John se había ido hacía ya horas, el mismo tiempo que llevaba Dean inconsciente. Sam se preguntó si lo que fuera que había su padre con aquel cuchillo, aquella forma que había dibujado en el brazo de su hijo, no había tenido efectos negativos en Dean. Lo miraba una y otra vez, intentando encontrar alguna señal de que su hermano estaba bien, que en realidad se había tratado de un demonio y que no había sido Dean el que los había atacado. Pero no había nada, tan solo era el cuerpo de su hermano, dormido, en el mejor de los casos.
"Confío en John, se que solo quiere lo mejor para vosotros." Dijo Castiel después de horas de silencio.
Sam se dio la vuelta y miró a su amigo, pese a ser un ángel, tenía una aspecto agotado como él. Siempre se había preguntado si criaturas como los ángeles y los demonios necesitaban descansar y dormir como ellos; ahora empezaba a creer que si.
"Yo también confío en mi padre, pero…"
"Tener miedo está bien Sam." Concluyó su amigo. "Se trata de tu hermano.
"Hemos pasado por mucho en nuestras vidas, aunque ya nos habrás estado vigilando para saberlo. Pero nada parecido a esto."
Claro que lo sabía, desde que Dean tenía dieciséis años había estado allí, observándole, ya que John le había prohibido estar cerca de su hijo; había tenido que hacer grandes esfuerzos para no actuar en más de una ocasión y ver morir a Dean, había sido una de las cosas más difíciles de aceptar de toda su existencia.
Si Sam podía comprender lo mucho que quería al muchacho, lo amaba como no había a ninguna otro ser humano. Justo cuando creía que eso era algo imposible para los ángeles, conocía a ese muchacho, que no era más que un niño, que estaba aprendiendo a vivir y que estaba aprendiendo a ser un cazador. Verlo la primera vez fue como abrirle una puerta a un mundo más allá de la realidad, donde en poco tiempo, el resto de humanos que poblaban el mundo dejaron de tener sentido para Castiel.
Verlo ahora de nuevo, tendido en una cama, sin poder hacer nada por él, le trajo a la memoria horribles recuerdos que creía haber olvidado. Dean en una cama de hospital, muriendo… había visto su fantasma moverse por las habitaciones y podría haberle ayudado, podría haberle dicho que todo iba a salir bien, que sabía que su vida todavía no había terminado.
Pero lo tenía prohibido y así, tuvo que observar en silencio el silencio del muchacho al que tanto amaba, su agonía mientras se veía muerto, intentando comunicarse con su padre y su hermano si que su ángel de la guarda pudiera hacer nada por él.
"¿Cómo esta?" Preguntó Sam, sacando a Castiel de sus recuerdos. "Se que puedes sentirlo." El tono de voz del joven cazador sonó decepcionado, daría lo que fuera por notar lo que sentía su hermano y así ayudarle mejor.
Sin contestar, Castiel se acercó al muchacho y colocó su mano sobre el corazón de Dean, cerró los ojos y se concentró en su latido. Podía notar sin problemas la presión que hacía la criatura que lo dominaba, dormida ahora por lo que había hecho John. Pero también sintió a Dean, se sentía atrapado, quería luchar y lo intentaba con todas sus fuerzas pero no lo conseguía. Sentía las cadenas que sujetaban su alma dentro de su cuerpo, como una terrible cárcel que no le dejaba moverse, ni hacer nada.
"Está muerto de miedo."
"Entonces no es el único." Sam se acercó a la cama, se sentó junto a su hermano y le tocó la frente, como si quisiera comprobar si tenía fiebre. "Estamos contigo, siempre nos vas a tener a tu lado, soy tu hermano Dean y después de todas las veces que me has salvado a mi, no voy a dejar que luches solo esta vez."
Dean protestó y se removió en la cama, como si el contacto con la mano de su hermano le quemara. Intentó apartar el cuerpo de su hermano, pero Sam lo aprisionó con fuerza para que no se hiciera daño.
