¡hola a todas(os)!, bien, otra vez, fue un reto escribir este capítulo, he tenido un largo periodo sin inspiración y sin comentarios lamentablemente, ha pasado mucho tiempo desde que publique el último capítulo, pero, aun así, quiero dejar claro que terminaré esta historia, es algo así como una meta personal. Sus comentarios realmente ayudan a mi inspiración, háganme saber si lo que leen les gusta, es vital para el alma de un escritor. No tengo mucho mas que decir, así que, sin más distracciones, el capítulo:
12. El significado del Amor.
¿qué es el amor?, aquella pregunta seguía circulando por su cabeza, su mirada permanecía perdida en la ventana frente a ella, mientras pasaba la varita entre sus dedos y en su regazo un libro se desperdigaba abierto, cómplice de su distracción.
Pero ¿qué era aquella emoción? ¿podía haberla sentido o estarla sintiendo?, aquel último pensamiento la espantó. Recordó a su antiguo y querido amigo Ronald, sabía que en algún momento había sentido mariposas al tenerlo cerca, su corazón se aceleraba. Aquella vez, cuando lo vio junto a Lavender, sus ojos se llenaron de lágrimas, luego cuando él la reconoció – y prefirió – inconsciente, sobre su novia, un sentimiento de alegría espontanea se había apoderado de ella, sin embargo, aun sopesando todo aquello, no podía dejar de preguntarse si realmente había sentido amor. La conclusión a la que llegó después de mucho pensarlo era que no, pues, según lo que dice la gente, el amor lo puede todo y aquel sentimiento, no había logrado detenerla de partir, sin querer saber más de sus amigos, luego de la muerte de sus padres. Aquel sentimiento había mutado en total desinterés, ya no le importaba, estaba segura de que seguiría sin importarle así callera muerto a su lado. Era una espantosa conclusión, teñida de la más cruel de las verdades.
Luego pensó en Harry, le había tenido un gran cariño fraternal por, había estado dispuesta a arriesgarlo todo por él, luego un gran balde de agua helada había caído sobre ella y la había apagado, quebrando su voluntad.
Quizá el único amor verdadero que su corazón había sentido era aquel que profesaba a sus progenitores, aquel que la había matado en vida, cuando sus padres desaparecieron totalmente del plano terrenal. Sintió el sonido de la puerta abrirse y luego frente a ella se apareció un rubio imponente, fijo su vista en él y pensó, ¿aquello podía llamarse amor? ¿aquella extraña relación era amor?
Es hora de partir Hermione – había empezado a acostumbrarse a oír su nombre salir de sus labios y aquello le gustaba. Seguía allí atada a la silla, jugando con su varita como si nadie hubiera entrado y mucho menos le hubiera hablado – Hermione – sintió como su mentón era agarrado fuertemente y pudo ver los ojos acerados a unos centímetros de los propios – ponte tu capa – luego sin aviso la soltó y giró en dirección a la puerta.
No, aquello definitivamente no era amor. Había escuchado decir que el amor era un sentimiento puro, desinteresado, inquebrantable, y ellos no tenían aquello, era imposible que pudieran sentir algo puro, sus almas estaban demasiado perturbadas, incapaces de aquello. Tenían un interés que los unía, la sensación de lealtad que era tan poco habitual en aquel tiempo. Aquello definitivamente no era inquebrantable, ninguno quedaría destruido con la muerte del otro. Ambos habían perdido aquella capacidad.
Cuando cruzó la puerta, ataviada con su capa oscura y la mascará cubriendo su rostro, el último pensamiento que cruzó por su mente, antes de concentrarse en lo que venía, fue que ella no permitiría que muriera si aquello estaba en sus manos, pero, su muerte no podía destruirla más de lo que ya estaba. No, aquello no era amor.
Afuera el movimiento era agitado, capas yendo y viniendo, apuradas, desapareciendo una tras otra envuelta en un humo negro.
Algo está mal Malfoy – al fijar su vista notó que quien hablaba no era otro que él inútil de Zabini – atacar tres puntos no es su estilo.
Simplemente están de caza – y él iba a darles la cara.
¿de caza? – el moreno parecía confundido, mientras fijaba su vista en la del rubio.
No tienes que entenderlo Zabini, iremos a Growville –
¿Cómo lo sabes? – ella no tuvo que formular la pregunta completa, el entendía perfectamente lo que ella intentaba averiguar.
Tiene una ubicación estratégica, está muy cerca de Malfoy´s Manor. Tendrán la sensación de haber ganado, solo que serán ellos quienes terminen en mi salón de trofeos – ella pensó en sus antiguos amigos y nada ocurrió, lo que debía ser, sería, cada uno sobreviviría como mejor pudiera.
