Capítulo 13: Sólo para estar cerca de ti
Había sido un día realmente largo y cansado, y no es que se estuviera quejando, pero atender traumas no la dejaba tener un minuto de paz.
Eran cerca de las diez de la noche cuando Candy pudo llegar al fin a casa y sentarse en el cómodo sofá de su sala mientras leía uno de los libros de medicina que debía revisar para una operación muy importante. Afortunadamente, había realizado el procedimiento anteriormente, pero nunca en un niño.
No sabía cuánto había estado en aquella actividad hasta que sintió unos suaves labios depositarse en su frete; abrió los ojos y se topó de lleno con el rostro de Terry, quien sonriente le acarició con la yema de los dedos la mejilla.
Se había quedado dormida en algún momento, aunque no podía especificar cuándo, pero al estar Terry ya en casa supuso que era muy tarde.
- Lo siento, Terry – se disculpó ella incorporándose del sofá en que el que terminó acostada en un muy mal ángulo – Me quedé dormida esperándote.
- Está bien – dijo él, sentándose a su lado y tomando delicadamente su mano para besar sus dedos – ya te he dicho que en días de estreno, no me esperes despierta, no me gusta que te desveles por mi culpa.
Candy lo observó con detenimiento el rostro cansado de su novio, sabía que su trabajo le gustaba, pero también era muy perfeccionista y se exigía demasiado.
- ¿Por qué no te vas a dar un baño mientras caliento la cena? – Terry pareció pensárselo un momento, pero luego sonrió en su dirección.
- Eso sería genial, pecas – se inclinó un poco y unió sus labios en un corto beso antes de levantarse y caminar hacia la escalera que lo conducía a su habitación. Terry a punto de subir el primer escalón se detuvo y volteó para cuestionar a su novia - ¿los niños?
- Maggie los dejó dormidos – respondió ella.
Terry sonrió algo triste al darse cuenta de que en días previos al estreno no veía mucho a su hijo, quizá después de la gira lo mejor sería tomarse un tiempo para irse de vacaciones con su familia, pues sabía que su hijo no era al único a quien había abandonado en las últimas semanas.
Candy vio a Terry dirigirse escaleras arriba y estaba casi segura que antes de ir a darse su merecido y reconfortante baño pasaría por la habitación de su hijo para darle las buenas noches como siempre hacía. E incluso, pocas noches atrás había descubierto que también lo hacía con Anthony. Terry había aceptado a su hijo como propio y no podía dejar de agradecerle.
Calentó el estofado y un poco de té de limón.
Subió a la habitación que compartía con Terry y dejó la bandeja con los alimentos sobre la mesa de noche.
La rubia se desvistió y se puso su ropa para dormir y se acomodó en su lado de la cama esperando que Terry saliera del baño. Amaba escucharlo hablar de los ensayos, Terry brillaba como la primera vez que le había dicho a qué quería dedicarse cuando hablaba de la obra.
Terry salió del baño portando una simple toalla alrededor de sus caderas, las gotas de agua rodaban por su cuerpo acentuando aún más sus marcados músculos y haciéndolo lucir sexy.
Candy no perdió detalle del espectáculo del hombre que era su novio, y aunque quiso, no pudo negar el intenso calor que comenzó a formarse en su interior.
Notando los ojos hambrientos de su pecosa, Terry dejó caer la toalla de espaldas a ella haciendo parecer que buscaba algo en el armario, tomó unos bóxer y se calzó lo más tranquilamente posible. La mirada de Candy sobre él estaba causando estragos en su interior, despertando cierta parte de su anatomía que llevaba algún tiempo sin usar, al menos, no de forma placentera.
El ambiente en la habitación prontamente se tornó tensó y caliente, la tensión sexual entre la joven pareja resultaba evidente y sin que pudieran evitarlo, ambos enfocaron sus miradas en la del otro haciendo enardecer sus seres aún más de lo que ya lo estaban.
