Debería darme vergüenza, aparecer por aquí después de tanto tiempo. ¡Lo siento, lectores! Espero que no hayáis creído que había abandonado. Me atasqué en pleno proceso creativo, y al final tuve que replantear el drabble entero (hablo del decimoquinto recordad que voy escribiendo dos drabbles por delante del que publico). Lo bueno es que estoy muy, muy satisfecha con el resultado del mismo, y eso me anima a seguir escribiendo... Espero volver a mi regularidad pre-navideña.

Este decimotercer drabble, Hablar, conforma, junto al decimocuarto y al decimoquinto, una unidad narrativa; podría decirse que los tres juntos forman la escena completa. Lo digo para que vayáis haciendo ganas de leer el siguiente ;)

¡Gracias por vuestros reviews! Me hacen muy feliz.

Disclaimer: Thor, sus personajes y ubicaciones no me pertenecen a mí, sino a Marvel y a Disney


13. Hablar

Para su sorpresa, Loki volvió al dormitorio al día siguiente. El rey halló a la joven sentada en aquel sillón frente a la ventana, tan absorbida por la lectura de su libro que no levantó la cabeza en cuanto oyó el inconfundible "click" de la cerradura al abrirse. Se demoró dos segundos, los dos segundos que le llevó terminar de leer una frase. Cuando alzó la mirada hacia Loki, éste avanzaba hacia ella lentamente, observándola. Se las arregló para reprimir una expresión de sorpresa, pero de todas formas él preguntó:

-¿No me esperabais, milady?

No tenía mucho sentido afirmar lo contrario. Loki pillaba los embustes al vuelo.

-Pues no, la verdad –Darcy cerró el libro, pero lo mantuvo en su regazo

Él esbozó media sonrisa, enarcando las cejas con malicia.

-¿Acaso no os prometí que os dedicaría más tiempo en lo sucesivo?

La midgardiana suspiró. Tras la escena del día anterior, y aunque habría preferido que no fuera así, Darcy acabó dándole muchas vueltas a casi todo. Al mes que llevaba en Asgard, a la falsa creencia en la que Loki persistía en apoyarse para acosarla, al comportamiento de aquel dios loco y a las emociones que despertaba en ella, aunque aquel punto en particular le había costado una bronca consigo misma. No obstante, a aquellas alturas, y tras analizar detenidamente sus acciones y reacciones en cada momento que había pasado con Loki a lo largo del último mes, llegó a la conclusión de que era inútil negarse la evidencia: se sentía muy atraída (sexualmente) por el rey de Asgard.

Lo cual no quería decir, claro que no siguiera sacándola de quicio cada vez que abría la boca.

-Escucha, Loki –comenzó a hablar, y ésta vez fue él quien le obsequió con una genuina expresión sorprendida. Darcy no solía pronunciar su nombre, y oírselo decir era extraño-, ¿podemos dejarlo?

El rey enarcó una ceja, y en vez de uno de sus comentarios sarcásticos, sólo fue capaz de hacer una pregunta:

-¿Dejar qué?

Ella se encogió levemente de hombros e indicó:

-Esto. Este tipo de conversación. Siempre que vienes es igual: dices algo haciendo que suene perverso, yo me pico y te respondo, replicas provocándome y disfrutas cuando llegas a asustarme. Y al final te me insinúas, o directamente me metes mano.

Loki reflexionó brevemente acerca de aquellas palabras antes de sacar una conclusión:

-¿Así pues, milady, preferiríais que omitiese la primera parte de nuestro pequeño ritual –Darcy tuvo que aguantarse un mohín de disgusto cuando le oyó decir aquello del "pequeño ritual"- para pasar directamente a las acciones directas?

La joven le sostuvo la mirada, obviando el deje incrédulo en la voz de Loki, y respondió:

-Sí.

Y entonces, el rey profirió una corta carcajada. Y Darcy irguió la espalda, tomada por sorpresa, porque Loki siempre parecía demasiado cauto como para permitir que sus sentimientos quedasen al descubierto de aquella manera. Pero tuvo que admitir para sus adentros que, cuando reía, parecía un villano de dibujos animados, y ese pensamiento hizo que Darcy riese entre dientes.

Cuando dejó de reír, la mirada en los ojos de Loki era fría como el acero.

-Sois la primera mujer de cuantas he conocido que aboga por evitar los preliminares –declaró.

-No sé si en nuestro caso los consideraría preliminares –dijo Darcy, y en cuanto lo hubo hecho se dio cuenta de que su comentario podía iniciar una de aquellas conversaciones de las que deseaba huir. "Ups."

