Le acarició los pechos haciéndola gemir de placer y jugueteó con sus pezones hasta hacerla jadear. Isis sintió una cascada de líquido caliente entre las piernas y, mientras Seto le lamía el cuerpo entero, Isis dejó de pensar con claridad, hizo un movimiento hacia adelante con las caderas y en ese momento comenzó a sonar el teléfono, pero Seto lo desconecto.
Le acarició el pelo y la volvió a besar
–Te deseo- murmuró Isis
-No tanto como yo a ti- contestó Seto quitándole las braguitas- me has enseñado que 2 semanas sin ti pueden ser como dos vidas.
Seto le separó las piernas y descubrió su lugar más íntimo, lo acarició con dedos expertos y, tras colocarla en posición deseada, la penetró profundamente.
Isis sintió que perdía el control, aquello era demasiado excitante; el placer era insoportable. Cuando llegó el orgasmo, Seto la besó para que no gritara.
-No me puedo creer que hayamos hecho esto- comentó Seto al cabo de unos segundos mirándola a los ojos- no puedo creer que estés desnuda sobre mi mesa.
Isis se levantó de la mesa como una gata escaldada y se vistió a toda prisa con manos temblorosas.
-Te prohíbo que vuelvas a venir a mi oficina- le dijo Seto
-¿Cómo?- dijo Isis mientras se ponía el vestido
-Todo esto lo tenías planeado. Has venido a verme con un vestido provocador por algo.
Seto estaba loco, pensó Isis, como se creía que ella era capaz de rebajarse de esa manera.
-Desde que me has visto entrar por esa puerta, no has pensado en otra cosa, así que ahora no me eches la culpa a mí- se defendió Isis- ¿quién ha cerrado la puerta con pestillo? ¿Quién me ha ignorado cuando le he dicho que estábamos en una empresa? ¿Quién ha dicho hace unos minutos que dos semanas sin sexo era como pasar dos vidas privadas de él?
-Isis…
-Y en cuanto tienes lo que deseabas, me acusas de haber sido yo la que se ha abalanzado sobre ti- continuó furiosa caminando hacia la puerta- ¡en cualquier caso no te preocupes, no pienso volver a esta empresa!
Seto le paso su abrigo.
-Tienes pintalabios en la camisa- le dijo ella con satisfacción
-¿Podríamos repetir esto?
Isis se quedó mirándolo con los ojos muy abiertos
-¿Después de haberme acusado de planear todo esto?
-Me encantaría que lo repitiéramos, amor mío.
-¡Ni lo sueñes!
-No es fácil encontrar un sexo así- murmuró Seto
Isis palideció, aquél hombre no tenía sentimientos, claro que ¿cómo había podido olvidarse de lo que seto sentía por ella? La tenía por una cazafortunas mentirosa que se había aprovechado de él en un momento en que era vulnerable. En resumen un hombre que le podía hacer mucho daño si no tenía cuidado.
-Esto no se va volver a repetir- le aseguró Isis girándose y yendo hacia la puerta.
-Desde luego, no en las próximas 24hrs. Porque me voy a Zurich esta noche, así que nos veremos hasta mañana por la noche.
Isis estuvo a punto de decirle que no tuviera ninguna prisa en regresar a casa, pero se mordió la lengua porque, después de lo que había pasado hacía unos minutos, lo mejor era guardar silencio.
Al salir de la oficina de Seto, había algunos empleados de chaqueta y corbata que le hicieron un pasillo para dejarla pasar. Ella se dirigió al ascensor a toda velocidad pues le parecía que llevaba escrito en la cara lo que acababa de suceder dentro.
Seto había descubierto la combinación mágica para transformarla en una mujer que se comportaba como una fresca. Debía odiarlo por ello, pero al recordar que le había prohibido la entrada a su oficina eso era porque tenía cierto poder sobre él.
Echó la cabeza hacia atrás y sonrió satisfecha.
CAPITULO 13.
Al día siguiente Isis tampoco tuvo ganas de desayunar, tenía náuseas y no era la primera vez que le ocurría en los últimos días. ¿Tendría algún virus? Lo cierto era que no se sentía enferma, si no, más bien, como si algo no fuera bien.
De repente se dio cuenta que su cuerpo se estaba comportando de manera extraña, calculó rápidamente con los dedos y se dio cuenta que se le había retrasado el periodo. Volvió a contar pero lo cierto era que nunca había controlado los ciclos y así era imposible tener las fechas claras. Se dijo que se estaba equivocando, pero entonces se dio cuenta que nunca había usado ningún método anticonceptivo y Seto tampoco.
