Capítulo XII
Celos
¡Cielos…eso no se hace!... – desgraciadamente Thom no me dejó quejarme porque justo en ese momento me hizo callar para que un gemido saliera de mi boca, no una queja, sí lo que menos quería era quejarme.
Compré unos por la tarde… - refiere el muy travieso, informándome que mi ropa interior tiene reemplazo.
Y eso hizo que sonriera que sin aviso me levantó y colocó en su ardiente miembro, mi cuerpo inicio con el suyo el vaivén de los amantes, pero él quería disfrutarme al máximo, así que hizo que sus embestidas fueran lentas, haciéndome sentir sensaciones desconocidas hasta ese momento, Dios sí me quería y yo quería hacer el amor con Thom… mis senos querían sentir sus manos, así que las tomé y las llevé hasta allí, sintiéndolas y su boca se unió a la mía; sus besos eran exigentes, sus labios se cerraron alrededor de mi seno, succionándolos y mordiéndolos. Estaba a punto de explotar, cuando sentí que me depositaba sobre la cama, así sus embestidas eran más profundas y mis senos brincaban y se pegaban a su pecho y sentía el calor de su piel, que junto al mío nos quemábamos. Lo sentí tan ardiente que pronto comenzó a gemir guturalmente, Thom se resistía a acabar pronto y yo sabía que su clímax estaba cerca, tanto que comencé a llevarlo hacia allí y él volvió a besarme y a morderme los pezones y ese movimiento junto con una embestida profunda hizo que juntos llegáramos a nuestro clímax, con mi cuerpo convulsionándose me besó y se quedó dentro de mí para luego ser atraído por mis piernas y enredado entre mis brazos…
Thom – lo llamé, esto se me estaba haciendo un vicio.
Sí – respondió entre aspiraciones convulsas de recuperación.
¡Ha sido estupendo! – estaba felicitándolo por una excelente entrega de amor.
Sí, lo sé. Creo que hacerte enfadar me conviene – me responde besándome de nueva cuenta, ¡qué rico besa!
Sabes… para estar cansado tienes mucha energía – comenté sorprendida por ello.
Dormí toda la tarde, Annie saldrá mañana y yo me quedaré a cargo del negocio – comentó él cuando sentí su mano sobre mi espalda, que viajaba y acariciaba.
Sí ya decía… - lo debí de suponer.
Además, tenía que preparar todo esto… ven, vamos a bañarnos para que puedas dormir… - me dice, pero el verlo desnudo me esta gustando, espera, espera dijo bañarnos, no puedo bañarme.
No puedo bañarme… solo saque esto… - le enseño mi batería extra.
Pero Albert me dio esto… cuando vino con Emilie – Thom se acerca al buró y me enseña un sublimador.
¿Cuándo? – le pregunto, se atrevió a contarle que teníamos planeada una cita sexual.
Como a las seis – me dijo y yo estaba entre enfadada y sorprendida.
¿Qué es esto? – le pregunté cuando su mano me levantó, tirando de mí.
Entendí que era como una cápsula que te ayuda a mojarte – me dijo dándomela.
¡Mi papá es un metiche! ¡Y tú se lo facilitas! – la tomé y cuando llegué a la ducha lo puse en mi dedo, acto seguido el plástico comenzó a cubrir toda mi piel.
Me conviene que mi suegro me dé ideas para hacerte el amor en la ducha – refiere Thom cuando se asomó por la puerta justo en el momento en que el plástico recubría mis pezones, adaptándose muy bien a las formas.
¡Thom! – lo regañé por decirme esas cosas y por morderme el susodicho pezón, aún no había terminado de sublimar y echaría a perder el trabajo.
¿Qué? Te dije que te haría mía donde yo quisiera – me dice y me mete a la ducha con una nalgada que me hace reír.
Bien, hazme el amor las veces que puedas y en donde quieras… - le digo, con ánimo de que no lo haga.
¡Cuánto trabajo te costó decírmelo! Vamos, que debo dormir… - me dice cuando me estoy secando el cabello, él desnudo se mete a las sábanas frías y se acomoda, esperándome.
Bien, ahí voy – le digo, espero verdad que también deje las manos quietas, debo de recargarme.
Lo bueno es que estaba cansado, no me dejó salir del baño hasta que me hizo suya dos veces más, pero apenas llegamos a la cama, se quedó profundamente dormido… ese Thom era incansable, pero si debía dormir para reestablecerse.
