Notas del cap: Esta es la segunda parte y final de la mini historia que transcurrió en el mundo real. Finalmente se sabe que pasó con Deni y Zoro todo el tiempo en que el espadachín estuvo en aquel mundo.
Sigue narrado en primera persona por Deni.
Les pido miles y miles y millones de disculpas, por tardar tanto en subir este capítulo. Lamentablemente tuve algunos problemas que me impidieron tener tiempo para darle los últimos retoques, pero al fin lo terminé.
Que lo disfruten… y que les de pena ¡porque a mi si me dio! D: xD
oOoOoOoOoOoOoOoOo
Había pasado más de un mes desde que rompimos con Franco, mes en el que prácticamente ya había superado todo; sumando al hecho de que hace veintiún días Zoro comenzó a quedarse en mi casa, por lo que era obvio que ya había olvidado a mi antigua pareja.
Era un día sábado en el que me disponía salir a dar una vuelta, se supone que ese día sería norma, solo que cuando abrí la puerta me encontré con una gran sorpresa, estaba él ahí: Franco. No sabía a qué venía después de tanto tiempo; al parecer quería hablar algo importante, así que me vi obligada a dejarlo entrar, pero muy nerviosa ya que sabía que Zoro estaría por ahí cerca.
Luego de un momento me pidió una oportunidad, me dijo que quería volver conmigo y si yo estaba dispuesta a intentarlo nuevamente. Por supuesto no acepté, tratando de inventar miles de escusas al verme limitada en no poder decirle que conocí a alguien más.
—¿Cómo? ¡Es imposible! —comenzó a alegar un poco fastidiado—. Si terminamos hace un mes recién ¿Cómo es que tan luego te has olvidado? ¿Conociste a alguien mas cierto?
—No… —Aquellas palabras me descolocaron, provocando que me ruborizara. Tenía miedo de que Zoro escuchara esta conversación—, para nada. Es solo que el no verte, sumando a la desilusión que tuve cuando me dejaste hicieron que mis sentimientos ya no fuesen lo mismo —continué con algo de dificultad, a pesar de que lo que dije también traía bastante verdad—. Lo siento.
—Vaya —suspiró resignado—, por tu reacción veo que sí conociste a alguien. En fin, creo que llegué muy tarde, fue mi culpa y lo asumo.
—No creas cosas que no son Franco, lo nuestro no resultó, eso fue todo.
—Está bien —concluyó, levantándose de su puesto para dirigirse a la puerta—, bueno me retiro. De igual forma, espero nunca perder el contacto contigo mi niña, tú has sido muy importante para mí.
Dicho esto me sonrió y se fue. Por mi parte sentía que estaba ruborizada y con mucha vergüenza. Efectivamente Franco no estaba equivocado, había conocido a alguien más y ese alguien era justamente Zoro.
Me quede pensando mientras cerraba la puerta para luego mirar hacia un costado, cayendo en la cuenta que él estaba ahí: viendo y escuchando todo.
Dentro de mí había crecido un sentimiento demasiado fuerte por Zoro. Teniéndolo un mes en mi casa ya no estaba sola; compartía con él todo el día; me escuchaba y aunque fuese malo para los consejos siempre hacia lo posible por hacerme entrar en razón. Me gustaba estar con él y ojala nunca tuviese que separarme, aunque sabía que eso era imposible.
En ese momento me quedé mirándolo: estaba apoyado en el marco de la puerta con una presencia imponente y haciéndome una seña con el pulgar me quiso decir que estuvo bien lo que hice. Lo único que se me ocurrió hacer fue sonreírle, pero mayor eran mis ganas de decirle que realmente fue por él.
Al día veinte y tres de la llegada de Zoro calzó con el cumpleaños de mi mejor amigo y compañero de clases, por lo que quería celebrarlo en un bar que estaba cerca de la universidad. Intenté desistir un poco, pues también andaba con mi acompañante y no quería que se aburriese por no poder hacer nada, pero finalmente me terminaron convenciendo.
—¿Qué? —me preguntó enarcando una ceja— ¿Qué al final terminaremos yendo?
—Vamos Zoro —supliqué mirándolo directamente—, es solo por un par de horas.
—En ese caso, me voy solo a tu casa.
—¡¿Estás loco?! —. Al levantar un poco la voz en medio de la muchedumbre algunas personas me quedaron mirando, por lo que lo tomé del brazo acorralándolo en el callejón más cercano—, terminarías perdiéndote —concluí con tono amenazante—, mmm… lastima, yo que pensaba darte cerveza a escondidas.
—Entonces vamos —accedió cambiando completamente el tono de voz.
