Nuestra misión

Capitulo trece

Calidez


Su vida siempre se desarrolló de manera inusual, en un mundo con reglas y limites definidos ella parecía vivir justo en esa línea que dividía pero que no la hacía pertenecer a ningún lugar.

Su madre había sido una criada negra que trabajaba en la hacienda de su padre, el amor que su progenitor sentía por ella, no solo la trajo a este mundo, sino que hizo a madre e hija libres. Lástima que la mujer vivera unos pocos años tras el nacimiento de su hija.

Su padre Bernardo, "el cojo", como lo llamaban despectivamente los demás, sin importar que sus lesiones fueran por la guerra; era un buen hombre tenía dinero, basado en sus negocios con pesqueros y una compañía fluvial con barcos que recorrían el Río de la plata. A él no le importo que su hija tuviese la piel de su madre, ni el que dijera el resto, tenía el dinero para ignorarlos, así fue como crío a su hija como una dama.

Ella adoraba el agua, su padre la llamaba sirena y desde su niñez hasta ahora fue regañada por nadar en el rio o en el mar. Le decían que eso no era propio de una señorita y que no le traería un buen partido ¡como si eso importara! Un marido adecuado jamás se fijaría en ella, solo en su color de piel, mas de una vez escucho a esos caballeros que buscara a alguien de su clase como un esclavo o campesino algo que era inaudito para su padre.

Ya tenía 30 años y había aceptado su soltería y estar sola el resto de sus días hasta que llego él.

—¿Harribel-sama?

—Lo siento chicas me quede dormida.


Estaba terminando de vestirse, el trabajo ya estaba hecho la mujer había recibido la energía que requería, sin embargo, la pelinaranja se veía aun indispuesta.

—¿Qué es lo que te pasa mujer?

Ella no respondió, solo se envolvió en las sabanas tapándola por completo. Esto irrito un poco al pelinegro pero no se molesto en ello, tenía otras cosas que hacer y en que pensar. Al arreglar por última vez sus ropas se dispuso a irse, y al abrir la puerta antes de marcharse, hizo una pregunta

—¿Me tienes miedo mujer?

No hubo respuesta, pero la joven descubrió su rostro y le quedo mirando. El ojiverde percibía en aquella mirada vidriosa un sinfín de emociones, pero no podía ver el miedo que había antes. No estaba seguro si eso era bueno o no, en fin, se marchó.


—¿Quién es tu padre?—pregunto al ser que se movía en su vientre—¿Es Ulquiorra o Nnoitra?¿te parecerás a ellos?

No hubo respuesta, es algo que sabía, aun así esperaba un tipo de señal que le diera alguna indicación.


Era de noche y la criatura que había cortado con su espada había desaparecido. No era un hollow tan fuerte como para ayudarlo en su entrenamiento, pero le servía para distraerse, para no pensar en sus fracasos.

Se dispuso a irse debía volver con los Vizard, debía seguir entrenando a pesar de su frustración—estoy cansado—pensó.

De repente sintió un reiatsu, uno que conocía muy bien, sin pensarlo fue a toda velocidad al lugar donde provenía esa energía espiritual—¡estaba en el parque!—corrió lo mas que pudo y cuando puso un pie en el parque el reiatsu desapareció.

—¿Qué?¡NO!—grito y comenzó a recorrer el lugar, pero era inútil ya no estaba ahí—¡NO!¡maldita sea!—se desplomo en el césped—NO—comenzó a golpear el suelo—¿había sido real o fue su imaginación? Ya no lo sabía.

Fue sacado de sus lamentaciones por un fuerte golpe en la cabeza—¿Qué demonios?

—¿Crees que eso ayuda?

—¿Rukia?—murmuro sin creer en la figura de pie frente a él.

—¿Quién mas? ¿Que estas haciendo?

—Y-yo Bueno—no estaba seguro de responder—¿Qué haces tú aquí?

—Supongo que lo mismo que tu—cruzo los brazos—en busca del reiatsu de Orihime.


