STARTS WITH A SPIN

Comienza con un giro

----------oOoOoOo----------

Escrito por:

Maxine

traducido por:

Perla

--------------------

Capítulo 13

Harry estaba habituado a que la gente susurrara de él a sus espaldas. Había tenido su generosa ración de miradas reprobatorias y atisbos suspicaces a través de los años, desde los Hufflepuffs que pensaban que era el heredero de Slytherin hasta de su mejor amigo que creía que le había mentido. Cualquiera que fuera la razón, Harry estaba acostumbrado a que las personas lo rechazaran por ciertos períodos de tiempo.

Aunque no estaba familiarizado a que los demás actuaran descaradamente en su contra.

-¡Oye, Potter! –gritó una voz desconocida cuando Harry iba camino a desayunar la mañana siguiente en compañía de sus compañeros Gryffindors. Se volteó para mirar por encima de su hombro y averiguar quien lo estaba llamando…

… y de inmediato terminó desparramado por el suelo cuando sus pies tropezaron con un hechizo zancadilla.

Todo pareció congelarse por un impactante segundo mientras que la misma voz decía entre dientes: -Maricón de mierda. –Y entonces los amigos de Harry se pusieron en acción.

Al instante, Seamus estuvo al lado de Harry y entre él y Dean lo ayudaron a sentarse. Hermione y Ron hicieron un reconocimiento alrededor con las varitas listas y antes de que Ron siquiera descubriera quién había conjurado el hechizo, Hermione estaba lanzándole a uno de los risueños chicos que estaban cerca, un mocomurciélago que habría hecho avergonzar a la mismísima Ginny.

-¡Hermione! –jadeó Ron, volteando la cabeza alternadamente entre el grupito de alumnos y su amiga. -¡Pero-noso-prefectos! –tartamudeó. Hermione lo ignoró, caminando airadamente hacia delante sin dejar de apuntar con su varita.

-Los amigos primero, las responsabilidades de prefecto después –murmuró, arrinconando a tres nerviosos Hufflepuffs.

-¡Espera, Hermione, todo está bien! –dijo Harry mientras se ponía sus anteojos de nuevo. La mano de Seamus estaba todavía posada en su hombro, pero repentinamente alguien se la retiró de encima y jaló a Harry hasta ponerlo de pie. Y Harry se encontró mirando unos tempestuosos ojos grises.

-¿Estás bien? –preguntó Draco bruscamente y apretando con fuerza la tela del hombro de Harry. Éste parpadeó ligeramente sorprendido y asintió. -¿Quién fue? –espetó Draco, girando la cabeza hacia los otros. –Lo vi caer. ¿Quién lo hechizó?

-Fue sólo un hechizo zancadilla –murmuró Harry, empezando a ruborizarse. –Nada peor de lo que tú me has hecho antes. –Draco lo ignoró.

-Fueron éstos tres, Draco –dijo Hermione con una voz inusitadamente dura. Continuaba apuntando su varita hacia los tres chicos. Los ojos de Draco los recorrieron fríamente y puso gesto de desprecio.

-Detención –soltó, estrujando la túnica de Harry aún más fuerte. –El viernes con Filch. Y yo mismo me aseguraré de que se presenten a cumplirla. Estén ahí a las siete.

-No podemos poner a nadie en detención, Malfoy –dijo Ron, mirando fija y curiosamente hacia el chico. Draco le dio una exasperada mirada.

-Te sugiero que aprendas a leer, Weasley. Realmente es una habilidad muy útil. Haz eso o permite que tu novia te lea en voz alta el manual de reglas porque los prefectos sí podemos, efectivamente, poner detenciones. –Ron miró a Hermione con perplejidad.

-¿De verdad podemos? –preguntó.

-Si –respondió Hermione cansinamente. –También podemos quitar puntos.

-Oh –parpadeó Ron. –Bueno, en ese caso, veinte puntos menos para Hufflepuff por atacar a un alumno.

-No fui atacado –resopló Harry, consiguiendo quitarse de encima la mano de Draco y sacudiéndose la túnica. –Estoy bien.

-Cállate, Harry –dijo Draco rudamente, echándoles un vistazo de más cerca a los Hufflepuffs, quienes instintivamente se agrupaban cada vez más. -¿Quién lanzó el hechizo mocomurciélago?

-Esa fui yo –dijo Hermione abochornada, bajando por fin su varita. –Vi que todavía tenía la varita levantada y me dejé llevar. –Draco la observó inquisitivamente.

-Una vez ya estuve del lado equivocado de uno de ésos. Buen trabajo, Granger. –Se volteó de nuevo hacia los otros alumnos. –Lárguense de mi vista. Si vuelvo a escuchar que hacen algo como esto, los llevaré ante el Director. –Los Hufflepuffs se escabulleron rápidamente de ahí sin necesidad de que se los dijeran dos veces.

-Gracias –masculló Harry. Draco lo miró con los ojos entornados.

-En serio, Potter; ¿atacado por Hufflepuffs de quinto año? Los niveles de tu blandenguez se incrementan día a día.

-¡No fui atacado! –espetó Harry de nuevo, empujando levemente a Draco por el hombro. Draco sonrió presuntuoso, girándose sobre su hombro hacia Crabbe y Goyle, a quienes Harry apenas acaba de notar que estaban ahí.

-Tal vez debería dejarte mis guardaespaldas –bromeó sarcásticamente. Crabbe pestañeó, Goyle se rascó distraídamente un brazo y Harry frunció el ceño.

-No los necesito –dijo hoscamente, antes de darles una breve mirada a los dos armatostes de Slytherin. –Sin ofender, chicos. –Ellos se encogieron de hombros.

-¿Esto te ha pasado a ti? –preguntó repentinamente Draco a Seamus, quien parecía sorprendido de que Draco se dignara a dirigirle la palabra.

-Ahh, bueno, no realmente –empezó a decir, antes de que Dean lo interrumpiera.

-Sí, hubo una vez el año pasado –dijo.

-¿Qué?. ¿Cuándo pasó? –preguntó rápidamente Hermione. Seamus parpadeó y luego se rió.

-Ah, cierto, con Justin.

-¿Eh? –dijo Harry.

-Yo estaba con Justin… y… eh… pues, cierto Slytherin…

-¡Oh, ésa no cuenta! –lo cortó Draco, arrugando el entrecejo. –No tiene nada que ver con…

-… cierto Slytherin –continuó Seamus en voz más alta, -decidió que sería divertido lanzarnos un Petrificus Totalus mientras yo tenía mis manos dentro de los pantalones de Justin.

-¡Estaban ahí después de la hora permitida! –insistió Draco con un leve sonrojo cruzando sus mejillas. –¡Fue eso, además de que creí que yo quedaría marcado de por vida!

-¿Tú los hechizaste? –preguntó Harry con incredulidad. Draco se removió incómodamente.

-¡Era después de la hora permitida! –repitió, como si eso fuera un hecho tan importante que no podía ser disculpado. –Pude haberles quitado puntos o lo que sea, pero estaba demasiado ocupado tratando de resguardar mi inocencia…

-Ohh, pobre Malfoycito y sus ojos virginales –se burló Ron.

-¡Piérdete, Weasley!

-¿Y simplemente los dejaste ahí? –preguntó Hermione con la desaprobación resplandeciendo en su mirada.

-Yo los encontré –dijo Dean, sonriendo. –Cuando vi que Seamus no regresó, salí a buscarlo.

-Nadie sale a buscarme cuando yo no regreso –dijo Harry luciendo un poco ofendido.

-Es porque tú siempre has regresado, Harry –señaló Ron. Harry se sonrojó.

-Oh. –Pero luego, exclamó: -¡Espera, no es verdad! No después de la última fiesta.

