PEQUEÑOS MOMENTOS
~ Eclipse ~
Con cierta dificultad, debido a las pesadas cargas que transportaba, consiguió abrir esa puerta que raras veces se abría, pero que era el sitio perfecto para disfrutar del acontecimiento que tendría lugar la noche de hoy. Se trataba de la terraza, (una forma de calificarla muy generosa) que quedaba en lo alto del edificio donde residía Yamato Ishida, la cual no se conservaba demasiado limpia que digamos, solo tenía un par de armarios para las instalaciones de gas y electricidad del edificio, que emitían un ruido infernal. Sin embargo, en el día de hoy, el rubio ni lo notaba, estaba como ido, tanto, que ni se dio cuenta de que no mantenía la puerta abierta para quien venía detrás con la hamaca, las mantas, un radiocasete y hasta una guitarra.
-¡Yamato!.- pegó un grito, sin poder evitar que la puerta le cazase el cuerno.
Fue entonces cuando Ishida se percató de su presencia y de malos modos, dejó en el suelo el pesado maletín que llevaba y la neverita y fue a ¿socorrerle?
-Gabumon eres un torpe.- dijo de mala gana, sujetando la puerta.
El digimon se revolvió.
-Encima de que llevo tus cosas.- murmuró con enfado.
-Eres tú quien quería la hamaca.- hizo un gesto despreciativo el rubio.
-Y tú todo lo demás.- señaló el digimon indignado.
Ishida hizo un gesto con el dedo para que cerrase el pico de una vez por todas, seguidamente, se agachó para abrir su misterioso maletín.
Gabumon observó los movimientos de su compañero, como sacaba con sumo cuidado un telescopio y lo empezaba a montar. Negó e hizo lo propio con su hamaca.
-Que gruñón eres.- se atrevió a decir por lo bajini.
Ishida gruñó, pero no respondió.
En efecto, estaba de un humor de perros, algo bastante paradójico teniendo en cuenta con la felicidad que había esperado esta noche durante tantos días, claro que cuando preparó este visionado nocturno que tanto tiempo llevaban anunciando lo hizo con su novia, ella era la que le tendría que acompañar ahora, pero, ¿con quién estaba?, con Gabumon que no dejaba de ponerle de los nervios, ¿y donde estaba Sora?, ni lo sabía, ni le importaba, claro que cierto digimon iba a meter el dedo, en este caso la garrita, en la yaga.
-Yamato, ¿no ibas a ver el elipse con Sora?
Ishida hizo tan mala uva por escuchar su nombre que casi se muerde la lengua, luego masculló unas cuantas maldiciones y se giró de malas formas a su compañero.
-Es eclipse, ¡eclipse!, la elipse es el movimiento que hace la tierra alrededor del sol y la responsable de este fenómeno, ¿es que no has aprendido nada?.- terminó, lanzándole un libro de astronomía para niños de cinco años, es decir, con sus dibujitos en relieve y sus sonidos de cohetes despegando y por supuesto con sus simpáticos marcianitos.
Gabumon lo miró un segundo, parecía que le prestaba atención, para después seguir comiendo su bolsa de aperitivos sin ningún interés, además, que no le había contestado a su pregunta.
-¿Y por qué no lo ves con Sora?
Yamato, que ya estaba otra vez inmerso en su telecopio, apretó los dientes con furia, aguardó unos segundos en silencio, como dejándolo pasar, pero entonces se empezó a enfurecer más y más, debido a ese molesto ruido que hacía Gabumon masticando esos malditos snacks, ¡así no había manera de disfrutar de este momento de armonía cósmica!
Se levantó, aprovechó para respirar ese pequeña ráfaga de aire que se había colado en esta calurosa noche y acto seguido se dirigió a su amigo y le arrebató la bolsa.
-¡Eh!.- protestó el digimon.
-Estamos aquí para disfrutar de una maravilla cósmica, ¡estate quieto!.- gritó, no dejando ni un rincón de la cara del digimon sin salivar.
Desde ese momento, Gabumon, sintiéndose un diminuto digihuevo se comportó y Yamato desvió la vista al cielo nocturno, según las previsiones la luna ya debería empezar a ser visible.
De nuevo su calma y armonía se hizo añicos en el momento en el que se oyó el sonido de una lata abriéndose, los tragos, bastante escandalosos de su amigo y hasta algún que otro eructo.
El rubio desvió medio segundo la vista a su amigo, matándolo, más que eso, descuartizándolo, aunque el digimon, sin darse por aludido ni mucho menos, hasta le ofreció.
