¡Hey, hey, hey! ¡Aquí está Tris de nuevo con otro cap, donde sí, los complaceré y aparecerá el mejor mestizo de todos: Percy! Vaya, chicos, creo que esta es la actualización más rápida que he tenido... en fin, ¡espero que lo disfruten!
Ahora, antes del capítulo, un agradecimiento para mi estimada compañera Annabeth:
Me has ayudado muchísimo en las partes de James, partes de su personalidad que yo, como autora, no puedo adentrarme y sacarle provecho al máximo. Tú sí, y esa parte del fic es enteramente tuya, para darte derechos de autor. Gracias Annabeth, y quisiera que me siguieras ayudando en lo que queda (porque queda mucho c:)
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Amanda
Thalia parecía a punto de darle un gustoso puñetazo en la cara, por lo que todas sus articulaciones se tensaron. Sus ojos azul eléctrico brillaban peligrosa y amenazadoramente, por lo que probablemente, si Susan no hubiera respaldado su testimonio, habría recibido la paliza de su vida. Un fuerte viento movía su cola alta y despeinaba las puntas del cabello de la capitana de las Cazadoras de Artemisa. Minnesota era un estado con demasiadas corrientes de aire que cambiaban repentinamente el clima y las temperaturas, pero el instinto de Amanda sospechaba que se debía a la furia de la hija de Zeus. Un tipo de electricidad estática empezó a rodear a Thalia, mientras ella se inclinaba hacia delante, frente a la mirada y todos los cuchicheos de las integrantes de la Cacería.
-Puedes ser la hermana de una de mis mejores amigas- dijo y la hija de Atenea pensaba que el resto de las Cazadoras estarían chismoseando detrás de las carpas, constatándolo con el rumor llevado por el viento- ¡pero nunca dejaría que alguien se burlara de Percy tan descaradamente como lo haces tú!- y, como dijo antes, si Susan no hubiera estado allí habría recibido la paliza de su vida, aunque no sabía si más fuerte de las que solía recibir por su padre.
-¡No, de verdad, capitana, está en una de las carpas! ¡Yo le encontré con ella!- dijo, casi gritándolo y Amanda observó que estaba controlándose para aparentar calma, ya que sus ojos expresaban puro miedo y nervios. Sus mejillas estaban tan rojas de vergüenza como dos tomates en plena estación de crecimiento y maduración. A pesar de sus miedos y nervios, pudo controlar a Thalia, quien bajó los hombros y la cabeza y soltó un sonoro suspiro. El viento se tranquilizó un poco, dejando de quitar a los esplendorosos pinos algunas piñas y hojitas, que ahora rebotaban en el suelo, libres de su atadura con los árboles. Amanda observó a la hija de Zeus más tranquilamente y podía ver a Thalia como una persona con una vida trágica bajo su apariencia amenazadora, que amaba de todo corazón a sus amigos y a la Cacería, tenía una inmensa carga sobre sus hombros, pero enfrentaba todo lo que la vida le daba burlona y sarcásticamente. No le extrañaba que Annabeth y ella fueran tan buenas amigas. Thalia se pasó un mechón rebelde detrás de la oreja, que le estaba en ese momento tapando la vista hacia la hija de Atenea, y la penetró con su mirada azul eléctrico, esta vez un poco más pasiva. Sólo un poco.
-Muéstramelo, pues- dijo y sus ojos se oscurecieron, probablemente recordando que Percy había muerto y llegando a su memoria todo lo que había vivido con él. La verdad es que la rubia también se moría de ganas por ver al famoso semidiós, a quien no había observado cuando llegó a la Cacería. Quería ver si tenía los mismos ojos de Mathew y si era digno de la admiración de éste, si era tan buen amigo y guerrero como los rumores hablaban. Además, una curiosidad insaciable florecía dentro de ella por ver qué, exactamente, le había pasado a Percy, en dónde había estado ella, qué o quién era esa presencia que tanto pánico le había causado en el lugar donde llegó después de sobrevivir a la misma. Había viento, pero era natural, y a Amanda no le caería mal un poco de frescura antes de llegar a ver al hijo de Poseidón.