Sin pretenderlo, sus cuerpos se acercaron hasta estar a tan solo unos pocos centímetros el uno del otro, sus manos ardían por acariciar la piel del otro y sus lenguas picaban por probar el dulce y exquisito sabor que el otro poseía.
Pocos fueron los segundos que pudieron contenerse antes de finalmente hacer caso a sus deseos y juntar sus labios en un beso fogoso y hambriento.
Los alientos de los amantes se mezclaban, así como su esencia. Lujuria y pasión desbordaban por sus poros envolviéndolos en una especie de trance del que posiblemente ya no existía retorno.
Casi a ciegas llegaron a la cama donde cayeron abruptamente en un enredo de brazos y piernas, sus bocas jamás se separaron, llevaban un largo tiempo sin compartir una caricia tan íntima como aquella y temían que algo les impidiera acabar con lo habían comenzado.
Con delicadeza, Terry comenzó a despojar de sus ropas a su novia, comenzando con la minúscula blusa que ella acostumbraba utilizar para dormir.
Una vez fuera, dejó un reguero de besos desde su mandíbula al espacio de su pecho que quedaba libre de la opresión de la ropa.
Sus respiraciones eran cada vez más cortas y dificultosas, escuchándose jadeos y gemidos proviniendo de sus bocas.
Terry decidió que ya era momento de acabar con los preliminares y procedió a colar sus manos por la espalda de su mujer dispuesto a quitarle la estorbosa prenda que le impedía contemplar sus hermosos pechos.
Alcanzó el broche y al estar a punto de deshacerlo, escucharon un sonido proveniente del cuarto continuo.
El caldeado ambiente que los envolvía se volvió frio de repente ante el pleno conocimiento de lo que ese pequeño pero molesto sonido significaba.
El adorable Derek tenía que ir al baño, no era común, no pasaba seguido, pero al pequeño le atemorizaba salir al pasillo para recorrer los metros que lo distanciaba del sanitario para liberar su hidratación.
Un tanto turbado, Terry retiró las manos del cuerpo de la rubia y se levantó permitiéndole a ella hacer lo mismo.
No le dedicó una sola palabra mientras Candy tomaba su blusa del piso y se la colocaba, ni tampoco cuando se lo quedó mirando por un rato antes de que un nuevo grito de su impaciente hijo la obligara a correr a su encuentro.
Se sentía frustrado, llevaba más de tres meses intentando tener intimidad e interrupciones como esas se presentaban cada noche en que sus horarios coincidían.
Decidió que debía hacer algo al respecto, o lo más probable sería que terminaría muriendo de un serio caso de frustración sexual severa.
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Candy dio un pequeño sorbo a la taza de té frente a ella mientras veía a los niños desayunar para ir a la escuela. Era maravilloso observar el parecido que existía entre Anthony y Derek, ambos castaños, ambos de ojos azules, lo de Derek con vetas verdosas. Eleanor siempre embromaba a Karen diciéndole que se había quedado dormida durante la concepción de su hijo, pues el niño no se parecía en mucho a ella.
Sonrió ante el recuerdo, pero ese gesto no duró demasiado al recordar la forma fría y desagradable en la que se había despedido Terry de ella en la mañana.
La noche anterior después de haber acostado a Derek y asegurarse de que caía nuevamente profundamente dormido, Candy regresó a su habitación dispuesta a terminar lo que hacía unos minutos había comenzado con su novio.
Su sorpresa fue grande cuando encontró a Terry totalmente dormido, dándole la espalda a su lado de la cama, como si tan sólo hecho de dormir con su rostro frente a ella le perturbara.
Molesta y totalmente decepcionada, tomó los platos vacíos en los que le había llevado la cena y se dirigió a la cocina para asearlos y de paso tener unos minutos para pensar en su situación.
Decidió que lo mejor era tomar al toro por los cuernos y encarar cualquier problema con Terry como siempre lo habían hecho, conversando.
Fue por eso que a la mañana siguiente mientras, trató de entablar una conversación con él, pero él, sin siquiera mirarla, se excusó diciendo que era muy tarde y que después hablarían. Besó cariñosamente a su hijo y a Tony en la cabeza y le dio a ella un rápido beso en la mejilla como despedida.
