Una lección diferente
por Karoru Metallium
Disclaimer: Slam Dunk y sus personajes pertenecen a Takehiko Inoue -lucky him-; yo sólo los tomo prestados para divertirme, sin fines de lucro. Ah, y cualquier cosa de la NBA pertenece a la NBA xDD. Las situaciones presentadas en este fic que no pertenezcan a los ya mencionados, son propiedad intelectual de "Karoru Metallium". Si no respetas eso -es decir, si te copias aunque sea un pedazo-, serás pateado pública y sonoramente. Esto es un AU, avisados. Advertencia: POVs alternos.
Capítulo XIII
Vamos a intentarlo
Hanamichi estaba tan nervioso que las manos le temblaban cuando se cambió de camiseta por cuarta vez en menos de quince minutos. No alcanzaba aún a decidir si su atuendo era el adecuado, si lo que se disponía a hacer era realmente lo correcto, si... vamos, que estaba tan nervioso que no se hallaba. Pero si seguía así iba a llegar tarde; y si de algo estaba seguro, era de que no quería llegar tarde.
Todavía le parecía increíble la brevísima conversación telefónica que había sostenido con Rukawa la tarde anterior; casi se muere de la impresión al escuchar su voz, a pesar de que esa llamada le había salvado de devanarse los sesos tratando de figurarse cómo entrar en contacto con él sin parecer demasiado ansioso o desesperado. Y vaya que le había costado contestarle como la gente y hablar con cierta semblanza de normalidad, porque había llegado al punto de que la mente se le ponía en blanco y no sabía qué decir ni si la voz le saldría.
Ya había quedado con Kiyota para que recogiera a Sae a la salida de la escuela y la trajera a casa, y el sitio de encuentro estaba muy cerca, así que resolvió caminar el par de cuadras que lo separaban del pequeño parque, tirando nerviosamente del dobladillo de la camiseta verde oliva con la que al fin había decidido ir. Había pensado en algo más formal que los jeans y las zapatillas deportivas que llevaba, pero no quería que Rukawa pensara que se había vestido de domingo para él... aunque fuera verdad, claro.
Por más que trató de controlar el ritmo de su caminata, llegó al lugar concertado diez minutos antes de lo pactado; los nervios no le permitieron retrasarse ni desviarse. Se disponía a dar una vuelta para hacer tiempo, cuando vio - para su sorpresa - que Rukawa ya estaba allí esperándole, sentado tranquilamente en un banco frente a la pequeña fuente.
Se regañó coloridamente en voz baja al sentir que se le aceleraba la respiración y los latidos del corazón, mientras que la cara se le ponía insoportablemente caliente... eso sólo podía significar que se había puesto rojo hasta las orejas, y el pensar que estaba reaccionando exactamente como una adolescente enamorada era... indignante, por decir lo menos.
Rukawa no le había visto aún, pero su enorme guardaespaldas, situado a una distancia prudente, sí que le había visto y le saludó con una escueta inclinación de cabeza, su expresión inescrutable y los ojos como siempre ocultos tras las gafas oscuras. Hanamichi le respondió de la misma manera, mientras caminaba nerviosamente hacia el banco, notando cada detalle del también informal - pero evidentemente mucho más costoso - atuendo del jugador. Jeans oscuros, suéter azul rey de mangas cortas... ay no. ¿Qué iba a decirle? Qué iba a hacer?
Se metió las manos en los bolsillos - para que el otro no notara que temblaban - respiró hondo y avanzó resueltamente, dejándose caer a su lado en el banco.
"Hola. Zorro."
Rukawa se sobresaltó y sus rasgados ojos azules se fijaron en él con sorpresa.
"Hanamichi." - dijo al fin con algo de rigidez; pero el hecho de que ya no lo llamara por su apellido decía mucho.
Y por lo visto él tampoco estaba muy seguro de qué hacer o qué decir... después de todo, la última vez que se vieron habían compartido un momento apasionado e íntimo cuyo recuerdo ahora pesaba entre ellos. No podían actuar como antes, eso era imposible.
