Capítulo XII

Cicatriz

Mientras entraba más la noche, disfrutaban aún más el estar uno en contacto con el otro, casi en silencio.

- ¿No tienes hambre mi vida? – le preguntó Graham a la somnolienta Regina

- Si. Mucha… Pero las mujeres no comemos a esta hora

- ¡Regina! – Se incorporó parcialmente para que ella lo mirara – hemos hecho el amor varias veces… Y a juzgar por tus gemidos, bastantes y placenteros orgasmos. A menos que me engañaras, claro está – bromeaba con ella, de forma pícara – pero gastamos la energía de una maratón. Así que, por favor, come algo

- Jajaja… Todos mis orgasmos fueron total y completamente reales – le respondió, con esa mirada perversa en el rostro, que incitaba a Graham – Pero tienes razón. Hay que comer… Lo mejor en estos casos son las fresas – alzó las cejas varias veces, como gesto de que le provocaban mucho.

¡Ah! Fresas. He allí otra vez la sombra de Emma presente. No podía olvidar que las fresas fueron parte de aquél acto que, sin saberlo la morena, él había presenciado. Se sentía celoso, y a la vez culpable

- ¿Qué pasa? ¿qué cara es esa? ¿No te gustan las fresas? No es para que pongas esa cara, ja, ja, ja – bromeó la mujer ante la cara de asco del hombre

- No, claro que no es eso… Es que… No me hagas caso. Es que me provoca un Elefante o algo así… Y tú y que "fresas" – disimuló, he hizo comillas en el aire

- Eres mi tonto favorito, ¿Lo sabías?

Llamaron al servicio a la habitación, y Regina se empeñó que lo cargaran a su cuenta. La mujer decidió darse una ducha mientras esperaban. Graham la contempló al levantarse de la cama, y mientras caminaba hacia el baño, haciéndose en el pelo una cola.

No pudo evitar acercarse al baño, y mirarla apoyado desde el marco de la puerta.

- ¿Te vas a quedar allí? Vente – le dijo Regina – te prometo no tocarte, ni buscarte fiesta

- No creo en tus falsas promesas, jajaja

- Ah, ya verás, señor bien portado

Se limitaron a mirarse divertidos, y a darse besos fugaces mientras se duchaban.

Salieron de la ducha. Ambos ataviados con bata de baño, se recostaron en la cama, dejando sus pies en la alfombra

- Estoy realmente cansada. Me secaré el cabello. Debes estar pendiente de la puerta, esposo – lo besó en la frente, pasó sobre él, y se bajó de la cama

- Listo – le dio una nalgada y la miró satisfecho - ¿Puedo poner la tv? ¿Música tal vez?

- ¡Claro! ¡Sorpréndeme!

Justo tenían los mismos gustos, y ya se habían dado cuenta de eso. El secador de cabello y la música, les impedían oírse. Pero no impidió que la puerta sonara y Graham se dispusiera a recibir su anhelada cena.

Al abrir la puerta, notó unos ojos azules que lo miraban con sorpresa. Era Emma, que venía con una bebida energética para Regina entre las manos.

- Oh… Graham, sigues aquí – lo miró de arriba abajo, y disimuló haciendo una falsa sonrisa en el rostro

- Si Emma. Disculpa las fachas – reaccionó, algo confuso y apenado

- Esto es para Regina, la ayuda con la resaca – Alzó la mano y le mostró la bebida

- Gracias – la tomó de inmediato – Pero pasa – hizo un gesto con la mano, por cortesía

- No gracias, así está bien. No le digas a Regina que vine. Ella estaba algo molesta esta mañana, porque ¿sabes?, yo me preocupo por ella, y anda algo "rebelde" – hizo comillas en el aire, y miró inquisitivamente a Graham

