Nada de esto es mío. Ni la historia ni los personajes.

Gracias por vuestros geniales rewiews a: LUCYarg, alejacipagauta, Jime, Angie Cullen Hale y Alimago.

CAPÍTULO 13

Jake partió aquella misma tarde, tras convencerse de que volar a Belo Horizonte no era tan malo como viajar por carrete ra a través de las montañas. Antes de despedirse, le entregó a Bella una carta de Lady Newton. Ella la guardó en uno de los bolsillos de su pantalón y, con todo el corazón, le deseó buen viaje. Era el último vínculo que la unía con Inglaterra y no le resultaba fácil rom perlo, pero había decidido quedarse y si Edward la rechazaba, ya encon traría la forma de hacerle cambiar de opinión. Los recuerdos de su reciente e intensa experiencia amorosa le daban la fuerza que necesita ba en aquellos momentos. No dudaba que Edward la quería apasionada mente y esto le bastaba.

Pero según avanzaba la noche sin que Edward volviera, se sintió flaquear. Tuvo que cenar en compañía de la familia y hacer acopio de valor para afrontar la situación. Se había arreglado cuidadosamente para la ocasión con un elegante vestido negro de chiflón. Como único adorno, llevaba una cadena de oro y aretes haciendo juego.

—¡Bella, qué bella estás esta noche! —exclamó su suegra al verla—. Estamos encantados de que hayas decidido quedarte.

—Sí, Bella, yo también estoy feliz con la buena noticia. Tengo que pedirte que me disculpes por el mal trato que te di en la comida, pero es que Jacob Black... —dijo Rosalie, emocionada.

—Lo sé —la interrumpió Bella, avergonzada—, creo que Carlisle ya les habrá explicado...

— ¿Qué tú y Jacob erais amigos? Lo adivinamos desde el principio. No podía ser amigo de Edward; era evidente que se odiaban —comentó Esme.

— ¿Ah, sí? —respondió Bella, nerviosa. Creía que su esposo había exagerado su antagonismo hacia Jacob con el único propósito de hacerla sentirse mal. Tenía que reconocer que Edward siempre lograba ponerla en desventaja.

—No te preocupes —le dijo Esme, sonriendo—, ya pasó todo. Jacob se ha marchado y tú estás aquí...

« ¡Ojalá todo fuera tan sencillo!», pensó Bella con cierta tristeza al recordar que Edward no estaba presente, pero tenía la esperanza de que todo habría de terminar bien.

La noche era muy calurosa y Bella no quería acostarse todavía. Se acercó al balcón para mirar a lo lejos a través de las sombras. De pronto, escuchó un sonido extraño y también percibió una luz extra ña que descendía rápidamente. Por fin se dio cuenta de que se trataba de un helicóptero. ¡Edward había llegado! Sólo a él se le podía ocurrir abordar un helicóptero para trasladarse por encima de las montañas en la oscuridad.

Se puso rígida. Era probable que pasara de largo por la habitación para llegar hasta el vestidor, sin volverse siquiera para cerciorarse de que ella estaba en la cama. Escuchó las pisadas en el corredor y se mantuvo inmóvil, recostada en el barandal. En aquel momento, la puerta se cerró con estruendo.

Al encenderse la luz, Bella se sintió deslumbrada y, de manera instintiva, se echó a un lado. Las cortinas la ocultaron por completo, ero ella se asomó para observar sin ser vista.

Vio cómo Edward la buscaba con la mirada y cómo su expresión se endurecía al no encontrarla. Se volvió hacia la puerta, mas se detuvo angustiado. Golpeó el marco con los puños y se pasó una mano por la cabeza con un gesto de desesperación. Luego se tiró sobre la cama y sepultó la cabeza en la almohada. ¡Edward creía que ella se había marchado con Jacob!

Salió de entre los cortinajes y en aquel preciso instante, un insecto, pasó vibrando cerca de su oreja. La joven lanzó un grito de miedo y se precipitó en la alcoba sin cautela alguna, cerrando la ventana y Edward dio un salto en la cama.

— ¡Bella! —exclamó incrédulo, repitiendo su nombre con un tono de reproche.

—Hola, Edward —respondió ella con frialdad.

—Dime por qué estabas escondida en el balcón. ¿Querías observar mis reacciones con toda impunidad?

— ¿Observarte? De ninguna manera. Estaba esperando que llega ras y cuando escuché el helicóptero... Bueno, la verdad es que necesita ba saber a qué atenerme.

— ¿A qué atenerte? No te entiendo. Creí que me habías abando nado.

—Escucha, Edward, ¿por qué le dijiste a Jacob que habíamos hecho el amor? ¿Por qué le hiciste creer que querías deshacerte de mí?

— ¿Qué? Yo no he hablado con Black desde que salió con Rose a caballo esta mañana.

