Lamento mucho la tardanza en la actualización de este fic, pero ha habido una serie de acontecimientos en la historia que me han resultado muy difíciles de situar en la trama de una forma que encajen como es debido.
Gracias por leer el fic! :)
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Una tarde después de clase, Elena estaba con sus amigas ayudando a montar una feria benéfica en el instituto.
-¿Cómo te va con Damon? –le preguntó Bonnie a la chica-. ¿Algún progreso?
-Poco a poco. Sigue luchando contra su instinto.
-¿Eso quiere decir que no te lo has tirado aún? –alucinó la rubia-. Dios mío, Elena. No sé cómo aguantas, en serio. Con lo cachonda que estaba yo todo el tiempo desde que me convertí en vampira...
-El sexo solo es sexo, Caroline.
-Eso solo lo dices porque todavía no te has estrenado como vampira. ¿Eres consciente de lo que te estás perdiendo? Los sentimientos se magnifican. Todos ellos. Es como tener mil orgasmos a la vez.
-Así no le ayudas, Caroline –le regañó su amiga Bonnie.
-Damon apenas puede besarme por más de varios minutos sin querer matarme –comenzó a contar Elena-, ¿cómo voy a poder acostarme con él así?
"Necesita tiempo para vencer a sus demonios y tiempo es lo que le voy a dar, porque le quiero y eso es más importante que mil orgasmos –dijo esto último mirando a la rubia, quien se sintió mal por sus palabras al oírla hablar.
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Esa misma noche, ya en la feria, Elena estaba algo estresada yendo de allí para allá solucionando los problemas que iban surgiendo, pues ella era la organizadora y era su responsabilidad.
-Me debes un paseo en la noria, preciosa –le susurró al oído una voz masculina a sus espaldas.
La vampira sonrió ampliamente al reconocer esa voz y se giró rápidamente para agarrarse al cuello de Damon, quien le rodeó de inmediato la cintura con sus brazos.
-No te había oído aparecer –le halagó Elena el sigilo.
-Estoy aprendiendo de la mejor –le sonrió él, inclinándose para darle un corto beso en los labios.
-¿Iba en serio lo de la noria? –preguntó ella ilusionada.
-No realmente, no se me ocurrió otra cosa que decir –contestó Damon encogiéndose de hombros, para luego continuar hablando al ver su carita de pena-. Pero esta noche, haré lo que quieres que haga.
-¿Y eso a qué se debe?
-Me siento generoso –sonrió él inclinándose para unir sus labios.
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Tal y como había prometido, Damon invitó a su novia a un pasea en noria y, como parte de esa norma no escrita entre las parejas, la besó cuando estuvieron parados en la parte más alta de la atracción, desde la cual podían ver el pueblo entero iluminado por las cientos de luces de las farolas y edificios.
Nada más bajarse de la noria, Elena llevó a Damon a rastras a comprarse un par de helados.
-¿En serio? –rió él divertido.
-Que no necesite alimentarme de comida humana, no significa que no me guste.
-Y con el frío que hace, ¿eliges helado? –se burló el chico divertido-. Cómo se nota que tú no puedes resfriarte…
-Una feria no es una feria sino se toma helado –se justificó Elena-. Es la tradición en Mystic Falls.
-¿Quién soy yo para romper las tradiciones? –acabó dejándose convencer él, ganándose un beso por parte de su novia como recompensa-. Pero el mío que sea de chocolate.
-Buena elección –sonrió ella conforme, pues también era su favorito.
Para completar las tradiciones de las ferias, Damon tiró unas latas con una escopeta de corchos para conseguir aquel enorme perrito de peluche del que se había enamorado Elena. Su condición de Cazador fue una gran ventaja para él, puesto que apenas le ocasionó un esfuerzo derribar las latas.
Elena estaba tan contenta con su regalo que, en agradecimiento, le dio a su novio un romántico beso. Poco a poco, el beso fue convirtiéndose en uno más intenso y, no queriendo romper ese momento, se fueron a un lugar apartado para continuar con su pasión.
Damon acorraló a la vampira contra la pared de los aparcamientos del instituto y esta se agarró con fuerza a él, apretándose todo lo posible a su cuerpo. Sus bocas no podían quedarse quietas, ni sus manos tampoco. Damon agarró con fuerza el trasero de Elena y esta gimió de placer contra sus labios al sentir el bulto de sus pantalones presionando contra ella.
La situación se les estaba yendo fuera de control y ambos estaban muy excitados y con ganas de dar un paso más, pero la realidad no tardó en imponerse ante sus ojos. Damon, sin darse cuenta de sus actos, sacó una estaca de madera de su cazadora y la sostuvo en alto para matar a su novia. Y estuvo a punto de hacerlo, cuando esta, sin miedo, le tomó el rostro entre sus manos.
-Damon, soy yo –le susurró ella con voz dulce-. Soy Elena.