- Lo sé Emma – Se sentía extraño e incómodo hablando con la rubia

- No quiero que sufra Graham, ¿entiendes? No voy a permitirlo – La mujer levantó su mano derecha y con su dedo índice señalaba al aire – Ella no puede estar en esta situación por mucho tiempo, y estoy segura de que te lo ha dicho

- Emma, por favor

- Shiii, calla – bajó aún más el tono para que Regina no la escuchara – Ella tiene una vida complicada, y tú se la puedes enredar más. Su familia nunca lo aceptaría… No sé qué te haya contado, pero los finales felices de cuentos de hadas no existen para ella… No contigo. Te suplico que la dejes, antes de que ella se quiebre en mil pedazos por tu culpa

El hombre estaba atónito, y ciertamente molesto también. Sabía que aquella mujer era más importante en la vida de Regina que él. Lo conocía todo de ella, y él absolutamente nada. Su cuerpo, y su forma de amar. Nada más. Con eso le bastaba, ¿o no?

- Mira Emma. Te agradezco la preocupación. Uno, no le voy a hacer daño a Regina. Jamás. Dos, somos adultos, y sabemos hasta dónde podemos llegar. Y tres, pero lo más importante… lo que ambos decidamos, es nuestro asunto – trató de parecer sereno, y no ser grosero

- Vale, está bien. Es válido. Continúa divirtiéndote con ella. Pero quiero que sepas, que más allá de su pose de seguridad y su mercadeo de sensualidad, no es mujer de andar con uno y con otro. Se compromete en todo lo que hace… Si la lastimas… Te juro que te mato

En ese momento notó, que aquella mujer, que parecía totalmente enamorada de su esposo, no tenía una relación puramente carnal con Regina. La amaba también. Al punto de afirmar algo que él le había dicho a la morena, tan sólo unos minutos antes.

- Entiendo Emma – ahora estaba apenado. No sabía cómo encajar en esa situación

- No. No te molestes – le hizo señas de que todo estaba bien – sólo trátala como lo que es, una reina – lo miró disimulando su pesar – nos vemos mañana en el desayuno

- Ok, entonces, mañana en el desayuno…

- Una cosa más… ¿Vas a dormir aquí? – Emma lo miró con algo de molestia

- Ella así lo quiere

- Ok. Está bien. Hasta mañana entonces

- Hasta mañana. Que descanses – y no supo de dónde salía la estúpida cortesía

La mujer se retiró por el pasillo, cruzándose con el camarero, que venía con el servicio a la habitación. Vio las fresas, y nuevamente miró a Graham, que la observaba desde la puerta. Lo miró con rabia, y siguió su camino.

- Señor, su servicio – intervino el hombre que empujaba el carrito.

- Pase, colóquelo al lado del bar – entró a buscar su cartera, para darle la propina al hombre, pero no podía dejar de pensar en lo que acababa de suceder

- Gracias Señor – le dijo el hombre, tomando su propina – Si quiere dejo el carrito – notaba que el huésped estaba distraído

- Si… eh… claro, déjelo

- Las bebidas están en la parte refrigerada, y el champagne está helado

- Si gracias. Muy amable – le sonrió por cortesía al hombre, que se retiraba – Gracias

Se sentó a procesar lo que había sucedido, en la silla cercana a la puerta. Con la mirada perdida, y la mano en el rostro, Graham trataba de entender de qué iba todo aquello. La familia de Regina, el por qué no podían estar juntos… ¿Qué demonios sucedía?

Una Regina distraída y alegre se paró justo en la entrada de la estancia a la habitación, peinando su cabello. Perecía que acababa de salir del salón de belleza. Notó incluso que se había puesto un camisón de seda verde agua, y encaje beige, que dejaba poco a la imaginación, y que se había maquillado ligeramente. Llevaba zarcillos de perlas, que le quedaban hermosos.

- La tierra a Graham, la tierra a Graham – dijo en tono robótico – ¿Estás ahí? Responde… Oye… ¿Cómo supiste?

