Los personajes de Narutono me pertenecen, si no a Masashi-Sama. La historia tampoco me pertenece, es una adaptación.

Marjocavi: Hola! Gracias por tu comentario y hoy traje uno mas. Espero que te guste.

Mionecita :Hola! qué bueno qué te guste! generalmente estaré publicando a esta hora los días de semana. Los finde haré una maratón subiendo varios. Espero que te guste el capítulo y gracias por comentar!

Capítulo 12

Tal y como Kurenai había predicho, Hinata causó un gran revuelo.

Una verdadera multitud se había reunido para celebrar el regreso de Konohamaru, y el ambiente era festivo y ruidoso. El salón estaba brillantemente iluminado con numerosas velas. En uno de los ángulos, un joven tenía un laúd, mientras los criados se abrían camino en medio del gentío llevando bandejas de plata repletas de bebidas. En otro de los extremos se asaba un cochinillo, vigilado por una anciana con un atizador en una mano y una cuchara de madera en la otra. Esta última la utilizaba para alejar del cochinillo a los hombres que pretendían robar trozos de la carne antes de que estuviera lista para ser servida.

La alegre música y el clima festivo rodearon a Hinata apenas traspuso la entrada del gran salón. Comenzó a descender los escalones, e inmediatamente cesó la música. El músico levantó su mirada, y las voces se acallaron una a una, al tiempo que mujeres y hombres volvían sus rostros hacia ella.

Naruto se hallaba respondiendo a las interminables preguntas que le formulaba Asuma cuando su mirada tropezó con la imagen de Hinata, que descendía lentamente los peldaños. De inmediato perdió el hilo de sus pensamientos. También olvidó sus modales, ya que, en la mitad de una frase, volvió la espalda a su hermano y a su amigo, y fue hacia la escalera.

Si bien Naruto ya había tomado buena nota de su silueta, las suaves curvas del cuerpo de Hinata le resultaron más evidentes en ese momento. No le gustó mucho el corte de su traje, porque le pareció que mostraba demasiado de su figura, y consideró seriamente la posibilidad de conseguir otro tartán Uzumaki y colocárselo alrededor del cuello para que colgara sobre su pecho para que ocultara sus femeninos encantos de los ojos de los espectadores.

Maldición, pero estaba adorable.

Hinata percibió el ceñudo gesto de Naruto, y tuvo el súbito impulso de dar media vuelta y regresar arriba. Pero ya estaba a mitad de camino, y no estaba dispuesta a mostrarse cobarde retrocediendo de esa manera. Los ojos clavados en ella la mortificaban, el silencio era sobrecogedor. Varios de los hombres, se dio cuenta, parecían aturdidos; otros, atontados. Sólo los soldados de Naruto, los leales Chōji, Sai, Shino, Kakashi y Kiba, le sonreían, así que decidió mirarlos a ellos e ignorar al resto de los presentes, y al mismo Naruto, mientras seguía avanzando.

Naruto, sin embargo, no estaba dispuesto a ser ignorado. La esperó al final de la escalinata, y cuando llegó hasta donde él estaba, le tendió la mano. Vacilante, Hinata le tendió la suya y alzó los ojos hacia él. Turbada al comprobar que todavía la miraba con expresión furibunda, le sonrió con la mayor dulzura.

—Si no dejas de mirarme con esa cara, te juro que te voy a dar una buena patada. Así tendrás una buena razón para mostrarte furioso —le susurro.

Naruto quedó tan estupefacto ante su infantil amenaza que se echó a reir.

—¿Piensas que podrías lastimarme?

—Sin ninguna duda.

Él volvió a reír con una maravillosa carcajada parecida al trueno, ¡cómo le brillaban los ojos de pura malicia! De pronto, Hinata sintió que dominaba mucho mejor la situación y recuperó cierta dosis de confianza en sí misma. El resto de la gente prácticamente dejó de importarle.

