Me siento mal por no haber actualizado, estuve apartada de este lugar por algún tiempo. Lamento la tardanza.

Aclaro que para este capítulo, sigo usando la letra cursiva para flashbacks pero por única ocasión, usaré —las letras en negrita— solamente para indicar los diálogos de los personajes cuando están actuando en la obra de teatro y la intervención del narrador.


Capítulo 12

—Así es Taiyou, ¿no es una romántica leyenda? Dos personas están conectadas por un fino y único hilo rojo invisible, que los une de por vida; es un lazo para aquellos destinados a encontrarse, que sin importar lo que pase, las distancias, o el tiempo, no puede romperse —hablaba tan rápido y se lo narraba con gran emoción, que parecía que conversaba consigo misma; de modo que, la joven enfermera, al contarle tal historia cometió el error de decir "dos personas", no englobaba necesariamente a un hombre y una mujer.

—¿Y por qué no puedo verlo?

—¿Eh?

—¿Qué por qué es invisible? ¿Y por qué el hilo tiene que ser rojo y no de otro color? ¿Y por qué sólo tenemos uno?

La enfermera con prontitud se arrepentía de haberse dejado llevar por sus palabras, era nueva en el empleo y trató de explicarle como pudo a Amemiya sus dudas, sin embargo, no convencía mucho al pequeño, únicamente causaba más interrogantes en su cabeza.

Se notaba que a Taiyou, siendo un niño, no le interesaban esos temas, en cambio sí que disfrutaba hacer sufrir a los adultos con sus cuestionamientos, porque llegaba el momento en el cual se desesperaban y ya no sabían que responder a sus porqués; Yuuichi era de los pocos que le tenía la suficiente paciencia; usualmente cuando tenía una duda, iba corriendo a consultarlo a él.

—Y fue de mal en peor, cuando le pregunté acerca de dónde vienen los bebés su rostro enrojeció. Gritó algo como "aún eres un niño, lo sabrás cuando crezcas" y se fue corriendo. Si ya me lo explicaste, no es nada del otro mundo —le contó, causando que Yuuichi riera tenuemente ante tal experiencia.

—¿No te gustó la leyenda?

A Amemiya se le hizo extraña su pregunta, mas lo pensó un poco antes de contestar. Mientras subía hasta la cama donde reposaba el mayor, sentándose a su lado.

—¿De verdad existe?

—¿Te gustaría que fuera real?

—No —concluyó, yo quiero elegir por mí mismo a esa persona —respondió, acomodándose mejor al lado del joven de azules cabellos—, quiero que si nos separamos, el extremo de mi hilo este en el meñique de Yuuichi... —susurró tan quedo, que fue inaudible para el otro. Quedándose con rapidez dormido antes de que pudiese preguntarle lo que dijo.

De nuevo se quedaría a descansar en una habitación que no le correspondía, era mejor que quedarse solo en su cuarto, a pesar de que las reglas del hospital estrictamente lo prohibían y si su madre se enteraba lo mataría, pero seguir las reglas no era su estilo, y también contaba con su salvadora Fuyuka; por su parte Yuuichi sólo esperaba que no terminara empujándolo de su propia cama, como la última vez.

. . .

"Sólo una persona será la indicada para cada uno, sólo una puede romper el hechizo, y no importa que suceda, una vez que la encontraron, no podrán librarse de esa unión".

"Si nos hubiésemos conocido en otro momento...

Si ese día no te apartaras para regresar a Okinawa, o si nunca me hubiera acercado a esta escuela y en su lugar fuera a cumplir mi promesa, ¿aún me esperarías?

¿Cómo reaccionarías al enterarte de la enfermedad que estaba lentamente acabando conmigo? ¿Soportarías eso conmigo? No, no resistiría ver tu rostro lleno de pena por verme a diario en tan deplorables condiciones, preferiría morir primero, o eso pensaba en un principio.

Porque también sé que si deseaba despedirme de ti, un obstáculo más grande que no poder salir de esta ciudad me detenía: tu madre; porque dejando de lado todo el control que ejercía sobre ti, aún la aprecias mucho y estoy seguro de que, no le agrado ni un poco, después de todo, que pasaras tanto tiempo con un extraño con posibles raras intenciones —según ella— y que desvía tu atención hacia mí, no era algo muy benéfico. ¿Sería capaz de hacerla cambiar de opinión o te alejaría de nuevo?

Al final, te terminaría persiguiendo. E incluso al pensar en todas las posibilidades imaginables, y si encontraras a alguien que te hiciere feliz, y te dejara marchar con aquella persona, aun así, todas mis ideas llegan a una misma conclusión, ya lo pensé una y otra vez, igual terminaríamos reuniéndonos una vez más... y todas las veces... yo... igual acabaría... e..."

El sonido de la puerta, detrás suyo, cerrarse con repentina brusquedad, lo despertó de su largo sueño. Su entumecido cuerpo le dolía, a causa de quedarse dormido sentado entre los cojines del sofá, mientras leía algunos papeles por la madrugada.

Su "despertador" fue Yamato, quien al cerrar la puerta de la habitación contigua a la sala del comité, trató de no hacer mucho ruido, sin embargo, la delicadeza no era su fuerte. Además, se notaba que Senguuji poco se dio cuenta de su acción; se frotaba la sien con aires de desesperación, mientras chasqueaba la lengua.

—¿Cómo sigue Kurosaki-kun? —Se apresuró a preguntar, estirando los brazos para espabilarse y enseguida arreglar los papeles sobre la mesa.

—Igual —respondió con desdén, dejándose caer sin cuidado alguna, en el otro sillón—, le duele la cabeza, el estómago y no sé qué más... —continuó, con cierta molestia apenas perceptible en su voz—. No me han reportado anomalías. Siempre la verdadera diversión empieza por las tardes. ¿No fuiste a ver la obra de teatro a la que te invitó Fei? —Intentó con rapidez cambiar de tema, pero era evidente su severa distracción con tan sólo observar que su vista no se despegaba de la otra habitación, realmente mostraba muy poco interés en lo demás, un tic nervioso se asomaba en él al morder su labio.

—Trata de calmarte —le aconsejó Yuuichi—. Sé que estás preocupado por él, no es para menos, si han estado juntos desde que eran niños, y precisamente por eso, no debes perder la calma.

—¡¿Ah?! No sé a qué te refieres —negó rotundamente, cruzándose de brazos—. Las eventuales predicciones del futuro que tiene Makoto en sus sueños nos son de gran ayuda. Pero desde el incendio, no ha visto nada, y desde hace algunos días empezó a enfermar, no es un mal que un médico sea capaz de curar. Pareciera que algo lo está bloqueando... que lo está afectando, eso es lo que me importa.

Yuuichi no pudo evitar dejar salir una diminuta risa ante su irrisorio comentario; su reacción provocó que su acompañante refunfuñara. Sabía bien, desde que lo conoció, que Yamato no admitiría su preocupación por el otro—. Deberías de ser más honesto contigo mismo.

—Y me lo dice quien no acepta que anda detrás de alguien con cabeza de zanahoria —replicó con sorna. Y de inmediato notó como la dulce sonrisa del mayor de los Tsurugi desaparecía, arrepintiéndose de inmediato de su opinión, no era nada bueno, que lo hiciera enojar, ya lo sabía por experiencia propia.

—Tienes razón, tal vez debería seguir mis propios consejos —respondió, volviendo a retomar su calmado semblante.

