Disclamer: Los personajes de Frozen pertenecen a Disney.
Y aquí estoy de nuevo. Hace nada me he dado cuenta que la historia y los días que subo cap van al mismo ritmo xD
Por cierto Gorgino, soy muy fan de las historias con final feliz, por lo que este fic no terminará cono shigatsu wa kimi no uso.
Ah, y LaMafer, gracias por tu gran review, hacen que me esmere en cada capítulo sacando lo mejor de mí :)
Ale, ya podéis leer tranquilos (de momento).
[Las máscaras de Elsa]
Su comprensión.
~Elsa~
Hicimos lo posible por estudiar pero ni ella ni yo teníamos fuerzas para ello. Me empecé a preocupar por las notas de Anna, los exámenes finales eran los más importantes y le estaba robando todas sus energías. Me puse a pensar en alguna forma de ayudarla.
En mi cama, que ya podría empezar a considerarla como nuestra, le hice repasar los temas que tenía que recordar con preguntas rápidas a cambio de besos y no funcionó del todo mal, perdí la cuenta de los besos que nos dimos y nos quedamos dormidas.
Al menos durante un rato.
Me desperté unas cinco veces por la noche porque Anna no paraba quieta, ya no sabía qué hacer con ella, no podía dormir con sus constantes pases de baile. Probé de rodearla con las sábanas como si fuera un canelón, pero incluso así se movía de un lado para el otro. Terminé atándole las manos con el cinturón del batín y abrazándola para que no se moviera.
Su despertador volvió a quitarme el sueño.
— … ¿Qué es esto? ¿Me has atado las manos? —la ayudé a desatarse para que dejara de usar los dientes.
— No había otra forma de tenerte quieta. —se rió, pero a mí no me hacía tanta gracia.
— Buenos días guapa. —debía de tener unas pintas horribles, sentía mis ojeras clavadas en mi cara.
Me besó y fue a desayunar dejándome descansar. No tuve fuerzas para levantarme tan temprano, no quería quedarme dormida en la mesa otra vez así que me puse la alarma a las nueve y media y me quedé bien ancha, con toda la cama para mí.
Al cabo de unos minutos volvió a entrar.
— Els… Me voy al cole, recuerda que tienes clase eh~ —me dio varios besos y se fue. Quise dormir toda la mañana como el día anterior pero por desgracia tenía que empezar con las clases de música.
Cuando tuve que levantarme, me agobié con los mensajes de Punzi, no me dejaba en paz en todo el día, me tenía más que harta, ojalá se pudieran enviar bombas desde el móvil.
Probé de ser borde, de ignorarla, de gritarle en llamadas, incluso la amenacé con congelarla, pero se lo tomaba todo en broma y se reía. Por si fuera poco, me obligó a que la dejara acompañarme a mis clases y no aceptó un no como respuesta.
En un momento ya la tenía en casa, esa chica tenía un grave problema conmigo, peor que el mío con Anna. Me forzó a enrollarme con ella hasta que tuvimos que salir de allí.
No sirvió de nada pedirle que esperara fuera, insistió en entrar porque no quería separarse de mí ni un momento.
Subimos al tercer piso y nos encontramos con Kai, un ex-director de música de unos cuarenta años y algo relleno. Nos presentamos y nos enseñó un poco el estudio. Era una gran sala donde había muchos instrumentos de cuerda, varios pianos eléctricos y uno impresionante de gran cola, como los de las películas.
Hablamos un poco sobre mí, me dijo que mamá le había contado lo de mis poderes, que no lo entendía muy bien pero que lo tendría en cuenta, y me contó también que había escuchado las tres piezas que subí a internet. Se quedó pensativo cuando le dije que las había subido tal cual, sin retocar ni nada.
Después, me pidió que improvisara algo en el gran piano.
— ¿Te importa que grabe lo que tocas? Así tendré tu seguimiento y podremos tratar la pieza nota a nota.
— Ah, sí, claro. —me sorprendió que el piano tuviera pantalla, aparecían muchísimas opciones que toqueteó antes de empezar y vi que aparecían las notas que tocaba— Qué chulo… —además sonaba de maravilla.