Elena le acarició la mano que sostenía la estaca y él parpadeó confuso. El Cazador tembló ligeramente y poco o poco volvió en sí. El chico se giró bruscamente apartándose de ella y lanzó bien lejos la estaca como si quemase en sus manos.
-Damon... -le llamó la vampira tocándole el brazo.
-Deberías alejarte de mí, Elena -le aconsejó este sin atreverse a darse la vuelva-. Soy peligroso para ti.
-¿Estás de broma? -le dijo ella tirando de su brazo para obligarle a girarse y mirarla a los ojos-. Soy yo la que se alimenta de sangre. Si hay alguien peligroso aquí, soy yo.
-¿¡Es que no lo ves!? –le gritó el chico con rabia-. ¡Podría matarte en cualquier momento!
-¡Y yo a ti también! Los mismos instintos que te hacen querer matarme, son los que me hacen querer hacer lo mismo contigo. Pero ninguno de los dos lo hacemos.
-Tú eres más fuerte. Puedes controlarlo. Yo no.
-Si eso fuera cierto, jamás habrías podido besarme como lo acabas de hacer. Eres mucho más fuerte de lo que crees, Damon. Solo tienes que luchar contra tus instintos.
-No quiero hacerte daño… -murmuró él en voz baja, con miedo a que su temor se hiciese real si lo decía en voz alta.
-Y no me lo harás. Confío en ti.
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Una tarde en casa Salvatore, Damon estaba muy distraído mirando el tatuaje de su brazo, gesto que no pasó desapercibido por Elena.
-¿Qué significa tu tatuaje? –hizo ella esa pregunta que deseaba hacer desde hacía mucho tiempo.
-Es un mapa.
-¿A dónde conduce?
-Solo sé que debo completar el mapa, que mis ansias de cazar seguirán ahí hasta que lo complete y que lo que encontraré al final del camino es algo que mis antepasados han custodiado durante siglos.
-Jeremy dijo que tu tatuaje era un dibujo, ¿sabes interpretarlo?
-Hay una espada, la del líder de los Cazadores, que me ayudará a leer el mapa.
-¿Y dónde está esa espada?
-Aquí no, desde luego. Pero creo saber quién la tiene...
-¿Y puedes conseguirla?
-No sin hacer un trato –dijo él muy a su pesar.
-Por la cara que has puesto, intuyo que no es algo agradable.
-Depende de cómo se mire, ¿qué tal se te da mentir?
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Como Alaric tenía muchos conocimientos sobre ocultismo, la pareja fue a ver a este en busca de ayuda. Nada más oír hablar de la espada del Cazador y el mapa, a la mente de Alaric vino el nombre de su colega Shane, quien era experto en historia antigua y enseñaba ocultismo en al universidad de Duke.
Shane se puso muy contento cuando le enseñaron un dibujo que hizo Jeremy del tatuaje del Cazador que tenía Damon en el brazo.
-Todo lo que sé sobre los Cazadores son leyendas –reconoció el hombre-. No se sabe con exactitud de qué son guardianes, pero en muchos escritos que he encontrado hablan de Silas.
-¿Quién es Silas? –preguntó Alaric curioso-. ¿El líder de los Cazadores?
-Todo lo contrario en realidad. Según la leyenda, los Cazadores fueron creados por una bruja llamada Qetsiyah con el fin de acabar con Silas.
-Creo que me estoy perdiendo con tantos nombres… -murmuró Damon algo impaciente-. ¿Podrías contar la historia desde el comienzo?
-Un brujo llamado Silas amaba a una chica, Amara, y quería estar con ella eternamente. Él y su mejor amiga, otra bruja llamada Qetsiyah, hicieron un hechizo de inmortalidad.
"Pero luego, su mejor amiga se puso celosa y mató a la chica de Silas antes de que pudiera hacerla inmortal. Condenado a la eternidad sin su amor verdadero, Silas halló la forma de invertir el hechizo de inmortalidad. Pero antes de que la usara, su vieja amiga le enterró bajo tierra para que él y la cura se pudrieran.
"La sangre humana es la fuerza vital de un inmortal. Si ya no eres inmortal, no necesitas beber más sangre. Desenterrad a Silas y tendréis la cura.
Todos se quedaron en silencio procesando esa información.
-¿Una cura para qué? –preguntó el Cazador.
-Para el vampirismo –le explicó Shane.
-¿Existe una cura para el vampirismo? –alucinó Elena, quien empezaba a hacerse ilusiones ante esa idea.
-Según la historia, sí.
Shane miró una vez más el dibujo que había hecho Jeremy antes de hablar:
-Esta es la marca de la Hermandad de los Cinco –dijo señalando el símbolo de la mano-. Y aquí en el brazo, está la muerte de una chica a manos de una bruja. Los símbolos en las enredaderas son vuestro mapa y, al completarse esta marca, contendrá el hechizo necesario para desenterrar a Silas.
-¿De verdad crees que es buena idea desenterrar un brujo inmortal de más de dos mil años? –preguntó Damon nada convencido con la idea.