A Senguuji le pareció que por unos minutos dejó de respirar, exhaló con tranquilidad, esta vez se salvó— Voy a terminar fumando de nuevo, de puro estrés.

—Kurosaki-kun te mataría primero antes de siquiera volver a mencionarlo. —Ahora fue el turno del joven de rosas cabellos de reír.

—Hablando en serio... ¿Aún no cambias de opinión? Deberías de aprovechar el tiempo que te queda para pasar tiempo con él.

—¿Y después abandonarlo? ¿Luego de que mis deseos por seguir viviendo regresen? —Ya lo había aceptado, su decisión continuaría firme, sólo había una forma para seguir viviendo, y no pensaba utilizarla—. Pero... fue suficiente el tiempo que tuve para pensar en lo que hice y en lo que haré. —Dejaría de darle vueltas al asunto, solamente una vez más, ver a Taiyou una vez más sería suficiente, para cumplir su deseo, y para cumplir su propio deseo—. También hay otros asuntos de las cuales ocuparse antes de que se salgan de control.

—¿Yuu...ichi... San? —Escuchó provenir de la débil voz de Makoto, quien se sostenía con dificultad del marco de la puerta, sus piernas temblaban y sus mejillas se teñían de rojo por su propensa fiebre.

—¡Oye! ¡¿Qué crees que haces fuera de la cama?! —lo reprendió Yamato con rapidez, alzando la voz, y acercándose hasta él para ayudarlo a sostenerlo.

—Es-estoy bien, lamento las molestias que causo —le dijo aceptando su apoyo; Senguuji se sentía extraño, pues ni en su sano juicio Kurosaki lo trataba tan bien como cuando estaba enfermo —, necesito advertirles algo muy importante —aseguró—. Alguien... esa silueta parece peligrosa, esta noche intentará hacer algo... contra Amemiya Taiyou.


La pequeña niña miraba cautelosamente de un lado a otro, antes de cruzar la última calle que le faltaba; sonriendo se felicitó a sí misma por despistar a su niñera y lograr llegar a Raimon sin perderse. Sujetó con fuerza su mochila y comenzó a dar pequeños saltitos al caminar, sus cabellos negros sujetados en una coleta, acompañados con los holanes de su vestido, se agitaban a la par de sus pasos.

Al llegar a la entrada, se quedó mirando con asombro el gigantesco y llamativo arco que daba la bienvenida a los visitantes. Aún era temprano pero ya se notaba que el prestigio de la escuela atraía a muchas personas.

Trató de pasar desapercibida, lo cual no le fue muy difícil entre tal multitud; la parte mala era que al virar la vista en todas direcciones no encontraba a dónde ir para localizar su objetivo. Entre más se adentraba, su apetito y antojo se incrementaban, pues por todo el patio, los principales puestos de comida típicos de un festival escolar, en especial los postres, llamaban su atención, pero no llevaba consigo dinero alguno. De un momento a otro se veía atrapada entre los promotores de diversos clubs que anunciaban con vehemencia sus actividades y tratando de librarse de ellos, al seguir caminando, más se perdía.

La pequeña se comenzaba a desalentar, a pesar de que realmente le parecía un ambiente bastante agradable, lleno de personas cálidas que se divertían con lo que hacían, deseando algún día poder disfrutar de un evento así. Sin embargo, no olvidaría la razón por la cual se hallaba en ese lugar, tenía una misión que cumplir. Hasta que finalmente se encontró con algo que le provocó emitir un leve grito de felicidad, al toparse en una esquina con un pequeño conejo acurrucado, que vagaba solo, tratando de no ser pisado; deducía que el animalito estaba también perdido y triste—. ¿Tú también buscas a alguien que necesitas ver con urgencia? —preguntó al conejito, mientras lo subía a sus brazos—. ¿Buscamos juntos? —Y como si la escuchara, parecía indicarle el camino a seguir.

Así fue que junto con el conejo siguió con su búsqueda, tenía que encontrar a esa persona antes de que su hermano mayor descubriera su fuga.


El inicio del día fue tranquilo, los pocos clientes que llegaban a su cafetería, eran atendidos por las chicas que vestían de traje de mayordomos y por los chicos que —voluntariamente obligados— portaban vestimentas de Maids; el ajetreo aumentó conforme la gente arribaba al lugar, obteniendo gran número de visitas curiosas de deleitar su paladar y su vista. El clima resultaba agradable, el fresco amanecer, y la fina brisa era perfecta para el largo día que les esperaba.

Tenma fue afortunado de evitar tal vestimenta, al ser asignado al área de cocina. Sus responsabilidades de dirigir a sus compañeros cocineros apenas le permitían vaguear en sus pensamientos, continuaba intrigado por no recordar mucho del día anterior; hasta donde sabía, hablaba con Tsurugi de cosas importantes y luego... olvidó lo que sucedió después; lo siguiente en su mente era que su cabeza descansaba sobre sus brazos, encima de una mesa, sin nadie a su alrededor. Al removerse un poco, notó que sus hombros eran cubiertos por la capa oscura de Kyousuke —avergonzándose enormemente por ello—, y la duda que lo carcomía era ¿por qué se quedó dormido? No le parecía lógico.

La única manera de aliviar su inquietud era preguntárselo al dueño de aquella prenda, a pesar de que también tenía que lidiar con que no muchos de los estudiantes parecían desear acercarse a su persona, después de inferir que tenía algún tipo relación con Tsurugi.

Salió un momento, con el pretexto de tirar basura, para estirase; al mirar al cielo parecía que algunas nubes se aproximaban, esperaba que no se avecinara una de las últimas nevadas.

—Disculpa ¿podrías ayudarme? —lo interceptó por detrás, una agradable voz femenina—. ¿Podrías indicarme dónde están los sanitarios?

—Por allá, detrás de ese edificio —respondió, señalando el lugar, recibiendo una sonrisa de agradecimiento de la dama de violetas cabellos e inusual abanico emplumado que portaba; de alguna manera a Matsukaze le parecía haberla visto antes.

—¿Nos conocemos de alguna parte? —habló espontáneamente.

—Puede ser, yo impartía clases en esta escuela, hace algunos años —respondió, acercándose repentinamente muy cerca de su rostro, como si analizara directamente aquellos ojos azul-grisáceos, provocando que Tenma diera un leve brinco, pero antes de que pudiera decir algo, la joven se separó dándose la media vuelta—. Deberías ir a ver la obra de teatro, seguramente hallarás algo interesante y también, te daré un buen consejo, no lo olvides... "el deber de un caballero es proteger a su rey, no importa lo que pase..." —concluyó, dejando bastante confundido al joven de cabellera castaña.

. . .

—¡Tenma presta atención! ¡Pronto la función comenzará! —gritó con un parlante, la joven de nombre Seto Midori, realmente se tomaba muy enserio su papel como directora de la obra de teatro.

Matsukaze terminó haciendo caso a la señorita misteriosa y en compañía de Taiyou se aproximó al auditorio, sin embargo, todavía no asimilaba como era que terminó detrás del escenario, ayudando a los actores que en instantes saldrían a actuar en la obra que presentarían los de tercer año.