Además, ya no podían seguir escudriñándola, ya que los hombres de Naruto la rodearon por los cuatro lados, tal como era su peculiar costumbre.

—Laird, no deberías permitir que los Sarutobi observaran de esa manera a milady. Es incorrecto.

—¿Y cómo quieres que lo impida? —preguntó Naruto.

—Nos alegraría mucho ocuparnos de eso —se ofreció Shino, con un deje de ansiedad en su voz.

—Sí, haremos que tengan que olvidarse de sus lujuriosos pensamientos—murmuró Sai.

Kiba le dio un codazo en las costillas.

—No uses la palabra "lujuria" delante de milady —le reprochó.

Gracias a Dios, se reinició la música y los invitados reanudaron sus festejos.

Mientras respondía a una pregunta que le formulara Shino, Naruto no soltó su mano, y como no la miraba, Hinata fingió estar prestando atención a lo que decía para poder mirarlo. Era tan escandalosamente apuesto que se preguntó si tendría conciencia de cómo afectaba a las mujeres.

Esa noche también parecía peligroso con sus largos cabellos rubios sobre los hombros y su barba de un día. Era evidente que se había aseado, porque su cabello aún no estaba del todo seco, y tenía puesta una camisa blanca que, o bien la llevaba entre sus pertenencias o bien le había prestado Asuma. Su piel parecía aún más bronceada en contraste con la tela blanca, y llevaba el tartán Uzumaki atado con un nudo sobre uno de sus anchos hombros.

Vio que ella lo estaba mirando. El brillo de sus ojos celestes la dejó sin aliento, y sintió el súbito impulso de hundirse en sus brazos y borrar con sus besos ese gesto malhumorado de su rostro. En lugar de eso, soltó un suspiro y dio gracias a Dios porque él no pudiera leer sus pensamientos.

—Sugiero que llevemos afuera a los soldados de Sarutobi, y les digamos un par de cosas, laird —ofreció Chōji.

—Un puño es más convincente que las palabras Chōji —dijo Kiba—. ¿Qué podríamos decirles que los convenciera?

Hinata no había prestado demasiada atención a los gruñidos de los hombres, hasta que escuchó la palabra "puño".

—Esta noche no habrá ninguna pelea —ordenó—. Esto es una celebración, no una riña.

—Pero, milady una buena pelea siempre es motivo de celebración —protestó Sai.

—¿Estás tratando de decirme que vosotros disfrutáis peleando?

Los soldados se miraron unos a otros, evidentemente perplejos ante su pregunta. El habitualmente huraño Shino incluso esbozó una sonrisa.

—Efectivamente, es lo que hacemos —responclio Kiba.

Hinata esperó que Naruto pusiera punto final a tan indignante conversación, pero éste no pronunció palabra. Cuando ella le apretó la mano, se limitó a retribuirle el apretón.

—No me interesa si lo disfrutáis o no —comenzó a decir Hinata—, laird Sarutobi se disgustará mucho si causáis problemas precisamente esta noche.

—Pero, milady, sus soldados no hacen más que miraros, No lo podemos permitir.

—Sí podéis.

—Es una actitud insolente —explicó Sai.

—Si alguien me está mirando, es por culpa mía.

—Sí, es culpa tuya —dijo Naruto, rompiendo finalmente su silencio—. Esta noche estás condenadamente hermosa.

Hinata no logró decidir si se sentía halagada o irritada.

—Sólo tú puedes hacer que un cumplido suene como una crítica.

—Era una crítica —le respondió él—. Simplemente, no puedes tener el aspecto que tienes y pretender que los demás te ignoren. Es culpa exclusivamente tuya que los demás te estén mirando de esa forma.

Hinata apartó su mano con violencia.

—¿exactamente qué debo hacer para cambiar mi aspecto?

—Es vuesto cabello, milady —explicó Kiba—. tal vez podríais atarlo, por esta noche, y cubrirlo con un manto.

—No haré nada semejante.

