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04/Julio/18
¿A alguien más le ha pasado ese sentimiento feroz de matar alguien por ser tan inoportuno? Oh, pues créanme que en este momento yo lo estaba sintiendo.
No sólo habían interrumpido mi merecido descanso, sino que también mi platica con Sakura, la cual para mí era muy significativa.
Con toda la vergüenza del mundo termine la llamada y la mire.
Oh diablos, se veía un tanto incomoda y perdida. ¿Qué estaría pensando de mi en aquellos momentos? ¿había hecho mal al decirle todo tan de repente?
No. Yo no era un cobarde, me recordé.
Pero por alguna razón en el camino a la casa de ella no me atreví a hablarle, pero si a mirarla de reojo.
Estaba claro que estaba sumergida en sus pensamientos, probablemente maquinando varias ideas de mi. ¿Y ahora? Tampoco quería decírselo así sin tapujos, quería decirle bien, explicarle todas las cosas que pensaba y sentía hacía ella...
Quise bufar y pasarme una mano por el cabello, aunque no quería verme extraño, por ello no lo hice. Bien, ahora me estaba estresando demasiado.
¿Acaso ella pensaba que era un atrevido? ¿habría mal interpretado las cosas? ¿le incomodaría ahora hablar conmigo? Dios, juraba que quería aclarar aquella situación lo antes posible, pero para ello necesita tiempo, porque tampoco podía decírselo sin explicaciones y luego dejarla confundida, no quería en absoluto malentendidos, simplemente quería hablar sobre el tema bien y luego saber qué era lo que pensaba ella de mi, tal vez con mucha suerte no me mandaba a volar.
Bien, tal vez estaba exagerando mucho, ¡pero es que la situación me ponía así! Admitía que aquella mujer casilo tenía a sus pies.
Porque sí, había muchas cosas que pensar aun con respecto a las cosas que sentía en aquellos momentos.
En parte me sentía la persona más miserable de todo el mundo, y es que la ausencia de Hotaru hasta el momento no me había pegado tanto en el fondo, porque de cierta forma el espacio dejado por ella era llenado por la chica que estaba sentada en el asiento copiloto de mi auto.
Y ciertamente me reprendía por aquello. Hotaru seguía siendo muy especial para mi, eso no podía cambiarlo de una manera tan abrupta, era sólo que ahora se sentía más lejano, como si su presencia ahí sólo fuese necesaria en ocasiones. No. Aquello no era verdad. Me dolía de cierta forma la separación de ella, tal vez lo 'nuestro' no fuese algo muy formal, jamás habiamos utilizado las palabras "novia" o "novio" para definir nuestra relación.
Muchas veces me cuestionaba de aquello, si bien era algo que sabía de antemano, me dejaba pensativo ahora que me ponía a ver de una manera más profunda las cosas. Sabía muy bien que no había formalismo de por medio con Hotaru por su falta de libertad, pero, según yo, eso se arreglaría en cuento pudieran salir de aquello.
Pero, a esas alturas me preguntaba si aquello podía ser realidad. Digo, estamos hablando de las dudas respecto al amor que le tenía a Hotaru. Ciertamente, ¿aquello era amor? ¿era amor ahora que estaba con Sakura tan cerca? Entonces, ¿Qué diablos estaba pasando conmigo? ¿acaso un sentimiento tan fuerte podía ser destronado rápidamente de mi corazón? No, eso no era posible, me dije, un sentimiento como el amor no podía ser arrebatado tan pronto, ¿entonces estaba confundiendo mis emociones hacia Sakura? Si era así me tenía que echar para atrás rápidamente, ¿Por qué entonces no me había puesto a pensar aquello antes? Diablos, estaba muy confundido.
Tal vez sería en otra ocasión, cuando estuviera entonces más seguro.
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—Tal vez te interrumpí y es por eso por lo que has llegado de mal humor, ¿o me equivoco? —Soltó de pronto Eriol que en aquel momento iba a mi lado, yo desvié un tanto mi vista de los papeles que llevaba y lo miré unos segundos.
—No, todo está normal— Conteste, no queriendo decirle más y luego de eso preste nuevamente atención a lo que hacía.
—Tal vez también tenga que ver con la pequeña Sakura— Hablo nuevamente, como no queriendo rendirse. Yo gruñí internamente, aunque también lo quería expresar con mi voz.
No me di el lujo de contestarle, tal vez porque al hacerlo le diera cuerda para sus suposiciones , y, si bien no quería aquello, tampoco quería contarle nada sobre lo de Sakura, aunque bien necesitara apoyo o algún consejo. Pero no. Aún no estaba listo para decirselo a alguien en voz alta.
—¿Cómo es que la inversión cayó un 5 por ciento? —Hable molesto, mientras me giraba para encarar a Eriol.
—También estuve revisando eso antes de llamarte, procure que fuera verdaderamente alarmante, aunque veo que ya has notado que lo es— Dijo tranquilamente. Yo suspire y me pase una mano por mi cabello.