Todo sucedió tan rápido; en un momento estaba en la cocina preparando el parfait de fresa —se le daba bien preparar postres—, e instantes después, al llegar a ese sitio, él y Taiyou se hallaban frente a Fei quien les pedía a ambos su ayuda reiteradamente, con la explicación de que les faltaba gente por culpa de un festejo la noche anterior, que dejó a sus estrellas con un mal de estómago o algo así. Amemiya y Matsukaze actuarían y "su papel no pasaría de ser el árbol o la roca número dos", o eso les prometió. Hasta que un golpe de inspiración le llegó a la guionista con su participación. Y Tenma no tenía idea de cómo librarse de ello, por más excusas que dio no funcionó; con darle un vistazo al público, ya preveía que quizás se quedaría congelado y lo echaría a perder.

—No te preocupes tanto, tu papel no tiene muchas líneas —lo animó el chico de cabellos naranjas, colocando su mano en su hombro—, sólo hay que improvisar un poco —aconsejó. No se esperaba menos de él, se notaba su confianza en todo lo que hacía, con rapidez, a diferencia de su amigo, Amemiya se aprendió el libreto en cuestión de horas.

Por su parte, Taiyou prefería estar en medio de esa situación, que atrapado en la cocina recogiendo platos, pues dejaría en evidencia que no era bueno en el arte culinario. Y su plan era que con suerte encontraría el momento adecuado para escaparse.

. . .

El telón estaba a punto de subir, los parlantes alrededor del campus anunciaban con entusiasmo el inicio de la obra, la primera función especial, atrayendo a un gran número de espectadores hasta el auditorio principal de Raimon.

—Quien lo eche a perder, se las verá conmigo. —Fueron las últimas palabras de "aliento" de Midori.

"Hace muchos, muchos años atrás... —comenzó a relatar el narrador— En un pequeño pueblo, lleno de pequeñas chozas de humilde apariencia, muy apartado de la conglomeración; en una época donde el Shogun reinaba, un niño nació con una enfermedad nunca antes vista en su época, su piel se quemaba cuando los rayos del sol lo tocaban. Siendo muchas veces acusado de ser un vampiro o brujo. Condenándolo a vivir el resto de sus días en soledad, encerrado en su hogar, propenso pronto a morir con su muy débil salud".

El telón se abrió dejando ver en el escenario a Fei Rune (intérprete del protagonista) luciendo su Yukata color naranja pálido, en medio de una vieja y poco iluminada habitación; sentado junto a la ventana de papel, observando con melancolía hacia el exterior, según la historia, tantos años en reclusión incluso le quitaron la movilidad a sus piernas. De repente, escuchó un ruido de un algo quebrándose, alguien había entrado por la fuerza a su hogar. Se notaba que los trajes y escenografía estaban finamente detallados.

—¿Quién anda allí?

—No te alteres, sólo soy un simple demonio errante, que vino a cumplir tu deseo. —Sus gráciles y misteriosos movimientos coordinaban perfecto con su Yukata rojo vino y sus pequeños cuernos, su fría mirada rojiza con su sonrisa con un toque de burla, le quedaba perfecto; no esperaban menos del presidente del club de teatro: Saryuu Evan.

A Tenma le pareció una inusual historia, creyó que interpretarían Romeo y Julieta o algo parecido, pero según comprendió, Meia —la encargada del guion— mantenía una discusión con el amor de su vida, y no deseaba saber nada de cosas románticas; aunque las dosis de romanticismo de Saru se salían de vez en cuando de control.

"Dos seres tan diferentes, un demonio, y un ser humano"

—¿Por qué yo tengo que morir?

"Pero ambos tenían el mismo deseo".

—Quiero seguir viviendo.

"No les importaba si era destino o una oportuna coincidencia el haberse conocido".

—Te propongo un trato.

—¿Qué clase de trato?

Saru le ofreció un intercambio, aquel ser, le permitiría salir al exterior, extendería su vida a cambio de apoderarse de su cuerpo; él joven desesperado aceptó.

Su vida se volvió normal, el sol ya no le molestaba, asistía a la escuela sin problema alguno; todo iba bien, hasta que meses después los estudiantes de su escuela comenzaron a desaparecer, lo mismo pasó con los habitantes del pueblo. Fei fue culpado de ello y para protegerlo de los abusos de los habitantes del lugar, Saru asesinaría a todo aquel que se le acercara, usando el cuerpo que poseyó. La sangre artificial que brotaba de los cuerpos inertes de cada personaje no parecía tan falsa para quien quiera que lo mirara.

—Él sólo me pertenece a mí, su alma es mía —anunció el de cabellos blancos, abrazando por la espalda a Fei.

Y pronto vendría la parte que a Tenma le importaba, cuando el gobernante interpretado por Nishiki Ryouma le puso una suma a la cabeza del demonio, además de ofrecer en matrimonio a su hija. Es allí donde el héroe entraba en escena.

—Yo acabaré primero con ambos.

El rostro de Tenma con inconsciencia enrojeció sutilmente, esperaba impaciente la salida a escena de Taiyou como héroe. Pero él no fue la razón de su sorpresa; sino antes de ello, apareció sereno y confiado "el asesino", Tsurugi Kyousuke.

Matsukaze —al igual gran parte femenina de la audiencia— no tardó en admitir que esas prendas lo hacían lucir muy bien, sobresalía la elegancia de su Yukata color morado oscuro; su brazo derecho estaba descubierto, dejando ver parcialmente las vendas que rodeaban su blanco pecho.

Por su parte, a pesar de su aura de absoluta confianza, Tsurugi moría de enojo y vergüenza por dentro, le costaba caminar con sus zori, esas tradicionales sandalias. Llegó muy tarde al escenario, Midori ya lo había dado por muerto. Si no fuera porque su hermano lo obligó a participar en el evento para vigilar de cerca, jamás hubiese aceptado tan absurda idea. Podía escuchar a sus espaldas a Minamisawa riéndose de él, provocando que perdiera un poco la compostura y desempuñara el sable a su costado y cortara las rocas falsas a su alrededor, el filo —por idea de Meia— era verdadero. Empezaría a liberar tensiones con los inocentes extras.

Amemiya que veía con cierta impresión como Kyousuke luchaba con los "demonios menores" que invocó Saru, dudó un poco en salir a escena porque nadie le había advertido que el hermanito de Yuuichi actuaría.

—¿Qué pasa Taiyou? —preguntó Tenma llegando hasta su lado.

—No es nada.

—Esfuérzate —lo animó, dándole palmaditas a su hombro—. Te queda perfecto ese atuendo —añadió con su típica sonrisa. Amemiya le correspondió con el mismo gesto ante el halago a sus ropas color azul marino.

—No tardo en regresar —anunció, como si se estuviese despidiendo de su amante antes de ir a guerra. Y claramente, tal escena no pasó desapercibida por Tsurugi, aunque internamente aseguraba que no le importaba.

—¡No puedo permitirlo! Sólo hay que sellar al demonio, no asesinar a nadie —exclamó Taiyou haciendo su entrada triunfal. Exaltando de nuevo a la audiencia.

—Entonces intenta vencerme primero si puedes.

—Si piensas que podrás cumplir tu misión sin matar a nadie te harán polvo, yo lo derrotaré primero y cobraré mi recompensa. —Ambos fijaron su atención a la otra persona que entró a escena, Tsurugi gruñó y Taiyou sintió un escalofrío. Hakuryuu hizo su estelar aparición.

Tenma se tensó, no preveía la aparición del chico de blancos cabellos y al parecer, no era el único sorprendido, todo el elenco lo estaba, pero como al público le gustaba, a Midori y a Meia les parecía perfecto.

—Me parece bien, pueden venir los dos juntos si lo desean dijo Kyousuke.

