Declaimer: Naruto no me pertenece.
Advertencia: Lenguaje obsceno.
Tentación
Siempre levanté mi barbilla con orgullo, jamás retrocedí ante mi palabra.
Una máscara de frío hielo cubría mis facciones y sin embargo…
¿Qué mierda me hiciste? ¿Cómo coño entraste?
No te di mi jodido permiso, ni siquiera supe que aquí estabas.
Sip, soy un bastardo. Pégame, insúltame. No, no me consueles, no me merezco nada.
La soberbia nubló mis sentidos ¿qué carajos quieres que haga?
13. Soberbia
¿En qué clase de persona te habías convertido, Neji? La misma pregunta no abandonaba tu cabeza desde el mismo instante en que te fuiste y la dejaste sola. Te comportaste como un puto cobarde y te largaste para esconderte debajo de la piedra más grande que encontraste, sólo para darte cuenta que eras un bastardo egoísta. Sí, lo eras. Joder, claro que lo eras. No podías aceptar esas palabras, simplemente, porque no estabas preparado para aceptarlas ante ti mismo y por eso, por eso estúpido Neji, huiste.
Cobarde.
Patán.
Desgraciado.
Orgulloso.
Sip, eras un maldito orgulloso. Lo sabías y te dolía como la mierda, pero lo ignoraste, preferiste hacer oídos sordos, colocarte una venda y seguir adelante. Cómo si eso fuera posible.
¿Y cuál fue el resultado? Caíste más bajo, y quizás la peor parte del asunto fue que no te diste cuenta de tu puñetero error hasta ese día, el fatídico día de lucidez del genio Hyuga.
Realmente eras patético, pretendiste actuar como siempre, seguir con tu rutina diaria: dormir, comer, entrenar. Hiciste de cuenta que nunca escuchaste esas palabras y evitaste hablar con ella de ello, es más, ni siquiera la mirabas más de lo necesario, volviéndote más distante de lo que ya solías ser. ¿Ella? ¿Te importó lo que ella pensó, sintió o le dolió? No, claro que no, lo importante era seguir con el papel, lo que pasa detrás de bastidores, se queda ahí, oculto y en silencio.
Durante dos semanas eternas te dedicaste únicamente a moverte mecánicamente, como un autómata correcto y aristócrata. No volviste a tener ningún encuentro a solas con Tenten. Y maldita sea, lo notaste. Joder, notaste su falta, y te convenciste a ti mismo, que echabas de menos el sexo con ella, follártela, no su simple presencia.
Pensaste, estúpido de ti, que con la noticia de esa nueva misión en la que no tendrías que ir con tu equipo, con ella, al volver, estarías mejor. Pero como ya se te volvió costumbre, te equivocaste, y tanto que sí.
La maldita misión era peligrosa, de rango A, irías con un grupo de elite, del cual no sabías, ni te interesaba tampoco, el nombre de ninguno de ellos, lo único importante allí era vigilar, capturar y asesinar al sádico cabrón que se dedicaba a matar a personas inocentes. Ese era tu objetivo. Nuevamente no te importó nada más, sólo tú, porque tú eras el genio Hyuga, y ya está.
La desolación cayó sobre ti, como un cubo de agua fría sobre la espalda, cuando llegaste al humilde pueblo, oculto detrás de unas colinas y unos cuantos árboles, y descubriste la pesadilla desatada, la diferencia restaba en que esto no era un puto sueño, era la jodida realidad. Y cuanto más te adentrabas en la que, en algún momento fue, una aldea feliz y trabajadora, cargada de alegría y armonía, más te horrorizaba el simple espectáculo que ante tus ojos Hyuga se mostraban.
Deseaste con todas tus fuerzas que el líquido carmesí que cubría cada casa y piedra fuera pintura, pero no lo era, percibías el maldito olor a sangre, sudor y miedo, estaba en el aire que respirabas y que tanto te estaba costando tragar.