- Jejeje – seguía distraído. Pero no pudo evitar ver que Regina estaba radiante, y que se dirigía a la bebida que había traído Emma – No sé… supongo que adiviné – sonrió amoroso

- Graham – sonrió con ternura – Eres el caballero de mis sueños… Pero ¿sabes qué? – miró con menosprecio a lata de la bebida – Ya no la necesito. Tus métodos y tú, son la mejor recuperación que se puede tener ante la resaca – lo miró pícaramente

- Regina – se paró serio, y se acercó a la mujer. Estaba prefiriéndolo a él, sin saberlo. A él sobre Emma – Te amo

Se agachó y la alzó entre sus brazos. La besó agradecido. Ella no sabía bien de dónde vino ese gesto de ternura, pero ya le parecía natural entre ellos. Lo miró, tratando de grabar en su mente ese instante, para nunca olvidarlo.

- Necesito que me bajes. Hay que comer

- ¿Te pusiste así para comer? – la miró de arriba abajo, mientras la dejaba de nuevo con los pies en la alfombra

- Bueno… Soy una dama de alta sociedad, y estoy acostumbrada a estar siempre impecable – le reveló con aires de suficiencia

- Ok… Yo no soy un campesino. Y no soy culpable de querer estar desnudo sobre ti todo el tiempo – se escuchó y soltó una carcajada – no soy un pervertido, jajaja

- Mi tonto hermoso, eso ya lo sé – se dirigió al carrito levantando las tapas – ¡Comamos!

Una vez satisfechos, Regina llevó el champagne y las fresas hacia la mesita cerca de la cama, donde Graham estaba acostado, observándola a donde ella se moviera, con cara de quererla a su lado.

- Ok… Ya está bien por hoy Graham – le dijo Regina mirándolo apenada, y con sonrisa pícara de medio lado

- ¿Qué?... Si yo estoy quieto – Dijo, con cara de maldad

- Si, tú si… Pero la bestia no – Miró hacia la bata de baño levantada, justo en la entrepierna de Graham

- Ups… Sorry – se sonrojó. Ella lograba descontrolarlo – So, so – se dijo así mismo, mientras cerraba los ojos y respiraba profundo – No sé qué me haces – sonreía – pero eres el mejor estimulante natural. Deberían patentarte o algo así

- ¡Tonto!... si eres – Lo miró divertida y apenada – ¿Sabes? Las fresas y el champagne son una mezcla exquisita para mí… Algo solemne… quiero compartirlo contigo.

"Fuera de mi mente Emma", pensó, y creía que ella también pensaba lo mismo. Comieron y bebieron su postre. Y pronto Regina, que no paraba de bostezar, le dijo

- Disculpa – mientras se quitaba el camisón para quedar desnuda a su lado – quiero dormir pegada a ti, sintiendo tu calor. ¿Crees que puedas? – de nuevo miraba la entrepierna cubierta de Graham, ya en descanso

- Si… Claro que puedo – sonrió con suficiencia – vente – Se acomodó y rodeó a Regina con sus brazos, y ella se cobijó apoyada en su pecho

- Graham – jugaba con sus manos, acariciándolo – ésta ¿de cuándo es? – rodeaba con la punta de sus dedos una cortada en el costado de Graham

- Hace dos años… ¿Quieres saber cómo? No te daré tantos detalles, si no quieres

- Si, dime… – parecía interesada, y apenada

- Estaba despechado, borracho hasta la médula. Iba así a trabajar. Y tuve un accidente. El vidrio del parabrisas se me hincó justo allí – la abrazó fuerte – Fui estúpido y lo supe inmediatamente al despertar en el hospital. Por poco me sus… pierdo mi trabajo

- ¡Vaya! Debiste amarla mucho – parecía algo triste y celosa

- Si, la amaba. Le iba a proponer matrimonio el día de su cumpleaños. Tenía todo preparado, una fiesta sorpresa. Teníamos años juntos… Pero un día sin más, desapareció – sonó algo triste – Pero, te juro que, hoy más que nunca, es sólo un recuerdo lejano

