TAL VEZ ES AMOR

Capítulo 13

Aún era de madrugada quería empezar el día en su lugar favorito, las líneas anaranjadas y amarillas apenas se asomaban en el verde horizonte. El viento le daba en la cara, iba montado en su caballo colina arriba, corría como alma que lleva el diablo, queriendo que el viento se llevara todos sus pensamientos, sentimientos, sensación de vacío en el estómago y la opresión del pecho. Fue una total estupidez, regresar a Escocia, en esta ocasión no fue su refugio sino su total tormento, justo como Torquemada lo era para los acusados de herejía.

La presencia de ella estaba por todos lados como en la mansión de Londres pero aquí, por alguna extraña razón, era aún más evidente. Tal vez era porque ahí la conoció, porque ahí fue cuando ella empezó a metérsele en el alma y en cada célula de su cuerpo o quizá porque la noche anterior, justo al momento en que se sentó en esa silla de madera en la biblioteca recordó aquel escote parisino en una dulce chica pueblerina, esos verdes ojos que gritaban transparencia y ese bendito olor de su cuerpo cuando la salvó de la cruz invitándolo a jamás salir de esos delgados brazos.

Bajó del caballo y se sentó en la hierba, aspiró fuertemente y miró al vacío, mutis de su cerebro, cero, murió por un instante, pensó que ya había vivido lo que más podría soportar, pero ¿esto?, jamás imaginó que podría vivir esta terrible sensación de la aplastante presencia de la ausencia que calaba incluso en la garganta, no había hablado desde que vio por la ventana que ella subía a ese maldito carruaje. Por un momento creyó que todos los sentimientos negativos de cada uno de los esposos, padres y hermanos de todas sus conquistas se habían unido y habían formado un gran hálito morado que materializaba todo el karma de sus pecados envolviéndolo, atándolo haciéndolo pagar con creses todo el "daño" que había hecho. Lo sintió, lo vivió… esa imbécil mirada de complicidad de Grandchester con ella. ¡Dios! Sus manos ardieron por darle un golpe más a esa cara de galancete. Ahora entendía perfectamente lo que había hecho por años… siempre se había preguntado porque salía bien librado de todas sus aventuras, porque algunos hombres solo se tragaban su orgullo y coraje y lo saludaban como si nada en el country club aun sabiendo que sus esposas habían tenido una tarde muy entretenida con él. Jaque mate, el rey ha muerto. "Nadie se va de este mundo sin pagar lo que debe" dijo alguna vez la Tía Elroy.

-Si pero esto es demasiado- dijo en voz alta. Y el sabor amargo corrió por su esófago-yo sé que hice mal,-miró al cielo- lo que empezó como una venganza se convirtió en mi forma de vida, la traición que le hice a Terry…y ese matrimonio con tal de salirme con la mía…. En verdad he hecho mucho daño, y he sido un orgulloso, pero si digo algo a mi favor y tú lo sabes muy bien… nunca había sido feliz… y ahí empezó mi calvario, probé la felicidad y ahora se me escapó de las manos por este miedo que me carcome a que pudiera pagar siendo como uno de esos hombres en los que sus mujeres están hundidas en un matrimonio a la fuerza y llegan a conocer a un donjuán de pacotilla que juega con ellas dándoles unos momentos de falsa felicidad… no eran mala mujeres, simplemente estaban sofocadas por su forma de vida impuesta… y yo me aproveché de eso… ahora lo veo claro… ¿Qué hago? – Dijo al cielo – me siento como un total idiota…perdón… guíame, estoy haciendo lo que ella me enseñó… a pedir ayuda cuando se vio sin salida… seguro que ya te pidió ayuda y que en eso estás… guíame a mí también…una señal, por favor, una señal para saber que hacer…Es que a pesar de quiero que me vea como su esposo, como su amigo como el amor de su vida…Como veía a Terry en esa fotografía… ¡imbécil!- dijo al golpearse la frente con el puño cerrado… le di la impresión de que solo la utilicé, me porté como un cavernícola cuando ella solo puso de su parte para que este matrimonio de locos funcionara como algo normal pero ahora que Terry está libre, de seguro al ver a su viejo amor… supo que la familia Andley no era su lugar…- unas lágrimas corrieron por sus mejillas, volvió a quedar en silencio y miró de nuevo al horizonte, sus fuerzas se fueron ya no pelearía una guerra que ya estaba perdida desde el momento en que Grandchester entró a su casa aquella noche, había algo que lo llenó de tibieza por dentro y le dio tranquilidad, fue entonces cuando lo dijo- si es que para que sea feliz… viviré con el consuelo de que al menos ella si lo es…

-Es la estupidez más grande que he escuchado de tu labios Albert- dijo una voz conocida- ibas tan bien…

-¿Tú? ¿Qué haces aquí?- preguntó con la quijada apretada para que no se le cayera. Por otro lado, algo lo tranquilizó al menos no estaba con él. Terry estaba ahí recargado en el árbol, ese donde inútilmente trato de seducir a Candy.

