Nota: Lamento la demora y si las hice arrancarse los cabellos por saber qué va a pasar. La situación es la siguiente: No quería subir el capítulo sin el adelanto, ya que el que viene hay ciertos percances, pero vamos bien. Aún no está listo, era más por eso más que nada. Así que, lo lamento. Y estaría pensando en no dejar más adelantos si no son necesarios. Ahora, disfruten de la lectura ^^
Noviembre.
XIII
Agradece a todos los santos por hacer que hoy sea domingo, hará su día para pensar en todo lo que pasó ayer en la noche, recordando las mismas sensaciones cuando fue a ver por primera vez a Arthur en la práctica de fútbol.
Está en la cama. Después de almorzar prefirió mirar el techo en su habitación. ¿Qué demonios le sucede? ¿Por qué actuó de esa forma cuando le tocó la frente y cuando se sentó para volver a la fiesta de Halloween? Esa noche actuó como la primera vez que se conocieron, tan amable y educado, sin transformarse en un ogro. No lo entiende. ¿Quién es realmente Arthur Kirkland? ¿Por qué al pensar en su nombre se le contrae el estómago?
Está segura que lo que siente no son mariposas, no pueden serlo. No puede sentir este sentimiento hacia un ser tan tirano y de horribles cejas. Agarra la almohada y la abraza. Se sienta cruzando las piernas comenzando a balancearse para pensar mejor. Esconde un mechón detrás de su oreja, haciendo una alusión del inglés al tocar su mechón ayer en la noche.
Al tocar su mano, miles de descargar eléctricas se dispersaron por todo su cuerpo sin detenerse hasta despedirse de él. La cuidó cuando apareció ese grupo de otra escuela por el campeonato de fútbol escolar, la mantuvo detrás suyo, pidiéndole que se afirmara de su ropa si algo le llegara a pasar. Simplemente no lo comprende. Apuesta que mañana será el mismo ogro de siempre. ¿Qué puede hacer? Su corazón no ha dejado de latir desde anoche, hasta para dormir se sentía con aquel órgano en su garganta, y en su último sueño el inglés parecía haciendo cualquier cosa, pero alejado de ella.
Suspira. ¿Cómo podrá saber cómo es realmente Kirkland? Si le pregunta a Sakura, sospechará. Si le pregunta a otros, también sospecharán. Debe averiguarlo por ella misma, ¿pero cómo? Ni idea, no es Sherlock Holmes.
Tal vez revisando las fotos que le mandó Sakura de la fiesta hoy en la mañana, pondrá a prueba ese método que dicen en los programas de televisión en conocer la personalidad de una persona solamente mirándola a los ojos.
Se sienta frente al ordenador y busca las fotos, cualquiera donde salga ese ogro. Ahí hay una. Da doble clic y aparece en la pantalla. Entrecierra la mirada con saber sobre su personalidad. Tiene que verle los ojos verdes. Los ojos verdes.
¡No puede! Le coloca nerviosa, ¿por qué si sólo es una foto? Se hace a un lado. Incluso mirarlo por el computador le estremece. Va a su cama y vuelve a su posición de antes abrazando la almohada.
Si tan sólo tuviera una señal de lo que realmente siente…
―Emily, ¿has visto mi lápiz de ojos? ―su nana Esther entra a la habitación luego de golpear suavemente la puerta. La chica levanta la mirada y le niega con la cabeza. Su nana la observa unos segundos, viendo que le sucede algo y ve sin querer la pantalla del computador. Sonríe― Parece que ya encuentras atractivo al ogro.
― ¡¿Qué?! ¡No! ―sobresalta cerrando la ventana de la foto del londinense, regresando a sentarse en la cama con la cara ardiendo si fuera para menos.
― ¿Emily, qué pasa? ¿Quieres contarle a tu vieja? ―afable camina hacia ella. Emily coge su almohada escondiendo la cara echa un tomate. Su nana se sienta en la cama― Mi niña, puedes contarme cualquier cosa, desahógate si tienes dudas. Te veo muy acomplejada, aseguro que tiene que ver con ese ogro.
La joven deja ver sólo sus orbes azules y afirma que sí tiene bastante que ver. Es que, no lo entiende. No entiende a Arthur. Un día es grosero, al otro día es amable y caballero, al segundo después vuelve hacer antipático y gruñón. No sabe cómo es realmente, y eso la está atormentando levemente.
―Si quieres mi opinión, los hombres son una especie diferente, no son complicados como cree una, son muy sencillos y nosotras les damos muchas vueltas a lo quieren decir, cuando lo que dicen es lo que dicen; sólo no sabemos entenderlos. En cambio nosotras, decimos algo que significa otra cosa.
―No creo que Arthur sea alguien sencillo.
