XIII. Todo tiene un precio.
La madre de Inuyasha era hermosa, por dentro y por fuera, desde el primer momento la trato de maravilla y cuando vio sus pinturas la elogió. Por otra parte el señor Taisho no era muy comunicativo, pero al parecer ella no le caía mal.
― Mi esposo es así, pero le agradas, en verdad.
― Perdón yo... Es que es muy serio.
― Lo sé, cuando supe de él muchas jovencitas querían salir con él, la verdad yo no estaba interesada, jamás lo había visto y cuando le conocí la primera impresión que me dio fue de ser frío y altanero, además había rumores de que su esposa lo dejo por infiel. Pero el día de la boda de una amiga, ella olvido su amuleto para la fortuna en su casa, lo recordó a mitad de camino a la iglesia, entonces me regresé por el. Recogí el amuleto y al salir de la casa me tope con InuNo, él estaba sentando en las escaleras de la entrada principal.
― ¿No debería estar en la boda? Creí sería el padrino.
― Te equivocas y ¿A qué ha regresado?.
― Por algo que se le olvido a la novia, ¿A visto a los choferes?― preguntó viendo a todos lados.
― No hay nadie, solo los del banquete.
― ¡¿Cómo dice?!
― ¿Cómo llego?
― En taxi.
― Le hubiera pedido que se espera, el único acceso hasta acá es en coche privado, los taxis no suben.
― No es posible ¿Entonces también se quedo varado aquí?
― No, yo estoy esperando la comida.
― ¿Entonces es verdad que no iría a la boda de su amigo?
― ¿Para qué? Lo mismo de siempre, todas las bodas son iguales. ¿A dónde va?.― preguntó al verla caminar a la salida.
― Bajare caminando, Yura se pondrá histérica sin su... ¡¿Cómo llego usted?!― preguntó esperanzada, ¡Él debía tener coche!.
― En mi coche, pero no pienses que te llevaré, un amuleto no la hará ser feliz en su matrimonio.― dijo al recostarse en las escaleras.
― Por favor lléveme, se lo suplico.
― Contéstame algo y te llevo ¿Qué hace una chica como tú siendo amiga de alguien como la novia?.
― Ella es una excelente amiga, la conocí en la universidad y desde entonces fuimos amigas, nos apoyamos desde entonces.
― Adivino, se "ayudaban" en los estudios ¿Segura no eras tú la que hacía todo? Te llevaba a sus fiestas, pero tú no te divertías porque SIEMPRE eras la chaperona. Si te interesabas en un chico ¿Acaso ella no salía con él a la semana?.― Izayoi le miraba sorprendía, todo lo que él decía era verdad.― Por tu cara veo que lo que digo es cierto, pero no me refería a eso, tú no eres de su misma clase.
― ¿Y eso qué?.― habló a la defensiva.
― ¿Qué hacen dos personas como nosotros de amigos de alguien como ellos? Al final te darán la espalda cuando lo necesites, solo se apoyan entre ellos, nosotros solo somos sus "mascotas" nos ven como una "obra de caridad".
― No es verdad.
― Mi espo... Mi ex esposa.― corrigió.― Es la prima de tu amada amiga, conoció a alguien con más dinero y me dejo, no le importó nuestro hijo, con tal de que yo lo cuidará me dio el dinero para abrir mi restaurante y poder mantenernos, el día de la boda llevaba un amuleto para que nuestro matrimonio fuera próspero, a los tres años, me dejo.
― Yo no... Creí que...
― ¿Qué le fui infiel?.
― No sabía quien era su esposa, jamás me lo dijeron y si, eso escuche.
― Ellos nunca pueden quedar mal.
― ¿Y su amigo?.
― Como te lo dije, estoy aquí por la comida.― respondió al esquivar la pregunta.― Bueno, vamos a mi coche, te prometí que te llevaría.