-¿Quieres?… a mí no me gusta.- puso cara de asco.
Yamato se desesperó al ver ese nestea de limón, o lo que es lo mismo, la bebida veraniega por excelencia de su novia y por supuesto que Gabumon también se había dado cuenta de ese detalle.
-Esto es lo que siempre bebe Sora, claro lo metiste en la neverita porque ella también iba a venir, ¿dónde está?.- preguntó sin ninguna maldad, aunque a Yamato le pareció que iba con mucha malicia.
Una vez más, Ishida trató de contenerse y hacerse el interesado mirando la bóveda celeste, no obstante, su enfado ya se estaba diluyendo, entrando ya en su frase de tristeza. Muy pronto le contaría todas sus penas a Gabumon y le pediría, de una forma que no se notase mucho, su consejo.
Brazos decaídos, mirada al suelo y algún que otro suspiro de desasosiego, Ishida ya tenía el modo receptivo "on" y Gabumon lo supo.
-¿Qué pasa?.- preguntó, bajando de su hamaca, encaminándose hacia él.
-No va a venir.- susurró, apoyando las manos en la barandilla.- hemos discutido.
-¿Le has dicho que está gorda?.- cuestionó el digimon.- porque Piyomon me dijo el otro día que a las chicas nunca se le puede decir eso.- explicó, haciéndose el sabio. A su juicio, entendía más de hembras que su despistado compañero.
-No es eso.- suspiró, por recordar su horrible discusión de esta mañana.- verás, ¿te acuerdas de su prima?
-¿Está gorda?
Mirada mortal de Ishida y Gabumon puso cara de digimon bueno.
-Es una prima segunda o tercera o decimocuarta que vive en algún lugar de la isla de Kyushu y que se va a casar. Hasta ahí no hay inconveniente, lo malo viene en el momento en el que a Sora la invitaron y ella dio por hecho que yo iría con ella a la boda, ¡como pudo pensar eso!
-¿En que consiste una boda Yamato?.- preguntó el digimon de la amistad con inocencia.
-Eh… uh… ah… pues en que… dos personas se casan y te invitan a comer y de fiesta.- explicó para salir airoso el rubio.
-¿Comer e ir de fiesta?, ¿puedo ir yo?.- se apuntó el emocionado digimon, para él era un planazo.
El chico hizo un gesto de desesperación.
-No lo entiendes Gabumon, lo malo de las bodas no es eso, son las personas que van, todo familiares inaguantables. Si de normal en una boda no aguantas ni a tu familia, pues imagínate ir a una boda con toda la familia de tu novia, es desesperante.
El digimon se encogió de hombros, era lo bueno de no tener lazos familiares con nadie, que no se tenía estos problemas. Lo más parecido que le podía pasar era ser invitado por Piyomon a la aldea Yokomon y siempre le habían tratado como un rey.
-¿Y por eso habéis discutido?, dile que no quieres ir y ya está.
-¡Que te crees que le dije! y ella me montó un drama, claro, como tampoco aguanta a su familia, quería compartir el marrón conmigo.
-¿Y no se supone que para eso son las parejas?.- cuestionó el digimon sabiamente.- ¿para compartir lo bueno y lo malo?
Esa reflexión dejó a Yamato sin nada que decir, en la teoría eso sonaba bien y fácil, pero en la práctica… solo el hecho de pensar en un fin de semana de viaje hasta Kyushu con los padres de Sora y una boda repleta de Takenouchis, le quitaban las ganas de vivir.
Gabumon lo miró e hizo un gesto inquisidor.
-¿Estás seguro de que no le dijiste que estaba gorda?, igual lo dijiste sin darte cuenta, hay muchas formas, como… estás rellenita, últimamente comes mucho, no entras en los pantalones, cuanto pesas, pareces un Whamon…
Y mientras Gabumon seguía inmerso en su mundo y Yamato resoplaba mirando al cielo, por fin, la chica por la que suspiraba esta noche apareció y se le dibujó automáticamente la sonrisa. Era más precioso de lo que había imaginado.
-Gabumon, ahí está.- susurró, para no perturbar este momento mágico.
El digimon buscó con la mirada lo que señalaba Yamato y abrió la boca al máximo al ver que la luna estaba siendo comida, casi no quedaba nada de ella.
-¡Está desapareciendo!.- exclamó alucinado.