- Graham – lo miró con todo el amor que había guardado y que no conocía – debió dolerte tanto… Te juro que si me la encontrara algún día… Yo – se escuchaba indignada

- Tranquila mi fiera – ser rió – ya nada de eso importa. Nunca me había sentido tan feliz como ahora

- ¿Lo dices en serio? No hables por hablar – se aferró a su pecho

- Si. No tengo por qué mentirte… En especial, porque tú te sientes igual

- Es verdad… Te amo – lo miró, y volvió a su posición de comodidad – Y ¿qué explicación te dio de su partida?

- Ninguna. Sólo me dejó una nota adhesiva que decía que se iba, que no la buscara y que nunca volvería. Y de verdad, no la busqué. Rompió lo que éramos. Nunca supe de ella

- Pero que… Uy… ¿Qué?...

- Bueno, bueno. Era de la cicatriz que hablábamos. Ya eso es pasado. Este es mi feliz y eterno presente. No quiero nada más de lo que tengo ahora – la acariciaba constantemente – ¿Qué hay de tu cicatriz?

- ¿Cuál? – suspiró – tengo muchas

- No sé cómo te la harías, pero se me antoja sexy la cicatriz sobre tu labio… Perdona si para ti no representa algo agradable

- No, tranquilo. En realidad no es agradable. Pero aprendí a aceptarlo – se escuchó tremendamente nostálgica

- Si es doloroso el recuerdo, no quiero saber…

- No, tranquilo. Me gustaría haberte conocido en otras circunstancias. Y casarme… Y tener hijos contigo – rieron

- No me asustas Regina. También estaría encantado de hacerte mi esposa

- Si… Bueno. Volviendo a la realidad – lo apretó fuerte – Esa cicatriz me recuerda todos los días lo frágil que es la vida. Cuando tenía 15 años me enamoré de un chico – sonrió – Daniel, se llamaba. Nos fugamos. En realidad nunca pasamos de un beso, pero mis padres no me habrían permitido que me visitara

- ¿Se llamaba?

- Si, falleció dos semanas después de fugarnos, en un accidente de moto

- Lo lamento… Regina…

- Tranquilo… También forma parte del pasado

- ¿Estabas en el accidente?

- No… Yo no

- ¿Y la cicatriz?… Me perdí

- Mi Madre estaba furiosa cuando se dio cuenta de que me había fugado con Daniel. Ni siquiera había sido mi baile de iniciación en sociedad. Mi padre hizo un par de llamadas y no llegamos muy lejos. Él tenía apenas 16… lo retuvieron. Nunca más lo volví a ver. Supe que lo soltaron, que le pegaron una paliza en la policía

- Algo ilegal – dijo Graham indignado

- Mi Madre… Mis padres harían lo que fuera para que su hija no los deshonrara – habló con un dejo de dolor y resentimiento en su voz, que empezaba a quebrarse. Aclaró la garganta – Cuando llegué casa, mi Madre me pegó un golpe tan fuerte, que me partió el labio. Caí inconsciente. Me sacaron de la secundaria, y terminé mis estudios en casa. Sólo Emma podía visitarme. Jugaba con ella a las muñecas ¿Tú crees? La vida es tan extraña

- Regina, mi amor – sintió unas gotas caer en su pecho – no tenía idea

- Mi vida no es lo que parece Graham… No soy tan noble como crees, ni tan fuerte… Ni tan débil. Soy…

- La mujer perfecta para mí – la interrumpió – La mujer de mi vida, a decir verdad. Te amo

Se quedaron en silencio abrazados, acariciándose. Justo cuando estaban ambos medio dormidos, Graham le dijo en tono zombi a Regina

- Mi vida… ¿Te casarías conmigo?

- Si Graham… Acepto – respondió, con voz de estar prácticamente rendida.