-Blaise nos dijo en dónde estabas –dijo Hermione. Harry sólo la miró ceñudamente.

-Está bien. ¡Regresemos a mi pregunta! –demandó Draco, luciendo molesto por estar siendo ignorado.

Harry sonrió con presunción. –Todos cállense y pónganle inmediata atención a Draco porque él es una persona de suma importancia –dijo inexpresivamente. Draco lo golpeó en el hombro.

-No, Malfoy; nunca antes he sido atacado de esta forma –contestó finalmente Seamus mientras se reía disimuladamente.

-¡Eso no fue un ataque! –insistió Harry crispado, dando una patada contra el suelo. Distraídamente, Draco le dio palmaditas sobre el hombro mientras se enfocaba en Seamus quien seguía hablando. Harry le lanzó una mirada furibunda.

-Quiero decir, supongo que será diferente con ustedes dos –dijo Seamus. –Yo siempre he sido franco con mi postura gay, pero en realidad yo no… alardeo de ella. Y nunca he tenido un novio.

-Nosotros tampoco alardeamos de ello –se quejó Draco.

-No, pero ustedes dos definitivamente están mucho más bajo la mira de todos de lo que yo estaré jamás –apuntó Seamus. Draco abrió la boca para responder, pero Goyle habló de repente y por un momento eso sorprendió a todos.

-Espera, Draco; ¿tú eres gay? –soltó el chico. Draco le dirigió una mirada impaciente y habría sido demasiado fácil soltarle en respuesta un fastidiado: "Bueno; ¿no es obvio?" pero repentinamente todos lo estaban viendo expectantes y Draco se encontró con que no supo qué responder.

-Eh… -Admitirlo en voz alta era más difícil de lo que le habría gustado; sólo lo había hecho una sola vez y había sido frente a Harry. Pansy ya lo había sabido, así que en realidad no era que él se lo hubiera dicho. De verdad deseó que esa segunda vez hubiese sido delante de quien fuera menos de un grupo de Gryffindors. – –logró sacar entre dientes, sonrojándose con rapidez. -¿Qué demonios creíste cuando dije que Potter era mi novio?

-Yo… bueno –Goyle parecía aturrullado. –Quiero decir, se trata de Potter, yo sólo había creído… Bueno; ¡no sabía que eras gay!

-¿Y eso es un problema? –preguntó Draco con lentitud, casi peligrosamente. Sus ojos se entrecerraron mientras que Goyle se movía nervioso. -¿Honestamente pensaste que yo putearía con Potter sólo porque él es, qué?. ¿Famoso?

-Umm… -El labio superior de Draco se curvó en una sonrisa sardónica y sus manos se apretaron en puños a sus costados.

-Fantástico –murmuró, antes de dirigirse hacia Crabbe. -¿Y tú? –El chico se encogió de hombros.

-En realidad, a mí no me molesta.

-En realidad no te molesta –repitió Draco con el cuerpo entero en tensión y luciendo como si estuviera a punto de romperse.

-¿Hey, Draco? –dijo Harry suavemente, tocando apenas el brazo de Draco. La cabeza de éste se giró hacia él con los ojos todavía entornados.

-¿Qué? –espetó.

Harry estuvo a punto de preguntarle si se encontraba bien, pero creyó que Draco no apreciaría el exceso de atención, así que… -Realmente deberíamos estar desayunando –dijo en vez. Draco lo consideró, la tensión abandonó gradualmente sus hombros y entonces asintió y tomó a Harry por un codo.

-Tú vas a comer conmigo esta mañana –dijo simplemente y empezó a dirigirlo hacia las puertas del Gran Comedor.

-¿En serio? –dijo Harry incierto mientras que caminaba dando traspiés tras Draco. Les dirigió una mirada de súplica a sus amigos por encima del hombro.

-Yo cené con ellos la otra noche; ¿no? –escupió Draco, moviendo su cabeza en dirección del resto de los Gryffindors. –Así que tú puedes desayunar conmigo hoy. –Harry sonrió levemente.

-Está bien, de acuerdo –dijo. Draco soltó el brazo de Harry cuando empujó las puertas para abrirlas y luego se detuvo para permitir que Harry entrara tras él.

-¡Hufflepuffs, Harry! -dijo al fin en un tono demasiado incrédulo. -¿Cómo pudiste dejar que unos Hufflepuffs te ata…?

-¡No lo digas! –lo interrumpió Harry. –Sólo… no lo digas. –Draco suspiró.

-Ni siquiera hubiera creído que le tuvieran tanta rabia a alguien.

-La gente no les da el crédito suficiente a los Hufflepuffs –dijo Harry pensativamente. –Además, siempre he tenido un talón de Aquiles con esa Casa.

-¿De verdad? –preguntó Draco mientras empezaba a dirigirse hacia la mesa de Slytherin. Crabbe iba a la zaga de ellos y Goyle los seguía a mayor distancia.

Harry asintió. –En segundo, pensaron que yo hechicé a Justin –empezó a toquetear cosas con los dedos, -en cuarto, estuvieron furiosos conmigo cuando le robé la atención a Cedric, y… bueno, la verdad es que sencillamente lo dejé sin nada –finalizó en voz baja. Draco lo miró por el rabillo del ojo.

-Eso no fue culpa tuya –dijo con voz queda. Harry volteó a verlo súbitamente y Draco se encogió de hombros. -¡Pues no lo fue! De todas formas, Diggory era sangre pura, así que eso sólo fue un error de parte del Señor Oscuro. –Harry rodó los ojos y apretó los labios.

-"Mata al otro" –dijo amargamente. –Eso fue lo que Voldemort ordenó. No se iba a molestar en comprobar si era sangre pura o no. Probablemente, tampoco le importará que tú seas un Malfoy. Me refiero a cuando los rumores sobre nosotros lleguen hasta él. Simplemente dirá: "¿Qué?. ¿Está haciendo feliz a Potter?. ¡Mátenlo!" -Draco se habría reído de la imitación que Harry estaba haciendo si no hubiera estado demasiado ocupado tropezando con sus propios pies y haciendo un alto repentino en medio del Gran Comedor.

-¿Crees que eso es lo que pasará? –preguntó con voz tensa. Harry hizo una pausa mirándolo fijamente y entonces suspiró.

-¿Quizá? –dijo, encogiéndose de hombros impotentemente. –Pero no hay que preocuparnos por eso; ¿eh? –Draco soltó una breve carcajada.

-Ah, cierto, no hay que preocuparnos por eso… ¡al cabo solamente se trata de mi vida! –exclamó. Harry no tuvo una respuesta para eso, así que sólo tomó a Draco de la muñeca y gentilmente lo condujo el resto del camino que les faltaba para llegar a la mesa de Slytherin. Pansy les echó un vistazo cuando Harry sentó a Draco y luego se acomodó a su lado.

-Buenos días, chicos –saludó ella alegremente, mirando a uno y luego al otro. -Se tardaron mucho en llegar. ¿Estaban teniendo una cita secreta en una de las alcobas? –Harry se sonrojó ligeramente ante el pensamiento de eso, provocando que la sonrisa de Pansy se ensanchara; pero Draco frunció el ceño y atacó con saña unas salchichas que justo acababa de servirse en el plato.

-Oh, sí. Una cita secreta. Sólo Harry y yo… y el resto de los malditos Gryffindors –masculló sarcástico. Harry sonrió tímidamente. –Harry sufrió un ataque –soltó Draco.

-¡Draco! –dijo Harry rápidamente, pero Draco continuó.

-De parte de unos Hufflepuffs.

-Espera... ¿fuiste atacado? –preguntó Pansy entrecerrando los ojos.

-Eso no fue un ataque –insistió Harry obstinadamente.