Sin decir nada más desaparecieron tal como los demás entes de ellos lo hicieron, envueltos en un humo negro, esa noche lo asesinaría, luego de aquello podría morir, después de lograr quitar la vida de los ojos de ese malnacido, no le importaría morir, le daría igual.
Cuando sus ojos enfocaron el lugar, rayos volaban en todas las direcciones, su mirada persiguió a Zabini, mientras su cuerpo se materializaba por completo.
Dhapne, es mía, si no quieres sufrir un castigo en mis manos, harás lo que te ordené – vio un leve casi imperceptible temblor en las manos del Mortifago, vaya que le temía a su interlocutor.
Dándole una última mirada al rubio, y recibiendo de regreso una mirada de aprobación, tomó camino junto al moreno, lo seguiría como una más, dejaría que se sintiera tranquilo, luego haría lo que debía y quería. No pasó mucho para que un Auror se interpusiera en el camino, después, uno más, cortando el camino de ambos. Lucharía, no le importaba si tenía que matar a alguien para lograr llegar a Zabini. De inmediato un rayo rojo pasó rozándola. Tomó su posición de combate e inició una lucha encarnizada, aquel chico era bueno, pero no tanto, pensó fugazmente en los padres de él y luego sin pisca de arrepentimiento disparó un rayo verde en su contra. Ningún cuerpo calló, era una ilusión, aquello la sorprendió. Luego una sonrisa se dibujó en sus labios, aquello tenía el sello del único gemelo Weasley sobrevivinte.
Buscó con la mirada al hombre que tanto desprecio le causaba y lo vio en un combate contra otro Auror, cercano a un callejón, aquello era perfecto, ella había descubierto la treta de sus antiguos compañeros, ilusiones, solo buscaban entretenerlos. Malfoy tenía razón, ellos estaban de caza. Tanto los Aurores como sus hechizos eran ilusiones, no importaba si la impactaban, aquello no era más que una ilusión, buscaban mantener las bajas al mínimo. Se acercó a paso firme y levantó su varita contra la figura que luchaba con el moreno, y al igual que el anterior, el hombre desapareció, dejando a un muy confundido Mortifago.
¡¿Que rayos fue eso?¡ - sonrió de medio lado, imperceptible debido a la máscara sobre su rostro.
¡CRUCIO¡ - el hombre frente a ella cayó de rodillas, su mirada delataba sorpresa, luego se transformó en sufrimiento. Aquello la llenó de energía, hizo que su sangre bombeara más rápido debido a la adrenalina, luego paró, vio el cuerpo caer al piso y su pecho subir y bajar con esfuerzo, luego volvió a la marcha, esta vez con la misma maldición que antaño, el rubio había aplicado sobre ella. Lo vio retorcerse, un hilo de sangre descendió por su quijada, proveniente de su boca, producto la fuerza con la que estaba cerrando su mandíbula. Sonrió, y allí lo decidió, aquella rata no se le escaparía dos veces, se agachó y se quitó la máscara chocándose de frente con una mirada sorprendida.
Justicia mi querido Zabini – tomo con violencia su cara, enterrando sus dedos a los lados del rostro del magullado motífago– hoy morirás como la rata que eres.
Vamos Granger, no eres este tipo de personas – sonrió, mientras posaba sus ojos en los de ella – no dormirás después.
¡oh Zabini¡, no apeles a mi bondad, pues tu acabaste con ella el día que levantaste tu varita contra mis padres - luego se levantó y pateó su cuerpo reiteradas veces, descargando en cada golpe su frustración, enojo y desasosiego – agradezco tu preocupación, pero hace mucho no duermo, hace mucho estoy hueca – lo escupió, disfrutando de cada vejación a la que lo sometía – ¿últimas palabras?
Morirás como la rata que eres, de la misma forma que tus asquerosos padres Muggles – escupió sangre mientras una sonrisa se dibujaba en su cara.
Vivir está sobrevalorado – sus ojos carecían de emociones, ella estaba muerta en vida -Avada Kadavra – el rayo impactó en el centro de la frente del Mortifago y la vida se escapó de sus ojos, mientras caía rígido. Aquello podría ser fácilmente la cosa más perfecta que había hecho en su vida.
Antes de que pudiera terminar de disfrutar su victoria, sintió como era expulsada con fuerza contra la pared al final del callejón, sus huesos dolían, sabía que debía levantarse antes de darle oportunidad a aquella persona de atacarla de nuevo y así lo hizo. La cara de sorpresa en el hombre que tenía al frente la hizo caer en cuenta de su error.
Hermione – la mano del hombre con la cuál sostenía la varita, calló pesadamente a un lado mientras miraba sorprendido a la mujer de cabellos castaños ataviada con una capa negra. Aquella mirada rápidamente mutó en dolor y odio, y su varita volvió a apuntarla con fuerza.