Orihime fue a pasar el día con Harribel y su fracción, pero al igual que en los días posteriores a hablar con Szayel, su ánimo no cambio, cosa que notaron rápidamente las demás.

—Dame eso.

—No tu suéltalo.

—Que inmaduras.

—¡¿QUÉ DIJISTE?!—las tres arrancar femeninas discutieron tratando de sacarle una sonrisa a la humana, pero por mucho que intentaran no lo conseguían.

—Vaya que espectáculo—una voz masculina interrumpió.

Todas las miradas se dirigieron al dueño de la voz, un hollow de pelo azul claro apareció.

—¿Sucede algo Grimmjow?

—Nada, solo escuché un escándalo y vine a ver—camino hacia ellas con las manos en los bolsillos— pero solo es un circo sin ninguna gracia.

—¿Cómo te atreves?—grito la peliasul molesta y dispuesta a pelear.

—¡TU…!—siguió la morena, pero fue interrumpida.

—¡YA BASTA!—grito la tercera espada, estaba segura que si no detenía la situación de inmediato, esta sólo iba a empeorar, su fracción puede ser muy voluble al igual que el sexto espada.

—Lo siento, Harribel-sama—se disculparon las hollow femeninas.

—Grimmjow si no tienes nada que hacer, podrías retirarte.

—Me ire cuando quiera—miro a la humana y se le acerco—¿Por qué esta con ustedes?

—Esta bajo mi cuidado.

—¿Y Ulquiorra?

—Aun es su responsabilidad, estoy a cargo de ella en el día, para asegurar su bienestar.

— ¿Bienestar? Se ve miserable—la miro de arriba abajo—haces un trabajo horrible—y con estas palabras se fue.


Caminaba por los pasillos, buscando en cada habitación, aun así no la encontraba—¿Dónde esta?—no debería ser tan difícil encontrar a una mujer embarazada, pero ella siempre se las arreglaba para ocultarse del mundo cuando quería, siempre fue de esta manera, aunque él la encontraría igualmente.

Salió de su hogar al verificar que tampoco estaba en los patios, solo podía buscarla en un lugar. Se dirigió a al bosque, no la llamó, sabía que no contestaría, por lo que se tomó su tiempo recorriendo entre los arboles hasta que por fin encontró lo que buscaba. La joven estaba sentada bajo un árbol sollozando, no la quiso interrumpir, ella ya había detectado su presencia, por lo que se sentó junto a ella, esperando a que ella hablara.

—Me encontraste—murmuro la rubia vestida con su camisón blanco.

—Siempre lo hago ¿Por qué estas enojadas?

—Por nada.

—Te conozco, sé que estas molesta y tú me conoces sabes que no soy bueno en ver lo que siente la gente.

—Ya no eres el mismo.

Frunció el ceño al no comprender lo dicho por su esposa —¿Cambie?

—Si… conmigo—susurro.

—¿Contigo?—seguía sin entender a lo que se refería.

—Nuestra relación ya no es la misma—sollozó.

Dio un largo suspiro al dilucidar hacia donde iba el tema—Sabes que no es igual porque tu…

—¡Estoy embarazada! —interrumpió—no veo el problema de que tú no te me acerques.

—No quiero causarte daño, no quiero ponerte en peligro ni a ti ni al bebé.

—¡Tengo 16 años! Y mi primer embarazo ¿crees que no estoy asustada? ¿que no tengo miedo por lo que le pueda pasar en el parto a él o a mí?—lloro.

Se quedó callado, no sabía que responder, era verdad la situación era delicada y todo por su culpa, él era mayor y era su responsabilidad pensar en el bienestar de su esposa, aun así no tardo en embarazarla y ahora tenía dos vidas bajo su cargo que peligraban.

—Lo siento, no cuide de ti como se debe.

Ella se lanzó a él con un abrazo—siempre cuidaste de mi—lo acaricio—y al igual que antes necesito que estés conmigo.

—Estar contigo no implica.

—Ahora si implica—dijo molesta—soy tu mujer y exijo tu atención.