Conscientes de eso, el silencio incómodo entre ellos se alargó por unos minutos que se antojaron interminables, hasta que Hanamichi sintió que no podía soportarlo más. Si no iban a decirse nada, para qué coño habían pactado encontrarse, pues?
"¡Pero bueno!" - bramó - "Hasta cuándo vamos a estar aquí sentadotes sin abrir la boca? No íbamos a hablar, y tal...?" - su frase terminó en un susurro avergonzado al darse cuenta de que había gritado. No había mucha gente a la vista, pero al menos dos personas habían tornado a mirarles cuando levantó la voz de la manera exuberante que le era propia.
A su lado, una leve sonrisa animaba el rostro pálido de Rukawa; el ex pelirrojo, que ya había tenido tiempo de recuperarse un poco de los nervios que le atenazaban, sintió que enrojecía de nuevo.
"Te estás riendo de mí." - señaló, ceñudo.
"No. Ya te dije que simplemente me haces sonreír." - repuso el jugador serenamente - "Es algo natural en ti, y me gusta." - Hanamichi supo con certeza que ahora sí que su cara parecía un tomate maduro.
"Esto es tan... tan extraño." - suspiró, y se dejó caer hacia atrás, desparramándose en el banco y cerrando los ojos.
"¿El qué?"
"Todo esto. Tú, yo..."
"Porque ambos somos hombres, supongo..." - comentó Rukawa, con voz tensa. A Sakuragi no le gustó escuchar ese tono, pero no quería abrir los ojos y enfrentar los del otro.
"No me vas a negar que se siente raro. Y que" - aspiró con fuerza de nuevo - "todo esto es... terrorífico. Mi... mi situación es complicada, lo sabes. He estado exprimiéndome el cerebro pensando en cómo... bueno, en... mierda, estoy tan nervioso y tengo tanto miedo que no me llega la camisa al cuerpo!"
"Yo no estoy mucho mejor que tú." - la confesión, hecha en voz queda, hizo que algo del peso en su pecho se aligerara - "Pero quiero intentarlo, Hanamichi; si no lo quisiera realmente, no estaría aquí."
"Ahí está el rollo. ¿Qué es exactamente lo que quieres intentar? Ilumíname. Ya sabes que no soy la estrella más brillante del firmamento, y que me cuesta mucho meterme ciertas cosas en la mollera." - abrió los ojos, pero no le miró - "Tengo claro que nos... que nos atraemos físicamente; eso quedó más que claro la última vez que nos vimos," - tosió un poco, tratando de disimular su turbación - "también sé que sientes afecto por mí, y..."
"Hanamichi, es mucho más que eso y lo sabes. Estoy enamorado de ti."
Sakuragi, que había abierto la boca para hablar, casi se ahoga con su propia saliva. Tanta y tan clara sinceridad era demasiado para el cuerpo; tardó unos segundos en recuperarse lo suficiente como para hablar con algo de coherencia, y aun entonces sus palabras indicaron lo que pensaba: que no se lo creía del todo.
"Yo creo que te estás precipitando. Es muy pronto para decir cosas así, acabamos de encontrarnos por primera vez en muchos años..."
"Mírame, por favor." - sin poder resistirse más, el ex pelirrojo obedeció - "Sé lo que siento, y siento lo que acabo de decirte. Y en el fondo tú sabes tan bien como yo que hablo con la verdad."
No podía negarlo, puesto que todo lo que decía era cierto. Algo dentro de Sakuragi confirmaba cada palabra en la intensidad de la mirada azul oscuro, en la sinceridad que aquella voz profunda revelaba, en el latido furioso de su propio corazón al verse enfrentado con la fuerza de los sentimientos entre ambos. Era algo abrumador.
"No sé qué hacer." - dijo al fin, quedamente.
"Tampoco es que yo lo tenga muy claro... pero sé que quiero estar contigo. Por más cursi y ridículo que suene; no puedo evitarlo."
"Tienes un trabajo absorbente y vives al otro lado del mundo, zorro. ¿Cómo diablos vas a hacer para que esto no sea lo que parece ser, una simple aventura de vacaciones?"