-Viendo como el inconquistable Sir William Albert Andley está siendo revolcado por una ola como de 10 metros de todas sus estupideces- contestó con una sonrisa de lado.

-¿Quién te dijo que estaba aquí?-

-Tu tía Elroy…- contestó al acercarse despreocupado y de nuevo seguro de sí mismo, como antes.- ¿ya te viste acorralado? No sientas pena, yo también lo viví hermano- dijo al darle una palmadas en la espalda- ... y por la misma razón- Albert lo vio de reojo queriéndolo fulminar.- Yo la perdí por una noche de pasión y alcohol, ¿ves? Algo tangible… tan tangible como un bebé….y que ella vio a Susana perderlo; pero como siempre tu eres más idiota que yo… Candy ya es tu esposa, tu mujer ¿o no?...Porqué si no es así… esto es peor.

Albert no contestó, pero como relámpago vinieron a su mente todas esas ocasiones en que Candy estaba en sus brazos, en su cara sonriente, en sus bromas, en su tibieza, en su olor, en su pelo revuelto que le picaba la nariz, era más que su mujer si de definiciones se trataba.

El silencio fue una afirmación tácita, Terry tragó saliva, se vio a sí mismo un tiempo atrás, era inconcebible, después de haber albergado tanto resentimiento contra ese hombre, ahora sentía empatía por su dolor, pero sobretodo, la misma estúpida aseveración que había salido de los labios de Albert escasos segundos también él la hacía...que ella sea feliz. Totalmente de locos, ambos ahí sentados en la hierba rumiando el mismo amor perdido, lamiéndose las heridas. Soltó la carcajada.

-¿Qué te da risa?

-Que somos un par de imbéciles.

Albert soltó algo parecido a una sonrisa.

-¿Qué esperas? Albert…. ¿no ves yo estoy aquí? ... no se fue conmigo…caí de su gracia, me perdonó pero quebré todo de raíz… pero tú no…aún tienes una esperanza. – dijo alentándolo

-¿tú crees?... sino está contigo entonces está segura que la utilicé y eso es peor de lo que tú le hiciste

-aquí no estamos en una competencia… ambos coincidimos en que lo importante es ella ¿no?

-si- dijo serio y completamente rendido. ¿Cómo era posible que una mujer tan menuda y delgada tuviera la fuerza suficiente para derrotar esos dos hombres que apenas hacía unos días casi destrozaban la lujosa ala norte de la mansión Andley? La vida es tan sabia y tan cruel que le fascina poner a todos en su lugar, tumbar orgullos, destrozar dignidades para hacerte ver que solo eres eso un hombre ignorante precisamente de lo que es la vida, no hay clanes, no hay dinero, posiciones, rebeldías… recordó las razones por las que Candy aceptó casarse con él, el duro discurso que le dio a la Tía Elroy. Definitivamente había perdido pisada, el mundo seguía dando vueltas y él ahí ahogándose en un vaso de agua, esperanza, dijo Terry. – Es un maldito miedo hermano.

Terry lo escuchó y empezó a jugar cortando hierba del piso y a soplarla para de nuevo empezar a cortar, después de unos segundos, volteó y con voz decidida esperó a que Albert lo viera a los ojos- Pues tienes solo dos opciones, la primera quedarte aquí y disfrutar tu miedo y la duda de que si realmente te ama o arriesgarte a que te diga que no y te mande a freír espárragos, pero con el mismo porcentaje de posibilidad que te afirme su amor. Entonces… ¿Qué esperas?- añadió con una sonrisa cómplice justo como esa que antes lo enervó ahora le reforzaba una esperanza.

-Gracias- dijo al ponerse de pie, volteó a ver a su amigo que batalló para levantarse mostrando un poco de dolor en la espalda. -¿Por qué viniste?

-Porque soy el idiota más grande del mundo- dijo con una sonrisa dolosa.

-Según Miss Bitter yo te destroné por mucho.- Los dos rieron

-Es lo menos que debía hacer por ustedes…

-Terrence, de verdad… lo de Elisa… no tenía idea…y me siento…

-Ya todo está en el pasado- lo interrumpió dijo con voz apacible extendiéndole la mano- ¿amigos como antes?

-No- dijo cortante. Terry se quedó pasmado, incrédulo- Mejor que antes.- añadió dándole la mano para acercarlo y terminar en un abrazo -Miss Bitter dice que las cosas las vivimos para ser mejores- dijo al separarse.