Volvió a suspirar al parecer no podría ganar esta batalla y a pesar de sus temores, en primer lugar, estaba su esposa y su bienestar—Esta bien, si es lo que mi esposa quiere—se levantó—vamos a casa—La rubia no se levantó, en vez de eso hizo un puchero—¿Qué pasa?

—Llévame en tus brazos.

—¿Qué?

—Ya lo escuchaste

—Esta bien—acepto inclinándose para tomarla mientras ella levantaba los brazos hacia él.

— Lucía eres una niña muy malcriada.

Ella sonrió—Debo sacar provecho mientras sea tu única niña—acaricio su vientre—pero no te preocupes te recompensare esta noche—dijo esperando que su esposo no se negara como las noches anteriores.

—Esta bien, solo espero que la recompensa lo valga—la beso en la frente.

—¡Por supuesto!—lo abrazo y beso su mejilla, mientras era llevada en brazos a su hogar—Te amo Dante.


Abrió los ojos solo para ver las descoloridas paredes de sus aposentos, nada que se comparase con los colores y la vida que había visto. Desabrocho su chaqueta dejando expuesto su agujero hollow, paso sus dedos por los bordes del circulo negro, se sentía frío muy al contrario de la calidez que sentía en su pecho.

Se recostó en su cama mientras era arropada por Harribel.

—Gracias.

—No hay de que—dijo frustrada al no ver ninguna mejoría en la humana—sé que estas así por lo que dijo Szayel, pero debes recordar lo que te dije—tomo la mano de la pelinaranja, sin embargo, todo se volvió negro y cuando se dio cuenta la mano que sostenía era la de un hombre.

Era un hombre guapo, tez clara, rizos castaños igual que sus ojos, con una encantadora sonrisa dedicada solo a ella. Podía sentir el sol iluminándolos y la brisa del mar rodeándolos. Estaban corriendo de la mano, riendo, siendo felices, se sentía todo tan cálido.

—Harribel.

Aquel mundo maravilloso termino de golpe, ya no estaba en ese lugar acogedor, estaba en el hueco mundo, en la habitación de Orihime.

—Ulquiorra—se incorporó nerviosa la tercera espada—no te oí.

El pelinegro la miro cuestionando el estado de su compañera, nunca la había visto así—¿Paso algo?

—No, sólo… Orihime no estaba bien así que la traje—fue rápidamente hacia la puerta—ya me voy.

En cuanto se cerró la puerta camino para encontrarse con la mujer, sus ojos estaban rojos, pero no había ninguna lagrima.

—Mujer dime que tienes—Ella no respondió, ni siquiera lo miro—como quieras—se alejó y fue al sofá.

Se quedaron así unos minutos el silencio lleno la habitación lo que exaspero a la pelinaranja.

—¿Qué es lo que quieres?—pregunto molesta.

—Ya te lo dije.

—¡No me pasa nada!—se levantó.

—Es inútil que lo niegues, hay algo que te molesta.

—¿Molesta?¿ como podrías saber eso?¡NO ME CONOCES!—camino hacia él.

Ulquiorra se incorporó también quedando frente a su prisionera—Te conozco mujer—la miro fijamente—haz estado aquí por meses, he visto caras que jamás le revelaste a nadie, conozco tu cuerpo mejor que tu misma, por supuesto que te conozco y quiero saber porque estas molesta.

Ella tembló ante estas palabras las cuales eran duras pero ciertas.

—¡¿Por qué estaría molesta?!—exclamo—¿POR ESTAR EN ESTE LUGAR CONTRA MI VOLUNTAD? ¿POR ABUSAR DE MI? ¿POR TENER ESTA COSA DENTRO DE MI? —grito mientras las lágrimas caían por su rostro.

El solo veía el rostro femenino lleno de aflicción y enojo—¿Crees que yo quise esto mujer? ¿Que eres la única que fue obligada a esta situación?

Esto la sorprendió, jamás pensó en lo que Ulquiorra pudiese sentir respecto a la misión que les dio Aizen, sólo asumió que el pelinegro había aceptado su trabajo sin importarle nada.

—Lo siento—se disculpo al notar que solo había pensado en ella y no en el resto que también estaba sufriendo—lo siento—repitió y lo abrazo.