— Sí, es nuevo de este año, se iluminan las teclas y todo, es perfecto para aprender. Bueno, cuando quieras, estamos impacientes por escucharte.
Traté de centrarme y tocar poco a poco para acostumbrarme a la suave presión de las teclas, era mucho más cómodo que con el teclado que tenía en casa, sentí mis dedos más ágiles y ligeros.
Me dejé llevar por el sonido que envolvía la sala y pensando en Anna, me puse a tocar como lo hacía en casa, incluso mejor, me esforcé en dar lo mejor de mí.
Paré a los cinco minutos porque no sabía si lo estaba haciendo bien. Al darme la vuelta, vi a Punzi con los ojos como platos y a Kai secándose las lágrimas.
— ¿Q-qué os pasa? —no pensé que lo había hecho tan mal.
— Elsa, te felicito, tienes la capacidad de transmitir emociones muy profundas con la música, y eso es algo que sólo los grandes compositores son capaces de hacer. Pese a tu falta de experiencia estructuras las notas a la perfección, haces brillar cada estrofa con un gran gusto y delicadeza, acabas de hacer honor al indescriptible amor con tu increíble partitura. Espectacular, me has dejado maravillado. —no me lo podía creer, no sabía si me estaba haciendo la pelota para que me quedara o realmente lo hacía bien.
— Bueno… no creo que sea para tanto… hay gente que lo hace mucho mejor que yo.
— No te equivoques, una cosa es saber tocar con precisión y otra muy diferente es saber jugar con las notas… —se fue hacia el ordenador— te enseñaré algunas canciones que están al mismo nivel que tú en cuanto a belleza y las compararemos con lo que acabas de tocar para que entiendas a lo que me refiero. Las grandes canciones no son siempre las más complicadas.
Y así empezaron las cases, esperaba aprender canciones nuevas y a leer partituras difíciles, pero en vez de eso, me enseñó a comprender mi propia música, a valorarla y a apreciar la forma en la que componía al vuelo. Dijo que tenía muchísimo potencial como compositora, que en todas su larga carrera profesional nunca había conocido a nadie que improvisara mejor que yo.
Se me pasó el tiempo volando, y a él también, a falta de diez minutos de que acabara la clase, llegó un chico unos años mayor que yo con un violín.
— Oh, genial, qué bien que hayas venido temprano Víctor. —nos presentó, dijo que él también era bueno improvisando y nos propuso tocar los dos a la vez.
Nunca había hecho algo así, no estaba muy segura de hacerlo bien, y me bloqueé cuando empezamos a tocar, no me sentía cómoda pensando en si hacía lo que él esperaba que hiciera.
— No te frustres, toca como si él no estuviera, deja que la música te guíe, impone tus notas con seguridad.
Lo volví a intentar, tratando de ignorar el violín, más calmada y sin pensar en nada en especial, con los ojos cerrados, tocando algo que me parecía bonito, de buen humor. Cuando vi que llevaba más de veinte minutos paré, el tiempo se me fue de las manos, me absorbió con el sonido del violín que me acompañaba.
Al darme la vuelta los vi muy contentos, gratamente sorprendidos.
— ¿De dónde ha salido esta chica? —preguntó Víctor acercándose a mí— Eres increíble. —me empecé a poner nerviosa, no era buena tratando con desconocidos.
— G-gra-
— Es la primera vez que hace clases, —Kai me interrumpió— lleva tocando unos dos años, aprendiendo por su cuenta.
— Imposible.
— Bueno Elsa, nos veremos el viernes, perdona por alargar tus clases, no sé si tenías prisa.
— No, no pasa nada, me… alegro que os haya gustado.
— Escucha los músicos que te he dicho ¿de acuerdo? Y no dejes de subir canciones a internet, tus fans las piden a gritos. —no entendí eso de mis fans.
— Vale…
Cuando salimos de allí, Punzi se puso a saltar como una loca, estaba alucinando con lo bien que lo había hecho, incluso me enseñó el video que grabó durante el dueto. Realmente sonaba bien, con el violín le daba un toque más sensible y harmónico.