― Ese día me llevo a la iglesia, pero antes de entrar escuche a Yura y a Irasue reírse de lo tonto que era InuNo, me regrese y al salir de la iglesia me tope de nuevo con él, le dije que no le daría su amuleto y gustoso me llevo a mi casa. A las dos semanas visitaba un jardín botánico y me lo encontré de nuevo, pero esta vez llevaba a su hijo, desde ese día comenzamos a salir y nos casamos a los ocho meses.
― Que hermosa historia.
― InuNo aparenta ser rudo por fuera pero en realidad es amable y tierno. De hecho, Inuyasha es igual.
― ¿En verdad?.― desde que conocía a Inuyasha ella siempre había visto su lado amable, excepto cuando Tsubaky fue.
― Solo se comporta diferente con las personas que le importan, apuesto que contigo es un amor.
― Desde que lo conozco siempre me ha mostrado un lado amable y tierno.
― Eso quiere decir que desde el principio has sido importante para él.
― Hace tiempo vino una amiga de Kikyou, ella dijo que Inuyasha siempre fue muy romántico con ella.
― El que le diera cosas no quiere decir que fuera romántico, solo le daba lo que ella quería. Inuyasha jamás ha mirado a Kikyou como te mira a ti, de hecho siempre te está cuidando, desde que salimos no ha dejando de vernos.
― ¡¿En verdad?!.
― Claro que si, ahora mismo lo está haciendo ¿Se te antoja un pastel? Mejor dicho, ¿Quieres que Inuyasha prepare un pastel?.
― ¿Él sabe hacerlos? En una ocasión cocinó pero no tenía idea que también hacía postres.
― Mi hijo es una caja de monerías, ve y dile "Inu, ¿Me haces un pastel?".
― ¿Si no quiere?.
― Querrá, vamos con ellos.
...
InuNo observaba a su esposa y a la joven, ahora se sentía mal por haber dicho aquellas cosas sobre Kagome, en definitiva ella no era nada de eso.
― No te equivocaste con ella, es una linda chica, es lo que siempre quisimos para ti.
― ¿Pero?.― preguntó con temor, algo no andaba bien.
― Aprovecha estos días y atesora todos los recuerdos que tienes de ella por siempre.
― No.― dijo al intuir por donde iban las palabras de su padre.
― Lo siento, en verdad lo siento mucho.
― Estas bromeando, me castigas por lo que hice, está bien, ya entendí que hice mal, los decepcione, pero dime la verdad.
― Que más quisiera, en verdad. Pero en cuanto tu hijo nazca jamás la veras de nuevo, a menos que tu y Kikyou decidan tener otro por medio de ella.
― ¡Inu! ¿Podrías...― se detuvo de inmediato al ver que el ojidorado tenía los ojos llorosos.― ¿Qué pasa?
Inuyasha la volteó a ver, le había fallado, no iba a poder cumplir con su promesa. Kagome no se merecía que le hiciera eso ¿Por qué mejor no dejo las cosas como estaban? Todo hubiera terminado y ninguno jamás se hubiera enterado de los sentimientos del otro, jamás hubieran sabido que eran correspondidos. Tres semanas, tres semanas era lo único que les quedaba para estar juntos.
― Te amo, te amo...― repitió una y otra vez al abrazarla con fuerza, tal vez si lo decía mil veces alguien le escucharía, se apiadaría de ellos y les dejaría seguir juntos.
El rostro de Kagome se cubrió de lágrimas, ya sabía lo que estaba pasando, no era necesario que se lo dijeran, debería estar molesta con Inuyasha por no cumplirle, pero no lo estaba, una parte de ella siempre le dijo que algo como eso podía pasar y ella corrió el riesgo.
― ¿En verdad?― preguntó con ojos llorosos también Izayoi.
― A menos que ese bebé no fuera de alguno de ellos o que Kikyou también cancelara el acuerdo, nada se puede hacer.― explicó con voz cortada InuNo, estaba triste por su hijo, si pudiera hacer algo para que no se separarán lo haría.