―Tampoco se ve como un completo ogro. Cuando me lo presentarse ese día, se vía un chico educado y con valores ―dicho esto, Emily arquea una ceja dudando―. Deberías conocerlo más. Pero… ¿por qué tan interesada en él, mi niña?
―Bueno…es que… ―aquí viene lo que no quiere reconocer y le revuelve el estómago hasta contraerse únicamente al tener la imagen de Kirkland en su mente― ¿Qué se siente cuando una persona le gusta? ―espera que sus síntomas sean alguna enfermedad desconocida.
Su nana se acaricia la barbilla examinando a su pequeña. Va creciendo, ahora comprende. Su granjerita se va enamorando de aquel joven, negándoselo.
―Cuando yo me enamoré en la universidad ―la rubia parpadea sorprendida, ¿tan tarde?―… Era una época distinta a ésta, Emily. Como iba diciendo, creía que era el chico más hermoso de la tierra y de toda la universidad. Me sonrojaba cuando se me acercaba, tartamudeaba, sentía mi corazón derretirse en mi garganta, mi vientre se apretaba sintiendo mariposas querer dispararse para envolverlo junto a mí. Siempre sientes esa electricidad cuando tienes un contacto, y…nunca dejas de pensar en él.
Rayos…no. No puede creerlo, es lo que siente por el ogro. ¡No lo aceptará!
Hunde el rostro en la almohada murmurando cosas. Su nana le baja la almohada y la mira fijamente con una linda sonrisa.
―Mi amor, si te gusta ese chico y no comprendes su personalidad, acércate y conócelo más. Cuando se comporte caballero contigo, aprovecha el momento. Y si no te fijaste, le llamaste por su nombre. ―le guiña un ojo y se pone de pie dejando a la muchacha más tranquila. ¿Dónde habrá dejado a su lápiz de ojos?
Emily exhala e inhala teniendo su mente y corazón aclarados. Es verdad, ni siquiera se dio cuenta que llamó al ogro por su nombre. Pero si le gusta, Arthur no se fijará en ella, ya le dijo que no le atrae las estadounidenses, y no por generalizar. ¿Qué caso tendrá conocerlo más? Ninguno. Sólo es su esclava, y Arthur la tratará de ese modo durante todo el año.
Tiene ganas de golpearlo por hacerla sentir de esta manera, tan perdida. ¿Cómo lo puede conocer mejor? Siendo su esclava, armarle una conversación será complicado, casi no le habla, y la puede enviar a comprar un elefante si así lo quiere.
Mira el ordenador.
"¿Te gustan los ingleses?"
"No."
"Porque al único inglés que conoces soy yo."
Es el único inglés que conoce. No todos los ingleses pueden ser iguales, ¿verdad? Debe averiguar cómo son y podrá sacar alguna información para conocer a Kirkland. Se siente un poco psicópata con esto.
Comienza averiguar en el internet como es Arthur. "¿Cómo son los ingleses?"
―Extrovertidos sin exagerar, les encantan los bar y beber ―hace una pausa imaginando a R2D2 en completo estado de ebriedad. Le perturba, ojalá no sea así cuando cumpla veintiún años―, su acento es incomparable y suelen tener una voz gruesa ―una vez más hace una pausa recordando ese día que le pidió secarle el rostro. Esa es la única vez que lo oyó con esa voz profunda. Se estremece―, les gusta y son de humor negro, ácido e irónico elevada a la primera categoría de manera rápida, elegante y eficaz. Son serios, suelen decir que inventaron todo para sentirse los mejores. Son ególatras. Son increíblemente respetuosos ―se detiene, ¿es una broma? Espera, esto sigue― en el metro. No les gustan que le digan que su comida es mala.
Emily se echa a reír, es tan cierto.
―Son caballeros, muy fríos, algo tímidos. Teniendo una pareja, no suelen mostrar muchos sus sentimientos, pero te trataran como una reina. Su máxima expresión de amor hacia una mujer, según su costumbre, es invitarte a tomar el té. Son raros en ese sentido. Los mejores son los irlandeses ―termina de leer analizando lo último, ¿qué le importa los irlandeses?―. No voy a esperar a que Arthur me invente a tomar el té, siempre me ordena que le traiga una taza.
Al hablar consigo misma, sacude la cabeza. ¿Esperar su invitación del té? ¡Ni de broma! No es como si le gustara. ¡Que no! Apaga el computador y se tira a la cama boca abajo.
