EL DIOS PERRO

Capitulo XI

-Mira kagome hemos llegado- Shippo corrió por el largo cuerpo de inuyasha y se paró sobre su cabeza mientras apuntaba hacia la aldea que se veía a lo lejos.

Inuyasha sacudió la cabeza haciendolo resbalar, el zorrito logró aferrarse a las níveas hebras y fulminó con la mirada al perro, kagome soltó una pequeña risita divertida

-Estas seguro que es aquí enano.-

-¡Sí, muy seguro!-

-Bien, andando.-

-Espera inuyasha.- lo detuvo kagome antes de que avanzara más.

-¿Qué sucede?

-No puedes ir a la aldea así- kagome señalo su cuerpo.

-¿Porque no?-

-Porque las personas no están acostumbradas a ver perros del tamaño de un caballo, se asustaran y se pondrán como locos e intentaran atacarnos.-

-Si nos atacan los mataré.- respondió con simpleza y continúo caminando

-Inuyasha, no puedes ir por ahí matando a las personas.- la pelinegra dio alcance al perro y tiró suavemente del pelaje a modo de regaño.

-Bien no los mataré, solo les hare sufrir hasta que supliquen su perdón, mi señora.-una sonrisa traviesa surcó sus labios.

Kagome suspiró y Shippo negó con la cabeza susurrando lo más bajo posible "perro estúpido".

-Solo, cambia de tamaño.

-como ordene.

Sin perder más tiempo el perro se recostó en el suelo permitiendo a kagome y Shippo bajar de su lomo. Encogió de tamaño manteniendo la inmaculada imagen de un bello y elegante perro blanco, para alivio de la joven los ojos del can cambiaron a un magnifico dorado y las líneas irregulares purpura desaparecieron. Kagome miró a Shippo, el pequeño zorrito también tendría que recurrí a su anterior forma o los aldeanos se espantarían al ver a un niño con cola y patas de zorro aunque para ella esos eran rasgos de lo más adorables.

Luego de que todo estuviera en orden y al gusto de la chica, se encaminaron rumbo a la aldea. Pasaron los largos y extensos campos de arroz siendo bañados por los cálidos rayos solares que hacían brillar las aguas, las personas los miraban brevemente para después volver a enfocarse en su trabajo.

Kagome admiró maravillada el bello paisaje que sus ojos contemplaban, se entretuvo un poco admirando a los pececillos de colores desde el puente de madera y se permitió unos minutos para observar el pueblo junto al enorme castillo a espaldas del primero.

Se detuvieron en el centro de la aldea mirando a la gente ir y venir de un lado a otro, más al percatarse estos de la presencia de extraños detuvieron sus actividades para mirarlos atentamente.

Inuyasha no se despegaba ni un poco de ella, mirando amenazante a todo ser o cosa que se moviera gruñendo ligeramente, Shippo caminaba tranquilo a su lado.

Los aldeanos murmuraban y señalaban a inuyasha que no dejaba de fulminarlos con la mirada mostrando los colmillos, a pesar de todo inuyasha continuaba sobresaliendo por su altura que era muy poco frecuente en los perros.

La joven acarició la cabeza del canino y este se relajó ligeramente.

-Disculpe- kagome se dirigió a una señora que cargaba un cesto lleno de fruta y al darse cuenta que la joven le hablaba a ella, la señora brincó ligeramente desviando la mirada, ignorándola.

"Que grosera" pensó kagome.

Intentó de nuevo con otra mujer ahora una más joven pero la reacción fue similar a la anterior.

-Disculpen- kagome habló ahora para todos a su alrededor- me gustaría saber si hace unos días una señora de avanzada edad llego a esta aldea, se llama Kaede, hace poco nos separamos pero…

-¿Acaso tú eres la hija de esa señora?-

-mmm… podría decirse que si-

-¿se separaron en el gran bosque?- cuestionó un hombre corpulento recargado en una mesa de madera.

-sí, exactamente una manada de lobos nos atacó y nos tuvimos que separar-

Un incómodo silencio cubrió el lugar, todos miraban a kagome con ojos críticos, tratando de encontrar algo fuera de lo normal, los cuchicheos no tardaron en aparecer y en llegar a oídos de la joven.

-Debemos llamar a la señora Sango y al monje Miroku.

- No seas tonta ellos no están, salieron del castillo hace unos días.

-Es imposible que sea la hija de Kaede.

-Nadie ha sido capaz de sobrevivir en ese bosque por más de un día.