-Por ser maricón –agregó Goyle. Draco y Harry le lanzaron idénticas miradas de indignación.

-Y Gregory aquí presente –dijo Draco lentamente, -tiene problemas conmigo por ser… por ser… -y ahí estaba esa palabra de nuevo.

-¿Gay? –sugirió Blaise, hablando por vez primera desde que la pareja se había sentado. Theodore y Millicent se integraron rápidamente a la conversación, muy interesados de repente. Draco arrugó la nariz.

-Sí. Gay –dijo entre dientes. Pansy le dio un golpe a Goyle en el hombro.

-¿Y eso qué tiene de malo? –preguntó ella enojada.

-¡Nada! –dijo Goyle de inmediato. –Está bien. Es sólo que… lo encuentro muy antinatural.

-No comentaste nada cuando Draco nos lo dijo antes –dijo Theodore.

-Y no tuviste ningún inconveniente mientras duraron los retos –añadió Millicent.

-En realidad, Draco nunca nos lo… dijo –señaló Crabbe, llegando en defensa de su amigo. –Quiero decir, todos nosotros entendíamos cuál era el objetivo de aquello, pero… -redujo el volumen de su voz hasta quedarse en silencio.

-Yo no le veía ningún objetivo –dijo Blaise inmediatamente. Goyle se ruborizó y empezó a cortar su servilleta en pedacitos.

-Él pensaba que Draco estaba con Potter porque… porque es Harry Potter –explicó Crabbe. Draco arrugó el ceño, dejando caer su tenedor sobre la mesa y cruzándose de brazos. Los labios de Harry se torcieron mientras trataba de contener la risa.

Pansy bufó. -¿Y hace cuánto tiempo que conoces a Draco? –preguntó. Las mejillas de Goyle se pusieron de una tonalidad aún más sonrosada.

-Bueno, ése es el meollo del asunto –dijo lentamente. -¿Sabes cuántas veces he… he estado… a solas con él?

-Oh, por el amor de… ¿Ése es tu problema? –dijo Draco en voz alta.

-Y la cantidad de veces que nos hemos duchado juntos…

-¡Porque las regaderas son comunes!

-¡Y te desnudas junto a él en los vestidores del estadio de quidditch! –Goyle se giró rápidamente para mirar a Crabbe, golpeando un vaso de jugo de calabaza con el brazo mientras que gesticulaba sin propósito alguno. -¿Eso no te pondrá nervioso ahora?

-Yo continúo cambiándome de ropa frente a Seamus –comentó Harry.

-Pero tú también eres gay; ¿no? –dijo Goyle con crueldad. Harry abrió la boca para replicar, pero no pudo decir nada. Sus mejillas se ruborizaron.

-Todos nosotros nos cambiamos con Draco esta mañana –dijo Theodore.

Goyle resopló. –Sí, pero ya no más. Él podría estar… estar… él podría estar…

-¿Pervirtiéndote? –gruñó Draco. -¿Crees que me corro al verte a ti desvestirte? –Goyle se encogió de hombros y Draco miró aún con más furia a sus dos compañeros de habitación. –Para que lo sepan idiotas, no encuentro a ninguno de ustedes atractivo. O… bueno, al menos no de ese modo.

Blaise hizo un puchero. -¿Yo no soy lo suficientemente bueno para ti, Draco? –canturreó mordazmente. Draco le lanzó un pedazo de tostada y él se agachó para evitarla, riéndose.

-Sigo queriendo escuchar acerca del ataque –dijo Pansy.

-No fue un…

-Fue un hechizo zancadilla –lo interrumpió Draco, dándole a Goyle una última mirada sombría antes de ignorarlo por completo. –Unos Hufflepuffs de quinto año. Los he puesto a todos en detención.

-Y luego Weasley les quitó veinte puntos –agregó Crabbe.

-Bueno; ¡muy bien! –dijo Pansy, asintiendo velozmente. –Se lo merecían. ¿Tú estás bien? –le preguntó a Harry. Harry frunció el entrecejo.

-Estoy bien –masculló. Entonces, se imaginó la mirada de desaprobación que Hermione le dirigiría y rápidamente añadió: -No es que no agradezca tu preocupación.

-No puedo creer que hicieran eso –dijo Blaise mientras tomaba de su copa. Harry se encogió de hombros y se robó una salchicha del plato de Draco. –Sería algo que esperaría de parte de un Slytherin, no de un Hufflepuff.

-Eso es lo que yo digo –Draco estuvo de acuerdo, mirando a Harry con el ceño fruncido. -¿Tomaste mi cuchillo?

-Oh, lo siento. Aquí está. –Harry se lo pasó y Draco empezó a cortar sus panqueques en cuadrados perfectos. Harry lo observó con curiosidad, apoyando la cabeza en una mano.

-Esos modales, Potter. Quita el codo de la mesa –bromeó Millicent. Harry le dirigió una mirada malhumorada y Draco sonrió presuntuoso.

-¿Vas a ir a contarle a Dumbledore acerca del ataque? –le preguntó Pansy inocentemente, a todas luces tratando de ocultar una sonrisa socarrona.

-¡QUE NO FUE UN ATAQUE!


Más tarde ese día, Draco había logrado arrastrar a Harry a la biblioteca para estudiar. O mejor dicho, Hermione había estado tratando de obligar a Harry a ir con ella después de la cena; y cuando Draco se dio cuenta de que Harry se había negado varias veces, sólo necesitó pasar caminando a un lado de ellos y preguntarle a Harry si prefería ir con él.

Harry había dicho que sí de inmediato. Dejaron entonces a una desesperada Hermione tratando de convencer a Ron de acompañarla.

Pero en ese momento, Draco estaba empezando a arrepentirse de haberle pedido a Harry que fuera con él. Estaba acostumbrado a estudiar a solas. Le gustaba estudiar a solas. Harry no disfrutaba particularmente del hecho de estudiar por sí mismo, pero afortunadamente sus calificaciones no se veían afectadas por ello. Con todo, Draco estaba tratando de avanzar con sus deberes de Pociones y mientras vagamente se daba cuenta de que probablemente Pociones no era la mejor opción para trabajar con Harry, deseaba terminar cuanto antes para cambiar de asignatura.

-Espera... ¿cómo era que el veneno de runespoor se contrarrestaba con belladona?

-Con esencia de belladona –corrigió Draco distraídamente, apretándose el cabello con la mano izquierda en señal de frustración mientras apoyaba la cabeza en ella. Su mano derecha tomaba notas industriosamente del capítulo que estaba intentando leer. –Y ya te lo he dicho tres veces, lo neutraliza. ¿Es tan difícil de recordar?

-Pero... ¿por qué en este capítulo dice que cuando van juntos se acelera la reacción…?

-Eso pasa con la raíz de belladona. ¿No sabes leer?

Harry frunció el entrecejo, escribió algo y luego miró enojado hacia Draco. –, si , muchas gracias por preguntar. –Draco hizo un sonido incomprensible sin levantar la vista. Harry mordió su labio inferior en un gesto abochornado. -… ¿Draco?

Draco suspiró con impaciencia. –La raíz de belladona reacciona con el veneno de runespoor y se consigue un catalizador de esa poción en particular. Normalmente, no se utiliza la raíz en las mismas pociones en las que usas veneno de runespoor porque sin la bilis de armadillo se vuelve muy volátil. El veneno de runespoor por sí mismo es muy volátil. Pero, como te lo he dicho numerosas veces, la esencia de belladona lo neutraliza. –Echó un vistazo hacia Harry. -¿Lo entendiste?

-Umm… -Draco apretó los labios y respiró entrecortadamente por la nariz. -¡Sí! –dijo Harry rápidamente. –Sí, ya lo entiendo… -Asintiendo, Draco retomó su trabajo por algunos minutos más. –Eh... ¿Draco?