—También es el vestido que tiene puesto —decidió Kakashi— Milady... ¿no podríais buscar algo menos... ajustado... para poneros esta noche?

Hinata, bajando los ojos, se contempló y luego volvió a levantar los ojos.

—¿Teparece que me vendría bien un saco de harina, Kakashi? —preguntó.

El recio soldado pareció estar considerando seriamente tal posibilidad. Hinata puso los ojos en blanco, fastidiada.

—Esos soldados que pueden haber estado contemplándome tal vez estaban perplejos al verme usar el tartán de Uzumaki. No debería habérmelo puesto.

—¿Por qué no, milady?– pegunto Chōji—. Nos gusta verla con nuestro tartan.

—Sólo un Uzumaki debería usar el tartán —replicó ella—. Y no debería proclamarme algo que no soy. Si me disculpáis, volveré arriba y me pondré mis propias ropas, por viejas que estén.

—No, no lo harás —dijo Naruto. Tomándola de la mano, la arrastró tras él.

Su intención era llevarla hasta donde los aguardaban Kurenai y Asuma, para que pudieran presentarla a quienes creyeran conveniente, pero los soldados de Sarutobi continuaron fastidiando, con sus ansiosos requerimientos para conocer a Hinata. Uno de ellos en particular, con la constitución de un toro, se mostraba un poco demasiado entusiasmado y persistente para el gusto de Naruto, que se vio obligado a golpear al hombre para hacerlo caer de rodillas y así sacarlo dcl paso.

Hinata quedó horrorizada por su comportamiento.

—¡Eres el laird del clan Uzumaki!– le recordó entre susurros.

—Sé quién soy —exclamó él.

Si él no pensaba preocuparse de que pudieran oírle, pues entonces ella tampoco se preocuparia.

—¡Entonces actúa como tal! —exclamó a su vez.

Naruto se echo a reír.

—Es lo que hago. En realidad, precisamente estoy defendiendo nuestra reputación y nuestras tradiciones.

—Los soldados y tú os estáis comportando como matones.

—Es muy atento de tu parte haber notado eso.

Hinata abandonó el intento de entrar en razones con él. Codazo tras codazo, finalmente llegaron hasta donde los aguardaban Kurenai y Asuma. El laird de los Sarutobi se inclinó ante ella antes de volver su atención, y su evidente descontento, hacia Naruto.

—Controla a tus soldados —le ordenó—. O lo haré yo.

Naruto sonrió. Hinata dio media vuelta para ver qué estaban haciendo los hombres de Uzumaki, y se sintió realmente afligida al ver que estaban buscando pelea con los Sarutobi.

No tenía ningún derecho a dar órdenes a los soldados de Naruto pero aún así se sintió un poco responsable de sus actos. En el breve tiempo que hacía desde que los conociera, había llegado a encariñarse auténticamente con todos ellos, y no deseaba que se pusieran a Asuma en contra, aunque a decir verdad, los cinco titantes parecían disfrutar de la situación. Parecía que las peleas les resultaban tan atractivas como los dulces a un niño.

—Os ruego que me disculpéis un momento, laird Sarutobi. Me gustaría hablar con los soldados de Naruto.

Hizo una reverencia a sus anfitriones, ignorando a Naruto por completo porque iba a cumplir con obligaciones que le competían a él, y luego fue hacia los soldados, que se hallaban a punto de iniciar una trifulca con un numeroso grupo de soldados Sarutobi.

Habló en un tono de voz lo suficientemente alto como para que también pudieran oírla los soldados Sarutobi.

—Me agradaría mucho que esta noche os comportarais como verdaderos caballeros.

Los Uzumaki la observaron con desaliento, pero se apresuraron a asentir. Les sonrió, y se volvió hacia los Sarutobi.

—Vuestro laird ha dispuesto que esta noche no peleará ninguno de sus soldados. Me doy cuenta de la desilusión que eso os causa, pero, como sabéis, los Uzumaki son hombres honorables y ya no os seguirán provocando

—Si no pueden pelear con nosotros, ¿para qué molestarnos? —dijo Kiba—. Vuestro laird nos ha quitado toda la diversión.