Thalia Grace estaba nerviosa y tensa, podía notarlo. Tal vez creyera que esto era una cruel broma, o tal vez que de verdad estuviera vivo. Sus manos se cerraban en puños mientras Susan las guiaba hacia la carpa donde se encontraba el héroe perdido. La entendía. Dos años después de sobrevivir al dolor y lágrimas de perder a uno de tus mejores amigos, quien siempre te ayudó y te apoyó, viene una extraña a decirte que está vivo y todo fue una farsa de quién sabe qué. Eso debe de doler. A sus oídos llegaban los susurros, como las vibraciones de algún instrumento, de las demás integrantes de la Cacería, doncellas inmortales que sólo encontrarían su descanso en combate. Se preguntó cuántos años tendría Thalia en realidad.
Susan entró a una carpa apartada del campamento, como si allí viviera un bicho raro que necesitaba ser apartado de la sociedad. No le llegaba tanta luz del sol como en el claro –ya de por sí estaba oscureciendo- siendo dominado por las ramas de árboles del bosque, llenas de sombras, pero siguiendo con el matiz vibrante y esplendoroso del claro. Cuando entró, seguida por Thalia, notó que la carpa estaba mucho más vacía que la de Susan y oscura que la de ésta. Aun así, era lo suficientemente grande para las tres y cayó en cuenta del cuerpo que estaba acostado en un colchón como en el que ella estaba unas pocas horas antes. La morena prendió una pequeña lámpara y Amanda pudo observar los ojos de Thalia abriéndose de par en par, más rápido que un rayo. Detalló de nuevo el rostro de Percy, con un cabello de profundo negro azabache, tez bronceada y rasgos perfectos, cualquier adolescente con estrógenos disparados hubiera fangirleado como nunca, gritándole que fuera su novio o algo por el estilo. Era alto –le sacaba más de una cabeza- y sus brazos y su pierna derecha estaban decoradas por delicadas y efectivas vendas. La parte trasera de su camisa estaba hecha pedazos por las flechas que ella había utilizado para llegar a salvo al campamento –aunque ni sabía que iba llegar allí- pero del resto su camisa y sus pantalones estaban perfectos. Thalia no separaba su mirada del semidiós, mientras que Susan lo miraba con curiosidad. La hija de Zeus se agachó y se sentó en el suelo y Amanda imitó su acción, haciendo el carcaj un leve sonido, pero la morena se quedó parada. Thalia movió la cabeza y carraspeó.
-Yo... ¿está vivo?- miró esperanzadoramente hacia las dos niñas y éstas asintieron a la vez con la cabeza. La capitana de las doncellas inmortales no podía apartar la maravillada mirada del mestizo perdido. Amanda no podía caber en sí de felicidad, había hecho lo correcto y ahora prácticamente podía ver las lágrimas de felicidad agolpándose en los ojos de Thalia. Se preguntó cómo actuarían Jason, Mathew e incluso... Annabeth. El viento soplaba suavemente, inclinando las ramas de los pinos, cayendo algunas piñas en el exterior- no puedo creerlo... ¿dónde estuvo? ¿Qué le pasó?- de repente su aura se llenó de intriga y furia, por un suceso que la rubia desconocía- ¿por qué Apolo nos dijo que había muerto? ¿Por qué Zeus se lo llevó?- prácticamente escupió el nombre del rey de los dioses. La rubia no pudo evitar soltar la pregunta.
-¿Apolo? ¿El dios que todo lo ve y todo lo escucha? ¿Se equivocó?- preguntó preocupada. Si era así... ni quería ni pensar en las consecuencias. Thalia la miró seriamente, probablemente pensando lo mismo que ella. Susan las observó con intriga.
-No parecía estar fingiendo...- su mirada se trasladó hacia el semidiós y no pudo evitar sonreír- tenemos que avisarle a todo el mundo... todos se pondrán increíblemente felices en el Campamento Mestizo y el Campamento Júpiter... Leo, Piper, Jason, Hazel, Frank, Nico, los gemelos Stoll, Quirón, Annabeth... ¡si Percy está vivo significa que Grover también lo está! ¡El chico cabra también está vivo!- se precipitó, por la euforia, a decir todas esas palabras en un tono y expresión que Amanda estaba muy segura de que no eran parte de su comportamiento habitual. La rubia le puso una mano en el hombro.
