Me desperté un poco tarde, aún Mabel dormía y no había necesidad de despertarla, así que me levanté y vestí. Baje hasta la cocina y no había nada, así que fui directo al cuarto del tío Stan.

-Disculpa, tío Stan.- Llamé a la puerta pero no respondió, así que abrí la puerta y mire al interior, al ver un bulto en la cama entre, y me dirigí a arlado de ella. Pero no era Stan, era su "amigo", Bill. Lo moví un poco para preguntarle dónde estaba Stan pero en vez de eso, recibí murmullos adormilados, que salían de sus gruesos y apeti... ¿Qué? ¡¿Qué carajos estaba pensando?! Mi cara se puso roja, me quedé observando detalladamente sus atractivos rasgos.

-Staaaan...- Murmuro con desgana antes de agarrarme a la fuerza y abrazarme cómo si de un peluche se tratase ¿Así se sentía Stan todas las noches que se acostaba con él? ¡¿En qué estoy pensando?! CARAJO.

Maldecía dentro de mi cabeza, pidiendo que por uno de los azares de la vida que el rubio me soltara y la tierra me tragara... estaba pasando por la pubertad, nadie podía juzgarme.

-Mmm... Stan~ no seas tímido...- Murmuro mientras acercaba su rostro hacia el mío y apoyaba su frente contra la mía-. Eres muy dulce.- Ronroneo mientras ocultaba su cabeza contra mi pecho, dejando que sus rubios cabellos, rozaran contra mi nariz y mis labios.

-Eres demasiado adorable...- Susurre mientras acariciaba delicadamente su cabeza.

-Lo sé, siempre lo dices, Stan.- Musito con una tierna sonrisa posada en sus carnosos labios.

-Oh... ¿Crees que soy Stan?- Sonreí al ver mi oportunidad acercar.

Deslice mi mano por su hermosa y clara piel, mi corazón latía a mil por hora, intentaba contener mis impulsos pero los pulsos libidos en mí no cesaban.

-Bill...- Un susurro lujurioso salió de mis labios de forma involuntaria.

Desabroche su camisa con lentitud y torpeza, observando el torso un tanto musculoso de mi contrario, acercando mis labios con temor a que él se despertará. Se veía tan pacífico y hermoso, su delgada figura era tan atrayente que hacía que mi cuerpo tiritara de excitación.

-Esto es...- Pare por un segundo-...- Salí de su agarre con cierta sorpresa, observando al rubio-. Tú... tú eres igual que el demonio que cuenta el libro.- Mi mente dejó de estar en completa hipnosis por su belleza, mi sentimiento cambio de excitación a sorpresa.

-Ya llegue.- Se oyó decir al tío mientras este hablaba aparentemente con Mabel y Soos.

-Mierda.- Murmure con espanto y corrí al armario del tío al oír sus firmes pasos. Al menos me oculte a tiempo...

-Bill.- Llamó mi tío al entrar.

De nuevo sentí el resonar se sus pasos y el rechinar de la cama.

-Bill.- Llamó nuevamente pero ahora con una voz sumamente dulce.

-¿Qué ocurre?- Pregunto el rubio adormecido.

-Lo siento.

-No me interesa tus disculpas, pues no hay nada que disculpar.- Afirmo, seguramente sentándose en la cama por el chirrido con esta hacía, pues al parecer la cama del tío Stan aun siendo de roble es bastante antigua.

-Bill... ¿Estás enojado, verdad?

-...- Hubo un silencio de parte del rubio, y este a continuación refunfuño en voz baja-. No... No fuiste tú... fue ese estúpido.

Una pequeña risa se hizo presente, esta provenía del tío Stan el cual, al asomarme un poco por la abertura de la puerta, estaba acariciando los cabellos dorados de Bill.

-Stan... lo siento por ser un exagerado enfrente de ese tipo, sé qué haces negocios pero fue...- Paro un segundo con el ceño fruncido, encogiéndose de hombros-. Como se atreve a llamarme de tal manera, soy de la nobleza, demonios.- Suspiro pesadamente y apoyo su frente contra la del tío-. Pero eso no importa, ni que pensara volver a ver a ese repugnante sujeto.

Una pequeña risa escapo de los labios de Stan y lo beso a continuación, se quedaron así bastante rato, era como si con ese beso intercambiaran las palabras justas y algunas otras melosas.