Si le gusta según sus síntomas que concuerdan con lo mencionado de su nana, se pregunta, ¿qué demonios le hizo gustar de él? Físicamente, lo malo son sus cejas enormes, se las arrancaría y se vería todo un galán. Ser sincera consigo misma no es para nada fácil, porque una parte suya niega rotundamente sentir mariposas por un ogro vil y despiadado. Sus ojos verdes, desde ese sueño, siente que ellos entran a sus sentidos dándole un colapso hormonal, un gran desorden de sentirse intimidada y nerviosa. Desde ese sueño, esos ojos verdes los ve diferentes. Cuando se entrecierran y se enojan, cambia completamente el semblante del londinense. Puede concluir que serio se ve mejor. Aun así, no se explica de qué modo le puede gustar. Es decir, es un ogro. La trata mal, le insulta, se burla de su mundo rural, la trata de tonta por ser campesina, la envía de aquí para allá; es un tirano, un dictador, un gruñón, un idiota, es aburrido. ¿Qué cosas buenas puede sacar de él? Kirkland es indiferente con ella, ¿por qué solamente a Sakura la saluda con un beso en la mejilla? ¿Debe meterse al computador otra vez y averiguar cómo saludan los ingleses?
No, Emily. Si Arthur te saluda con un beso en la mejilla, sabes que no es bien visto aquí. Saludo a la distancia, eso es lo correcto.
―Shit. ―presiona los ojos y hunde la cara en la cama. Su corazón no deja de palpitar con fuerza y con rapidez. Maldito estómago, deja que esas orugas se mantengan así y no se conviertan en mariposas.
No obstante, ya es demasiado tarde.
No, todavía no. Se levanta de su cama y sale del cuarto en la búsqueda de su sabia nana. No le preguntará a su padre, le puede salir con cualquier cosa para confundirla más.
―Nana ―la encuentra en la cocina limpiando los platos―. Tengo una duda. Si un chico es indiferente con una chica, ¿por qué a ella le gusta?
La señora la mira por un momento. Toma asiento. Ay, la juventud y sus inexperiencias en el amor.
―Existe una atracción indescifrable. Cuando me enamoré, él era indiferente conmigo, y tu padre también fue indiferente con tu madre.
― ¿Papá, indiferente? ―Emily no puede creerlo tan fácil, o sea es su padre, aquel hombre enérgico lleno de vida. Pobre mamá.
―Por alguna extraña razón, nos atraen cuando ellos son indiferentes con nosotras, en vez de ser tiernos y comprensivos. No es decir que ellos sean malos, son hombres buenos si están en pareja. Si te has fijado mi niña, la mayoría de los hombres amorosos y caballeros con las chicas, suelen convertirse en los mejores amigos.
Oh, ya entiende. Por eso Arthur y Sakura son tan buenos amigos, él es muy amable con ella. Y siendo indiferente con las demás chicas de toda la escuela –de modo caballero-, todas babean por él.
No obstante, esto no termina. Tiene que hablar con su padre. Si fue indiferente con su madre cuando eran jóvenes, él debe saber que le atrajo ella de él y viceversa. Además, su padre nunca le contó esa parte de la historia cuando mamá y papá se conocieron, siempre le contaba a ella y a su hermana melliza las situaciones que pasaban juntos.
Encuentra al dueño de la casa sentado en el cuarto de su trabajo, leyendo el periódico. No quiere interrumpirlo, pero necesita saber esta tortura que asfixia su corazón.
―Papá, ¿puedo hablar contigo un momento? ―entra y cierra la puerta. Bueno, ya está adentro, así que su padre no tiene ningún problema. Le pide que se siente a su lado, en el sillón.
Y acá estamos. No puede decirle su confusión por Arthur, aunque su padre haya tomado todas sus historias como un chiste. Debe ser sutil.
― ¿Qué sucede, cariño? ¿Problemas con el ogro?
¿Cómo lo sabe?
―Sí. Papá…no lo entiendo. Quiero saber por qué eras indiferente con mamá antes de ser novios ―primero lo primero, sacar esa información podrá saber quizás, el comportamiento de Arthur. Y el señor Jones la mira con cara de sorprendido―. Nana me lo dijo.
El hombre suspira y dobla el diario cruzando las piernas. No es muy bonito recordar haber sido indiferente con su difunta señora, la madre de sus hijas. Pero siempre saca las cosas buenas de aquello.
―Tu madre y yo, íbamos en la misma escuela. Teníamos dieciséis años. La conocí gracias a mis amigos durante una salida a la playa. Como sabes, tu hermana heredó el carácter de tu madre, por eso no me atraía, era muy callada, especialmente para mí, no me gustaban esas chicas.
―Eso fue cruel de tu parte.
―Lo sé ―se siente apenado―. Entonces tu madre comenzó a cercarse a mí en silencio, y como yo soy un hombre lleno de vida, no me divertía con ella, me aburría y simplemente la ignoré. Y lo que pasó, pensando que me dejaría en paz…
― ¿Qué pasó? Fuiste indiferente con ella, ¿qué pasó? ¿Qué hizo mamá? ―se concentra bastante, entusiasmada.
―Me llegó el rumor que yo le gustaba.
―Pero fuiste indiferente con ella, ¿por cuánto tiempo?
