Summary: Bella está harta de ver a Edward haciéndose el interesante y jugando a ser un Dios banal. Ella tomará la iniciativa cuando se trate de decir las cosas, y no permitirá que él siga haciendo de las suyas...
Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a la extraordinariamente talentosa Stephenie Meyer. Yo solo me atribuyo la trama y algunos personajes que salen en medio de este Apocalipsis.
Playlist: Ed Sheeran - Runaway
Playing God
CAPÍTULO 13:
No todo es como yo quiero
Decir que quería desaparecer es poco.
¿Había alguna forma de desvanecerse en el acto?
Demonios, no había tomado clases intensivas de magia.
Me arrepiento.
¿Qué demonios iba a hacer ahora?
—Bella... ¿Estás bien? —Rosalie lucía muy preocupada en cuanto observó mi rostro. ¿Tan mal me veía?
—Cariño... estás muy pálida. Creo que no es buena—
—¿Qué le pasa? —una voz de terciopelo, soltó preocupada. Sólo pensé: "No, no esa voz"
—No lo sé, Cullen. Realmente no entiendo que pasa. Estaba tranquila hasta que...
Señor, ¿qué hice mal? No podía ver a la cara a ninguno.
—Bella... Bella. —sentí una bofetada en mi mejilla derecha. —Ay, no me hagas eso de nuevo. ¿Sabes lo cerca que estuve de hacer algo peor? —asentí en dirección a Rosalie. ¿qué más iba a hacer? Ah, sí. Acaricié mi mejilla para apaciguar un poco el dolor. Esa mujer no se medía en ningún momento.
—¿Estás bien, Swan?
Asentí de nuevo, sin mirarlo. Edward Cullen podía sacar lo peor y lo mejor de mi. En ese momento no sabía que era lo que saldría así que preferí no hacer nada que me delatara.
—¿Dónde está A.J.?
Escuché un bufido incómodo. De seguro era Edward. —No sé, Bella. Estaba con Ethan. Ya no lo veo. A ninguno. —contestó Rosalie. —¿Estás bien, Bellita? Quiero la verdad.
—No lo sé.
—Creo que deberíamos llevarla al hospital. Aún no hay color en sus mejillas.
No sé porque ese comentario me sacó de mis casilla. —¿Y a ti que más te da? ¿Qué haces aquí de todas formas? —lo miré fijamente.
Rosalie contuvo sonoramente la respiración con un jadeo. —Tienes razón, tu noviecito debería estar más preocupado que yo ¿no? —él me devolvió una mirada intensa.
Todo se detuvo, la estática se hizo presente de forma casi palpable en el aire.
Ni siquiera había pensado en que él podría responderme de alguna forma tan fría y ardiente a la vez. Estaba eufórica... por dentro.
¡Está celoso! ¡Está muy, muy celoso!
—Bella creo que debemos irnos a casa. No estás bien.
—Tengo que hablar con A.J., Rose.
—Mañana en la escuela... o mejor lo llamas luego. —propuso ella.
—O le hablas en un par de segundos, cuando llegue con Jasper. —pensé que Cullen se había largado en el momento en que desvié mi mirada de la suya.
Mis ojos se abrieron de par en par. ¿Jasper Withlock? ¿Qué carajos tenía él que ver con ese?
Cuando Cullen habló de Jasper y A.J. un terrible hecho se formó frente a mí.
¿Qué pasaría si...?
No, él no sería capaz. Es muy lindo como para... para...
También me niego, conciencia. Debe existir una buena explicación. De otra forma... no, debo estar equivocada.
Rosalie, Edward y yo observamos en dirección los amigos. Ethan, A.J. y Jasper venían hablando de lo más felices que ni repararon en nuestra presencia. Edward mostraba su incomodidad y Rose estaba a nada de saltar sobre ellos, pero debía escuchar algo de su conversación para estar segura de lo que iba a hacer.
—...No tienes idea. Está a nada de decir que sí, —decía A.J. —te prometo que todo se concretará pronto. Esa ballenita no sabrá que la golpeó aún estando frente a sus ojos.
—Bien. Esa jodida Swan me tiene harto con sus tonterías. Hasta popular está logrando ser. No me gusta eso... Para nada.
—No te preocupes, la tengo comiendo de mi mano.
Sus risas torpes y estúpidas me daban nauseas. La sangre en mis venas de pronto se heló.
—¿Y la rubia? —preguntó Jasper— ¿Ya te la tiraste? —soltó, supuse yo, a Ethan.
No quise escuchar más. Me ardía la garganta por gritar, por hacer de sus vidas un hoyo para sus cadáveres. Pero algo dentro de mí... estaba hirviendo. Ellos habían planeado muchas cosas, pero gracias al que está arriba yo tenía como defenderme antes de tiempo.
—Rosalie, vayámonos de aquí.
—¡Pero quiero asesinarlos, con mis propias manos!
—Lo haremos, pero siendo más inteligentes.
—Cuenten conmigo. —La voz de Edward era oscura y profunda e hizo cosas en mí, que no puedo explicar con palabras.
—Hecho. —fue a lo que me limité a decir para sellar el trato.
Que empiece el juego.
¡He vuelto! Y también ellos.
¿Qué piensan ahora de nuestro querido A.J.?
Ale!