Uno de los soldados Sarutobi lo palmeó en el hombro.

—¿Qué opinas, entonces, de abrir un barril de cerveza? Os mostraremos cómo Eric es capaz de beberse una jarra llena sin respirar ni una vez. Apuesto a que ninguno de vosotros es capaz de superar esa proeza.

Kiba no estuvo de acuerdo con él, y tras saludar a lady Hinata con una inclinación, los Uzumaki fueron tras los Sarutobi hacia la despensa, en busca de la cerveza.

La competición, evidentemente, había comenzado.

—Niños, todos ellos —murmuró Hinata, mientras se recogía las faldas y regresaba con los Sarutobi.

Kurenai la apartó de los hombres para presentarle a su mejor amiga, una bonita dama rubia con el rostro lleno de pecas Tsunade

—Su esposo Dan es hermano de Asuma —le explicó Kurenai—. Y Tsunade y yo somos amigas desde hace muchos años.

La sonrisa que le dedicó Tsunade hizo que Hinata se sintiera cómoda en cuestión de segundos.

—Kurenai y yo hemos estado hablando de ti —reconoció la rubia—. Has cautivado a Naruto, lo que no es poca cosa, Hinata. No le gustan demasiado los ingleses —agregó, suavizando la verdad.

—Te conté que hace mucho tiempo Sasuke y él fueron a Inglaterra en busca de esposas? —preguntó Kurenai.

Hinata abrió mucho los ojos, mientras miraba a Naruto.

—No, no me lo contó. ¿Cuándo fue a Inglaterra con sus amigos?

—Hace al menos seis o siete años.

—Más bien ocho —la corrigió Tsunade.

—¿Y qué sucedió?

—Ambos estaban enamorados de Kurenai —respondió Tsunade.

—No, no es así —protestó Kurenai.

—Sí, lo estaban —insistió Tsunade—. Pero, naturalmente, Kurenai estaba casada con Asuma, de modo que fueron a Inglaterra a buscar novias como ella.

Hinata sonrio.

—Eran muy jóvenes entonces ,¿verdad?

—Y llenos de tontas expectativas —agregó Tsunade—.Ninguna de las mujeres que conocieron le llegaba ni siquiera a los talones a Kurenai...

—Oh, por el amor de Dios, Tsunade. No es necesario que me hagas parecer una santa. No estaban buscando mujeres como yo. Eran inquietos, y no habían encontrado una compañera por estos lares. Pronto recuperaron la cordura y regresaron a casa. Ambos le juraron a Asuma que se casarían con muchachas de las Highlands.

—Y eso fue todo —remató Tsunade.

—Hasta que apareciste tú —señaló Kurenai con una sonrisa.

—Naruto ha sido muy bondadoso conmigo —dijo Hinata—. Pero eso es todo. Es un hombre muy gentil —añadió, tartamudeando.

—No, no lo es —la contradijo Tsunade.

Kurenai se echó a reír.

—¿Sientes algo por este hombre tan gentil, Hinata? —preguntó.

—No deberías hacerle esa pregunta —la reprendió Tsunade—. Pero dime, ¿sientes algo por él, Hinata?

—Por supuesto que me interesa. Vino en mi auxilio, y me ayudó a traer a Konohamaru de vuelta a casa. Estaré toda la vida en deuda con él. Sin embargo —se apresuró a agregar cuando vio que las dos mujeres se aprestaban a interrumpirla—, debo regresar a Inglaterra en cuanto termine con la obligación que me retiene aquí. No puedo distraerme con.., sueños imposibles.

—Hay complicaciones que desconoces, Tsunade —explicó Kurenai.

—El amor tiene complicaciones —replicó su amiga—. Respóndeme a una última pregunta, Hinata, y te prometo que te dejaré en paz: ¿le has entregado tu corazón a Naruto?

