–Déjame tratar de entender algo… estás tranquila porque le 'has dado el visto bueno a mis amigos y a mí' pero aparte de aquello, me tratas de dejar en claro que harás lo posible para que Hermione y tu primo… ¿estén juntos?
–Lo posible y lo imposible. Un gusto hablar contigo.
Capítulo XII Rescatada
Cuadrados románticos.
Ron aun pensaba en la conversación que había tenido con Hannah, la chica que fue la mejor amiga de Hermione durante un período de su vida. Estaba estirado en su cama, relajado, mirando su mano derecha estirada en el cielo. Ahora más que nunca, estaba decidido a también hacer lo posible y lo imposible por estar junto a la castaña. No iba a permitir que alguien se metiese en lo que se estaba convirtiendo, una relación más allá de la amistad con la chica. Y qué mejor oportunidad que la de mañana. Por fin se volverían a ver, luego de unos días separados.
Se quedó dormido con sus pies colgando hacia los lados de su cama, y cuando Harry llegaba de la salida nocturna que había tenido con su novia, le despertó para que se pudiese acostar como correspondía. Se levantó con pereza, sintiendo la contracción de sus músculos por la mala postura, mas no le hizo caso a los pequeños dolores y se acomodó en forma de ovillo para seguir durmiendo.
–Mañana por fin… mañana –se repetía entre conciente e inconsciente.
–¡Chicos, bajen deprisa! ¡Ron, Ginny, Harry! –gritaba Molly desde la planta baja de la casa.
Ginny escuchó su nombre cuando venía saliendo del cuarto del baño, luego de haberse dado una componedora ducha matutina. No le importó bajar corriendo las escaleras, a pesar de lo incómodo que es cuando uno lleva como ropa una toalla que cubre lo necesario y los pies que estilan humedad.
Ron planeaba seguir durmiendo, se había dado cuenta que recién eran las diez y algo de la mañana. Pero los gritos de su madre le provocaron susto y temor, bajando y encontrándose en el camino con su hermana, la cual estaba a punto de caerse en la escalera, producto de la resbaladiza madera y de las mismas emociones de duda.
Harry le seguía el paso a su amigo, mientras trataba de amarrar una de sus zapatillas, mientras corría–saltaba con la otra pierna.
–Los gritos vienen del cuarto de Fred –agudizó Harry cuando les alcanzó. Cortaron con más prisa el camino que les quedaba por recorrer.
–¿¡Qué sucede mamá!
–¡Es Fred! ¡Miren sus dedos! –señalaba, poniéndose a un lado de la cama, mas sin alejarse demasiado de su hijo.
Fred seguía ahí, postrado en su cama, con ayuda del respirador mecánico, pero los dedos de su mano derecha se movían con poca gracia. Cada uno de ellos se movía, respetaban su tiempo. Luego empuñaba su mano, descansaba y volvía a ejercer la acción.
Todos los presenten no emitieron sonido alguno hasta que Fred dejase de hacer aquello y pareciese que iniciaba un largo y profundo sueño. A través de la mascarilla de oxígeno, se podía apreciar una pequeña sonrisa en sus labios.
Molly se aguantaba el llanto, mientras Ginny le abrazaba cariñosamente. Era una pequeña muestra de que Fred seguía ahí, que no siempre dormía como ellos pensaban, y que su posible recuperación se podría acercar un poco más al presente que vivían cotidianamente. Harry palmeó el hombro de su amigo y ambos sonrieron.
–Buen trabajo Fred, estamos orgullosos de ti. George se pondrá feliz cuando le contemos lo que acabamos de ver hoy –le decía Ron al oído de su hermano.
–Llamaré de inmediato a Arthur. Todos estarán muy felices –Molly terminaba de secarse sus lágrimas con el delantal de cocina que ya llevaba puesto, al paso que iba dirigiéndose al living donde yacía el teléfono.
Luego de que la familia Weasley se enterase de la gracia de Fred, Harry llamó a Neville, informándole lo que acababa de suceder en la casa. El médico se alegró al igual que todos, y prometió ir a visitarle –a pesar de no ser el médico de cabecera y tratante de Fred– la familia Weasley era de su completo agrado, y se sentía parte de ese vínculo, le contaba al azabache.
–¿Te veremos hoy en la tarde? –preguntó Harry.
–No lo creo, no quiero interrumpir a las parejitas –contestaba con una carcajada–, ya nos veremos cuando vaya a visitar a Fred.
–Está bien. Nos estamos viendo entonces.