Baja esa varita George – recordó al gemelo de aquel hombre cayendo a su lado muerto y un sentimiento asfixiante se adueñó de su pecho. Aquel día marcó el inicio de su espiral de decidía. Aquella muerte abrió la puerta de todos los demonios que había intentado mantener encerrados luego de la muerte de sus padres, aquel fue el momento en que decidió no dar nada más por la causa.
¿Cómo? – abría y cerraba los ojos, en su rostro se veía pintada la contradicción, con una gran pincelada de odio que involuntariamente salía a brote - ¡ELLOS LO ASESINARON¡ ¡TU LO VISTE MORIR¡ - sus manos empezaron a temblar de indignación, mientras sus ojos se aguaban. Una profunda pena inundó los ojos de quien antes, había sido el cerebro del trio dorado, verlo allí le recordaba a su hermano, quien había muerto a su lado, sin ella poder hacer nada para evitarlo. Ya había matado a Zabini, ya no le importaba morir, no lucharía contra el reflejo de quien vio caer, víctima de aquel fatídico rayo verde.
Necesitaba venganza – luego dejó caer su barita en un ruido sordo ante la mirada atónita del hombre que aun así no bajo la propia.
¡Maldita sea Hermione¡, ¡dime que estabas equivocada¡, ¡que te lleve al cuartel¡, ¡que perdone tu mal juicio ¡- una sonrisa cansada se dibujó en el rostro de quien antaño fuera su amiga. Ella no podía decir ninguna de aquellas cosas.
No me arrepiento de nada y hace mucho dejó de importarme el mundo y, ahora, ya no me importa morir a manos de ninguna varita – expresó mientras fijaba su mirada en el cuerpo inerte a unos metros de ellos. Vio pintada la ira en el rostro del pelirrojo, no estaba segura si era producto del desprecio o de las palabras pronunciadas por ella. Pero, definitivamente supo que el hombre estaba fuera de sí. Todos habían cambiado por la guerra, incluso aquel bromista.
Bombarda – una explosión sacudió su alrededor dejándola entre escombros, un hilo de sangre bajó por su cabeza, perdiendo la noción de la realidad.
Depulso – como una muñeca de trapo cayó sobre una piedra que había caído por el conjuro anterior. Sintió como un par de huesos se quebraban y un hilo de sangre empezaba a descender por la comisura de sus labios. Sus ojos dejaron de enfocar y allí los vio, sus padres la miraban con preocupación, a la distancia.
Mamá, papá – estiró su mano en un intento de tocarlos, pero fue en vano, las lágrimas empezaron a descender de sus ojos – ¡llévenme¡, ¡no se vayan ¡- luego desaparecieron dejándola abandonada. Deseaba gritar, suplicar, decirles que ya había cumplido su última misión en aquella árida tierra, pero su garganta dejó de funcionar, llenándose de piedras, impidiendo que su voz se exteriorizara.
Baja tu varita Weasley – aquella voz resultaba familiar, parecía un canto familiar, una melodía que tranquilizaba su magullada alma.
Esto no puede ser más hilarante – una carcajada cansada surgió de la garganta del pelirrojo, mientras se pasaba con desesperación la mano por el cabello, todo aquello parecía un mal sueño - ¿te involucraste con esta alimaña, Hermione? – sintió una presencia cerca a ella, sin poder identificar la distancia que los separaba.
Baja la varita Weasley o iras a hacerle compañía a tu copia – sus ojos tan grises como el acero estaban más oscuros, rabiosos, quizá aquella persona tirada en el suelo era la única que lo mantenía medianamente cuerdo –
¿Lo amas Hermione? – sintió como era levitaba, sin poder enfocar su vista en su interlocutor y luego caía pesadamente.
Eso no te incumbe comadreja – ambos hombres se apuntaban, con determinación en sus miradas, de repente una sonrisa complacida se dibujó en el rostro del pelirrojo.
Bajaras tu varita y nos acompañaras Malfoy – sintió una varita enterrarse en su cuello y otra apuntándolo de frente –
Expelliarmus – su varita voló por los aires, un maldito instante de distracción ahora lo tenía desarmado, no lograba concentrarse para hacer magia no verbal, la imagen de la mujer frente a él a punto de perder el conocimiento lo inquietaba. Si la dejaba allí, ella moriría, nadie la recogería, era mercancía dañada para cualquier bando. No resistiría mucho tiempo con aquellas heridas. Aquella imagen lo dejó sin respiración, ella era real en su vida. Para él no era mercancía dañada, era la ficha que calzaba con el último pedazo de su alma que aún se negaba a marchitarse totalmente.
En un instante, llenando de sorpresa a todos, sus dos contrincantes volaron por los aires, su mirada se fijó en la mujer que sostenía a duras penas su varita, para luego soltarla y caer inconsciente, no tenía mucho tiempo. Sin pensarlo, invocó su varita de algún lugar del suelo y corrió hasta ella, desapareciendo de lugar.