Hinata no tuvo oportunidad dc responder esa pregunta, porque en ese momento se acercó el esposo de Tsunade y las interrumpió.

Dan Sarutobi se parecía a su hermano en el color de la tez, pero no del cabello, además era mucho menos corpulento. Sin embargo, se mostraba tan protector con su esposa como Asuma, y Hinata pensó que a ambos hermanos les importaba que los demás vieran lo que sentían por sus esposas.

Su amor era evidente, cálido, envidiable.

Tsunade le presentó a Dan, y después señaló con orgullo a sus seis hijos: dos mellizas parecidas a su madre y cuatro guapos varones. El bebé no podía tener más de un año, y no hacía más que removerse en los brazos de su padre, tratando de escapar. Cuando el bebé sonrió, quedaron a la vista dos pequeños dientes brillantes.

Konohamaru tiró de su mano para atraer su atención, y le presentó a su hermano Graham. El primogénito de los Sarutobi era sumamente tímido. No pudo alzar los ojos hacia Hinata, pero se inclinó formalmente en una profunda reverencia y luego corrió a reunirse con sus amigos.

—Llamamos Graham a nuestro hijo en memoria de un valiente soldado que entrenó a mi marido —explicó Kurenai—. Graham murió hace ya ocho años, pero todavía lloramos su muerte. Era un hombre maravilloso, y para mí fue como un padre. Ah, allí está Helen, haciéndonos señas para que nos acerquemos. La comida debe estar lista. Ven, Hinata. Naruto y tú os sentaréis al lado de Asuma y yo. Tsunade, trae a tu esposo y únete a nosotros.

Cayó la noche, y se trajeron más velas al gigantesco salón. Todas las mujeres se ofrecieron a ayudar llevando fuentes de comida. Aunque Hinata también se ofreció, no se le permitió levantar un solo dedo. Estaba muy sorprendida de comprobar que semejante festín hubiera podido prepararse con tanta rapidez. Había pichones de paloma y faisán, salmón, panes blancos y negros de crujiente corteza, tortas azucaradas y tartas de manzana, y para bajar todo, relucientes jarras de vino y de cerveza, y agua helada traída de un arroyo de montaña. También había leche de cabra, y Hinata bebió una copa llena del cremoso líquido.

Durante la comida, Konohamaru pasó de mano en mano de todos los soldados. Estaba demasiado excitado para comer, y hablaba a tal velocidad que tartamudeaba.

—Mi hijo tiene ojeras alrededor de los ojos —señaló Asuma—. Y tú también, Hinata. Ambos os tendréis que acostar temprano.

—Los dos padecen de pesadillas — Naruto hizo el comentario en voz tan baja que sólo Asuma pudo escucharlo—. ¿Dónde dormirá Hinata esta noche?

—En el antiguo cuarto de Graham —contestó Asuma—. No debes preocuparte por ella. Kurenai y yo nos aseguraremos de que no se la moleste.

La música volvió a sonar, y Dan se puso de pie de inmediato. Dejó al bebé sobre la falda de Kurenai, e hizo que su esposa se levantara del asiento. El rostro de Tsunade estaba sonrojado por la excitación mientras iba tras su esposo hacia el centro del salón. Pronto se les sumaron otras parejas. Bailaron con el acompañamiento de los hombres, que golpeaban el suelo con sus pies y hacían palmas siguiendo el ritmo de la tonada.

Varios soldados jóvenes y audaces se acercaron a Hinata para pedirle un baile, pero bastó una torva mirada de Naruto para que desistieran.

La furia de Naruto crecía minuto a minuto. Por todo lo más sagrado, ¿es que no podían ver que ella llevaba su tartán? ¿no la podían dejar en paz por una maldita noche? La muchacha estaba claramente exhausta. Incluso Asuma había advertido los círculos oscuros que rodeaban sus ojos. Naruto sacudió la cabeza, disgustado. ¿Qué rayos tendría que hacer para que Hinata pudiera tener un minuto de paz y de silencio?