—Tenemos mucho trabajo que hacer— Casi maldije a mi buena suerte. No cabía duda de que el trabajo se acumularía, dejándome fuera de mis propios pensamientos y lejos de aquella chica de ojos verdes.
¿Estaba bien lo que hacía? ¿estaba bien pensar en otra persona que no fuera Hotaru? ¿Por qué nunca me vi venir aquella situación que estaba frente a mí? Y con ello me refería a Kinomoto Sakura y Hotaru Nakahara. Que desgraciado era.
Bien, ahora me sentía el ser más miserable del mundo, ¿Cómo había podido engañar a Hotaru? Tal vez tenía que parar todo, buscarla a ella y hablar.
Hablar y sentir de nuevo que flotaba, que seguía amándola, que seguía conmigo, apoyandome.
No quería olvidarte, ni dejar de amarte, Hotaru. Pero ella fue más fuerte en mí…
—Veo que ahora si has metido la pata, Hotaru— Dijo Yamazaki, trayéndome un vaso con agua y una pastilla. Yo gruñí por el dolor incontrolable de mi cabeza.
—Sólo quería verlo, no quería hacer nada malo, ¿Por qué de un momento a otro Takuto se pone tan agresivo? —Murmure tristemente mientras me tomaba la pastilla y un poco de agua.
Mi propio hermano se estaba comportando como una bestia, jamás había salido a por mí a alguna parte, ¿Por qué se exponía tanto por su hermana? Sabía que había algo más allá de todas sus palabras y de todas sus acciones, pero ¿Qué era?
—Me lo imaginaba. ¿Cuál es tu afán de seguir con él? Seguro que ya te ha mostrado las fotos, ¿entonces? —Abrí los ojos entonces. Yamazaki sabía, ¿Por qué?
—¿Cómo sabes de las fotos? —Pregunté impacientemente, mientras lo veía a la cara, él estaba tranquilo.
—Yo las tome— Pronuncio. Y entonces sentí que otra vez cruzaban algo por mi pecho, ese dolor agudo. Sentí otra vez ganas de llorar, pero debía ser fuerte, porque quería averiguar todo—. No pongas esa cara, Hotaru. Escucha, tú ni siquiera amas a Li— Lo escuché fuerte y claro y por un momento me sentí molesta, ¿Quién se creía él para decirme que era lo que sentía? Lo contemple nuevamente, ahora se veía un poco más serio.
—¿Cómo puedes asegurar eso? No sabes nada— Dije fuertemente, aunque sin gritar, sólo quería que se diera cuenta de lo dicho, de que podía estar diciendo una mentira. Él seguía mirándome fijamente a los ojos, después de unos segundos los cerro y suspiro en el proceso.
—Te conozco de casi toda la vida. Recuerda que soy la mano derecha de Takuto— Dijo. Y entonces lo mire sorprendida. Mi corazón se aceleró un tanto.
—¿Y eso que tiene que ver? —Pregunte más tranquila, pero con deje de curiosidad.
—En realidad, pensé que siendo tú una chica tan fuerte e inteligente te darías cuenta, pero veo que eso nunca paso— Y dicho esto nuevamente suspiro. Yo lo mire aún más intrigada—. Y como ya abrí mi bocota, tendré que hablar. Porque sé que no me dejaras irme así como así, ¿verdad? —Yo reí levemente y asentí.
—Tienes que explicarme todo, me refiero también a lo de las fotos, ¿entiendes? —Yamazaki asintió y desvió su mirada de mi cara, para concentrarse en la nada.
—¿Qué sientes cuando estas con él? —Abrí mis ojos entendiendo perfectamente a quien se refería, pero… ¿a qué venía?
—Seguridad, comprensión, mucha confianza— Conteste decidida y de nuevo suspiro. Yo fruncí levemente el ceño. ¿Qué tipo de preguntas eran esas?
—¿Algo más? —Indago más.
—Me siento genial cuando estoy con él, siento que con él no tengo que ocultar nada y eso me alegra, me da un sentimiento de euforia máxima— Respondí. Yamazaki volteo a verme luego de terminar de hablar y frunció el ceño. Bien, esto se estaba volviendo extraño.
—Creo que ya hemos terminado— Dijo. Yo alcé una ceja y lo mire como si hubiese dicho un chiste de mal gusto.
—¿Qué dices? —Pregunte.
—Que si había estado seguro de que no lo amas ahora lo estoy aún más. Tal vez él piense lo mismo que tú— ¿Y eso estaba mal? Pensé.
—¿De qué rayos hablas Yamazaki? —Respondí confundida, no había respondido a mis preguntas y hasta el momento sólo había hecho que me confundiera más.