–Adiós.
El día se mantenía más prometedor todavía. Molly les preparó una gran cantidad de degustaciones para el paladar a sus dos hijos, a Harry y Hermione, para que su tarde playera estuviera llena de cosas ricas. Los tres partían a la ciudad de la castaña para poder tener por fin el tan anhelado día de playa, y así poder compartir los últimos días que le quedaban sin la presencia de los estudios universitarios.
Era uno de los primeros viajes que tenían tan alegres, sin tantas preocupaciones o problemas. Se dedicarían solamente a disfrutar de una puesta de sol, de la arena tibia en sus pies, y el agua fría que bañaría sus cuerpos si deseaban adentrarse al mar.
Mientras ellos viajaban, Hermione se despedía de sus hermanos en su casa.
–Hermione, te extrañaré mucho –Luna se aferraba al cuerpo de su hermana, estrechándola en un abrazo cariñoso.
–Yo también Lunita, prometo venir a casa para las festividades cristianas.
–¡Pero eso es mucho tiempo!
–Será tan solamente mes y medio. Si quieres, puedes decirle a Cedric que te lleve a mi casa, a él le daré mi dirección, por cualquier problema que tengan en la casa –terminaba de despedirse de su hermana, acariciándole su cabellera. Ella hizo algunos pucheros y se entró a la casa. Cedric también estaba ahí, aunque miraba de vez en cuando su laptop que estaba encendida al interior del hogar.
–Cuida mucho a Luna, Cedric. Ahora tú serás el encargado de alejarla un poco de los problemas que puedan tener los papás.
–Haré lo mejor posible. Pero sabes que no será fácil, con todos los problemas que se formarán por culpa de tu partida. Huyes como una cobarde –le recriminó enojado.
–¿Crees que estoy huyendo?
–Te estás yendo de tu casa. Eso es huir en mi vocabulario.
–Cedric… no pienses eso de mí –le pidió, haciéndole señas a las sillas de mimbre que estaban ubicadas en el antejardín de su casa–, puede que parezca que esté huyendo…
–¡Te vas y punto! Yo sé que nuestros padres están mal y toda la cosa, ya no soy un niño tampoco. Y créeme que también me iría si tuviera los recursos que ahora estás teniendo tú. Me da rabia que tú te vayas y yo me quede aquí. Los tres tenemos los mismos problemas Hermione, pero Luna siempre tendrá el apoyo de nuestra madre. Si tú te vas, Hermione, volveré a quedarme sin nadie. Ya no vivo siquiera con mi abuela, tendré que estar siempre aquí.
–Cedric, escúchame con mucha atención –Hermione le tomó de sus hombros y no habló hasta que él le mirase de frente a sus ojos–, hay algo que tú no sabes, tampoco Luna. Algo muy malo que me ocurrió cuando era pequeña. Mucho más chiquitita que Luna. Cuando tú te encontrabas de vacaciones con la abuela hacia adelante.
–¿Y eso qué tiene que ver con lo que estamos hablando?
–Eso cambió mi vida, y sé que todavía no tienes la maduración necesaria para entender mi postura, aunque digas que ya estás mayor. He vivido mucho tiempo con esos malos recuerdos, y la vida me está dando nuevas experiencias que atesorar en mi existencia. Estoy siendo por primera vez egoísta y no estoy pensando en mi familia, sino en mí. Te prometo que tú sabrás por qué me estoy yendo realmente, y cuando ingreses a la universidad, te podrás ir a vivir conmigo, si lo deseas. Me encantaría poder llevarme a Luna también, pero lo veo algo complicado. Necesito que tú te hagas cargo ahora de ella, como yo traté de hacerlo contigo alguna vez.
–Lo que sea que te haya ocurrido antes… debió de ser muy fuerte para hacerte marchar de la casa –comenzó a hablar luego de unos minutos de silencio.
–Sí. Lo fue en su tiempo. Y de cierta manera aun me pesa. Por lo mismo, debía de crecer, lanzarme un poco más a la vida, y comenzar a esforzarme por todo. Estoy trabajando, sé lo que es mantener una casa directamente, vivir en compañía, con gente que se preocupa por ti y uno de ellos. No digo que no me preocupo por ustedes en la casa, nosotros tres últimamente hemos sido grandes amigos, y por eso, también tengo penita de marcharme de aquí.
–Entiendo. Disculpa por llamarte cobarde. No tomé en cuenta todas las veces que fuiste como nuestra madre. Espero que esta 'nueva vida' que estás viviendo, no sea tan problemática como la de nosotros.
