el hielo.

—Supe el lío en el que te metiste con Gus… Realmente eres un bastardo suicida, peleando con uno de los clientes en el salón de recepción.

—Yo no hice nada, fue él quien vino a molestarme.

—Ya no necesitas hacer ese tipo de trabajos de servidumbre, ¿por qué se lo pediste a Gus?

— ¿Quién eres? ¿Mi madre? ¿Tengo que rendirte cuentas de lo que hago, o qué?

—Deja de ser un idiota, sólo tengo curiosidad, porque es más que obvio que tú buscaste cruzarte con Levi, digas lo que digas, sé qué es así.

—Si sabes tanto, ¿para qué preguntas, entonces?

—Sé solo una parte, ¿por qué lo hiciste? ¿O te da miedo enfrentarte a la verdad?

— ¿Qué es lo que quieres saber, Jean? Si vas a preguntar algo, haz la pregunta correcta y deja de dar vueltas como un carrusel.

— ¿Sigues interesado en Levi, sí o no?

—Sí… No… No lo sé –el joven bajó la mirada a su taza y le dio un sorbo.

— ¿Qué pasó entre ustedes esa noche?

—Nada, solo fue un… desafortunado intercambio de palabras… Así que no te pongas todo celoso, hazme el favor. Después de todo, yo ya no le intereso.

—Pfff… -Jean se llevó la mano a la boca para tapar a tiempo la carcajada que quiso salir de sus labios.

— ¿Qué? ¿A qué viene esa burla? –preguntó Eren con seriedad, se estaba cabreando y mucho.

—Nada, nada… realmente…

—Si vas a refregarme en la cara que te haya convocado de nuevo, no hace falta, al fin y al cabo es dueño de metérsela a quien quiera –dijo con molestia, intentando tragarse las lágrimas que querían salir de sus preciosos ojos.

—Sabes, debería decirte que sí, que es así y que abandones toda esperanza con ese idiota pervertido, pero… no soy un imbécil al que le guste mentir –el semblante de Jean cambió de repente y su mirada se volvió triste-. Es verdad, me puse muy feliz, cuando me llamó, realmente no podía creerlo. No es una novedad que… estoy muy enamorado de él… pero… es una persona retorcida y lo sabes, sé que lo sabes. Tiene tanto odio y dolor dentro de él, que… a veces me pregunto como hizo para sobrevivir hasta ahora. Como sea, salimos unas tres veces. Fue… diferente. Aunque nuestros cuerpos se tocaran, él… estaba diferente. Su mirada… nunca mostró sentimientos mientras yo estuve en su casa y ahora… parecía un castillo de arena a punto de derrumbarse. Me sorprendió, pero no puedo ser objetivo, el tipo me gusta demasiado. Así estuviera todo decrépito lo aceptaría igual… Pero… la primera vez que estuvimos juntos… no sé… sentí como si sus ojos buscaran algo en mí, algo que… no pudo encontrar…

—Sabes, no necesito un informe detallado de cuantas veces lo hicieron, en verdad te agradecería que no me lo dijeras.

—Espera, bastardo, ¡caray! ¡No es fácil para mí lo que te estoy diciendo! ¡Joder! Ten paciencia y escucha. Me… me besó… una sola vez… -Eren levantó la vista y abrió grande sus ojos-. Conmigo… jamás… él jamás… -Jean hizo una pausa, suspiró y al fin contó el resto-. Entonces él dijo… "Eren".

El de ojos verdes estaba estupefacto, Jean masticó su tostada, mientras su rostro se contraía en un rictus de dolor.

—No lo dijo una… lo dijo… muchas, muchas veces… Ahora que lo pienso, hubiera sido mejor no saber nada más de él, jamás. Si mi corazón estaba herido, con sus palabras lo terminó de pulverizar… No quería decírtelo. Soy egoísta, y soy envidioso, no me escudaré en una fachada de buena persona, esas cosas no me van. Te… te detesto, Eren… estoy celoso de ti, de que hayas acaparado su corazón… ¿él…? Acaso, ¿él te besaba? –Eren asintió, mientras sentía que su corazón galopaba de una forma salvaje en su pecho-. No sé qué carajos hablaron la última vez, pero… te necesita, bastardo. Y ese hombre se está cayendo a pedazos en este momento, deberías hacer algo, es todo lo que te diré. No volveré a hablar acerca de él, ya tú sabrás qué hacer.