-Tiene razón, como siempre- Albert lo escuchó a lo lejos, demasiado para solo estar a unos centímetros de distancia, si tan solo se agachó para recoger su reloj que lo había dejado en el pasto. Escuchó unos pasos y pensó que ya había tomado la delantera hacia el castillo, el caballo resopló y al levantar la cabeza no había nadie junto a él. El día ya había llegado y en la claridad solo vio a aquel cervatillo que Candy quiso rescatar de la trampa que se acercó reconociendo a su salvador.

-Hola amigo- lo acarició- ya me estoy volviendo loco.

Terminó de decir eso cuando escuchó el sonido de la voz de Atila, con los insipientes rayos del día que nacía, sus alas brillaron justo arriba de él y un objeto cayó de sus garras. Tomó el objeto para ver que era… el bolso tejido de Candy lleno de hierba seca por fuera, lo abrió y pudo ver su contenido, las cartas aun podían distinguirse y el broche parecía intacto… leyó las cartas, fragmentos de ellas, identificó la letra, era de ella…siempre fue ella, se enamoró de su alma antes de conocerla, ahora lo sabía. Las besó como quien encuentra un tesoro e inició de nuevo la carrera pero ahora, la luz del día le daba en la cara y su pecho se llenó de aire y el nudo del estómago ahora se propiciaba por una enorme necesidad de regresar a Londres, tenía que encontrarla y enfrentarla. Llegó al castillo y entró por la cocina como era su costumbre

-Irvin, Irvin preparen todo me voy a Londres- gritó como desenfrenado caminando por el pasillo para llegar a la biblioteca

-Señor tiene visitas- dijo el hombre ya entrado en años

-¿Visitas? ¿Quién?

-Nosotros- contestó Alistear tomando un café

Stear y Archie estaban despeinados, parecía que habían viajado toda la noche

-¿Qué pasa? ¿Está bien la tía Elroy, tía Bessy… Miss Bitter? ¿El bebé? ¡Digan algo por Dios!

-Es Terry- dijo Archie con voz entrecortada- quiere verte, está muy mal.

-Patty me amenazó con el divorcio sino venía a avisarte, él está en mi casa, el duque tuvo que viajar a la India y yo le ofrecí que se quedara hasta que se sintiera bien.

-A mí también Annie, en realidad está muy mal ha tenido fiebre por días, la herida no quiere sanar.

-Entonces fue una alucinación- pensó en voz alta.

-¿De qué alucinación hablas?- preguntó Stear

-Nada, yo me entiendo… pues entonces vámonos…con un matrimonio en problemas en la familia tenemos…

-Es que….- dijo Archie al caminar hacia la puerta, pero Stear con el dedo en la boca le indicó que callara.

En cuestión de minutos el coche iba rumbo a Londres.

Patty cerró la puerta cuidando de no despertar a ninguno de sus huéspedes, no sin antes admirar la escena, Candy dormida en un sillón con un taburete a sus pies y Terry por fin dormido plácidamente después de haber tenido una madrugada inquieta y de monólogos indescifrables.

-¿Cómo está?- dijo Bessy

-Mejor tía, ya por lo menos descansó, ya dejó de hablar… no dejaba de llamar a William… será el sereno pero yo escuché algo como "Idiota más grande del mundo"….

-mmm …. ¿Y Candy?... ¿piensas dejarla ahí? Es muy incómodo

-sería más fácil mover una montaña tía- añadió Annie- déjenla, ya pasaron como dos horas desde que se le bajo la fiebre a Terry… en una hora más o menos Candy se despierta tan fresca como una lechuga, así le pasaba cuando mi mamá estuvo enferma…se levantaba como un resorte porque tenía que ir al hospital.

-¡Como han sufrido queridas!- dijo Bessy al abrazar a Annie

-Vamos a la cocina, tengo que ver cómo va el desayuno porque de seguro llegarán con mucha hambre. Además el padre Matt no tarda en levantarse.

-Bueno una taza de café no nos cae mal a nadie, no sé ustedes pero todo esto me da mucha ansiedad y me da un hambre atroz.- dijo Annie al dirigirse a la cocina

-Ajá tal vez esa ansiedad, ande corriendo por aquí en dos años.- agregó Bessy.

Que absurdo era todo, pensó Candy, mientras identificaba el lugar donde se encontraba; checó la frente de Terry, suspiró de alivio al sentirla fresca. El día anterior se levantó en la mansión Sheffield en Hampshire, la quietud de ese lugar le dio paz y le enfrió un poco la mente para poder planificar su futuro incierto hasta ese momento. Y a estaba decidido, se iría a la casa de los Martin hasta tener la respuesta de Collin, una doctora que conoció en el hospital en Chicago que su madre tenía una pequeña clínica en las tierras nuevas del oeste. Empezaría una vida nueva con su bebé, ayudaría a las personas y sobretodo viviría en paz.