-Por favor, no te precipites... si se esparce el rumor de que Percy Jackson está vivo, sería increíblemente desastroso... créeme, el lugar donde estábamos Percy y yo no era en absoluto bonito y sospecho que lo tenían como un tipo de trofeo, no querían que saliera nunca de allí-dijo, controlando la euforia de Thalia, que rápidamente se convirtió en el estado normal de la capitana. Temió haber exagerado algunas palabras, pero era cierto: parecía que lo tuvieran como un trofeo. Quien haya sido la cosa que tenía a Percy allí... no quería que saliera jamás.
-Tienes razón... por cierto, disculpa que hubiera estado a punto de darte un puñetazo en la cara- le dio una sonrisa atrevida y la rubia no pudo más que corresponder la sonrisa. Aún tenía muchísimas dudas en su cabeza, pero se permitió un momento para ordenarlas en su cabeza y congeniar con Thalia. Susan las miraba con una sonrisa divertida en la cara, hasta que su rostro se paralizó y la sonrisa desapareció, convirtiéndose en una cara atenta y alerta. Inmediatamente supo que escuchó algo, algún movimiento. Thalia y Amanda se callaron, escuchando atentamente lo que la doncella había escuchado. La rubia pudo observar que los ojos de la morena se trasladaron hacia Percy. En el exterior ya todo estaba oscuro y Amanda pudo sentir que en el centro del campamento habían prendido una hoguera. El viento llenaba de frío la carpa a pesar de estar en pleno verano, oyéndose ajenas las animadas charlas entre las demás integrantes de la Cacería. Las ramas de los árboles se cerraban en torno a la carpa, chocando con el techo de ésta, pero también como si quisieran escuchar o evitar que la conversación saliera de allí. Ahora el bosque no se veía ni esplendoroso ni vibrante sino con cierto matiz siniestro. Se escuchaban los aullidos de los lobos pertenecientes a las Cazadoras, pero producían cierto escalofrío en la espalda de la hija de Atenea. Miró de nuevo a Susan.
-Se movió- susurró extremadamente bajo, pero se oyó tan claramente como si lo hubiera gritado. Los hombros de Thalia se tensaron imperceptiblemente y los analizadores ojos grises de Amanda no se apartaron del hijo de Poseidón. Movió casi imperceptiblemente su mano y su nariz. Thalia volteó hacia él y las lágrimas de nuevo se agolparon a sus ojos. Dioses, va a despertar, pensó Amanda, totalmente nerviosa. Millones de preguntas se realizaron en su mente y miles de millones de las posibles respuestas se realizaron en su imaginación. Él no sabía que tenía un hermano, que todo el mundo lo creía muerto, que habían pasado dos años... Santo Olimpo, si despertaba se iba a llevar un gigantesco shock. No sabía que Jason lo estaba buscando, que... solamente su mente podía hacer exclamaciones nerviosas, pero el semidiós no daba más muestras de movimiento. Soltó un sonoro suspiro y Thalia solamente penetró con la mirada a Percy.
-Vamos, Percy... ¿recuerdas el Campamento Mestizo? ¿Recuerdas cuando Aliento de Muerto y yo te hacíamos bromas? ¿Cuándo derrotamos a Gea? Tienes que despertar, Percy, Annabeth te necesita. Ha cambiado tanto...- diciendo todas estas oraciones, viniendo a su memoria todos los recuerdos, no pudo evitar que lágrimas de tristeza vinieran a sus ojos. El viento ya no era tan frío, como si sintiera el dolor de aquellos recuerdos, y los árboles ya no se cerraban en torno a la carpa. Susan miró tristemente a Thalia, a la vez de una sorprendida compasión aflorando por su superior. Amanda solamente no separó su mirada de Percy y escuchó atentamente a Thalia. Sabía que Annabeth había sufrido mucho, pero... no sabía que ella era tan fría por Percy- ahora está siempre sola, se adentra en su propia tristeza y no deja a nadie entrar allí... idiota, por favor, despierta- susurró, ya a punto de llorar. Susan pasó sus orbes caoba hacia Percy y abrió los ojos como platos. Thalia se acercó hacia él y sus ojos azules se abrieron tanto que parecían que se iban a salir. Los de Amanda, siempre atentos y serenos, penetraron en la cara del semidiós, del cual los ojos se abrían lentamente y la conciencia regresaba a su cerebro.