-Hey... Stan.- Él se levantó y se sentó en su regazo con movimientos sumamente seductores que hacían que mi rostro ardiera en rojo vivo por vergüenza-. ¿No tienes que hacer nada más, verdad?- Bill estiró el pañuelo del cuello del tío y con la otra mano, sacó el sombrero de su cabeza.

-Ahora, si tengo algo que hacer.- Sus dientes se apretaron y recorrió con los ojos toda la silueta del rubio.

-Oh, y supongo que el desnudarme con tus ojos es una de las cosas que tienes por hacer.

-¿Desnudarte con los ojos? Si puedo desnudarte con mis propias manos.- Ellos se acercaron y empezaron a besarse con extrema necesidad y pasión.

En un momento Stan tomó la cintura de Bill y con suma delicadeza se volteó con el rubio en la cama y lo dejó a él acostado y a él mismo sobre él.

-Siempre te ves tan hermoso, y tan sexy.- Mordió su cuello, produciendo que Bill gimiera el nombre de él.

-Oh Dios, la puta madre.- Pensé mientras sentía como la escena producía cierto inquieto sexual en mí, y eso me hacía sentir enfermo, no porque me excitara con un hombre... si no porque ese hombre tan hermoso que están siendo sometido bajo mordiscos, es el amante de mi tío.

-Esto debería ser un pecado.- Musite lo más bajo que pude.

Seguí observando la escena con cierto sentimiento de culpa, pero no podía evitar el posar mis ojos en el rostro gimiente de Bill.

-¿Te estas volviendo loco, verdad?- El rubio le pregunto al mover sus caderas y presionar su miembro contra el de Stan.

-¿Y tú que crees? Torturarme así es cruel, Bill.- Le murmuró mientras él levantaba el trasero del rubio un poco, y a su vez, frotaba su miembro al parecer erecto contra él.

-Oh, parece que estas duro.- Dijo risueño y con un sonrojo en todo su hermoso rostro.

-Créeme, sólo con verte se me para.- Comentó haciendo que mi cara empalideciera, si mi tío sabía que oí eso, me mata, no... Me degollar.

Stan paro su incitante movimiento y se quedó observando el ojo de Bill.

-¿Qué pasa?

-Quiero verlo.- Dijo mientras retiraba el parche y dejaba ver un bello ojo color zafiro, haciendo que el rubio se sonrojara más y evitará la mirada de Stan.

-No me mires así.- Objetó.

-¿Con deseo?

-No, con fascinación. Yo no merezco esos ojos.

-Bill.- Sus ojos mostraban ternura y amor, cosa raramente vista en ojos del tío pero ya no me sorprendía-. Eres digno de mi total fascinación y más aún. No te degrades amor, eres perfecto.

-Stan Pines, eres demasiado cursi...- Él había ocultado su rostro tras sus manos y Stan, tan sólo sonrío y beso sus manos con delicadeza.

-Sólo soy cursi contigo.

-Eso espero.- Remarcó con posesión mientras lo miraba entre los huecos de entre los dedos.

-Bueno.- Hizo una pausa y tomó las manos de Bill poniéndolas lo más lejos que podía-. Es hora de comer.

Él empezó a mordisquear cada lugar del delgado cuello mientras frotaba por encima de la ropa sus miembros. La escena se estaba calentando más y más pero decidí no quedarme traumado y cerré el pequeño espacio que había en la puerta del armario.

Me quedé sentado ahí, oyendo los existentes sonidos que salían de los gruesos labios del rubio, sentía un deseo indecoroso hacia él, tanto era esto que termine masturbándome mientras los oía teniendo sexo. Era sucio y desagradable el sólo pensarlo, pero mi miembro estaba tan duro que no pude evitarlo. Cuando termine con esas necesidades, tome mi celular y le mandé un mensaje a Mabel pidiendo que viniera y tocará la puerta, que ella obtendría algo muy valioso a cambio. Ella acepto.

Pasaron minutos en donde aún se oía al tío penetrando pasionalmente a Bill, y como este a cambio gemía su nombre. Entonces Mabel toco tres veces la puerta, en ese momento lo había oído pero los otros dos no. Entonces ella volvió a hacerlo. Nada. Con esto Mabel se sintió ofendida así que golpeó aún más fuerte y gritó.

-¡Tío Stan!- Su grito hizo temblar a los tres que residíamos en la habitación, por ello Stan paro en seco y los dos quedaron en silencio.

Me asomé un poco por la puerta del armario, mirando como Stan espantado miraba la puerta mientras encima de él estaba Bill con la misma expresión, pero esta fue reemplazada por una sonrisa malévola.

