Capítulo 12
-Está volviendo en sí. Hermione, ¿puedes oírnos?
Su nublada visión empezó a aclararse lentamente y los difusos perfiles vestidos de blanco se transformaron en dos enfermeras y un sanador. Los tres sonreían de forma tranquilizadora. ¿Hospital? ¿Estaba en San Mungo? El pánico se apoderó de ella.
-No pasa nada Hermione, sufriste una grave caída, pero ahora estás bien. Hemos tenido que mantenerte sedada durante unos días para darle a tu cuerpo la oportunidad de descansar y te hemos hecho algunas pruebas, por eso es probable que te sientas algo confundida. Intenta relajarte.
¡Relajarse! Hermione se llevó la mano a la parte superior de la sábana. Se dio cuenta de que tenía un gotero puesto.
-¿Y mi bebé? -preguntó angustiada.
La enfermera que estaba más cerca de ella miró al sanador.
Había perdido el bebé. La caída, que ahora recordó con claridad, había matado al niño. El dolor surgió al instante. No lo había protegido como debía, ni de la caída ni del rechazo de su padre. Se sintió demasiado entumecida por el dolor como para llorar.
La enfermera le dio una palmadita en la mano y el sanador le sonrió.
-Tu bebé está bien, Hermione. Ella los miró a ambos con desconfianza.
-Lo dice para consolarme, ¿verdad? En realidad lo he perdido, ¿no es así?
El sanador volvió a mirar a la enfermera.
-Creo que deberíamos dejar que Hermione lo viera por sí misma - girándose hacia ella, le dijo-, la enfermera te hará un hechizo que será el equivalente a una ecografía muggle, Hermione, y entonces podrás ver con tus propios ojos que el bebé está perfectamente. Y eso es más de lo que podré decir de ti si continúas disgustada.
-El bebé y tú habéis tenido mucha suerte -le dijo la enfermera cuando llegó unos minutos después para ver cómo estaba-. Has sufrido un golpe muy fuerte en la cabeza, y cuando te llevaron al pequeño hospital de Wiltshire, temían que se hubiera formado un coágulo. Eso significaba que hubieran tenido que poner fin a tu embarazo. Tu marido se negó a dar el consentimiento. Hizo que te trajeran aquí, San Mungo, y que viniera un especialista de América para tratarte.
Tu marido dijo que nunca se lo perdonarías ni él se lo perdonaría a sí mismo si ponían fin a tu embarazo.
¿Harry había dicho eso? Hermione no sabía qué pensar.
-Me atrevería a decir que vendrá enseguida -continuó la enfermera-. Al principio, insistió en quedarse aquí contigo en el hospital, pero el Sanador Smythson le dijo que se fuera a casa y descansara un poco.
Como siguiendo una señal, se abrió la puerta de la habitación y entró Harry. La enfermera salió con discreción y los dejó solos.
-Los gemelos...-comenzó a decir ella angustiada.
-Saben que te has caído y que has venido al hospital para que te curen. Te echan de menos, por supuesto, pero Minerva está haciendo todo lo posible por mantenerlos ocupados.
-La enfermera me estaba contando que gracias a ti todavía tengo a mi bebé.
-Nuestro bebé -la corrigió él con voz pausada.
Hermione no sabía qué decir ni qué pensar. Así que sus emociones hablaron por ella. Las lágrimas le cayeron por las mejillas.
-No, Hermione -le suplicó él.
Se acercó para tomarle la mano. Ya no la tenía conectada al gotero porque no le hacía falta.
-Cuando te vi caerte en aquellos escalones, supe que no importaba lo que te hubiera dicho ni lo que creí que pensaba, la verdad es que te amo. Creo que lo supe la última noche que pasamos en Atenas, pero me dije a mí mismo que acabar con las dudas que tenía sobre ti debía ser un proceso largo y mesurado. Cuando pensé que podría haberte perdido, me di cuenta de la verdad. Me puse una venda para estar ciego ante la verdad, tal y como tú dijiste. Quería y necesitaba creer lo peor de ti, y debido a eso, a mi miedo a amarte y a mi orgullo ante ese miedo, el niño y tú habéis estado a punto de perder la vida.