Se quedaron de esta manera en tanto la luna los iluminaba, él no respondió al abrazo de su prisionera, pero a ella no le importaba, sabía que no sería correspondida, pero necesitaba sentir el cuerpo del hollow junto a ella mientras seguía sollozando.

Cuando los lamentos terminaron continuaron en la misma posición, hasta que el cuarto espada decidió terminar con el momento, tomándola de los hombros y alejándola de él. La pelinaranja evito su mirada, algo que le molesto, podía percibir que la humana seguía melancólica y se preguntó si él podía remediarlo.

Tomo el mentón de la joven para besarla, dejándola anonadada la tomo con tanta suavidad, convirtiéndose en un gesto muy tierno. Continuaron besándose, mientras trataba de seguir el ritmo de Ulquiorra, quien se movía con seguridad sin perder la delicadeza, ni siquiera se dio cuenta que estaba siendo dirigida a la cama hasta que choco con ella.

Se separaron y el hollow la ayudo a recostarse, sin apartar la mirada del otro, él desato el nudo del vestido y lo tiro hacia abajo para después quitar las otras prendas dejando a Orihime completamente desnuda.

La admiro por unos instantes, prestando atención por primera vez al cambio que había sufrido, los pechos hinchados y pezones mas grandes y oscuros, curvas mas acentuadas y claro la enorme barriga que contenía la razón del porque se encontraban en esta situación. Puso sus dedos en el abultado vientre y los deslizo suavemente siguiendo una línea blanca que se había formado que nacía en el ombligo y se perdía entre los vellos cobrizos de la entrepierna, la cual comenzó a acariciar.

Esto la hizo soltar un gemido el cual fue silenciado por la boca de su carcelero, volvieron a besarse lentamente degustando la boca del otro, pero los labios negros del espada no tardaron en bajar por su cuello, luego entre sus pechos y su vientre hasta su sexo, haciéndola retorcer su espalda.

La palida mano seguía estimulándola y sus besos cambiaron de lugar, marcando sus muslos.

—Mmmm… Ulquiorra—gimió tratando de llamar su atención. Él le dio una mirada sin dejar su trabajo— Ulquiorra—inhalo—esta bien puedes desvestirte—susurro.

el pelinegro se separó de ella y con su mano libre tomo uno de los pechos de la mujer acariciándolos y apretándolos, para descubrir cuál era el punto entre el dolor y del placer, debido a que estaban extremadamente sensibles.

—Ulquiorraaa—se quejó, tratando de alcanzar la chaqueta blanca para quitársela—p-por favor…

—Eso no será necesario mujer, esta vez no—y tras estas palabras quito la mano del sexo femenino llevándola a acariciar los muslos, y llevo su boca a la entrepierna de la muchacha.

—¡Ulquiorraaaa…!—gimoteo al sentir los besos húmedos que le administraba, se sujetó de las sabanas al no saber qué hacer, solo podía sentir la boca de su carcelero en ella.

Era frustrante no poder ver al arrancar debido a su estomago hinchado por el embarazo pero eso solo la hacía sentir más excitada, cerraba sus ojos y las sensaciones aumentaban, si podía sentir perfectamente su lengua, la nariz que rozaba su piel sensible y los indecentes y húmedos ruidos que hacia cada vez que la besaba o lamia.

—AAAHHH… Ulquiorra—gemía mientras las atenciones no se detenían. Las lágrimas aparecieron en sus ojos, esta vez solo por el placer que estaba sintiendo su cuerpo—¡Ulquiorra!¡Ulquiorra!—solo podía repetir su cerebro y cuerpo inundados por las hormonas y endorfinas, perdiendo cada vez más la razón en tanto se acercaba al clímax.

Los ruidos que hacia la humana solamente lo alentaban a continuar, significaban que lo estaba haciendo bien, por lo que aumento la velocidad de sus atenciones, mientras acariciaba la parte interna del muslo con un a mano y con la otra hacia lo mismo con una de los pechos de ella.

—AAAAHHHH AHHHH—las lágrimas corrieron por su rostro, ya se acercaba al final.