Terry jamás hacia eso, a menos que estuviera realmente enojado, pero ¿qué lo habría molestado esta vez? ¿Estaría enojado con ella por lo de la noche anterior? ¿Acaso la culpaba?
¡Sólo se hacía cargo de Derek, por Dios! ¡De su hijo!
Candy llevó a los niños al colegio y miró su reloj, había quedado con Eleanor para tomar el almuerzo, volvió a casa a poner algo de orden y salió con tiempo suficiente para llegar donde la madre de Terry.
- Hola, Candy – la recibió la rubia mayor.
- Eleanor.
- ¿Qué pasa, cariño?
- Nada.
- Claro que sí, te conozco – Eleanor hizo un gesto con la mano para que Candy la siguiera a la terraza donde tomarían los alimentos – ¿problemas con Terry? – Candy no respondió, pero su cara era de confusión, suspiró y decidió ser sincera.
- Algo así.
- Bueno, es normal, las parejas se pelean, es saludable—la amable ama de llaves de la actriz llegó con té y los bocadillos y se retiró no sin antes preguntarles a las rubias si se les ofrecía algo más; ante su negativa, se retiró dejándolas continuar con su conversación.
- No nos hemos peleado, simplemente él está molesto por algo que realmente no entiendo.
- Vamos Candy, es muy normal que las parejas se peleen de vez en cuando. Además— Eleanor sonrió pícaramente asustando a la pecosa por las locas ideas que quizá estarían formándose en su cabeza—, la reconciliación es lo mejor.
- Nunca he tenido que reconciliarme—admitió en un susurro.
- ¿Es enserio? Pues creo que esta sería una excelente primera vez.
- Pero hay un problema.
- ¿Cuál es?
- Que es exactamente el… sexo… la razón de nuestro… problema— al ver la mirada confundida de la rubia mayor, Candy decidió contarle lo sucedido la noche anterior, quizá su posible suegra tendría algún buen consejo que la ayudara.
- No creo que ese sea un gran problema—dijo la ojiazul después de que Candy le contara su no tan breve historia—sedúcelo esta noche y pasen un romántica y apasionada velada, eso es todo.
- Eso quisiera, pero los niños, el trabajo… lo hemos intentado por tres meses y no hemos llegado a nada más que el previo.
- ¿Tres meses? – gritó.
- Yo… - Candy la miró avergonzada.
- No digas nada, Candy, ¿tienes tiempo todavía? – ella asintió – ven tal vez tengo la solución para ti.
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La brisa removió suavemente su cabello alborotándolo aún más, era un día fresco, pero el reluciente sol que se asomaba de entre las nubes no permitía que fuera frío.
Terry estaba esperando a Candy, ese había sido su día libre, los niños había comido con él y estaban arriba haciendo sus deberes.
Sus pensamientos de pronto fueron dirigidos a su pecosa. Después de la noche anterior en que, nuevamente, Derek interrumpió, él trataba de enmendar la desagradable e injusta forma en la que la había tratado esa mañana, llegando a casa con un ramo de sus flores favoritas y una lista de disculpas.
Candy llegó pocos minutos después, con su madre lanzando órdenes y buscando ropa en los cajones de ambos niños. Dijo algo acerca de tenerlos con ella esa noche y que ellos no debían preocuparse de nada.
Candy sonrió, esa sería la gran noche.
Tenía todo su atuendo, muy sensual por cierto si tuviera que admitirlo, escondido en el fondo de su bolso.
- Calentaré la cena – y se fue a la cocina, sonriendo mientras los niños subían al auto de Eleanor y se despedían de ellos.
La rubia removió el contenido de la olla que se calentaba a fuego lento en la cocina. Calentar comida era una de sus especialidades culinarias.
Escuchó pasos acercarse a la cocina y no necesitó ser adivina para saber quién era. Seguramente Terry olió el exquisito aroma de la comida de Maggie y tal como hacía con la niñera y cocinera de su hijo, uso su poder de persuasión para que lo dejara probar un poco de lo que estaba calentando.