-En realidad, somos nosotros los que la tapamos.- comentó, enfocándola con el telescopio.
-¿De verdad?.- cuestionó su compañero.
-Ajá, ¿es que no te has leído la pagina de eclipses?.- preguntó, haciendo alusión al librito que le había regalado.- en estos momento, la luna, la Tierra y el sol están alineados, de esa forma, la luna está siendo tapada por la sombra de la Tierra, impidiéndole llegar los rayos del sol.
-¿Y los rayos de la luna?, ¿Cómo se apagan?.- cuestionó el curiosos digimon, ojeando ese libro de una forma una tanto torpe.
Yamato dio una ligera carcajada.
-Burro… la luna no tiene luz, lo que vemos siempre son los rayos del sol reflejados.
-¿Y la Tierra tiene luz?
-Eléctrica.- sonrió, feliz por esta mini clase de astronomía.- tampoco, lo único que tienen luz son las estrellas, el sol es una estrella que está muy cerca de nosotros, tanto, como para poder iluminarnos de día y dejarnos en oscuridad de noche.
El digimon desistió seguir intentando aprender algo con ese libro y prefirió ver el acontecimiento con sus propios ojos.
-¿Y en el Digimundo también pasa esto?.- preguntó, encantado con esta nueva faceta de sabio de su compañero.
-Eh… uh…- titubeó Ishida, esas cosas no las daban en el club de astronomía.-… eh… pregúntale a Koushiro.- utilizó el comodín, decepcionando ligeramente a Gabumon. Definitivamente su compañero seguía sin ser el genio de los digidestinados.
La luna ya estaba a punto de desaparecer por completo, es decir, la alienación iba a ser perfecta, e Ishida no pudo evitar imaginarse como se vería ese acontecimiento desde ahí.
-¿Crees que algún día estaré ahí Gabumon?
El digimon sonrió.
-¿Me llevarás?
-Nunca iría sin ti.- aseguró el rubio con complicidad.
Se sentía incapaz de hacer grandes cosas sin su fiel compañero, en realidad, no concebía su futuro sin Gabumon. Era su amigo del alma, quien había estado a su lado desde los once años, quien le ayudó a ser como realmente deseaba ser.
Y el fenómeno cósmico se produjo de una forma más espectacular de la que ninguno de los presentes se esperaba, porque en vez de desaparecer la luna por completo se pudo volver a ver entera, solo que de un color rojizo.
-¡Es roja!, ¿a que nos hemos equivocado y estamos viendo Marte?.- apresuró a especular el digimon, buscando rápidamente su libro.
Ishida, completamente maravillado, no apartó la vista en ningún momento.
-Es precioso… - susurró ensimismado. Se giró molesto al percatarse por fin de los cansinos ruidos de los cajones de electricidad y gas.- así no hay quien aprecie este momento.
Caminó hasta su reproductor, era el momento oportuno de poner una relajante musiquilla que estuviese en armonía con el universo, en este caso, la elegida era "El Danubio azul" de Strauss, porque eso era precisamente lo que estaba haciendo el cosmos, bailando un vals en perfecta sincronía. Por el contrario, Gabumon estaba a cada segundo más asustado.
-Yamato, que creo que esto es presagio de fin del mundo o algo.
-Tranquilo Gabu.- le acarició un poco la cabeza, antes de agacharse para mirar por el telescopio.- eso se debe a que nuestra atmósfera refracta parte de la luz.
-¿Refraqué?.- preguntó él confuso, provocando una nueva carcajada de Ishida.
Era una noche idílica, el fenómeno lunar estaba siendo más alucinante de lo que había imaginado, Gabumon había parado de incordiar y la música por fin acompañaba, solo faltaba un pequeño detalle para que fuese perfecto, precisamente esa chica que tenía el cabello del mismo color del que se veía en estos instantes la luna.
-Ay…- suspiró con tristeza, por pensar en lo romántico que habría sido ver esto con ella.
Se extrañó al escuchar como una especie de eco, o mejor dicho, alguien había imitado su suspiro. Miró a Gabumon frunciendo el ceño, no le gustaba que le hiciese burla. Claro que al ver su cara de temor mirando esa luna sangrienta, supo que estaba demasiado asustado como para burlarse de él. Lo confirmó al escuchar una voz femenina.
-Oh Ishida, no solo me robas el corazón, esta noche también me has robado la luna.
Se dio la vuelta para cerciorarse de que en verdad estaba en cuerpo y no solo en psicofonía. Y ahí estaba, parada en la puerta y lo mejor de todo, con una radiante sonrisa.