Jamás se le había ocurrido que pudiera quedarse embarazada ¿a Seto tampoco se le había ocurrido? ¿Habría asumido que ella estaba tomando la píldora? No pasaba nada, después de todo en el último mes se había acostado con Seto solo una vez. Las posibilidades de haberse quedado embarazado eran mínimas, ella no podía estar embarazada.
Decidió que el estrés había alterado su ciclo menstrual y eso hacía que todo su sistema se alterara y ella se sintiera mal. Esperaría unos días y si seguía sintiéndose mal, se haría una prueba de embarazo; mientras tanto decidió no volver a pensar en ese tema, pues no quería volverse loca por algo que era probable que no sucediera.
Humberto le llevo el teléfono, era Seto.
-Quería haberte llamado ayer por la noche, pero la reunión terminó muy tarde- le dijo su marido. E Ishizu se enfureció por alegrarse de oír su voz.
-No pasa nada, no esperaba que me llamaras.
-Te aviso que llegaré esta noche, sorpréndeme cuando llegue a casa, entiendes- y cortó la llamada.
Ishizu esperó con ansias su llegada aunque se dijo que era patética, por esperar algo de cariño de un hombre tan frío como él; pero aun con todas esas ideas rondando su cabeza bajó las escaleras y recibió a Seto en el vestíbulo.
-Bienvenido a casa- le dijo Ishizu sonriendo, pero cuando comenzó a caminar hacia él sintió que tosdo a su alrededor se movía y perdió el conocimiento.
Seto se sorprendió de ver a Ishizu esperando por él, pero fue una grata sorpresa, al menos hasta que la vio detenerse y un instante después ver caer su cuerpo; por lo que corrió a atraparla antes de que tocara el suelo. Una vez en sus brazos se dirigió a sui habitación y la depositó en la cama.
Cuando Ishizu recuperó el conocimiento intentó levantarse de la cama.
-¿Qué haces?- le preguntó
-Ya estoy mejor y me voy a vestir.
Seto le cerró el paso y la obligó a volver a la cama.
-No, Humberto me ha dicho que no has comido bien, así que tienes que comer y que dormir y me voy a asegurar de que lo hagas.
-La benevolencia no te queda bien- le espetó Ishizu mientras Seto vigilaba que se tomara la deliciosa comida que le habían llevado en una bandeja con flores.
Seto sonrió de una manera que hizo que a Ishizu le diera un vuelco el corazón.
-Lo hago por mí.
-¿De verdad?
-Vas a tener que estar al cien por cien para cumplir con mis expectativas. He decidido tomarme unas vacaciones…
-Tú nunca te tomas vacaciones.
-Contigo, una cama y un ordenador puedo tomármelas.
Ishizu se sonrojo de pies a cabeza.
-Estoy decidido a olvidarme de ti o a morir en el intento, cariño-murmuró Seto con voz ronca.
-¿Y luego qué?
-Luego, te llevaré de regreso a tu casa y volveré a llevar la vida que llevaba antes, libre y fácil, la vida de un soltero.
Ishizu tuvo que hacer un esfuerzo sobre humano para controlar el dolor.
-¿Y qué esperas? ¿Por qué no lo haces ya?
-De momento, me lo sigo pasando bien contigo; eres diferente a las mujeres con las que solía salir.
-¿Hay lugar para como yo me siento en todo esto?
-Tú te sientes maravillosamente bien porque yo te hago sentir así y lo sabes- le recordó Seto con crueldad y muy seguro de sus dotes amatorias.
Ishizu se dejó caer sobre las almohadas y cerró los ojos. Se dijo que lo mejor era dejarse llevar. Tal vez, Seto nunca se enterara de que lo amaba ¿debía decírselo? Lo más seguro era que no se volvieran a ver y ella quería seguir con su vida, estaba dispuesta a trabajar duro para olvidarlo y lo lograría, tarde o temprano.
-Te dije que no quería nada- susurro Ishizu en cuanto el vendedor se apartó un poco- ¿qué estamos haciendo aquí?
-No tienes joyas- contestó Seto- así que te voy a comprar unas cuantas
-No es muy inteligente de tu parte- dijo Ishizu intentando aparentar naturalidad- podría salirte mal.