–Tiene sus problemas, no creas que me voy a un castillo lleno de lujos, de hecho, la vida es una enorme caja que está llena de problemáticas, pero que sin ellas, no podríamos crecer como personas. Son necesarios, porque así también conocemos y distinguimos los buenos de los malos momentos.
–Cuídate, y te estaré llamando cualquier cosa –Cedric le abrazó por unos escasos segundos, pero Hermione se agarró a él con todas sus fuerzas.
–Yo también les estaré llamando, y te escribiré ahorita la dirección a donde estoy –él asintió. Y luego de pasarle un papelito con la ubicación de su casa, Luna volvió a salir al exterior de su casa. Le dio un último beso en la mejilla a su hermana, y Cedric le invitó a una nueva partida de cartas para que se le pasara la pena. Así ambos entraron, y Hermione tomó el bolsito que había dejado en el portón del antejardín y emprendió viaje hacia la gasolinera de la ciudad, que estaba ubicada a unas dos cuadras de la playa. Habían quedado de acuerdo en juntarse en aquel sitio.
Comenzó a caminar, y unas lágrimas le obstaculizaron la visión. Su padre se encontraba trabajando, por lo que se había despedido de él la noche anterior. Y su madre había salido después del almuerzo. Le esperó pero ella no regresó. La despedida que tuvo con sus hermanos le hizo dudar acerca de su decisión, la de querer por fin ser algo más independiente, y tratar de preocuparse un poco de su vida, de sus emociones y su futuro. Luna tenía el apoyo de su madre, y Cedric el de su abuela. No es que los dejara desamparados. Ambos estarían en su casa, con sus padres.
Se sentó en una de las bancas que estaban a las afueras de la tienda de recuerdos que tenía la gasolinera, según su cálculo, y conociendo la velocidad en la que conducían los chicos, estarían pronto a llegar. No se equivocó, porque ya comenzaba a apreciar el automóvil de sus amigos. Se secó unas gotitas de lágrimas que aun permanecían atrapadas en sus pestañas y se puso de pie para acercarse un poco más a ellos.
La primera que salió del auto fue Ginny, quien corrió a abrazarla.
–¡Te extrañé muchísimo amiga! –le decía a Hermione–, hubieras visto como Fred se lucía hoy en la mañana, fue realmente emocionante.
–¡Ginny! Yo también te extrañé mucho –correspondía a la efusividad de su amiga. Harry hablaba con el bencinero, indicándole cuánto quería de bencina para el automóvil, mientras Ron esperaba atrás de su hermana para saludar a la castaña.
Ginny se zafó y comprendió que estaba sobrando en aquella escena, y se fue donde su novio dando saltitos de alegría.
–Hola –se dijeron los dos al mismo tiempo. Ambos se sonrojaron, cual tímidos púber.
Ron recordó sus intenciones del día anterior, y acortó la distancia para regalarle un abrazo. Hermione sintió como su cuerpo entero se estremecía ante el contacto del pelirrojo. Cerró sus ojos y su olfato degustó del aroma del cuerpo de Ron, provocando que ella sonriese y también le estrechase entre sus brazos.
–No sabes las ganas que tenía de abrazarte –confesó Ron.
–Somos dos –le secundaba, viéndole con cariño.
–¿Estuviste llorando? –le preguntó, al notar un poco enrojecidos sus ojos, y algunas lágrimas marcadas en su rostro.
–Un poco, pero no te preocupes.
–Me preocupo porque me importas –ella sonrió al escuchar aquellas palabras de su boca.
–Gracias, Ron –ambos se observaban, como si se estuvieran grabando la expresión de quien tenían en frente.
–Hola Hermione –Harry acababa de llenar el estante del vehículo y se acercaba a saludarla. Ginny se dio un golpe en la cabeza, dándose cuenta que su novio había interrumpido un momento mágico entre su hermano y su amiga.
–Hola Harry, te extrañé –saludó Hermione, dándole un abrazo fraternal.
–¿Nos marchamos a la playa? –propuso Ginny.
–Claro, a eso vinimos –comentaba feliz Harry–, ¿te parece Hermione si guardo tu bolso en el automóvil? Aprovecharé de dejar estacionado el auto en el estacionamiento de la bencinera.
–Sí, muchas gracias.
–Adelántense ustedes, busquen un sitio bonito, nosotros les alcanzamos –Ginny empujaba a su hermano y le quitaba el bolso a Hermione de las manos.
