Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.

Aviso: Este capítulo va dedicado a MeriAnne Black, que mañana es su cumpleaños. ¡Feliz cumpleaños, guapa! Espero que te guste el capítulo, aunque sea corto y poca cosa comparado con el anterior. Un beso.

Agradecimientos especiales a MrsDarfoy por leerme el capítulo antes de que lo publicara :)


CÁRCEL DE ÓPALO

XII. Una idea

Hermione abrió los ojos de golpe cuando Oreo empezó a maullarle en el oído. Había llegado a querer mucho al gatito, pero su maullido no era precisamente un sonido agradable.

Y menos cuando la sacaba de un sueño que sí era agradable, donde tras bailar toda la noche bajo las estrellas con un hombre alto y misterioso, su acompañante estaba a punto de revelar su identidad.

—Oreo, tienes el don de la oportunidad —refunfuñó, sentándose en la cama y frotándose los ojos mientras el gatito, muy ufano, volvía a su puesto en su cesta.

No sabía qué hora era –no había visto ni un solo reloj desde que Alexander la secuestró–, pero supuso que era temprano y decidió no llamar a nadie para que le sirvieran el desayuno.

Se puso en pie, bostezando, y entró al baño. Salió ya duchada y completamente despejada, vestida únicamente con la ropa interior y el pelo recogido en un moño alto.

Hermione abrió el armario de par en par y se puso a examinar la ropa, vestido a vestido. Se decidió al fin por un vestido corto azul marino, que pese a ser de lujo tenía un aire más informal que el resto.

Acababa de abrocharse la cremallera del vestido cuando la puerta de su cuarto se abrió y entraron Luna y Pansy, cargando la bandeja del desayuno.

—Ah, ya está despierta y vestida, señorita —dijo Luna sonriendo—. Buenos días.

—Buenos días —respondió Hermione.

Pansy la observó con ojo crítico.

—Me gusta el vestido, pero no el peinado. Desayune y ya me encargaré de arreglar ese nido de pájaros —sentenció.

Hermione soportó estoicamente los tirones de pelo mientras desayunaba, con Pansy peleándose con cepillos, horquillas y broches varios para hacerle un elaborado recogido.

—Así compensamos la informalidad del vestido —explicó mientras le daba un espejo para que se mirara.

—Gracias, Pansy —dijo Hermione—. Es un peinado muy bonito, se te da muy bien peinarme.

—Estoy acostumbrada —respondió la doncella con un encogimiento de hombros.

—¿Sí? —Hermione se giró para mirarla a la cara, dejando que Luna recogiera lo que quedaba de desayuno—. ¿Eras peluquera antes de trabajar para Alexander?

Pansy hizo una mueca.

—Podría decirse —contestó secamente, y Hermione supo instintivamente que no debía presionarla.

—¿Qué va a hacer hoy, señorita? —preguntó Luna con una sonrisa brillante mientras Pansy iba a hacer la cama.

—Lo de siempre —respondió Hermione ácidamente. ¿Qué podría hacer en ese lugar?

—¿Va a hacer llamar a alguno de sus gladiadores?

—Supongo —contestó con un encogimiento de hombros.

—De acuerdo. —Luna dio un último toque a la colcha de la cama y abrió la puerta—. Me voy a dejar el desayuno, luego nos vemos, señorita.

Se fue, cerrando la puerta a sus espaldas, y Hermione y Pansy se quedaron solas.

—¿Sabes… —Hermione se mordió el labio, preguntándose internamente si era una buena idea, antes de continuar— sabes algo sobre mis pertenencias?

Pansy la miró con cara de extrañeza.

—¿Sus pertenencias?

—Sí, la ropa que llevaba el día que llegué aquí, mis joyas… Ese tipo de cosas.

—¿Lo pregunta por alguna razón en especial? —Pansy usó un tono neutro, a juego con una cara sin expresión ninguna.

—La ropa me da un poco igual, pero sí que me gustaría recuperar mis joyas. Las que tengo aquí son preciosas —añadió rápidamente, tocándose los pendientes de diamantes que llevaba a juego con una pulsera—, pero esas tenían un valor sentimental, ya sabes.

Pansy asintió lentamente.

—No tengo conocimiento acerca de lo que pudo haber pasado con sus pertenencias, señorita —contestó—. Lo siento.

