Casi todos los personajes de esta historia no me pertenecen, sino que son de la escritora Stephanie Meyer de la Saga Twilight.
.
.
AGUA HERVIDA
.
Heme aquí, ya al final, y todavía no sé qué cara le daré a la muerte.
.
Rosario Castellano.
.
De no ser porque estábamos en una situación seria, en otro momento me hubiese reído de lo ridículos que nos veíamos vestidos con trajes baratos del Renacimiento. Aunque Rosalie había hecho un buen trabajo consiguiendo disfraces tan específicos a último momento, se notaban que no eran los mejor. Pero por suerte servirían para el plan.
Nos encontrábamos los cuatro en silencio frente a la entrada lateral de la Casa Blanca, entrada que daba al salón donde se daba la fiesta. Edward y Emmett había estacionado los autos del lado de la salida de servicio por si teníamos que escapar rápido.
–Mis padres se reunirán en menos de cuarenta minutos en el despacho presidencial con los ministros de interior y economía. – Comencé a decirles, sabía de memoria los movimientos de mis padres porque siempre en todas las fiestas desaparecían en el mismo horario con las mismas personas. No era algo que todos notarán, pero era algo que sabía gracias a los años. – Por lo general, para no levantar sospechas suelen estar sin seguridad en la entrada. – Los tres asienten sin mirarme. – Deberán salir por el ala oeste para llegar más rápidos que ellos al despacho. El camino es sencillo, se tomarán con el despacho cuando el pasillo termine.
Sin preámbulos comenzamos a caminar hacía la entrada, les dije los nombres que debían anunciar para poder pasar sabiendo que esos invitados nunca asistían o sí lo hacían no eran puntuales. Cuando Emmett y Rose ya habían pasado, Edward jaló de mi en las escaleras logrando que trastabillara y chocara con su pecho. Solté un jadeo de sorpresa y reprimí una exclamación cuando sus labios devoraron los míos con urgencia. Fue un beso rápido y sin profundizar, pero intenso.
–Terminemos con esto de una vez. – Dijo tirando de mi mano para continuar el camino. No tuve tiempo de decir nada de la impresión. Por suerte, Edward nos anunció y pasamos sin problemas.
Las máscaras ocultaban nuestra identidad, pero pude distinguir a mis padres entre la multitud, a Alice y a Jacob.
–Mi madre es la que esta vestida como María Antonieta– susurré en su oído inclinándome sobre él para no cometer el error de que alguien nos oyera. –Obviamente, mi padre es quién se encuentra a su lado.
Edward asintió con la cabeza en silencio y sentí como se tensaba bajo mi mano.
–Quiero que dentro de media hora desaparezcas de aquí, Bella. No quiero que te veas involucrada y es algo que no voy a negociar. – su autoridad me hizo asentir. – Conoces esta mansión mejor que yo, escóndete y permanece ahí hasta que todo haya acabado, sé que sabrás cuando será.
No tenía nada que decir, porque no estaba segura de poder prometer algo así. No quería ver como enfrentaban a mi padre, pero tampoco quería que le pasara algo.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos al sentir la mirada de alguien sobre mi. ¡Mierda! Miré a todos lados y vi a Alice alzando una ceja en mi dirección ¡Doble mierda! Alice era inteligente, demasiado perspicaz, por lo que tenía que huir antes de que se acercará más.
Solté a Edward y le hizo un gesto con la cabeza para que no me siguiera. Él pareció comprender, porque se quedo en su sitio viéndome desaparecer. Caminar rápido entre la multitud con semejante vestido y tacones baratos no era una tarea fácil, mucho menos ahora que no podía cometer el error de caer y que todos me descubrieran.
Pase por detrás de mi padre que estaba hablando con el embajador de Alemania, y me escurrí por las cortinas abriendo uno de los tantos pasillos ocultos que tanto conocía. Mi objetivo era llegar a mi vieja recamara, cambiarme de ropa y estar lista para cuando Edward me necesitará. Porque algo en mi me decía que no todo saldría como queríamos y eso me estaba incomodando.
Ahogue un grito en mi mano cuando entre a mi cuarto y me encontré con Alice y Jacob sentados en mi cama.
–Te dije que era Bella, sino no habría venido aquí. – le dijo a Alice con suficiencia y luego me sonrió con comprensión. Cerré la madera que simulaba a puerta y entre en silencio. – Es bueno saber que estas bien, te echamos de menos.
Y antes de responder tenía a Alice abrazándome con fuerza y soltando un par de lágrimas dramáticas que hicieron que también me emocionará.
–¡Oh, Alice! Me hiciste tanta falta…
–¡Já! Lo dudo mucho al verte con ese bombón. – le saque la lengua de forma infantil y miré a Jacob esperando que dijera algo. También lo había extrañado. Mi mirada pareció decirle todo porque se acerco a mi y me abrazo cálidamente.