-¿Qué pasa querida?- Preguntó con la mayor normalidad que pudo pero su voz al final se ahogó, ya que Bill que estaba encima de él, se había empezado a mover.

-¿Puedes abrir tío?

-Me temo que ahora no Mabel, estoy cansado y quiero descansar.- Su voz era temblorosa mientras veía las caderas del rubio moviéndose en un vaivén más que placentero.

-¡Pero tío Stan!- Se quejó Mabel mientras pisoteaba con fuerza.

-Mabel... te he dicho que no...- Su voz estaba temblorosa y sus manos se posaron a los costados de la cadera provocadora.

-¿Estás bien?- Preguntó Mabel con total incredulidad-. Tu voz parece fatigada.

-Si, así es, mis músculos están un poco tiesos, no te preocupes querida.- Esas palabras salían como si nada de la boca del tío mientras este tenía a Bill moviéndose ágilmente, el rostro sonrojado y sus labios apretados reprimiendo sus gemidos producía tanto en mí, como en el tío, una sonrisa que en el caso del tío, era acompañada con estocadas en el interior de Bill... algo que se me estaba antojando.

-¿No quieres nada, tío?

-No dulzura.

-De acuerdo, iré a buscar a Dipper.- La voz de Mabel y los pasos se alejaron hasta ya no escucharse.

Stan miro al rubio con gracias y cambio con él posiciones.

-Buen chico, resististe.- Este se agachó y lo besó dulcemente.

-Tras esto, recordé la vez que lo hicimos en uno de los cambiadores de la piscina.- Rió un poco mientras enroscaba en uno de sus dedos, en el canoso pelo de Stan.

-Era muy joven, en ese momento el sólo verte con el torso desnudo me prendía.- Acarició con delicadeza los costados del contrario.

-Como olvidar la primera vez que te corriste dentro mío. Pensaste que al ser un demonio podría quedarme embarazado y juraste hacerte responsable.- Una carcajada escapó de su boca, mientras un sonrojo de vergüenza se extendía por el rostro del tío.

-Bueno, disculpa, no todos los días tenía sexo con un hombre y menos con un "demonio" de otra dimensión.- Él mismo se produjo gracia y empezó a reír, acompañado de Bill que prácticamente estaba llorando-. Qué vergüenza.- Susurro mientras se levantaba y con una de las sábanas se envolvió la cintura.

-Eras adorable de joven.- Su sonrisa era sincera y encantadora, Stan al verle siguió sonriendo con amor y beso su frente.

-Iré a buscar algo para comer. Sólo tú, yo, la cama y unos bocadillos.

-Que idea más magnifica.- Ya que Stan estaba frente a él, este aprovechó y deslizó su mano por encima de su costado y de su abdomen-. Sigo pensando que eres un tipo de lo más jodidamente caliente aún con tu edad, me tocó la lotería.

-Si tu ganaste la lotería, entonces yo me gane el premio del billón de dólares.- Él se agachó para besarlo y Bill con gusto acepto-. Cuando vuelva ¿Te apetecería una tercera ronda?

-¿La respuesta no es obvia?

-Sí pero me encanta escuchar que te gusta que te folle.

-Oh~ pues sí Stan Pine, amo que me folles tan duro y que luego te corras dentro mío. Lo amo.- Su tono era tan lascivo que producía un estímulo eléctrico a todo el cuerpo.

-Que boca más sucia.- Sonrió con igual tono que él-. Deberé volver a enseñarte modales.- Bill se acercó a él casi ronroneando y con los diente le sacó la sábana que lo envolvía, dejando su miembro al descubierto... lo cual, era mucho más grande y vigoroso de lo que creí.

-...- Sólo podía observar y dejar mi pene al descubierto para que este no se ahogada en mis pantalones.

Bill empezó a lamerlo y chuparlo con notoria habilidad, ya que se notaba en el excitado rostro de Stan.

Me tape la cara con uno de los abrigos que estaban colgados, me daba vergüenza seguir mirando o volver a tocarme con la escena pero era inevitable, era un puberto a mi pesar. Aparte un poco el abrigo de mi cara y pude apreciar como aquella mamada, terminaba en el tío Stan corriéndose en la boca de Bill y este tragando por completó él espeso y blanco líquido que con algunas fugas, se deslizaba por sus labios, dejando una imagen bastante excitante.

-¿No ibas a ir en busca de alimento?

-Tengo todo el alimento que necesito enfrente de mis ojos.

-¿Y yo?- Preguntó intentando sonar inocente.

