TRECEAVA PARTE (penúltimo)

Ranma ½ y todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi.

La mañana llegaba a Nerima y con ella el canto de las aves se hacía presente. Kasumi, de sonrisa siempre amable, se encontraba cocinando el desayuno como era costumbre mientras que otra chica de cabello castaño y corto se alistaba con el uniforme de la escuela preparatoria quien una vez lista, bajó las escaleras para desayunar.

-Buenos días Nabiki -saludó la mayor de las Tendo mientras acomodaba la comida sobre la mesa.

-Buenos días Kasumi -saludó una animada Nabiki revisando algunas fotografías en sus manos.

-Hoy te levantaste muy temprano, ¿harás algo en especial en la escuela? -preguntó con curiosidad viendo a su hermana sonreír guardando dentro de su mochila los pequeños cuadrados de papel mate que tenía en las manos.

-Así es hermana, tengo algo muuuy importante y especial que hacer -terminó de acomodar sus cosas dentro de la mochila y miró a Kasumi -Incluso puede que traiga helado para toda la familia más tarde, cortesía de esta nueva estampa familiar -le extendió a Kasumi una fotografía.

Kasumi tomó la foto en sus manos y la observó detenidamente. Una sonrisa más amplia de la habitual se fue dibujando en su amable rostro e incluso colocó una de sus manos sobre una mejilla y ladeó la cabeza en clara señal de encanto por lo que sus ojos veían.

-Nabiki si llegan a enterarse…

-Qué más da que se enteren. Ese par no hacen más que perder el tiempo por tontos y orgullosos y mientras sigan así yo puedo sacar algo de provecho -bebió de su té tranquilamente -Así que guarda bien eso en el álbum familiar hermanita.

-Está bien -se retiró llevando la foto entre sus manos, las cuales llevaba pegadas al pecho.

-Bueno, será mejor que me marche de una vez – Nabiki terminó lo que quedaba en su tazón y salió sonriente -¡Nos vemos! -se despidió de su hermana mayor.

Kasumi, por su parte, sacó de uno de los cajones lo que parecía ser un álbum de fotografías, donde buscó un espacio para colocar la que le había entregado Nabiki minutos antes. Se quedó ahí, observando cada una de las imágenes que integraban la colección.

-Ay no… debo darme prisa antes de que los demás bajen a desayunar -regresó el álbum a su sitio y se encaminó de nuevo a la cocina.

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Akane sintió la luz del día que invadía su rostro obligándola a abrir los ojos. Percibió su cuerpo pesado pero sin duda mucho mejor que la noche anterior con todo el alboroto de las autoproclamadas e incomodas disque prometidas de su pelinegro. Le tomó unos minutos poderse sentar. Tocó su frente para corroborar la temperatura y comprobó que se encontraba en perfectas condiciones. Miró por un lado de la cama y observó la pequeña vasija con rastros de agua y conteniendo un paño en su interior.

-Ranma… -dejó escapar suavemente el nombre de su prometido, recordando con emoción y ternura los últimos momentos antes de quedarse dormida, pues no podía negar que había disfrutado de los cuidados que su atolondrado prometido le había proporcionado con preocupación y hasta delicadeza. Extrañamente se sentía renovada de energías y hasta más saludable, por lo que no dudó en buscar su uniforme para prepararse e ir a la escuela. Fue en ese momento cuando se percató de las cosas que se hallaban perfectamente acomodadas entre su ropa. Estaba completamente segura de que se había deshecho días antes de algunas prendas que, a su parecer, no le sentaban nada bien. Con curiosidad observó que no todas estaban de nuevo en su lugar, solamente algunas regresaron y pudo notar que compartían el color o la forma. Se talló los ojos y miró de nuevo, corroborando que no estaba alucinando.

-Pero qué… -expresó pensativa.

Decidió no darle más vueltas al asunto y tomó solamente lo necesario para ir a la escuela y justo cuando sacaba su ropa escolar, un listón en tono rosado se deslizó hasta caer al suelo. Tras levantarlo se le quedó mirando detenidamente y luego miró hacia la ropa doblada que repentinamente había vuelto a su repertorio. Algunas de ellas también eran rosas. Dejó aquel detalle de lado, poniendo el listón sobre la cama a un lado del uniforme.

Se apresuró a apagar la lámpara de escritorio cuando miró otro tanto de objetos que también se supone ya debían estar en algún depósito de basura dentro de Nerima. Sacudió su cabeza para despejarse; se dio palmadas suaves en las mejillas y fijo la vista de nuevo. Sí… eran algunas de las revistas de cocina que ella había envuelto en un gran paquete para tirar. No eran todas las que había colocado por un lado del cesto de basura, eran solo algunas cuantas en las que venían las recetas más sencillas. Desde cómo hacer bolas de arroz sin mayor ciencia hasta platillos medianamente más elaborados pero sin representar un caos en la cocina de Kasumi en caso de que ella intentara hacerlos. Dejó las revistas como las había encontrado y suspiró sin saber la razón.

-Supongo que… que aún necesito estas cosas… -una pequeña sonrisa quería imprimirse en su rostro de porcelana pero no fue hasta que volvió a mirar el listo rosado en la cama, que sonrió por completo.

-¡Rayos se me hace tarde!

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Luego de un rato Akane bajó apresurada las escaleras encontrando a Kasumi al pie de estas, ya que estaba a punto de ir a ver si la menor de las Tendo se encontraba mejor de salud. Garo fue para Kasumi darse cuenta de que Akane se notaba especialmente radiante e incluso se notaba diferente en su arreglo para la escuela.

-Oh Akane, buenos días. ¿Ya te sientes mejor?

-Buenos días, Kasumi. Sí, ya me siento mejor -sonrió ampliamente.