Empecé a pensar que realmente era buena, pero tenía que practicar más para tocar piezas más complejas.
Le pedí a Punzi que se fuera a casa, que yo tenía que hacerme la comida pero se propuso a ayudar. Me puse seria con ella y le grité que si me seguía hasta casa llamaría a la policía diciendo que me estaba acosando, un poco exagerado, pero así me hizo caso por una vez, incluso me pidió disculpas algo decepcionada.
Después de eso me dejó más tranquila y volví a casa con el ritmo de la canción que toqué en la cabeza.
Mientras cocinaba, me puse a escuchar los pianistas que Kai me puso de deberes y la verdad es que eran buenos, pero encontré algunas partes en las canciones que no me acababan de sonar del todo bien, sentí que estaban a medias, que eran mejorables.
Tras limpiar la cocina me puse en el portátil para subir otra canción a YouTube. Entonces me di cuenta de que mis canciones ya tenían más de diez mil visitas y centenares de comentarios pidiendo más. Me quedé a cuadros, a eso se refería Kai con mis fans.
Me abrumé viendo la cantidad de gente que se tomó la molestia de escucharme, decían cosas increíbles que no me creía ni yo.
Toqué algo corto pero cuidado, retocando algunas notas con el ordenador y lo subí como si hubiera lanzado un cohete, llevaba varios días sin colgar nada. No tardé en ver comentarios. Mientras leía esos y los anteriores llegó Anna del colegio.
— Elsaaaaaaaaa~ ¿qué haces?
— Mira esto. —le enseñé la pantalla pero pasó de mí y se me sentó encima, de frente.
— No, que qué haces que no das un beso, llevo todo el día queriendo estar contigo ¿y me enseñas el ordenador?
Tenía razón, se lo compensé tumbándola en la cama para derretirme con sus labios.
Me preguntó cómo me habían ido las clases entre besos y piezas de ropa que iban cayendo al suelo. No le dije que había estado con Punzi, sólo que al parecer tenía potencial como compositora. Casi se me enfadó, dijo que era la mejor y el mundo entero iba a adorarme, pero que no me hiciera famosa porque quería estar conmigo, me hizo prometerlo y todo.
Me la comí a besos, adoraba cuando se ponía tan tierna, ni siquiera mil gatitos pequeños y monos podían con sus ojitos.
Desnudas y ya más cálidas, dijo que lo que repasamos anoche se lo quedó grabado en la cabeza, y me propuso un juego que se le había ocurrido en clase. Se levantó y fue a por un bolígrafo.
— Tengo que memorizar el vocabulario de Inglés y hay un montón de palabras que no sé… —dejé que hiciera lo que quisiera y empezó a llenarme el cuerpo de tinta, escribiéndome por todas partes, erizándome la piel con cada palabra— Ahora sólo tengo que relacionar tu parte del cuerpo con la palabra y su significado, ale, examen de diez.
Se puso a acariciarme entre besos y mordisqueos, buscándome por toda mi piel. Al rato le vendé los ojos y le hice buscar las palabras diciéndole la traducción, fue muy gracioso. Lo hice más interesante pellizcándola y jugueteando con ella cada vez que se equivocaba, hasta que esa corta y provechosa clase terminó y le dimos vida al vibrador.
Volví a privarle de la visión con aquel pañuelo y se me ocurrió atarla como hice por la mañana, teniéndola completamente a mi merced para jugar con sensaciones. Esa vez nos tomamos la molestia de poner una toalla en la cama para no ensuciarla.
Después de terminar acaloradas y con un agradable cansancio, nos dimos una tranquila ducha que hubiera sido perfecta si no nos hubiéramos entretenido tanto.
— Buenas~ —mamá llegó antes de lo esperado y nos quedamos congeladas sin saber qué hacer, cerrando el agua para que no nos descubriera.
— Tranquila Els, nos quedaremos aquí hasta que se vaya.