Sendos jóvenes volvieron a cruzar sus miradas y emprendieron obedientes el mandato de la pelirroja.
–¿Me dirás por qué estabas llorando? –Ron iniciaba la conversación mientras andaban por el paseo peatonal que se encontraba dando inicio a la playa–, ¿tuviste problemas con tus padres?
–No. Con ellos todo está bien… bueno, dentro de lo que se puede estar bien.
–Cuéntame.
–Hablé con mi padre respecto a mis estudios. Yo le debo de llamar para que vaya a firmar los papeles a la universidad, para que sea mi aval. Pediré un préstamo bancario para seguir pagando la carrera.
–Entiendo… ¿y tu madre?
–No hablamos mucho. Prácticamente tratamos de no entablar una conversación o algo por el estilo. Ni siquiera nos despedimos.
–¿Eso te tiene triste entonces? –volvió a interrogar a la castaña. Realmente estaba preocupado. Ella negó con su cabeza.
–Son mis hermanos. Me dio mucha pena el dejarles. Cedric me trató de cobarde –ella calló por un instante. Ron le hizo un movimiento con su cabeza, para que ella continuase hablando– Luna es pequeña, y siempre le han cuidado demasiado mis padres, por lo que es demasiado dependiente de ellos, o de alguien. Cuando mi abuela se marchó junto con mi hermano, fui muchas veces la persona encargada del cuidado de Luna. Compartimos muchas cosas, y soy como su segunda madre… con todos los acontecimientos que han estado ocurriendo en mi casa, he tenido que pasar un tanto de tiempo con ella. Siempre ha vivido conmigo, a mí también me da pena el no verla tan seguido. Cedric es cuento aparte. Siempre ha sido más apartado de nuestro 'grupo familiar' –ella enfatizó esa palabra, haciendo comillas con sus dedos–, cuando nació mi hermana, mi abuela le comenzó a criar. Le llevaba de vacaciones y esas cosas por el estilo. Él ve como una madre a mi abuela, y es entendible. Y ahora que está en la casa me dijo que era cobarde por irme. Yo no estoy huyendo, solamente estoy tratando de tener una vida un poco más calmada, más relajada. Obvio que los extrañaré a los dos, y a mis padres, a pesar de todo.
–Tranquila, es bueno que te desahogues. Tu hermano no vio lo que yo vi cuando fuimos por primera vez a tu casa. Sé que es malo recordártelo… y él vivió parte de su infancia con tu abuela. Tampoco apreció lo que tú viviste, estando entre una recién nacida que necesita más atención que una infante de ocho, diez años. Hermione, separarse de los seres queridos cuesta, pero mira mis manos –Ron junto sus palmas y sus dedos, como si se dispusiera a iniciar alguna oración o súplica–, ¿sabes por qué los anillos de compromisos se colocan en los dedos anulares?
–No. No lo sé –respondió ella, observándole con atención, ante el radical cambio de tema.
–Pues… esto se debe a una leyenda china, que dice lo siguiente –el pelirrojo mantuvo la posición de sus manos, mientras flexionaba los dos dedos del centro hacia dentro, haciendo que se afirmasen ambos–, los dedos pulgares representan a nuestros familiares, y nosotros nos separaremos algún día de ellos –comenzaba a contar, mientras movía ambas yemas de sus dedos pulgares–, los dedos índice, representan a nuestros amigos. Tenemos amigos de infancia, amigos del colegio, amigos en nuestra juventud, amigos para siempre, por lo que también, nos separamos algún día de ellos –volvía a realizar el ejercicio de mover las yemas de sus dedos índice–, nosotros somos estos dedos –le mostraba con sus ojos ambos dedos ….. –somos nuestra propia base.
Hermione ya había adoptado la misma posición que le señalaba Ron a través de sus manos, iba imitando lo que hacía el joven mientras relataba la historia.
–Los dedos meñiques, son o serán nuestros hijos. Ellos estarán juntos a nosotros durante su infancia y juventud, pero cuando crezcan y comiencen a formar su propia familia…
–También se separaran de nosotros –concluía ella, moviendo las yemas.
–Correcto. Ahora bien, fíjate en tus dedos anulares. Intenta separar las yemas –pidió, tratando de hacer él mismo ejercicio.
–No… no puedo… –Hermione intentaba mover sus dedos anulares, mas lo conseguía solamente si movía más dedos de su mano, y así no se conseguía el ejercicio como en los dedos anteriores.