―Todo el año, a pesar de haber sido indiferente, tu madre siguió. Pudo haber estado con algún chico que la tratara bien, pero por alguna extraña razón, continuó enamorada de mí ―se acaricia la barbilla, después de todo su difunta esposa nunca le dijo por qué, solamente lo que le gustaba de él―. Había muchos chicos que la trataban bien, como una reina.
―Y se fijó en ti, aunque la trataras mal. ―acusa y a la vez siente pena por su madre.
―No, nunca la traté mal, sólo fui indiferente que es distinto ―corrige sin molestarse, muy tranquilo―. Es algo que todavía no entiendo, se supone que a las mujeres les gusta ser tratadas como reinas…
―Pero les gustan los hombres que las traten indiferentes. ―murmura siendo lo suficientemente escuchada.
―Sí, eso mismo ―confirma, y gira hacia su hija―. ¿Por qué querías saber todo esto, cariño?
― ¿Y qué pasó después? ¿Cómo te enamoraste de mi madre? ―cambia la pregunta sin haberse dado cuenta.
El señor Jones lo metida unos segundos.
―Con el tiempo, sólo con el tiempo. ¿Por qué querías saber todo esto? ―vuelve hacer la pregunta, tiene dudas de que Emily le esté preguntando esto.
La muchacha se cobija en su cuerpo frotándose las manos. Agacha la cabeza y luego la levanta.
―Es que…estoy pasando por lo mismo ―¿lo mismo? Se pregunta su progenitor, ¿tiene que ver con el británico?―. Sí, Arthur. Yo no lo entiendo, siempre cambia su actitud conmigo, no sé quién es realmente, el ogro o el caballero.
Nota que su hija tiene un gran dilema con la personalidad del chico de la escuela que siempre le habla.
―Papá, hace poco supe que no es totalmente un ogro malvado, me presentó al Arthur distinto, el amable y caballero, el que siempre oí de Sakura y de los demás ―sus hombros decaen como su semblante y su voz―. Papá…creo que tengo una enfermedad hacia él, pero es indiferente conmigo…
―Oh, cielo, ven aquí. ―su padre la acerca a su cuerpo, acariciándole el brazo lejano al suyo. No le gusta ver a su hija tan decaída por un chico. Al menos Emily se siente mejor con ese abrazo.
―Lo peor, que me dijo que no le gustan las estadounidenses, y yo soy una campesina estadounidense.
― ¿Te dijo eso? ―la menor acierta― Es un ogro tonto. ―intenta darle humor al ambiente y lo logra con la pequeña sonrisa de la rubia.
― ¿Me das un consejo?
―Uhmm…deja que el tiempo diga todo, además polos opuestos se atraen, distintos iones y la física ―no quiere confundirse tanto―. Ahora pongámonos felices, para navidad vendrán Marguerite, tú tía y John.
― ¿Él? ―alza la cabeza hacia su padre, muy sorprendida. ¿En serio su primo brabucón vendrá?
―Dijo que sólo vendría por la comida y arreglar el jardín. ―hacen un silencio pensativos. Se miran y se echan a reír. John no tiene otro motivo para visitarlos. A Emily le gustaría abrazarlo, ya que siempre se aleja, según él es alérgico a los abrazos.
― ¿Qué haremos para el Día de Acción de Gracias? ―cierto, en cuatro semanas más será aquella celebración. Pero si vendrá su hermana, en Canadá lo celebran el segundo lunes de noviembre. Entonces…Marguerite tendrá doble celebración… ¡doble comida! Es una suertuda.
―Esther censuró toda preparación, no dirá nada, será una sorpresa. ¿Sabes cómo sufro por esto, no? Quiero saber qué relleno le tendrá al pavo.
―Siempre piensas en la comida. ―surca los labios, bueno, los dos son iguales, pensando en la comida.
Con toda la información algo aclarada en su cabeza, es suficiente por hoy, no quiere terminar con dolores mentales. Tomará una siesta sin querer pensar que mañana verá a Arthur en la escuela. Aunque, le gustaría verlo.
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― ¿Por qué no estás con Arthur? ―Elizaveta tiene esa duda que de igual modo la tiene Sakura. Las tres yacen sentadas en el césped de la escuela, cómodamente disfrutado del receso, comiendo postres, frutas, yogur, alimentos pequeños y nutritivos.
―Necesito estar alejada de él. ―contesta masticando de su cereal en barrita. Ambas chicas que la acompañan se miran y miran a Emily acusadoramente. Era sospechoso que Arthur y Emily no llegaran juntos haciendo una competencia de quien entraba primero al aula. Emily sólo le dejó el té sobre la mesa de Arthur, como él se lo ordenó. Y luego de eso, al menos por parte de la rubia, no le dirigió la palabra.