—No. Mujeres y niños van primero —respondió Hakuryuu palmeando con fuerza la espalda de Amemiya para entregarlo al enemigo.

Apenas y Taiyou actuó por reflejo casi tropezaba por el empujón, pero logró alejarse a tiempo al sentir el filo de la katana rozar su rostro; podía asegurarlo, el corte iba en serio, con intenciones de herirlo. Tragó la saliva que se le acumuló con rapidez; no podía creerlo, o en parte sí. Ahora entendía porque una chica con la que conversó (cuando buscaba información) le advirtió apartarse de Tsurugi por comportarse de forma violenta, pues aunque era muy popular entre las chicas, le aseguraba que no le gustaría convertirse en su presa.

Lo que le resultaba difícil de asimilar era que Yuuichi y ese sujeto fueran hermanos siendo tan diferentes. De lo único que estaba muy seguro era que no le agradaba ni un poquito a Kyousuke aunque no sabía exactamente porqué. Pese a todo, se tranquilizó, retomando su valentía, era el hermano menor de Yuuichi y necesitaba hacer algo al respecto o cuando se enterara de las intenciones que tenía con el mayor, se interpondría en su camino.

—Te reto aquí, ahora mismo, si gano accederás a todas mis peticiones —afirmó sin duda alguna, apuesta exclamada al público, que sin embargo, para ellos dos, no formaba parte de la obra.

—Si yo gano, acepto el mismo premio. —Fue su respuesta junto con el alce de su katana en señal de aceptar el duelo. Lograría finalmente arreglar cuentas con él.

Midori rebozaba de emoción ante la disputa, pero en cambio Matsukaze pronto sufriría de un ataque nervioso, pues intuía que pelearía en serio y que probablemente sucedería lo mismo que con Hakuryuu. Sin embargo, esta vez sería diferente, porque no pensaba quedarse quieto.

Taiyou esquivaba la filosa hoja, dando saltos hacia atrás— Evitando no lograrás nada —le decía el otro con cierta burla en su voz, al ver los malos movimientos del inexperto Amemiya, sería bastante fácil vencerlo. O eso pensó hasta que su sonrisa desapareció, lo esquivó a propósito para acorralarlo en una esquina, un ataque alcanzó rozar su rostro, ignoraba que el de cabellos naranjas sí tenía experiencia con un arma, sus malos pasos desaparecieron, era más bueno de lo que preveía. Gruñó con enfado, pronto se cansaría de jugar y se lo tomaría en serio.

El sonido del choque de ambos metales hizo eco en todo el auditorio, ambos eran rápidos y ágiles, ninguno cedía, todo el escenario debajo de sus pies crujía con sus saltos, un minuto de distracción de alguno, terminaría su pelea. Fue decisivo, que en una esquivada, por el rabillo del ojo, a Taiyou le pareció ver la silueta de Yuuichi entre los espectadores, recordándole su objetivo principal. Repentinamente, fingió dejarse acuchillar el abdomen, dando pasos hacia atrás, guardó su arma. Le parecía la oportunidad perfecta, tanta gente concentrada, y ocupada en el festival, que le daría un poco de tiempo para acceder al lugar que deseaba.

—Has ganado —declaró abandonando el escenario; sorprendiendo a su contrincante. Aunque se suponía que en la historia él ganaba.

Kyousuke respiraba con dificultad, cansado de tantos movimientos innecesarios, dio la media vuelta confundido. Fue por un ínfimo segundo que lo sintió, el rozar de la katana de Hakuryuu, su cuerpo dio tan rápido la vuelta que, su tobillo se torció, pero de no ser así, el de cabellos blancos le hubiera atravesado la espalda. Y antes de que contratacara, Hakuryuu se acercó a él, susurrándole algo al oído, para luego apartarse de inmediato. El rostro de Tsurugi se ensombreció, contra su rival no se contendría. Apretó la empuñadura de su sable y arremetió contra él.

—¡Ya fue suficiente! —Su espada rebotó ligeramente al sentir tensión con otra igual. Kyousuke no pudo evitar sentirse sorprendido por la intervención de Tenma.

—Al parecer sigues de parte del grupo del dragón blancoexpresó una línea improvisada, le parecía de cierta forma divertido tal posición, que se encontraran en una situación tan familiar a la de la primera vez que se enfrentaron en el restaurante.

—No, sólo no quiero verte herido —le dijo sólo audible para ambos, de forma tan sincera que realmente lo dejó aturdido—, ni a Hakuryuu tampoco, no me gusta la violencia.

La audiencia murmuraba confundida ante su repentina aparición. Tenma al notar al público a sus espaldas, se quedó petrificado, actuó sin pensar, y sus nervios de pánico escénico lo invadieron.

—No esperaba la presencia del hijo del emperador —improvisó Tsurugi de nuevo, haciendo una pequeña reverencia—, mi código de vida es muy severo, pero estoy bajo su mando y si es su deseo pasar, puede matarme aquí mismo, no opondré resistencia —continuó, acercándose hasta el moreno, tomando entre sus manos la katana ajena colocando la punta en su pecho. Su rostro le decía: "sígueme el juego".

—Y-Yo... —No sabía que hacer, la sangre que brotaba de las manos que sostenían su sable, era completamente real.

—Con gusto moriría por ti —le murmuró. El de cabellera castaña tardó un poco en procesar sus palabras, sabía que actuaba pero incluso así, su rostro se sonrojó.

A la vista del público, Matsukaze apuñaló a Tsurugi, cayendo éste derrotado.

Después de ello, el héroe no fue muy consciente de su alrededor, sólo supo que Hakuryuu dijo algo de darse por vencido, y que le susurró que arruinó su diversión, y luego se lo cobraría. Y que Minamisawa como el brujo, selló al demonio.

Y al final el pequeño demonio fue sellado dentro de aquella casa, no sin antes proliferar una eterna maldición a sus captores:

—Si mi presa ha sido arrebatada, los condeno a todos a la misma suerte, todos los habitantes que pisen este pueblo, terminarán por asesinar a la persona más importante para ellos —gritó, antes de desvanecerse.

—Fin —anunció el narrador, dejando caer el telón. Y a pesar del desastre interno, el sonoro ruido de los aplausos del público era evidente.

El éxito de su actuación, no duró mucho, fue opacado por el repentino sonido chillante de las bocinas alrededor de todo el lugar, formando una mezcla con el rechinar parecido a unas uñas rasguñar una pizarra, ruido que sólo se escuchaba dentro del auditorio. Lo que provocó que la audiencia comenzara a correr con rapidez fuera del sitio. Y para empeorarlo, una fuerte sacudida de todo el escenario causó que los reflectores y objetos en el techo comenzaran a caerles encima. Agrietando el entarimado; el pie de Tenma quedó atrapado en un agujero, y es por ello que si no fuera por los buenos reflejos de Tsurugi, una lámpara le hubiera caído en la cabeza.

Las campanadas del reloj sonaban sin una aparente buena razón. Sin embargo, solamente era capaz de apreciar las luces brillantes que lastimaban su vista, el sonido del público detrás del gran telón, se escuchan griteríos; mas toda su atención se concentraba, en dejar de sentirse aterrado, en como escapar de tal dilema.

No debía moverse, más bien, no podía; sus pulmones aún aspiraban el polvo que con dificultad se disipaba, e incluso teniendo una mejor vista, no sabía cómo salir de su aprieto.

—No te muevas —le indicó con cierta dificultad.