-¿Sí? –dijo Draco irritado.

-Eh, donde dice que los escarabajos machacados solamente pueden ser usados en pociones que se agitan en sentido de las manecillas del reloj si está mezclado con poleo… no hicimos ninguna poción en el otoño que…

-El bálsamo refrescante, comúnmente usado para quemaduras por exposición al sol –murmuró Draco. –Se agita en sentido de las manecillas del reloj porque se mezcla con áloe. El áloe anula a los escarabajos, así que no se debe agitar en dirección contraria a las manecillas del reloj.

-Oh. –Harry pareció retomar la lectura de su libro, masticando distraídamente la pluma. –Oye, Draco…

Draco golpeó su propia pluma contra la mesa con un ruidoso suspiro. -¿Qué, Harry?. ¿Ahora qué? –La frente de Harry se surcó de arrugas.

-No importa –masculló. Draco suspiró de nuevo.

-No, estoy… ah… Harry…

-Está bien. En serio. –Harry volteó a verlo. –Soy malo en Pociones, lo sé. –Draco se encogió de hombros incómodamente. Harry lo miró fijo por un segundo y entonces se rió un poco. –Se supone que tienes que decir: "no, Harry. ¡Eres grandioso en Pociones!"

-Pero te estaría mintiendo –dijo Draco de manera juguetona. Harry hizo bola un pedazo de pergamino y se lo lanzó. –Mira, no es gran cosa. Algunas personas son gilipollas en ciertas materias. No pueden evitarlo.

-¿Cómo tú en Encantamientos? –dijo Harry sonriendo burlonamente. –El año pasado, estropeaste tu encantamiento para levitar tan pronto como escuchaste mi nombre. –Draco frunció el ceño.

-Generalmente no soy malo en Encantamientos –gruñó. –Aquello fue culpa tuya.

-Yo no hice nada.

-Claro, pero tu examinador… ¿Eres tú el famoso Harry Potter?... Como si existiera cualquier otro Potter.

-Sólo estaba asegurándose –murmuró Harry.

-Pero sonaba tan impresionado. Probablemente esa es la manera en que lograste aprobar el de Pociones –dijo Draco.

-¿Qué? –preguntó Harry entornando los ojos.

-Bueno, obviamente eres un incompetente en la materia. Pero todavía continúas en ella. Y sé que Snape no acepta a nadie al menos que obtenga un Extraordinario. -continuó Draco regresando su atención a las notas y, por lo mismo, ignorante de la expresión en la cara de Harry. Draco bufó. –Quien sea que te haya examinado, debe haber visto tu nombre y por eso te aumentó varios puntos.

-Yo soy bueno en Pociones cuando Snape no está respirando encima de mi hombro e intentando a propósito que me equivoque –espetó Harry. –Y me quemé las pestañas estudiando para ese TIMO.

-Por lo que tal vez lograste obtener algo más que un Aceptable pero, honestamente Harry... ¿un Extraordinario?

-¡Obviamente eso fue lo que obtuve!

-Entonces; ¿por qué tienes que preguntarme una nueva duda cada cinco malditos minutos, eh? –Draco le echó una mirada, sonriendo con un tipo de sonrisa de "sabes-que-tengo-la-razón" y Harry estalló. Cerrando su libro de golpe, levantó su pergamino y su pluma y embutió todo dentro de su mochila. -¿Adónde vas? –preguntó Draco.

-Jódete, Malfoy –escupió Harry. Draco pestañeó y abrió desmesuradamente los ojos.

-¿Qué…?. ¡Harry! –dijo, luciendo ligeramente alarmado. -¡Detente, estás haciendo una escena!

-¡Cómo si me importara una mierda hacer una escena! –exclamó Harry furioso, poniéndose de pie tan rápido que tiró su silla. Madame Pince estaba volteando hacia su mesa con mirada de desaprobación.

-Pero... ¿adónde vas? –preguntó Draco de nuevo.

-De regreso a Gryffindor –gruñó Harry y entonces giró sobre sus talones y salió airadamente por las puertas de la biblioteca. Draco se quedó pasmado, viendo fijamente hacia su espalda por algunos segundos. Luego, echó un vistazo hacia su libro de Pociones y a sus deberes sin terminar. Apretando los labios, regresó su mirada hacia las puertas otra vez, medio esperando que Harry entrara de nuevo por ellas. Cuando fue claro que no regresaría, Draco soltó una maldición.

-Mierda –masculló. Ignorando los repentinos susurros de todos los que estaban a su alrededor, salió a toda prisa de la biblioteca.


Harry surgió del agujero del retrato de Gryffindor, ignorando el insultante graznido emitido por la Dama Gorda y dirigiéndose directo a su habitación. Apenas había subido tres escalones cuando fue abordado por Hermione.

-¡Harry!. ¿Cómo te fue en tu sesión de estudio con-oh…? –ella vaciló en sus pasos ante la apariencia enfurecida del rostro de Harry. –Um... ¿pasó algo malo? –preguntó con indecisión.

-Sí, el maldito Malfoy. Eso pasó –dijo Harry con desprecio, luciendo extraordinariamente parecido a Draco mientras lo hacía. Hermione se habría reído en otras circunstancias.

-¿Qué ha hecho? –preguntó en vez de reírse. Harry abrió la boca para responder, pero fueron interrumpidos por un ruidoso golpeteo proveniente del retrato y más chillidos furibundos de la Dama Gorda.

-¡Que nadie lo deje entrar! –dijo Harry en voz alta. Varios estudiantes de segundo año se sentaron en sus lugares de nuevo tímidamente.

-¡Harry! –gritó una voz amortiguada. -¡Potter, déjame entrar!

-¡No! –gritó Harry de regreso.

-¡¿Por qué no?!

-¡Porque estoy enojado contigo!

-¡¿Por qué?!

-¡Si no lo sabes, no te lo diré!

-Harry, esto es ridículo –dijo Hermione, frotándose la frente con sus dedos. –Si ni siquiera sabe qué es lo que ha hecho…

-No cree que yo obtuve el Extraordinario en el TIMO de Pociones por mí mismo –espetó Harry. –Cree que lo conseguí porque soy el maldito Harry Potter y aparentemente todo se me tiene que otorgar en bandeja de plata. ¡Cómo si mi vida fuera una especie de artículo de lujo para vivir! –Harry empezó a dirigir sus comentarios hacia el retrato otra vez. –¡Pues no es así! Tengo que trabajar por todo tanto como cualquier otro y estoy enfermo y harto de que gente como tú y Snape siempre me estén haciendo pasar malos ratos porque creen que soy algún tipo de jodida celebrid… -fue interrumpido cuando el retrato se abrió y Draco entró por él, seguido de Ron quien traía los brazos llenos de comida.

-Lo encontré afuera –dijo Ron mordiendo una manzana. Sin tragarse el bocado, continuó: -Fensé que debía dejadlo entad. –Harry se cruzó de brazos enojosamente y Draco hizo lo mismo.

-¿Y tú de dónde vienes? –preguntó Hermione frunciendo un poco el entrecejo. –Pensé que estabas en tu habitación.

Ron se encogió de brazos. –De la cocina –dijo simplemente. -¿Qué pasa con éstos dos?

-Draco hizo enojar a Harry o algo así –respondió Hermione poniendo los ojos en blanco. Los de Ron se iluminaron.

-¿Están teniendo una pelea? –preguntó emocionado, dejándose caer en la silla más cercana. –Debí haber traído palomitas.

-¡Ron! –lo regañó Hermione.

-Aún estamos aquí, por si no te has dado cuenta –dijo Draco, mirando con desprecio la manzana a medio comer de Ron.