—Eres el peor —comenté sorprendida al ver como ese hombre podía ser tan bueno para beber.
—Y tú, manipuladora.
Finalmente entramos todos al bar, no sin antes explicarle a Zoro cuál sería el plan: ya que iba yo delante de los demás me aseguré con una mesa que estuviese en el último rincón y me senté en la silla pegada a la pared, por lo que él se sentó al lado mío pero en el suelo. Felizmente el lugar era bastante estratégico para que nadie sospechara.
Poco a poco fueron apareciendo los vasos con cerveza y así comenzó una conversación entre todos los presentes. En ese momento aproveché de darle un sorbo a mi copa y disimuladamente bajar mi mano con esta. Al primer intento Zoro me lo recibió, pero cuando me lo devolvió estaba vacía, ¿acaso no podía ser más disimulado? Lo miré con cara de querer aplastarlo ahí mismo.
—Tenía sed —respondió a mi mirada con total naturalidad y encogiéndose de hombros—, ten en cuenta que no bebo desde hace un mes.
—Oye Deni, ¿tan pronto te acabaste el vaso? —preguntó mi mejor amigo y cumpleañero.
—Una que parece que trae mucha sed —comentó mi compañera de al lado.
—Eh, —reí nerviosamente llevándome una mano a la nuca—, si. Es que hace mucho calor, ¿no creen? De todas maneras puedo comprar más, ya que hoy traigo muchas ganas de beber.
Pasaban las horas: dos para ser exacto entre que conversábamos y bebíamos. Cuando tenía oportunidad le daba cerveza a Zoro por debajo de la mesa, lo que al principio se me hacia divertido, pero después ya no. Más que nada porque me era incomodo que el estuviese ahí aburrido y porque también extrañaba estar hablando y compartiendo con él. No quería ser mala persona con mi amigo, pero a él lo podía ver siempre, a Zoro: ¿hasta cuándo?
Ya no aguantaba ni un minuto más, se me había ocurrido una maravillosa idea, así que inventé una escusa para retirarme del lugar sin que nadie me cuestionase.
—¿Por qué de un momento a otro nos fuimos? —preguntó Zoro mientras caminábamos rumbo a la estación de trenes—, las cervezas estaban buenas.
Solo sonreí y esperé a que no hubiese alguien cerca para hablarle.
—Oye, Zoro —comencé a decir con un leve tono de picardía—, ¿por qué no vamos a mi casa y así nos tomamos unas cervezas tranquilos? Estar en un bar con mis compañeros y que estés tú ahí sin que puedas hacer nada me aburre, prefiero que vayamos a casa. Además debes tener sed, ¿o no?
—Ah, y tú al parecer sigues con sed —respondió mirándome con su habitual sonrisa de medio lado—. Es bastante tentativa la idea, vamos.
Llegamos al supermercado que estaba a diez minutos de mi casa, felizmente no mas, ya que sabiendo todo lo que bebía él tuve que comprar aproximadamente diez botellas de cerveza. Y así, camino a mi casa ya iba apenas con las bolsas.
—Oye —me comentó tan pronto como avanzamos media cuadra—, dame algunas —dijo haciendo hincapié a los paquetes que llevaba en las manos—, que apenas te la puedes.
—Claro y dejar que la demás gente vea un par de bolsas flotando en la calle. Olvídalo, además queda poco.
Seguí caminando, pero en verdad ya me dolían las manos.
—Al menos déjame alivianarte el peso.
Sentí un enorme alivio en las manos como si ya no cargase nada, ¿por qué? Miré y la razón era que Zoro también había tomado del mango de las bolsas. Como era bastante angosto nuestras manos quedaron casi superpuestas; lo quede mirando algo impresionada y parecía que él estaba un poco ¿ruborizado? El corazón se me aceleró en cosa de segundos y rápidamente seguí mirando fijamente hacia delante sin decir ni una palabra.
Al llegar a mi casa nos dirigimos directamente al comedor a sentarnos; afortunadamente mis padres no llegarían ese día por lo que no tenía de que preocuparme.
—No quiero tomar de nuevo en vaso —interrumpió cuando yo estaba abriendo una botella para servir—, es muy lento.
—Serás insaciable, toma —. Simplemente no tenía remedio y eso me encantaba. Le hice entrega de una para que hiciera con ella lo que quisiese—. Bueno en ese caso, yo también tomaré así —. Así que abrí la otra botella para mí, al tiempo que extendía mi mano con esta hacía la de él—. ¿Kampai?
—Kampai —respondió regalándome una sonrisa, definitivamente se estaba mejor así: compartiendo en casa y solos.