—Tsurugi... —trataba de responder.

En el momento en que ambos quedaron atrapados debajo de los escombros de utilería, exactamente en un estrecho agujero debajo del hueco piso de madera; Matsukaze terminó debajo de Kyousuke, en una situación en la cual si se movía más de la cuenta, ambos quedarían enterrados entre escombros. Dejando de lado que se sentía incómodo con su posición, lo que más le preocupaba es que el de cabellos azules estaba sosteniendo todo el peso de las tablas con su espalda, su pierna se atoró y no soportaría mucho.

Ambos podían escuchar los gritos de Midori a lo lejos, bastante lejos. No podía esperar por ayuda.

—Voy a moverme, aprovecha el espacio y sal primero ¿entendido? —Tenma asintió a sus indicaciones. Tsurugi cargo con el peso encima suyo, dándole una abertura al castaño. Pero no el tiempo suficiente, regresando a su posición inicial, aún más juntos. La situación no era nada idónea, pero ambos podían sentir el golpeteo del corazón del otro, recibiendo una sensación extraña de verse tan cerca, cuando sus orbes chocaban—. Lo intentaré otra vez.

Y con suerte, esta vez sí logró moverse a tiempo, ayudando a quitar los escombros peligrosos para que Kyousuke también saliera. Tenma se espantó al ver la pierna ajena sangrar, y la mueca de dolor en su rostro.

Algo no iba bien, Tsurugi lo sabía, el dolor era mayor de lo que esperaba, su regeneración no estaba funcionando normalmente.

. . .

Mientras que ya apartado del lugar, Taiyou se encaminaba hacia el gran reloj, estaba en lo cierto de que esa área estaba casi desierta. Sin embargo su principal problema, era no poseer aún la llave; tenía que pensar en otro método de ingresar, quizás romper una ventana, forzar la puerta o aún traía consigo su katana, tal vez si encontraba a un prefecto y lo amenazaba un poco... Sacudió su cabeza, comenzaba a tener extremistas pensamientos, como si su mente le insinuara que se apresurara.

Golpeó abatido con fuerza la puerta, tal vez debería primero, hablar con Yuuichi, no, definitivamente no, él seguiría ocultando la verdad.

—¿Qué se supone qué haces? —Todo el cuerpo de Taiyou se estremeció, había sido descubierto.

—Yo sólo... —Se dio la media vuelta, ya le sonaba familiar esa voz —, ¿Kirino... San? —dijo tentativamente, pues al estar el joven de cabellos rosas vestido como si de un shinigami se tratara, cargando su guadaña y usando una peluca negra y su piel más pálida que de costumbre, no aseguraba de que fuese él.

—¿Haciendo travesuras? No me veas así, parece que enserio estás viendo a un muerto.

—Sí, es decir no, esto no es lo que parece... o tal vez sí. —Se apresuró a aclarar con nerviosismo, levantando más sospechas de su propia persona, que por supuesto su superior notaría.

—¿Por qué quieres entrar a este sitio? —cuestionó palpando la puerta—. No hay nada interesante dentro, nada más que viejas ediciones de libros.

—¿Has estado en el interior antes?

—Sí, hace no mucho tiempo, algo así —expresó, sin mucho ánimo al recordarlo.

—¿Cómo lo hiciste? ¡Ayúdame a entrar! —Su voz dejó de sonar nerviosa, ahora era pura desesperación, que a Kirino asombró.

—Aún no me explicas porqué necesitas hacerlo.

Lo analizó por un momento antes de contestar— Dudo que me creas.

—Intenta —lo alentó—, en esta escuela parece que todo pudiera ser posible sin lógica alguna.

No pudo preverlo, sus palabras lo reconfortaron, y lo que Taiyou descubrió después de darle una corta explicación a Ranmaru —omitiendo algunas partes—, fue que, para su sorpresa, no lo tomó como un loco, al contrario, ambos perseguían objetivos similares.

—Está bien, te ayudaré a conseguir la llave, pero con una condición —ofreció—, debes prometerme que no importa lo que pase, debes de compartir la información que obtengas conmigo. —Amemiya aceptó el trato.

Perfecto, a Kirino le convenía bastante, ya podía poner en práctica el plan que se le ocurrió y tenía la oportunidad de matar a dos pájaros de un tiro.


Miró el reloj de su teléfono celular, bostezó al notar que todavía era muy temprano para acudir a su "cita"; poco le importó lo que sea que sucedió en el edificio donde se llevó acabo la obra de teatro, a él le fue fácil cambiar sus ropas y marcharse.

—Hakuryuu —lo detuvo a medio pasillo.

—¿Qué quieres? Yuki... como sea que te llames.

—Yu-ki-mu-ra, recuérdalo bien —le deletreó irritado ante el desinterés que le mostraba.

—Como sea —expresó para enseguida seguir su camino.

—Fuiste de los pocos que no se reportó en estos meses ¿en dónde estuviste? —lo cuestionó, pues uno de sus deberes era vigilarlo, y últimamente sus acciones se le hacían sospechosas.

—Eso no es de tu incumbencia —respondió cortante.

—¡No me ignores! —reclamó, colocándose al frente, obstruyendo su camino; lo cual sólo provocó que el chico de blancos cabellos se enfadara, sin embargo no duró mucho su molestia, mejor la transformaría en algo más divertido.

—Me parece bien. —Cambió de opinión, acercándose con gran cercanía a Yukimura, quién no supo cómo reaccionar, se suponía que estaba preparado para ello, pero sus piernas parecieron congelarse por unos instantes. Se entretendría un rato con él—. Jugaré conti...

—¡Haku-chan! —escuchó que le canturreaban en un grito infantil rebosante de alegría, al mismo tiempo que sentía un tirón en su coleta, con tanta fuerza que lo tiró de espaldas. No tuvo tiempo de levantarse o quejarse, pues enseguida sintió que el aire se le escapaba cuando aquella persona se sentaba con todas sus fuerzas en su estómago.

—Joder... ¡Tú! —bufó tratando de levantarse, al reconocerla su cara parecía colorearse de color morado, de puro enojo—. Enana demonio ¡¿Qué crees que haces aquí?! —exigió una explicación inmediata. Era imposible que la olvidara, los golpes que le propinaba la hermana menor de Shuu(1), no tenían comparación, pues era la única capaz de hacerlo sin resentir la ira del otro.

—Sigues siendo igual de amargado —saludó con una enorme sonrisa en el rostro—. Ponte de pie, muero de hambre, quiero que me compres algo de comer —ordenó, quitándose de encima.

No dejó que le replicara, apenas se reincorporó, lo tomó de la mano para comenzar a jalonearlo. Y caminar hasta los puestos de comida. Cuando volvió la vista, Yukimura ya se había ido.

Hakuryuu realmente agradecía mezclarse con la multitud, aunque por el color de su cabellera y pulcras ropas no le era tan fácil pasar desapercibido. Además que se notaba en creces su gran irritación desbordar por cada uno de sus poros, por la probabilidad de que lo vieran con una niñita paseándose por doquier. Y por más que intentara librarse de ella, conocía a la perfección el drama que la enana demonio le haría pasar. "Seguramente Shuu aún cree que es un inocente angelito—pensó—".