"Mi contrato con San Antonio expira el año que entra. No lo renovaré; volveré aquí." - dijo con firmeza, y Sakuragi lo miró con los ojos muy abiertos, tratando de digerir la enormidad de lo que acababa de escuchar - "Puedo trabajar en algún área relacionada con mi profesión... tengo un título universitario que debería servir para algo, y acciones en varias empresas relacionadas con el deporte."
Por lo visto era algo que había meditado muy bien en los días que llevaban sin verse; pero para el ex pelirrojo la cosa no se veía tan fácil como el zorro la pintaba. ¿Pensaba Rukawa dejar atrás todo lo que era su vida actualmente y comenzar una nueva vida, sólo por él? Era demasiado.
"Rukawa... tu trabajo actual no es sólo un trabajo. Tú no eres como yo, que aprendí a amar el deporte después de llegar a él por pura casualidad y estupidez; tú naciste para jugar baloncesto, has luchado con uñas y dientes por obtener un lugar en la mejor liga del mundo. No puedes querer dejarlo todo por... por esto."
"Puedo y quiero." - una absoluta honestidad se reflejaba en los ojos azules - "Ya tengo mis años jugando en la liga, tengo dos anillos de campeonato, cumplí con todos mis sueños... pero hay un vacío dentro de mí que nadie puede llenar. Ni siquiera mi pequeña familia, mis amigos, Laura, Hiro, Mark... ellos no pueden darme lo que necesito; lo que necesito está aquí, contigo. Tuve que regresar para comprenderlo..."
"¿Y tu prometida?" - preguntó Sakuragi con un nudo en la garganta.
"No estaba tan bebido como para no recordar lo que te dije aquella noche en la fiesta de Akagi, Hanamichi; y todo era cierto. Mi relación con Rosalyn es más conveniencia que otra cosa; su existencia mantiene a raya a las admiradoras más peligrosas, me evita muchos problemas y me provee de sexo con cierta regularidad. Ella me aprecia, yo la aprecio, nos sacamos las castañas del fuego de vez en cuando; no hay nada más."
El ex pelirrojo se miró las manos, apoyadas en sus rodillas. Sabía que Rukawa estaba muy, muy solo... lo había sabido aquella noche, cuando le había hablado tan abiertamente de su vida, del rencor que sentía hacia su madre.
"No puedes simplemente dejarlo todo, dejar de jugar. Te morirías de tristeza, como un pajarito..." - dijo en voz baja, más para sí mismo que para el otro joven. Recordaba las palabras de Kiyota, cuando le había dicho que si no luchaba por estar con la persona que quería, una parte de su corazón moriría. Y sabía lo que el deporte significaba en la vida de Rukawa.
"No necesariamente tendría que dejar el baloncesto; podría jugar en la liga nacional de Japón. O puedo convertirme en entrenador. Tengo muchas opciones abiertas y, aunque no lo creas, la perspectiva de comenzar algo nuevo me emociona."
"¿Qué vamos a hacer?" - preguntó, al cabo de unos momentos de silencio - "Si planeas que haya algo... algo serio entre nosotros, tarde o temprano va a hacerse público, ya sea que lo queramos o no. Y habrá problemas."
"Ya pensaremos en algo. De momento no se hará público; sabes que estaremos separados durante meses mientras dure la temporada," - algo de ansiedad se coló en la voz siempre calmada de Rukawa - "podría tratar de escaparme y visitarte de cuando en cuando, aunque sería más que sospechoso. Yo... quiero aprovechar estos días que me quedan para estar en contacto, para... para entrar en tu vida, de algún modo."
"Tengo miedo de que Sae no lo entienda, o de que lo entienda pero no lo acepte." - barboteó de pronto, dando voz a uno de sus temores más reales.