- Debe ser un demonio que está usando la forma de la joven

-Sí, seguramente es un monstruo intentando engañarnos-

"¿Un monstruo? ¿Qué acaso esta gente está demente?... lo mejor será salir de aquí rápido" se dijo mentalmente Kagome.

-Por favor solo deseo saber dónde se encuentra la señora Kaede.- kagome dio un paso para acercarse más a la multitud pero esta se alejó asustada.- necesito reunirme con ella.

Kagome no era capaz de entender del todo lo que ocurría, hasta hace unos momentos intentaba entablar una conversación con los aldeanos y de un segundo a otro se encontraba siendo derribada por inuyasha. Cayó al suelo con inuyasha cubriéndola con su cuerpo, protegiéndola del inmenso bumerán que ahora regresaba girando en el aire, a las manos de su dueña.

-¡señorita sango, que buena suerte, estamos salvados!- exclamaron con mucho entusiasmo jóvenes y adultos.

Shippo se encabrito aterrado.

Inuyasha aumentó su tamaño mirando con ferocidad a la mujer que sostenía el bumerán, las pupilas zafiro brillaban por el enojo, roncos rugidos se formaban desde lo más profundo de su garganta, con rapidez, las líneas purpura se dibujaban a los lados de su hocico y a cada gruñido lucía las grandes hileras de colmillos.

Aterrorizados hombres, mujeres y niños miraban al gran canino.

-¡Todos busquen refugio, el estar cerca puede ser muy peligroso!- la joven gritó a viva voz alertando a los espectadores que sin pensarlo dos veces corrieron en busca de un lugar seguro.

-Ohhh pero mira nada más que tenemos aquí- una jovial voz se escuchó y pergaminos fueron lanzados desde la multitud que huía despavorida. Los pergaminos llegaron hasta el cuerpo del pequeño demonio desmayándolo al instante y al cuerpo de inuyasha haciéndolo enfadar aún más.- una cría de zorros demonios y un Inugami… esto es algo que no se ve todos los días.

-Shippo- kagome aun aturdida por el golpe observó todo desde el suelo, debajo de inuyasha.

-Malditos humanos ¿cómo se atreven? ¡LOS MATARÉ!- las garras se clavaron en piso creando grandes surcos de tierra.

Todo el cuerpo de la chica se estremeció, inuyasha está preparado para arremeter sin piedad, dispuesto a cumplir sus palabras.

-¡INUYASHA, NO LOS ATAQUES!- la orden llegó hasta inuyasha a tiempo, impidiendo que saltara contra la mujer y el hombre pelinegro. Todo su cuerpo temblaba y apretaba los colmillos con fuerza. El collar brillaba ligeramente. Kagome se levantó con más confianza al ver que era obedecida fue por Shippo sosteniéndolo en sus brazos y se posicionó frente al can, dándole la espalda al enemigo, inuyasha se espantó ante esto más su expresión no lo demostró.- ¡cambia de tamaño, en este instante!-

Inuyasha echó hacia atrás las orejas, guardo silencio, un poco renuente cumplió la orden y sin perder tiempo corrió junto a la joven, gruñendo a sus atacantes, todos y cada uno de los cabellos que cubrían el lomo del Inugami se crisparon dándole un aspecto mucho más amenazador.

-Es una pena que tengamos que matar a tan hermosa señorita- El hombre pelinegro suspiró.- Pero no podemos permitir que el amo del Inugami quede exento de castigo ni qué demonios perturben la paz, Estas lista mi amada Sango.- las mejillas de la mujer se sonrojaron pero movió la cabeza en un mudo acuerdo.

Inuyasha los miró desafiante.

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-.-.-.-.-.-INUKAG-.-.-.-.-.-.

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Hakudoshi miraba completamente enfadado su castillo, su magnífico castillo se había visto reducido hasta la mitad de lo que solía ser hace unos cuantos días atrás, justo antes del ataque del enemigo.

Le hervía la sangre del solo recordar como este fue destruido en cuestión de minutos, el palacio había sido su máximo orgullo había sido la viva imagen de lo poderoso e indestructible que alguna vez llego a ser. Aunque ahora también parecía reflejarlo, demostraba a gritos lo débil y vulnerable que era. Demostraba como toda su época de esplendor se desmoronaba con rapidez

La mitad del castillo había sido salvada, mientras que la otra mitad se había vuelto tablas carbonizadas que en esos momentos eran recogidas por una parte de los sirvientes, las murallas también cedieron dejando cúmulos de piedras alrededor. La otra parte de la servidumbre se encargaba de curar a los soldados heridos o en su caso, de darles sepultura.