Ambas pueden estar locas y confundidas pero, Emily lo está evadiendo por alguna razón, y evadió lo escrito del periódico escolar sobre la fiesta, sobre la cacheta que le dio a Arthur, pero al parecer al regresar a la fiesta, se arreglaron. Algo ocurrió, sus amigos no tenían malas conclusiones de ellos dos, sin embargo los demás sí, sobre todo los del periodismo a excepción de Sakura Honda. Así que publicaron la cachetada y las posibles hipótesis de su reconciliación. El británico no le dio demasiada atención, sabe cómo funciona todo esto.
Aun así, ellas son sus amigas, Sakura es mucho más, Emily puede confiar y contarles lo que le sucede.
― ¿Hacemos una pijama party el viernes? ―propone Elizaveta Héderváry. Juntas en una habitación, podrán contarse sus más íntimos secretos que se guardaran por un juramento de amigas.
―No puedo ―destruye Jones―, el sábado debo ir al partido de Ar ―decide corregir― del ogro. Me lo ordenó.
―Pero es el sábado, no el viernes.
―El partido es la mañana contra James Madison High School. ―ahora la húngara lo comprende. Si hacen la pijamada, la pobre rubia irá toda agotada al partido y de seguro Arthur la tratará mal. Mejor que no, será para otra ocasión, o tal vez el mismo sábado, ¿qué tal? Será un relajo. Uhm…sí, Emily acepta ir a la casa de Elizaveta el sábado en la noche.
―También tiene que ir, Eli-san ―le recuerda la japonesa. ¡Lo había olvidado! Elizaveta es del club de las porristas, debe estar en el partido apoyando a los vikingos contra los enemigos. Rayos, y también Gilbert le dijo que le hiciera unas buenas y grandiosas rimas. Por ningún motivo le subirá el ego más de lo que está.
Emily suspira y voltea hacia a la cancha. Arthur sonríe y conversa con unos chicos, Antonio -que está más alegre de lo normal, raro, hace unos días estuvo triste por Chiara-, Gilbert, entre otros. Mastica su cereal frunciendo levemente el ceño. De repente él se voltea mostrándole con un semblante severo, va ir donde ella. ¡Cielos! Gira rápido la cabeza entumeciéndose en su posición. Viene hacia acá, viene por ella. Está enojado, la va a regañar por dejarlo sólo todo el día. Sabía que sería así con ella hoy, lo sabía.
Lo siente detener a su lado, está de pie.
―Hola Arthur. ―dice Elizaveta muy alegre, recibiendo una pequeña sonrisa sin expresar felicidad.
―Campesina ―la llama, ella se estremece sin desear mirarlo―, ¿por qué no estás conmigo como se supone que debe ser? Ahora te requiero. Ponte de pie.
A regañadientes hace caso terminando su barra de cereal.
Arthur le indica que cosas necesita de ella. Quiere que vaya a comprarle tres paquetes de papas fritas, dos de nachos, cuatro jugos naturales y un sándwich. Surca los labios.
¡¿Qué?! ¡¿Tantas cosas sólo para él?! ¡No tiene diez brazos! ¡No tiene más dinero! Llegando a casa revisará el periódico para buscar un trabajo de medio tiempo.
Kirkland se acaricia la nuca con decepción y le presta de su dinero. Espera que se lo devuelva uno de estos días.
Entonces, Emily va a comprar como le mandó el tirano. Es un estúpido, estúpido, estúpido, estúpido.
Al rato después, apenas puede ver por dónde camina con tanta chatarra sobre sus brazos. Al fin llega al ogro entregándole todo lo pedido. Está agitada, tiene sed.
El londinense le agradece por haberle traído lo que sus amigos le pidieron.
¿No eran para él?
―Yo no iría a comprar tantas cosas, para eso te tengo, campesina. ―le sonríe de lado y se marcha.
…
¡Lo odia! ¡Tiene ganas de golpear a alguien o a algo! ¡El árbol que está al lado por ejemplo!
―Emily, cálmate, al arbolito no. ―Elizaveta se pone de pie enseguida, cogiendo la mano de la americana, llevándola al patio de atrás de la escuela junto con Sakura. Emily necesita golpear algo, lo que sea, tiene acumulada la rabia y de haber sido usada para fines alimenticios.
Las jóvenes más calmadas levantan un bloque de cemento, mientras la misurence envuelve su mano con un pañuelo para no dañarse los nudillos al golpear aquel bloque. Estando todo listo, suelta un grito y un puño. Lo hace trizas.
Ambas saben de la fuerza sobrehumana que posee Emily.
― ¿Has considerado la idea de cambiarte al club de lucha, tal vez al rugby? ―dice Elizaveta, observando a la muchacha más tranquila.
―Lo único que quiero es batear una pelota y hacer un home run.
Y su campeonato de béisbol femenino empieza el próximo lunes, al fin poder batear millones de pelotas de su deporte favorito para desquitarse y apaciguarse.
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El martes seleccionó los empleos disponibles para ella en el periódico, dentro de la escuela, no tenía tanto tiempo para revisarlo en casa. Hablando de trabajos, Arthur entregó el informe de biología. El maestro tendría los resultados en un par de días más.