— ¿No? ¿Entonces corno supo que tú y yo...?

Edward no le respondió. Se despojó de su chaqueta y la arrojó sobre una silla. Se le veía por completo agotado y Bella le compadeció.

—Edward, dime sinceramente si deseas que me quede aquí contigo —Bella pensó que iba a tomarla entre sus brazos para demostrarle cuánto la necesitaba, ¡pero no lo hizo! Se quitó las botas y los calcetines y se tendió en la cama.

— ¿Qué pregunta es ésa? No te entiendo y la verdad es que estoy agotado en este momento. No quiero seguir discutiendo tonterías.

— ¿Estás muy cansado? ¿Y cómo crees que me siento yo?

— ¿No te das cuenta, Bella, de que por fin estamos juntos para siempre?

—Entonces..., ¿de verdad te intereso?

— ¡Claro que me interesas! —Edward cerró los ojos con un gesto de impaciencia.

—Pues tienes una forma muy extraña de demostrarlo.

— ¿Por qué me dices eso, Isabella? He tenido un día terrible. Cuando al fin pude llegar al aeropuerto, me encontré con que no estaba el «Cessna». Me explicaron que el inglés se había marchado en avión a Belo Horizonte. Pregunté si iba solo y nadie supo responderme. Es increíble, pero nadie lo sabía y me asaltaron terribles dudas. Pensé que tal vez había logrado convencerte de que volvieras con él. Final mente, después de tantos problemas, puedo llegar a mi casa muerto de cansancio y me encuentro con que tu cama está vacía porque andas jugando al escondite. ¡Sí, Bella, te has salido con la tuya! Has podido verme desesperado por tu supuesta ausencia, pero creo que ya he tenido suficiente y te ruego que no insistas con tus preguntas tontas. No sé cómo se enteró Black de que estuvimos juntos en la cama, ¡pero en nombre de Dios, después de todo eres mi esposa!

— ¡Dime que me amas, Edward, necesito saberlo!

Edward gruñó con impaciencia, pero se incorporó y se acercó a ella para ponerle las manos sobre los hombros. Después, la tomó por la cintura.

—Bella, Bella... Te amo desde el momento que me fulmi naste con la mirada en una fiesta infantil frustrada. Ahora ven a la cama y déjate de tonterías.

—No puedo creerlo.

— ¿Por qué no? —preguntó él tranquilamente, mientras le quitaba con cuidado su hermoso vestido negro.

—Tú nunca me lo dijiste...

—Las circunstancias siempre nos fueron adversas, pero ahora que estamos juntos debemos olvidar todas las penas del pasado.

Bella estaba de pie junto a su esposo y éste le ordenó:

—Ahora te toca a ti desvestirme. ¡Hazlo de una vez! —La joven obedeció y, con dedos trémulos por la emoción, comenzó a quitarle la camisa.

Horas después, la luz de la luna se filtraba por la ventana, haciendo destacar la sombra azulada de la barba de Edward.

—Necesitas afeitarte —le dijo ella sonriendo, mientras frotaba la suave piel de su hombro sobre la áspera barba.

— ¿Ahora? —Bella movió la cabeza y se acurrucó entre sus brazos—. Cuéntame qué sucedió con Black. Quiero saberlo todo.

—Ya pasó, no tiene importancia —respondió Bella con una sonrisa.

—Dime lo que pasó.

—Jacob me dijo... que le habías contado que hicimos el amor.

— ¿Y tú creíste que yo era capaz de hacer algo así?

—No me quedaba otro remedio. ¿Cómo podía saberlo? Tenías que habérselo dicho tú, porque si no... Además, cuando bajé a comer, me encontré con la novedad de que te habías marchado.

—Seguramente, te explicaron que había ido a Valentes.

—Sí, por eso me asaltó la terrible duda de si te habrías ido porque buscabas la forma de deshacerte de mí.

— ¡Dios mío! Eso quiere decir que no te hablaron de la razón de mi viaje.

—No. No me dijeron nada. La comida fue terrible para mí. Tu madre y Rosalie apenas cruzaron palabra conmigo. Jacob le había dicho a Rose que él y yo...; es decir, que había algo entre nosotros.

—Estoy empezando a comprender. Así que tú ignorabas la razón de mi ausencia. ¡Cómo lo siento, Bella! Me imagino que habrás pen sado lo peor. ¿Por qué no te lo dijeron cuando se marchó Jacob? ¿O es que todavía no te hablan?

—Ha sido un día terrible. Después de comer, Jacob me dijo que... bueno, que le habías hablado de lo ocurrido entre nosotros y que con fiabas en que yo volvería a Inglaterra con él antes que tú regresaras de Valentes...

—Sigue —le ordenó Edward.