"¿Qué le está pasando?"
Castiel volvió a llevar su mano al pecho de Dean y sintió como la criatura se removía dentro del cazador. "El demonio se está…"
Dean abrió los ojos de golpe y lanzó a su hermano a un lado, el cazador cayó al suelo pero se recompuso inmediatamente. Su hermano se incorporó y cogió a Castiel por el cuello, lo miró a los ojos y sonrió.
"He escuchado muchas historias sobre ti y algunos de tus hermanos están muy decepcionados por el afecto que has cogido por este humano." Su sonrisa se amplió al mismo tiempo que lo hacía la presión sobre el cuello del ángel. "Mírame a los ojos Castiel y dime que no quieres ya a este humano, que nunca se te ha ocurrido sacarlo de toda esta vida de muerte y cacerías y convertirlo en tu mascota."
"¿No esperarás que me crea que Dean quiere decir todo eso verdad? Le conozco perfectamente, seguramente mejor que a muchos de mis hermanos y se sólo estás usando mentiras de demonio para intentar enfadarme y que te ataque. Lo siento pero no vas a conseguir que lastime a Dean."
"Estás enamorado. Un ángel enamorado de un ser humano. Que bonito y que lastima que no pueda durar."
"Dean, tienes que escucharme porque se estás ahí dentro y puedes luchar." El demonio se dio la vuelta y miró a su hermano, sin soltar al ángel. "Tu me has enseñado siempre a luchar, bien sea contra demonios o la policía. Tu eres el fuerte Dean."
"Ya no Sammy, no después de todo lo que he visto y todo lo que ha pasado." Sonaba tan real, se parecía tanto a su hermano que Sam titubeó un momento, se quedó parado en el sitio y trató de ver si realmente había conseguido sacar a su hermano a la luz. "Todos me han usado y no es algo nuevo, porque tu eres el primero que te has aprovechado de que soy tu hermano y te quiero."
Aunque acababan de irse las dudas sobre quien era el que estaba hablando, Sam no pudo evitar que el corazón se le rompiera al escuchar esas duras palabras saliendo de la boca de su hermano.
"Me hiciste creer que no tenías nada que ver con la sangre de demonio y que Ruby no te estaba usado. Usaste esos malditos ojos de cachorrillo abandonado y me la jugaste. Todos me la habéis jugado alguna vez."
"Dean por favor."
Sam trató de dar un paso hacia su hermano, tal vez si conseguía estar lo bastante cerca… No tenía ni la más remota idea de lo que iba a hacer, pero no podía permitir que Dean hiciera daño a Castiel o de lo contrario se arrepentiría siempre.
"Esto se va a poner divertido."
El demonio volvió a mirar a Castiel, acercó la mano con la que le sujetaba el cuello y le dio un beso en los labios, un beso duro, nada que ver con lo que Dean le tenía acostumbrado. Terminó por morderle el labio hasta hacerle sangrar y al separarse de él, lo lanzó contra la pared.
Castiel protestó, mientras Dean se levantaba y caminaba hacia él. "Un momento hermanito, en seguida estoy contigo." Dean tenía que estar luchando en el interior de su cuerpo, no se lo podía estar poniendo tan fácil al demonio para que lo usara y menos cuando se trataba de hacerle daño a Castiel.
Después de todas las noches que habían pasado hablando sobre el ángel y lo mucho que ya sabía Sam que su hermano estaba enamorado, jamás le haría daño a su amigo, de forma consciente, tenía que detenerlo.
Sin embargo, en los segundos que pasaron hasta que Sam consiguió reaccionar, el demonio ya había comenzado a desahogarse con Castiel. "Me abandonaste, maldito cabrón." Dijo mientras le golpeaba en la cara. "Mi padre y tu decidisteis mi futuro, lo que era bueno para mi y me borraste los mejores momentos de mi vida sin preguntar. Los dos me usasteis."
"Dean basta ya."