Prefirió estar en la biblioteca, era más tranquilo que andar para todas partes con ese idiota inglés. Tenía el celular apagado para que no la estuviera llamando. Apostaba que estaría enojadísimo, y recibiría un reto de aquellos. ¿Qué se creía? ¿Su padre? Ni su padre era así, tal vez un poco estricto pero era su padre, Arthur no es nada suyo. Aquella reflexión oprimió su pecho.
Se dio de diarizazos en la cabeza quitándose esa idea. En verdad, era con urgencia alejarse de Kirkland, no podía sentir esto por él. Por Dios, ¡era un ogro con todas sus letras! Tendría que ser masoquista para querer a alguien como él, y ella estaba segura que no era masoquista. Además, los consejos de su padre de que el tiempo le dijera todo, no le ayudaría. Aparte de buscar trabajo para obtener dinero "robado" del cejudo, le serviría para despejarse y pensar en otras cosas.
―Una boutique. ―susurró para sí misma. Eso le ayudaría. Lo tachó con un color amarillo fosforescente. Su primer empleo.
Dejó el diario a un lado y encendió su teléfono. Vaya, veinte mil llamadas perdidas de Arthur. Bueno, es exageración, digamos treinta llamas perdidas. ¿Se sentía muy desesperado por su desaparición? ¡Ja! ¡Sufre Kirkland, sufre!
Sin embargo, de repente Arthur entró por esa puerta de la biblioteca que daba directo con las mesas de estudios. La vio. Arrugó el entrecejo y se acercó. Sabía que no debía hablar en voz alta, así que la tomó de la muñeca y se la llevó por unos de los recorridos de los estantes, para que nadie los oyera. Lo primero fue exigirle una explicación de su desaparición. Emily hizo una mueca disimulada y le contó que necesitaba unos momentos para ella y buscar un empleo, ya que al estar juntos no la dejaría ni leer el número telefónico de las ofertas de trabajo. ¿Feliz con eso?
No del todo.
―Para la próxima vez, dime en donde estás ―era pura seriedad en el rostro del británico. Luego le entregó a la chica una carpeta llena de hojas―. Necesito que la lleves a la subdirectora.
― ¿Por qué no lo haces tú?
― ¿Quién es la campesina aquí? ―se burló posando un dedo en la frente de Emily, haciéndola entender que ella era su esclava. Pero no se percató que ese contacto la hizo vibrar por dentro, tiñendo sus pómulos. Alejó el dedo para terminar― Recuerda que después debes ir a mi práctica. Nos vemos en clases.
No era necesario recordárselo, lo tenía bastante claro e implantado en su disco duro. Se tocó el pecho. Esto iba mal en peor. Como le gustaría tener a Iggy en su regazo, al menos él la hacía sentir bien. ¿Cómo estará ese gatito "esquivo"? ¿Estará siendo bien cuidado por R2D2?
Suspira. Ahora estar en la pequeña tribuna de la cancha de fútbol se siente completamente sola, observando al inglés correr de aquí para allá. Parece que el entrenamiento de hoy está siendo muy exigente. Debe ser por el primer partido que se acerca. ¿Cómo será ese partido? Nunca ha ido ver uno de ese deporte, su padre siempre la llevó a los de fútbol americano, basquetbol y béisbol. ¿Cómo será ver a Arthur como titular? ¿Se lesionará como le contó esa noche?
Frunce los parpados, los cierra con fuerza. No lo aceptará. Aunque viera fijamente a Arthur, concentrada en sus expresiones faciales, no aceptará sus propios sentimientos que llama enfermedad.
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Miércoles, jueves, viernes, sábado. Días contados con sus dedos como si fueran eternos. Nunca tuvo días tan eternos como estos, intentado alejarse de Arthur, mas esté la seguía y le ordenaba hacer maniobras y cosas absurdas. Se aprovechaba, y por cada orden que le mandaba, su odio crecía más -gracias al cielo Toris le compraba unos cupcakes que estaban en venta en la cocina para subirle el ánimo-. Y por cada gesto amable –que repentinamente le florecía-, su corazón se disparaba. Entre sus órdenes más absurdas fue hacerse una cola de cabello al lado derecho de su cabello, aunque lo tuviera corto. Parecía una niña de kínder. Bueno, Antonio la encontró muy tierna e Elizaveta también. Y así tiene que venir todos los días a clases. Que humillación.
La idea de Arthur surgió al recordar cuando le dijo a Emily que era su esclava, que debía acatar sus normas y exigencias. Una de sus exigencias y normas es que se amarrara el cabello. Así tendría más imagen de granjera. Se divertía con ella, extrañamente le hacía sonreír.