-Eso si existe –intervino Alaric, quien no terminaba de creerse la historia.
-Solo hay una forma de comprobarlo –le dijo Shane sonriente, emocionado con esa nueva aventura en la que se estaban emprendiendo.
-En ese caso… -murmuró Damon repasando el plan en su mente-. Solo nos falta la espada de Klaus. ¿Dice la leyenda cuál es exactamente el propósito del Cazador?
-Estaba esperando que lo preguntaras –asintió el profesor universitario alegremente-. Qetsiyah creó una cura para la inmortalidad y la enterró con Silas para que la tomara y muriera. Así acabaría con ella por toda la eternidad.
"Pero él no le dio esa satisfacción. Por eso, sus descendientes crearon a los Cazadores para encontrarle y matarle con la cura.
"Cuando la bruja Qetsiyah dejó a Silas con la cura, le dio dos opciones: ser inmortal y pudrirse o tomar la cura y morir de viejo allí dentro. Un poco rencoroso si se me permite opinar.
Damon se quedó mirando distraídamente un libro antiguo que hablaba de la Hermandad de los Cinco.
-Pero claro, esto solo es una leyenda –les recordó Shane-, una historieta de hace siglos. No se sabe hasta qué punto es cierta.
-No importa –dijo el joven Cazador-, solo necesitamos tener pruebas suficientes para convencer a Klaus de nuestro propósito.
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De regreso a Mystic Falls en el coche de Alaric, Damon y Elena iban sentados en la parte de atrás porque Shane se ofreció a acompañarles en esta aventura de llegar hasta el final del mapa del Cazador.
-Estás muy callada –le comentó Damon a su novia-. ¿Ocurre algo?
-Nada, es solo que… ¿Y si la leyenda es cierta y existe una cura para el vampirismo? Sería la solución perfecta para nuestro problema.
-¿Quieres volver a ser humana?
-Nunca quise ser vampira y, ahora que te tengo en mi vida, no hay nada que desee más que ser humana contigo –le dijo Elena cogiéndole la mano y mirándole intensamente a los ojos.
-Te prometo que si existe esa cura para el vampirismo, te la conseguiré –le aseguró el chico sinceramente-. Pero por si acaso la leyenda se equivoca, no deberíamos hacernos demasiadas ilusiones. ¿De acuerdo?
-Sí, claro –asintió ella sonriendo tímidamente con cierta tristeza.
Damon, queriendo verla sonreír de verdad y alegrarla, le dio un dulce beso en los labios a su novia, logrando así su cometido.
-Todo irá bien –le prometió él-. Lo prometo.
-Gracias por estar siempre a mi lado.
-¿Dónde iba a estar sino, babe?
-Te quiero, Damon –le susurró la joven acariciándole el rostro con cariño, justo antes de volver a unir sus labios en un romántico beso.
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Klaus tenía la espada el Cazador y Damon sabía que este le pediría a cambio la estaca de roble blanco, algo que el chico no estaba dispuesto a entregar bajo ningún concepto.
-La estaca está en un lugar seguro –le informó Damon al híbrido Original-. Si te portas bien, no tendrás motivos para temer que la utilice contra tu familia.
-Llevo demasiadas décadas en este mundo como para confiar en tus promesas.
-En lugar de la estaca, puede darte algo mejor a cambio –dijo el joven Cazador sacando de su cazadora un dibujo de su tatuaje con el mapa.
-¿De dónde habéis sacado esto? –quiso saber Klaus, interesándose en el acto.
-Es el tatuaje de mi brazo –le explicó Damon.
-Así que eres un Cazador, ¿eh? Ya sabía yo que había algo especial en ti… Pero, ¿y el resto del mapa?
-Aún no lo he completado.
-¿Y cómo vas hacerlo?
-Matando vampiros.
Shane vio su momento aquí para contarle a Klaus la historia de Silas y la cura. El Original también había oído una versión muy parecida de la historia, pues hacía casi un siglo su familia se había encontrado con la Hermandad de los Cinco en Italia. Alexander, el líder del grupo, tuvo una relación con Rebekah y les contó que el tatuaje les llevaría hasta el arma suprema contra el vampiro: la cura.
-Así podrás volver a engendrar híbridos -le aseguró Elena al híbrido.
-¿Y qué ganas tú con esto? –quiso saber este-. Porque no creo que te haga ilusión ser una bolsa de sangre humana.
-Damon dejará de ser Cazador cuando complete el mapa y llegue hasta la cura. Entonces, dejará de tener el instinto que le hace querer matarme y podremos estar juntos de verdad.
-Así que todo esto es por amor, ¿eh? –se burló Klaus-. Qué predecible. Los vampiros siempre tan sentimentales…
-¿Hay trato o no? –dijo Damon harto de las bromitas del híbrido.
-Tú encárgate de tu parte del plan y yo cumpliré con la mía.