Al otro día…
Candy, en mi buró está tu ropa interior – me dijo, señalando un paquete que había dejado encima.
Sí… ¿te ayudo con el negocio? – sugerí, mi pila esta recargada y me duraría como dos días.
No, yo puedo, además si te veo desnuda no me voy a querer ir, así que con calma – me dice, saliendo de la habitación.
Gracias, te veo en un rato – le digo y me enrollo en las sabanas para seguir retozando, la sensibilidad era fenomenal, el satín me hacia sentir nuevas sensaciones y cuando pensé que estaba sola, llegó Thom y me mordió un pezón, lo que hizo reírme… Thom vete a trabajar – lo reprendo.
Perdón, se marcaba con la sábana… - me informó y yo me di la vuelta, al parecer él hizo lo mismo.
Cuando se fue, me levanté y me fui a bañar, ya después levanté la uña sublimada y con el agua el plástico comenzó a deshacerse, sacando hasta el último residuo plástico. Me arreglé y salí de la habitación sin ponerme la ropa interior.
Candy – me llamó con cariño.
Sí – respondí con anhelo, ¿por qué me producía esta ansiedad de que me hiciera suya?
¿Ya te vas? – me preguntó observándome detenidamente.
No quiero, pero sí, debo irme… - respondí estirándome.
¡Hey ánimo, a mí me esperan largas 14 horas de trabajo! – entre que se quejó y me lo dijo, al menos yo salgo a las 6 y no a las 11 como él.
Y tengo dos juntas con el bobo de mi jefe, Thom – también presumí mis arduas labores. Lo llamé a tiempo de que regresara a sus labores, topándome con que Scott entraba a la cocina.
Dime – me vio y diablos debía ir a trabajar.
¿Me das un beso… no tan casto? - le pedí, creo que lo que menos quería es que no me besara.
Claro, ven… Scott puedes salir un momento – le pidió a Scott mientras me tomaba la mano.
Sí señor, voy por las verduras a la cochera – resolvió salir y Thom creo que le dijo algo.
Diez minutos, por favor – pidió Thom.
Thom solo es un beso… - no entendía para que quería 10 minutos si solo era un beso.
Eso es lo que tú crees Candy, ven, aquí hay cámaras y por mucho que te extrañe, voyerista no soy – me dice, haciéndome reír.
Bien – lo acepto. ¿Qué traerá entre manos?
Cuando Thom cerró la puerta detrás de nosotros con seguro, me dio la vuelta, me alzó la falda y me penetró rápidamente al darme un beso, sacándome un gemido de pura satisfacción.
¿Cómo sabías? – le pregunté cuando sacaba y metía su erección varias veces, abriéndome la blusa y quitándome el sostén para acariciarme los senos, oh Dios, ¡ya sabe leer mentes!
Se te nota Candy, así que aquí están, sólo que ahora debes esperarme a que termine – me dijo mientras de la bolsa trasera de sus pantalones sacaba mis panties y continuaba mortificándome con embestidas más lentas.
Claro y Dios, sí que me deseaba y mucho, me dejó jadeante y queriendo más.
Ahora bonita, es hora de que entres a trabajar y recuerda te veo en tu casa – me dijo cuando se estaba vistiendo y yo me colocaba la ropa en su lugar, al igual que la ropa interior.
Sí… me gustó tu beso no tan casto – le digo, haciéndolo reír.
Y a mí me gustó estrenar la despensa – dijo sin más dándome un beso en la mejilla.
Bueno, hasta pronto… - lo admití creo que Thom decía la verdad, él me conoce muy bien.
Hasta la noche…Candy… - me deseó y al darme la vuelta me llamó.
Sí – contesté.
Dame un beso muy rico – regresé sobre mis pasos y lo besé tiernamente.
¿Así…? – cuestioné.
Regular – me contestó.
¿Así? – comencé a besarlo lentamente y él me abrazó diciéndome…
Sí mi amor, así… - Dios, Dios me llamó mi amor, nunca había escuchado eso… bueno, aunque nunca me lo habían dicho porque no había tenido novio.
Cuando llegué a la oficina todos se me quedaron viendo, creo que no adivinaron que mi novio, no tan novio me había asaltado sexualmente hacia apenas diez minutos.
Señorita – me saludó Emilie.
¿Qué pasa Emilie, hay algún mensaje? – le pregunté como si nada y mirando a las tarjetitas que me entregó.
Todos los del mundo, pero pueden esperar. Su cambio de ropa está en la sala de juntas, su padre lo ha traído esta mañana – me informa dándome acceso a mi oficina sin abrir las persianas.