—Para de quejarte, es tu deber cuidarme —lo reprendió cansada de tantos gruñidos de su parte—. ¿Acaso ya olvidaste cuando jugábamos a la casita? Mi hermano era el papá, a ti te tocaba el papel de la mamá y yo era su hija. —Ante su comentario un aura de depresión lo rodeo. Definitivamente sería un peligro que la dejara sin vigilancia, soltando rumores indebidos todo aquel con quien se topara, a que no lo que quedó más que terminar cediendo.

Pero a fin de cuentas, no imaginaba que volvería a verla; captó que tenía una buena oportunidad en ese momento. Mientras era arrastrado por todos lados por la pequeña, deseaba preguntar, quería saber, el motivo de su partida hace años. La razón por la cual se entrometieron en su vida desde un principio. Abrió ligeramente la boca tratando de formular las palabras adecuadas para sacarle información, pero la volvió a cerrar... el pasado ya no le importaba.

—Mi hermano... últimamente soltaba tu nombre entre sueños —murmuró súbitamente, como si leyera los pensamientos del mayor—. ¡Mira por allí, hay una pista de patinaje! —Sin embargo, Hakuryuu apenas y captó sus palabras, cuando la pequeña, se desvió hacia el lugar que le atrajo.

No, no y ¡no!, se repetía a sí mismo en su mente, no le importaba ya, ni un poquito, posiblemente mentía. Se sentó cerca de la supuesta pista, que mejor la comparaba con un gigante trozo de hielo mal pulido, a la intemperie; era la oportunidad perfecta para huir, mientras la niña jugaba con otros niños en medio de "ese intento de pista".

—No es mentira. —Lo sorprendió de nuevo, apareciéndose justo frente a él—. Después de varias noches de escucharlo, le pregunté por ti y casi le da un infarto, pero no me respondió... parecía que sufría... —agregó, volviendo en seguida con los otros niños.

Hakuryuu seguiría negándolo, nada cambiaría ya su pensar. No planeaba admitirlo, ni siquiera cundo la escena delante de sus ojos le traía innecesarias memorias, frunció el entrecejo al ver la torpeza de todos los que patinaban, si fuera él, les daría unas cuantas lecciones de como se hacía apropiadamente. "—Realmente eres increíble —le aseguró ese día—". Maldijo cuando ese recuerdo pasó por su mente, el sólo pensar que Shuu le mentía con ese rostro tan inocente, cuando sus ojos brillaban, todos los cumplidos que recibía de su parte ¿absolutamente todos fueron falsos? De nuevo esa sensación que lo abrumaba regresaba a su cuerpo.

Sacudió su cabeza un par de veces, intentando que no se llenara de "tonterías". Lo sabía a la perfección, su relación estaba completamente rota como para querer arreglarla con una simple disculpa. "No, ya no—repetían sus pensamientos—" su cabeza empezó a punzar, no quería esos recuerdos, no quería más esos sentimientos agotantes, los deseaba desechar. Ya no le importaba Shuu, ya no le importaba nada. Si no fuera porque esa niña apareció todo estaría bien... El dolor de su cabeza era más fuerte cada segundo, comenzaba a sentir escalofríos por todo su cuerpo. Miró el lazo en su muñeca y a su cabeza vinieron algunas palabras "deshazte de todo, elimina lo que te dañe".

—¿Haku... chan? —Estaba sufriendo, podía percibirlo a distancia, esa era su habilidad. De inmediato fue a su lado, tratando de volver a tomar su mano.

—¡No me toques! —espetó sin soltar su cabeza, atrayendo la atención de muchos a su alrededor, y la pequeña se quedó estupefacta ante su reacción—. Sólo... aléjate... por favor.


Ni un mínimo ruido se escuchaba, no entendía nada hasta que con suavidad sus oídos captaron una voz distante que le murmuraba: "Ven conmigo, en medio de este lugar oscuro y silencioso, si me sigues hallaras el claro de este bosque; si me encuentras te cumpliré lo que desees. No temas a lo desconocido, ni a los extraños sonidos a tu espalda, el terror empieza cuando des el primer paso, cuando alcances y tomes mi esquelética mano, hipnotizado por mis palabras.

¿Sientes qué te observan por todas partes? No hay lugar para esconderse en la nada. Tú corazón se agita a cada segundo y el congelamiento se apodera de su cuerpo, moverte es como arrastrar pesadas cadenas en tus pies. Adéntrate más, antes de que el tiempo se acabe; ignora los gritos de metros más adelante, los trozos de piel esparcidos por tu camino, y también que tus pies son jalados ahora por cientos de manos, ellos tratan de llevarte bajo tierra, aunque no puedas verlos. Ya te veo, trata de correr, corre todo lo que puedas, aunque raspes y despedaces tus piernas; el enemigo casi respira en tu espalda. Es inútil, estás rodeado y lo sabes, que el pánico se adueñe de tu mente, porque el verdadero miedo está en tu cabeza... hasta que, llegues al fin del camino, donde no hay salida y descubras finalmente el rostro del enemigo, justo detrás de ti".

Otro grito se escuchó por todo el perímetro, por la fuerza con la cual lo emitió, desgarrando su garganta, sobresaltó a los invitados al festival. En definitiva, el esfuerzo puesto en la construcción de su casa de terror fue un éxito, una simulación bastante sugestiva; la palidez que los y las jóvenes mostraban en su rostro al salir, era su perfecta confirmación.

—Ni que fuera la gran cosa, todos son unos niñitos de mami.

—¿Por qué entonces no entras? ¿O también estás asustado querido Ga-mma? —se burlaba la chica de acuosos verdes cabellos, con la mejor de sus sonrisas, que además vestía completamente con ropas oscuras al igual que su acompañante.

—Pues no te he visto intentarlo tampoco gruñó.

—Eres más tonto de lo que pensé, eso sólo se hace con tu pareja, sino no tiene gracia. —Los inminentes rayos invisibles que anunciaban su riña, comenzaron a salir a flote.

—Dejen de pelear —les ordenó Shindou antes de que eso sucediera, su temperamento empezaba a salirse de control en esos días, se sentía realmente cansado. Beta hizo un mohín de disgusto ante su regaño.

A pesar de que pensara que el festival no era más que un infantil capricho de la Directora, Takuto se tomaba muy en serio su trabajo, que consistía en supervisar a toda su clase y también, atraer clientela, invitándolos en persona; lo cual no era muy difícil con su conocida popularidad. Además de que también ayudaba su atrayente aspecto de ese día, al usar un elegante disfraz de vampiro.

—¡Ha! Y pensar que perdí mi tiempo en este lugar —exclamó otra voz—. Parece que sigues siendo un cobarde Gamma.

Lo que le faltaba, Shindou se palmeó un poco el rostro esperando a que fuera una ilusión, si ya le costaba mantener en calma a sus tres guardaespaldas, que Zanark se les uniera, era el doble o el triple de estresante; porque éste y Gamma desde que recordaba, no se llevaban nada bien.

—Idiota ¡¿a quién crees que le dices cobarde?! —replicó el chico de blancos cabellos.

Takuto inhaló y exhaló profundamente tratando de calmarse, sin tomarle mucha importancia a su discusión, no contaba con las fuerzas suficientes para aguantar a los cuatro. ¿Cuatro? se dio cuenta que le faltaba una persona que vigilar—¿Dónde está Alpha?

—Desde hace rato se desapareció, cuando por un pajarito se enteró de algo interesante, parece que deseaba ver a alguien en esa obra de teatro, hace mucho que no se comportaba tan ansioso —respondió la chica igualmente ignorando la disputa de los otros dos.