–Nos angustiaste tanto.
–Ni tanto. – dijo Alice. –Siempre les dije que ella estaba bien.
Jacob me soltó y yo comencé a quitarme el incomodo disfraz bajo la atenta mirada de ellos. Todo en mi cuarto seguía de la misma forma.
–Necesito que me ayudéis. He descubierto demasiadas cosas…
–…bueno era hora de que abrieras los ojos – me interrumpió Jacob. – Siempre estuve esperando que vieras lo que pasaba a tu alrededor y te rebelarás. Tarde pero sucedió.
Lo fulminé con la mirada.
–Como sea ¿Me ayudarán?
–Sino quisiéramos ayudarte no hubiésemos acudido a ti. – dijo Alice como si supiera todo de antemano. – He reconocido a Emmett. Jasper es amigo de él y me contó que la novia de éste y su hermano tenían problemas personales con tu familia.
Ok, quizá Alice si sabía todo. Incluso se tomo el atrevimiento de acercarse a mi placard y lanzarme ropa. No me queje, necesitaba vestirme. Me puse los jeans pitillos y la camiseta suelta. Deje el buzo de franela para después y me calcé unas zapatillas de cuero. Me quité el maquillaje en el baño y el ridículo peinado que Rosalie me había hecho adrede. Tenía mechas azules que habíamos podido teñirme en poco tiempo, no eran un gran cambio pero hacían que mi cabello chocolate se viera diferente.
Necesitaba esto, necesitaba ser la Bella cómoda que siempre me había gustado ser y que pocas veces podía. Cuando salí Alice me tendió una mochila de lona llena.
–Por si las dudas. Tienes ropa y artículos de limpieza. Espero que no sea necesario, pero tenla cerca.
Asentí en agradecimiento y miré la hora en el reloj de la mesa de noche. Faltaban cinco minutos.
–¿Estás segura, Bella? Sé que dije que siempre quiso que abrieras los ojos, pero eso no quiere decir que quiero que te pongas en peligro. Podemos escaparnos, yo cuidaría de ti hasta que pasará la tormenta. Tú no te verías expuesta a éste escándalo ni te asociarían con el atentado.
–No voy a dejarlo solo. Él se ofreció a entregarse por mí, a dejar sus ideales de lado. Yo no lo dejaré por miedo, menos cuando creo que hay que poner un freno a este caos. No puedo dejarlo, Jake, sé que no lo entiendes…
–La verdad es que no. No sé a quién intentas ayudar, no entiendo como en este tiempo has cambiado tanto, no acepto que te pongas en riesgo por cualquier persona.
–No es cualquier persona, Jake, estoy enamorada de él.
Alice suelta un gritito ahogado y Jacob me mira como si estuviese loca. Bueno, no era como si se estuviera equivocando demasiado, pero no iba a ceder ni darle explicaciones.
–No tengo nada más que hacer aquí. Estaré vigilando que nada te suceda, Bella, pero no arriesgaré la vida por alguien a quién no conozco y que ha logrado engañarte en este tiempo para que creyeras quererlo. No aceptaré esto, velaré por ti pero no pidas más que eso.
Y sin dejarme debatir salió de la habitación cerrando la puerta con cuidado detrás de él. Miré la puerta como sí ella fuera la culpable de quitarme a mi mejor amigo.
–No lo culpes, Bella, le has roto el corazón sólo necesita tiempo. – Mis ojos se llenaron de lágrimas, jamás había querido herirlo, pero tampoco podía darle lo que pedía. – Será mejor que te vayas, yo estaré en la otra salida controlando. Jacob estará esperando en la de servicio donde dejaron los autos.
Ni siquiera amague a preguntar como sabía ella eso, por lo que me escabullí por el pasillo escondido que había conducido a mi cuarto y camine a oscuras hasta dar con la puerta del despacho de mi padre. Abrí un poco y pude ver que Edward y Emmett ya estaban allí, imagino que Rose seguiría entre la multitud para no llamar más la atención, su sola presencia hacía que todos voltearan a verla.
Mi cuerpo temblaba involuntariamente, mis manos parecían un vibrador y mi mente no estaba clara. No sabía que pasaría, no sabía que vería ni que escucharía pero para lo que fuera no me encontraba preparada.
–Desde que mi sobrina desapareció de la fiesta junto a su amiguito y sin su amante, sabía que mi hija había regresado. – Trague saliva, cuando oí a mi padre hablar entrando al despacho ¡Jodida mierda! Ya esto empezaba mal. – Entonces todo fue muy claro, la pequeña mocosa me había traicionado. Juro que por un instante dude de quiénes podían ser, pero sacando cuenta de la edad de mis enemigos tenía que ser alguien lo suficientemente joven para enamorarla ingenuamente para que ella colaborara. Y sin esperarlo ¡BAM! – Salté en mi sitió agitada. –Señor Cullen, diría que es un placer verlo pero no voy a mentir por decoro.