Hermione le sonrió amablemente.

—No te preocupes, ya imaginaba que no sabrías nada —respondió.

Cuando Pansy se fue y la dejó sola, Hermione suspiró.

—¿Por qué sospecho que recuperar mis cosas no será nada fácil? —le preguntó a su gato, que ya había despertado y estaba desayunando muy tranquilamente—. Y el anillo de Malfoy, menos aún.

Oreo, como era de esperar, no le contestó.


—¿Llamaba, señorita?

—¡Sí! —Hermione, ya calzada, se levantó como un resorte de la cama y se acercó a la puerta, donde el guardia Neville la miraba con incertidumbre—. Me gustaría que volvieras a enseñarme los pasillos de este sitio, si no te importa —dijo sonriendo—. Y así Oreo estira los músculos, que necesita hacer deporte.

—De acuerdo —contestó el hombre tras un breve silencio—. ¿Desea ver algo en especial?

Hermione se mordió el labio y se encogió de hombros.

—Algo que me sorprenda —decidió.

Neville asintió.

—Vamos, entonces.

Oreo saltó de su cesta y echó a correr fuera de la habitación antes de que Hermione cerrara la puerta, torciendo a la derecha por el pasillo y desapareciendo de su vista.

—Bueno, parece que Oreo prefiere estar solo —dijo Hermione con humor—. Vamos.

Empezaron a caminar y, cuando ya habían llegado casi al final del pasillo, Neville abrió una puerta camuflada entre el papel de la pared que, para sorpresa de Hermione, daba a un pasadizo pobremente iluminado que descendía hasta perderse de vista.

—¿A dónde vamos? —preguntó Hermione.

—Ya lo verá, señorita. Es una sorpresa.

Comenzaron a caminar. Tras lo que a Hermione le pareció un trayecto casi interminable, llegaron a otra puerta, que Neville abrió y mantuvo abierta para que pasara ella.

—¿Dónde estamos? —preguntó Hermione, mirando alrededor. El pasillo al que acababan de salir era estrecho, húmedo y de piedra, con poca iluminación y sin ningún tipo de adorno.

Saltaba a la vista que no era un pasillo que Alexander había diseñado para que lo pisara ella. Debía de ser uno para el personal de servicio, o para seguridad.

—Ahora verá. —El guardia echó a andar, y a Hermione no le quedó más remedio que seguirlo.

Caminaron hasta que se toparon con una enorme reja de hierro que cortaba el camino, y tras la cual se veía más pasillo de piedra.

Neville sacó un manojo de llaves del cinturón y abrió una portezuela en la reja, que volvió a cerrar con llave después de que la atravesaran.

—Vamos. —Siguieron caminando hasta que llegaron a una nueva puerta de hierro, tras la cual se oían gritos y órdenes.

—Ya hemos llegado, señorita.

—¿Eso que oigo… —Hermione pegó la oreja a la puerta— son los gladiadores?

—Sí —contestó el guardia—. ¿Quiere pasar?

—De acuerdo —contestó Hermione. Llamó a la puerta y, sin esperar contestación, la abrió de golpe.

Observó asombrada la escena ante ella: sin camiseta y sudados, los gladiadores se encontraban en pleno entrenamiento. Draco, Adrian, Blaise y Terence se estaban enfrentando los unos con los otros con espadas y escudos; Marcus y Graham estaban practicando la afamada lucha cuerpo a cuerpo; y Cassius, por alguna extraña razón, corría dando la vuelta al anfiteatro mientras uno de los entrenadores iba gritando números.

Todos detuvieron el movimiento y observaron, anonadados, cómo Hermione asomaba la cabeza por la puerta.

—Hola —dijo ella tímidamente.

Los entrenadores parecieron reaccionar con el sonido de su voz e hicieron una reverencia mientras hacían restallar los látigos para que los gladiadores se inclinasen también.

—¿Sucede algo, señorita? ¿Deseaba alguna cosa? ¿Había alguna visita que no se nos había notificado? —El más fornido de todos los entrenadores se acercó a ella con paso firme.

—Oh, no, ha sido algo improvisado —respondió Hermione, observando el látigo algo de su mano con desconfianza—. Pero ya que estoy aquí, me gustaría que, cuando terminen el entrenamiento —Señaló a los gladiadores con la cabeza— vengan a verme. Quiero comer con ellos.