Los días pasaron muy rápido, demasiado rápido. Pronto todo lo vivido en esos meses pasaría a ser solo un recuerdo.
Inuyasha miró de nuevo la fecha ¿Cómo decirle a Kagome que ya era hora de volver a Tokio? Su ingresó estaba programado para una dos antes de la fecha programada. Apretó los puños con fuerza, no era momento de ser débil, entró a su recamara y ella estaba acostada dormitando.
― Kag.― le llamó al acostarse a su lado.
― ¿Qué pasa?
― Mañana... Bueno tú... En realidad... Miroku me dijo que tu madre ya está en el hospital, entre mañana y pasado la operan.― dijo otra cosa, en realidad también debía decirle eso, pero no era a lo que iba.
― ¿En verdad? ¿No hicieron preguntas?
― Miroku y Sango se encargaron de eso, pero todo se lo han creído.
― Ella va a estar bien ¿Verdad?
― Claro que si.― dijo al besarla en la sien.― Otra cosa...― ya iba la parte más difícil.― Ya debemos empacar.
― ¿Mañana?― preguntó Kagome con un nudo en la garganta, el día más temido por los dos había llegado.
― No, hoy... Mañana nos vamos.― dijo al hundir su rostro en la melena de ella.
― Comprendo.― las lágrimas bañaban su rostro, su cuerpo temblaba por el llanto y buscaba con desesperación el del chico.
― No llores, por favor, no me gusta que llores.― pidió al limpiar su rostro, lo que menos quería era verla en ese estado.
― Entonces tu tampoco lo hagas.― le reclamó al notar que Inuyasha igual lloraba, no como ella, pero lo hacía.
Inuyasha estaba llevando las maletas al coche, mientras Kagome daba un último recorrido por la casa. Iba a extrañar ese lugar, lástima que jamás iba a poder volver. Paso por el cuarto de estudio y en la repisa del librero vio al dios perro, lo tocó con cuidado y una sonrisa melancólica se formo en su cara. Ella en verdad pensó que aquella figura les daría buena suerte, pero solo era un mito, los cuentos de hadas no existían.
― Kag, debemos irnos.― dijo Inuyasha al encontrarla finalmente, cuando salió de la casa se percató que ella no iba tras suyo.
― Ya voy.― dijo al apartarse del librero.
Inuyasha observo mejor y notó que ella había estado viendo la estatua del perro. Se acercó y la tomó.
― Quédatela.
― ¡¿Qué?!
― La compre para ti.
― No, fue para remplazar la que romp...
― Es tuya, aquello solo fue un pretexto para darte algo.― confesó.
Kagome asintió, Inuyasha quitó el mantel de una mesa y envolvió la estatuilla. Después salieron de la casa, Tashibana ya estaba en el coche y Kaede los esperaba en el jardín.
― Adiós Kaede.― se despidió Kagome.― [Muchas gracias por todo].
Kaede sonrió, iba a extrañar a esa niña, en las últimas semanas ella le había puesto muchas ganar para poder comunicarse con ella, logrando hacerlo bastante bien para las clases rápidas que tomaba con Inuyasha.
― [Fue un honor tenerte aquí, orare por ustedes].― se despidió con lágrimas, se sentía en parte responsable por todo, pero ellos estaban hechos para estar juntos.
― Pequeña, sube al coche.― pidió Inuyasha a Kagome y ella obedeció.― [Trataré de venir más seguido, gracias anciana y no te sientas responsable, solo yo tengo la culpa, jamás debí fijarme en ella].― dijo al intuir que Kaede había complotado contra él.
― [Cuídate y salúdame a tus padres].
Inuyasha asintió y subió al coche donde Kagome lo esperaba, el coche arrancó y la Kagome se perdió mirando el paisaje.