-No tengo nada de qué hablar contigo –dijo Harry por fin, dándole la espalda a Draco y dirigiéndose a las escaleras. Draco lo siguió tercamente.

-¡No huyas de mí! –le dijo, aferrándose de la parte trasera de la túnica de Harry. Harry lo arrastró tras él sin dejar de subir las escaleras. –Por favor, Harry. ¡Te seguí todo el camino hasta aquí!

-Bueno, un hurra para ti –dijo Harry con sarcasmo.

-Harry… Harry, por favor… -Harry abrió la puerta de su habitación de un jalón, espantando a Dean y Neville quienes estaban adentro. Distraídamente se preguntó dónde estaría Seamus, pero no se entretuvo pensando en eso.

-¡Fuera! –les pidió a sus dos compañeros de dormitorio y ellos rápidamente tomaron sus libros y se deslizaron por la puerta, pasando a un lado de Draco. Harry dio un portazo tras de él y Draco se removió nerviosamente.

-Harry, yo… ¿Ésta es tu habitación? –preguntó de repente como si apenas acabara de darse cuenta en dónde estaban. Echó un vistazo alrededor, arrugando la nariz ante los colores de la decoración.

-Sí. ¿Algún problema?

-Es igual a la mía –murmuró Draco. –Había creído que Slytherin de alguna manera era un poco mejor que las otras Casas… -se encogió de hombros, pero como Harry no respondió nada se volteó a verlo de nuevo. Harry estaba sentado en su cama, mirándolo furioso. –Mira... ¿me podrías decir cuál es tu maldito problema? –preguntó Draco.

-¿No me escuchaste ya?

-Sí, te escuché. Es sólo que me cuesta creer que te hayas enojado conmigo por lo que dije.

-¿No te enojaste tú cuando Hermione insinuó que habías comprado tu pase de entrada al equipo de quidditch de Slytherin? –preguntó Harry, levantando una almohada para tener algo que hacer con sus manos. Distraídamente, comenzó a juguetear con ella.

-Sí, estaba furioso –respondió Draco, acercándose un paso más hacia Harry.

-Porque tú pasaste las pruebas para entrar al equipo; ¿no?

-No, estaba molesto de que ella tuviera el atrevimiento de hablarme de esa manera –replicó Draco. El labio superior de Harry se curvó mientras le daba al chico una mirada de indignada incredulidad.

-Increíble –masculló. –Jodidamente increíble, así es cómo tú eres. –Draco parpadeó y Harry arrugó el ceño, moviéndose hasta quedar sentado contra la cabecera de su cama y cruzándose enfadosamente de brazos. –Yo tengo que trabajar por todo; ¿sabes? –dijo agriamente. –No obtengo todo lo que quiero sólo por ser quién soy. Las buenas calificaciones y las puntuaciones no aparecen por sí solas en mis exámenes.

-Bueno, obviamente no, si es que tus notas en Pociones concuerdan con tu capacidad –dijo Draco, rodando los ojos. –Aunque, por supuesto, me refiero a las calificaciones que te pone Snape. No a un examinador deslumbrado por ti.

-¡Demonios, Draco!

-¿Qué?

-Deja de ser… de ser…

-¿Difícil? – aportó Draco. –Parece que te encanta referirte a mí como alguien difícil.

-¡Pues es que lo eres! –dijo Harry. –Tienes razón, no soy bueno en Pociones pero; ¿sabes qué?. ¡Tampoco obtengo calificaciones altas en Transformaciones!. ¡Ni en Adivinación, ni en Encantamientos…! Tal vez consiga calificaciones decentes. A veces hasta puedo llegar a tener buenas calificaciones. Pero ningún profesor de esta escuela me ha acreditado en su clase sólo por como me llamo.

-En Defensa contra las Artes Oscuras –dijo rápidamente Draco, entrecerrando ligeramente los ojos. –Siempre te ha ido bien en esa clase y siempre has sido muy cercano a los profesores…

-Ah, claro –lo interrumpió Harry, burlándose. –Umbridge y yo éramos íntimos. Y nunca tuve suficiente de Lockhart. Y espera... ¿no fue Quirrell quién estuvo tratando de asesinarme durante todo el primer año?

-Eso… ah…

-Pero sí, tienes razón otra vez. Sí que soy bueno en Defensa contra las Artes Oscuras. Así que al menos hay una asignatura en la que soy intrínsecamente hábil –dijo en tono cortante. –Por lo que supongo que eso significa que la única razón por la que eres bueno en Pociones es porque Snape tiene amistad con tu padre; ¿eh?

-¡No metas a mi padre en esto! –espetó Draco furiosamente. Harry apretó los labios muy fuerte, arrugando el ceño.

-Tienes razón, lo siento –masculló. Hubo algunos segundos de incómodo silencio antes de que Draco lo intentara otra vez.

-El quidditch –dijo con algo de debilidad. –Fuiste el jugador más joven en el equipo de una Casa…

-En más de un siglo, lo sé. Porque soy bueno –murmuró Harry, quitándose sus anteojos y así poder frotarse cansinamente los ojos. –No puedo evitar eso. No entré en el equipo porque sea Harry Potter; entré porque McGonagall me vio atrapar la recordadora de Neville. Así que en realidad, eso fue culpa tuya. –Le sonrió a Draco con un tipo de mueca irónica y Draco lo miró rabioso. –Las cosas no me suceden por como me llamo... ¿de acuerdo? Por lo menos, no las cosas buenas.

-Pero… -Draco frunció el ceño. Miró alrededor del dormitorio con el gesto adusto antes de morderse ligeramente el labio superior. Entonces suspiró y se sentó en la cama que estaba frente a Harry. –Harry, lo… lo… lo siento; ¿de acuerdo? Es que… Pasé los últimos cinco años y medio creyendo eso… o convenciéndome a mí mismo de eso… -Bajó la voz hasta enmudecer, evitando mirarlo a la cara y luego sacudió rápidamente su cabeza. –Mira, sé que obtuviste ese Extraordinario por tu propio mérito. Probablemente hasta te lo merecías.

-¡Por supuesto que me lo merecía! –insistió Harry. –Estudié durante horas para esa estupidez.

-Sí, bueno… De todas formas; ¿por qué estás tomando la clase de Pociones? –preguntó Draco. –Es obvio que no te gusta.

Harry bufó. -¿Bromeas?. ¡La odio!

-… Correcto. –Draco pestañeó. –Entonces; ¿la estás tomando porque…?

-La necesito para convertirme en Auror –admitió Harry.

-Oh. ¿En Auror?. ¿En serio? –Harry se encogió de hombros.

-Sí.

-Había imaginado que serías… ya sabes, jugador profesional de quidditch o algo así –dijo Draco. Harry se encogió de hombros otra vez y ambos se quedaron sentados en un embarazoso silencio por un momento. –Y… -habló de nuevo Draco. –Ah… ¿estoy…? –Se sonrojó, miró hacia otro lado y arrugó la nariz. –Mierda –masculló. -¿Me perdonas?

-¿Crees que debería? –preguntó Harry, clavando una dura mirada en él. Draco se retorció un poco.

-¿Sí? –respondió inseguro. –Me disculpé… -Harry lo observó por un par de segundos más antes de suspirar.

-Claro, supongo que te perdono, entonces –dijo, brindándole a Draco una sonrisa tirante. Draco también le sonrió un poco y Harry parpadeó. –Oye; ¿dónde están tus libros y demás cosas? –preguntó, dándose cuenta por primera vez de que Draco no llevaba nada en las manos.

-Ah. Yo, eh… Dejé todo en la biblioteca –dijo Draco tímidamente. –Entonces; ¿hemos acabado de tener nuestra primera pelea?

-Sí, y a sólo dos días de estar juntos –dijo Harry secamente. –Tal como lo dijiste, duraremos sólo una semana.