-Ya me ha salido mal. Lo cierto es que cualquier cazafortunas que se aprecie no dejaría pasar una oportunidad como esta.
Ishizu lo miró sorprendida y Seto la tomo de la cintura para que no se apartara.
-Por si no te has dado cuenta, acabo de admitir que me equivoqué contigo hace más de 4 años- confesó- Ahora comprendo que no te casaste conmigo por dinero.
-¿Lo dices en serio?
-Completamente – contestó Seto indicándole que se sentara en el elegante taburete que había junto al mostrador.- Hay hombre patéticos que piden perdón con flores.
-¿Ah, sí?- contestó Ishizu confusa.
Le costaba pensar con claridad pues se encontraba aliviada y feliz.
-Y hay hombres que jamás piden perdón y que son capaces de comprarte brillantes con tal de hacerte creer que no están suplicando que los perdones.
Aquello hizo sonreír a Ishizu, que estuvo a punto de reírse a carcajadas al recordar que una vez Seto le dijo que suplicar era de tontos. Una hora después, ya en casa, Ishizu salió a la terraza donde Seto se estaba tomando una copa.
Una enorme higuera proporcionaba sombra y se agradecía porque aunque ya era la última hora de la tarde seguía haciendo mucho calor.
-Es cierto que tiene su ventaja esto de estar contigo- bromeó Ishizu agitando el reloj de platino que le había comprado.
Seto la miró con una ceja enarcada pues todavía no se podía creer que no hubiera aceptado nada más que aquel reloj.
-Yo hubiera preferido cubrirte de diamantes.
-No me hubieran quedado bien.
-Desnuda hubieras estado como una increíble diosa egipcia, cariño.
Ishizu sintió que el corazón le daba un vuelco. Jamás nadie le había dicho algo así.
-¿Por qué has cambiado de opinión sobre mí? ¿Por qué ya no crees que solo busco tu dinero?
-Cuando me dijiste en la empresa que me habías devuelto la mayor parte del dinero que te di al casarnos, no te creí, pero lo he comprobado y ese dinero lleva en la cuenta más de 3 años.
-¿Y qué paso con la carta que envié a tu abogado?
-No llego. Por esas fechas, Duck se cambió de despacho y tu carta debió llegar a la antigua dirección y se perdió. Ahora está muy molesto con todo este tema porque sabe que falló y por ese fallo se han producido muchos mal entendidos entre nosotros.
Ishizu se sentía inmensamente aliviada de que el tema del dinero estuviera por fin arreglado.
-Nunca quise aceptar tu dinero, pero acabé aceptándolo, así que supongo que tu abogado tiene sus razones para no confiar en mí.
-No tiene derecho a emitir un juicio así.
-Me gustaría explicarte un par de cosas- dijo Ishizu- cuando nos conocimos, mi hermano y yo vivíamos en una mala zona y sus amigos no eran "buenos" chicos que digamos. Empezó a faltar a la escuela y yo no tenía tiempo para controlarla.
-No sabía que tuvieses una vida tan dura. Siempre estabas alegre.
-Poner mala cara no cambia nada- contestó Ishizu- El dinero que nos distes nos permitió empezar de nuevo. Alquilé otro departamento, abrí la peluquería e inscribí a Marick en un colegio mejor. Nuestros problemas terminaron. Pude dejar de trabajar por las noches y comencé a quedarme en casa mientras mi hermano estudiaba. Al año siguiente consiguió la beca, y desde entonces todo le va bien.
-Deberías estar orgullosa de ti misma. Ojalá me hubieras contado todo esto entonces.
Ishizu lo miró a los ojos y tuvo que desviar la mirada por que se quedaba sin aliento.
-Entonces a ti no te interesaba lo más mínimo, mi vida.
-No quise conocerte y tú pagaste el precio, pero eso fue entonces y esto es ahora…-dijo Seto agarrándola de la mano y besándole la palma.
Ishizu se estremeció, sintió que le temblaban las piernas y que le ardía la entre pierna. Entonces Seto le abrió la camisa y le soltó el sujetador.
-Es de día…- murmuró Isis
-Te sorprendes con facilidad- contestó Seto apoyándola contra la pared caliente por el sol y quitándole el pareo que llevaba como falda- tranquila, ya lo hago todo yo.
Ishizu pronto estuvo desnuda y deseaba sentirlo dentro de ella mucho antes de que Seto introdujera sus dedos en su entrepierna y la hiciera gemir de placer.