¿Y qué derecho tenía él para mostrarse tan posesivo? Ella no le pertenecía. Simplemente, habían unido sus fuerzas por el bien de Konohamaru.

—¡Demonios! —murmuró.

—¿Perdón? —Hinata le Frotó inadvertidamente el brazo con el suyo al inclinarse hacia él—. ¿Has dicho algo, Naruto?

Él no le respondió.

—Ha dicho "demonios" —le informó alegremente Asuma—. ¿No era eso, Kurenai?

—Oh, sí, por cierto —replicó ella, con ojos brillantes de malicia, mientras acunaba a su sobrino—. Ha dicho "demonios"

—Pero, ¿por qué? —preguntó Hinata—. ¿Qué le pasa?– Asuma rio.

—Tú —contestó—. Tú eres lo que le pasa.

Naruto frunció el entrecejo.

—Asuma, termina con eso.

—Milady ¿puedo bailar con vos?

A su lado estaba Konohamaru, dándole golpecitos entre los hombros para atraer su atención. Cuando ella se volvió, sonriéndole, él le hizo una profunda inclinación. Estaba adorable, y Hinata tuvo que resistir el impulso de tomarlo en sus brazos y apretarlo contra su pecho.

Mientras Naruto le explicaba al niño con gran paciencia que Hinata estaba demasiado cansada para bailar, ésta se puso de pie, hizo una reverencia como si hubiera sido honrada con una invitación del mismísimo rey de Escocia y le tendió la mano a Konohamaru.

El niño pensaba que el baile consistía en andar en círculos hasta quedar mareado. Naruto se fue hasta una de las esquinas del salón, y se apoyó contra una columna con los brazos cruzados sobre el pecho, observándolos. Tomó nota del brillo azulado que lanzaban sus oscuros rizos al ser iluminados por el resplandor de las llamas de la chimenea situada a sus espaldas, y también advirtió su sonrisa. Estaba teñida de una dulce alegría.

Entonces se dio cuenta de que no era el único hombre que la miraba.

En cuanto terminó la danza, los soldados, cual buitres, se abalanzaron sobre ella. La rodearon al menos ocho hombres, reclamando su atención. Todos querían bailar con ella, pero Hinata declinó sus ofrecimientos con toda cortesía. Encontró a Naruto en medio del gentío, y sin pensar dos veces en lo que hacía, fue hacia él y se puso a su lado. Ninguno de los dos miró al otro ni le habló, pero cuando se acercó más a él, él se acercó a ella, hasta que sus cuerpos se tocaron.

Naruto miraba por encima de las cabezas.

—¿Extrañas Inglaterra? — le preguntó.

—Extraño a mi tío Hizashi.

—¿Pero extrañas también Inglaterra?

—Es mi hogar.

Transcurrieron varios minutos en silencio, mientras contemplaban a los que bailaban.

—Háblame de tu casa —le pidió ella.

—No te gustaría.

—¿Por qué no?

Naruto se encogió de hombros.

—Los Uzumaki no somos como los Sarutobi.

—¿Eso qué significa?

—Somos... más rudos. Nos llaman los espartanos, y en cierto sentido creo que tal vez lo seamos. Tú eres demasiado delicada para nuestro estilo de vida.

—Hay otras mujeres viviendo en las tierras de Uzumaki, ¿no es así?

—Sí, naturalmente.

—No sé muy bien a qué te referías al decir que soy delicada, pero tengo la sensación de que no es un halago. Sin embargo, no me voy a ofender. Además, apuesto a que las mujeres Uzumaki no son muy diferentes a mí. Si yo soy delicada, pues entonces ellas también lo son.

Él bajó los ojos hacia ella, sonriendo.

—Te comerían para la cena.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Se te rompería el corazón en cuestión de segundos. – Hinata se echó a reír, y varias cabezas se volvieron al oír el cristalino sonido.

—Háblame de estas mujeres— pidió ella—. Has despertado mi curiosidad.