Jean se levantó visiblemente afectado y se fue a encerrar en su cuarto.

—0—

— ¿Cuántas van ya? –preguntó Black sentado en el escritorio mientras movía una pierna aburridamente. Levi tomó la segunda pastilla, sus manos temblaban un poco. Pero no le respondió-. Deberías haber aceptado la internación de Christian. Podríamos divertirnos haciéndole la vida difícil a esos tristes enfermeros. ¿Recuerdas? Ja, ja, ja, eres un dolor en el culo Levi. Te gustaba morderlos… ¿recuerdas a Sebastian? Me pregunto si sigue trabajando allí. Era un bastardo, le gustaba pegarnos cuando el sedante hacía efecto.

—Cállate de una vez, hijo de perra.

— ¡Qué agresivo! –Black batió sus alas con molestia. Levi se quedó de pie mirando por el ventanal. El ente se acercó y se paró detrás de él, le susurró las palabras entre sus afilados dientes-. Si saltaras se acabarían todos tus problemas. ¿Te has imaginado alguna vez la cara que pondría Kuchel si te viera muerto? –Levi abrió grande sus ojos-. La harías muuuy… feliz…

El sonido de su celular lo despertó de su ensueño y se dirigió a su escritorio. Contuvo el aliento al leerlo. Y respondió de inmediato.

—0—

Eren estaba nervioso, pero intentaba contenerse, quería saber si era cierto, o no. Nunca se había destacado por tener una memoria prodigiosa, ese ámbito era de Armin, pero al menos tuvo el tino de aprenderse su número de celular.

Estaba bien vestido, hacía algo de frío, así que se había puesto un pañuelo ligero de lanilla al cuello, su pierna se movía de manera intermitente. Y sus largos dedos tamborileaban en su rodilla. Suspiró con sentimiento, le había costado conseguir la reservación en ese lujoso lugar. ¡Y salía una maldita fortuna! Pero no le importaba, realmente no le importaba.

Cuando lo vio llegar contuvo el aliento por unos instantes. Sus verdes ojos se deslizaron por la elegante figura, vistiendo un inmaculado traje de Prada en gris oscuro, con una camisa gris claro y una corbata blanco perlado, sus zapatos negros brillando de lustrosos. Sin perder ese encanto, esa magia atractiva que emanaba de manera natural. Sí, era pequeño de estatura, pero su afilada mirada y su caminar seguro podían poner de rodillas a cualquiera que osara desafiarle.

En la recepción le recibieron el pesado gabán negro y se acercó a la mesa donde Eren lo esperaba. El joven no era el único impresionado. Levi se sintió abrumado, Eren estaba vestido de un elegante sport, con un pantalón bordó de gabardina, una remera negra clásica y un blazer en color hueso, un pañuelo le cubría el bonito cuello y se lamentó no poder apreciarlo, era una de las partes del cuerpo de Eren que al millonario más le gustaba.

—Buenas noches –dijo con su grave voz y su semblante de controla-todo.

—Ho-hola –respondió Eren mirándolo con sus grandes ojos llenos de estrellas.

—Es un bonito lugar –agregó el otro mirando alrededor.

Pronto se presentó uno de los *maitre (*mozo), para tomarles el pedido. Ambos se pidieron un cóctel de mariscos de entrada, para luego seguir con una langosta thermidor.

Eren le contó sobre el nuevo negocio de panadería que estaba manejando, Levi se sintió muy interesado e incluso le sugirió algunos tips que podrían ayudarlo mucho a promocionar la nueva imagen, hasta se comprometió a ponerlo en contacto con gente del medio que se dedicaba a marketing de cadenas de comida, y que podían hacerle un buen precio para hacerle una campaña publicitaria efectiva.

La comida estuvo deliciosa, y la charla fluyó de manera fantástica, ninguno se percató de que habían pasado cerca de dos horas, no mencionaron nada del pasado, ni hubo comentarios ácidos o hirientes. Ninguno necesitaba eso. Solo dos personas hablando, disfrutando, bebiendo el delicioso vino Porrera, cabernet sauvignon.