Matt le ofreció ser el padrino del bebé y su madre Lady Catherine Sheffield, tendría la ilusión de tener un nieto al menos como ahijado de su hijo. Candy le cayó muy bien pero sobretodo que vio como Matthew la admiraba cuando le contó toda historia de ella y como vino a estar en medio de esos dos casanova incorregibles. Platicó con ella y logró ver su alma, como le hubiera gustado para nuera, Canta tan bonito, habría música siempre en casa… pero como siempre Elroy siempre le ganaba, desde que estaban en el colegio San Carlos y esa fue una buena razón para ayudarla y mantener el secreto… saber que existía un heredero Andley y que ella no lo supiera…y además bajo el cobijo de los Shefflied…heredero al fin de cuentas, porque sabía que Matt le dejaría todo a ese chiquillo que amaría demasiado…. Bueno no sería demasiado mala… si Candy se lo autorizaba se lo diría…al fin de cuentas no era su secreto. Además saber que esa chiquilla puso en su lugar a la gran Elroy Andley fue suficiente para abrirle las puertas de su casa, de su familia y de su corazón.

-¿Cómo te sientes?- preguntó Candy casi en susurro

-Hermoso- contestó Terry al abrir apenas los ojos

-Vaya sí que eres narcisista- contestó Candy sonriendo

-Es hermoso que lo primero que vea en la mañana sean tus ojos verdes

-¡Dios mío! Ya estás bien ya vas a empezar… déjame ver tu herida, debo mantenerla limpia para que el doctor pueda ver bien cómo vas cuando venga… aunque ya me tengo que ir...- Terry la tomó de la mano sin decir nada- te lo dije Terry, mi boleto es para el mediodía, solo espero que traigan el desayuno. Después de lavar la herida y dejarla con un parche estéril lo ayudó a acomodarse en la almohada aún estaba débil.

-Gracias

-De nada- dijo al poner su mano en su frente y hacerle el pelo hacia atrás, como a cualquier otro paciente.

- nunca me contestaste… ¿Lo amas?

-¿Tengo que decirlo? ¿No lo viste en mis ojos aquella noche?

- Si no es pedirte demasiado podrías darme tu bendición, por favor, por si acaso…

-Sshshhshshsh- Candy se quitó la cadenita que algún día le regaló su papá, la besó- Dios te bendiga Terrence Grum Grandchester, encuentra tu camino y se feliz.

-Dios te bendiga Lady Candice Andley…- dijo con voz casi audible mientras ella se alejaba a la puerta

- Candice White Bitter- corrigió antes de abrir la puerta y recargarse en la orilla de esta

- …encuentra tu camino y se feliz… - la vio de arriba a abajo, junto a la puerta con su cabello rubio esponjado y sujeto a media coleta con su cara de frente, ella sonrió dulcemente con una sonrisa de mona lisa.

Se dio la media vuelta y se dirigió a su cuarto, se lavó y se dio cuenta que su vestido ya no le quedaba, dejo de usar el bendito corsé ya hacía una semana

-Dorothy…- háblale a la señora Patricia por favor- dijo al señalarle su vestido.

Minutos más tarde…

-No mujer no te los presto… te los doy son solo tres porque los demás los dejé en Francia, en un baúl que olvidó Stear en el departamento... cuando los necesite, que espero no sea en un buen tiempo… pues compro otros, no son dignos de Lady Andley… pero…- dijo al pedirle a Dorothy que los pusiera en la cama

-Por Dios… Lady Andley… tu patriarca no tardará en hacer efectivo el divorcio…- dijo con algo de tristeza pero resignada-…Pero son hermosos y llenos de amor- terminó la frase con una sonrisa a fuerzas.

-¡Ah! sí eso sí… Candy,- dijo al tomarla de las manos- jamás olvidaré que cuidaste de mí y de mi bebé...Dios te trajo a nuestras vidas justo en el momento en que te necesitábamos… no te vayas - le pidió con seriedad y cariño. Al tiempo que trató algunas lagrimitas no cayeran por sus mejillas. Candy también sintió que la humedad de sus ojos era demasiada pero pasó saliva, creyendo que así iba a detenerla.

-Lo siento…no puedo quedarme aquí…- añadió con calidez- suspiró queriendo dar vuelta a la página- pero… podemos estar en contacto- sacó la respuesta de la manga abriendo los ojos para parecer confiable- en cuanto tenga mi casita allá en el nuevo oeste los invitaré a celebrar el día de acción de gracias…- dijo más para darse ánimos a si misma que a Patty.