Inspeccionó con la mirada sus alrededores en busca de Tsubaki.

Tsubaki desaparecía por largas horas así que no tenía la más mínima idea de lo que esta podría estar haciendo, esa maldita mujer charlatana, ella le había prometido un sirviente, uno obediente, leal y poderoso, uno que sería capaz de destruir a sus enemigos, pero la estúpida mujer fallo arrastrándolo a él con su fracaso.

Pasó las yemas de sus dedos por su rostro cubierto por vendas, no solo había perdido gran parte de su castillo sino que también le habían arrebatado un ojo.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos ante la voz de la mujer charlatana. Le permitió pasar y Tsubaki lo saludo con una reverencia.

-¿Dónde diablos habías estado mujer?- No le permitió responder- Parece ser que has estado perdiendo mi valioso tiempo jugando por ahí.

-Se equivoca amo Hakudoshi, he estado trabajando en él plan del que le hable. Además de que me complace infórmale que obtendrá al tan ansiado Inugami que deseaba.

Hakudoshi la miró interesado, haciendo un ademan con la mano la incitó a hablar.

-Ha tardado más que el anterior porque en este utilice un ritual muy distinto al anterior.

- ¿Qué rayos tiene este de diferente?

-En el primero solo se usó un perro, lo enterramos y dejamos morir.- comentó fríamente, sin ningún rastro de remordimiento- Pero en este el proceso es un poco más complejo, consiste en una lucha a muerte, encerrar a muchos más perros y dejarlos comerse entre ellos con el único fin de obtener a un sobreviviente, un ganador. Que por supuesto se convertirá en su nuevo sirviente.

-Te vez muy feliz. – Hizo una pausa para proseguir con una sonrisa maliciosa adornando su rostro- ¿acaso ha habido un ganador?

-Como se esperaba de usted mi señor, es tan astuto que nada se le pasa por desapercibido…

-Ahórrate tus halagos y continúa con el tema.

Tsubaki lo maldijo en su mente, respiró profundamente para proseguir.

-Como usted ha dicho, ha habido un ganador, resultó ser un perro negro bastante agresivo, según me informaron fue el causante de la muerte de un bebé y dos niños al igual que fue el asesino de múltiples enemigos en el campo de batalla.- La mujer sonrió con emoción.

Hakudoshi arqueó una ceja ante esto.

-¿Eso es algo bueno?-

-Por supuesto que sí, usted desea derrotar a los que interfieran en su camino ¿no es así?- Hakudoshi respondió con un movimiento de cabeza- y estos son los más destructivos, arrasará con todo a su paso.

-Todo se escucha muy bien Tsubaki, pero que me asegura que no volveré a ser atraicionado por este maldito Inugami, porque por si no le recuerdas el ultimo me arrancó un ojo.

-Yo se lo puedo asegurar mi señor, para estar segura de que en esta ocasión no habrá más errores he pasado gran parte de mi tiempo en ese lugar verificando que todo marchara bien.

-¿Cuánto falta para acabar con el tonto ritual y obtener a mi sirviente?

-Cuando usted lo desee, todos los preparativos están completados.

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Hakudoshi siguió a Tsubaki por un largo tramo hasta llegar a un viejo y enorme almacén.

Pergaminos fueron retirados y la puerta de la bodega se abrió con un agudo chirrido.

Rayos de luz se colaron, iluminando la madera del piso cubierta de sangre, habían marcas de rasguños aquí y allá, huesos triturados, también había pedazos de pellejo con gusanos danzando de forma grotesca, gozando de su alimento.

Un olor putrefacto hizo que los guardias cubrieran su nariz sin embargo, a pesar de sus esfuerzos podían sentir claramente el hediondo olor. Una silueta rehuyó de la brillante luz, buscando refugio entre las sombras.

-Tu- Tsubaki señalo a un guardia que se sobresaltó un poco- Ve y saca al perro de ahí.

-Si, como usted ordene.

El guardia avanzó con cautela al inicio, mirando el lugar, sintió un escalofrió recorrerlo de pies a cabeza y sin poder sopórtalo más entró con rapidez para sacar al animal de forma rápida y así ahorrarle más martirio a su pobre olfato, pero al hacerlo el perro negro saltó a su cuello rompiéndolo en el acto.