—¿Es que no te das cuenta de lo obvio? —Contesto un tanto aturdido. Y yo negué con la cabeza—. Hotaru, eso que sientes por Li Shaoran es sólo amistad, estas con él porque así te dicta ese sentimiento de soledad e incomprensión. No más, y si piensas que estoy equivocado, escucha de nueva cuenta tus palabras, lo que me dijiste que piensas de él. Buscas comprensión en él, cariño y compañía. Buscas a alguien que te entienda en la situación en la que estás sumergida, y hasta cierto punto también buscas comprenderlo a él, pero digamos que eso no es básicamente amor, creo que más bien para sentir algo así hubieras dicho "me siento en las nubes cuando estoy con él, cada vez que lo veo mi corazón se agita y mi mente se nubla" una de esas porquerías románticas, sin embargo, no fue así Hotaru. Te desviaste a algo más artificial y sin profundidad. Solamente buscas su compañía por lo que estas pasando— Confeso finalmente él, mirándome profundamente. Inevitablemente abrí mis ojos, no lo miraba a él, ahora más bien al piso.
Seguridad, comprensión, mucha confianza.
Aquellas palabras se reprodujeron otra vez en mi mente, dándome a entender ahora lo que me quería decir Yamazaki.
¿En realidad había sido tan tonta? ¿era verdad lo que me decía Yamazaki? De ser así había engañado a la persona que no merecía aquello y la había privado de tantas cosas, de conocer un mundo ajeno al suyo, de libertad y sobre todo…amor verdadero.
No quería creer nada de aquello.
Tenía deseos de ir con él, quería verlo, quería saber si… si las sensaciones que sentía con él habían sido como las especificadas por Yamazaki, aunque yo no recordara nada de ello, solo necesidad por verlo, solo eso.
Entonces, ¿todo ese tiempo me había engañado a mi misma?
—Yamazaki, por favor, ayúdame a salir de aquí, necesito… —Rogué lentamente al chico frente a mí, que en aquel momento me miraba con pena. Él negó y yo quise gritar de impotencia, pero me contuve, eso no podía ser cierto, ¿¡que ordenes tan estrictas le había dado Takuto?! ¿Cuándo me dejaría salir?
Una gota más derramada no sería nada para ablandar tu frio corazón, Takuto. ¿Qué quieres de mi entonces?
—¿Has hablado con Shaoran? —Pregunto repentinamente Meiling sacándome de mis pensamientos. Al ser mencionado él me puse colorada.
—No, creo que esta ocupado, me lo ha dicho la ultima vez que nos vimos— Dije sin darle muchos detalles. Aunque honestamente me sentía deprimida, no lo había visto en una semana exacta y mis deseos de verle estaban aumentando, aunque no sabía por qué.
Le seguía dando vueltas también a la conversación que habíamos tenido. Pensaba demasiado en lo que Shaoran quería decirme.
Bien, no era tonta, bien sabía también que los besos no se le daban a cualquiera. Pero…
."— Y tampoco creo que sientan estas cosas que yo siento—"
¿Qué quería decir con aquello? ¿Qué cosas sentía él? ¿tal vez repulsión, incomodidad?
Bien, ahora me sentía un tanto insegura, luego de aquello él no había intentado hablar conmigo, estaba comenzando a maquinar muchas cosas extrañas d inclusive absurdas para mi, aunque sabía que detrás de la 'incomunicación' estaba su trabajo.
—Entonces se llevan mucho mejor, ¿verdad Sakurita? —Fue el turno de hablar para Tomoyo, quien me miraba atentamente con una sonrisa.
—S-sí, eso creo… —Conteste nerviosamente, mientras desviaba mis ojos de ella y me concentraba en otra parte.
—Yo creo que se llevan MUY bien— Comento Meiling con tono pícaro, seguramente para avergonzarme, cosa que no ignore, aunque de igual manera sentí nuevamente el calor subir por mis mejillas.
—Sólo bien Meiling, nada del otro mundo— Dije con pena, casi en un murmullo, que aquellas dos seguro habían escuchado bien.
—Yo digo que más que bien, Sakurita— Bien, ¿era mi imaginación o estaban haciendo deducciones y adelantándose incluso a mí?
Volteé entonces a encararlas, al parecer ellas sabían algo que ni yo misma conocía.
Pero no, no me dio tiempo de hacerlo, porque en aquel momento alguien toco la puerta, tan típico.
Y entonces me di cuenta de las posibilidades de que fuera el mismo Li Shaoran el que hubiese tocado el timbre. Mi corazón sin razón aparente comenzó a latir desbocadamente, sentí de nuevo los nervios y los pies como gelatina.
¿Era normal sentir todo aquello sin recibir un paro cardiaco? Incluso me sentí mareada solo de pensar en él.
Me dirigí entonces a abrir, sintiendo la esperanza desbordarse de mí, sí, esperanza por ver a aquella persona parada en el umbral de mi puerta.
Abrí de golpe y entonces pude abrir mis ojos de sorpresa absoluta.
No era Shaoran, no, era…
—¡Hola Sakurita! ¿te he sorprendido? Lo sé, eso es lo que quería— Chillo la persona, que no era nada mas y nada menos que mi madre. Quien venía con una sonrisa de oreja a oreja y dos maletas de lado a lado de su cuerpo.
—¿Tía Nadeshiko? / ¿Señora Kinomoto? —Hablaron al unísono a mis espaldas Meiling y Tomoyo.
Pero no, eso no importaba, ¿Qué era lo que hacía mi madre allí? Y no es que no me alegrara, sino que me sorprendía de sobremanera que hubiese viajado y más sin avisarme nada.