Ulquiorra quito su mano del seno y la llevo al otro muslo, se sujetó de ellos para impulsarse y meter su lengua en el interior de la pelinaranja.

—AAAAAHHHHH—gimió fuerte al sentir como el orgasmo la invadía mientas retorcía su espalda del placer que estaba sintiendo.

Pasaron unos momentos, su respiración aun agitada, su cuerpo estaba lánguido por los efectos del orgasmo, en tanto el ojiverde daba suaves lamidas limpiando el cuerpo del líquido que había sido liberado por su prisionera. Cuando termino con su trabajo, subió por el cuerpo que había tomado, quedando a la altura del rostro la mujer, sostuvo su mirada como lo habían hecho antes, se acercó a ella y le dio un último beso en la frente, y con esto ella cerro sus ojos para caer dormida en los brazos de su captor.


Había una sensación en su pecho algo que gamas había sentido, no estaba seguro si le agradaba o no, pero sentía que le traería problemas por lo tanto decidió refugiarse en su habitación.

—Apareció cuando vio a Harribel y a la humana—pensó—¿qué me hicieron esas malditas?—sintió un cosquilleo en su agujero hollow, pero cuando lo examino seguía igual que siempre—mierda.

Logro llegar a sus aposentos y al cerrar la puerta noto que el cuarto estaba oscuro. Trato de moverse sigiloso entre los muebles para llegar a su destino, sin embargo, cuando estaba a un metro de llegar una luz lo sorprendió.

—¡Al fin llegas! ¿no sabes lo preocupada que estaba?

El suspiro, había sido atrapado— lo siento Mamá Ines—le dijo a una anciana vestida con un camisón.

—¿Crees que estas son horas de llegar…?¿Pero qué?¡De nuevo estuviste peleando!

El no lo pudo negar los moretones eran visibles en su cara, menos mal la ropa cubría los de su cuerpo—Lo siento.

—¿Lo sientes? Si lo sintieras no lo volverías hacer, pero tú no aprendes ¿Qué pensaría tu madre de esto?

—¿Esta aquí?—pregunto preocupado, no quería que lo viera así.

—No, tomo otro trabajo… mijo deberías dar gracias a Dios por una madre así.

—Doy las gracias por tenerla a ella y también por tenerte ti—dijo esperando que estas palabras apaciguaran a su abuela.

Estas palabras hicieron salir una sonrisa de la mujer mayor, mostrando los pocos dientes que le quedaban—tu ganas esta vez, ya anda a dormir, mañana me tienes que ayudar.

—Gracias buenas noche.

—Buenos días serán—y con esto se despidieron, sin embargo, el estómago del ojiazul gruño fuertemente—ay mijo ¿Cómo te voy a mandar con el estómago vacío? Ven.

—No hace falta.

—¡Nada de peros! Vas a venir y comerás todo lo que hay en el plato—ante esta declaración él no pudo hacer nada, excepto sentarse en la mesa de la cocina y tomar el caldo que su abuela le había servido, estaba caliente y llevo calor todo su cuerpo, era un caldo mágico, no solo le quitaba el hambre incluso podía sentir que sus heridas ya no dolían.


Y con esto concluye el capitulo, necesitaba escribir mas sobre Harribel antes de revelar su muerte pero aun falta por revelar. Ulquiorra ya recuerda mucho mas de su pasado incluso su nombre, también otras cosas de su vida de casado que lo ayudaran con Orihime. Y bueno para quienes pedían a Grimmjow ahí esta, gracias por hacer que pensara en él, asi pude considerar mejor la historia que quiero darle.

Alessandraekr: mi idea era que los flasback fueran confusos al principio, pero esto mejorara según avance la historia. Respecto a tu primera pregunta la historia de algunos hollow será revelada mas adelante y no se si los puedo matar ya que técnicamente están muertos. La relación de Orihime y su bebé aun falta por desarrollarse, lo mas importante aun falta el nacimiento que será pronto.

: lamento tu decepción, yo también lo estaba, no me gustaba dejar esta historia inconclusa por eso la retome.