—Le dije que no me interesaban sus comentarios y que nada de lo que pudiera decirme me haría cambiar de opinión. Él insistió, pero le hice saber que quería oírlo de tus labios. Después de lo sucedido entre tú y yo, pensé que podría convencerte de la sinceridad de mi cariño.

—Escucha, Bella, si te hubieras ido con él, te habría seguido para matarte.

— ¿Serías capaz?

—Por lo menos, lo hubiera deseado.

—Pero él se ha ido y yo estoy aquí... Carlisle, tu padrastro, me creyó cuando le dije que no había nada entre Jacob y yo y se encargó de explicarlo a los demás. La cena también fue un tormento.

— ¿Nadie habló de mí?

—No, Edward. Me parece que deseaban hacer a un lado todos los temas personales. Además, ignoraban lo que me había dicho Jacob.

—Estoy asombrado por la actitud de Black. Eso demuestra que un hombre despechado puede ser muy peligroso. ¿Qué fue lo que te dijo?

—Que habías despertado... sensaciones en mí.

—Es la verdad. —Edward sonrió maliciosamente.

— ¿Cómo lo supo? —Bella le lanzó una mirada de reproche.

—Nos ausentamos durante mucho tiempo y alguno de los sirvientes pudo decirle que habíamos entrado en la habitación; además, cuando yo te dejé, tenías una expresión de felicidad muy evidente.

— ¡Ha sido un día tremendo! —comentó Bella con un suspiro.

— ¿Y la noche? ¿Qué te ha parecido la noche?

"Bella se sonrojó, feliz, pero no dijo una palabra. Edward la besó con ternura y exclamó:

—Yo no he pasado un día muy fácil tampoco.

—Es verdad; todavía no me has dicho por qué tuviste que ir a Valentes.

— ¿Recuerdas que te comenté el estado tan delicado en que se encontraba Consuelo?

— ¡La mujer que dio a luz! —exclamó Bella de inmediato.

—Sí, murió hoy.

— ¡Oh, Edward, cómo lo siento!

—Vasco vino a buscarme. Estaba desesperado. Consuelo tenía una fuerte hemorragia y no había un minuto que perder.

— ¡Qué desgracia! ¿Cómo está el bebé?

—Se encuentra en el hospital y es probable que conserve la vida, pero en todo caso, vasco no puede quedarse con él; tendrá que man darlo a la misión con alguno de sus hermanos. Hice lo posible por salvar la vida de Consuelo, pero todo fue inútil. ¡Si ese estúpido me hubiera dejado llevarla al hospital hace una semana!...

—No es culpa tuya, Edward.

—Lo sé, pero el desperdicio de esfuerzos me disgusta profunda mente, por eso vivo aquí y no en Inglaterra. Tía puede encargarse de la finca, tiene experiencia y no me necesita para nada; en cambio aquí...

—Tienes razón. ¿Crees que yo te necesito?

—Claro que sí, y mucho, aunque debes saber que yo también te necesito.

— ¿Por qué nunca me lo has dicho?

— ¿Cuándo? Aquella ocasión que volví a Inglaterra, me encontré con la novedad de que ibas a casarte con Mike.

— ¿Fuiste a Inglaterra a verme?

— ¿Acaso no lo sabías? ¿No lo sentiste cuando bailábamos juntos?

—Nunca había experimentado nada igual —recordó ella con emoción.

—Yo tampoco, y lo peor es que estabas a punto de convertirte en a mujer de mi primo.

—Fue una noche espantosa —murmuró ella con un suspiro.

—En eso estoy de acuerdo. Me sentía tan mal, tan impotente ante la situación, que incluso llegué a odiarte..., hasta el momento que te vi después que Mike...

— ¿Me creíste cuando te aseguré que no me había... tocado?

—No me quedaba otro remedio, porque la sola idea me volvía loco, pero te portaste tan mal conmigo...

—Y tú conmigo —le reprochó Bella—. Cuando mi madre en fermó...

—Yo me ocupé de todo.

—Sí, ¡pero a qué precio!

—Fue lo único que se me ocurrió para protegerte de los moscones.

—Me abandonaste de inmediato.

—No podía hacer otra cosa. Tú me hubieras rechazado.

— ¡Quién sabe! —replicó ella maliciosamente.

—Eras muy joven y todo fue demasiado precipitado; creo que te hubieras opuesto con todas tus fuerzas. Era necesario que crecieras un poco, que madurases. Después, tía iba a mandarte a Brasil y…

— ¿A mandarme a Brasil? ¿Qué quieres decir?

—Lo que has oído. Me parece que eso fue lo que hizo. ¿No te mandó ella a Brasil?

—Pues sí... En realidad, ella sugirió que viniera en busca de la anulación.

—No era eso precisamente lo que yo quería, pero para el caso, vino a ser lo mismo.

—Eres un verdadero canalla.

—Pero me amas.