—Madre, vaya que me has sorprendido— Dije aun sin procesar bien la sorpresa.
—Sólo quería ver como estabas— Me sonrió y luego de ello bajo su vista hacia mi estómago— ¡Ya se nota más! —Comento emocionada mientras me tocaba aquella zona.
—¡Mamá! —Grite apenada mientras ella seguía examinando mi panza.
—Seguro será un bebé hermoso y sano, ¿has pensado ya en nombres Sakura? —Pregunto mamá dejando de tocar mi no tan abultado vientre y viéndome a la cara. Yo negué y ella se quedó pensativa.
—¿Por qué no pasamos a casa, madre? —Ella salió de su trance y asintió. Todas le abrimos paso y pasamos a la sala, donde ella se sentó soltando un suspiro.
—¿Se ha cansado, señora Kinomoto? —Pregunto entonces Meiling. Mi madre alzo la vista y sonrió.
—Vaya que sí, no entiendo por qué ahora más, siempre tenemos viajes Fujitaka y yo y no me canso tanto como en este. Que extraño, ¿no creen? —Todas asentimos.
—Nos alegra que haya venido, hace mucho que no nos veíamos— Comento Tomoyo, esbozando una sonrisa.
—¡Hay muchas cosas de que hablar! —Secundo Mei.
—Y…
—¡Todas de compras! —Dijeron al unísono.
Corre Sakura Kinomoto. Son peligrosas.
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—Hay algo que quiero hablar contigo Sakura— Dijo mi madre llamando mi atención.
Eran las dos de la tarde y era ya un nuevo día. Estábamos solas en casa, pues le había casi rogado que se quedara. No se tenía todos los días su compañía.
—¿Qué es? —Conteste con cierto temor.
—¿Cómo vas con Li Shaoran? —Comento sin tapujos. Mirándome directamente a los ojos.
Y otra vez sentí mi corazón agitado. El sudor en mis manos. Aquel vuelco en el estómago y mis mejillas rojas.
Escuché como mi madre suspiraba y yo la mire interrogante. ¿Por qué preguntaba sobre él? ¿Por qué ahora todos se empeñaban en ello?
—¿A qué viene eso, madre? — Interrogué. No era tonta, no.
—Lo veo en tus ojos, hija, casi puedo sentir que su nombre te provoca todo lo que vi hace apenas unos segundos— Hablo gentilmente, bríndame una sonrisa cálida. Una mirada de comprensión.
—Es que… realmente no se de lo que hablas— Dije confundida. Y así, casi pude sentir como a mi mamá le resbalaba una gotita de sudor por su frente.
—¿Qué tal tus estudios, pequeña? —Cambio abruptamente de tema, lo cual me llego de golpe. La mire, ahora estaba a espaldas de mi preparándose un café.
—Me esfuerzo mucho por aprender— Dije animadamente.
—¿Y tus chequeos médicos? —Pregunto.
—También, me han dicho que todo va muy bien—Esbocé una sonrisa al recordar aquello. Sinceramente si me ponía feliz.
Con el pasar de los días contemplaba los notorios cambios en mi cuerpo. Sentía una tremenda emoción al imaginarme que un pequeño ser se estaba formando en mí. Alegría y emoción.
¿Cómo sería aquel ser? ¿tendría mis ojos, mi cabello? ¿los ojos de su padre? Pensar en aquello hizo que me sonrojara. Otra vez estaba pensando en él.
—En un par de meses podrán decirte el sexo del bebé, ¿eso te emociona? —Pregunto sonriente.
—¡Sí! ¿Qué crees que sea? —Interrogué expectante a su respuesta.
—Mmmm, me encantaría que fuera un varón, pero igual una pequeña, no importa— Respondió desviándose de mi pregunta, lo que me hizo sonreír al ver que se había sumergido en una nube rosa.
Me sentí inevitablemente feliz.
Toda irá bien.
—Hija, quiero visitar a Li— Lleve mi vista rápidamente hacia ella, me había tomado desprevenida.
—¿Qué? ¿a Shaoran? —Ella alzo una ceja y me lanzo una mirada picara.
—Vaya, ¿desde cuándo le dices por su nombre? —Bien, ahora entendía el por qué de su mirada. Me sonroje ante mi descuido y su astucia. Debía cuidarme un tanto de ella.
Esperen, ¿cuidar qué?
—Y-yo…
—¿Entonces lo que flota en el aire es amor? —Pregunto sin piedad y otro sonrojo apareció en mi cara. Sentí su mirada fija en mi y no pude evitar sentir pena, ¿Por qué hablaba de eso? —¿Sabes que es estar enamorada? —Yo negué. Ella sonrió y pude sentir como un signo de interrogación se posaba en mi cara—. Es un sentimiento hermoso. De felicidad, donde sientes tus piernas temblar, tu corazón late como loco, tus manos sudan frio, sientes una explosividad al estar cerca de aquella persona, te sientes incluso hasta torpe, cuando te dice o hace cosas lindas te sonrojas. Es una calidez que sientes en el pecho, como maripositas. — Explico ella, pude ver como su cara expresaba muchas cosas, como su rostro irradiaba felicidad al explicar, cómo si ella lo estuviese sintiendo.