"Tendremos que cruzar ese río cuando lleguemos a él, Hanamichi. ¿Crees que no me preocupa agradarle, que no temo ser rechazado por ella? Es tu hija. Es lo más importante en tu vida." - se mesó el cabello negro azulado, que siempre había llamado la atención de Sakuragi por su tendencia a crecer en todas las direcciones posibles; ese cabello que ahora sabía era muy suave, a pesar de su apariencia indomable - "Por eso quiero que me conozca, que en cierto modo se acostumbre a mi presencia. Porque no sé qué pienses tú, pero yo estoy casi seguro de que si dejamos que lo que hay entre nosotros siga adelante, algún día viviremos juntos." - un leve rubor coloreó los altos pómulos. El ex pelirrojo no era el único perturbado por la idea, por lo visto.
Vivir con Kaede Rukawa. Verle todos los días; comer con él, reír con él, discutir con él, dormir con él... supo que de nuevo se le había puesto la cara como un tomate porque el otro lo miró con una expresión entre divertida y turbada, con esa media sonrisa que a él le encantaba.
"¿Porqué pones esa cara? No tenemos experiencia, pero presumo que no vamos a tener problemas en ese aspecto en particular, si lo que pasó el otro día es un indicativo..."
"CÁLLATE, zorro." - le espetó, avergonzado.
"No va a ser fácil, pero estoy dispuesto a hacer lo que tenga que hacer para estar contigo, Hana. ¿Lo estás tú?" - le preguntó, de nuevo muy serio. El ex pelirrojo tragó con fuerza antes de responderle, algo espantado ante el efecto que el familiar acortamiento de su nombre por parte de Rukawa provocaba en él.
"Demonios. Sí, lo estoy."
"Entonces... la suerte está echada. Estamos juntos en esto." - miró a su alrededor, y cerciorándose de que nadie los veía, tomó una de las manos de Sakuragi y la estrechó firmemente entre las suyas, como sellando un pacto.
El simple y prácticamente mínimo contacto físico desencadenó una reacción poderosa en Hanamichi, que por un momento perdió la cabeza y sólo pudo pensar en que quería abrazarlo de nuevo, besarlo, tocarlo, echársele encima como una fiera hambrienta. Y por la expresión que cruzó el rostro de Rukawa, supo que el otro había captado su reacción y sentía más o menos lo mismo.
Definitivamente llevaba mucho tiempo sin sexo y, más que sin eso, sin la cercanía emocional que eso implicaba para alguien como él. Sentía que de pronto no sabía quién era, y que no lo sabría hasta que estuviera rodeado, cercado, atrapado otra vez entre los brazos de Kaede Rukawa.
"Oh. Mierda. Siento que no podré soportar todo esto, es demasiado, y demasiado pronto." - masculló, tratando de recuperar su mano; avergonzado al descubrir que estaba prácticamente temblando como una hoja. El jugador lo soltó lentamente y sonrió sólo un poco.
"Me alegra saber que no estoy solo en esto." - murmuró, vagamente divertido. Hanamichi respiró hondo y se calmó antes de hablar de nuevo.
"Ya que quieres entrar en mi vida, pues te invito a cenar en casa. Kiyota ya debe haber traído a Sae, podemos cenar todos juntos." - dijo apresuradamente, sintiendo de pronto un miedo irracional a que Kaede se negara por alguna razón. Por todos los cielos, eran ya días sin verlo. Quería pasar más tiempo con él, y en medio de un parque público no era posible que ninguno de los dos se relajara lo suficiente como para hablar con calma.
"Me parece buena idea."
"Tu gorila también está invitado, por supuesto. Dejó una gran impresión en Sae." - Rukawa le hizo señas a Mark, quien se acercó con andar pausado y se detuvo frente a ellos con aire interrogante - "Estooo... Mark... vamos a cenar todos en mi casa. Estás invitado."
El enorme guardaespaldas ladeó la cabeza como si estuviera considerando la idea, y casi de inmediato meneó la cabeza en señal negativa.
"Si Kaede va a cenar en tu casa, mi presencia no hará falta... y si no les importa, preferiría volver al hotel; tengo una conversación pendiente con Hiro. Puedo dejarles en tu casa y volver a por Kaede en un par de horas, o el tiempo que haga falta."
"No es mala idea." - concedió Rukawa.
"Que conste que te invité de muy buena gana." - apuntó Sakuragi, algo abochornado porque sospechaba que el guardaespaldas no quería inmiscuirse en lo que intuía que podía ser una reunión íntima.