—¡Te demuestro donde sea y cuando sea que no soy un miedoso! —gritó Gamma irritado, caminando hasta la entrada del recorrido.

—Ya quiero ver tu llanto de bebé —respondió Zanark yendo tras de él.

—Espe... —Intentó Takuto detenerlos, mas no lo logró. Y al darse media vuelta, notó que Beta, ya bastante lejos, se encaminaba a otro lugar.

Por un momento se sintió raro al percibir tanto silencio. Al fin, después de asfixiarlo las veinticuatro horas del día, podía volver a respirar tranquilo. O al menos eso suponía, sino fuera porque sintió que lo jalaban de su capa por la espalda, hacia el interior de la entrada de la casa de terror, no opuso mucha resistencia al notar de quien se trataba. Esa persona le hizo una señal para que se mantuviera en silencio y lo siguiera; la mano que los sujetaba, lo guio por la puerta trasera, hasta salir del recorrido.

—¿Qué sucede Kirino? —habló con calma, aunque había pensado que la fase de acosador de su compañero era cosa del pasado, parece que se equivocó, no obstante, ahora ya no le molestaba... mucho.

—Primero, deberías agradecerme, me costó bastante deshacerme de tus guardaespaldas —respondió orgulloso de su hazaña. De verdad el conseguir la manera de distraerlos, averiguando un poco de ellos, le costó trabajo, sobre todo, convencer a alguien tan temperamental como Zanark.

—Te ves extraño con esa peluca. —Cambió de tema. Por supuesto que se lo agradecería infinitamente, pero no planeaba decírselo. Y también, Kirino no era el único que deseaba su reunión, mas tampoco lo admitiría. Se mareó por un instante al tenerlo tan cerca, su cabeza daba un poco de vueltas por la falta de sueño, y empezó a sentirse raro.

—Era necesario, porque dudo que alguien se asustara viendo a un espectro con "cabeza de chicle". —Takuto rio ante su respuesta.

—Pero es un desperdicio ocultarlo —manifestó, deslizando la capucha que cubría la cabeza ajena, apartando con delicadeza los mechones negros artificiales, para dejar al descubierto sus cabellos rosas—. Me gusta el color de tu cabello... —musitó con parsimonia, no fue muy consciente de sus acciones.

A Ranmaru se le subieron los colores al rostro, al ser la primera vez que Shindou se comportaba de esa manera con él. Finalmente era libre para poder conversar, para exigirle una explicación por su desaparición, mas ahora admirar la sutil sonrisa que adornaba su rostro después de tanto tiempo, nubló su mente y no sabía muy bien por dónde empezar—¿N-no has podido conciliar bien el sueño? —interrogó al notar las leves ojeras apenas visibles y al mismo tiempo, dando dos pasos atrás para alejarse, y recobrar su compostura.

—Sobre eso... —Se notaba que no deseaba hablar mucho del tema.

—¡No! ¡Olvídalo! No hace falta que contestes. Ya te lo había dicho... no te obligaré a responder. —Se apresuró a aclarar.

—¿Podríamos ir a otro sitio? llamaremos mucho la atención aquí.

—A sus órdenes su majestad... sígame, rey de los vampiros —indicó haciendo una reverencia y sujetando su mano. Shindou volvió a reír, no le pegaba nada a Kirino actuar de esa forma—. Lo lamento, parece que no soy tan bueno siendo un caballero como tú.

El viento empezaba a tomar fuerza, moviendo con gracia todas las copas de los árboles; ambos se retiraron a un pequeño jardín detrás de las aulas, poca gente pasaba por ahí, ocultos por los arbustos, tardarían en encontrarlos.

El joven prefecto se dejó caer, bajo la sombra del árbol, recargando su espalda en el tronco, se sentía por un momento libre, cerró sus ojos, todo su cuerpo se relajó como no lo hacía en semanas, dejando fluir todo el cansancio que lo agotaba. Kirino notó el cambio en su tensado cuerpo, lo imitó, sentándose a su lado a considerable distancia.

—¿Puedo saber quiénes son esas personas que te vigilan? Tus guarda...

—No es la gran cosa —lo interrumpió—, esos tres eran huérfanos. Hace años, mi instructor de música me los presentó, y de alguna forma estudiábamos juntos, se volvieron como parte de mi familia —hizo una larga pausa, reincorporándose, acortó la distancia que a ambos los separaba, más que serio, se notaba distraído—, pero para su infortunio, ellos lo presenciaron, la primera vez que terminé saltando del tejado.

—¿Por qué? —se atrevió a preguntar, preparándose para un grito de molestia o una verdad que ya no estaba muy seguro de querer escuchar—. ¿Por qué lo hiciste esa vez?

—¿Realmente quieres saberlo? Lo que me orilló a intentarlo. Aún no se lo he dicho a nadie, probablemente Kidou-San sea el único que lo adivinó. —Su voz sonaba más gruesa que de costumbre, Ranmaru se tensó cuando Takuto comenzó a acercarse todo lo que pudo, lo tenía justo en frente, a unos centímetros de su rostro—. ¿No se lo dirás a nadie?

—Me iría a la tumba con ello —aseguró sin ningún ápice de duda. Su solemnidad al prometerlo se disipó con el estremecer de su cuerpo, al sentir los labios de Shindou sobre su frente, para que después se dejara caer sobre su pecho. Sintió que por un instante su corazón dejó de latir. Por un momento lo creyó enfermo, ebrio o algo así.

—Te lo diré... sólo permíteme descansar algunos... minutos —concluyó con su cansada voz.

Kirino no salía de su estupefacción, aún no podía creer ese beso provenir de él y también que al fin Shindou podía confiar un poquito en él como para quedarse dormido, despidiendo esa sensación cálida que emanaba del cuerpo recostado en su regazo, era eso, o estaba muy cansado; como fuere, ahora la culpa lo carcomería, por lo que iba a hacer, traicionaría la poca confianza que se ganó, tomando prestadas sus llaves, lo dudó, pero por la misma razón que realmente lo apreciaba, lo haría, no importaba si al final terminaba odiándolo, si podía ayudarlo a seguir viviendo.

—Lo olvidaba —susurró muy quedo, haciendo que el otro diera un pequeño brinco—, si realmente hubiera una manera de ayudarme, pero... únicamente a uno de nosotros... ¿Qué harías?... ¿Elegirías a tu hermano... o... a... mí? —Kirino se quedó sin palabras, no era posible que escuchara bien.

—¿A qué te refieres Shin...? —Fue muy tarde, ya se había quedado dormido.


Shuu caminaba con lentitud entre los pasillos, le sentaba bien que todas esas presencias culpables de sus nauseas, se apaciguaran con todos los visitantes. Estiró sus brazos y tronó su cuello, tratando de aprovechar de la mejor forma sus cinco minutos de descanso porque en definitiva ese no era su mejor día; al menos lavar platos era su especialidad, lo prefería miles de veces a usar un vestido. Por otra parte, sus nervios comenzaban a apoderarse de nuevo de su cuerpo, buscaba con la vista por doquier, pero era inútil, tendría que preguntar como loco a toda persona que se le cruzara, debido a que por su cabeza se atravesó fugazmente la conversación que tuvo con Tenma temprano por la mañana:

—Shuu ¿te sucedió algo? —lo llamó su amigo moviendo un poco su hombro, al notar la gran distracción del chico de cabellos negros.