Levi se deleitaba en la hermosa sonrisa de Eren, sus dientes se le asemejaban a perlas brillando con la tenue luz de los candelabros, combinando espectacularmente con sus ojos color del mar caribeño. Perfecto, como su piel, su voz, su cabello alborotado. Tenerlo cerca era tranquilizante, era serenarse, encontrar el equilibrio en su tortuosa vida, como el oasis en el desierto… la gota de agua fresca en la garganta reseca, la bocanada de oxígeno después de estar hundido bajo una tonelada de petróleo.

Eren estaba contento, pudo deleitarse con ese brillo casi plateado que destellaban los ojos de Levi. Un brillo que anunciaba un camino peligroso, rudo, lleno de sorpresas… Pero vaya que quería transitarlo. A su lado se sentía más fuerte, más seguro, más… osado…

—Así que vas a estudiar…

—Bueno, eso me gustaría, una vez que el negocio esté más establecido. Tal vez el año entrante.

— ¿Y qué estudiarás?

—Bueno, me gustaría… Asistencia Social, me interesa todo lo relacionado al bienestar de las personas.

—Oh, eso suena muy… filantrópico. Brindemos por ello.

Casi al final disfrutaron de un merengue de avellanas en dos cocciones, que los sorprendió gratamente.

Sin quererlo, la velada llegó a su fin y Eren volvió a ponerse nervioso, porque sabía que a partir de ese momento dependía del ánimo de Levi. Bebió el último sorbo de café y pidió la cuenta. El hombre sonrió, el joven quería pagar por la fastuosa comida, lo dejaría hacerlo. Salieron afuera, un constante viento helado los hizo estremecerse.

Connie estaba esperando en el Mercedes negro.

—Bien, ha sido una excelente cena, gracias –dijo Levi mirándolo serenamente.

—Umm, Levi… me pregunto si… bueno… -las últimas palabras le costó pronunciarlas, pero no había ido tan lejos para dejar todo a medias-, ¿quieres pasar el resto de la noche conmigo? Tengo una reservación en el "Four Seasons" –Eren se refería a un refinado hotel de la ciudad.

Levi sonrió con tranquilidad y no respondió de inmediato, deleitándose con el notable sonrojo del joven. Siempre era así con él, lo sorprendía a cada momento. Nada podía ser lo esperado con Eren, pero a la vez era mejor de lo que podía proyectar. El joven estaba que se caía de los nervios, tragaba en seco esperando que respondiera de una buena vez.

—Está bien, vamos –dijo al fin Levi dirigiéndose a su auto.

—Buenas noches señor, joven Eren –saludó el chofer sin poder ocultar una franca sonrisa.

—Hola Connie –devolvió el saludo el de castaños cabellos.

—Al Four Seasons –solicitó Levi y se sorprendió cuando Connie puso a Amy Winehouse en el estéreo del auto, "Back to Black".

—Es una gran canción –exclamó Eren acomodándose sobre el asiento y mirando por la ventanilla, mientras el millonario encendía uno de sus costosos cigarros de colección.

—Con la compañía adecuada, lo es –deslizó Levi cruzando las piernas.

Ninguno demostraría lo necesitado que estaba del otro. Fingiendo que no deseaban estar cerca, tocándose, suspirando y mordiéndose. Eren deslizó su mano por la superficie de cuero y tocó con su dedo meñique la mano contraria. Cerró los ojos. Podía parecer un contacto mínimo, insignificante… pero no lo era… Levi se quedó quieto, a la espera, sabía controlarse, y no quería apresurar nada. No iba a negarlo, el mensaje de Eren hacía una semana lo había puesto feliz. Incluso la molesta presencia de Black se había esfumado. Paz… serenidad… una cuota de alivio… justo lo que necesitaba. Dio una profunda calada al cigarro y sintió los largos dedos escalando más arriba, enredándose con los suyos. También cerró los ojos, suspiró muy bajo.

Eren raspaba suave sus uñas contra el dorso de su mano, enviándole escalofríos desde la punta de los dedos hasta los codos y más arriba. Colaboró un poco abriendo los dedos y dejándolo explorar esa pequeña porción de piel a su gusto, mientras la música les ronroneaba en los oídos. Eren acarició muy suave en la sensible piel entre los pliegues de los dedos, mordiéndose el labio inferior en el proceso, el corazón acelerado, la adrenalina contaminándolo. Levi contrajo los dedos atrapando las falanges de aceitunada epidermis del otro y haciéndolo contener la respiración. Aún con un sutil roce de manos Levi no dejaba de ser el que controlaba todo. Giró un poco su mano para poder acariciar los dedos de Eren con el pulgar.