― Ven aquí.― pidió Inuyasha al atraerla a sus brazos, Kagome de dejo abrazar por él.― Sango llamó, mañana operan a tu madre.― comenzó a decir.― Te conseguí un departamento cerca de la escuela, no te preocupes por la renta, está a nombre de Miroku, nadie se dará cuenta, si decides quedarte allí después de terminar dile y será tuyo, si no, él y Sango te ayudarán a encontrar otro lugar.― la azabache le escuchaba, pero todo aquello era demasiado, ella no quería nada de eso, ella lo quería solo a él.― Tus cosas ya están allí, también la matrícula se pagará hasta que termines y Sango irá de compras contigo cuando lo necesites, puedes tener contacto con ellos, el acuerdo no dice que no puedas.
― No es necesario que hagas todo eso.
― Por favor, déjame seguir cuidando de ti, es lo mejor que puedo hacer, eso me hará sentir que no te pierdo.
― Inu.― dijo con su alma oprimiéndose.
― Escúchame bien.― pidió al hundir su cabeza en el hombro de ella y susurrarle el oído.― Aunque esté viviendo con Kikyou a ti es a la que amo, no importa que leas o que veas, no lo creas.― era consciente que pronto las revistas de espectáculos, de sociedad y la televisión estarían llenos de noticias sobre el "inesperado y secreto embarazo" de Kikyou.― Seguiré buscando la manera de regresar a ti. Jamás dudes que te amo, jamás.
Kagome volvió a llorar se aferró a la playera de Inuyasha, mientras que él la abrazaba con fuerza. A los pocos minutos Kagome ya estaba dormida, así era mejor, el viaje le sería menos pesado.
Era el segundo día de Kagome internada en la clínica y aún no había señales de que el bebé quisiera nacer. Los padres de Inuyasha, Sango y Miroku fueron a verlos; todos estaban preocupados por Kagome y el bebé.
Por su parte Inuyasha no se separó de Kagome, solo cuando iba por comida o al baño. Para él cada minuto era angustiante, por un lado daba gracias que su hijo aún no naciera, eso le daba más tiempo con Kagome, pero por otra parte estaba preocupado por su pequeño.
― ¿Cómo estás?― preguntó el chico al entrar con una bandeja de comida.
― Aburrida, pero bien.
Quedarse todo el día en ese lugar era tedioso, todo estaba tan tranquilo, cuando salía a caminar por el pasillo no había nadie, solo ella e Inuyasha.
― ¿Quieres ver una película?― sugirió al ver que sus amigos les habían llevado una laptop y algunos DVDs.
― Claro.
― ¿Segura aún no sientes nada?― preguntó al poner la laptop sobre una mesita de comida.
― Solo que se mueve.― contestó al tocar su vientre.
...
La mañana del cuarto día el médico que les atendía fue a revisar a Kagome y al bebé, después que ella rompió aguas, pero la chica no tenía ninguna contracción, realizo una ecografía y comprobó que el niño ya estaba acomodado para nacer.
― Si en 12 horas no tiene alguna contracción, induciremos el parto o haremos cesárea, de otra manera será peligroso para los dos.― dijo el médico al dar su diagnóstico.
― Está bien.― contestó Inuyasha.
― Les recomiendo que camine por lapsos breves, si surge algo me llaman.― dijo antes de salir.
― No pueden hacer cesárea.― dijo con miedo Kagome a Inuyasha.
― Tranquila, no se va a notar la cicatriz.
― No es por eso, tengo que ver a mis padres y se darán cuenta, de por sí tengo que explicarles que este subida de peso ¿Cómo explicaré una operación?.― en eso ella tenía razón, no podía posponer más el ver a sus padres, ya habían pasado muchos meses.
― Todo va a estar bien, estoy seguro que pronto las tendrás y si no, les pediré que lo induzcan.
― ¿Y si lo mejor es cesárea?― preguntó al borde de los nervios.
― Respira, vamos a caminar.