-¿Sora?
Ella lo medio ignoró, arrastrado un gran paquete.
-Tengo un regalo para ti.- anunció, dejando cada vez más desconcertado a su chico.- para mi futuro astrónomo nerd.
El rubio observó el paquete como si fuese una aparición. Esto era demasiado inesperado, teniendo en cuenta que la última conversación que había tenido con su novia había acabado con ella colgándole el teléfono de muy malas formas.
-¿Para mí?.- preguntó, sin poder controlar unas sonrisa de niño ilusionado.
-¡Igual es un arma para luchar contra esa luna roja!.- exclamó Gabumon, realmente apurado, rezando para que Takenouchi sea su salvadora.
Todo lo contrario, era un instrumento, pero para poder contemplar con mayor detalle y plenitud el maravilloso fenómeno.
-¿Me has comprado un telescopio?.- preguntó Yamato, no creyéndose lo que veía.- ¡y menudo telescopio!, el mejor en el mercado para aficionados.
-Bueno…- sonrió Sora, feliz por ver a su novio tan emocionado.- así no tendrás que robar más el del club de astronomía.- comentó, mirando ese cutre telescopio con la pegatina de "pertenece al club de astronomía del instituto de Odaiba".
-Waa…- estaba en shock, pero no perdía el tiempo y ya lo estaba montando, quería usarlo cuanto antes.-… pero esto cuesta un pastón.
-¿Me lo dices o me lo cuentas?.- respondió la muchacha divertida. Oficialmente estaba en números rojos.- por cierto, no te voy hacer más regalos de cumpleaños, navidad, aniversario o cualquier otra festividad en los próximos diez años… bueno, alguna postal dibujada como mucho.
-Me parece justo.- asintió Ishida inmerso en su telescopio. En estos momentos Sora podría ser un marciano que no se habría dado cuenta.
Sora lo miró con ternura, mientras se asomaba a la terraza y se dejaba hipnotizar por esa mágica luna desaparecida.
-Tenías razón, es un acontecimiento que no te puedes perder.- suspiró la muchacha sin perder la sonrisa.
Yamato ni la escuchó, continuaba sumido en su nuevo telescopio, quien sí le prestó un poco de atención fue su compañero.
-¿Ya se ha casado tu prima la gorda?.- preguntó, extrañando a Sora y haciendo que Ishida volviese a tierra firma. Ahora que Sora había aparecido no quería espantarla por nada del mundo.
-Yamato, ¿le has dicho a Gabumon que mi prima está gorda?
-Eh… uh… yo, creo que no.- excusó, tratando de hacer memoria. Había despotricado tanto contra los Takenouchi que ya no se acordaba de lo que había podido decir.- pero… oye… respecto a nuestra discusión…
Seguía prefiriendo una patada en la entrepierna a ir a esa boda, pero no quería otra nueva discusión, además, tenía que compensar el caro regalo que le acababa de hacer su novia, por lo que estaba dispuesto a ceder, sin embargo, Sora volvió a sorprenderle.
-Olvídalo.- negó la muchacha.- tú tenías razón, quería que vinieses para tener alguien con quien entretenerme, porque la verdad que me entran ganas de pegarme un tiro cada vez que pienso en esa horrible boda. Pero bueno, es mi familia, soy yo la que tengo que aguantarlos, no puedo obligarte a eso.
Ishida la escuchó atentamente, sintiéndose un poco despreciable y, por qué no decirlo, marginado. Puede que no quisiese ir a esa boda pero le hacía ilusión saber que Sora sí quería que fuese, que sí lo consideraba de su familia. Como de costumbre estaba apunto de hacer una, como Sora la calificaba a estas alturas "yamatada", que consistía en decir que no a algo, hacerse de rogar hasta el límite, para que cuando ella cedía y dejaba de suplicarle, él entonces dijese que sí lo haría.
La chica intentó contener la risa al escuchar su balbuceo.
-Eh… bueno… uh, tal vez, pueda ir.
Cuando creyó que ya tenía controlado su ataque de risa, se volvió a él fingiendo seriedad.
-Yama, gracias, pero no hace falta de verdad. Va a ser un rollo…
Con una tierna sonrisa, Yamato la rodeó de la cintura.
-En ese caso, haremos un suicidio colectivo, pero no te voy a dejar sola, porque las parejas también están para eso, sino, en la invitación no pondría "y acompañante".