El hombre se pasó una mano por el pelo rapado con gesto indeciso.

—No sé, señorita. ¿Qué opinará el señor?

Hermione alzó una ceja con insolencia, y vio de reojo cómo Draco sonreía de medio lado.

—Estoy segura de que le parecerá perfecto —respondió ella secamente.

—De acuerdo, señorita. A la hora de comer los tendrá allí.

—Duchados, espero —comentó Hermione.

—Naturalmente.

—Y con algo mejor que esas ropas de entrenamiento.

El hombre se irguió.

—De acuerdo, señorita.


—Repíteme otra vez cuál es el objetivo principal de tu idea.

Hermione puso los ojos en blanco.

—Ya lo he dicho. Tres veces —añadió.

—Ya, pero no termino de entender que el objetivo principal de tu descabellado plan sea mostrar nuestro desagrado por haber sido secuestrados —contestó Draco—, y creo que estarán todos de acuerdo conmigo.

Los gladiadores asintieron solemnemente y Hermione suspiró.

La comida, en una sala vigilada, había sido en general silenciosa, únicamente interrumpida por las bromas de Adrian y Blaise. En el momento en que habían terminado de comer, Hermione los había conducido a la sala del piano, a salvo de las cámaras, para contarles un plan que había empezado a idear cuando vio el pasadizo que llevaba directamente al subterráneo de los gladiadores.

Lamentablemente, su idea había sido acogida con escepticismo: a la mitad de los gladiadores no les convencía, y la otra mitad –entre los que se encontraba Draco– no le veían el sentido.

—¿Pero qué tiene de malo mi idea? —preguntó ella—. ¿Es el riesgo de morir como a Alexander le moleste? Bueno, ese riesgo ya lo tenemos ahora mismo, así que…

—No es eso —contestó Terence pacientemente—, aunque también es un punto en contra.

—¿Y entonces? Tan mala idea no es.

—No te ofendas, Hermione —intervino Adrian—, pero creo que tu percepción de lo que es una mala idea y la nuestra es diferente.

—¿Y no será que no sois capaces de apreciar la brillantez de mi plan? —rebatió Hermione con tozudez.

Los gladiadores se miraron unos a otros.

—No —respondieron a la vez.

Ella bufó y se cruzó de brazos.

—Bueno, pues proponed algo mejor.

—Eh, tampoco te pongas así. Nosotros te hemos dicho que tu idea no era buena, no que tuviéramos una mejor —contestó Blaise—. Hay una diferencia.

—Pues si no tenéis una idea mejor, de nada sirve que critiquéis la mía.

Draco abrió la boca para responder, pero fue interrumpido por Cassius.

—¿Y si no hacemos nada ahora y ya se nos ocurrirá otra cosa más adelante?

Los demás lo miraron como si se hubiera vuelto idiota.

—Esa ni siquiera es una opción —respondió Hermione—. Tenemos que hacer algo sí o sí, aunque sea una locura.

Draco asintió.

—Al menos en eso estamos de acuerdo.


Aunque princessarah se empeñe en decirme que los capítulos de transición no existen y todos son importantes, este ha sido un capítulo de transición como una casa, y, además, corto.

O no, porque Hermione ha descubierto un pasadizo secreto muy majo y eso le ha dado una idea estupenda que a nadie le gusta xD

En fin, ¿qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? ¿Se os ha hecho muy corto? (Es muy corto). ¿Comentadme algo, please?

En el último capítulo recibí ocho reviews, y eso hace que en estos momentos el fic tenga 141 reviews, 78 favs y 121 follows. Es una cifra increíble (y sí, sé que me repito como un loro y que digo esto en cada capítulo, pero es la verdad) y estoy muy contenta por haberla alcanzado. Sois geniales.

A todas las personitas que me dejan fav y/o follow invisible pero no review, matándome por tanto un gatito cada vez: dejad un review y salvad un gatito. O dejad un review solo porque me hace feliz saber que estáis ahí de verdad y no sois robots que le dan a fav y/o follow. Gracias :)

¡Nos vemos la semana que viene con un capítulo muy guay… que aún no he terminado de escribir xD!

Un beso,

LadyChocolateLover

PD: Deja un review si te han gustado los gladiadores sin camiseta del entrenamiento ;)