Emily tendría su trabajo de medio tiempo los días lunes, miércoles y jueves después de la escuela, mejor dicho, después de ir al entrenamiento de fútbol de Arthur. No, del ogro cejudo.
Hablando de fútbol, debe estar en el primer partido de los vikingos de la pelota. El clima es normal. Hay rayitos de sol muy débiles que no calientan a nadie contra el frío. Desde su ventana ve los árboles cubiertos de otoño. Sol, aire otoñal, partido de fútbol, sentada por horas. Será mejor vestirse con algo liviano que no la deje tan al descubierto, le gustaría estarlo, pero no es verano. Deberá aguantarse para estrenar sus prendas diminutas y censuradas por su padre. ¿Qué tiene de malo mostrar un poco de sus atributos? Claro, padres celosos.
Se viste rápidamente muy pendiente de la hora. Coge su bolso pequeño y se lo cuelga sobre el hombro, saliendo enseguida de su cuarto y de su casa. No puede creer que esté haciendo esto, no puede creer que Arthur le haya ordenado ver su mugroso partido, donde tiene que gastar dinero para el autobús que la llevará a la cancha.
Ve mucha gente, familias completas. No ve a la madre de Arthur, quizás tuvo que trabajar. Busca un asiento disponible al lado de un niñito tocando un tamborcito. Tanto fanatismo por un partido escolar es demasiado. Oh, también está Chiara desde el otro lado, ¿será por Antonio?
Deja escapar un aire de su boca, ¿a qué hora comenzará esto? Mueve la vista hacia una esquina de la cancha y ve a los árbitros salir, luego a los futbolistas. Oh, ahí va Arthur y ese chico llamado Iván. No se dan la mirada. Parece que realmente se llevan muy mal, Arthur no bromeó la noche de Halloween. A pesar de que el más alto tiene una sonrisa tierna mezclada con una ironía perturbadora que le recuerda haber sido llamada tonta fans del inglés y tonta. Detesta esa sonrisa, nunca vio una sonrisa tan actuadamente farsa.
Ambos equipos se dan la mano con educación, deseando lo mejor. Cuando todos están en sus lugares, el pitido resuena dando el inicio del partido, el primer tiempo.
Todo va bien, sin empujones, forcejeos e insultos, únicamente infracciones pequeñas que no hacen daño a nadie. Y no hay goles. ¡Que partido más aburrido contra James Madison High School!
En el entretiempo aprovecha de ir a comprar una bebida y un hogdog, el hambre la está matando. De regreso al juego siendo espectadora, Arthur cambia de posición. Era delantero izquierdo y ahora lo traspasaron al derecho. Su entrenador debe estar loco, Arthur jugaba bien en el primero, sólo que nadie le entregaba el balón para anotar, terminaba en el suelo y en fuera de juego. Con ver todos los días el entrenamiento del inglés, aprendió de soccer.
Da un mordisco a su hogdog, oyendo al niñito de al lado, se nota que su hermano mayor va a la misma escuela que la suya. También oye los cantos de ánimos de las porritas, de Elizaveta a todo pulmón y gritando insultos a Gilbert, no de mala manera, si no de animarlo para que haga una miserable anotación. ¡Es volante creación, debe darle la pelota correctamente a Arthur!
En un instante de mirar al ruso que tiene el esférico corriendo con la bufanda puesta. ¿Eh? Es la misma que traía esa noche, ¿es que acaso no se la saca? Se fija en el londinense que baja intentando arrebatarle el balón. En uno de sus descuidos, pisa el pie del grande, recibiendo un fruncido de ceño y un empuje fuerte con el cuerpo.
Emily sobresalta, preocupada.
Arthur cae pero se para enseguida encarando a Iván. Eso es falta, ¡y amarilla!
―No seas llorona. ―le dice Iván sin borrar la curvatura de labios.
― ¿Cuál es tu maldito problema? ―Arthur lo va a buscar para pelear, lo de Halloween fue mantener distancia y no involucrar a Emily. Por suerte Antonio lo agarra de los brazos para alejarlo, y el árbitro interviene advirtiéndole a los dos. Esto es un veneno, si se vuelven a pelear, los expulsará, a los dos.
Vamos, sólo es un partido escolar de preparatoria, no pueden actuar como niñitos preescolares.
Se reanuda el juego. A Kirkland se le concede el tiro libre desde la distancia hacia el arco contrario, sin embargo Gilbert decide cambiar puestos, él lo hará, que el rubio use la cabeza para hacer de una vez por todas el gol.
Están ahí, dentro de la tensión. El germano levanta la mirada y le da a la pelota, levantándola para que caiga en Arthur. Cuando la tiene, Iván se le interpone dándole una patata en la pierna que una vez fracturó. Para nada se arrepiente en hacerlo, las dos veces.
Arthur se queja por el dolor y encara una vez más al soviético. Esto se ve feo, al público no le agrada, menos a los entrenadores. Los compañeros de equipo entran para calmarlos, pero es inútil. Después de unos insultos mutuos, se agarran a puños.