Era como hacer el amor… pero con las manos… Levi tiró con algo de fuerza de su agarre para acercarlo a su figura. Faltarían escasas cuatro cuadras para llegar al hotel, pero ya era imposible resistir las ganas de tenerlo más cerca. Acarició delicadamente su mejilla, y el joven bajó su rostro para besar su palma muy suave, el hombre delineó los carnosos labios con la yema de sus dedos y sintió la cálida lengua de Eren alrededor de su índice, llevándolo un poco dentro de esa tentadora boca. Sonrió de medio lado, sin dudas sería una muy larga noche.

Cuando llegaron al hotel caminaron rápidamente a la suite que Eren había solicitado. Entraron y se sacaron los abrigos. Levi prendió la consola para poner música suave de fondo y al fin se acercó hasta el muchacho que lo miraba embelesado.

— ¿Qué quieres, Eren? –preguntó sopesando cada palabra sin quitarle los ojos de encima.

—A ti –dijo sin vacilar y sosteniéndole la mirada-. Sin contratos, sin dinero de por medio, sin cheques, sin horarios, ni días de descuento, solo a ti.

— ¿Sabes por qué te dejé ir? –dijo el hombre tomando el pañuelo del cuello del más alto, quería, necesitaba ver esa preciosa y tersa piel. Sus ojos brillaron al encontrarse con una muy grata sorpresa. Un bonito collar de cuero con tachas que se ceñía perfectamente al esbelto cuello, apretó los dientes ante el descubrimiento.

— ¿Por qué? –repreguntó Eren con los pómulos rojos al sentir la mano de su ex maestro tocando el collar.

—Eres como el conejo que se mete a la trampa sabiendo que es una trampa, y aunque te adviertan y te alejen, vuelves a caer… ¿por qué lo haces? ¿Por qué no huyes, Eren?

La mano del hombre escaló del collar a su cabello, enterrando los dedos y acariciando profundamente, Eren contuvo un gemido y le respondió.

—Solo quiero… quiero complacerte… quiero estar contigo.

—Sabes lo que me gusta, yo no puedo ser normal, no necesitas esto, eres naturalmente curioso, pero no quiero lastimarte… por eso tuve que dejarte ir…

—Lo entiendo, no te estoy pidiendo que lo evites, ni que finjas algo que no eres. Castígame, pégame si es lo que quieres… no renegaré por eso… sólo… no me alejes… no te causaré problemas, lo prometo. Átame… pero átame a ti…

—No sabes lo que pides…

— ¿Y qué es lo que tú quieres, Levi? Dime la verdad.

El hombre se quedó callado escarbando con sus ojos en los ojos del joven, como si buscara una respuesta en su interior. Finalmente suspiró, se acercó y lo atrajo de la nuca para que llegara hasta su boca. Luego de un lento, candente beso revelador, susurró sobre los húmedos labios.

—Te quiero a ti.

—Entonces, si ambos queremos lo mismo… ¿qué estamos esperando?

—Tú lo pediste, espero que no te arrepientas luego. Desnúdate, Eren, desnúdate para mí.

—Sí, maestro…

El joven obedeció, mientras Levi se sentaba en la cama y disfrutaba del espectáculo. Sus ojos eran los de una bestia hambrienta y Eren nunca se sintió tan deseoso de ser devorado.

Levi, se quedó con la camisa desprendida y la ropa interior, mientras acostaba a Eren sobre el mullido colchón. Con el pañuelo ató sus manos por encima de su cabeza y se sentó a horcajadas sobre el joven.

—Esta noche te marcaré, Eren, dejaré mi sello por todo tu cuerpo –le dijo mientras sus dedos recorrían su pecho con rapidez-, me pertenecerás solo a mí. Te entregarás, sólo conmigo, y a cambio te daré toda mi confianza. ¿Lo entiendes? –Eren asintió y suspiró ansioso-. Eso es, buen chico.