–Con todos los delitos que ha cometido me sorprende que se acordará tan rápido de mi. Creí que mi familia le era insignificante.
–Y así es, por favor, no crea que he llorado por su familia todo este tiempo. Pero nunca olvido una muerte, siempre estoy preparado para que alguien intente vengarse de mí.
Las palabras de Charles me asquean y desde mi lugar veo los puños de Edward cerrarse y ponerse rojos. Esto no va a ir bien en ningún momento.
–Su familia fue un daño colateral para lograr un fin. Lo siento mucho, pero en el poder siempre hay bajas innecesarias para llegar a metas más grandes.
–Así que mi familia era tan insignificante y necesaria a la vez que mato a mi padre y los tacho de abusadores. Muy normal todo sin duda. Lo que no comprendo es como incluso metió en medio a su hija, presentándola como una desgraciada víctima cuando ella no estaba enterada de lo que sucedía.
–Mientras que el mundo estaba horrorizado por mi pobre hija abusada, detrás me encargaba de cosas más importantes que no debían salir a luz. La verdad es que los medios hicieron todo el trabajo e incluso me sorprendió cuando recibí una llamada del ministro soviético para presentarme sus condolencias. Repito, fue una baja necesaria.
La tranquilidad con la que hablaba Charles erizó los cabellos de mi cuerpo. No comprendía como en dieciséis años no había visto lo sínico que podía llegar a ser. Luego de eso, todo fue muy rápido, en un segundo Edward había dejado de estar apartado en un rincón del despacho y al otro estaba encima de Charles golpeándolo a puño cerrado. El hecho de que mi padre no se defendiera me alerto y desde mi lugar escuche pasos rápidos que se dirigían al despacho.
Decidí actuar, era hora de que nos fuéramos. Mi padre no se hubiese presentado sabiendo que estaban esperándolo ahí sin refuerzos. Era asesino y también un cobarde. Corrí hasta Emmett que al verme pareció comprender que debíamos irnos.
–¡Edward! – Grité cuando Emmett no podía separarlo de mi padre. Éste dejo de golpearlo y volteó a verme sorprendido. Entonces, con el repentino silencio escuchamos cuando ya estaban por entrar. Emmett aprovecho para jalarlo y nos metimos por la puerta de donde yo me había escondido. Justo al cerrar entraron al despacho, trabe desde dentro y escuche los golpees. Sólo era cuestión de tiempo. Éste era el camino más largo, pero ya no podíamos volver. Corrí guiándolos. Llegamos a mi recamara y me asome a la ventana, Jacob al escuchar que abría la ventana miró para arriba. –¡Debemos saltar!
Jake asintió y sin pensar en mi temor a las alturas, me lance dejándome atajar por él. Emmett y Edward saltaron sin esperar que nadie los atajará, no era como si lo necesitaran tampoco.
–¡Dios, Bella, te dije que esto pasaría!
–No es momento, Jake, debemos irnos.
Correr y hablar y temblar no era lo mejor. Estaba agotada y me estaba quedando sin aire. Desde detrás de mi Edward desbloqueo su Volvo y los cuatro nos metimos en él. Iba a echar a Jacob para que no se viera involucrado, pero no había tiempo. En cuento Edward arranco el auto vimos como el Jeep de Emmett se nos adelantaba, vislumbre a Alice en la ventana del asiento del acompañante, asíque ella también estaba con nosotros.
–Jasper me ha avisado que se están dirigiendo al aeropuerto nacional. –Aviso Emmett.
– ¿No es eso muy obvio? – Exclamó histérico Jacob y yo estaba de acuerdo con él, salvo que no podía hablar por los nervios. Jake me jaló hacía él notando que estaba fuera de mi y me arropó en sus brazos, pude ver como Edward nos echaba una mirada por el espejo central.
–¿Tienes una mejor idea?
–¡Pues sí! – y antes de que pudiera seguir su móvil sonó y atendió. – ¡Alice, estam…! ¡Gracias a Dios que eres sensata! De acuerdo, yo les indicó. Sí, sí. Bella está bien, esta traumada creo – frunció su ceño y bajo su mirada a verme– sí, está bien. Cuídate. Sigan al Jeep, vamos al aeroparque privado de unos amigos de Alice, nos están esperando.
Nadie debatió ni dijo nada, cuando el Jeep se perdió de vista, Jake les dio indicaciones del camino que Edward siguió sin hablar. Cada tanto veía como Edward me echaba una mirada por el espejo, pero no podía descifrarla. Todo en este momento era demasiado confuso.
–Nena, Alice sabe lo que hace estaremos bien. –Me susurró Jake, frotando mis brazos. –Sé que todo esto es demasiado, pero prometí mantenerte a salvo y lo estarás.