Emily no sabe qué hacer en ese momento. Golpean a Arthur, todos se amontonan y se revuelven como tallarines, tirándose combos para todas partes, quien sea que esté al frente. ¿Qué debe hacer, qué debe hacer? Si no va, Arthur la regañará por no ir ayudarlo. Si va, Arthur la regañará por involucrarse en peleas de hombres, sobre todo cuando le advirtió que se no metiera en problemas con Iván, porque es peligroso. ¡Es confuso! Vino aquí para ver el partido del inglés, y acaba viendo una guerra de testosteronas prehistóricas.
Cierra los ojos, se pregunta qué debe hacer. ¿Tiene que ir o no? ¿Será bueno escuchar su corazón esta vez, esta única vez?
Su corazón le dice que vaya a defenderlo, porque tiene miedo que a él le pase algo malo entre los golpes. Maldita enfermedad.
Se levanta con todo el valor del mundo, entregando su confianza a su gran fuerza para separarlos y defender al rubio. Ser una heroína. Cruza la cancha de césped con el entrecejo fruncido. Agarra las muñecas del ruso y las aleja de la camiseta carmesí del inglés, quien parpadea desconcertado por la aparición de la campesina. ¡¿Qué hace aquí?! ¡Es peligroso!
― ¡Escucha imbécil grandote! ―lo apunta con el dedo. Iván le sonríe y le baja la mano para enseguida sujetarla de su chaqueta de hilo, lanzándola a un lado para que no intervenga. No fue para nada delicado a pesar de ser una mujer, la tiró como basura al suelo.
Arthur ve la escena y escucha el gemido de la chica golpearse contra el suelo. Su reacción es rápida con golpear el rostro del enemigo, venganza por tratar de mala forma a Emily, nadie la puede tratar así aparte de él.
― ¡¿Quién te da el derecho de tratarla así?! ¡Es una mujer, imbécil! ―lo afirma de las prendas, no le da temor que sea más grande que él, ni que le esté a punto de quebrarle los dientes antes la observación temblorosa de la estadounidense.
La situación va empeorar, será una guerra. El árbitro se introduce en la muchedumbre alejando a los dos conflictivos con ayuda, deteniendo todo. Está furioso y terminará con esto para que no vuelva a pasar otra vez.
―Para la próxima pelea el partido se acaba. ―da por ultimátum para todos los jugadores. Y para Arthur e Iván les regala las no apreciadas tarjetas rojas.
¡¿Qué?! ¡¿Expulsados?! Arthur no puede creerlo, es el primer partido del campeonato y lo expulsan. ¡De seguro es una pesadilla y despertará!
―No es una pesadilla, Arthur. ―Gilbert le informa detrás suyo. Suena enojado y herido. Jugaran con un solo delantero hasta el final del juego. No podrá anotar un gol.
¿Por qué tiene que pasarle esto? Es el mejor en el deporte, le han regalado tarjetas amarillas pero jamás rojas, jamás expulsión. ¿Es por Emily? Si no hubiera llegado, quizás tendría amarilla y no roja. Le dijo que no se metiera con Iván, ¡y es lo primero que hace! ¿Por qué es tan problemática? Ella es la culpable de todo.
No, espera. No le echará toda la culpa, actuó como se debe ante el maltrato hacia una mujer. No obstante, no se explica qué hace aquí. Tampoco se explica su reacción, es decir, de acuerdo, es una mujer, pero hay algo más que lo hizo descontrolar su impulso.
Al ver que el ruso la tiró al suelo, sintió como si le arrebataran la vida. Sintió la adrenalina estallar en su pecho. ¿Qué demonios? ¿Qué le está produciendo esa campesina? Primero tener las ganas de molestarla, segundo que lo haga tener una conversación extensa. Con nadie hablaba tanto.
Gira el rostro. La mira directamente a los ojos azules en el suelo, iguales que desorientados que los suyos.
Mientras tanto, su entrenador está furioso. Ha perdido a su mejor jugador y capitán por una chica.
…
N/A: Deben estar odian a Iván y toda la cosa. Lo sé. Bueno, espero que estén más tranquilos con el capítulo, aunque lo dudo xD
Emily recurre a su nana, ya que ella es su figura maternal al no tener a su madre viva. La relación con su padre es muy estrecha. El señor Jones es una mezcla entre Alfred y el papá de Hannah Montana.
Quiero preguntarles algo respecto al fic. ¿Tiene dudas de algo? Si tienen, díganlas y las vamos aclarando al avance de los capítulos. Obviamente no pregunten quién es el acosador, o cuándo Arthur y Emily reaccionarán para amarse y casarse y vivir juntos para siempre (xD).
Nos vemos para el siguiente capítulo. Respiren profundos y no se desesperen. Coman bien.