Levi se agachó y besó con suavidad el núbil cuello, descendió desperdigando dulces besos, hasta que mordió con ferocidad por encima del pectoral derecho. Eren gimió ante la sorpresa, y trato de quedarse lo más quieto posible. Levi sostuvo la piel entre sus dientes por varios segundos antes de soltarla. Las marcas de su dentellada estaban completamente rojas, un poco más y hubiera desgarrado la piel. Los ojos del joven se empezaron a llenar de gotitas que reflejaban su dolor, pero su rostro estaba sereno. Lo aceptaba, aceptaba completamente a la bestia que era, a lo que representaba, a todas sus perversiones, sin recibir nada a cambio más que placer y dolor. Levi estaba obnubilado, completamente cautivado por esa preciosa criatura. Lamió con ternura sobre la zona enrojecida, besó el pezón por debajo y lo succionó delicadamente un rato, para luego pasar su lengua por el costado, sobre las costillas, entonces vino la segunda mordida, un poco más feroz que la primera. Eren no pudo evitar dejar escapar un chillido de agonía.

Cuando Levi lo soltó, una muy pequeña gota de sangre adornó el costado, la lamió con gusto y se irguió para mirarlo.

—Estás a tiempo, Eren… si me pides que me detenga, lo haré.

—N-no… no quiero que te detengas… t-toma todo… toma todo de mí…

El hombre no pudo evitarlo, se agachó para beber de la suave boca. Eren, el conejo más hermoso de todos, y él se pondría un bozal, se arrancaría las garras, pero no se privaría de su compañía, no cuando se entregaba con tanta predisposición. Se pondría límites, iría a la rehabilitación, haría lo que fuera, se extirparía los colmillos, pero no lastimaría a su precioso conejo… o mejor dicho… lo lastimaría, pero con cautela.

A la vez, Eren estaba hechizado, aceptando por completo su dominación. Se sentía bien, esas mordidas, esos besos, todo lo que Levi le ofreciera, no se negaría, porque todo le provocaba un delirio tan poderoso que era como drogarse, tener una sobredosis, era tan… adictivo. Sintió la tercer mordida, más fuerte esta vez, cerca de su ombligo, siempre en las partes más sensibles y blandas, las primeras lágrimas se desprendieron de sus ojos y acalló un sollozo que se quiso colar por la rendija de su blanca dentadura. Él se lo había permitido, y siempre existía esa adrenalina de no saber qué era lo que seguía, no iba a detenerse, quería demostrarle que podía soportarlo, que era capaz de aguantar hasta sus más retorcidos deseos.

— ¿A quién perteneces, Eren? –su voz era atrapante, envolvente...

—Soy tuyo, maestro, completamente…

Levi descendió de sus caderas y se posicionó entre las esbeltas piernas, acarició con fuerza la carne trémula y firme, y tomando su pie lamió con suavidad su planta. Eren onduló apenas la cadera, apretando los labios para no gemir y distraerlo, sabía que no gustaba de la gente ruidosa. Pero poco pudo resistir, cuando Levi lamió entre sus dedos. Se felicitó mentalmente por estar inmaculadamente limpio, tal como a su maestro le gustaba. Jamás le habían hecho eso en los dedos de los pies, se sentía genial. Miró a su maestro, resoplando, agitado, excitado, sentir su penetrante mirada fue una experiencia irreal. Todo desaparecía alrededor, se volvía difuso, confuso, sólo quedaban esas dos esferas aceradas y penetrantes mirándolo con deseo, y la roja y sedosa lengua escarbando profundamente en su piel.

Eren tembló cuando sintió el filo de los dientes de Levi sobre su empeine y parte del talón, finalmente le mordió sobre el hueso de la pantorrilla, fue terriblemente doloroso, el joven giró su cabeza cerrando los ojos y contrayendo los músculos del rostro.

— ¿Es demasiado?

—N-no… e-está bien… si-sigue…

—Tu voz está temblando.

—Lo s-siento, ma-maestro…

—No, no te disculpes, está bien, sabes que me gusta verte sufrir un poco… Ya ha sido suficiente para mí, ahora te daré lo que te gusta.