–Por eso los chinos explican el por qué las parejas cuando se comprometen, se colocan el anillo en dicho dedo. El dedo anular, representa a ti y a tu pareja. La unión eterna, por así decirlo. Es con la única persona que podrías pasar el resto de tu vida feliz, compartiendo con la familia, con amigos, criando a tus propios hijos. Vivir y seguir viviendo, hasta que la llama que hay en tu interior se apague.
–Qué hermoso lo que me acabas de enseñar –Hermione estaba emocionada. No sabía si por la leyenda en sí, por el atardecer que ya se avecinaba, por la tibieza de la arena en sus pies, el aroma de la costa, o el que tuviera al pelirrojo al frente de ella, sonriéndole con ternura, mientras una pequeña brisa le revoloteaba su cabello.
–¿Te sientes mejor?
–Mucho mejor –respondía con más alegría. Ron se acercó un poco más a ella, y mientras acortaban las distancias, comenzaron a cerrar sus ojos. Un pequeño roce de labios que se fue convirtiendo en un beso cargado de emociones fue el resultado.
Cuando no tenían más aire dentro de sus cuerpos comenzaron a distanciarse. Ron pasó sus manos delicadamente por el rostro de Hermione. Sus mejillas estaban bañadas de un carmín suave, que le hacía verse agraciada por la tonalidad del cielo. Ella cerraba los ojos y disfrutaba de las caricias, mientras posaba sus manos en el pecho de Ron.
–De verdad… te extrañé demasiado –volvía a repetir él, mientras le abrazaba.
–Vuelvo a coincidir contigo –murmuraba.
Fue ahí cuando a Ron se le vino a la memoria la vez en que se habían prometido decirse las respuestas acerca de lo que sentían.
–¿Hermione?
–¿Sí?
–¿Te acuerdas de lo que hablamos, antes de que vinieras aquí?
–Sí…
–Pues, yo quiero decirte mi respuesta.
–Yo también. Aunque antes, debo decirte que me vi con Cormac –los dos se separaron para observarse. Ron recordó la conversación que había tenido con Hannah.
–Te escucho –le dijo, aunque en su interior sentía un poco de miedo.
–Mentiría si te dijera que no siento nada por él –las palabras de ella eran como una espada que se alistaba a partir su corazón–, es un gran chico, un buen amigo, y ese día…
–¿Se besaron? –interrogó con rapidez. Si ella le iba a decir que sí, y que prefería estar con aquel joven que con él, aun con lo que acaba de suceder entre ellos dos, quería que fuese rápido.
–Él intentó besarme para demostrarme que podríamos iniciar algo, juntos. Pero yo no le dejé hacer aquello. Porque eras tú el que apareció en mi memoria, cuando recordé tu rostro, tu cabello, tus ojos, tu personalidad, tu apetito… mi corazón comenzó a latir con apuro. Y sabía que si besaba aquellos labios que tenía en frente, sería una completa idiota –suspiró con tranquilidad, mientras se observaba las manos–, eres tú en quien más pienso ahora, a quien más extraño, a quien deseo… abrazar y besar… porque me produces una paz interna que deseo experimentar día a día –Hermione cerró sus ojos. Le había confesado todo lo que pasaba por su cabeza, comandado por su corazón.
–Yo tuve dos visitas durante tu ausencia –respondió Ron, causando la extrañeza en Hermione por sus palabras–, la primera fue de Lavender –ella trató de disimular su desagrado al escuchar aquel nombre–, me fue a pedir disculpas por cómo me saludó aquella vez, e incluso, fue la de la idea que podría venir a por ti –también se tomó un poco de tiempo para continuar–, y la segunda, fue inesperada. Tu amiga, Hannah, me pidió que hablase con ella.
–¿Hannah? ¿Y por qué querría ella hablar contigo?
–Quería dejarme en claro que su primo estaba dispuesto a recuperar tu amor. Y que ella haría lo posible y lo imposible para ayudarle –Hermione abrió los ojos ante la sorpresa.
–Es que no pueden ser así esos dos… –comenzaba a susurrar enojada.
–No te enojes, que fueron sus palabras las que me dieron el valor de decirte algo –volvió a escrutarla con su mirada–, yo también quiero hacer lo posible y lo imposible por estar contigo. Se escuchará cursi y toda la parafernalia, pero te necesito, y ya no te puedo ver como una amiga solamente. Me encantaría que los dos pudiésemos tener algo más.