-No pares- gritó Ishizu.
-Me encanta verte perder el control- dijo Seto levantándola y penetrándola.
Ishizu jadeó de placer mientras su cuerpo alcanzaba el clímax, Seto la tomo en brazos y la llevó a la cama, donde se tumbo a su lado y sonrió encantado. Ishizu quería gritar a los cuatro vientos que lo quería, quería que el momento no se acabara nunca. Seto se aparto el pelo de la cara, la abrazó y la besó haciéndola sentirse como la mujer más afortunada del mundo.
-Me encantan tus pechos- confesó seto poniéndola a horcajadas sobre él y acariciándoselos- juraría que te han crecido desde la primera vez que hicimos el amor.
Ishizu se quedó sorprendida por el comentario, pues recordó que su amiga Anzu, le había dicho que sus senos habían empezado a crecerle con el embarazo.
-No me quejo, no me mal interpretes- añadió Seto- ya me he dado cuenta de que te encanta el chocolate Suizo.
¡Seto le estaba diciendo que era una gorda! Ishizu intentó apartarse de él.
-No seas tan quisquillosa. Tienes un cuerpo maravilloso—le aseguró- me gusta estar con una mujer que come todo lo que le viene en gana.
-Me voy a dar una ducha- anunció Ishizu saliendo de la cama.
-¿Por qué tienes tan poca autoestima?- dijo Seto frustrado.
-¡He visto a Celine y a su lado parezco una vaca!- contestó Ishizu.
Seto la miró furioso y se levantó de la cama-¡Menuda idea! Celine cumplía con mis necesidades, pero tú las provocas. No puedo dejar de tocarte. Incluso he tenido que tomarme unas vacaciones para estar contigo.
Ishizu sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
-Eso es solo sexo- lo acusó.
Se hizo un terrible silencio en el cual Ishizu rezó para que Seto le llevara la contraria, pero él se limitó a mirarla con intensidad con una expresión difícil de leer en el rostro.
Ishizu sintió que se le formaba un nudo en la garganta. Seto no le había llevado la contraria ¿Cómo había sido tan ingenua para creer que lo que había entre ellos era algo más que sexo? Consiguió sonreír como si le pareciera muy bien que su relación fuera puramente sexual, se metió en el baño y cerró la puerta con pestillo.
Inmediatam,ente, abrió los grifos de la ducha y se puso a llorar. Lo único que ella le había ofrecido desde el principio había sido sexo y Seto lo había aceptado gustoso.
En ese aspecto no se había quejado. Llevaban una semana de vacaciones, días en los que no se habían separado. Habían comido en la playa, nadado en el mar por la noche, habían compartido cenas románticas, maravillosas siestas e incontables conversaciones. Estar en compañía de Seto era maravilloso e incluso cuando tenía que trabajar un par de horas ella se quedaba leyendo a su lado.
Aquella semana había sido increíblemente feliz, pero también había sido muy difícil asumir que no podía decirle que lo amaba. Tal vez por ello había tenido que descansar tanto por las tardes y evitar ciertas comidas que no le habían caído nada bien; hasta Seto se había dado cuenta que su cuerpo estaba cambiando.
Tenía que tener en claro que no debía hacerse ilusiones, que tenía que enfrentarse a la relación que tenía con Seto tal y como era. Por eso, todas las mañanas, cuando Seto le daba los buenos días acompañados de unos besos, Ishizu se recordaba una serie de cosas: Seto no estaba enamorado de ella. La deseaba y por ello se preocupaba por ella.
El hecho de que fuera tierno y divertido con ella era irrelevante. Al fin y al cabo era un hombre sofisticado y era imposible imaginárselo haciendo que una mujer se aburriera. No era su mujer de verdad. Se había casado a cambio de dinero. Era la mujer que Seto había comprado no la que había elegido.
Ella jamás cumpliría con el tipo de mujer perfecta que le gustaba. Le gustaban las castañas de piernas largas, como su última expareja. Que fueran de buena familia y le parecía que los estudios universitarios eran importantísimos; y obviamente ella no cumplía con ninguno de esos puntos; por lo que era imposible que la hubiera elegido jamás como esposa.
Así que era mejor disfrutar tanto como pudiera de su tiempo con Seto, por que cuando todo terminara solo sería un hermoso recuerdo. Se puso unos pantalones de seda azules con un top de encaje a juego. La mesa estaba dispuesta en la terraza para cenar. Habían puesto farolillos en las ramas de la higuera y la luz de las velas se reflejaba en la cristalería.