- Te veo decidida, pero… tal vez si le das tiempo a que se dé cuenta… Albert como todos los hombres es algo lento para todo esto…

-¿más Patty? ¿Casi un mes no es suficiente?

-no lo vayas a tomar a mal…- insistió- ¿no crees que…?

-Dilo sin rodeos Patty- interrumpió Annie determinante al entrar al cuarto y pararse frente a su hermana- que esa dignidad raya en el orgullo y por culpa de ser tan terca como una cabra le quitarás la oportunidad a tu hijo , mi sobrino, de crecer junto a su padre, además de llevarlo a vivir a un lugar llamado "no sé qué en la nada" que aún no existe en el mapa…Candy ¡por Dios!, - dijo exasperada-¡por la memoria de nuestros cuatro padres!…que te aseguro estarán revolcándose en sus tumbas… ¿quieres que termine como nosotros en una casa hogar? Tu sola con él o ella, te pasa algo…los indios, el camino...qué sé yo…mil cosas pueden suceder… lo vas a dejar solo y nosotros sus tíos- tomó a Patty del brazo- ¿cómo le vamos a hacer para encontrarlo? si bien nos va y es que nos informan que algo malo te pasó. Lo que quieres hacer no es justo para él. Un silencio reinó en la habitación

Dorothy terminaba de ayudarla a vestirse, Candy la vio a los ojos esperando que también ella diera sus opinión al fin y al cabo en ese lugar la que conocía mejor a Albert era ella y sabía que lo amaba como a un hermano.-Anda, dilo…. -Dijo Candy alentándola

-Candy, yo quiero mucho a Albert, él se portó muy bien con mi familia hasta que quedé yo sola… y, la verdad, si te estoy apoyando es por el bebé que es su hijo, porque para mí es como mi sobrino…y bueno, yo tengo la oportunidad de ir contigo y cuidarlos a los dos, pero… creo que Lady Ann tiene razón- dijo seria pero con un tono de comprensión.

Candy se vio al espejo, respiró y las vio a las tres a los ojos - Tienen razón en todo lo que dicen y no crean que no lo he pensado- dijo seria- pero creo que es más cruel obligar a Mr. Andley a permanecer en un matrimonio que a todas luces ya no le interesa, pero es más cruel aún permitir que mi bebé crezca en matrimonio de apariencias, eso sí que no es justo. El silencio volvió a reinar

Dorothy, sin más, en silencio, guardó los demás vestidos en un baúl pequeño que Catherine les había dado.

-Todo estará bien- dijo Candy al abrazarlas a las tres.

Matt después de hablar con Terry por no llamarlo como era o sea recibir su confesión, se subió al coche junto con Candy, Bessy y Dorothy dejando la casa de los Cronwall a la 11:30 directo a la estación de tren.

El doctor revisó a Terry y dijo que la enfermera que lo cuidó la noche anterior había hecho un buen trabajo.

-Más de lo que cree- dijo apenas Terry con algo de fuerzas

-Pero no te sobrepases, aun estas débil la infección no ha cedido, debes seguir al pie de la letra todas mis indicaciones.

De pronto se abrió la puerta abruptamente

-Ya llegamos Terry – dijo Stear, - aquí esta Albert.

-Yo me retiro

-¿Cómo está? doctor – preguntaron casi al unísono

-Mejor, pero… tenemos que seguir atacando la infección, ¿puede acompañarme Mr Cronwall?- tomó del brazo a Stear

-Claro

-Yo los acompaño- dijo Archie

Albert se sentó justo en el sillón donde durmió Candy. Pudo distinguir su perfume pero creyó que estaba loco.

-No me vas a creer… pero, en mi delirio, yo hablaba contigo, en Escocia…

-No digas más…seguiré tu consejo

-Pues apúrate acaba de ir a la estación su tren sale en 10 minutos. Corre y arriésgate.

Ante el asombro de todos salió corriendo si hablar con nadie

- ¿A dónde vas? -Preguntó Patty

-Por mi mujer- contestó sin voltear para subir al coche y pidió al chofer que fuera lo más rápido posible pero el cochero le dijo que los caballos estaban cansados y sedientos acababan de llegar. El corazón quería salirse

-Puedo llamar a mi chofer, mi coche está en casa- dijo Archie. Dijo al alcanzarlo en la calle

-Si gustas… empezare a caminar- dijo al iniciar su recorrido corriendo tenía que ganar tiempo.

-Annie habla por teléfono a casa y pide que tengan listo el coche yo voy para allá.

-Si

Las calles parecían larguísimas de pronto recordó, tenía que llegar primeo a la mansión Andley ,tenía que recoger algo. Después de unos minutos

-Toma no es difícil de manejar- Dijo Stear montado en una motocicleta.