El silencio de ellos era acompañado por el rompimiento de las olas, los murmullos de las otras personas que se encontraban en el mismo lugar que ellos y el cántico de unas gaviotas que correteaban en la orilla de la costa.
–¿Seremos amigos con derecho entonces? –propuso el pelirrojo luego de una pausa.
–Suena divertido –comentó ella, apoyando su cabeza en el hombro de él.
–Créeme que será mucho más divertido de cómo se menciona –enfatizó, abrazándola.
Harry y Ginny ya estaban próximos a acercárseles, pero Ginny comenzó a caminar con menor intensidad. Sabía que su hermano y su amiga eran aun lo bastante tímidos como para demostrarse cariño delante de ella y Harry, por lo que esperó a que amos se distanciaran y así, no incomodarles.
Los cuatro jóvenes observaron con atención como el sol se escondía dentro del mar, dándole más luminosidad. Jugaron a la guerra de arena, y el que se demoraba más en sacarse toda esta, sería lanzado al mar. Harry perdió, y los tres con dificultad llevaron al azabache a la orilla de la costa. Harry no se quiso meter a las aguas solo, por lo que cargó a Ginny, quien gritaba desesperada. Los dos, empapados, corrieron a abrazar a sus dos amigos secos, quienes también gritaban por la cariñosa, pero fría muestra de cariño de los novios.
Estuvieron en el agua hasta que el sol desapareció completamente. El tinte violáceo y azulino del cielo proporcionaba una espectacular vista de las estrellas y la luna menguante.
–Está comenzando una leve brisa. Podríamos abrigarnos un poco –Harry era el primero que abandonaba las aguas.
–A mí ya me dio hambre.
–Cuéntate otra, hermanito.
–Vayamos a los baños que están en la entrada de la playa, así nos limpiamos y nos colocamos ropa más cómoda –sugería Hermione, siendo la última en salir del mar. Así lo hicieron, y en una media hora, ya estaban sentados en el paseo peatonal, el cual ya era iluminado por la electricidad.
Comieron lo que les quedaba de la merienda preparada por Molly, y cuando el estómago insaciable de Ron se llenó de los manjares preparados por su madre, decidieron emprender el retorno a la ciudad.
–Definitivamente, el próximo año vendremos a la playa y nos quedaremos durante una semana, como mínimo –comentaba Ginny.
–No es una mala idea, estoy seguro que tu familia completa desearía venir aquí por una semana. Ya me imagino, tendríamos que conseguirnos una carpa como para veinte personas o más –agregaba Harry, sacudiendo sus sandalias antes de entrar al vehículo.
–También podrías invitar tus hermanos Hermione. Así conocerían al resto de nuestra familia, y la pasaríamos mucho mejor.
–Es una idea bastante tentadora y agradable, Ron –respondía, mientras se colocaba el cinturón de seguridad del copiloto. Harry había conducido de ida, ahora se encontraba en el asiento trasero. Ginny estaba junto a él, con su cabeza entre las rodillas de su novio.
Cinco días habían transcurrido desde la llegaba nuevamente de Hermione a la casa. Fred no había demostrado nuevamente lo que había acontecido días anteriores, pero el médico que le trataba había dado una muy buena noticia, se podía tener mucha más fe de que la recuperación del gemelo sería más temprana que tarde.
Solamente faltaba encontrar a los culpables del atentado a la tienda de los hermanos y aquel asunto estaría mucho mejor de lo que ya se encontraba.
Estando a una semana de ingresar a la universidad, decidieron ir por fin a realizar los tan aburridos trámites, para así quedar libres de todo papeleo los últimos días de vacaciones.
–Papá… ellos son los chicos con los que vivo en la casita compartida. El es Harry Potter, y ellos son los hermanos Weasley, Ron y Ginny. Chicos, el es mi padre.
–Mucho gusto –se decían entre sí, mientras caminaban por el campus de estudio.
Cuando llegaron a la plazoleta central de la universidad, se dividieron para poder acabar con los trámites con mayor rapidez.
Harry se dirigió al sector que se había predispuesto para todos los pagos en efectivo. Con algo de vergüenza, sacó el dinero que portaba en el bolso para pagar los diez meses de su carrera, más la matrícula. Luego pasó a otro módulo donde debía de seleccionar las asignaturas que le serían impartidas según fuese su año por cursar.