— ¿Y si no se va y tiene que usar el baño? Quédate aquí, saldré yo primera sin que me vea. —me enrollé rápidamente con la toalla y me acerqué a la puerta para escuchar sus tacones. Parecía estar en el comedor.
Salí con mi ropa en mano y me encerré en la habitación sin ser vista.
— ¿Chicas~? —entonces se puso a buscarnos, yendo directamente a mi cuarto.
— U-un momento… —le dejé pasar cuando me vestí— ¿Qué tal? —pregunté casualmente.
— Feliz como una perdiz, ¿y tú? ¿Cómo han ido tus clases? —preguntó apoyada en el marco de la puerta.
— Muy bien, la verdad. —me tranquilicé al no correr peligro— Kai dijo que podría llegar a ser una gran compositora y antes de irme improvisé con un chico que tocaba el violín. Ah, y mira. —le enseñé el portátil— Todos estos son comentarios de gente que le gusta como toco, he subido la canción esta tarde y ya tiene… quinientas visitas… y entre todas las canciones … más de cuarenta mil. —no me lo podía creer, apenas llevaba una semana con el canal.
— Vaya, eso es mucha gente, podrías dedicarte a la música. —fue un poco estúpido pero no lo había pensado hasta entonces. Mi intención era estudiar medicina o algún campo derivado de él como la química, pero ¿y si pudiera ganarme la vida componiendo? Me entró un no sé qué dentro de mí que me hizo ilusión.
Anna apareció para ver qué hacíamos y se lo enseñé. Insistieron en escuchar la última que subí y se quedaron empanadas como si las notas les absorbieran. Aún con todas las cosas buenas que dijeron, seguía pensando en que podía haberlo hecho mejor.
Entonces mamá dijo unas palabras mágicas.
— ¿Qué os parece si pedimos pizza para cenar? —Anna se puso como una moto, le encantaba la pizza.
— Espera, ¿qué celebramos? —era toda una sorpresa, normalmente la comíamos el fin de semana.
— Pues nada en especial, sólo me apetecía.
— Entonces podemos celebrar que comemos pizza comiendo pizza. —más que encantarle, le volvía loca la pizza. Nunca terminé de entender por qué, sólo era una masa de pan con ingredientes al horno.
De todas formas, nos pusimos más de buen humor si cabe, Punzi no volvió a molestarme, mamá nos dijo que el sábado vendría Mauri a comer y nosotras nos pusimos a terminar con los deberes de Anna de una vez por todas, con energía y determinación.
Ese terminó siendo otro gran día y no pudo terminar mejor. Por desgracia llegó la hora de dormir y ahí estaba de nuevo, con mi ángel que se transformaba en demonio por las noches dispuesta a no dejarme dormir. Pensé en volver a atarla, pero no me parecía lo más adecuado, tampoco quería pedirle que se fuera a su habitación aunque realmente eso era lo mejor.
Al final, cuando se quedó dormida pegada a mí, me escabullí y fui a dormir a su cama. Tenía razón, era más cómoda la mía, pero preferí dormir allí o incluso en el sofá antes de despertarme cada dos por tres por sus repentinos movimientos de kárate.
Creí estar en la gloria, dormí de un tirón hasta que me desperté de la forma más agradable que existe.
— ¡Elsa! ¡¿Se puede saber qué haces aquí?! —parecía realmente enfadada.
— Buenos días~ —me acerqué al borde de la cama para agarrarle del pantalón y llevarla hacia mí.
— No, buenos días no, ¿sabes el susto que me has dado? No te encontraba por ninguna parte, creí que habías desaparecido. —no le hice demasiado caso.
— Ya eres mía. —la rodeé y la secuestré en la cama, rodando como una croqueta para tumbarla conmigo.
— Oye, que tengo que desayunar. —le di mis labios para que saciara su hambre. Colé mis manos en sus nalgas con una energía mañanera que no tenía desde hace unos días.
— Sáltate las clases. —intentó apartarse de mí pero no la dejé. Desistió.
— ¿Crees que colará si les digo que estoy enferma por ti? —se me quedaron cortos los besos para decirle lo mucho que la quería, no pude parar— Venga va, que al final vendrá mamá y nos pillará.