-Mi caída fue un accidente.
-Un accidente resultante de mi ciega negativa a aceptar lo que estabas intentando decirme. ¿Podrás perdonarme?
-Te amo, Harry. Ya lo sabes. Lo que quiero ahora es que te perdones tú a ti mismo -Hermione alzó la vista para mirarlo-. Y no sólo perdonarte por lo mío.
¿Se atrevería a decir lo que quería decir? Si no aprovechaba esta oportunidad, se arrepentiría, se dijo Hermione.
-Sé que tú madre te hizo daño, Harry.
-Mi madre nunca nos quiso. Para ella éramos una carga que tenía que soportar. Mis hermanos y yo éramos el precio que tuvo que pagar por la riqueza de mi padre y por llevar la vida que quería llevar, una vida de excesos superficiales y lujo a expensas del dinero de otra persona. Sólo la veíamos cuando quería que mi padre le diera más dinero. No había lugar en su corazón para nosotros.
A Hermione se le encogió el corazón por la compasión.
-No fue culpa tuya que te rechazara, Harry. El problema estaba en ella, no en ti.
Él le apretó la mano con más fuerza.
-Supongo que siempre he desconfiado de las mujeres, probablemente como consecuencia de la relación con mi madre. Cuando te vi en aquel club, vi la imagen de mi madre. No quise mirar más allá de la superficie. Ahora pienso que una parte de mí reconoció lo inocente y vulnerable que eras en realidad, pero estaba decidido a rechazarlo. Te utilicé como un medio para expresar mi ira contra mi abuelo. Mi comportamiento fue imperdonable.
-No -Hermione negó con la cabeza-. Era lógico dadas las circunstancias. Si yo hubiera sido una chica un poco más experimentada, supongo que me habría dado cuenta de que estabas poseído por algo más que por el deseo. Los dos cometimos errores, Harry, pero eso no significa que no podamos perdonarnos y seguir adelante. Los dos estábamos a la defensiva cuando nos casamos. Tú por tu madre, y yo porque me sentía avergonzada del modo en que me había comportado contigo, entregándole mi virginidad a un hombre que estaba deseando echarme de su cama y de su vida cuando consiguió de mí lo que quería.
Harry gruñó con tono de remordimiento.
-Siento lo que dije sobre el nuevo bebé, Hermione. Cuando te caíste y justo antes de perder la consciencia me dijiste «mi bebé», supe que daba igual lo que hubiera dicho o pensado, el niño que llevabas dentro era mío. ¿Podríamos empezar de nuevo? ¿Podrás seguir amándome después de cómo me he portado? En respuesta a su pregunta, Hermione se incorporó en las almohadas y le besó suavemente antes de decirle:
-Me resultaría imposible no amarte, Harry.
Había transcurrido más de un mes desde que Hermione completamente recuperada de la caída, había regresado a la isla, y su felicidad crecía día a día. O eso le parecía a ella. Harry ya le había demostrado que era un padre amoroso con los gemelos, y ahora, además de demostrarle que su intención era ser igual con el hijo que esperaba, también se dedicaba a demostrarle que era un marido maravilloso y cariñoso.
Tumbada en la cama a su lado, Hermione sintió cómo el corazón le daba un vuelco de felicidad y amor. Sonriendo en la oscuridad, se giró hacia Harry y le depositó un cariñoso beso en la barbilla.
-Ya sabes lo que pasará si sigues haciendo eso -le advirtió él burlón.
Hermione se rió.
-Creí que era yo la que no podía resistirme a ti, y no al revés - bromeó, acurrucándose contra él.
Las suaves curvas de su cuerpo desnudo eran una dulce tentación.
-¿Parece que soy incapaz de resistirme a ti? -le preguntó Harry.