Takenouchi sonrió satisfecha, puede que le hubiese puesto la trampa y él como siempre hubiese caído, pero no, ella veía algo más en ese comportamiento. Veía su amor y devoción hacia ella, su completa determinación de que esto iba en serio, que era una relación madura y consolidada, que no tiraría todo por la borda por una rabieta infantil. Suspiró de felicidad, mientras, sin apartar los brazos que Yamato mantenía en su cintura, se giraba lo justo para quedar de espaldas a él, apoyada en su pecho, acariciando sus fuertes brazos y mirando juntos esa luna rojiza que ya estaba desapareciendo, la tierra ya se había movido, y la luz blanquecina característica de la luna que ya se empezaba a vislumbrar indicaba que el sol volvía a iluminarla. Todo regresaba a la normalidad.
-Gracias por venir.- dijo Yamato, apoyando el mentón en su hombro.
-Es un momento histórico, no quería perdérmelo por un enfado tonto, ¿Cuándo tendremos la oportunidad de poder verla otra vez así?.- cuestionó la pelirroja, a sabiendas de que los fenómenos cósmicos suelen caracterizarse por su escasa repetibilidad.
-En realidad, los eclipses de luna son bastante comunes.- apuntó Yamato, quitando un poco de magia al momento para llenarlo de ciencia.
Sora lo miró de soslayo. Su novio cada vez era más nerd y menos romántico, por lo que, para mantener ese tándem perfecto que siempre habían sido, ella tendría que ser cada vez más romántica.
-Pero nunca será este, tan perfecto. ¿Cuantas personas estaremos viéndolo en este momento?, ¿Cuántas personas estaremos conectadas porque miramos el mismo punto?, ojos de todo el mundo se reflejan en ella y de esa manera nos miramos los unos a los otros. ¿No es algo increíble como un simple trozo de roca sin vida puede unir a todo el mundo?
Yamato se dejó cautivar por las palabras de su novia, su tono cálido, dulce y amable de siempre le seguía enamorando como el primer día. Además, que Sora era de esa clase de personas que tenían la capacidad de enternecer y sacar su lado más dulce y amoroso a cualquiera, incluso a un gruñón como él.
-Por algo es nuestra luna.- apostilló Yamato, besándola cariñosamente en la sien.
Sin duda alguna, así era la noche perfecta que llevaban semanas preparando, con ellos, como dos enamorados que eran, balanceándose al son del vals que presidía la noche mientras se dejaban hipnotizar por esa preciosa luna que ya quería volver a salir e iluminar con esa luz, que aunque no fuese propia, era el préstamo más hermoso del universo.
Y aunque el baile cósmico jamás se detendría, dentro de poco volvería a ser algo rutinario, algo que casi nadie se molestaba en mirarlo, el momento del mundo pendiente del universo estaba terminando, el eclipse tocaba a su fin.
Sora se recostó más si puede en su novio y aunque la noche fuese cálida, este correspondió abrazándola con más fuerza, pero esta atmósfera de romanticismo fue rota por un molesto ruido.
Ambos jóvenes se giraron lo justo para echar una mirada recriminatoria a ese digimon, que ajeno a todo, apuraba la bolsa de sus crujientes aperitivos.
-Pues al final no se ha acabado el mundo.- murmuraba, con cierta decepción, sacudiendo las ultimas migajas en su boca.
La pareja se miró y se sonrió, para después fijar de nuevo la vista en la protagonista del día de hoy, confiando y deseando que esa tímida roca continuase siendo testigo, durante el resto de sus vidas, de su profundo amor.
-OWARI-
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N/A: aquí una nueva historia que fue inspirada por el precioso eclipse total de luna que tuvo lugar este día 15, el cual por supuesto no me perdí. Bueno, sin más, como futuro astronauta me imagino a Yamato súper emocionado e ilusionado con estas maravillas del cosmos y para que el fic tuviese un poco de miga y fuese un sorato, le metí el pequeño desacuerdo de mis chicos. Además que, ¿existe algo más romántico que contemplar un precioso eclipse lunar con la persona que amas?… bueno, que espero que os haya gustado, que los que tuvisteis la oportunidad disfrutaseis del eclipse y los que no, pues que estéis atentos al próximo, porque es un espectáculo que merece la pena contemplar. Miremos más al cielo y disfrutemos de estas pequeñas cosas que en realidad son grandiosas.
Espero que os haya gustado. soratolove/sorato4ever
Publicado:17/06/2011