Estaba tan entretenido con en ángel y escuchado los gritos de Dean en el interior de su cuerpo, por no hablar del bien que le hacía sentir ver como Castiel se quedaba ahí sin hacer nada, recibía los golpes mirándole en silencio, con una expresión más dolorosa que dolorida, sintiendo que todo lo que estaba ocurriéndole a Dean era por su culpa, que no vio venir el impacto de Sam contra él.
Liberó al ángel, que ahora con un ojo morado, el labio partido y seguramente más de alguna costilla fracturada por no hablar de algo peor, se quedó en el suelo, como si de un preso esperando el momento de su muerte se tratara.
"¿Qué es lo que vas a hacer Sammy?" Dijo el demonio entre risas.
"No me llames así, no tienes ningún derecho a hacerlo." Sam estaba convencido que el demonio podría liberarse sin problemas de su presión pero aquello le divertía demasiado. "No eres mi hermano."
"Claro que lo soy. ¿Es que no me ves?"
"Maldito cabrón, más te vale salir ya de mi hermano o…"
"¿Y bien Sammy, vas a matarme o te pueden más los sentimientos por tu hermano?" El demonio sonrío, sabía que tenía la batalla ganada y que su señor Lucifer estaría encantado por el trabajo bien hecho.
Miró a la figura que se mantenía de pie delante de él, sonriente, con aquella expresión horrible y despiadada que poco tenía que ver con la imagen de su hermano. Apenas podía reconocer a Dean, con la sangre manchando su camiseta. Definitivamente, aquel no era su hermano, por mucho que fuera su voz, su rostro, su cuerpo, ese no podía ser Dean.
Sin apartar la vista del demonio que tenía poseído a su hermano, Sam se volvió ligeramente hacia Castiel, que había quedado inconsciente y en un aspecto bastante lamentable, hacía unos minutos. El golpe había sido duro, sobretodo para alguien que nunca había sabido lo que era el dolor humano y ahora que Castiel era un ser humano normal y corriente, seguro que había sido mucho peor.
Desde que se había golpeado la cabeza contra la pared, no se había movido. Sam temió que tuviera alguna conmoción o se hubiera roto algo, pero ahora mismo no podía comprobarlo.
"¿Qué me dices Sammy? Puedo quedarme con tu hermano y tu y el ángel humano podríais iros o puedes intentar luchar conmigo. Aunque sinceramente Sam, no se si tu amigo Castiel aguantará mucho tiempo en su estado." El demonio volvió a sonreír, sabedor de que Sam jamás podría hacer aquella elección sin pensar que estaba haciendo algo malo. "¿Sammy?"
Como si se tratara de una respuesta, el ángel protestó al moverse; le dolía todo el cuerpo, era algo nuevo para él y tal vez por eso le parecía que era un dolor horrible, en la cabeza, en el brazo, en costillas, en realidad podía decir que le dolía todo el cuerpo. Sam se volvió hacia él, preocupado por su estado, por lo que durante un momento dejó de prestar atención al demonio, un error demasiado grande para la experiencia de Sam, que un momento después ya había lamentado haber cometido.
"Creo que voy a tener que mostrarte las cosas más claras Sam, porque la verdad es que no tengo todo el día para tus tonterías." El demonio levantó la mano y como si de una marioneta se tratara, Castiel fue levantado por unos hilos invisibles hasta perder el contacto con el suelo. "Es muy simple, si me das el cuerpo de tu hermano, el ángel vivirá, si dices que no… no creo que aguante más de cinco minutos."
Castiel protestó, apenas podía respirar ya, pero sobretodo se sentía completamente inútil en las manos de aquel demonio. Por primera vez en toda su existencia, se daba cuenta que su vida, estaba en manos de un demonio y sobretodo en manos de Sam Winchester.
Castiel quedó inconsciente, aunque si escuchó la voz de Sam gritando algo que no fue capaz de escuchar, también creyó escuchar la voz de Dean, aunque sabía perfectamente que ese que hablar y que gritaba algo, no era realmente el cazador del quese había enamorado.