Sus manos ya estaban acariciándole la piel; su respiración resultaba cálida contra sus labios. Hermione se estrechó más contra él. Seguía pasándole lo mismo, aquella emoción y aquel deseo que se apoderaba de ella cuando sabía que iba a besarla.
-Te amo -dijo él.
Le susurró aquellas palabras al oído y luego se las repitió en los labios antes de que le deslizara la punta de la lengua por ellos. Hermione no pudo seguir esperando y le agarró la cabeza con ambas manos. Entreabrió los labios y dejó escapar un leve suspiro de placer.
El sonido de sus respiraciones agitadas se mezcló con el movimiento de la piel contra la tela.
Como ocurría siempre, la dulzura del deseo de Hermione aumentó la excitación de Harry. Ella le mostraba su amor con total naturalidad, con su deseo susurrado en suaves palabras de amor y en promesas susurradas contra su piel. Harry podía admitir ahora que una parte de él había respondido a Hermione desde el principio aunque había mantenido oculta tras una barricada aquella certeza.
Su cuerpo había comenzado a cambiar. Harry acarició su levemente abultado vientre antes de besarlo. Mirando su oscura cabeza, Hermione le acarició el suave vello de la nuca. Sabía lo mucho que el bebé y ella significaban para él.
Tumbado a su lado, Harry le cubrió el seno y luego le lamió el pezón. Con las yemas de los dedos le recorrió la parte inferior del vientre en una caricia que sabía que a ella le encantaba. Hermione cerró los ojos y se agarró a él, cabalgando la ola de placer que se abrió paso en su interior, sonriendo ante el familiar tormento de creciente placer, de salvaje sensualidad que Harry sabía exactamente cómo despertar en ella.
Harry sabía que si colocaba la mano sobre su montículo ahora, podría sentir el insistente pulso que ocultaba, y también sabía que la creciente agitación de su respiración significaba que, si deslizaba los dedos en su interior, Hermione alcanzaría casi al instante el orgasmo, y que después de aquel orgasmo, podría reavivar su deseo para satisfacerlos a ambos con las embestidas de su cuerpo dentro del suyo.
Deslizó la mano más abajo de su cuerpo. La suave y aromática humedad de su sexo y el modo en que se lo estaba ofreciendo, con tanta generosidad sensual, provocaron que el corazón le diera un vuelco. Alzó la vista para mirarla mientras le abría sus pliegues íntimos. Un estremecimiento recorrió los ojos de Hermione, oscurecidos y salvajes por el deseo. Harry acarició lentamente con las yemas de los dedos su húmedo sexo y luego volvió a frotar la fuente de su deseo, duro e hinchado bajo su contacto. El cuerpo de Harry se estremeció también con insistente demanda. Sus labios le acariciaron el pezón con más ansia, y su mirada observó el sonrojo de la piel de Hermione.
-Ha... rry...
El modo en que pronunció su nombre acabó con él. Fue una suave plegaria de anhelo pronunciada de una forma tan seductora, que atravesó lo que quedaba de su autocontrol.
Hermione se estremeció al sentir la boca de Harry en su piel... en los senos, en el vientre, en los muslos, y finalmente en el sexo, donde exploró con la punta de la lengua hasta que el placer la llevó a gritar.
Harry no pudo seguir esperando. Tuvo que hacer un esfuerzo para prolongar su compartido placer en lugar de entregarse a las exigencias de su cuerpo y a su necesidad de perderse dentro de Hermione. Los sostuvo a ambos al borde de su compartido deseo hasta que por fin la penetró lentamente, permitiendo que los músculos de su cuerpo lo apretaran hasta que ambos cabalgaron juntos sobre el placer del éxtasis del amor compartido.
-Te amo.
-Te amo.
-Eres mi vida, mi mundo, mi luz en la oscuridad, mi adorada Hermione.
Acurrucada en brazos de Harry, Hermione cerró los ojos y supo que, cuando se despertara por la mañana y durante todas las mañanas de su vida juntos, se sentiría segura y amada.
Fin