—No hay mucho que decir —replicó él—. Son fuertes– agregó .— Y saben cuidarse solas. Pueden protegerse de los ataques, y pueden matar con la misma facilidad y rapidez que cualquier hombre —Lanzándole otra mirada, terminó diciendo—: Son guerreras, y en verdad no son delicadas.

—¿Estás criticándolas, o elogiándolas?– quiso saber Hinata.

—Elogiándolas, por supuesto.

Hinata se puso directamente frente a él.

—¿Por qué me has hablado de las mujeres de tu clan?

—Tú preguntaste.

Hinata sacudió la cabeza.

—El que comenzó esta conversación fuiste tú. Ahora, termínala.

Naruto soltó un suspiro.

—Sólo quería que supieras que jamás funcionaría.

— ¿Qué jamás funcionaría?

—Tú y yo.

Hinata no trató de fingir que estaba indignada ante su imprudencia,ni ofendida por su arrogancia.

—Eres muy directo, ¿verdad?

—No quiero que te hagas falsas ilusiones.

Naruto supo que con ese último comentario le había hecho perder los estribos. Los ojos de Hinata se habían vuelto del color de un lila turbulento, pero no estaba dispuesto a retirar sus palabras ni a suavizar la verdad.

Él vivía en la realidad, no con fantasías, y sin embargo la sola idea de alejarse de ella se volvía cada vez más inaceptable. ¿Qué demonios le ocurría? ¿Y qué estaba ocurriéndole a su disciplina? En ese momento sintió que lo había abandonado, aunque lo intentó, no pudo quitar los ojos de ella. Se concentró en su boca, recordando claramente cómo se habían apoyado esos labios suaves sobre los suyos. Maldición, quería volver a besarla.

Entrecerró los ojos, y pareció a punto de comenzar a gruñir.

—Probablemente te sientas muy noble por haberme dicho que nunca podrías amarme...

Le sorprendió su interpretación.

—¡Yo no dije que no podría amarte!– replicó Naruto con voz ronca.

—Sí que lo has hecho— lo contradijo ella.— Me acabas de decir que una vida compartida está fuera de cuestión.

—Está fuera de cuestión. Serías muy desdichada.

Hinata cerró los ojos y rezó pidiendo paciencia. Estaba molesta, pero no quería que él lo advirtiera.

—Aclaremos este asunto. Podrías amarme, pero jamás podrías viv:r conmigo. Es esto ¿no?

—Más o menos—concedió él.

—Como te has sentido obligado a aclarar tu posición, yo haré lo mismo. Si padezco la desgracia de enamorarme de un espartano arrogante, tozudo y obstinado como tú; aunque, debo decir, que eso es tan improbable como poder volar; no podría casarme contigo. De manera que ya ves, importa un comino el que tú creas que una vida compartida está fuera de cuestión.

—¿Por qué?

—¿Por qué, qué?

—¿Por qué no puedes casarte conmigo?

Hinata pestañeo un par de veces. Ese hombre la estaba volviendo loca.

—Debo regresar a Inglaterra..

—¿Así el canalla que te dio una paliza que casi te mata tendrá una nueva oportunidad de matarte?

—Debo proteger a mi tío Hizashi a toda costa.

A Naruto no le gustó escuchar eso. Apretó las mandíbulas, flexionó los músculos y su frustración resulto palpable.

—Y cuando encuentres a tu hermana, ¿también le pedirás a ella que renuncie a su vida?

—No, no lo haré —contestó Hinata en un susurro—. Si puedo encontrar el tesoro de Konan.. . será suficiente para satisfacer al captor de mi tío.

—Me llama la atención que, en todo el tiempo que llevamos juntos, jamás hayas pronunciado su nombre.

—No hemos estado juntos tanto tiempo.

—¿Por qué no pronuncias su nombre? ¿No quieres que yo me entere de quién es, Hinata?

Ella se negó a responder.

—Me gustaría sentarme. ¿Me disculpas, por favor?