Allí hubo una jodida masacre, ese cabrón se cargó a todo el pueblo sin contemplaciones, y tú, maldito Hyuga, seguías caminando entre el páramo, ignorando a tus compañeros y guiado por el macabro espectáculo. Jamás creíste ver la devastación con tus propios ojos. Jamás. Tú habías escuchando a los mayores hablar entre susurros de la masacre Uchiha, pero nunca lo viste. Estuviste en una puta guerra, viste la sangre correr, temiste que tus amigos murieran, pero nunca experimentaste esto: ellos eran personas inocentes, que ni siquiera se habían defendido. En una guerra sabes que puedes morir, vas con ese riesgo cargándolo en tus hombros. Sin embargo, esos aldeanos eran civiles, no tenían ningún tipo de preparación y ese bastardo los mató a todos sin ningún tipo de piedad.
Seguiste adentrándote más y más, y descubriendo los cadáveres, cada vez uno más cerca del otro, como si hubieran intentado huir, y el asesino los hubiera matado a uno detrás del otro. Viste el cuerpo de una mujer tirado en el suelo, con el rostro desencajado, tratando de proteger a su pequeño hijo sin vida, que no tendría más de seis años. Cerraste los ojos, arrugando la nariz, crispado por la escena. No pudiste evitar recordar a tu madre, su sonrisa amable, sus ojos cálidos y sus palabras de aliento. Ella simplemente murió de una enfermedad.
– ¡Hyuga, cuidado! –gritó uno de tus compañeros.
Te giraste en la dirección de donde provenía el llamado y lo siguiente que distinguiste fue el brillo de un kunai atravesar la noche. Podrías haber tratado de esquivarlo, pero tus pies estaban clavados en el suelo y en vez de pensar en tu puñetera vida, la imagen que invadió tus pensamientos fue la de Tenten.
Dicen que cuando estás a punto de morir toda tu vida pasa por delante de tus ojos, también dicen por ahí, que cuando uno está a las puertas de la muerte y te han quedado asuntos por resolver, tu alma no descansa en paz porque mueres con remordimientos. Tú, Hyuga, tenías remordimientos. Remordimientos por ser un cobarde, por dejarla sola, por no aceptar la realidad. Tuviste miedo al escuchar la declaración de Tenten.
Sin embargo, en una fracción de segundos, sentiste tu cuerpo caer a tierra, empujado por una fuerza desconocida, que más tarde identificaste como uno de tus compañeros de equipo. Uno de esos a los que no te molestaste en preguntar su nombre, porque simplemente no te parecía importante, y que, pese a tu jodida prepotencia, te salvó tu patético culo.
.
Llegaste a la Kohona a la noche siguiente, aún llevabas tus ropas manchadas de sangre y te daba exactamente lo mismo. Habían cumplido con la misión, tú y tu equipo, mataron a ese bastardo sádico. Acompañaste a Ken, el tipo despreocupado que te salvó la vida, al hospital, dado que al apartarte, recibió un corte en el hombro bastante sangrante, los otros dos fueron a dar el informe a la Hogake.
¿Y ahora? Ahora, estúpido Hyuga, corrías sobre los tejados de las casas sin un rumbo en concreto, o quizás, sí sabías a donde ibas. Mierda, claro que lo sabías. Ibas a verla.
Te detuviste en seco, habías llegado. Saltaste al borde de la ventana y miraste en su interior, encontrando una luz de una lámpara encendida, alumbrando apenas la habitación. Al fondo, delante del pequeño tocador, estaba ella, tan diminuta como siempre, cepillando su largo cabello castaño. Y joder, esa fue la mejor imagen que viste de ella. Habías visto muchas, y muchísimo más excitante que esta, pero simplemente observarla de esa forma, concentrada, mimando su cabellera, cuando ella parecía tan fuerte y dura, era algo casi irreal.