Yo me quede reflexionado. Casi todas o más bien, todas las sentía con Shaoran.
¿Entonces eso significaba que…?
—Andando, quiero visitar a Li— Sin previo aviso vi cómo me tomaba del brazo y me dirigía hacia el cuarto de baño—. Te elegiré ropa bonita y holgada, ¿sí? —¿Esa era pregunta? Porque más bien sonaba como orden.
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Y ahí nos encontrábamos. Por mi parte llena de nervios y con una sensación completamente extraña ahora que meditaba las palabras de mamá. Por otro lado, ella venia sumamente concentrada en ver a sus alrededores, sí, ahora sí habíamos venidos en taxi y era más por orden de ella.
Aún seguía en misterio la razón de venir con Shaoran, digo… que yo recordara ellos no hablaban, tampoco tenían negocios…
Oh, tal vez era por eso, ¿Cómo no lo había pensado? Aunque, ¿¡por qué venia yo?! Bien, tal vez lo había hecho para no andar sola y porque ella era su hija, sí.
Y fue entonces cuando nos detuvimos, en aquel edificio ya conocido por mí. Aún seguía igual de imponente. Y no pude evitar sentir los nervios y un arremolinamiento en mi estómago.
"—Como mariposas—"
Dios, sonaba a novela barata. Pero era lindo, tenía que admitirlo.
Piernas de gelatina
Su corazón latiendo
Sus manos sudorosas
La temperatura subiendo a su rostro
Aquel toque eléctrico que subía por su cuerpo
Aquel vacío extraño en su estomago
Dios mío…
Pasamos lentamente al edificio y entonces vi a lo lejos a alguien cruzando la recepción.
Reconocí rápidamente su rostro, su aura de poder y su belleza inigualable.
Era Ieran Li.
Bien, esta vez el aire casi abandona mis pulmones al darme cuenta de la gravedad de aquello. No olvidaba que venía con mi madre, y que justamente Ieran Li no sabía nada de mi embarazo y…
Dios, me sentí culpable entonces al darme cuenta de lo tonta que había sido al traer a mi madre al edificio. Tonta, tonta, tonta.
Quisé darme vuelta y decirle a mi madre que regresáramos a casa, pero para ese entonces Nadeshiko Kinomoto ya me había dejado muy atrás.
Y mi alma casi se sale al ver que se dirigía alegremente hacia donde la señora Li. Pude ver entonces en cámara lenta como sus miradas se cruzaban.
Seguro eran conocidas, no podía ser tanta mi suerte de que no se conocieran, digo, las dos eran parte de grandes empresas de China.
Entre como pude al edificio y me posicioné al lado de mi madre y le sonreí nerviosamente. Tampoco podía ser una descortés y pasar de largo a Ieran Li.
—Sakura— Saludo ella seriamente. Yo incline la cabeza entonces—, y… ¿Nadeshiko Amamiya? ¿se conocen?— Tragué saliva lentamente mientras asentía. Esperen. ¿Ella no sabía que era mi madre?
—Ieran, hace tanto que no nos topábamos, ¡qué gran coincidencia! Seguro que sí no pasaba esto mi hija nos presentaría— Y ahora si mi alma abandono mi cuerpo. Mamá había dicho aquello de forma tan alegre y neutral que no se había dado cuenta de lo que hacía.
—¿Amamiya? ¿Kinomoto? —Murmuro Ieran. Se veía distante y pensativa.
Entonces pude percibir un pequeño sonrojo en ella y después como carraspeaba nerviosamente.
—Claro. Sakura es tu hija, recuerdo su nombre, aunque ha estado bastante alejada de ustedes, ¿no es así? —Comento ahora más normal, aunque para mí no habían pasado desapercibidos aquellos nervios.
—¡Claro! Me alegro volver a verte— Mi madre sonrió y entonces todo quedo en silencio.
—¿Vienen de visita? —Hablo finalmente Ieran, viéndome con sus enigmáticos ojos, me pregunto que pensara de mi a estas alturas.
—Así es, veníamos a ver a tu hijo— Dijo ella alegremente. Y quise golpearme en la frente, en serio que a veces mi madre metía mucho la pata. ¡Y todo lo decía muy naturalmente! Por su culpa ahora tenía la mirada enigmática de Ieran sobre mi.
—Ha estado ocupado, pero estoy segura de que las recibirá, especialmente por Sakura— Pronto ella desvió su mirada a mi madre y se quedaron viendo. La segunda le mando una mirada cómplice y una sonrisa malvada. Reiteraba que era extraño.
—Seguro, seguro, ¿Por qué no vamos juntas? —Pregunto mi madre. Ieran asintió y yo no tuve más elección, digo, a eso veníamos.
—O mejor, llamamos a Xiao Lang y salgamos— Propuso Ieran. Yo comencé a sudar frio.
—N-no…
—¡Me parece una estupenda idea! —Interrumpió mi madre. Dándole así positiva a la idea de la señora Li.