–Le he prometido a Bella que la cuidaría, no necesitamos de tus servicios. – Soltó Edward en un gruñido inesperado que me sobresalto en los brazos de mi amigo, quién me apretó más a él.
–Sí, me estoy dando cuenta lo bien que la has protegido. Es por eso que nos encontramos huyendo cual criminales en medio de la noche y siendo perseguidos por medio América. Sí realmente haces un buen trabajo. Y ni creas que no he visto la herida en la pierna de Bella o sus muñecas marcadas.
Solté un gritito que hizo que ambos desde sus lugares me miraran.
–Eso es un tema entre Bella y yo. Prometí protegerla, si te crees tan listo hubieses evitado que ella apareciera en el despacho.
–¿Eres estúpido? No entiendo porque ella esta entregándote su vida cuando si quiera la conoces, como si hubiese habido una remota oportunidad de retener a Bella cuando ella lo único que quería era acudir a tu maldito rescate. Al final muy macho te crees al lastimar a una mujer, pero ella tiene que salvarte de ser…
Edward dio un fuerte frenazo que de no ser por los brazos de Jake hubiese salido disparada. Miré para atrás para comprobar si nos seguía, no había nadie pero no iba a quedarme a esperar que apareciera.
–¿Pueden para su guerra de machos? ¡No es momento, Edward acelera! – Al parecer mi gritito histérico fue inesperado porque tres pares de ojos me miraron absortos.
–Bella tiene razón, dejen de jugar y ponte en marcha Edward no es momento de tu pelea con el chucho.
Jacob iba a responder pero le pegue un codazo con toda la fuerza de la que fui capaz. Edward refunfuño como un niño de cinco años mientras ponía el auto en marcha y aceleraba todo lo que el motor del Volvo le permitía.
Increíblemente y sin saber cómo, logré dormirme entre los brazos de Jacob.
Abrí mis ojos cuando sentí un movimiento extraño. Lo primero que vi fue una camiseta roja sobre un pecho fuerte, luego sentí unos brazos calientes que me cargaban. Conocía bien ese tacto y sabía que eran de Jake. Bostece y tire suavemente de su camiseta, para hacerle saber que estaba despierta y quería que me bajara. Él me miró, me sonrió de forma socarrona y siguió caminando conmigo encima. Me hubiese quejado más pero estaba agotada. Cuando se detuvo me sacudí y me dejo sobre mis pies. El frío de la madrugada me golpeó y mis ojos tardaron en acostumbrarse a la escasa luz.
Estabamos en una pista de aterrizaje, Emmett abrazaba a Rosalie mientras que Edward me miraba con el ceño fruncido desde una prudente distancia. Busque a Alice con la mirada y al no encontrarla me inquiete.
Jacob me abrazó desde atrás, me tensé bajo la atenta mirada de Edward, y me susurro al oído.
–Alice está preparando el avión con su amigo para que podamos partir.
Asentí calmándome y me sacudí de sus brazos, camine hasta Edward y me detuve frente a él confundida. Nos miramos, su mirada penetraba en mi. Luego vi como sus hombros bajaban un poco, relajándose.
–¿Estás bien? – soltó en un suspiro.
–Sí. – espero que dijera algo y al ver que el silencio se extendía decidí continuar. –¿Qué pasará ahora?
–Supongo que huir. Todavía no lo hemos decidido. – Se encogió de hombros y fruncí el ceño.
–¿Qué? ¡Sí estamos aquí para irnos!
–No. De hecho, estamos aquí para que tu huyas. Alice y el… chucho ese te acompañaran.
–Estas de broma– cruce mis brazos indignada. –Creí que iríamos todos.
–Creíste mal. Yo tengo que terminar con esto, Rose y Emmett quizá se les unan, es lo mejor pero todavía no lo han decidido.
–¡Ni de coña! ¡No te ayude…!
Me beso. ¡Descaradamente me beso para callarme! Lo aparte furiosa, aunque sé que se dejo empujar y que no fue por mi escasa fuerza.
–Te amo.
No supe que decir, me quede muda. Lo miré como si se hubiese vuelto loco y contuve el aire en mis pulmones. ¿No me había dado un discurso de que era pronto para sentimientos fuertes? Al parecer un día más cambiaba su perspectiva de tiempo. Por otro lado, no iba a negar que sus palabras me llenaban el corazón. Pero sentía que era una despedida y eso me aterraba.
–¡No se muevan, están rodeados! – escuchamos de repente una voz que sonaba de un amplificador.
Mi corazón se paralizo. Alice llego corriendo a nosotros completamente lívida. Edward me sostuvo fuerte por la cintura y Jacob se acerco a mí colocándose a mi lado.
Mierda, ahora si estábamos jodidos.