Pero el rey no cayó. De hecho, se acercó a ella, que seguía sentada, y se inclinó para besarla en los labios. Fue un beso un poco tierno, como aquel que le dio cuando ella leía tumbada en la cama, o eso le pareció. Se dio cuenta de lo equivocada que estaba cuando él ordenó:

-Incorporaos, milady.

No era correcto que alguien con una mirada tan gélida como aquélla le excitase tanto, se dijo. Contravenía todos sus ideales feministas. Pero Darcy, la Darcy que se había manifestado en el campus en contra de la sumisión femenina en el patriarcado de la sociedad actual, obedeció sin rechistar, y una vez estuvo de pie, Loki rodeó su cintura con un brazo y la besó intensamente en la boca.

Había algo posesivo en aquel beso, en la manera en que la lengua del dios de las mentiras sometía la de la midgardiana. Hasta entonces, Darcy sólo conocía aquella clase de besos a través de las novelas de Sherrilyn Kenyon que jamás reconocería haber leído, y ahora estaba experimentando uno de ellos. De acuerdo, no era el primero… y ella no iba a recibirlo de manera pasiva. Reaccionó mordiendo el labio inferior de Loki, que, tomado por sorpresa (aunque no era la primera vez que ella lo hacía), profirió un gruñido de placer. No obstante, se separó de los labios de Darcy para lamer su cuello, algo que hizo que la chica diese un respingo. Se asió a los hombros del jotun, cubiertos por el abrigo de piel que habitualmente lucía, y comenzó a decir algo ocurrente:

-¿Sabes? Loki…

Pero él le puso el dedo índice sobre los labios y, a escasos milímetros de su rostro, le dijo, mirándola a los ojos:

-Shhh… Está prohibido hablar.

Ella odiaba las prohibiciones, especialmente si procedían de él, pero, sorprendentemente, no protestó. Tampoco lo hizo cuando Loki comenzó a caminar muy despacio, y ella tuvo que hacer lo mismo, pero de espaldas, sin saber adónde conducía aquello. Apenas habían dado unos pasos cuando Loki hizo que Darcy diera media vuelta, de manera que la midgardiana le dio la espalda; ante ellos se encontraba la cama. Él hundió el rostro en el cuello de la joven y sus manos recorrieron las voluptuosas curvas de Darcy hasta cubrir sus generosos pechos. Ella ahogó un jadeo cuando comprendió que aquello eran palabras mayores.

Él tenía la capacidad de proporcionar a una mujer el placer más exquisito que fuera capaz de experimentar. Ésta fue la certeza que se abrió paso de repente en la mente de Darcy, mientras afloraban los recuerdos de aquel día en el despacho del rey. Entonces, Loki la despojó del vestido que llevaba tirando de él con violencia. La delicada tela se rasgó, y él dejó que cayese al suelo con apenas un murmullo. Darcy se quedó entonces desnuda salvo por las pequeñas braguitas semitransparentes. Él volvió a tocar sus pechos, deleitándose esta vez en su peso y suavidad, y la joven echó la cabeza hacia atrás, apoyándola en el hombro del rey. Morderse los labios no impidió que un suspiro de placer escapase de los mismos, haciéndole saber a Loki lo bien que lo hacía. Besaba el largo cuello de la joven mientras pellizcaba con suavidad sus pezones, y cada caricia hacía que Darcy le desease un poco más.

Pero, como todo lo que Loki hacía, aquello tenía un doble propósito: excitar a la midgardiana y distraerla. Distraerla de la propia excitación que sentía el rey y que comenzaba a hacerse evidente en el prominente bulto en sus pantalones. Prefería que ella no se diera cuenta, al menos no todavía. Porque si Darcy se daba cuenta de lo mucho que le atraía, sería capaz de usar aquel poder contra él, y el rey que había cruzado los límites de la moralidad más elemental al prolongar el Sueño de Odín no estaba dispuesto a permitir que una midgardiana le tuviese en la palma de su mano, por muy deseable que fuera Darcy.

Así que, para indicarle quién mandaba, dejó de acariciarla y la empujó para que cayera sobre la cama. Por acto reflejo, Darcy detuvo la caída apoyando las manos en el colchón, y entonces se dio cuenta de lo que Loki pretendía. A otras chicas la idea quizás las habría amedrentado, pero ella estaba hecha de otra pasta, incluso para Asgard. Arqueó la espalda, de manera que su cuerpo se onduló a cuatro patas sobre la cama, y esperó que su trasero hipnotizase al rey.

Sabía que podía hacerlo.


¿Os ha gustado u os ha parecido basura? .¡No olvidéis opinar! .¡Gracias!