¿Se podía estar más nerviosa? Pero… ¿emocionada? Emocionada y feliz. Lo vería, lo vería. ¿Por qué la ponía de esa forma? Dios, ¿es que acaso ella realmente estaba enamorada?
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Bien, ¿ahora quien rayos estaba llamando a mi teléfono? ¿acaso mi secretaria no entendía que NO quería visitas y mucho menos interrupciones? No tenía ni un segundo de tiempo libre y sabía que si salía de aquella oficina estaría atascado ahí para toda la vida.
Realmente me encontraba frustrado.
Ni siquiera había visto a Sakura.
Y es que ya no podía retener mis pensamientos hacia ella. Realmente me sentía feliz con Sakura, no lo podía negar, y tampoco quería hacerlo. Era como un nuevo mundo abriéndose en mis pies. Había descubierto emociones nuevas que jamás había sentido con nadie, ni siquiera con Hotaru.
Y Hotaru…
Hotaru también inundaba mis pensamientos. Pero no por lo mismo, sino más precisamente por la culpa, no eran los mismos pensamientos o emociones que con Sakura.
Tal vez lo aceptaba ahora que lo veían un tanto más claro. Estaba un tanto loco por ella.
Sí, bien.
Estaba enamorado de Kinomoto Sakura y eso era jodidamente extraño.
Tenía y sentía sensaciones que eran nuevas. Ciertamente aquello no lo había sentido con Hotaru, eran sentimientos y pensamientos nuevos, lo reiteraba. Y me sentía como un tonto al tener tantas dudas de aquello. Porque estaba confundido, ya no con mis sentimientos, sino con Hotaru, ¿Qué había sentido entonces con ella? ¿Qué no estar enamorado era como volar por las nubes? Si bien eso lo sentía con ella, con Sakura era muy diferente, y es que con un simple roce hacía que me sintiera totalmente extasiado y feliz. Era una sensación grabada a fuego en mi, me rebosaba cada vez que aquello pasaba, era como una explosión total de sentimientos positivos.
Y ahí estaba otra vez. Pensando en ella, y es que cuando aquello pasaba ya no podía detenerme, y tampoco es como si lo quisiera.
Sakura lo tenía de aquel modo, ¿había dicho ya que le gustaban mucho sus ojos? Y ni que decir de su piel, de sus sonrojos, de su torpeza, su linda figura y su cabello, extrañamente ahora la veía como la persona más hermosa de todo el mundo.
Dios, ya estaba delirando.
—Señor Li— Hablo mi secretaria, sacándome de mis pensamientos, cosa que no me agrado y se lo hizo saber con una mirada fea, que a ella no la inmuto, cosa extraña—. La señora Li me ha pedido que baje en cinco minutos a la recepción, ahí lo espera— Bien, eso sonaba como a orden. Dicho aquello ella se marchó dejándome nuevamente solo.
Mi madre en serio no entendía que estaba realmente frustrado por todo lo que tenía que hacer, además, ¿Por qué me interrumpía justamente cuando pensaba en Sakura? Ella sí que se daba sus lujos, la empresa -y debía recordárselo- no se manejaba sola.
Aparté algunos papeles que había en el escritorio y me puse de pie para luego ponerme mi corbata. Aquel día hacía calor, por lo que llevar el saco sería una total molestia para mí, así que decidí dejarlo en su lugar.
Salí de la oficina y me dirigí al elevador. Lo llamé y entre, para mi buena suerte estaba vacío por lo que tenía unos momentos a solas para seguir pensando.
¿Sería buena idea salir a buscar a Hotaru? Bien, eso tal vez sería un tanto arriesgado si recordábamos como su hermano me había atacado.
Pero quería hacer las cosas correctamente y decirle todo. Hotaru no era una mala chica y sabía que lo comprendería. Pero también sabía que eso significaría lastimarla. No le temía en absoluto, era solo que sentía cierto temor por la castaña. Temía que si daba un paso en falso todo se vendría abajo, no era tonto para no saber con quién lidiaba.
El sonido del elevador fue el causante de que saliera de mi letargo y fijará mi vista hacia el frente. No me extraño ver como algunas personas iban agitadas de un lado para otra, mi empresa era todo menos aburrida.
Salí y me dirigí sin prisas hacia la recepción, donde se suponía se hallaba su madre.
Claramente la vi ahí, no podía ignorar aquella presencia potente que tenía, más sin embargo jamás espero a ver a dos personas más junto a ella.
No, ciertamente no se hubiera imaginado que justamente la causante de que sus pensamientos se desviaran fuera ella misma, Sakura.
Y me sentí feliz de verla por fin ahí, ¿era su imaginación o se veía preciosa? No, ella siempre estaba hermosa. Pero verla ahí nuevamente, debía admitir que me robaba totalmente el aliento, me sentía casi en el éxtasis, ¡y eso que solo la estaba viendo!
Fuera de aquellos pensamientos desvié los ojos hacia la otra persona que me veía con una sonrisa amigable, aquella típica sonrisa que pareciera fuese hereditaria, -menos en Touya Kinomoto, claro estaba-. Hablaba de Nadeshiko Amamiya.