- Huele delicioso – Terry asomo su cabeza por la puerta haciendo reír a Candy, ya quisiera ella cocinar tan bien.
- Solo lo estoy calentando – declaró Candy, pocas veces tenía oportunidad de cocinar, por suerte, ya no quemaba la comida como cuando vivía con Albert - ¡Terry Granchester, ni se te ocurra meter la mano!
- Candy, vamos – se acercó para envolverla en sus brazos alrededor de la cintura – no aguantaré tanto – dijo, quejándose como niño pequeño.
- Exagerado – y la decir eso, le dio un manotazo con el cucharón. Terry se quejó y manoteó por el dolor.
- Eres muy mala.
- Puedo serlo aún más – sonrió divertida ante la cara de asombro de su novio.
Cenaron y hablaron de todo un poco. Por fin tenían la casa sola.
Terry fue a su habitación para tomar un baño.
- ¿Quieres acompañarme? – Candy se negó y no dijo nada más. Terry se molestó un poco con ella porque no quería aprovechar la oportunidad que quien sabe cuándo podrían volver a tener.
Cuando terminó, Terry abrió la puerta para entrar de nuevo a la habitación y notó que el ambiente se sentía… erótico y de pronto se sintió nervioso y emocionado, como un adolescente a punto de perder su virginidad, sino supiera que era imposible, juraría que esos en esos últimos años de celibato había recuperado su virtud.
La luz era tenue, proporcionada simplemente por grandes velas aromáticas. Y una suave música salía del tocadiscos.
Todo dentro de la habitación indicaba deseo y lujuria.
La puerta de la habitación se abrió y de ella emergió una despampanante Candy, inusualmente irreconocible para él.
Llevaba un hermoso vestido, muy ceñido que la hacía lucir… diferente. Su cabello suelto estaba alborotado y le daba una apariencia sensual.
Terry no podía quita los ojos de la magnífica visión que era su pecosa, estaba totalmente hipnotizado no sólo por su increíble aspecto, sino también por la sensualidad que desbordaba, nunca antes la había visto de esa manera.
Lentamente la miró acercarse hasta quedar frente a él, acercó su rostro y sus alientos chocaron haciéndolo estremecer. Levantó sus manos dispuesto a atraerla hacia sí, y no dejarla ir jamás, pero sus intenciones se vieron frustradas cuando Candy le sonrió juguetonamente antes de regalarle un corto beso a sus labios; colocando sus manos otra vez frente a él, se recostó en la cama esperando que su intrépida Candy se uniera a él, pero Candy al parecer tenía otra idea pues se alejó hasta quedar en medio de la habitación, frente a él.
Aunque estaba intrigado por todo ese juego que llevaba a cabo Candy, Terry no pudo evitar sentirse excitado por todos los estímulos a su alrededor.
El ambiente, la música e incluso la luz, sumados a la enigmática sensualidad recién descubierta de su novia despertaban sus más profundos deseos y algo le decía que no tardarían mucho en ser saciados.
Candy miró intensamente a su pareja tratando de envolverlo en la burbuja de pasión en la que ella también se encontraba, por fortuna sus miedos e inseguridades habían desaparecido casi por completo, haciéndola acreedora de una seguridad que no sabía que tenía.
Con movimientos medidos se dijo que era hora de comenzar su espectáculo.
Desde la cama, recargado en las almohadas, Terry no perdía detalle de cada uno de los movimientos de su amada pecosa.
Candy deshizo uno a uno los botones que cerraban su vestido y dándole la espalda al castaño, lo dejo deslizar hasta sus pies.
Ahora su vestimenta solo consistía en un sexy conjunto de lencería negra de encaje, Candy sonrió complacida al notar la cara de embobamiento de Terry, luego le agradecería a Eleanor su ayuda al escoger por ella tan bonita vestimenta y llevarse a los niños esa noche.
Saliendo del vestido, Candy comenzó una danza suave y sensual.