Ante la mirada de las dos semidiosas y la doncella, el héroe perdido abrió los ojos, tan azules como verdes del mar. Era tan... sorpresivo. Todo había ido demasiado rápido, la misión con Jason y James, las conspiraciones, las Cavernas de California, la extraña odisea que vivió, cómo encontró a Percy, quien se suponía que había muerto hace 2 años, cómo llegó a la Cacería... era demasiado, para, a su noción del tiempo, 3 o 4 días. Pudo notar que trató de pararse, pero estaba demasiado débil, sólo pudo sostenerse con los brazos. Con la mirada sorprendida de Thalia, el semidiós pareció no presentir otras presencias en la carpa. Thalia no pudo más que abalanzarse hacia él y abrazarlo, prácticamente llorando de felicidad. Amanda podía ver las lágrimas corriendo por sus mejillas, sorprendida y eufórica. Susan empezó a reír, un sonido dulce y melodioso, como una dulce y delicada sinfonía. Pero la rubia se quedó callada, sin explicaciones. No sabía qué hacer ni qué decirle a Percy, y todas sus preguntas se esfumaron, quedando su mente en blanco. Los ojos del hijo de Poseidón brillaron.
-¡Hey, Thalia, sé que no te he visto por mucho tiempo, pero tampoco es para tanto!- dijo, pero la hija de Atenea notó que le dolía todo el cuerpo y que Thalia le estaba abrazando demasiado duro, pero no levantó la voz. La hija de Zeus se separó de él y se limpió las lágrimas, pero inmediatamente le salieron más. Percy la miró, preocupado- ¿Thalia, pasa algo...?- le sorprendía infinitamente que actuara tan jovialmente luego de sufrir todo aquello Bueno, recuerda, él estaba dormido, no recuerda nada, pensó, observando la escena. Susan había dejado de reír, pero la sonrisa no se esfumaba de su cara. A pesar de no conocerlo, compartía la inmensa felicidad que Thalia tenía porque estuviera vivo y hubiera despertado.
-¡Dioses, no puedo creerlo, estás vivo!- se limpió las lágrimas y, afortunadamente para ella, no salieron más. Percy sólo la miró con confusión, pero igual estaba alegre de ver una cara conocida y recordada en su memoria. Amanda siguió observando la escena en silencio, sin decir ninguna palabra.
-Thalia, ¿por qué andas así? Tampoco es que me haya muerto o desaparecido- rió, pero Thalia se calló y la sonrisa de Susan se esfumó de su rostro. La rubia podía notarlo, en sus movimientos y la mirada de sus orbes, él sabía que había desaparecido por un tiempo, pero no tenía ni la menor idea de que todo el mundo lo creía muerto y que habían pasado dos años. Dos largos años en los cuales habían sucedido terribles cosas. Dos largos años en los que sus amigos habían cargado el inmenso dolor de su muerte. Escuchando el repentino silencio, Percy clavó sus ojos verde mar en Thalia. Amanda detalló que eran levemente diferentes a los de Mathew, los de los menores un poco más azules que los del mayor.
-Percy...- titubeó Thalia y por la cara que pusieron Susan y Percy, la hija de Atenea pudo notar que no era habitual en la semidiosa- desapareciste, en esa maldita misión, hace dos años... todos te creen muerto- dijo, aunque se había convertido en un hilo de voz. Percy puso una cara totalmente sorprendida, triste e inescrutable, justamente como lo suponía la rubia. La hija de Zeus bajó la cabeza y Susan sólo observó con silencio la escena. El hijo de Poseidón abrió la boca, pero sólo se oyó el rumor del viento y las amenas risas y aullidos de las cazadoras y los lobos, con la hoguera en el campamento. Alguno que otro sonido de dos alas revoloteando de un águila llegaba a la carpa, con un silencio tenso y extenuante.