Entonces decidí acercarme, porque tal vez me veía un tanto bobo observándolas solamente. Vi de reojo como su señora madre lo escrudiñaba con la mirada. Me extrañé un tanto, según yo, no había hecho nada malo o extraño, ¿o acaso había notado como miraba a Sakura?
Los colores casi se me suben al pensar en aquella posibilidad, pero no podía mostrarme de esa manera, al menos no con mi madre.
—Buenas tardes, Sakura, señora Kinomoto. Madre—Saludé caballerosamente. La señora Kinomoto solo sonrió y Sakura se sonrojo al extremo. Bien, ¿tenía que asustarme ante aquella reacción? ¿acaso estaba incomoda con su presencia? Dios, de ser así…
—Xiao Lang, deja ese trabajo, hace un buen día, hemos planeado salir a comer algo. E irás— Aquello era extraño, ¿o estaba alucinando? Mamá no solía hacerme ese tipo de invitaciones, me sonaba sospechoso. Además, ¿Por qué en el paquete venia incluida Sakura? Y lo peor, aquello era una orden, por lo que no me podía rehusar.
Asentí lentamente con la cabeza y ella me dio la espalda, comenzando a caminar, pronto vi como la señora Kinomoto se le ponía a un lado y comenzaba a platicar con ella. Por mi parte me había quedado parado observándolas, jamás pensé que se llevarían tan bien y lo decía por mi madre, la cual no acostumbraba a interactuar tanto con las personas.
—C-cuanto tiempo, Shaoran— Aquella voz me saco de mis pensamientos, haciendo que rápidamente pusiera mi atención en ella.
La vi y entonces un precioso brillo en sus ojos verdes y... joder, estaba hablando como adolescente enamorado…
—Lo sé, discúlpame— Dije con sinceridad. Vi cómo se sorprendió y un tierno sonrojo se posaba en ella.
—Entiendo, no tienes por qué disculparte— Murmuro ella tímidamente. Yo volví a escucharme mentalmente, diablos, tal vez me había visto un poco tonto.
Desvié rápidamente mi mirada fuera de la de ella y me rasqué nerviosamente la nuca.
—¿Vamos, Sakura? —Pregunte incómodo. Ella asintió, la vi de reojo.
Comenzamos a caminar fuera del edificio, cada uno al parecer iba concentrado en sus cosas pues ninguno hablaba, aunque por mi parte moría de ganas por hacerlo. Igualmente, creo que si lo hiciera mi madre sospecharía irremediablemente, digamos que en eso y en otras cosas más.
Llevaba ocultándole mucho tiempo ya lo del embarazo de Sakura. Cabe destacar que no era por falta de desconfianza o algo así, o el hecho de que negara a Sakura como algo más, es solo que quería esperar el momento adecuado y creía que ese momento había llegado ahora que veía que se llevaba bien con la madre de Sakura.
Por una parte, quería ver su expresión e incluso tomarle alguna foto y por otro lado quería salir corriendo, pues no todo era bueno y había que admitir que su reacción podía ser tan buena como mala. Bien, tal vez no debía ponerme a pensar en cosas negativas. No cuando Sakura estaba a mi lado, y yo con ganas de hablarle y saber cómo estaba.
Sentía nervios de volver a hablarle, como un chiquillo que ha pasado unas vacaciones sin ver a su persona especial.
Persona especial, que bien suena.
Definitivamente todo aquello era muy alejado de lo que había sentido con Hotaru, pero ¿Por qué? ¿no era amor entonces lo que había sentido por ella?
—¿Les parece aquel lugar para comer? —Grito la señora Nadeshiko agitando su mano y señalando un restaurante que prometía ser acogedor.
Yo asentí, sin percatarme que unos ojos verdes estaban clavados en mí, hasta que volteé levemente la cabeza y la vi. Pronto Sakura desvió sus ojos de mí y soltó una risilla nerviosa. Yo sonreí de lado, casi queriendo soltar un suspiro.
Luego de unos instantes estábamos los cuatro dentro del restaurante. Todos veíamos expectantes los menús, viendo que podíamos pedir.
A mi honestamente me daba igual, es más, ni siquiera me podía concentrar verdaderamente en la comida.
Realmente Sakura Kinomoto había entrado de lleno en mi corazón, y esto formaba en mí una sensación de alegría, por el simple hecho de ser ella.
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Ahí estaba él, totalmente impasible y concentrado en su menú, mientras yo casi mordía mis uñas de lo nerviosa que estaba, ni siquiera con toda la preparación mental del mundo hubiera soportado verle de nuevo.
Estaba tan guapo y lindo como siempre. Juraba que incluso su voz la escuchaba más hermosa y sexy. Sí, bien, estaba alucinando un poco con él, pero me era imposible ignorarlo por completo, cada vez que lo veía se quedaba como una boba viéndolo, tanto así que ya me había descubierto una vez.