"No hay cuidado, Sakuragi-san. Será para la próxima." - una levísima sonrisa asomó a los labios del enorme tipo, y el ver que no estaba molesto ni preocupado quitó algo de peso de encima al ex pelirrojo; aunque por supuesto la idea de que Mark sabía exactamente lo que estaba pasando entre ellos no dejaba de resultar embarazosa.
Los tres subieron al auto y el conductor les dejó frente a la casa de Hanamichi; allí Mark se despidió por el momento, quedando en volver para recoger a su jefe en un par de horas. Kiyota les abrió la puerta, y aunque el pelilargo no era precisamente la discreción en pasta, se las arregló de alguna manera para que su sorpresa al ver a Rukawa no fuera demasiado evidente, ni demasiado escandalosa; por supuesto, nada impidió que le guiñara un ojo malicioso al ex pelirrojo cuando Rukawa no estaba mirando. Guiño cuyo efecto inmediato fue lograr que Sakuragi se sonrojara violentamente por enésima vez en lo que iba de tarde.
Sae recibió al visitante con absoluta naturalidad, refiriéndose a él como "señor Zorro" con la cara más risueña y pícara de su repertorio, antes de volver a instalarse frente al televisor; era la hora de sus series animadas favoritas, el momento sagrado de la tarde-noche en el que todo lo demás perdía importancia. Hanamichi arrastró materialmente a Rukawa con él a la cocina, haciéndole señas a Kiyota de que no les siguiera. ¿Quería el zorro 'entrar en su vida' realmente, como lo decía? Pues hale, a enterarse de una vez de lo que era la vida doméstica en el hogar de la pequeña familia Sakuragi...
Tenía que darle crédito a Rukawa por lo bien que mantuvo la compostura cuando él sacó las verduras del refrigerador y las puso sobre el mesón de la cocina, pidiéndole con el tono más natural que pudo que por favor preparara la ensalada. No se quedó esperando alguna reacción, sin embargo; de inmediato puso manos a la obra y se dispuso a cocinar los filetes de pechuga de pollo que había dejado ya limpios y sazonados antes de salir.
Claro que no podía olvidar el hecho de que Kaede Rukawa estaba en su casa, en su cocina, a escasos dos metros de su persona, participando de una tarea tan prosaica y doméstica - y que por lo tanto, debía de resultarle extraña - como lo era preparar la cena para la familia. Era consciente, por lo que el jugador le había dicho aquella noche en la que se había pasado de tragos, de que su infancia y preadolescencia habían tenido muy poco sabor familiar y sí muchas situaciones que habían dejado malos recuerdos.
Cuando no pudo resistir más se volvió a verlo, y por un momento se olvidó del pollo que movía y vigilaba atentamente para que no se quemase, fascinado ante la seguridad y destreza con la que el joven cortaba ya los últimos vegetales para la ensalada. Sus manos grandes y pálidas sabían lo que hacían, moviéndose con una agilidad que hizo pensar al ex-pelirrojo en las otras cosas que esas manos podían hacer... hasta que sacudió la cabeza para alejar los pensamientos impropios que iban a lograr que el pollo se quemara.
Cenaron juntos tranquilamente, como si lo hubieran hecho toda la vida, con Kiyota y Sae llevando la mayor parte de la conversación mediante una ronda de preguntas dirigidas al zorro. A pesar de que no se distinguía precisamente por ser muy comunicativo, Rukawa respondió con amabilidad y soltura a la curiosidad de todos respecto a su vida en Norteamérica y sus anécdotas como jugador. La ligera incomodidad y timidez que no había podido ocultar del todo al llegar, se había esfumado ante la naturalidad y calidez con la que todos le trataban, haciéndole sentirse - y verse - cómodo y tranquilo.
En algún momento de la cena llegaron a discutir por una tontería, pero todo quedó en un simple roce que hizo las delicias de Sae y de Kiyota, quien se despidió justo al terminar de comer. Con un firme apretón de manos a Rukawa y una saludable palmadota en la espalda de Hanamichi - acompañada luego de un guiño malicioso - el pelilargo hizo mutis sin acompañarles para la sobremesa.