Los hermanos estaban haciendo fila en el módulo que tomaba en cuenta las becas y convenios con los trabajos de los padres de los estudiantes. Ginny estudiaría casi gratuitamente, gracias a sus buenas calificaciones en sus estudios previos. Ron mantuvo sus calificaciones el año pasado, por lo que la beca que cubría en parte la mensualidad de su carrera, seguiría en pie.
Hermione por otra parte, esperaba su turno junto a su padre. El cual debería de comprometerse con una firma que sería el aval de su hija en cuanto a sus estudios. El banco le facilitaría el dinero para pagar las mensualidades, y cuando la castaña egresase, debería de devolver dicho dinero con el sueldo de su trabajo.
Cuando el reloj marcó las dos de la tarde, los cuatro jóvenes habían finalizado todo papeleo. Hermione invitó a su padre a la casa compartida, así este la podría conocer, pero este argumentó que no tenía tanto tiempo, por lo que le tomaría la atención lo más pronto posible.
Le acompañaron hasta el terminal de buses, esperaron a que el medio de transporte partiese para ir al supermercado y comprar algo para la cena en la casita compartida. Ron y Ginny debían de trabajar en la tarde, por lo que Harry se dedicó al aseo del vehículo y Hermione al lavado de la ropa, mientras Molly se entretenía confeccionando frazadas de lana para el invierno en la habitación de Fred.
–Viktor, tienes que mejorar tu caligrafía, cuando traspaso al computador los datos que escribes en el inventario, no puedo entender lo que dice en muchas partes –le regañaba Hannah al moreno.
–No cambiaré mi manera de escribir por ti –contestó sentido.
–Si quieres, yo puedo escribir el inventario de ahora. Le conozco la caligrafía a Viktor, y no se me hace tan difícil el poder averiguar los jeroglíficos –se ofrecía Ginny, provocando la risa entre los trabajadores que estaban laborando.
–Vamos a la oficina entonces, tú me dictas y yo voy traspasando los datos, ¿te parece? –proponía Hannah.
–Buena idea, además, no hay mucho público que atender –ambas chicas salieron de la librería y se adentraron a la oficina.
–Es una linda tarde, ¿no crees Weasley?
–Hum… sí, Viktor –respondía mientras hojeaba el periódico del día el pelirrojo.
–Y… ¿cómo estás?
–Muy bien, gracias.
–¿Estuvieron bonitas las vacaciones?
–Dentro de lo normal sí.
–¿Y Fred, cómo sigue su recuperación?
–Mucho mejor que antes. Gracias por preguntar.
–Y…
–¿Qué te sucede, Viktor? –interrumpió antes que el moreno le preguntase más cosas.
–¡Nada! No pasa nada –Viktor se desplazó un poco por el lugar, y al tiempo se devolvió y se acercó a Ron–, bueno, la verdad es que quiero hacerte una pregunta.
–Ya me has hecho varias, una más, una menos, no creo que haga la diferencia.
–En realidad no es una pregunta, sino una confesión –las palabras de Viktor le desconcertaron aun más, haciendo que dejara de hojear el periódico.
El moreno desvió su mirada hacia los mostradores de pinceles y prosiguió con lo que le quería contar.
–Hace algún tiempo atrás yo… comencé a sentir algo por alguien. Pensé que sería algo pasajero. Pero con el transcurso de los días, me fui dando cuenta que lo que sentía no era algo superficial, sino más íntimo. De hecho, nadie lo sabe.
Ron le observaba con atención. Viktor era en porte, un poco más alto que él, con más masa muscular. Aparentaba ser un tipo fuerte, serio y nunca se lo había imaginado tan nervioso y complicado para hablar.
–Quería decirte que… a mí me gusta… Hermione.
–Pues… qué quieres que te diga, Viktor. Yo no soy Hermione, es a ella a quien deberías de confesarle lo que sientes –respondió de forma seca.
–Es que yo sé cuál será su respuesta. Será la misma que le dio a Cormac.
–No entiendo entonces por qué me estás diciendo estas cosas –acotó un poco más alegre. Ni siquiera Harry y Ginny sabían que Hermione y él eran algo más que amigos. De manera oficial, claro.