Por suerte después de nueve horas las contracciones comenzaron. Inuyasha no se había apartado de Kagome, no iba a dejarla sola. La ayudaba a caminar y distraerse, pero a cada hora el dolor se intensificaba en ella, dificultándole levantarse.
Pero si esas once horas habían sido un suplicio, las siguientes seis lo fueron más, debían esperar a que Kagome dilatará lo suficiente para que el bebé naciera.
― Tengo ganas de vomitar.― dijo en medio del dolor.
― Espera.― dijo al pasarle un cubo y ella de inmediato devolvió lo poco que había comido.
― Lo siento.― dijo después de que Inuyasha le pasara un vaso de agua y se enjuagará.
― No tienes porque disculparte.
Inuyasha la abrazó y beso en la frente mientras le daba masajes en la espalda. No le gustaba ver a Kagome en ese estado, ella apenas si dormía de a ratos y tenía su semblante pálido. Él no había pegado ojo en 26 horas, no es que no tuviera oportunidad de descansar los ojos, simplemente no quería dormir la angustia por Kagome y su bebé era mayor.
― Tengo miedo.― dijo en medio de lagrimas Kagome.
― No tienes porque, todo saldrá bien.― le tranquilizó, pero la verdad era que él tenía pánico de perder a Kagome, en esos momentos ella estaba pálida y débil, temía que ella no soportará el parto.― Estoy aquí contigo.― dijo al verla a los ojos.
― ¿Vas a estar conmigo cuando nazca?― preguntó al no estar segura si el contrato le permitía a Inuyasha estar cuando el bebé naciera.
― Les pediré que me dejen, trata de dormir y recuperar fuerzas.
...
A las nueve de la mañana del sexto día, Kagome entró en trabajo de parto. Inuyasha veía asustado como Kagome sudaba y tiritaba, aquello parecía ser mucho para ella y el miedo de perderla lo invadió de nuevo. Él intentaba ayudarla, dándole masajes, limpiándole el sudor, sujetando su mano, no le importaba lo que dijeran los que entraban, en esos momentos lo que menos le importaba era seguir aparentando no sentir nada por ella.
Se sentía realmente mal, todo su cuerpo le dolía, quería vomitar, tenía frío y calor ¿Cómo era eso posible? Tenía miedo, pero le tranquilizaba la presencia de Inuyasha, él la sostenía de la mano y secaba su frente con una toalla, pero en cuanto el doctor entró la realidad les golpeó.
― Me temo que no se puede quedar joven Taisho.
¡¿Cómo que no se podía quedar?!
― ¿Por qué no?
― Estoy al tanto del acuerdo y si esta en el nacimiento...
― Es mi hijo, quiero estar cuando nazca, solo hasta que nazca.― imploró y sintió que Kagome le apretaba más fuerte su mano.
― Lo siento, si lo dejo quedar se lo debo decir a la señorita Tama, ella me fue muy clara con ese punto.
¡Esa maldita perra de Kikyou!
― Entre más tiempo se tarde las cosas se podrían complicar.― dijo firmemente.
Para él era fácil permitirle aquello, era un padre que quería estar en el nacimiento de su hijo y la señorita Tama no estaba, pero esa mujer le amenazó, si dejaba que el joven Taisho estuviera en el parto ella se encargaría de destruirle su carrera.
― Yo me encargo de ella, solo deje que me quede.
― Lo siento, tiene que salir.
― ¡Sal ahora Inuyasha!― la voz de InuNo resonó en la habitación. En ese momento se alegraba de haber ido a ver como iba todo, logrando escuchar la conversación que tenía su hijo con el médico.
Inuyasha de malas obedeció e hizo lo más difícil que había hecho hasta ahora, soltar la mano de Kagome y salió del cuarto sin mirarla, ya que si lo hacía regresaría y no se apartaría de ella. Una vez afuera escuchó los gritos de Kagome y se giró dispuesto a regresar, pero su padre se lo impidió.