De pronto, sus ojos levantaron la vista, centrándose en un punto en concreto del espejo y percibiste el momento justo, en que ella ancló su vista en ti, en tus orbes blancos. Frunció ligeramente el ceño y se dio la vuelta, extrañada. Y sin embargo, notaste como ella entraba en tu alma, te desnudaba completamente y quedabas expuesto a ella. Supiste que Tenten distinguió que no estabas bien. Como un demonio, ella te sabía leer.
Abrió la ventana y te tendió una mano.
–Entra.
Y te sentiste como un maldito miserable, pero de todos modos, entraste.
Ella te guió hasta la cama y se hizo sentarte. Tenten sin preguntarte nada, sin recriminarte nada, cuidó de ti. Te desvistió, tendió ropa limpia y te peinó el cabello con gestos delicados, suaves y amorosos. Y cuanto más pasa el tiempo, más te dabas cuenta de lo cabrón que eras. Era un bastardo egoísta, orgulloso, un hijo de puta. Porque tú la dejaste sola, no le respondiste nada, la ignoraste, siempre pensando en ti, en tu mierda, y no pensaste en el daño que le podrías causar a tu compañera de equipo.
¿Y ahora? Ahora ella te veía mal y recogía tus pedacitos, los volvía a unir y a pegar delicadamente, como si temiera que te rompieras en el proceso. Ella te estaba ayudando y tú no te merecías esa ayuda.
–Ya está–declaró dejando el cepillo a un lado, con ese maldito tono normal, natural, amable.
Tenten se levantó de la cama y tú la detuviste. La miraste directamente a los ojos y la jalaste hasta hacerla caer contra tu torso, abrazándola. Pasaste las manos por su cintura y la apretaste contra ti, porque necesitabas sentirla otra vez. Descubriste que echaste de menos sentirla, echaste de menos sentir a Tenten. Al igual que descubriste, que no era una necesidad física de posesión o atracción, esta necesidad salía directamente de ti, de tu alma, querías simplemente sentir su respiración en tu cuello, su cuerpo cálido abrazar el tuyo y sus manos pequeñas acariciar tu espalda.
No querías sexo, querías a Tenten.
–Lo siento –susurraste contra su oído. –Lo siento. –volviste a repetir, abrazándola con más fuerza, casi temiendo que ella no fuera real, que se fuera.
Porque sí, eras un maldito bastardo egoísta. Un prepotente que solía creerse mejor que los demás. Un arrogante con el orgullo demasiado grande y con la saliva suficiente para hablar solo cuando era necesario, o para demostrar tu jodida superioridad. Nada más. Pero ese día, el día que escuchaste esas dos palabras salir de la boca de Tenten, te amo, tuviste miedo.
Miedo al sentimiento. Miedo a ser amado. Miedo a corresponder esos sentimientos. Miedo de ti mismo. Miedo de que no fuera solo sexo lo que te unía a ella. Miedo de estar enamorado de tu compañera de equipo. Porque te diste cuenta de la forma en la qué ella entraba en tu vida, entraba en tu mente, sabía lo que experimentabas y sabía qué decir para encenderte, apagarte y volverte a encender. Ella te comprendía. Ella te amaba. Y tú tuviste miedo de dejar entrar a otra persona a tu vida, cuando, sin saberlo, a Tenten ya la habías dejado entrar.
Tú, estúpido Neji, te dejaste llevar por tu absurda soberbia, sin saber que había más de una forma de decir "Te amo" a una persona, sin mencionar siquiera las jodidas dos palabras que tanto miedo te dieron.
Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa xD Ne...me tardé un poquito y lo séeee, sip, hoy no hubo lemon *se escucha un gran ohhhhhhhhhhhhhhh * xDD pero creí necesario que este capítulo fuera sin el lemon, lo siento, pero quería algo profundo, era el momento de saber por qué Neji dejó sola a Tenten y quería una reconciliación linda, no fogosa xD Igual sé que el capítulo fue corto, pero ni modo, me gustó el final así u.u xD
Ya el siguiente es el final wiiiiiiiiiii xD No sé cuánto tardaré, trataré que se el menos tiempo posible, ¿vale? xD
Nos leemos ^^