— Un poco tarde ¿no creéis? —nos pegamos el susto del siglo al verla en la puerta, no la habíamos escuchado llegar y casi seguro que nos habría visto besándonos.
— M-mamá, buenos días… —Anna intentó disimular levantándose como si nada, pero no dejó que se fuera. Sin duda, nos había pillado. Me puse de lo más tensa.
— ¿Cómo explicáis esto ahora? ¿También enseñas a tu hermana a besar? —me mató con su mirada.
— Tengo que desayunar… —la dejó pasar y huyó, dejándome sola. Mi temperatura bajó en picado mientras se me acercaba.
Me arrinconé en la esquina de la cama recogiendo mis piernas, preparándome para lo peor mientras ella se sentaba en la cama. No sé por qué Anna me dejó sola.
— ¿Me cuentas lo que pasa entre vosotras? —fui incapaz de decir nada, se me hizo un nudo en la garganta al ver su cara de decepción. Suspiró— Sabía que lo vuestro no era sólo curiosidad, os ducháis juntas también ¿no? ¿Dormís desnudas también? ¿Por eso cerráis la puerta con seguro?
No recuerdo la última vez que me echó la bronca, supongo que por mis poderes más que nada.
— N-no te enfades… —dije casi temblando. Me abrazó sin conseguir calmarme.
— Cuéntamelo Elsa, necesito que me lo expliques para que lo entienda, ¿cómo habéis llegado a esto? Es tu hermana pequeña…
El dolor empezó a crecer en mi pecho, mis lágrimas amenazaban con salir y cuando creí que ya estaba todo perdido, escuchamos su teléfono sonar.
— Salvada por la campana… —salió a por su llamada y justo entró Anna, aliviándome una barbaridad. Se puso a mover el armario delante de la puerta para que mamá no pudiera entrar— ¡Anna! Será posible.
Entendí que la había llamado ella para que saliera, pero no le dio tiempo a bloquear la puerta del todo.
— Ya está bien. ¿Se puede saber qué os pasa? —entró más enfadada que antes— Intenté razonar con vosotras pero me mentisteis, os doy una oportunidad para que os expliquéis y huís de mí, ¿qué estáis tratando de ocultar? Vivimos bajo el mismo techo maldita sea. —apartamos la mirada como indefensos animalillos.
Cogió a Anna del brazo y la apartó de mi lado.
— Tú desayuna o llegarás tarde al colegio, vamos. —no pudo negárselo, salió con unos ojos entristecidos que me enfriaron el corazón.
Puso el armario en su sitio, con fuerza y enrabietada.
— ¿Me contarás de una vez lo que pasa entre vosotras?
— Cuando te calmes… —estaba demasiada alterada, no iba a soportar una bronca en su estado.
Respiró hondo, se sentó en la silla del escritorio, y esperó, sin dejar de mirarme. No supe qué decirle, sabía que trataría de quitarme las ganas de Anna de la cabeza, pero ya intenté de todo sin éxito.
No quise que mi familia se rompiera por mi culpa otra vez.
— Quiero ayudaros Elsa, quiero lo mejor para las dos, pero no puedo hacer nada si no me cuentas lo que ocurre. —odié a muerte ese momento, mis lágrimas me delataron, no tenía alma para articular palabra y mamá esperaba una dura explicación— ¿De qué tienes miedo?
Esa pregunta rebotó por todos los confines de mi mente, tenía miedo de demasiadas cosas como para contárselas.
— Tienes que ir a trabajar… —mi pésimo intento para que me dejara sola fue en vano.
— No pienso irme de aquí hasta que solucionemos esto. Vamos Elsa, no te encierres en ti misma, háblame. No soy tu enemigo aquí. —me tumbé en la cama, dándole la espalda, abrazada al cojín.
Después de unos minutos insistiendo, decidí contárselo todo, supuse que sería lo mejor.
— ¿Me… prometes que no te enfadarás? —tras su respuesta, abrí mi candado, ese que encerraba todos mis sentimientos, preocupaciones, dudas, temores, deseos, pasiones y heridas.