― No puedes estar allí.― le detuvo al ver sus intenciones.― Vamos a la sala de espera, tu madre está esperando.
― Ella va estar bien ¿Cierto?― preguntó al escucharla gritar más.
― Lo estará, debemos irnos de aquí.
Inuyasha dio un último vistazo a la puerta y a cada paso que daba los gritos se esfumaban, su corazón se trituraba dentro de él, su alma se desintegraba y las lágrimas no dejaban de salir de su ojos.
...
Sango y Miroku llegaron corriendo, en cuanto recibieron el mensaje de Izayoi salieron a la clínica. En recepción les informaron que estaban en una sala de espera privada y les indicaron como llegar. Al entrar vieron a Inuyasha sentado en una esquina, Izayoi e InuNo estaban sentados en los sillones. ¿Acaso había pasado algo malo?
― Inuyasha.― habló Miroku al ver a su amigo ajeno a todo.
― Siéntense, a estado así desde que no le dejaron estar en el parto.― dijo InuNo.
― ¿Todo está bien?― preguntó asustada Sango.
― Sí, solo es eso.― le tranquilizó Izayoi, a ella le dolía ver a su hijo en ese estado, parecía que había perdido su alma y de cierta forma así era.
― ¿Kikyou no llegó?
― No hace falta que este, de todas maneras en realidad jamás estuvo presente y aún así se las arreglo para joderme.― dijo enojado Inuyasha, ahora sabía que Kikyou jamás quiso un hijo, solo quería poder casarse con él.
Ya casi se cumplía una hora desde que dejo a Kagome y aún nada, nadie le decía como había ido el parto. Todavía escuchaba en su cabeza los gritos de Kagome y dudaba que algún día los olvidaría, ella tenía mucho miedo y él la dejo, todo indicaba que siempre la hacía sufrir.
― Taisho Inuyasha.― habló una enfermera.
― Soy yo.― dijo Inuyasha al levantarse de inmediato.
― Puede pasar a los cuneros.― e inmediatamente el chico la siguió.
― La señorita Higurashi ¿Está bien?.
― Por supuesto, fue algo difícil el parto pero va a estar bien, será atendida de la mejor manera.
― Quiero que se pueda quedar aquí hasta que este con fuerzas suficientes.
― Le diré al doctor y más tarde podrá pasar hacer el pago, es aquí.
Entraron a aquella habitación y su hijo estaba solo, al parecer solo en esos días su hijo fue el único en nacer. Se quedo parado frente al cunero, su hijo estaba envuelto en una manta blanca, su carita estaba roja y dormía tranquilamente.
― Es un niño muy sano, no tiene ninguna complicación.― informó la enfermera.― Si ya tiene un nombre lo necesito para los registros, si no, no hay problema lo pondré como "niño Taisho".
― Hikaru.― contestó de inmediato.
― Está bien, lo dejo y felicidades.
Inuyasha asintió sin dejar de ver embelesado a su hijo, lo tomó en brazos con mucho cuidado, paso sus toscos dedos por la carita de su pequeño y él se revolvió en los brazos de su padre. Fue cuando vio una gota caer a la cara de su bebé, en ese momento fue consciente que estaba llorando, lloraba de felicidad, tenía un hermoso bebé al que amaba con locura, pero también de tristeza, ya jamás vería a su Kagome, el único recuerdo que le quedaba de ella eran las fotos, sus bellas pinturas en el jardín de Takayama; cada beso, cada sonrisa, cada caricia, cada mirada que ella le había dado y que estaban grabados en su mente y cuerpo.
Tenía el hijo que quería ¿Pero a qué precio? Ahora debía vivir con Kikyou y había perdido a su verdadero amor.
¡Lo sé! Es demasiado trágico pero todo tiene un "porque".
Muchas gracias por sus comentarios: joh chan, izumi, aky, elvi, Maritza y Claudiita.
Nos leemos en el próximo capítulo y espero sus mensajes ¿ok?.
27/09/2014.