-Me da gusto, eso quiere decir que el medicamento que le pedí a Ranma que te diera funcionó de maravilla -correspondió a la sonrisa de su hermana menor.

Akane sintió el calor subir hasta sus mejillas y no pudo más que desviar la vista de su hermana pues no había sido su medicamento lo que había restaurado su salud y más allá.

-Bu-bueno la medicina no… en realidad… Ranma… -las palabras, no encontraba las palabras adecuadas.

-Lo importante es que estás bien hermanita -Kasumi quiso ayudarla al notar el evidente nerviosismo -Por cierto, ¿podrías despertar a Ranma? Sería bueno que desayunen bien antes de ir a la escuela.

Akane asintió y acto seguido subió las escaleras. Aún mantenía la calidez en las mejillas y a cada paso le parecía que era mayor, pues no sabía exactamente cómo se supone que debía comportarse con él luego de haber sido cuidada durante la noche por el azabache. Su corazón se aceleraba a cada centímetro recorrido, podía escucharlo en sus oídos una vez que estuvo de pie al frente de la puerta corrediza. Se tuvo que colocar una mano en el pecho para tranquilizar su corazón y respiró profundamente. Normal, debo actuar normal…

-¿Ra.. Ranma? -preguntó tímidamente y esperó encontrar respuesta del otro lado, cosa que facilitaría la situación pues le diría que el desayuno está listo y se iría sin tener que mirarlo a los ojos, esos ojos azules que seguramente le harían sonrojar de nuevo y aún más. Sin embargo, la respuesta no llegó.

Se asomó de apoco dentro de la habitación. Agradeciendo no encontrarse con el panda recorrió la puerta un poco más y vio con claridad la figura recostada de su prometido. Irrumpió en la habitación con sigilo, cuidando que sus pasos no lo despertaran. Sus nervios la sofocaban, sentía el calor en su espalda y ese ligero sudor en la espina que nadie sabe que la invade en situaciones como ésta.

Una vez estando de pie a un lado de Ranma se percató de la postura por demás relajada del azabache. Estaba totalmente destapado, con brazos y piernas distendidos sin formar alguna posición en concreto. La boca ligeramente abierta, dejando salir su respiración tranquila y profunda. Akane sonrió casi enternecida al notar el evidente cansancio en el chico de la trenza. Ella pudo dormir gracias a él y él, sin embargo, veló por su salud sacrificando horas de sueño. Pobre, debió quedarse hasta muy tarde, se le ve tan profundamente dormido porque seguramente está cansado… la peliazul sonrió sería muy cruel de mi parte despertarlo, no tiene caso que vaya a la escuela…

Se agachó hasta colocarse en el suelo para poder verlo de cerca. Con todo y la boca abierta Ranma se veía atractivo, porque el condenado lo era sin tener que esforzarse. Akane se sonrojó de nuevo al descubrirse hipnotizada por la visión de su prometido dormir como un niño. Temblorosa y tímida, una de sus manos llegó hasta el rostro del azabache para apartar uno de esos mechones rebeldes que amenazaba con ocultar aquellas espesas pestañas, así que recorrió ese flequillo y, como guiada por un traicionero impulso, acarició suavemente su frente y luego una de sus mejillas. El rostro de la peliazul se puso de mil colores ante sus actos atrevidos desde su punto de vista. A punto de quitar la mano estaba cuando el chico, por causa del contacto que ella tuvo en su rostro, se giró ligeramente atrapando la mano de ella entre la mejilla del azabache y la almohada.

Aayy… ¡no puede ser! ¡Akane tonta! Se recriminaba en sus adentros mientras intentaba sacar su mano, cosa que resultaba difícil si pretendía no despertarlo. La boca semiabierta de Ranma pasó a ser una sonrisa, como sumido de repente en un sueño agradable. Akane comenzó a sudar frío ante la situación vergonzosa en la que su prometido, o cualquiera que entrara, podría verla. De pronto se le ocurrió tocarle la mejilla contraria y tal como ella esperaba, el cosquilleo hizo que el chico de la trenza se moviera incómodo por ese contacto, con lo que ella pudo quitar su mano de inmediato. Se levantó con todo el cuidado del mundo y salió en reversa apoyada siempre sobre las puntas de sus pies casi con el arte de un ninja.

Tras cerrar la puerta dejó salir todo el aire contenido de sus pulmones. Tuvo que propinarse unas palmaditas en la cara para volver en sí y luego salió lo más rápido que pudo hasta llegar al comedor donde estaba el resto de la familia desayunado.

-Akane ya está servido ¿y Ranma? -preguntó una curiosa Kasumi.

-Si… sigue dormido, la verdad es que se nota cansado y creo que merece descansar después de todo no hay nada urgente para entregar en la escuela… -explicó una ligeramente nerviosa Akane.

-Está bien, pero tú debes comer adecuadamente, recuerda que tus defensas aún pueden estar bajas.

-¡Sí!

-Buenos días hija, hoy te ves diferente -saludó el patriarca

-Sí Akane, te ves muy bien esta mañana -secundó los halagos el señor Saotome

-¿Verdad que sí Saotome?

-Por supuesto que sí

-Oh… gracias -respondió alegre y apenada por tanto cumplido. Comió su desayuno tan rápido como pudo y luego tomó su maletín.

-Me tengo que ir. ¡Nos vemos más tarde!

-¡Cuídate mucho! -se despidió Kasumi, pero Akane ya se había marchado.

Tanto el señor Tendo como el señor Saotome se quedaron mirando uno al otro sin comprender la repentina prisa que tenía Akane por irse pero se limitaron a reírse como era costumbre antes de seguir bebiendo té.