Para Hanamichi la sobremesa fue el cuadro familiar perfecto, con los dos adultos entados en la salita frente al televisor, haciéndole compañía a la chiquilla que ya comenzaba a dar signos de cansancio. Se preguntaba si así sería la vida con Rukawa si las cosas entre ellos se concretaban y, de alguna manera, lograban lo que el jugador había expresado mas temprano esa tarde: vivir juntos. Si las cosas iban a ser de esta manera, el ex pelirrojo ciertamente quería que sucediera... se sentía sereno y cómodo al ver que Rukawa y su hija interactuaban con naturalidad y que el joven se veía tranquilo y abierto en su compañía, sin dejar de ser la persona reservada que era por naturaleza.
Lamento el momento en el que el móvil de Rukawa sonó, indicando que Mark ya venía a buscarle y que la agradable velada tocaba a su fin. Como ya Sae estaba cabeceando de puro sueño, le indicó que se despidiera del jugador y que fuera a prepararse para dormir; la niña obedeció, pero cuando Rukawa le tendió la mano para estrechársela, ella tiró de la susodicha mano hasta lograr que se inclinara. Entonces procedió a plantarle un tierno y muy decidido beso en la mejilla.
Sobra decir que Hanamichi se conmovió casi hasta las lágrimas ante el gesto cariñoso de su hija, como el chico cursi que en el fondo siempre había sido; sobre todo al ver el sorprendido deleite que de pronto se reflejaba en el rostro pálido y a menudo austero de Rukawa...
Quedaron solos al fin, y como el buen anfitrión que era se apresuró a acompañar al jugador a la puerta; pero este lo detuvo en el vestíbulo y lo abrazó. No había ninguna segunda intención en el abrazo, era simplemente una cálida manifestación de afecto; pero al cabo de unos segundos Hanamichi comenzó a sentirse demasiado cálido. Más que cálido, caliente y lleno de una ansiedad que por momentos se convertía en hambre.
Las manos fuertes, largas, grandes y hermosas que había admirado en la cocina acunaron sus mejillas, y lo que había sido un abrazo se convirtió en un beso, el primero que se daban desde aquella vez en la cancha; y que si bien empezó siendo suave y tierno, la boca de Rukawa ejerciendo una presión increíblemente gentil sobre la suya, pronto evolucionó para convertirse en un ansioso juego de exploración y necesidad. Hanamichi olvidó que estaban en el vestíbulo de su casa, que su hija dormía – o quizás no - en el piso de arriba, que probablemente Mark y el conductor habían llegado ya y esperaban afuera... todo lo que quería era perderse en el calor que irradiaba el cuerpo de su compañero, en el fuego de los besos, en la cercanía tan deseada de la persona a la que ya sentía como su pareja. De pronto parecía que todos los miedos que anidaba escapaban ante la intensidad de sus sentimientos y del deseo que redescubría dentro de él, que nacía en sus entrañas y hacía eco en el otro.
Sus manos tampoco permanecían ociosas, moviéndose como por instinto, recreándose en los poderosos brazos, en la fortaleza de los músculos en la espalda de su compañero, en la curva dura y deliciosa de su trasero; como si quisiera aprenderse de memoria cada milímetro del cuerpo pegado a él. Era una sensación indescriptible, la de ser simplemente barrido por la pasión como una hoja arrastrada por un huracán.
El sonido de un bocinazo los devolvió a la realidad, pero aún así se separaron lentamente, sin prisas. La leve sonrisa satisfecha en los labios de Rukawa, que enrojecidos e inflamados rompían por una vez la palidez usual de su rostro, sólo logró aumentar el calor y la presión que atenazaban el bajo vientre del ex pelirrojo.
Cielos, cómo lamentaba que el zorro tuviera que irse. Sólo había tenido una pequeña probada de cielo y ahora quería descubrir todo lo que podían hacer juntos... quería más, mucho más de lo que acababan de tener, de lo que habían vivido hasta ahora. Ahora y siempre, para siempre.