-Date la vuelta – le dijo Seto al salir a la terraza.
Ishizu obedeció.
-Estás impresionante… podría comerte aquí mismo- contestó Seto excitándola- vas a tener suerte si consigo controlarme hasta que terminemos de cenar.
Ishizu se sonrojó y sintió deseos de abrazarlo y decirle lo feliz que había sido durante aquellos días. Pero se esforzó en solo sonreír y disfrutar del momento.
Toda la magia que pudiera haber había entre ellos se esfumó una vez regresaron a casa, pensó Ishizu con melancolía mientras descansaba en el sofá.
-Esta noche tenemos una fiesta.
-Vaya, así que me sacas una noche por ahí por haberme portado bien ¿eh?- se burló Ishizu
-Algo así, pero prefiero que te portes mal- contestó Seto. Te advierto que no me gustan mucho las fiestas.
Mientras se vestía aquella noche, Ishizu esperaba con la respiración entrecortada que se abriera la puerta que comunicaba sus dos habitaciones. Se había puesto un vestido verde con los hombros al descubierto que acentuaba el perfecto color de su piel.
La puerta nunca se abrió, así que bajó las escaleras y se encontró con Seto en el vestíbulo.
-Estas muy bien- le dijo mirándola de arriba abajo con interés.
Ishizu se sonrojo – No hace falta que parezcas sorprendido.
-Se me había metido en la cabeza que ibas a intentar ganar puntos poniéndote algo totalmente inapropiado solo para quedarnos en casa- admitió Seto.
-Nunca haría algo tan infantil- contestó Ishizu- por cierto, me he vuelto a poner el anillo- carraspeó.
-Me parece bien, no quiero que los hombres crean que pueden flirtear contigo - se burló Seto.
Ishizu se sonrojo como si la hubiera abofeteado -¡cuando me hablas así, te odio!
Seto se rió –Es tradición en mi familia que el odio prolifere entre las parejas casadas.
-El que tus padres no llevaran un gran matrimonio, no quiere decir que se odiaran.
-Si, como tú quieras pensar, la verdad me da igual lo que pienses del asunto.
-Siento mucho que pienses así de tus padres, y más aún, que creas que no es posible alcanzar la felicidad, si supieras lo que daría por ver a mis padres una vez más… daría lo que fuera…
-Si no eres capaz de dejar el asunto así - la interrumpió Seto- prefiero ir a la fiesta solo.
-Creo que eso sería lo mejor- contestó Ishizu con un nudo en la garganta- me parece que no quiero pasar ni un minuto más en compañía de una persona tan fría como tú.
-Ya casi hemos llegado al aeropuerto, así que cálmate, eres demasiado emocional.
-No como tú ¿verdad?- le espetó Ishizu- para que sepas, yo no me avergüenzo de mis sentimientos.
-Yo no te estoy diciendo que te avergüences, si no que los controles- insistió Seto.
-Quería mucho a mis padres y los echo de menos. Me enseñaron a pensar lo mejor de la gente y, aunque muy pronto aprendí que el mundo no es el mejor sitio…
-¿Quién te enseño eso?
-Tía Agatha, la hermana de mi padre. En cuanto se enteró de que nuestros padres habían muerto, tomo la iniciativa. Convenció a los servicios sociales de ser la persona perfecta para hacerse cargo de nosotros. Yo era pequeña y me daba miedo que me separaran de mi hermano; así que nos fuimos a vivir con Agatha a una casa alquilada muy grande- recordó Ishizu.
-¿Y?
-Agatha y su novio nos robaron la herencia, se gastaron todo el dinero, que no era mucho, pero si lo suficiente para que Marick y yo hubiéramos vivido unos cuantos años sin preocupaciones. Cuando se acabó solo se fue y nunca volvió.
-Supongo que llamarías a la policía. Eso es un delito.
-El dinero había desaparecido y eso ya nadie lo iba a cambiar. Además, tenía cosas más importantes de las que preocuparme… como encontrar una casa más barata y ocuparme de mi hermano- se defendió Ishizu.
En un inesperado gesto de solidaridad, Seto la agarró de la mano –Confiaste en Agatha porque era de tu familia. Supongo que su traición fue espantosa.
-Sí…- contestó Ishizu dándose cuenta de que tenía unas horribles ganas de llorar.