-Oh, aguantaremos mucho más que eso –dijo Draco con una sonrisa presuntuosa. –Serán dos semanas al menos. –Harry se rió.

-Bueno, hay algo bueno en todo esto –dijo.

-Gryffindors –murmuró Draco. –Siempre buscando el lado positivo de las cosas. De acuerdo; ¿qué es? –Harry le dio una lasciva sonrisa.

-Tendremos sexo de reconciliación. –Y entonces se abalanzó sobre Draco, inmovilizándolo sobre la otra cama y asaltando su boca. Draco se rió contra la de Harry, abriéndola para él instantáneamente y encontrándose con su lengua. Harry gimió, presionando aún más a Draco sobre la cama mientras que sus lenguas se acariciaban la una a la otra, enroscándose, serpenteando y redescubriéndose mutuamente una vez más. Draco le correspondió el beso anhelante y luego hizo una leve pausa antes de empujar todo su peso hacia arriba y voltearse, de modo que fue Harry quien quedó tendido de espaldas.

-Yo voy arriba esta vez; ¿recuerdas? –murmuró, presionando su rostro en el recoveco del cuello de Harry y recorriendo sus manos bajo la camisa del chico. Harry jadeó, arqueándose ante sus caricias.

-Sí, lo recuerdo –dijo Harry en voz baja, colocando sus manos en la nuca de Draco y bajándolo para poder besarlo de nuevo. -¡Mierda, espera! –resopló cuando los dedos de Draco se sumergieron bajo la cintura de sus vaqueros.

-¿Por qué? –preguntó Draco, lamiendo a lo largo del cuello de Harry.

-¡Ah, Draco! Draco, espera –jadeó Harry por segunda vez. Draco se retiró, suspirando con frustración.

-¿Qué pasa? –preguntó gruñonamente.

-Esta… eh… esta no es mi cama. –Draco se paralizó.

-¿No es?

-No. No, en la que yo estaba sentado antes es la mía.

-… Argh…

-Esta es…

-¡No me lo digas! –dijo Draco rápidamente, sentándose y estirando las manos hacia el frente como si quisiera mantener a Harry alejado de él. -¡No quiero saberlo! –Harry soltó una risita y también se sentó, haciéndolo de forma que Draco quedó montado a horcajadas sobre su regazo.

-Mi cama –empezó a decir antes de sostener a Draco por la cintura y llevarlo hasta la cama en cuestión, -es ésta. –Se acostó sobre Draco de nuevo, sonriéndole ampliamente y Draco le sacó la lengua como toda respuesta.

-Es bueno saberlo –dijo, sonriendo travieso y rodándose para quedar encima de Harry otra vez. –No lo olvidaré. –Prestamente recapturó la boca de Harry y ya tenía de nuevo una mano bajo su camisa cuando alguien empezó a aporrear la puerta.

-¡Harry! –increpó la voz de Ron, sonando amortiguada detrás de la puerta. Harry dejó caer la cabeza sobre el colchón y gimoteó. -¡Harry, a algunos de nosotros nos gustaría irnos a la cama!

-¡Vete a la mierda, Weasley! –le gritó Draco a la puerta. Hubo una pequeña pausa y entonces, más golpes todavía más ruidosos.

-¡Cualquiera que sea la mierda que estén haciendo ahí, paren!. ¡¡Paren paren paren PAREN!!. ¡No en nuestra habitación, Harry!

-Quédate conmigo esta noche –le dijo Harry a Draco rápidamente mientras que Ron comenzaba a golpear la puerta con mucho más esfuerzo. –Podemos poner un hechizo silenciador.

-¿Qué?. ¡No! –Draco parecía escandalizado. –De ninguna manera. ¡No voy a hacerlo con otras personas en la habitación!

-¡No sabrán que estamos aquí!

-Harry, no –dijo Draco de nuevo, alejándose de él y poniéndose de pie.

-¡Harry, abre la puerta!

-Vamos, Draco –suplicó Harry. Enganchó sus dedos en la parte trasera de los pantalones de Draco y jaló al chico de regreso a él, envolviendo de inmediato sus brazos alrededor de su cintura. –No podemos hacerlo siempre en el Salón de los Menesteres.

-¡No, pero también podemos buscar una oportunidad de hacerlo aquí cuando tus compañeros no estén!

-¡HARRY!

Frunciendo el entrecejo, Draco se zafó de Harry y caminó a grandes zancadas por la habitación para abrir la puerta.

-¿Qué tipo de mago eres tú? –dijo hoscamente cuando Ron casi se cae al abrirse la puerta. –Existe un hechizo llamado Alohomora. Abre las cerraduras de las puertas. ¡Inténtalo alguna vez!

-Disculpa Malfoy, intenté convencerlo de que los dejáramos solos más de diez minutos, pero no me escuchó –bromeó Seamus. Estaba de pie un poco más atrás junto con Dean, quien lucía divertido, y Neville estaba detrás de los dos. Ron los ignoró y empujó a Draco al pasar a su lado, pillando a un Harry abochornado y parado entre dos camas desarregladas.

-Harry –dijo con lentitud, cruzándose de brazos. -¿Por qué mi cama está arrugada? –Draco se estremeció.

-Oh, Dios; ¿ésa era tu cama? –le preguntó con evidente repugnancia en la voz. –Necesito una ducha. Me siento sucio.

-¿Harry? –preguntó Ron de nuevo.

-Tal vez no la hiciste esta mañana –dijo Harry tímidamente, raspando su pie contra el suelo. Ron gimoteó.

-Correcto, los dejo con sus camas y sus asuntos –dijo Draco desde la puerta. –Necesito ir a recoger mis cosas de la biblioteca y terminar esos malditos deberes de Pociones.

-Espera –dijo Harry, moviéndose con velocidad hacia él y tomándolo del brazo. Draco le enarcó una ceja.

-¿Sí? –preguntó lentamente.

-¿Crees que podrías… ayudarme? Con Pociones, quiero decir. –Harry se encogió de hombros, sonriendo levemente. –Soy un inepto en ella.

Draco sonrió con autosuficiencia. –Creo que podremos llegar a un arreglo que haga que eso funcione. Tendrás que pagarme por ello, por supuesto.

-Puedo pagarte de la manera que gustes. Sólo dame hora y lugar –dijo Harry ensanchando su sonrisa. Seamus se rió por lo bajo mientras que el resto de los compañeros de dormitorio de Harry hacían diferentes sonidos de asco.

-Cuidado, no queremos aterrorizarlos demasiado –bromeó Draco, girándose para salir del lugar. Harry lo volteó y lo empujó contra el marco de la puerta.

-Que se jodan –murmuró, luego plantó su boca sobre la de Draco y lo besó. Draco abrió mucho los ojos e involuntariamente se encontró con los de Ron, quien estaba al otro lado de la habitación. La manera en que se le saltaron los ojos fue más que suficiente para haber provocado que Draco estallara en carcajadas, pero se contuvo y en vez de eso profundizó el beso, cerrando al fin los ojos.

Hubo algunos repentinos murmullos provenientes de atrás de ellos y luego pasos dirigiéndose hacia abajo por las escaleras, pero Harry y Draco los ignoraron con facilidad. Para cuando los pasos se escucharon de regreso, Harry tenía una mano enredada en el cabello de Draco y la otra a medio camino debajo de su camisa; y Draco tenía ambos brazos rodeando el cuello de Harry y una de sus piernas enganchada tras las de él.

Entonces, hubo un ruidoso clic y una luz de flash, y Harry supo al instante que era lo que acababa de pasar. Se alejó de Draco.