Sus ojos jamás se desconectaron de los de los de Terry, quería observar cada una de las reacciones que provocaba en él, y al parecer eran muchas considerando el pronunciado bulto que sobresalía en sus pantalones.
Sonrió complacida al notar su logró.
Despacio, y con ayuda de su autocontrol, puso en práctica cada una de las técnicas aprendidas durante los últimos años. Era una mujer de 26 años, joven y sensual que había vivido plenamente su sexualidad. Y no solo movía el cuerpo, usaba sus piernas haciendo movimientos que dejarían atónito a cualquiera.
Y poseía una gran flexibilidad, poniéndola en práctica al realizar un complicado arco con su espalda hasta dejar a su cabeza caer hacia atrás con el cabello tocando el suelo, su pose final.
Avanzó con pasos lentos hacia Terry besó sus labios brevemente dejándolos a ambos con ganas de más.
- ¿Te gustó? — preguntó como niña inocente.
- No te imaginas cuánto – le dijo mientras se levantaba de la cama y acunaba sus mejillas para besarla.
Se separaron y él le sonrió incluso con la mirada. Acarició aquel rostro, como deseando memorizar cada rasgo, cada peca.
Candy besó sus dedos cuando rozaron sus labios, estaba emocionada y sumamente nerviosa. Deslizó sus manos por los hombros de Terry, siguiendo la forma de la ropa al acentuarse en su torso, comenzó a abrir la bata para poder retirársela con dedos temblorosos.
Él permitió que ella se la sacara quedando en el pijama negro.
- Desátalo—pidió risueña.
Terry se sintió al principio confundido, pero luego se percató de que el broche del sujetador estaba en la parte delantera, entre las dos copas, inmediatamente, lo deshizo.
Candy terminó de quitarse la estorbosa prenda dejando a Terry deslumbrarse con la hermosa vista de sus cremosos pechos. Volvió a acercarse a él y presionó sus cuerpo logrando una exquisita fricción que terminaría por volverlos locos.
No había necesidad de preguntas, los dos sabían lo que ocurriría en poco tiempo. Sería la primera vez que estarían juntos y él quería tomarse las cosas con calma, aunque seguramente eso no sería posible, podía sentir el deseo cosquillear por su cuerpo, sus pantalones comenzaban a suministrar una presión molesta sobre su entrepierna.
La estrechó pasando las manos por su espalda sintiendo la textura fina de su piel. Candy exhaló suavemente, al sentir los labios de Terry revolotear por su cuello. Se aferró a él, sintiendo su pulso acelerarse y sus rodillas temblar.
Candy atrapó su boca con el ardor del deseo jamás sentido corriendo por su cuerpo, dejándola en llamas. Deseaba sentir más, quería sentir más. Terry ahondó en el beso, abriéndose paso por sus labios, que disfrutó y mordió a placer, logrando que ella jadeara. Sus manos incapaces de quedarse quietas, delinearon la femenina figura, haciéndola temblar.
Aquellos roces los habían dejado sin aliento, obligándolos a separar sus bocas y buscar un poco de alivio para sus pulmones.
- Ven – pidió Candy, recostándose sobre sobre el colchón.
Él alzó las comisuras de sus labios en una sonrisa. Se quitó su playera y el pantalón, dejando ver su bóxer negro abultado. Candy siguió sus movimientos, su corazón golpeaba con fuerza en su pecho.
Terry se colocó sobre ella, Candy lo atrajo hacía sí, el peso de él no significó un problema para ella, era un peso que deseaba sentir. Sus cuerpos se encontraron, la marejada de sensaciones y los besos los mantuvo ocupados por un rato.
- Eres hermosa - halagó poco después, logrando que ella sonriera, mostrando su hilera de dientes.
- Te amo —pronunció, acariciando la melena castaña.
Sus labios se encontraron con pasión. Candy dejó que sus dedos se desplazaran por la ancha espalda, sintiendo como los músculos se tensaban con su toque. Terry soltó un gemido ronco de aprobación, se apretó aún más contra ella, sus manos buscaron sentir su piel. Rompió su beso para poder mirarla, recorriendo su abdomen, acariciando cada centímetro.