Cuánto daría en aquel momento por estar solos y solo tal vez confesarle lo que acaba de descubrir. Estaba prendada, malditamente enamorada de él, de sus ojos tan lindos, de sus besos, de sus ojos, de su forma de ser, su caballerosidad, la calidez que desprendía. Sí, todo eso y más me encantaba y por alguna razón no quería esperar mucho para confesárselo, era casi como un impulso que la llevaba hacia él, como un sexto sentido que me gritaba que todo estaría bien.
Era algo loco, porque apenas me venía enterando y quería gritarlo. ¿Estaba bien hacer eso? ¿no estaría arriesgando mucho? ¿y si todo salía mal? Cabía la posibilidad de que todo se arruinara con aquella confesión, pero… quería arriesgarse, de eso se trataba un poco la vida.
—Empiecen sin nosotras, volvemos en seguida— Dijo Ieran Li, levantándose de su silla, mientras mi madre hacia lo mismo.
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¿¡Nos íbamos a quedar solos?!
Tranquila, respira, respira. Que no se escuchen los latidos de tu corazón por favor, cállate, cállate. Respira, respira, ¡no, no empieces a sudar ni a sonrojarte!
Y aunque tratara inútilmente de darle órdenes a mi cuerpo este no obedecía de ninguna manera, incluso pareciera que lo hacía a propósito para llevarme la contraria.
Esperen un segundo, ¿Por qué mi madre acababa de mirarme de manera cómplice? ¿Por qué sonreía tontamente? ¿Por qué justamente se iban ahora?
—¿A dónde van? Podemos acompañarlas— Dije un tanto nerviosa. Mi madre volteo y me miro con una sonrisa, negó lentamente y me hizo una seña para que guardara silencio.
Volteé la mirada hacia Ieran Li, la cual me dedicaba una casi imperceptible sonrisa que me dejo helada.
No, no era tonta ni mucho menos, eso era planeado, ¿acaso ellas sabían que...?
Si antes los colores no habían subido a mi cara ahora lo hacían con total libertad, mientras yo me trataba de tapar la cara con el menú.
—¿Estás bien, Sakura? —Hablo repentinamente Shaoran, haciéndome dar un salto en la silla.
—¡S-sí! —Grite apenada, tratando de taparme más con el menú para que no me viera directamente.
No contaba con que me quitara la carta de la cara y me encarara.
—Si no te sientes bien puedo llevarte a tu casa si quieres— Bien, bien, bien. ¡Me estaba mareando incluso con su cercanía y su toque! ¿todo tiene que ser así?
Yo negué rápidamente con la cabeza para que no se hiciera ideas erróneas sobre mi estado, ¡era una tonta! Él se estaba preocupando por mí y yo aquí sonrojándome y poniéndome nerviosa. Pero es que no esperaba estar a solas con él tan pronto, y aquello me ponía como una tonta pues mis sentidos no reaccionaban bien ante su cercanía.
—Lo siento Shaoran, tal vez estés pensando mal, pero estoy bien, es solo que… —En ese momento entrelace nerviosamente mis dedos, ¿estaba a punto de hacerlo? Dios, sentía que mi corazón explotaría en cualquier momento. O peor, que él lo escucharía por lo fuerte que latía.
—Sakura, hay algo que quiero hablar contigo. Algo que ha quedado pendiente desde hace una semana— Abrí mis ojos sorprendida, bien, no había olvidado aquella platica. Y el simple hecho de recordarla…
—Y-yo…
—Quiero explicarte algunas cosas. Quiero que todo quede claro entre nosotros de ahora en adelante— Por alguna razón sus palabras causaron un efecto negativo en mí, sonaba serio… ¿acaso quería romper nuestro acercamiento? Tal vez había hecho mal al besarlo y… no, déjalo hablar, me dijo mi mente, total, no perderás nada porque él aún no sabe de tus sentimientos—. Como ya te había dicho, los besos entre nosotros no son cosa normal. Somos una especie de amigos, o eso quiero creer, y los amigos no hacen ese tipo de cosas. Aunque viéndolo desde mi punto de vista, yo…
Paro de repente, soltando un profundo suspiro. Pasaron un par de segundos en los que casi golpeaba mi cabeza con la mesa, ¿Qué iba a decirme? Corazón, no me falles por favor.
—Yo no siento una simple amistad por ti, me di cuenta apenas unas semanas atrás, había muchas cosas que quería ordenar en mi cabeza, había varios baches que no me dejaban ver con claridad lo que sentía. Pero después de verte, de sentirte tan amigable, de besarte, de conocerte me di cuenta de que no era normal. Nada. Y es que es como una explosividad de sentimientos lo que siento cuando te veo, si escucharas en este momento mi corazón, dios, podría jurar que me dará un paro cardiaco— Soltó una risa, una risa suave que me hipnotizo. Todas esas palabras, él… —, lo que trato de decir, es que tú, Sakura Kinomoto, me has enamorado con pequeños detalles, con pequeñas sonrisas, con tus cuidados, tus sonrojos, tu torpeza, con tus hermosos ojos, tu linda figura, todo me gusta de ti. Sí, estoy enamorado de ti, Sakura.