-¡Colin! –rugió, volteándose hacia un lado. El chico de quinto año estaba parado ahí con apariencia ansiosa, casi esperando soltar la carrera y apuntando con un dedo a Seamus.

-¡Fue su idea! –chilló. –¡Mandó a Dean a traerme! –Entonces hizo una pausa, mirando hacia su cámara y luego regresando sus ojos a Harry. –Aunque fue una foto realmente buena. ¿No te gustaría una copia?

-Eh…

-Sí –contestó Draco sin demora. Colin lo miró con ojos desorbitados. –Ahora; ¡lárgate de aquí, Creevey! O te quitaré esa cámara y la arrojaré por la ventana. –Colin chilló de nuevo y se escabulló de la habitación. Harry golpeó a Draco en el hombro.

-Ahora voy a ir a lavarme los ojos –dijo Ron con voz débil, caminando aturdidamente hacia el baño.

-Harry, ustedes no hicieron nada en mi cama; ¿verdad? –preguntó Neville, mirando nerviosamente hacia su cama. Harry suspiró.

-No hicimos nada en la cama de nadie –dijo. Ron bufó y cerró la puerta del baño detrás de él.

-La biblioteca va a cerrar pronto si no dejas que me vaya –dijo Draco con voz divertida.

-Oh, cierto –Harry parpadeó. -¿Seguro que no te quieres quedar?

-¡No se quedará! –la voz amortiguada de Ron llegó desde el baño. Draco sonrió presuntuoso.

-Tal vez debería quedarme, sólo para molestarlo a él –dijo. –Pero no, necesito regresar a Slytherin antes de que Pansy sufra un ataque. Ya estará lista para acusarme de holgazanear con mis deberes de prefecto.

-Ah –Harry sonrió. –Tienes razón. Vamos, te acompañaré abajo.


Cuando por fin llegó el sábado, Harry les dio sus excusas a Ron y Hermione de porqué no podía ir a Hogsmeade, ninguna de las cuales se creyeron, para inmediatamente después salir pitando hacia el Salón de los Menesteres. Por poco se estrella contra Draco en el camino y los dos chicos compartieron una rápida sonrisa antes de que ambos despegaran hacia el salón. Harry llegó primero y derrapó para detenerse justo enfrente, Draco chocó contra su espalda un justo segundo después.

-¡Vamos, ábrelo! –le urgió, envolviendo la cintura de Harry con sus brazos. Harry negó rápidamente con la cabeza.

-No, espera, tengo que caminar enfrente del muro tres veces… -enmudeció mientras empezaba a caminar, concentrándose en su habitación habitual y Draco se movió junto con él. Cuando la puerta apareció, Harry la abrió de un jalón y ambos casi se caen en su prisa por entrar. Tan pronto como la puerta se cerró tras ellos, Harry arqueó una ceja ante la decoración.

-Es verde –dijo llanamente.

-¡Funcionó! –dijo Draco, sonriendo autosuficiente. –Mucho mejor que ese rojo tan chillón que siempre hay. ¿No lo crees?

-Difícilmente.

-Qué malo –bromeó Draco y entonces empezó a empujar a Harry hacia la cama. –Suficiente charla –masculló mientras lo hacía. Harry se rió, girándose de tal modo que estaba caminando de espaldas y cuando la parte anterior de sus piernas se topó con la cama, Draco lo arrojó sobre ella.

-¿Por qué de nuevo esperamos tanto? –murmuró Harry, jalando a Draco hacia él y besándolo brevemente.

-Los dos teníamos práctica de quidditch –respondió Draco, gateando sobre la cama y obligando a Harry a moverse hacía atrás. En cuanto Harry estuvo acostado sobre las almohadas, Draco casi se lanzó encima de él. Harry se arqueó ante su contacto, abriendo su boca instantáneamente bajo la del otro chico. Draco se sentó, sacándose velozmente la camisa y Harry hizo lo mismo debajo de él. Entonces estaban besándose otra vez, resbalando sus torsos el uno contra el otro. Harry levantó sus rodillas y presionó una contra la entrepierna de Draco, ocasionando que éste jadeara ruidosamente y alejara su boca de la de Harry. –Lubricante –resopló.

-¿Lubricante? –preguntó Harry, retorciéndose bajo Draco y acariciando toda la extensión del pecho del chico con sus manos.

-El lubricante –suspiró Draco cuando una de las manos de Harry jugueteó con sus pezones.

-¡Ah, el lubricante! –Harry se congeló y lentamente miró a Draco a los ojos. –Oh…

-¡Harry! –dijo Draco en tono exasperado.

-¿Ups? –se disculpó Harry tímidamente. -¡Tenía un poco de prisa!. ¿Sabes?

Draco gimoteó. -¿Pero qué vamos a usar ahora?

-Umm… -la cara de Harry se arrugó en un gesto de concentración y Draco lo miró extrañado.

-¿Qué estás haciendo?

-Pensando intensamente en lubricante –dijo Harry. –Quizá el cuarto nos dé un poco.

-¿Lo dices en serio?

-¡Sí! –Draco se encogió de hombros, haciendo lo mismo. -¿Ya apareció?

-Eh… no –dijo Draco, buscando alrededor de la habitación.

-Diablos.

-Debe haber un hechizo para esto –masculló Draco.

-Ah. Sí hay –dijo Harry, sonando avergonzado de nuevo. Draco rodó los ojos.

-¡Entonces, usémoslo!

-Bueno, yo… um… estaba en el libro que Seamus me dio. Pero… no lo recuerdo.

-Harry –gimió Draco, dejándose caer hacia delante y apoyando su frente en el hombro de Harry.

-¡Lo siento!

-¿Qué tal si pensamos en algo como loción? –sugirió Draco. –En algo no sexual. Tal vez el salón tenga un tipo de hechizo de protección.

-Podría funcionar –murmuró Harry, cerrando los ojos para concentrarse otra vez.

-¡Ah! Ahí está. –Harry abrió los ojos para ver a Draco estirando la mano hacia la mesita de noche y atrapando un bote de loción. –Esto servirá. ¿Verdad? –preguntó.

-Tiene que –dijo Harry, pasándose los pantalones por las caderas. Se removió un poco hasta que Draco se levantó y entonces se los quitó por completo. Draco hizo lo mismo, pateándolos lejos de la cama y arrodillándose entre las piernas de Harry. Vació un pegote de loción sobre la palma de su mano y entonces hizo una pausa, bajando la mirada hacia Harry.

-Eh… no sé qué es lo que estoy haciendo –admitió, mordiéndose ligeramente el labio inferior.

-No es muy complicado –dijo Harry rotundamente, separando sus piernas aún más. Draco tragó saliva, abriendo mucho los ojos cuando lo miró hacer eso. Harry sintió que sus mejillas ardían. Parpadeando, Draco recuperó la consciencia y empezó a cubrir sus dedos con la loción.

-¿Listo? –preguntó, mirando a Harry a los ojos. Harry tomó un profundo respiro, se obligó a relajarse y asintió. Asintiendo también, Draco deslizó un dedo a través de la estrecha entrada de Harry y sintió cómo se ponía más duro al imaginarse que otra parte de su cuerpo estaría muy pronto imitando ese movimiento. -¿Estás bien? –murmuró. Harry asintió de nuevo y Draco añadió un segundo dedo, resbalándolos lentamente de adentro hacia fuera. Harry aspiró una trémula bocanada de aire y la liberó temblorosamente. Draco levantó su mirada hacia él, observando los diferentes sentimientos que cruzaban por su rostro mientras lo extendía con sus dedos y de repente tuvo una idea.