Sin inmutarse por los demás guardias, el perro comió la carne del cuello, relamiéndose el hocico, quitando rastros de sangre.

Tsubaki bufó enojada, los guardias eran tan inútiles, lanzó un conjuro y el perro quedó inmovilizado sobre su víctima.

-¡Dejen de jugar y dense prisa!-

Los guardias la miraron asustados pero al ver el enojo en el rostro de su amo hizo que reaccionaran.

Siguiendo las instrucciones de Tsubaki, dejaron el cuerpo inmóvil del perro atado con gruesas cuerdas sobre un altar de piedra. El animal no dejaba de emitir roncos gruñidos que hacían erizar la piel de los pobres guardias. La mujer sin inmutarse colocó en un recipiente de meta trozos de carbón ardiente, posteriormente vertió polvo amarillento que al instante al entrar en contacto con el carbón, creo una enorme nube de humo que envolvió el lugar.

Recitando palabras en otro idioma Tsubaki le indicó a Hakudoshi acercarse.

-Deberá cortarle la cabeza mi señor- Explicó la sacerdotisa y entregó una espada, el filo estaba bañado en una sustancia verdosa.

El hombre sin esperar más, le echó un ligero vistazo al perro, alzó la espada y la dejó caer sonriendo al escuchar un débil gemido y el crujir de los huesos del cuello.

Con rapidez la sacerdotisa se acercó, cortó algunos cabellos del lomo del animal y se los entregó a Hakudoshi.

Una brillante luz resplandeció y el sonido de un trueno resonó, el viento azotó con furia barriendo las hojas y el polvo del lugar, Hakudoshi tuvo que cubrir su rostro, el viento movió de forma violenta los ropajes y el cabello de las personas presente y después de un minuto, todo fue calma.

La luz se desvaneció y frente a Hakudoshi, arrodillado a sus pies permanecía quieto un hombre pelinegro con vestimentas moradas.

Hakudoshi movió los dedos de las manos sorprendido, bajo la mirada al sentir un objeto pesado en la mano. Miró a Tsubaki quien solo se limitó a sonreírle.

Un medallón de plata había aparecido donde anterior mente se encontraban los cabellos del perro, inscripciones adornaban las orillas y en medio la figura de un perro enseñado los colmillos, justo de bajo un nombre escrito con kanjis.

-Naraku-Leyó Hakudoshi y el nombrado alzó el rostro.

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Inuyasha cayó al suelo después de haber recibido el impactó del gigantesco bumerán, ahogó el gemido lastimero que quería escapar de su garganta, ese golpe le había roto una de sus costillas. Sacudió su cabeza y volvió a cubrir a kagome.

Habían estado esquivando los ataques alejándose a tiempo para evitarlos, miró a la joven esperando sus órdenes.

Aprovechando la distracción, el monje arrojó más pergamino, inuyasha no lo notó pero kagome si, empujó al Inugami pero un pergamino le tocó creándole un intenso ardor en el hombro, kagome logró zafarlo pero la sensación no parecía querer desaparecer. Sin poder hacer más inuyasha le dirigió una mirada de profundo odio al humano.

Kagome se abrazó al cuello del perro, había intentado hacer que la pareja parara de atacarlos, de hacerles saber que no eran una amenaza y que solo buscaba a una persona muy importante para ella. Pero había sido ignorada.

-Inuyasha- Susurró en el oído del Inugami, miró al asustado Shippo que hacía poco había reaccionado y después al cuerpo magullado del bello animal. No le gustaba la idea pero tendría que dejar que Inuyasha atacara para poder escapar o pronto estarían muertos.- Inuyasha, atácalos pero no los mates.

-Como ordene mi señora.- El Inugami sacudió su cuerpo y la chica lo soltó.

Sango estaba por atacar para impedir el cambio de tamaño, si había sido difícil el dañar al Inugami a pesar de que no se defendiera, ahora sería mucho más complicado. Teniendo en cuenta que ya tenía libertad para devolver los ataques no quería imaginar cómo acabarían si este era del tamaño de una cabaña o más.

-¡Deténganse, no les hagan daño!- Gritó una joven de hermosos y bellos ropajes, que era obvio que tenían un alto costo. Alguien de la realeza sin lugar a dudas. Camino seguida de un grupo de guardias hasta llegar al campo de batalla. Miroku y sango detuvieron sus ataques.

Inuyasha permaneció quieto por la interrupción.