Lamentablemente la tarde se me hizo demasiado corta, pero fue porque jamás en la vida me había sentido tan feliz compartiendo unos tragos con alguien. A pesar de que no pasó nada; solo conversamos y nos reímos. Pero para mí era lo máximo.
Zoro me contaba de sus aventuras en el Grand Line, junto a las locuras que hacía con sus nakamas, cómo derrotaban a los enemigos y vencían cada obstáculo. El escucharlo hacía que me diese envidia sana, me gustaría estar alguna vez en ese mundo. Yo solo le tomaba atención a lo que él me hablaba a la vez que lo miraba sin parar; me encantaba su voz, sus expresiones, su cara. Absolutamente todo de él me tenía en las nubes, era increíble la manera en que había llegado a querer a ese hombre, pero ni siquiera con unas copas encima me atrevía a confesarle mis sentimientos.
—Zoro… —no sabía cómo decirle, pero ya había pasado mucho tiempo y no veíamos resultados—, ¿qué crees que va a pasar? —Carraspeé la garganta ligeramente para ganar tiempo y así encontrar las palabras adecuadas—, hemos estado por casi un mes tratando de encontrar la forma en que regreses a tu mundo, pero ni siquiera una pista tenemos,
—Lo sé —me respondió casi indiferente, como si no estuviese preocupado—, pero no me preocupo, Luffy y los demás estarán bien. Algún día, de alguna forma volveré.
—Vaya veo que tienes bastante confianza —dije sonriéndole—. Supongo que este mundo se te ha hecho aburrido, ¿no?
Ante esa pregunta volvió a sonreír; ese día estaba muy sonriente, lo que me mantenía más feliz de lo normal. Debe haber sido porque a esas alturas, él ya había notado que con todo el tiempo que llevábamos viviendo juntos, había sido suficiente para conocerlo: las cosas que le gustaban, sus mañas, incluso notar si estaba aburrido o no.
—Si es aburrido —respondió para luego bajarse media botella de un solo sorbo—, no hay aventuras, enemigos. Demasiado tranquilo para mí gusto.
—Ya veo —Me dio un poco de pena el escucharlo, —aunque lo esperaba— pues eso quería decir que todo este tiempo estuvo aburrido.
—Pero no lo ha sido del todo —continuó para mi sorpresa y mirando hacia un lado, lo que me hizo notarle un pequeño rubor—, al menos caí en el lugar apropiado y con la persona indicada. Gracias por soportarme todo este tiempo.
Al oír eso me devolvió la alegría, me emocionaba escuchar esas palabras y más si eran de Zoro, quien no era una persona que se la pase diciendo esas cosas.
—No tienes nada que agradecer, de hecho yo soy la que debería estar agradecida —contesté feliz sin poder ocultar lo que sentía—, me has ayudado mucho ¡Gracias, Zoro!
Entre mi emoción y un poco de borrachera me lancé sobre él a darle un abrazo, pero al parecer fue tanto el impulso que provoqué que nos cayésemos de la silla. Y así quedamos en el suelo, con nuestros rostros a escasos centímetros.
Nunca fue mi intención el llevarlo a esa situación, estaba nerviosa y el solo me miraba ¿Por qué no se movía ni decía nada?
No sabía cuál era mi expresión, pero estaba tan nerviosa que se me debe haber desfigurado el rostro. Era primera vez que lo tenía tan cerca; sus ojos, me perdía en esa mirada, y sus labios… ¿y si lo intentaba? ¿y si le daba un beso? Era la instancia en que se creó la oportunidad, la que quizás nunca más iba a tener.
Me arrepentí, ¡mierda! ¿Por qué soy tan cobarde?
— ¡Vamos, Zoro, quiero que cada uno se quede con un recuerdo del otro! —dije desviando la conversación, para luego pararme e ir a buscar mi cámara— ¡Saquémonos una foto! ¿Te parece?
— ¿Qué? —preguntó enarcando una ceja mientras aun seguía sentado en el suelo— ¿Una foto?
—¡Si! —rápidamente programé la cámara para que fuese automático. Me posicioné detrás del apoyándome en su hombro pasando un brazo por encima; Zoro sonrió y finalmente la imagen se tomó.
A los siete días después fui a comprar una gargantilla, en la que dentro colocaría la foto de aquella vez. Como era un poco alto el precio por el momento solo compre una, la cual se la daría a Zoro de recuerdo; ojala le guste y la lleve siempre con él.
Llegué a mi casa y cuando entré sentí que algo raro estaba pasando, pues de mi dormitorio salía una luz extraña ¿Qué se le ocurrió hacer ahora a Zoro?