-Cuando tenía amnesia, no tuve más opción que confiar en ti- murmuró Seto- creía que eras mi esposa…
Ishizu se soltó la mano con fuerza –No hace falta que digas más… he entendido el mensaje. Yo lo único que hice fue intentar actuar como si fuera tu esposa. No me acosté contigo por ningún otro motivo ni tengo intención de enriquecerme con nuestro matrimonio.
-Si, y ahora se eso.
-Gracias por la confianza, pero si no hubiera sido por que corroboraste lo que te dije seguirías pensando aquello, no- le espetó y continuó -Eres un hombre increíblemente guapo, pero te cuesta aceptar que las mujeres te quieran por ti mismo- le espetó Ishizu
-Tampoco tengo mal cuerpo- bromeó Seto.
De repente Ishizu se sonrojó y lo miró reprobatoriamente –Ni creas que eso pasará aquí. El piloto podría oírnos.
-Bueno, ahora que lo dices, no me importaría.
Ishizu tomó aire para intentar controlarse y en ese momento el chofer abrió la puerta.
-¡Te odio!- le dijo Ishizu mientras se sentaba en el helicóptero.
Seto se inclinó sobre ella y la besó –Solo estaremos media hora en la fiesta.
Ishizu estaba deseosa de que así fuera para volver a casa juntos. Seto tenía un increíble poder sobre ella, podría hacerle daño y aun así, ella seguiría amándolo.
-Seto…
-Te deseo con todo mi cuerpo. En Zurich, apenas podía dormir, pero ahora vuelves a ser mía y seguirás siéndolo hasta que yo lo decida.
El helicóptero aterrizo en un impresionante yate cuyos dueños les dieron la bienvenida como si fueran príncipes.
A pesar de que había mucha gente, Ishizu solo tenía ojos para Seto, pero él se tuvo que ausentar cuando su anfitrión insistió en que quería presentarle a un viejo amigo. A su vez, la anfitriona le presentó a Ishizu un sinfín de invitados. Los colores de los vestidos y los brillos de las joyas le nublaban la visión, así que parpadeó, pero el vaivén del barco la mareo.
Ishizu giró buscando un sitio dónde sentarse, pero ya era demasiado tarde y perdió el conocimiento. Para cuando lo recobró Seto estaba a su lado
-Tranquila cariño, nos vamos a casa- le dijo tomándola en brazos y despidiéndose de los preocupados anfitriones- nunca había visto una actuación tan buena- añadió una vez a solas.
Ishizu se dio cuenta de que Seto creía que lo había fingido todo porque él quería irse pronto de la fiesta. El movimiento del helicóptero no hizo sino aumentar sus náuseas, lo que generó que terminara vomitando en su bolso, pues fue lo único que hayo a la mano para no hacerlo encima de Seto.
Al llegar a casa Seto se apresuró a ayudarla a bajar del helicóptero. Y una hora después, Ishizu estaba acostada y Seto la estudiaba con atención desde los pies de la cama.
-Ahora ya me encuentro mucho mejor, me gustaría levantarme- dijo Ishizu.
-La gente sana no se desmaya, ni mucho menos termina vomitando – contestó Seto- En cuanto la doctora diga que estas bien, podrás levantarte.
-¿Qué doctora?
En ese momento llamaron a la puerta.
-Supongo que será ella. La llamé desde la limusina para decirle que viniera a la casa.
-No quiero un médico- dijo Ishizu- ¡No necesito ningún médico!
-Eso lo decido yo.
-¿Por qué?
-Porque soy tu marido y soy responsable de tu bienestar aunque tú no me lo agradezcas.
Ishizu se sintió culpable y no dijo nada más mientras Seto abría la puerta y aparecía una mujer mayor de pelo cano.
-Me gustaría estar a solas con la doctora- anunció Ishizu al ver que Seto no se iba.
Contestó a las preguntas de la doctora con sinceridad y dejó que la examinara. Después le pidió una muestra de orina, que hizo a Ishizu sospechar de que iba todo, pero espero que la doctora se lo confirmara.
Ishizu esperó de pie fuera del baño, hasta que pasaron los minutos necesarios para el resultado. Y la doctora salió.
-Creo que usted ya sospecha lo que le ocurre- sonrió la mujer al cabo de un rato- la prueba que acabo de hacerle lo confirmó, está usted embarazada.
Ishizu palideció al pensar en el horror que aquella noticia iba a provocar en Seto y nuevamente se desvaneció.