-¿Qué es eso? ¿Una bicicleta?

-Con motor, salida de los talleres Andley… corre como un caballo

- Está bien- dijo al subir

El ruido era ensordecedor, sin contar las miradas de los transeúntes. Gracias a Dios las puertas de entrada de la mansión estaban abiertas. Una de las sirvientas le gritó a su señora que Mr. Andley llegaba en un aparato del demonio. Albert entró directo a la biblioteca y abrió un cajón del escritorio para tomar unas llaves y abrir una de las vitrinas de sus recuerdos. Sacó una piedra vieja y terrosa estaba cerrando la vitrina cuando Elroy abrió la puerta.

-¡William! , Candy estuvo aquí

-¿Estuvo aquí?

-vinieron a despedirse de mí y ¡me dio un beso!…

-¿No te dijo a qué hora sale el tren?

- a las 12:00… hijo…alcánzala… tienes que saber que obligó a George a agregar una carta en el convenio de matrimonio donde no quería nada de los Andley… mira aquí están todos los cheques que mandaste… yo voy contigo tal vez a mí si me escuche

Salieron decididos a ir a la estación y Elroy al ver ese artefacto hecho por Stear se detuvo

-¿No tienes otra forma de transporte?

-No… sube tía- dijo al subirse

- ¡Dios lo que tiene que hacer una por la familia!

Elroy con los ojos cerrados, abrazó a su sobrino por la cintura y lo peor, tuvo que amarrarse la falda y enseñar los tobillos cubiertos por sus botines pero los iba enseñando por toda la calle ante los ojos incrédulos de sus vecinos, lo único que la consolaba era que la estación de tren no estaba lejos y si iban a esa velocidad del demonio podían llegar antes que el tren saliera.

Un mitin de mujeres sufragistas impedían la entrada a la estación mientras que Elroy se reponía de su estómago y podía volver a caminar, Albert corrió entre la gente. Un fotógrafo del periódico de izquierda "The Guardian" la captó junto a ese innovador transporte con los cabellos despeinados en medio de todas esas "mujeres revoltosas" sonrió maquiavélicamente, titularía su foto como Lady Elroy Andley a favor del voto de la mujer.

Albert llegó al hangar, buscando como desquiciado la figura pequeña de su mujer, su altura le permitía ese lujo, ver entre la gente desde una perspectiva más alta. Fue entonces que pensó que quizá ya había abordado. La voz del maquinista anunciaba que eran los últimos segundos para hacerlo.

Candy sintió el codazo de Matt quien lo vio por la ventana subiendo al vagón. Ella se levantó de inmediato queriendo salir.

Albert subió por la puerta delantera del vagón de segunda clase; logró ver su figura en el vestido que traía el día que la conoció y su cabello recogido dentro de su sombrero favorito, dio zancadas largas para alcanzarla en su huida hacia la puerta trasera. Por fin la alcanzó en el pasillo, la tomó de la cintura y no le permitió que volteara.

-Miss Bitter, no se mueva, no puedo dejar que se vaya sin que sepa que no he dejado un solo instante de pensar en usted, de decirle que fui un estúpido al dejar que saliera de casa ese día, tan solo de pensar en esa opción que Terry me dijo… ahora sé que su decisión es irse, alejarse de mí, está bien y la respeto si eso es lo que quiere… pero quiero que se vaya sabiendo que cada cosa en el ala norte, en el jardín, incluso en Escocia, fue lo mismo, el pan , el café no saben igual si usted no está junto a mí…. Extraño los masajes de pies- dijo al acercarse a su oído sugerente- No puedo concebir la vida sin usted, mi sueño es que vivamos juntos, que sigamos con nuestros planes… ¿recuerda? …. No encuentro otra manera de vivir… creo que esto tal vez es amor… ¿regrese conmigo?- dijo al tomarla de los hombros y voltearla frente a frente…

-Bueno si yo fuera un poco más joven… pues lo pensaría querido- para su sorpresa era una mujer anciana que llevaba un sombrero parecido al de Candy y un vestido también del mismo color.

-Disculpe, me equivoqué, perdón- dijo al soltarla

-Mr. Andley, ¿Qué es esto? ¿Sigue seduciendo mujeres?- dijo Candy justo atrás de él

-Miss Bitter… yo...pensé que era usted…dijo justificándose

-Creo que necesitas lentes querido- dijo la anciana antes de sentarse en su lugar – y tu preciosa, yo no sé qué fue lo que te hizo pero definitivamente no dudaría en perdonarlo, ¿no lo has notado? pero es muy guaaapo.- dijo la mujer con una mezcla de sinceridad e inocencia.