Esto era el amor de verdad. No sólo el deseo, sino la seguridad de querer estar junto a él, de compartir su vida, de envejecer juntos.
Pero tenían que esperar. Las cosas no serían tan fáciles para ellos, y era algo que sabían muy bien. De antemano las palabras sobraban, y cuando el joven se inclinó para robarle un rápido beso antes de abrir la puerta y caminar hasta la entrada, Hanamichi supo con certeza que él también estaba dispuesto a esperar y a hacer todo lo que fuera necesario para conseguir lo que ambos deseaban.
Y también tuvo la certeza – más prosaica y mundana - de que esa noche no iba a poder dormir sin antes tener al menos un pequeño reencuentro con su mano derecha...
Kaede Rukawa llegó al fin a la suite de hotel que ocupaba junto con su pequeña 'familia', en un estado de absoluta exaltación que contrastaba violentamente con la profunda miseria que había experimentado en los últimos días. Y por supuesto eso no escapó al ojo avizor de su agente y administrador, que sonrió con cierta malicia al verle la cara.
… y miren que era raro ver a Hiro demostrar abiertamente lo que pensaba. Siempre parecía que su único y verdadero amor era el teléfono y que todo lo demás palidecía en comparación, porque no era realmente una persona demostrativa.
El jugador se negó a sonrojarse. Ya no era un adolescente hormonal – bien mirado, jamás se había comportado como tal – y no tenía porqué sentirse avergonzado de lo que sentía, ya fuera en el plano sentimental o en el puramente físico. Si se le notaba en la cara lo que acababa de pasar, pues bien estaba; y a quien no le gustara, que no lo mirara. Punto.
Después de ducharse se echó en la cama y, dejando encendida sólo una de las lámparas, se dispuso a descansar. No a dormir, porque las emociones que aún lo sacudían eran demasiado fuertes como para asumir que simplemente cerraría los ojos y se quedaría dormido como un bebé.
Entonces recordó a Laura, quien – era fácil deducirlo, ya que no había estado esperándole en la sala para que le contara todos los detalles de su encuentro con Hanamichi – debía de estar con Sendoh en ese momento. Se preguntó si la mujer tendría suficiente fuerza de voluntad como para resistirse al asedio del hombre del que estaba perdidamente enamorada… porque aunque no lo dijera con todas las letras, lo estaba. Y ahora que Rukawa sabía lo que se sentía, no estaba muy seguro de que ella fuera capaz de aguantar si Sendoh le pedía que volvieran.
Como si la hubiera invocado con el pensamiento, no pasaron diez minutos antes de que escuchara que llamaban a la puerta. Tenía que ser ella, porque nadie más en su pequeña familia tenía la cachaza de intentar meterse en su habitación cuando evidentemente ya se había retirado para dormir.
"Pasa." – dijo simplemente, y la mujer entró con paso firme, sentándose de inmediato en el borde de la cama, justo a su lado. Su cabello caoba estaba perfectamente peinado, su rostro perfectamente maquillado, no había señales de que hubiera permitido ni siquiera un beso. Pero su mirada atormentada reflejaba cansancio y confusión… y por supuesto, Laura era una experta en mantener el tipo en la peor de las circunstancias y en arreglárselas para volver a su estado original con sólo un retoque.
"Tú primero, Kaede."
"Hanamichi ha decidido darme una oportunidad, Laura. Y pienso aprovecharla mientras dure mi estancia aquí. Tengo un montón de ideas rondándome la cabeza y debo ordenarlas y concretarlas para poder estar con él… pero por lo pronto él está de acuerdo. Me quiere, yo lo quiero, y quiero merecer la confianza que está depositando en mí."
Las palabras se le atoraban en la garganta por la emoción que sentía, y vio con deleite cómo los ojos cansados de su secretaria y amiga se iluminaban al escucharle, evidentemente feliz por él.
"¡Pero hombre, esa sí que es la noticia del siglo! Ahora te toca trabajar cual burrito carguero para ganártelo de verdad, pero no me cabe duda de que al final vas a vencer. Siempre has sido bueno con los retos." – dijo risueña.