-Mi señora será necesario que se aleje y nos deje encargarnos de estos demonios. Podría ser muy peligroso para usted si permanece aquí.

-¿Qué no escucharon? Bajen las armas en este momento.

-Pero…-Miroku estaba por replicar pero la mirada de enojo fue suficiente para que cerrara la boca, lo mejor era no tentar a la suerte.

-Sí, mi señora.-

Miroku y Sango se alejaron caminando lentamente.

Inuyasha ladró con enojo.

Cobardes adonde creen que van!- su cola se movía violentamente de un lado a otro-Regresen, malditos.

-Inuyasha, ¡Siéntate!- El collar de cuentas brillo intensamente, posteriormente se escuchó el sonido de un cuerpo al chocar contra la tierra. El Inugami yacía sentado sobre sus cuartos traseros de forma rígida, kagome se acercó a él.- No debes de buscar pelea cuando ellos ya se calmaron. ¡Deja de mirarlos y mírame a mi cuando te hablo!, sé que te di permiso para atacar pero eso ya no tiene importancia cuando ellos se han retirado y han dejado de hacernos daño.

Era curioso el ver como el gigantesco y poderoso Inugami, que momentos atrás parecía una bestia sedienta de sangre. Se intimidaba solo con las palabras de una delgada chica humana, como si ella fuera ahora la verdadera criatura sanguinaria y no él.

Inuyasha inclinó sus orejas hacia atrás ante la bronca que estaba recibiendo, hizo su mejor cara de cachorro desvalido para después echarse a los pies de su ama.

-ni lo pienses, ese rostro no func...- kagome detuvo sus palabras, no podía enojarse con inuyasha, él la había estado protegiendo, recibiendo incontables golpes que eran para ella, no era justo continuar regañándolo, suspiró, ese rostro era tan tierno que se había vuelto su debilidad. Abrió los brazos, el Inugami captó la indirecta y frotó el hocico contra el cuerpo femenino. Kagome le mimo brevemente.- Solo por esta vez lo dejaré pasar.

Shippo tiró suavemente de las prendas de la chica

- ¿estás bien?- El pequeño la observaba con gran preocupación, sus ojitos estaban brillosos por las lágrimas que retenía. Estaba asustado y no era para menos, habían estado a punto de morir de no ser por la joven que había llegado.

-Sí, estoy bien Shippo- kagome lo levantó del suelo para estrujarlo con cariño entre sus brazos.

La recién llegada observaban en silencio divertida y enternecida toda la interacción entre los tres seres.

Inuyasha miró a la joven frente a él con desconfianza, cuando la desconocida avanzó él se interpuso entre ella y kagome. Ante el extraño comportamiento del perro, kagome dejó a Shippo en el suelo y se giró en dirección a donde el Inugami observaba.

-Kagome- Los ojos castaños de la mujer resplandecieron al pronunciar el nombre.

-¿Rin?- la pelinegra jadeó con sorpresa- ¡RIN!

Ambas chicas saltaron de alegría, corrieron y al estar una frente a la otra se fundieron en un fuerte abrazo.

-No tienes ni idea de cuánto te he extrañado, kagome- se separaron levemente, Rin limpió con su pulgar la traviesa lagrima que descendía por la mejilla de su prima creando un camino húmedo por donde pasaba.

-Yo también te extrañe.

-C-creí que habías muerto en el ataque. Cuando desperté todos estaban muertos, la aldea destruida y tus padres. Lo siento- El labio femenino tembló.- Debí de haberte buscado.

-Ya no importa- kagome tragó con dificultad sintiendo un nudo en la garganta impidiéndole respirar y pasar saliva. El hablar sobre su familia todavía era algo muy difícil para ella. Sonrió para animar a Rin.-Ya no importa. Pero ahora tendrás que soportarme y te será muy difícil deshacerte de mí.

Ambas chicas se miraron y sin poder evitarlo rieron, rieron hasta que el aire les hacía falta y sus estómagos dolían.

Las risas cesaron y Rin miró detrás de la espalda de su prima.

-kagome ¿quiénes son ellos?- Rin señaló a inuyasha y Shippo

-Son mis amigos. Shippo e inuyasha.- Presentó señalando a cada uno de ellos.

Rin hizo una reverencia.

-Gracias por cuidar de Kagome.-

Shippo se sonrojo y le brindo una tímida sonrisa. Inuyasha permaneció con el semblante inmutable.

- kagome, vayamos al castillo- Rin tiró de la mano de su prima suavemente.