-Si lo sé...muchas gracias por el consejo.- sonrió agradecida por ese sincero e inocente consejo

Los demás pasajeros no dudaron en soltar la carcajada

-Bajemos

-Solo tengo estos boletos

-Yo mismo se los compraré, es más un vagón para ustedes solos si gustan...pero primero escúcheme

Bessy y Matt la vieron diciéndole que sí, mientras Dorothy ya tomaba las cosas para bajarse, pasó junto a Albert y le dijo- mmm tarde pero seguro ¿verdad?- mientras le daba un codazo.

Bajaron y el tren silbó de nuevo y el vapor empezó a hace de las suyas a quienes se quedaron en el hangar, caminaron precisamente al final de este.

-No se preocupe Mr. Andley lo escuché todo… ¿Por qué me dejó ir?

- Porque no quería que usted estuviera en un matrimonio a la fuerza, que decidiera estar en el lugar donde quisiera…. Y porque no quería aceptar esto que siento por usted, aceptar que me tiene rendido como un verdadero imbécil , lo más seguro es que creo tal vez es amor… no me importa que usted no sienta lo mismo, solo quería que lo supiera… que entendiera de algún modo, sin justificarme, porqué últimamente me he portado como un energúmeno.. Usted es libre de hacer y sentir lo que se le venga en gana… solo quería que lo supiera…pero… si… usted siente lo mismo que yo le ruego que regrese en este momento conmigo a nuestra casa...- dijo ya con su último aliento.

Candy siguió en silencio, sus ojos no dejaban de soltar lágrimas

- Lo vi tan frío al decirme que me fuera… pensé que como ya había logrado lo que quería… y yo tampoco quería que usted estuviera en un matrimonio a fuerzas, de mentiras…. Si no me amaba…

-Ni lo piense…- interrumpió-es lomas lejano a la realidad… créame…-metió la mano en su pantalón y le dijo -tome-al sacar la piedra polvosa y vieja, casi me cortan las manos por tomarla… ¿Tiene idea que es?

Candy titubeo- ¿una piedra?- contestó mientras se limpiaba la cara

-Tómela- la puso en sus manos ensuciando los guantes blancos-pertenece a la muralla china… arrójela lo más lejos que pueda, por favor- dijo con una mezcla de humildad y picardía envuelta en una media sonrisa

Candy sonrió por la ocurrencia, con una sonrisa clara y llena de esperanza, sus ojos verdes brillaron y mantuvieron la mirada con los de él, decidida cogió impulso y como buena pitcher en sus años de infancia la envió lo más lejos posible- Ya se fue- dijo como una niña al sacudirse las manos. Albert se quedó embobado viéndola

-¿Se cayó?- dijo con voz suave y gruesa sin quitar la mirada de su cara brincando de sus ojos a sus labios al a cercarse tanto que ya percibía el olor de su pelo

-Sí, se cayó- contestó con la mirada hacia arriba

A unos metros de ahí…

-¿Qué pasó? – preguntaron Patty y Stear a Dorothy y Matt. La Tía Bessy ayudaba a Elroy a sacudirse mientras le explicaba cómo habían llegado ahí. Archie y Annie llegaron corriendo a la expectativa

-¿La alcanzó? – preguntó Archie

-Están platicando… pero ya le confesó que la quiere- dijo alegre Bessy.

-Vaya, par de testarudos- añadió Annie al abrazar a Archie que asintió con la cabeza.

-¿Completamente?- preguntó Albert para reafirmar, rodeando su cintura con sus brazos

-Completamente… ni una piedrita- contestó con voz débil y entreabriendo los labios como sabía que lo invitaba a besarla, él aceptó la invitación y se unieron en un besó profundo suave pero deseado.

-¿Todavía se quiere ir?

-No, yo también creo que lo que siento tal vez es amor…- contestó sonrojada

-A ver déjeme cerciorarme- dijo al besarla de nuevo-Yo creo que si…. – la cargó por la cintura para darle vueltas. Posó su frente en la de ella- Vámonos a casa- dijo al pasar su brazo por la cintura para iniciar su camino.

A la distancia, todos aplaudieron, incluyendo a Elroy.

-Con una condición- dijo Candy al pararse en seco

- Diga lo que quiera

-No más secretos, no más sentimientos ocultos… no más orgullo- dijo ella al tomarlo delas manos

-No más secretos, no más sentimientos ocultos… no más orgullo… no más murallas- repitió de nuevo con esa mirada que tenía cuando se casaron- no habrá día en que no le diga cuanto la amo.

-Sí, mi ángel

-¿Se lo dijo Mrs. Martin?

-¡Entonces si es cierto!- grito al saber que sus sospechas eran ciertas …No, Flammy no me lo dijo…acabo de olerlo, de sentir sus brazos consolándome de nuevo- sonrió y volvieron a tomar el camino hacia donde estaban los demás.