Entré y ahí estaba él con una expresión de asombro, parado frente a una inmensa luz que parecía flotar en mi cuarto. Cuando me vio intento decirme algo, pero al parecer no podía.
Con la curiosidad me posicioné al lado de él para ver que era esa luz.
Había llegado el momento...
Me quede totalmente en blanco con lo que vi: era una especie de portal a otro mundo, precisamente el mundo de Zoro, ya que se alcanzaba a ver algo a lo lejos.
—Cre - creo que llego la hora —logró decir con algo de dificultad sin dejar de mirar lo que tenía frente a sus ojos.
Lentamente se fue acercando al portal que lo llevaría de vuelta por fin con los suyos.
¿Acaso era posible? ¿Esos serian mis últimos segundos con él?
¡No, no quería!, sabía que era por su bien pero por mí que no se fuese nunca, ¿Qué podía hacer? ¿Nunca más lo volvería a ver? ¿nunca más estaríamos juntos?
La persona que había estado un mes viviendo en mi casa, se estaba yendo en frente de mis ojos de un minuto a otro ¿Por qué la vida me lo quita justo ahora?
Quería decirle tantas cosas: como que no se fuese, ¡que lo quería con toda mi alma! ¡que mi vida ya no sería lo mismo! Pero no lo hice, otra vez fui cobarde y no quería de ninguna manera forzarlo a nada, no era lo correcto. Al fin y al cabo éramos de mundos distintos.
Estando a escasos centímetros del portal se dio vuelta y me miró y, por primera vez pude notar un pequeño semblante de tristeza en él, ¿no debería estar feliz? En vez de tener una expresión de felicidad, era todo lo contrario, me miraba con tristeza ¿Por qué estaba triste?
Agaché la cabeza, el dolor era insoportable y si lo seguía mirando perdería la cordura, pues la pena me invadía el alma.
—Ven conmigo —escuché de repente esas palabras salir de su boca—. Estoy seguro que Luffy te recibirá.
¿Qué? ¿Irme con él? ¿Significa que podría irme con Zoro y navegar para toda la vida junto a él?
Nunca esperé que me dijera eso; significaba que realmente le importaba. Quería ir, ¡era lo que más quería en el mundo!, pero sabía perfectamente que no podía ¿Qué pasaría con mis padres, cuando se dieran cuenta que me perdí para siempre?, les causaría un inmenso dolor.
Empecé a llorar como si me hubiesen estado quitando la vida de a poco y corrí para abrazarlo. Eran nuestros últimos momentos, por lo que no dudé en hacerlo y acto seguido escondí mi rostro en su pecho; no quería que me viese llorando, no quería que se diese cuenta lo mucho que me dolía esta separación. Él también me respondió —para mi gran sorpresa—, me abrazó con todas sus fuerzas apoyando su rostro entre mis cabellos.
Era la primera vez que Zoro me abrazaba, pero creo que ese abrazo valió por miles de veces. Estar entre sus brazos no tenia comparación con nada y, saber que tenía la misma pena que yo me hizo entender que al menos me había tomado cariño.
Y bastó ese momento para armarme de fuerzas: en un arranque finalmente lo besé.
Por fin me había armado de valor y creo que fue lo mejor que pude hacer, los labios de Zoro eran suaves, cálidos, de un sabor algo dulce, en definitiva no había comparación con nada ni con nadie.
Entre la emoción no me di cuenta si me lo respondió, pero el portal cada vez se hacía más pequeño por lo que deshice el beso, y basto con darle un pequeño empujón para que cayese en el volviendo a su mundo. Mientras caía nuestros ojos jamás dejaron de cruzar miradas, luego saqué de mi bolsillo la gargantilla y la arrojé también para que se llevase un recuerdo de mí.
Al segundo después el portal se cerró, liberando energía que hizo que me azotara contra la pared quedando inconsciente.
Dos horas más tarde desperté ¿Qué había pasado? ¿Por qué estaba en el suelo?
No recordaba nada; todo lo que había vivido con Zoro fue borrado de mi memoria. Aquel día: hace un mes atrás cuando entré al tren veía a las mismas personas de siempre, fui a clases como todos los días y en mi mente solo quedo la idea de que mi vida nunca sufrió ningún cambio.
El hombre a quien más había aprendido a querer en tan poco tiempo, desapareció de mi mente como si nunca lo hubiese conocido.
oOoOoOoOoOoOoOoOo
Estoy a poco de soltar una lágrima, realmente me dio pena escribir eso último )= xD
Nota: si mas lo recuerdan: en el capitulo "fiesta" Zoro y Deni chocaron sus copas, haciendo que el espadachín se sintiese algo extraño. Pues justamente fue por esos momentos :P