Empecé poco a poco, odiando mi solitaria infancia entre lloros, con la conciencia intranquila de haber acabado con la vida de mi padre, queriendo ser una persona normal como las demás, hartándome de los guantes, de mis poderes, de los compañeros de clase que se metían conmigo, de los sentimientos reprimidos, de todo.
La habitación se llenó de un dolor frío que no pude evitar.
— Sigue. —se acercó, sentándose en la cama, posando su mano en mi hombro.
Continué con mi pasiva adolescencia, sin amigos, sin contactos en la agenda del móvil, sin amores ni aventuras, en una monotonía que me volvía cada vez más gris, más fría y más solitaria. Ansiaba las pequeñas cosas que tenían los demás y que les hacían felices, a duras penas me podía considerar humana al lado de ellos, pasaba los días subsistiendo sin más, de lunes a domingo y de enero a diciembre. Anna era la única en mi vida que me teñía con un poco de color.
— ¿Por eso la quieres tanto?
Dije que no era sólo por eso, para mí ella era mi mejor amiga de la infancia, mi hermana pequeña, mi primer amor, la chica con la que desearía pasar el resto de mis días y por la que sería capaz de morir. Significaba tanto para mí que cualquier persona a su lado no valía nada, me obsesionaba y me hacía increíblemente feliz con que sólo me mirara. Ahora que la sentía tan cerca, que me necesitaba y se fijaba en mí, no podía sentirme más querida, era todo lo que podía desear, me llenaba por dentro.
— De acuerdo, entiendo que sea tan importante para ti y está bien, pero no deberías quererla de esa forma.
Le conté las veces que intenté mantener mi sucia mente apartada de ella, probé hacer de todo para no ansiarla de esa forma pero lo único que conseguía era quererla cada vez más. Ni ella, ni yo, ni siquiera mi ex-novia podían ayudarme, mi pervertida adicción que fue creciendo en los últimos años era demasiado poderosa.
— Un momento, ¿tu novia lo sabe?
Expliqué por encima lo que ocurrió, cómo Anna se enteró, la causa por la que congelé su cuerpo sin querer, cómo la descongelé a besos, la verdadera razón por la que me fui de casa y cómo luego se enteró Punzi. Sus intentos por ayudarme eran inútiles, y los suyos no iban servir de mucho, estaba perdida.
— Ya veo… Debiste de haberme contado esas cosas Elsa, sabes que puedes confiar en mí para lo que sea.
Terminé mi monólogo diciendo que no quería que me enviara a psicólogos, estaba harta, tenía miedo de frustrarme y perder el control de mis tan odiados poderes, miedo de quedarme sola para siempre, de no poder vivir como la gente normal y sentirme apartada. La universidad me aterraba, no podría estar en un sitio cerrado con tantas personas, me horrorizaba pensar que me alteraría un día y haría daño a alguien, no soportaría acabar con la vida de otra persona.
Sentía estar en un negro pozo sin poder salir, y Anna era la única luciérnaga en la oscuridad que hacía brillar mis ojos y creer que merecía ser feliz como los demás.
— Ven aquí, mi pequeña. —me abrazó, sintiendo mi dolor, dejando llevar mis llantos en su pecho, desahogándome después de expresarme con el corazón por primera vez en la vida— Encontraremos una solución, te lo prometo. —deseé que tuviera razón— Por ahora, ¿qué te parece si nos vamos a desayunar a algún sitio? Sólo tú y yo, ¿qué dices?
— Vale… —en ese momento, la vi más como una amiga que como una madre.
Nos levantamos y al salir de la habitación nos encontramos a Anna sentada en el suelo.
— ¿Qué haces tú aquí? Hace hora y media que deberías estar en clase. —me miró ignorándola, como si se hubiera perdido el alma.
— ¿Puedo venir con vosotras? Me muero de hambre.
— Bueno, está bien, vamos.
No tenía muy claro cómo escribir el final, pero me iluminé y he quedado más que satisfecho con el resultado.
El viernábado? más.