–Quiero que te quede claro que yo… también lucharé por el amor de Hermione. Aunque no de la misma forma que lo hará Cormac, o como lo haces tú –Ron volvió nuevamente a la seriedad–, sé que entre tú y ella hay 'química', eso se puede ver a simple vista. Y también sé que Cormac y ella tuvieron un tipo de relación… si se le puede llamar así. Este triángulo amoroso ya está formado. Y nunca he oído de cuadrados románticos o algo por el estilo. Estoy por debajo de ustedes dos, tengo menos posibilidades... pero eso no me insta a bajar mis esperanzas. Si ella sufre, yo haré pagar al que la haga sufrir. Si necesita un hombro en donde llorar, me ofreceré para que se deshidrate. Le compraré helados en el verano, me ofreceré a ayudarle a recoger las hojas de los árboles en otoño, comprarle una bufanda y guantes en invierno y regalarle flores en primavera. Estaré al pendiente de ti y de Cormac. Si tú y el recién llegado con más derecho se atreven a lastimar a Herms, me comportaré como un animal, y la defenderé de todos… incluso de Hannah –sumaba, mientras respiraba con algo de agitación.
Ron no sabía qué decir. Por una parte agradecía el hecho de saber que Viktor también deseaba ayudar a Hermione cuando ella lo necesitase. Sentía más confianza en el moreno que en el castaño. Pero tampoco le agradaba la idea de que hubiera otra persona más pendiente a la castaña en cuanto a iniciar una relación con ella.
Si se querían tanto con Hermione, se preguntaba por qué eran amigos con derecho, y no novios.
–¿Me escuchaste, Weasley?
–Sí, Krum. Fuerte y claro.
Avance del próximo capítulo
–Tenemos que andar con cuidado. Hasta el momento, nadie sospecha nada de nosotros.
–Por lo mismo, tendríamos que andar con muchísima más cautela. ¿Tu novio no se entera de tus salidas nocturnas? ¿O de las llamaditas que nos hacemos?
–No. Algo bueno es que tiene el sueño lo bastante pesado, y que confía demasiado en mí.
–No hay que abusar de aquello –miró a su alrededor. Al percatarse que se encontraban solos, y a la sombra de un gran árbol, le robó un beso mientras le atracaba entre la corteza del este y su cuerpo. Sus cuerpos se reconocieron de inmediato, y las caricias aparecieron como por arte de magia–, De todas formas, ¿sabes qué decir en caso de que algún día no te encontrases cerca de él y te preguntara?
–Por supuesto que sí. ¿Me crees tonta?
–Para nada, cariño –volvió a besarla con más ahínco. Él comenzó a excitarse, y se lo hizo saber llevando las manos de ella hacia su miembro.
–Parece que hoy tendremos diversión –acotó, dejando libre su cabello que hacía instantes previos, permanecía atrapado en una coleta.
Nota de la autora:
Gracias a todas las lectoras que se pasean por este fic :D
Tuve algunas dudas con el título de esta actualización, en un principio se llamaría 'Amigos con derecho' pero Viktor me cae realmente bien xD y su comentario de los cuadrados románticos se me hizo muy tierno, y por eso lo agregué.
Para todas las personitas que extrañaban los momentos Ron/Hermione, espero que les haya gustado el hecho de que ya estén juntos, y con ciertos derechos el uno del otro. La leyenda china que le cuenta el pelirrojo a la castaña es de verdad, y cuando a mí me la contaron, también me emocioné bastante. En caso de que no la hayan entendido (por la postura de las manos) busqué en internet alguna fotografía que reflejase de mejor forma la postura de los dedos, además de esta breve descripción que encontré en la red:
Junta tus manos palma con palma, después, une los dedos medios de forma que queden nudillo con nudillo axial.
Ahora intenta separar de forma paralela tus pulgares (representan a los padres). Notarás que se abren porque tus padres no están destinados a vivir contigo hasta el día de tu muerte, únelos de nuevo. Intenta separar igual los dedos índices (representan a tus hermanos y amigos). Notarás que también se abren porque ellos se van, y tienen destinos diferentes como casarse y tener hijos. Trata de separar de la misma forma los dedos meñiques (representan a tus hijos), estos también se abren porque tus hijos crecen y cuando ya no te necesitan se van, únelos de nuevo.
Finalmente, trata de separar tus dedos anulares (el cuarto dedo que representa a tu pareja, y donde colocamos el anillo) y te sorprenderás al ver que simplemente no puedes separarlos... eso se debe a que una pareja está destinada a estar unida hasta el último día de su vida y es por eso que el anillo de compromiso se usa en este dedo.
Ahora bien, creo que una persona que lee este fic, adivinará quién es la que conversa con 'x' sujeto en el avance del próximo capítulo, y posiblemente, de qué situación están hablando…
Gracias por entender mis retrasos de las publicaciones, por animarme en mis estudios, y estar al pendiente de las cosas que hago ^^