El deseó rugió como una bestia despierta en su interior y sin embargo aún tenía la suficiente consciencia para obligarse a ir con lentitud.
Ella sentía un caudal de emociones, un suspiró brotó de sus labios cuando él tomó entre sus manos sus pechos, mientras recorría su garganta con pequeños besos y mordidas.
- Terry —pronunció su nombre con suplica, sus uñas dejaron marcas de medialuna sobre la piel tostada de los hombros masculinos. Se restregó contra él con descaro, buscando algo que sólo él podía darle. La risa sedosa de Terry le puso la piel de gallina, alzó su rostro mirándolo confundida.
- No me pones las cosas fáciles, podríamos consumar esto en tan sólo unos minutos, pero quiero hacerlo lento, tenemos el resto de la noche para amarnos.
Candy enrojeció completamente. Amaba tanto a ese hombre, estaba rendida a sus deseos y no quería luchar contra eso. Lo atrajo por la nuca, capturando su boca con la suya en un beso sin igual. Terry siguió abrazando aquella figura con el toque de sus manos. Ambos se encontraban solamente en ropa interior pero él se encargaría de desaparecerla.
Candy siseó presa de deliciosas sensaciones, se abrazó a él sintiendo el roce de sus pieles, la sensación fue sublime, ambos dejaron escapar sonidos ahogados. Él se movió admirando la belleza de aquel cuerpo, sus pechos se alzaban firmes buscando su atención. Despejó su rostro de unos rizos que habían caído
- Quisiera que supieras lo hermosa que te encuentro — murmuró, logrando que una sonrisa adornara la boca de ella.
- No necesito escucharlo si puedo sentirlo.
Compartieron un largo ósculo lleno de amor y pasión, mientras sus cuerpos se frotaban buscando más contacto, cediendo al calor del deseo. Terry la cubrió de besos mientras sus dedos danzaban sobre sus senos y cuando alcanzó tan dulce lugar con su boca, no se detuvo hasta que se sintió satisfecho con las atenciones que les otorgó a aquellos rosados botones.
Suaves sonidos brotaron de la garganta de Candy, llenando la habitación, entrecerró sus ojos con placer, ondulándose contra él. El actor se deleitó con aquella sensual imagen, notando cómo se mordía los labios. Decidido, le arrebató a los dientes de su novia su labio inferior, succionándolo con delicadeza. Ella no quería quedarse sin participar, creía saber lo que podría gustarle y estaba dispuesta a intentarlo.
Sus manos trazaron aquellos pectorales, podía sentir el salvaje latido de su corazón contra su palma, bajó por su abdomen observando el camino de vello oscuro que terminaba dentro de su bóxer. Sin pensarlo mucho y con los dedos temblorosos, se abrió paso por la cinturilla de la prenda colándose en su interior. De los labios del castaño brotó un sonido profundo y bajo, cuando la mano femenina se cerró sobre su eje, su cuerpo se curvó instintivamente.
Candy inició un ritmo lento pero agonizante para él, ella observó el rictus que transformó el rostro de Terry, su respiración entrecortada, la piel bañada en una capa fina de sudor. La forma en que buscaba desesperadamente más contacto, moviendo sus caderas irreflexivamente. Estaba conociendo otra faceta de él y reducido a un manojo de gemidos.
Él la detuvo, demasiado rápido según la opinión de Candy, apenas se estaba acostumbrando a la extraña sensación de acariciarlo. Su ceño se frunció y desfrunció tratando de comprender su acción.
Terry se tomó unos segundos para recomponerse, besó sus labios sonriendo con esfuerzo. Podía sentir su dolorosa erección reclamando la atención quitada, iba a necesitar de toda su concentración para no alcanzar el orgasmo antes de lo esperado.
- Quiero terminar dentro de ti —explicó con voz ronca, logrando que una latigazo de calor la recorriera y se instalara entre sus piernas.
- Oh.