Gracias Emilie – le agradezco abriendo el clóset y sí ahí se encontraba un vestido rojo con accesorios, menos maquillaje.
De nada señorita… quiere que le preste mi set de maquillaje o solo labial – inteligentemente Emilie cuando hablaba de su set era porque traía toda la tlapalería a cuestas.
Tu set está bien Emilie, me las arreglo con lo demás, gracias – le pido comenzando a quitarme la blusa.
Bien señorita, le abro las cortinas hasta que se haya cambiado, ¿de acuerdo? – me dice y sale.
Sí Emilie, gracias – le agradezco y cierra.
Media hora más tarde… suena el intercomunicador mientras me alacio el cabello.
Sí Emilie, ¿qué sucede? – pregunto cuando he abierto el canal de comunicación.
El joven Thom por la dos, señorita – Emilie se rió, bien lo que necesitaba que Emilie se portara traviesa conmigo.
Gracias, Emilie. ¡Hola! – saludó con emoción.
¡Hola Candy! – me saluda Thom como siempre.
¿Cómo estás? ¿Pasó algo? – pregunto con curiosidad. Terminaba de cambiarme… ahora si tengo ropa limpia – le digo cuando comienzo a guardar todo en el neceser de Emilie.
Tuve una visita muy extraña esta mañana… - me suelta Thom haciéndome pensar que mi padre ha tomado a Thom como su víctima de recomendaciones.
¡Ah sí, mi padre…! – comienzo a decir…
No, no fue Albert… el bobo de tu jefe… - me dice rechinando los dientes, ¡uy no! Eso no es bueno.
¿Qué cosa? Espera… Emilie me ha buscado el señor Grandchester – pregunto a Emilie cambiando de línea.
Sí señorita, antes de que llegara por teléfono – me dice mi secretaria.
Gracias Emilie, Thom y ¿qué te dijo…? – primero debo averiguar que le dijo y luego lo demás.
Me preguntó si éramos amantes – respondió entre enojado y humillado.
¿Qué? ¿Qué? Pero ¿cómo se atreve? – ahora la furiosa era yo. ¿Qué se pensaba ese señor que estaba haciendo?
Espera, espera…. ¡No te preocupes! No le dije nada, él llegó a los cinco minutos que tú te fuiste cuando me saboreaba la sesión de sexo salvaje a la que me invitaste – me dice haciéndome reír, pero obvio que no me iba a quedar callada.
¡Yooo, tú que! – lo acusé.
¡Yo que! – me dijo comenzando a mofarse.
¡Tú te invitaste solito…! Pero bueno y luego ¿qué hizo? – le pregunté.
Pues que esperaba que no fuera una distracción, Candy… te voy a preguntar algo, pero no quiero que te enojes… no mejor ven a las 11 y te lo digo en persona – me dijo, obviamente no lo iba a tratar por teléfono.
Bien…debo de ver los resultados de una prueba y salgo para allá – le comenté y antes de colgar…
Bien… te quiero… - me dijo que me quería, eso ya lo sabía, dime algo nuevo.
Gracias – agradecí y colgué.
Caminé hasta tomar el elevador y comencé a subir a presidencia, le hice señas a Lucile y ella me dijo que mi padre estaba solo. Así que me dispuse a ir hacia su oficina.
¡Hola papá! ¿Puedo hablar contigo? – le pregunté cuando asomé la cabeza por la puerta.
Sí Candy, ¡buenos días! Pasa, ¿sucede algo? – me preguntó, no estaba tan furiosa como cuando lo del aeropuerto, pero si me estaban saliendo canas verdes.
Sí bueno, tu sabes que la cena de ayer terminó hasta la madrugada – referí el acontecimiento.
Bien, ¿se lo pasaron muy bien? – mi padre, cuándo cambiaría.
Sí, muy bien, gracias por el sublimador, no se me había ocurrido. Hoy en la mañana fue el señor presidente a la cafetería de Thom a preguntarle sobre mi vida privada – le dije y mi padre entendió mí molestia.
A ciencia cierta, ¿qué le dijo? – me cuestionó dado que no quería comentarle con exactitud.
Si éramos amantes o eso creo, Thom se cerró en el teléfono, quiere hablarlo conmigo en el almuerzo – referí mirando hacia otro lado.
Bien, Candy quiero decirte algo… no te molestes, pero parece que al señor Grandchester le gustas …
Continuará…