—¿Eh? —profirió ratificando su falta de atención—. Quiero decir, no es nada —aseveró con su usual discreta sonrisa. Ni él mismo estaba seguro de lo que ocupaba su mente; había algo que lo inquietaba, que le parecía fuera de lugar, un anormal presentimiento que lo intranquilizaba y no sabía cómo controlarlo, prefería no hablar de ello—. Parece que aunque renunciaste al trabajo de medio tiempo, tu habilidad en la cocina sigue creciendo.

—Gra-gracias, aunque no creo... —masculló, para seguir con su labor, preparando el horno.

Shuu se quedó un momento en silencio, observando con detenimiento los movimientos de su amigo, el cual ni lo notaba, al estar tan concentrado en lo que hacía— Oye, Tenma, hay algo que noté hace poco, es acerca de —hizo una larga pausa—, la persona que te gusta.

Matsukaze casi dejó caer la batidora sobre sus pies de la impresión; se quedó helado con sus palabras, ahora sí que captó toda su atención.

—N-no sé a qué te re-refieres —titubeó, desviando su rostro.

—No es nada de que avergonzarte, no importa incluso si se trata de otro hombre. —Tenma volvió a dar otro pequeño brinco, su concentración se disipó por completo—. Sólo que hay algo que no entiendo bien, pensé que se trataba de alguien más, pero ¿a ti te gusta Tsurugi Kyousuke? —interrogó sin rodeos.

El rostro del joven de cabellos castaños pareció quedarse en blanco, su impávida expresión era como si le estuviera hablando en un idioma completamente nuevo. Tres... dos... uno... Tenma comenzó a reír, un suave resoplido que se convirtió en varias carcajadas que con dificultad lograba controlar.

—Lo... lo sien...to no qui...se burlarme de ti, solamente que... me sorprendiste, me refiero a que —respondió tratando de contenerse—, eso sería completamente imposible, que yo tuviera una oportunidad con Tsurugi. —No supo porque pero al decir tales palabras, algo se removió muy en el fondo de su interior, haciendo que sus risas murieran por completo—. Él es una persona increíble, es muy importante para mí, puede parecer frío pero en realidad es todo lo contrario...

Shuu no podía creer que lo negara, poco conocía la relación de ese par, sin embargo, el simple hecho de escuchar todos los cumplidos que salían de su boca sobre el menor de los Tsurugi, era suficiente para confirmarlo; bueno, pensándolo mejor sí, después de todo, su amigo nunca se había percatado de sus sentimientos; mucho menos se daría cuenta de que Kyousuke tiraba la baba por él.

No obstante, aunque se lo explicara, sería mejor que lo descubriese por sí mismo; aún quedaba la posibilidad de que tal vez fuera únicamente su imaginación y aún tenía una oportunidad. Fuera como fuera, si Tenma era feliz, él también lo sería, aunque cuando eso realmente pasara, lo terminaría despedazando. Por ahora se limitaría a observar y a esperar que sus celos no los traicionaran, a pesar de que, por ahora, también existiera otro problemita— Pero, lo sabes, aquel rumor... de que él es uno de "ellos..." —Hasta antes del incendio, Shuu se mantenía incrédulo de los rumores de las personas con una maldición dentro de la escuela fuesen ciertas, aunque ocasionalmente percibiera lo contrario; ya de por sí, el solo edificio estaba maldito. Matsukaze asintió levemente.

—En realidad...

—¡Es muy temprano para descansar! Fue interrumpido por Aoi que los puso de nuevo a trabajar.

Horas después ya no tuvo oportunidad de mantener en su mente aquella conversación, los problemas que se avecinaban cuando su móvil sonó, no se lo permitieron. Con una corta oración que recibió, Shuu palideció: "Deberías de despedir a esa inútil niñera, después de que yo la torture H". Fue el contenido del mensaje, una simple frase que no tardó en entender, casi exclamaba un grito por la sorpresa, sobre todo por saber quién era el remitente, al menos le alegraba el no haber cambiado de número telefónico en estos años.

Aunque detestara la idea, tendría que ver a Hakuryuu de nuevo o al menos lo intentó, más de diez veces, porque Aoi no le permitía por nada del mundo abandonar sus responsabilidades, retrasando bastante su encuentro.

Y no es que desconfiara de Hakuryuu, aunque le costara admitirlo, todavía conservaba un grado mínimo de confianza en él, de modo que podía afirmar que su hermanita estaría bien. Al contrario, lo que le aterraba era precisamente su hermana, "por favor, que no se le ocurra decir algo innecesario—pensó—". Debía de apresurarse y encontrarla.


El buen clima se transformó poco a poco, cambiando la vista del despejado cielo por algunas nubes que cubrían por completo el sol; el viento se volvió más fuerte, con violentas ráfagas de aire, que le llenaban los ojos de la arena que arrastraba, Taiyou ya no volvería a confiar en el reporte del tiempo.

Kirino cumplió con su palabra, le entregó la llave, sin decirle nada más, no parecía contento de hacerlo, pero ya después tendrían tiempo de conversar.

Logró entrar con éxito. De lo limitado que recordó mirar la última vez que estuvo en ese sitio, todo permanecía igual. La poca iluminación, y las gruesas paredes que ahuyentaban el ruido, le daban una sensación desagradable de encierro, atrapado en una torre. Dio algunas vueltas, pues como en toda película, no tardó mucho en intentar toparse con un pasadizo a una habitación secreta o algo similar; mas no había nada de eso, por más que buscó.

Concluía que nadie visitaba a menudo a ese lugar, por el polvo acumulado en todas las superficies, aunque los objetos se mantenían ordenados y en buen estado. No le quedaba otra alternativa que hurgar en todos los estantes de libros, uno por uno. Tendría que registrar todo lugar en esa hueca construcción, que no contaba con más relleno que las escaleras en espiral que llevaban hasta el piso de los engranajes internos del reloj.

"¿Todo por un libro?" Lo llevaba pensando bastante tiempo, no entendía bien que podía contener ese libro en especial como para que aquel ser dentro del espejo se lo pidiera a cambio, con la estricta regla de que, por nada del mundo debía leerlo. Complicado más las cosas al darle muy pocas características del objeto para reconocerlo. Con suerte al examinarlos todos, también encontraba algo que pudiera serle útil.

Tosió un poco, tanto polvo y poca ventilación no era nada bueno para sus pulmones. De repente, un ruido lo exaltó, al darse media vuelta, descubrió que fue causado por un libro que cayó desde uno de los estantes más altos; respiró profundo, lo último que deseaba era encontrarse con otra cosa o persona misteriosa en ese sitio. Sin embargo, sus deseos no parecían tener un efecto; el rechinido de la puerta abriéndose con lentitud y después cerrarse abruptamente lo alertó, el cerrojo de la puerta se movió por sí solo, dejándolo verdaderamente encerrado.

—¿Quién anda ahí?

.

.

.

Continuará...


Notas finales:

(1)Se supone que la hermana de Shuu no tiene nombre oficialmente y como se me hacía raro, no quise darle uno, pero si es complicado de leer pueden decírmelo.

Siento que me quedó raro, muy explicativo; cualquier crítica, comentario o balonazo virtual que deseen dejarme son bien recibidos.

De nuevo me disculpo, les agradezco mucho por la paciencia a todas y todos los que siguen comentando, leyendo y esperando la actualización. Gracias de nuevo por los reviews y mensajes en Face. Si me va bien en los exámenes finales nos leemos pronto... El próximo es uno de mis capítulos favoritos... Hasta luego.