Terry adoró su bochorno, depositó un beso en su nariz. Se despojó de su bóxer, sintiendo de inmediato un alivió al liberarse del roce y presión de la prenda. Candy le dio un buen vistazo, por fin lo tenía completamente desnudo sobre ella.
¡Oh Dios! Su corazón se aceleró de mala manera, deseaba ya que la poseyera pero parecía que él tenía otros planes. Terry adoró cada centímetro de su piel con sus labios y sus manos, fue bajando por la figura, escuchando los sonidos de dulce éxtasis que escapaban de aquella boca que avivaban su deseo. Le abrió las piernas con delicadeza, haciéndose un espacio ahí. Notó la pequeña prenda que cubría su feminidad y se sorprendió ante lo diminuto que era, nunca pensó que ella usaría algo como eso.
- Terry —llamó con voz temblorosa.
Él le sonrió con claras intenciones, antes de dejar que sus dedos la acariciaran sobre la prenda. Ella se arqueó aferrándose al cubrecama, exhaló con fuerza, elevando sus caderas del colchón. Terry rió al verla perder el control de esa manera, justo como él había estado hacía unos minutos y aún ni siquiera le había hecho la mitad de lo que quería hacerle. Tomó las bragas bajándolas con lentitud, acariciando sus piernas y dejando uno que otro beso sobre ellas.
Entonces alzó su mirada, por fin la tenía desnuda y lista para él. Soltó un sonido grave, mezcla de ansia y deseo, al ver la forma en que pedía su regreso. Volvió a su antigua posición, sólo debía esperar un poco más y estaría dentro de ella. Acarició su centro de forma superficial, pero fue suficiente para tenerla suplicando.
Candy echó su cabeza hacía atrás y dejó que su cuerpo se removiera siguiendo los impulsos que venían desde su interior. Terry no se detuvo esta vez, las yemas de sus dedos recorrieron tan delicada zona, reconociendo los puntos que la hacían enloquecer. Ella no podía quedarse tranquila sobre la cama, lo que obligó a Terry a posar sus manos en los huesos de su cadera, manteniéndola quieta. La hizo alcanzar la cima del placer con apenas unos besos de mariposa, su lengua y sus dedos.
Terry la contempló yacer sobre la cama, hermosa, sonrojada, satisfecha. No podía creer la suerte que tenía de estar ahí, de ser él a quien ella amaba. Ni siquiera podía ahora hilar un pensamiento coherente, estaba completamente aturdido por ella, trepó a su lado mirándola de una forma tan especial que reavivó el calor en Candy.
Ella lo rodeó con sus brazos al instante, buscando su contacto. Sus bocas se unieron en un beso lleno de nuevas emociones, sus cuerpos desnudos se tocaban de forma lujuriosa, encendiéndolos buscando la culminación de tal glorioso acto de amor.
Terry no podía esperar más y Candy no quería que lo hiciera, el momento de volverse uno había llegado. Ella se mordió su labio, sentía que su corazón se pararía de un momento a otro, la emoción, el deseo y los nervios la mantenían al filo del colapso.
Terry la guió a una postura más cómoda para ambos, le colocó una almohada debajo de las caderas. Él dirigió su miembro hinchado a su entrada. Candy quiso cerrar los ojos y sin embargo no lo hizo, su mirada quedó atrapada por la verdiazulada de él. Escuchándolo susurrar palabras de cariño, se aferró a su espalda sintiendo cada uno de sus movimientos con intensidad que la dividían entre la incomodidad y el placer.
Terry fue cuidadoso, su cuerpo temblaba por la forma en que buscaba contenerse, el ángulo y la posición facilitaron la penetración, cuando al fin estuvo completamente dentro de ella, sintiéndola tan estrecha, cálida y perfecta, no pudo más que sentirse agradecido por tener semejante oportunidad.
La habitación se llenó de una sinfonía de sonidos compuestos por los dos, entregándose simple y perfectamente como sólo dos personas enamoradas podrían.