-Te acabas de tragar una parte de tu alimento, no tengo problema en darte más. Ya sabes cómo conseguirlo.

-Eres obsceno a más no poder.- Sonrió con un tono de burla mientras se daba vuelta y se ponía casi de cuatro, pues la parte de adelante estaba recostada mientras que el, ahora notorio trasero del rubio, que de por cierto era sumamente apetitoso y follable, lo elevaba enfrente de Stan mientras con sus dos manos abría sus nalgas para mostrarle su entrada-. Pero quiero que me alimenten por aquí.- Pidió con un gemido falso que prendía todos mis fibras sexuales.

- Si yo soy obsceno, no sé qué eres tú.- Él se agachó hasta el culo de Bill y con una lasciva sonrisa empezó a lamer la entrada del rubio, produciendo gemidos de placer de su parte. Desde acá se podía ver lo parado que estaba el miembro del tío... luego de utilizar su lengua vivazmente, introdujo con ella uno, dos y tres dedos. Bill se encontraba gimiendo su nombre, con las uñas clavadas en las sábanas blancas. Los movimientos de Stan iban aumentando hasta que en un momento el paro en seco, con un malévola sonrisa en sus labios.

-¿Stan?- Pregunto Bill con algunas lágrimas de placer deslizándose por sus ojos.

El tío camino lejos de él y se acercó a una cajonera que se encontraba arlado de la cama, al ponerse de espaldas a mí, no pude ver bien en el momento que era pero la expresión de Bill demostraba que era algo que lo divertiría.

-¿Hay un sex-shop en este pueblo?- Preguntó mientras tanteaba su culo de lado a lado, esperando que algo lo penetrara, o al menos esa era la impresión.

-Algo así, pero sólo para quien sabe buscar bien.- En la mano del tío se encontraba un consolador bastante grande de color rosa, y en la mesa de luz, ahora habían dos más de similar apariencia.

Stan se posicionó nuevamente pero esta vez con el consolador, jugando con este en la entrada de Bill pues lo estaba torturando al no meterlo.

-¡Stan!- Le exigió.

-¿Qué es lo que quieres?

-Quiero que lo metas.- Le rogó mientras que el mismo estiraba un poco su entrada con necesidad.

Stan sonrió satisfecho e introdujo el consolador dentro de Bill pero no lo movió, si no que lo prendió haciendo que este vibrase de tal manera que hacía que el rubio curvase su espalda en respuesta al estímulo. Él sólo observaba con placer al contrario, y al verlo divertirse sólo, aún con el consolador en su interior, aproximó su miembro y lo rozó contra la entrada ocupada.

-¿Quieres que también la meta?- Pregunto totalmente duro ante el espectáculo.

En respuesta Bill alzó aún más su culo y Stan sin vacilar, metió su duro miembro en su interior.

-Que estrechó que está ahora, si no contará el consolador, diría que eres virgen.- Comentó con una tonta sonrisa excitada.

Las estocadas eran rápidas y profundas, los gemidos de los dos eran incesantes y demasiado altos... ¿Cuánto tiempo más estaré atrapado en este lugar? Quería desaparecer y ni siquiera sabía si iba a poder mirarle a los ojos al tío.

...

Ya todo terminó. Mi tortura se ha acabado... pero ellos siguen acostados y yo no puedo salir.

-Odio mi vida.- Murmure con la cabeza pegada a una de las paredes del armario, con ganas de golpearme contra ella.

...

Para ser honesto me quedé dormido y cuando desperté y mire por la puerta del armario no había nadie. Estaba tan feliz que salí con un brinco... gran error. A mi lado estaba Bill vistiéndose, que para agregar había asustado.

-...- Hubo un silencio incómodo el cual se extinguió con la pregunta del rubio.

-¿Desde cuándo estas ahí?- Un tinte rojizo se hizo presente en su rostro.

-No sé, yo tan sólo me quedé dormido mientras jugaba a las escondidas con Mabel. Al parecer yo gané ¡Me debo ir!- Grite y salí despavorido, me había gustado más de lo que pensé. En especial su ojo azul zafiro.

...

Me quedé sentado en mi cama analizando todo, estaba tan envuelto que pegue un brinco cuando Mabel me gritó.

-¿Qué pasa hermano?- Me pregunto curiosa ante mi reacción.

-...Mabel...- Hice una pausa con la cara roja-. Creo que estoy flechado por alguien más además de Wendy.

No debí decírselo. Fue una larga noche en donde Mabel no dejó de molestarme. Que desdicha.