-¿Al castillo? ¿Por qué?- kagome agitó la cabeza e intento liberar su mano del agarre, era tonto, alguien como ella sería echada a patas y más aún si se enteraban que fue una sirvienta.- No puedo.

-Claro que si puedes, Yo vivo ahí y eres por supuesto bienvenida.- Exclamó con alegría, sin entender del todo el nerviosismo de la chica.- Mi esposo no se enfadara, es más estará encantado de conocerte.

-Rin, lo siento pero no puedo-logró zafar su mano y se alejó hasta estar al lado de la cabeza de inuyasha- Me encantaría aceptar tu invitación pero he venido hasta aquí para encontrar a la anciana Kaede, es muy importante para mí el saber cómo se encuentra.

-¿Kaede?...- pronuncio mirando al cielo sin notar la afirmación de kagome. Contempló las nubes por unos segundo y después saltó llena de emoción, aplaudió brevemente, posteriormente acortó la distancia-sin tomar en cuenta el gruñido de advertencia- para tomar entre sus manos las de kagome. - con más razón vamos, ella está en el castillo.

-¿de verdad?- kagome la miro incrédula.

-sí, ella aceptó ser mi dama de compañía. Mi esposo no estuvo del todo de acuerdo al inicio alegando que buscaría a una con "educación y estatus", pero al final logré convencerlo- La pelinegra hizo una pausa, respiró y continuó con alegría difícilmente contenida- Es una persona encantadora, aunque la he notado muy triste, ahora entiendo la razón, ella también te extrañaba.

- ¿E-ella está bien?- Su prima asistió frenéticamente con la cabeza- Por favor Rin, llévame con ella.

-Por supuesto.

Inuyasha se levantó de su lugar y frotó su cabeza contra el cuerpo de kagome.

-Sube kagome yo te llevaré, debes de estar exhausta.

-¿puedo subir también?-

- ¿Ehhh?- tanto kagome como los guardias quedaron sorprendidos por las palabras de su joven señora.

-Pero, Rin yo creo que lo mejor que regreses con junto a tus guardias. Ellos están esperando por ti—

-No, yo quiero ir con ustedes. –Rin hizo un puchero- se ve más divertido. Por favor kagome.

Nerviosa kagome rascó su cabeza y miró a inuyasha quien se limitó a suspirar, no le hacía gracia el permitir que otra persona además de ella y Shippo subiera a su espalda pero al parecer no tenía otra opción.

-Claro, inuyasha está de acuerdo también-

Rin sonrió y pegó brinquitos en su lugar, los sirvientes que la acompañaban la ayudaron a subir un tanto desconfiado del enorme perro.

-Esto es fantástico y su cabello es muy suave. Por favor inuyasha llevamos al castillo.

El Inugami ignoró las palabras de Rin ya que no se movió ni un centímetro.

-Inuyasha al castillo- habló kagome suavemente en su oreja.

-Como ordene mi señora.- inuyasha emprendió la caminata rumbo al majestuoso castillo.

Las demás personas y guardias que habían llegado en compañía de Rin los siguieron, atentos a los movimientos del perro blanco.

-Es más cómodo que un caballo- Rin cubrió su boca avergonzada por sus palabras- Lo siento, no planeaba ofenderlo.

El perro continuo caminando sin decir nada, Shippo rio al ver el enojo del Inugami ante el comentario y kagome le regaló unas caricias para calmarlo, las cuales hicieron efecto inmediato.

Decir que los guardias que custodiaban la entrada del castillo, se asombraron al ver al gigantesco perro acercarse lentamente, sería decir muy poco, prácticamente todos temblaban de miedo -hasta al punto de ensuciar sus ropas interiores- sin saber cómo actuar y casi se desmayan al ver a su señora llegar montada en el enorme perro junto a otra mujer.

-Abran las puertas- Exclamó o prácticamente gritó de alegría, palmeó suavemente el lomo de inuyasha- Son mis amigos.

Con la boca abierta de asombro, los guardias permitieron el paso al Inugami y compañía.

05/09/17

Hola a todos, después de un largo y maldito bloque mental, al fin he conseguido acabar con este capítulo.

¿Alguien se esperaba la aparición de Rin, Sango, Miroku o NARAKU?

¿No? ¿Nadie?

Coméntenme que les pareció este capítulo y si les ha gustado.

MUCHAS GRACIAS POR LEER.

Sin más que decir…. Sayonara