Él sustituyó la almohada con su mano, el cambio hizo que ambos soltaran gemidos. Segundos después los movimientos lentos iniciaron, ambos fueron sorprendidos por las sensaciones vivas que tintineaban por sus cuerpos sudorosos.
El instinto jugó a favor de Candy, llevándola a acoplarse poco a poco al ritmo impuesto por él. Sus manos dejaron rasguños al resbalarse por la extensión de la espalda de Terry hasta llegar a su trasero, logrando que él emitiera un largo jadeo.
La armoniosa cadencia con la que sus caderas se unían los conducía lentamente a un final exquisito. Las manos de Terry vagando por su cuerpo y sus besos fueron el detonante que ella necesitó para perderse en un estallido de placer que la hizo ver miles de colores, mientras gritaba su nombre.
Él siguió meciéndose con agonía, pronto se alzó sobre ella, curvándose y hundiéndose profundamente en su interior y cuando el orgasmo lo alcanzó, vibró por todas sus terminaciones nerviosas.
La energía en el cuarto se fue extinguiendo dejando un ambiente de paz. Ambos se fueron relajando poco a poco, recuperándose de tan exquisitos momentos, disfrutando del silencio.
Terry sonrió contra el cuello de Candy al sentir las yemas de los dedos de su novia, acariciar su nuca. Depositó un beso en su hombro sonriendo como el idiota enamorado que era.
- Eres mi vida, te amo.
Una sonrisa floreció en el rostro de ella, había sido una experiencia grandiosa.
- Yo no podría vivir sin ti.
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- Candy – le susurró al oído, al cabo de un rato.
- ¿Si?
- ¿Puedo hacerte una pregunta?
- ¿Es sobre algún tema incómodo?
- Sí
- Me preparo para lo peor – dijo mitad en serio, mitad en broma.
- Solo quiero conocerte mejor.
La respuesta podía ser bonita, pero Candy dio un suspiro resignada, ya sabía qué le iba a preguntar.
- ¿Qué quieres saber? – dijo, de mala gana.
- ¿Esta es tu primera vez? – Candy sonrió un poco, aunque aún no se sentía en territorio firme.
- Una dama no habla de esas cosas – sonaba más suplicante que terminante y su incomodidad apenó a Terry. Era obvio que ella deseaba mantener esa parte de su vida en el pasado. Y él lo comprendía.
- De acuerdo, no volveré a preguntar.
Entonces Candy miró a Terry a los ojos, que estaban llenos de amor y simpatía, y se inclinó para besarlo. Candy abrió la boca para dejar pasar su lengua y emitió un gemido de placer que causo eco de placer en la entrepierna de ambos.
La noche era larga y llena de promesas de amor.
Continuará…
Espacio para charlar
Desde febrero que no actualizaba este fic, vaya cosa, merezco que me quemen en la hoguera, lo sé, lo sé, soy de lo peor.
Iba a dejarlo relegado, pero mientras escribía el último capítulo de UN DÍA A LA VEZ, las ideas se inclinaron a esta historia y como aconsejaría el autor de "En nombre del viento" si una historia está bloqueada, lo más importante es no dejar de escribir. Él dice que cada historia larga y compleja debe ser empalmada con una sencilla y corta, esto es para mí Tiempo de esperanza, es mi escape al bloqueo y hace mucho que no me sentía así, pero hoy no tuve deseos de seguir con mi otro capítulo, pero sí de escribir.
No sé cuándo voy a retomarla, espero que UN DÍA A LA VEZ no me lleve más tiempo, pero de ahí saltaré a LA MELODÍA QUE GUÍA TU CORAZÓN, así que les pido paciencia, tal vez en un mes tenga otro lapso para seguir con este fic al que le faltan 3 capítulos si acaso 4.
¡Gracias por seguir leyendo!
Significa mucho para mí que sigan pendientes de mis historias. Ya saben que sus críticas, comentaros, reclamos (del capítulo no de la demora) son bien recibidos y me hacen muy feliz.
Nos vemos en el siguiente capítulo.
6 – jun – 2018
Ceshire…