Empujó las piernas de Eren doblándolas hacia arriba y presionando desde la parte de atrás de sus muslos, entonces agachó su cabeza para lamer suave sobre su entrada. El joven contrajo el estómago ante la cálida sensación. El hombre se tomó su tiempo, y muy lentamente fue succionando y empujando con tranquilidad su lengua, ayudándose con los dedos para dilatarlo apropiadamente. Eren abrió más sus piernas y relajó sus caderas.

Levi se encargó de dejar muy bien lubricado todo, bajó su ropa interior y extrajo su falo, lo magreó un poco, se colocó un preservativo y con su misma saliva se embadurnó. Eren siguió atentamente todo el proceso, mordiéndose los labios para evitar suplicarle que se apurara. Debía ser paciente, sabía que su maestro apreciaba el autocontrol. Enfiló su erecta hombría a la apetecible abertura y empujó suave pero firmemente. Al mismo tiempo se acercó y depositó su antebrazo sobre los labios del joven.

—Ahora tienes el derecho a marcarme también, te lo permito. Márcame profundo, Eren.

El joven abrió sus fauces y mientras sentía como Levi se introducía en él, lo mordió con inusitada fuerza, gimiendo agónicamente en el proceso, su gemido se mezcló con el jadeo de Levi que rodó los ojos con fuerza, sentir el dolor de su brazo y el placer de sumergirse en el delicioso cuerpo del joven fue como una explosión dentro de su cuerpo.

Eren se asustó un poco porque había lastimado al hombre pero no tuvo tiempo de disculparse al sentir como Levi comenzaba a embestirlo con una fuerza inusitada.

— ¡Aaah, Le-Levi, m-me vengooo!

— ¡Aguanta un poco, maldito mocoso!

—Ah, ah, m-muy intensooo… aaah…

Eren acabó copiosamente, mientras su espalda se arqueaba, pero Levi no le dio tiempo de recuperarse, continuó embistiéndolo una y otra, y otra vez.

—Es-espera… yo… recién… ¡Levi!

— ¡No! No me detendré hasta venirme, vas a tener que… mmm… soportarlo…

El de cabellos castaños tuvo que resistir, sintiéndose tan vulnerable y sensible, mientras el otro no paraba de llenarlo una y otra vez. Dejó de pensar, incluso coordinar la respiración se le hacía una empresa titánica, mientras su cuerpo se perlaba por el sudor y el esfuerzo, el dolor y el placer, comenzó a entrar de nuevo en ese sopor de éxtasis que ahora no se le hacía tan inusual, como si pudiera escuchar con su piel, como si pudiera saborear la respiración agitada de Levi, degustar sus jadeos casi animales, masticar el ruido que producían las gotas de sudor impactando en su cuerpo, deslizándose por su vientre, como si pudiera escuchar el canto agónico de sus lágrimas, el crujir de sus caderas, el choque obsceno de sus pieles, todo era una magnífica sinfonía erótica, reproduciéndose una y otra vez, quemándose y dejando una cicatriz en su memoria, marcándose profundamente en su psiquis, como un tatuaje de por vida.

Sus pupilas se dilataron mansamente, mientras las facciones de su bello rostro se relajaban, sus manos dejaron de estar en puños, y se dejó arrastrar por completo, tal como aquella vez del castigo, sin pensarlo en absoluto. Tal como quedar en el ojo de un huracán, que arrasaba y destruía todo, pero estar a salvo, ahí, en el centro, en ese equilibrio entre el caos y la paz. Lo atenazó con sus torneadas extremidades, apretando la marcada cintura contra sí mismo.

—Ahí… por favor… ahí… -le suplicó sin vergüenza, a sabiendas que Levi lo complacería sin recriminarle nada, sin escatimar en su placer.

El hombre cambió de posición arrodillándose y tomándolo de las afiladas caderas para brindarle esa satisfacción, ese estímulo constante sobre su punto más delicado, esa pequeña porción de carne que lo dejaba indefenso, débil, laxo…

Eren sonrió y lloró cuando alcanzó la cúspide por segunda vez, sabiendo que era probable que nunca más en toda su vida encontrara una pareja tan adecuada, que lo entendiera tan bien, que se acoplara de esa perfecta manera a su cuerpo. Que atara con esa intensidad a su alma.

"Eren era un conejo… un conejo que gozaba impúdicamente cada vez que el lobo lo devoraba un poco más…"

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By Luna de Acero… expectante…