—En otras palabras, no quieres hablar del tema.

Ella comenzó a asentir, pero luego cambió de idea.

—En realidad, sí que tengo algo más que contarte.

—Pues entonces, dilo —le ordenó él al verla vacilar.

—Jamás podría amar a ningún hombre que me ve tantos defectos.

Hinata trató de alejarse. Pero Naruto la tomó de los hombros y la atrajo hacia él.

—Ah, Hinata, no tienes defectos. —Inclinó levemente la cabeza hacia ella—. Eres... sólo... tan... dulce...

La rodeó con sus brazos y la apretó contra su cuerpo. Le rozó los labios con los suyos. El mero roce de los suaves labios de Hinata era tan embriagador que lo que sucedió a continuación era, seguramente, inevitable, y estaba destinado a ocurrir.

Naruto se dejó vencer.

Con su boca cubrió la de Hinata, en un gesto de posesión absoluta. En ese gesto se encubría su propia necesidad, así como el deseo de transmitirle a ella sus sentimientos. Sabía que a ella él le importaba, pero necesitaba, y quería, mucho más que eso. La música, la gente y el ruido fueron totalmente olvidados en ese momento suspendido en el tiempo durante el cual Naruto la besó interminablemente. Sintió el temblor de Hinata cuando su lengua se introdujo en la boca de ella con evidente autoridad, y apretó el abrazo en torno a su cintura, pensando que no quería soltarla nunca más. Entonces sintió los brazos de Hinata ciñéndose alrededor de su cuello, y el cuerpo de la muchacha apoyándose contra el suyo hasta que los muslos de ambos quedaron presionados. Ella respondió a su beso con idéntico y sincero fervor, y con una entrega tal que lo hizo temblar de puro deseo.

Naruto estaba considerando seriamente la posibilidad de cargársela al hombro y buscar la cama más cercana cuando alguien gritó y le hizo recuperar la cordura. Terminó el beso tan bruscamente que Hinata aún lo rodeaba con sus brazos cuando se alejó de ella.

Tardó varios minutos en darse cuenta de dónde estaba y qué había pasado, y cuando finalmente se le aclararon las ideas, Hinata se sintió horrorizada ante su vergonzoso comportamiento. ¡Santo Dios, había al menos sesenta extraños observándolos! ¿Qué diría su tío Hizashi acerca de su pecaminosa exhibición de lujuria?

Estaba tan confusa que no sabía qué hacer. Quería decirle a Naruto que no volviera a besarla nunca más, aunque al mismo tiempo quería exactamente lo contrario, y lo quería en ese momento. ¿Qué le pasaba?

Ya ni siquiera reconocía sus propios pensamientos. Estaba enfadada y furiosa.

—¡Nunca más vuelvas a besarme de esa forma! —le ordenó, con voz temblorosa por la emocion.

—¡Oh sí lo haré!

Su voz era alegre, y Hinata no estaba dispuesta a quedarse allí, discutiendo con él. Volviéndose, trató de alejarse. Él la tomé de la mano y la hizo retroceder.

—Hinata...

—¿Sí? —replicó ella, negándose a mirarlo a los ojos.

—Sasuke está aquí.

—¿Está aquí? —repitió Hinata, alzando bruscamente la cabeza.

Naruto asintio.

—Cuando lo conozcas, recuerda mi beso. En realidad, lo recordarás por el resto de la noche.

No era una esperanza de Naruto; era una orden, y Hinata no supo qué le resultaba más ofensivo, si su arrogancia o su autoritarismo.

—¿Oh, sí? —preguntó en tono desafiante.

—Sí —confirmó él sonriendo.

Decidida a tener la última palabra, dio un paso hacia él para que nadie pudiera oírla.

—Nunca te amaré — murmuro.

Él también dio un paso hacia ella, sin duda tratando de intimídarla, supuso ella, y luego, se inclinó sobre su oído.

—Ya me amas —dijo.

Continuará...