-Espere- dijo deteniendo el paso de nuevo- quiero que sepa que mi amor va a tener que compartirlo con otro hombre.

-¿otro hombre?- pregunto al parase en seco

-si y…- volteo a verlo- de hecho debo confesarle que lo amo con la misma intensidad que lo amo a usted… y tenemos una relación de aproximadamente 4 meses casi cinco…es muy guapo…con ojos azules celestes y dulces, cabello rubio y bueno tal vez ensortijado… pero no debe sentir celos de él porque usted también va a caer enamorado de él…

-Miss Bitter ¿que está diciendo? ¿Yo enamorarme de un hombre?

-Ya le está dándola noticia… miren la cara que está poniendo- dijo Matt riendo.

-Claro que sí y me va a dar la razón al escuchar su nombre

-¿Cuál es? – dijo tratando de calmar la corriente de sangre que empezó a calentar su cabeza, pero su mente le decía que no cometiera los mismos errores que lo llevaron a ese lugar.

-William Albert John Thomas Andley, futuro heredero del título de Sir Andley.- dijo sonriente y haciendo gestos de aristócrata.

Vio a su vientre, ya estaba algo abultado, lo corriente sanguínea que estaba haciendo que su temperatura se elevara, ahora se había coagulado con el balde de agua helada que acababa de recibir. Ella tenía razón, ya lo amaba. Ahora la cargó de nuevo pero como si fueran recién casados y volvió a darle vueltas. Elroy ya no pudo más y se acercó a regañarlo y todos los demás también de acercaron para compartir su felicidad

-William ya tranquilízate mira nada más que espectáculo estás dando.

-¡Voy a ser papá! – Dijo a toda su familia - ¿Qué no se asombran?

-Ya todos lo sabíamos, hijo- dijo Bessy- era tan claro como el agua

Todos rieron y los felicitaron por su gran decisión. Regresaron al Ala Norte de la Mansión Andley, celebraron en familia y con mucho pastel de chocolate. Al final, en la noche, Candy volvió a su camisón blanco y él a la mitad de su pijama; al pie de la cama volvieron a bailar ese vals que solo se escuchaba en sus cabezas, a luz de la luna, que aun en Londres, también brillaba. Querían resarcir todo ese tiempo perdido, recordar que era posible entregarse al amor libremente a veces con oleadas de la fuerza de la pasión y a veces con el candor de la suavidad, que crecía a cada segundo quedándose impregnados en la piel del otro. Pero sobretodo decirse con todas las letras "te amo".

Por la mañana, bajaron al comedor y pidieron desayunar solo café y los famosos panes cakes que Candy había enseñado a preparar a la cocinera. Cuando de pronto llegan las tías con el periódico en mano Elroy no cabía en su asombro ser la protagonista de tan escandalosa noticia… Se sentaron a la mesa como Juan por su casa y haciendo caso omiso de que Candy estaba sentada en las piernas de Albert.

-Elroy, la verdad... – dijo al servirse por sí misma una taza de café-¿no te gustaría que las mujeres pudiéramos decidir a nuestros gobernantes?, a mí sí …ya hablé ayer con algunas mujeres me uniré a su lucha.

-¡Elizabeth!- dijo Elroy- al tomar disimuladamente una de las pastas que Candy ya sabía que a ella le gustaban.

-Elizabeth nada… yo ya voy a tomar mis decisiones…. Te guste o no… al fin solo estoy siguiendo el ejemplo de mi hermana mayor- dijo riendo.

-Los tiempos cambian tía… estamos en el siglo XX – dijo al desdoblar el periódico y poder ver la noticia que estaba justo arriba de la foto de su tía.

-Mire Mr. Andley- dijo Candy- ese es el transatlántico en el que iba a viajar, El padre Matt me había comprado los boletos, me dijo que es el barco más grande que se ha construido…. -"ZARPA EL TITANIC"- Se leía en el encabezado.

-Que tontos fuimos Miss Bitter… estuvimos a punto de perdernos, ustedes ya estuvieran en el Atlántico lejos de mí.

-La verdad si…- dijo al abrazarlo y pegar su cabeza de lado a la suya- pero acuérdese, hay cosas que tenemos que vivir para ser mejores… - dijo al darle un beso en la frente.

- Ya habrá oportunidades de viajar en el lujoso Titanic- añadió Albert al tomar un sorbo de café

-Pues espero que vaya todo bien porque Niel invirtió una considerable cantidad en ese barco, que bueno que no le hizo caso a Alistear de invertir en esas cosas que vuelan- agregó Elroy al señalarle a la doncella que le sirviera té.

FIN