Pero a pesar de su alegría por lo que acababa de escuchar, se notaba que la mujer estaba distraída. Tanto, que había pasado por alto – quizá afortunadamente, porque seguro que si se daba cuenta lo iba a embromar hasta el cansancio – el aspecto definitivamente inusual de su cara; en especial los labios enrojecidos, que aún sentía calientes. En momentos como éstos pensaba que era una desgracia tener la piel tan pálida y propensa a ponerse roja o morada por nimiedades tales como pellizcos. O en este caso, besos.
Por ejemplo, los besos desesperados que habían compartido aquella tarde en la cancha se le habían notado durante al menos dos días... se lo habían dicho el espejo y las miradas oblicuas que Hiro le lanzaba de vez en cuando. Pero bueno, al grano con lo que realmente importaba en ese momento: su amiga.
"Ahora te toca a ti. ¿Qué ha pasado? Tienes cara de no haberla pasado muy bien, y encima estás de vuelta mucho más temprano de lo que esperaba… ya sabes, por lo del postre." – dijo, tratando de embromarla. Laura tomó uno de los cojines que estaban al pie de la cama y le dio un buen golpe con él.
"¡Te dije que yo no iba a ser el postre, Kaede Rukawa!" - dijo, fingiendo indignación, aunque sonreía un poco.
"Tranquila, tranquila, no dudo de tu virtud. ¿Acaso te hizo un desplante el galán de barrio?"
"Al contrario… se portó de lo más natural y agradable, con esa necedad que para mi desgracia siempre he encontrado muy atractiva. Hablamos y discutimos por tonterías como en nuestros mejores tiempos juntos; de hecho me fue muy bien hasta el último momento, cuando el pelmazo me soltó la bomba. No sé qué hacer, Kaede. Te juro que no sé qué voy a hacer con Akira." – suspiró, dejándose caer sobre las sábanas con abandono – "Cada vez que tomo la decisión de no verle, de no escucharle, de dejar todo este asunto atrás, me sale con alguna sorpresita que me deja en el sitio."
"Qué hizo esta vez?" – preguntó, resignado y esperando escuchar alguna pendejada de las que Sendoh era capaz de soltar, y que en efecto eran capaces de enloquecer a cualquier ser sensible.
"Me pidió perdón por enésima vez. La diferencia estriba en que esta vez, después de pedirme perdón, me propuso matrimonio." – respondió la mujer, cubriéndose la cara con las manos en un gesto de cómica desesperación.
"Qué???"
Ciertamente, Rukawa no esperaba eso de Akira Sendoh.
N.A.: Sowwy. Como siempre, me ha pasado de todo... no ha sido éste el único fic que ha sufrido; todos fueron dejados de lado, y no por bloqueo, sino por cansancio y estrés. Pero en fin, estoy de vuelta y espero poder encarrilar todo lo que debo y agarrar el ritmo de nuevo xD; ojalá que no les haya molestado el exceso de narrativa en la parte media de este cap; no vi otra manera de abordarlo como no fuera con alguna conversación banal que seguramente hubiera quedado de más. ¡Gracias a todos por estar ahí!
Gracias a: Enide Kant (pues bienvenida, y espero que no te haya sentado mal la tardanza. Gracias mil!), Elena (a veces sólo hace falta que los que están mirando los toros desde la barrera den un consejito), Ale (igual no va a ser fácil para ellos, pero al menos están tratando de salir adelante), Nikaru-chan (gracias y bienvenida!), Haima (seguimos adelante!), Black Kymera (si tú lo dices, debe ser cierto xD. Ya veremos), AoshMiSeshLin (me alegra que te guste, gracias! Y eso es lo que todos esperamos xD), Sakura (xD), Mai Maxwell (Sae está inspirada en un niño real de esa edad que suele dejarme boquiabierta cuando habla, y te aseguro que no exagero. Gracias!), Souji (muchas gracias, y perdona que tarde tanto en actualizar xD), Fran (ya ves, me ha pasado de todo. Pero estoy de vuelta!), Aguila Fanel (lo es para todos... y más para ellos. Gracias!), Rei Ayanami (bienvenida y gracias!.