Harry estaba mirando fijamente al techo, concentrándose en las diferentes líneas y sombras y tratando de ignorar los pequeños destellos de dolor. En realidad no era tan malo, pero ayudaba no pensar en ello. Justamente estaba recorriendo con la mirada un gran surco en el techo, cuando sintió una mano alrededor de su pene semi erecto. Jadeando, bajó rápidamente la mirada y vio a Draco sonriéndole con amplitud. Y entonces, repentinamente, la boca de Draco se abrió y Harry fue devorado por esa tibia humedad.

-¡Draco! –resopló Harry, dejando caer la cabeza hacia atrás y arqueando el torso al mismo tiempo. Sus manos se aferraron a las mantas debajo de él y mientras que Draco balanceaba su cabeza y lo chupaba, Harry casi ni se dio cuenta cuando un tercer dedo fue añadido. En realidad, se entregó por completo a ellos, viéndose invadido por los recuerdos de la última vez que habían hecho eso y de repente tuvo el desesperado deseo de ser llenado de nuevo, de sentir a Draco follándolo. Draco pasó su lengua por todo lo largo de su miembro y Harry se empujó dentro de su boca. –Draco, por favor –rogó, aunque no estaba seguro con exactitud de qué era por lo que estaba suplicando. Draco abrió sus dedos una vez más y Harry jadeó; entonces Draco los retiró y liberó a Harry de su boca, cerrando su mano alrededor de su erección.

Draco se posicionó y rápidamente comenzó a empujar, jadeando ante el disparo de placer que recorrió su cuerpo mientras que recordaba que Harry le había dicho que deseaba eso; que lo deseaba a él. Era obvio que Harry lo deseaba porque estaba gimiendo ruidosamente y moviéndose contra él, logrando que Draco se enterrara con más profundidad. Lo cual era bueno, porque Draco no sería capaz de detenerse ya. Con un empellón final se alojó completamente dentro de Harry, obteniendo un sobresaltado jadeo de parte del chico.

-¡Ah… lo-lo siento! –tartamudeó Draco, cerrando los ojos firmemente mientras que se concentraba en Harry y no en el delicioso y apretado calor que lo rodeó. -¿Estás bien?

-Estoy bi-bien –respondió Harry, respirando con profundidad. –Sólo con-continúa… ¡ah!... ¡continúa moviéndote! –Draco no necesitó que se lo dijera dos veces. Empezó a establecer un ritmo, entrando y saliendo del cuerpo de Harry con largas y lentas estocadas. Harry gimió debajo de él, levantando sus rodillas hasta tocar su pecho y lograr que Draco pudiera tener un mejor ángulo de penetración. Draco se detuvo brevemente, colocándose las piernas de Harry encima de sus hombros y entonces se puso en acción otra vez. Cada vez que lo penetraba sentía cómo si se hundiera aún más adentro de Harry, lo cual era realmente imposible porque sus caderas estaban chocando una contra otra y eso significaba que Draco estaba ya llegando lo más profundo que podía hacerlo.

Jadeando, Draco abrió los ojos un poco, sin haberse dado cuenta en qué momento los había cerrado; y Harry abrió los suyos al mismo tiempo. Súbitamente, se encontraron observándose el uno al otro y el mundo a su alrededor se desvaneció.

-Harry –susurró Draco. Los ojos de Harry se abrieron un poco más y cuando aparentemente trató de responder, sólo un revoltijo de sonidos salió de su garganta. Draco sonrió, quitándose el cabello de los ojos y Harry le regaló una breve y amplia sonrisa antes de jadear ruidosamente otra vez. Draco embistió de nuevo, rotando sus caderas contra de las de Harry y podía haber jurado que Harry de verdad estaba haciendo bizcos. El chico había perdido sus anteojos en algún punto, aunque Draco no recordaba si en realidad se los había quitado. Deseó preguntarle a Harry si estaba todo bien, especialmente porque Harry normalmente se aseguraba de golpearlo en aquel punto en su interior. Pero Harry definitivamente parecía estar disfrutando, así que Draco no se preocupó demasiado por eso.

En realidad, Draco no golpeaba el punto exacto cada vez que penetraba, pero aún así Harry se sentía como si estuviese en el Paraíso. Podría haber sido la cercanía del cuerpo de Draco o tan sólo la mera intimidad que implicaba lo que estaban haciendo, pero el caso era que se sentía genial y Harry no deseaba que terminara. Aunque podía percibir la placentera presión creciendo dentro de él y notar a su erección levantarse con ella. Y cuando Draco sí rozó accidentalmente su próstata, el mundo de Harry explotó. Lanzando su cabeza hacia atrás, gimió escandalosamente mientras se derramaba y puntos negros danzaron frente a sus ojos. Su cuerpo tembló y se tensó alrededor de Draco, mandándolo también a él al borde del orgasmo. Y convulsionaron juntos, jadeando y sobrellevando sus orgasmos hasta que las piernas de Harry finalmente resbalaron desde los hombros de Draco y éste colapsó sobre Harry completamente desmadejado.

-Oh, Dios mío –gimió Harry roncamente. –Joder. –Draco sonrió sobre el pecho de Harry antes de levantarse un poco y dejarse caer a su lado.

-Me gusta estar arriba –resopló, quitándose el cabello de encima de los ojos. Harry le sonrió.

-También a mí –estuvo de acuerdo. –Y abajo.

-Supongo que a mí también me gusta estar abajo –dijo Draco en voz baja.

-Por supuesto que te gusta –dijo Harry con una sonrisa creída. Draco arrugó la nariz y Harry lo miró frunciendo el ceño. Draco soltó una risita ahogada.

-Así que tenemos el día entero para pasarlo juntos –dijo. -¿Qué haremos? –Harry suspiró, colocando los brazos detrás de su cabeza.

-No lo sé –murmuró. -¿Quieres decir, aparte de tener sexo loco y apasionado?

-Sí –dijo Draco mientras sus labios se estiraban en una sonrisa. -Aparte de tener sexo loco y apasionado. ¿Sabes jugar al ajedrez? –preguntó, sentándose. Harry también se incorporó, fijándose en un tablero de ajedrez que acababa de aparecer en frente del sofá.

-Un poco –dijo Harry. –Ron me gana todo el tiempo. –Draco le enarcó una ceja.

-Bueno, no podemos permitir eso –suspiró. –Vamos, juguemos. ¿Este salón también proporciona comida? –Un plato de emparedados apareció junto al tablero de ajedrez. –Supongo que sí –se rió, levantándose de la cama. Harry lo siguió hasta el sofá, atrapando sus bóxer en el camino. Draco hizo lo propio.

-Tengo que decirlo –dijo Harry dejándose caer en el sofá. –Que nunca habría imaginado que tú y yo terminaríamos así. De hecho, le habría lanzado una maldición a cualquiera que lo hubiera insinuado hace apenas un par de meses.

-Yo le habría lanzado maldiciones a su familia entera. Hasta podría haber utilizado una o dos Imperdonables –dijo Draco, sonriendo travieso y mirando a Harry a los ojos. Entonces retiró su mirada, fijándola hacia un lado. –Todavía sigue siendo un poco difícil de creer.

-Muy difícil de creer –corrigió Harry con una sonrisita. –Aún más difícil de creer –empezó a decir, provocando que los ojos de Draco regresaran a mirar a los suyos, -es que, en más de un año, no había sido tan feliz como ahora. -Las mejillas de Draco se sonrojaron.

-No se suponía que yo te ayudaría en eso –dijo avergonzado. –Aunque admitiré que también había transcurrido mucho tiempo desde la última vez que yo estuve así de… feliz. –La nariz de Draco se arrugó un poco. –Argh, sólo escúchame –masculló. Harry se rió.

-De acuerdo. Hagamos de mí un experto en ajedrez –dijo alegremente. –Estoy decidido a vencer a Ron antes de que nos graduemos. –Draco obedeció felizmente.


Una semana después, la guerra comenzó.