—Te amo mucho, mucho más de lo que te imaginas, pero ayer me dijiste que estabas dispuesto a dejarme marchar.

—Tenía que asegurarme de tu cariño —murmuró él, besándola con ternura. Por unos minutos, el silencio sólo fue roto por suspiros entre cortados. Después, cuando Edward separó su rostro del de ella, le dijo—: Necesitaba saber si realmente querías vivir conmigo y decidí jugarme el todo por el todo.

—Era un juego peligroso —comentó Bella, pensativa.

—De acuerdo, pero los resultados han sido magníficos. Ahora estamos juntos, ¡juntos para siempre!

A la mañana siguiente, Edward se marchó muy temprano para ayudar a Vasco en el funeral. Bella recordó la carta de tía. Estaba sentada frente al tocador cepillándose el cabello cuando vio el sobre que asomaba por el bolsillo de su pantalón. Se dispuso a leerla.

«Mi querida Bella:

»Me imagino que cuando leas esta carta, Edward ya te habrá explica do por qué te sugerí que fueras a Brasil a pedir la anulación de tu matrimonio, mas si acaso lo ignorases, me gustaría que lo supieras por mí. Desde hacía tiempo, Mike y yo estábamos al tanto de que Edward te quería. Nos escribía de cuando en cuando y nos aseguraba que, en cuanto terminara sus estudios, vendría a buscarte. Desgracia damente, Mike siempre estuvo un poco celoso de su primo; por eso, cuando te vio transformada en una hermosa joven, tú ya sabes lo que ocurrió. No es ningún secreto que siempre me opuse a tus relaciones con mi hijo, pero lo que no sabes es que escribí a Edward informándole de la situación.

Bella interrumpió la lectura para reflexionar. Así que Mike había tenido razón al decirle que su madre estaba utilizando a Edward para separarles. Después continúo leyendo:

»Cuando todo aquello sucedió y yo perdí a mi hijo, tuve que depender de la benevolencia de Edward. Él sabía que yo era capaz de cualquier cosa para seguir viviendo en Newton House. La enfermedad de tu madre, tan lamentable, le dio a Edward la oportunidad que necesi taba y supo aprovecharla. Constantemente me digo que no me hubiera atrevido a intervenir de no haber estado por completo segura del amor que siempre te ha tenido Edward, pero podría equivocarme porque hace muchos años que vivo en el engaño. Sin embargo, quiero que sepas que tu esposo es un hombre excelente, mientras que Jacob Black, por desgracia, es en todo tan semejante a Mike, que dudo mucho que pu diera hacerte feliz. En América del Sur hay un pequeño animal llamado escorpión. Se dice que tiene muy mal carácter, pero yo pienso que nada es tan negro como lo pintan; aunque sus hábitos sexuales son sumamente extraños: macho y hembra, se enfrascan en lo que algunos científicos han llamado la danza del amor; en ella hay una gran canti dad de maniobras de persuasión. Teniendo en cuenta los peligros que cada uno de ellos ofrece al otro, me parece que se requiere de mucho valor para seguir adelante, pero todos sabemos que lo más valioso es lo que resulta más difícil de alcanzar. Tal vez recuerdes esto cuando tengas que decidirte entre Jacob y Edward.»

A continuación aparecía su firma. Sin saber por qué, Bella no quedó muy convencida de su sinceridad.

Aquella noche, le mostró la carta a Edward. Después de leerla, él levantó la cara y le dijo, malicioso:

—Bueno, ahora falta saber a quién considera tía el escorpión, a Jacob o a mí.

— ¿Por qué crees que escribiría esa carta?

—No lo sé. ¿Tú qué opinas?

—Porque quería que yo supiera que eres un marido excelente —res pondió Bella, sonriendo.

— ¿De verdad lo crees? —Él frunció el ceño y la atrajo hacia sí con fuerza.

—Lo sé —murmuró la joven, acariciando la amplia frente mascu lina.

— ¿Te parece que tía desea sinceramente que seamos felices?

—Es posible —dijo Bella, sin mucha convicción.

—Voy a explicarte lo que ocurre en realidad. Hace cuatro años le advertí que si ella permitía que algún hombre se te acercara, tendría que salir de Newton House sin demora. Me imagino que cuando me comuniqué con ella por teléfono y tuvo que enterarme de que, en efecto, había un hombre en tu vida, debió necesitar buena cantidad de sedantes para recuperarse después de escuchar mis amenazas.

— ¡Edward! —exclamó Bella, mientras las manos masculinas recorrían su cuerpo tembloroso.

—Humm... hueles tan bien, que prefiero comerte a ti en vez bajar a cenar

Fin.

Ya terminó! Me da penita haberla terminado tan prontito xD

Espero k os haya gustado el final! necesito k me deis vuestra opinion please!

Tricia