-¿Dos años?- preguntó, con la voz dolida y sorprendida, cortando su voz como un cuchillo el silencio- sabía que había pasado un tiempo... pero no tanto...- sus timbres de voz cambiaron a unos rotos y sin melodía, absortos en su propia sorpresa y dolor. De repente, se acordó de algo, y con ello su cara se puso alerta. La rubia pudo notar que le dolía el cuerpo y al parecer la morena también se dio cuenta de ello. Se agachó y pareció que Percy la viera por primera vez, porque arqueó una ceja, confundido de que hubiera más personas en la carpa que él y Thalia.
-Los vendajes están bien, capitana, pero creo que necesita descanso- le informó Susan a Thalia y la semidiosa asintió con la cabeza, pero Percy negó con la misma, permaneciendo testarudamente en su posición. Sus ojos ansiaban información. La curiosidad le carcome, pensó Amanda.
-No descansaré hasta saber qué me pasó- dijo, sentándose. Susan también se sentó, transmitiéndole al hijo de Poseidón tranquilidad y calidez, como había hecho con Amanda. Ésta todavía estaba en silencio, observando la escena con sus analizadores ojos grises. Percy miró a Thalia, exigiendo explicaciones.
-Mira, yo no sé qué te pasó, ahora es que me vengo a enterar de que estás vivo, Percy- le dijo, la tristeza reflejada en sus ojos y la decepción de haber renunciado a su amigo cuando estuvo vivo por esos dos años- Susan- le indicó quién era la morena- te encontró esta mañana con ella- y apuntó hacia Amanda. Percy penetró sus orbes verde mar en ella, notándola por primera vez. Sus ojos se abrieron, sorprendidos, mientras retrocedía un poco. Él observó su cabello rubio, largo, que empezaba liso y caía como una cascada, terminando en hermosos y delicados bucles en su cola de caballo. Su uniforme de cazadora y sus ojos grises tormenta le hicieron desdicha y pena en todo su corazón, pudo observarlo, sorprendida de que se dirigiera a ella así.
-¿Annabeth?- preguntó, con voz dolida y rota. A pesar de saber que los dos tenían un vínculo muy fuerte, se sorprendió de que nombrara a su hermana mayor y más con ese tono. A pesar de estar sorprendida, negó suavemente con la cabeza, causando decepción y relajación en Percy, todo a la vez. La miró con intriga. Algunos la confundían con Annabeth, pero ella no se le parecía en nada. Su cabello rubio era más claro y liso, su mirada gris tormenta no tan fría como la de su hermana mayor. Además, ella era un poco más baja y los rasgos de la niñez todavía quedaban en su cara. Thalia observó tristemente a Percy.
-Percy... no sé cómo decírtelo, pero... si vieras a Annabeth... no la reconocerías...- susurró, pero el hijo de Poseidón la escuchó claramente e inmediatamente su cara se transformó en preocupación pura.
-¿Qué le pasó?- dijo, angustiado. Thalia estaba a punto de responder, pero no supo por qué, la rubia lo hizo. El viento pareció callarse, como si le permitiera hablar para que sus palabras se escucharan más. Las ramas se cerraron en torno a la carpa, para evitar que la conversación saliera de allí. Las amenas risas y cuchicheos de las cazadoras ya no le importaban.
-Llora todas las noches, no ha pasado un día que no lo hace;-en este punto Percy estaba destruido y ella no sabía si seguir hablando, pero tenía que hacerlo, se dijo- se ha vuelto fría, siempre está sola, no tiene apoyo...-hizo una pausa, sabía que iba a ser duro, pero el semidiós necesitaba escucharlo- su vida eras tú y ahora está destruida-dijo, haciendo que Percy se llevara las manos a la cara. Creyó ver el destello de silenciosas lágrimas en su rostro.
-¿Qué he hecho?- se preguntó y pudo ver que Susan sentía lástima por él, la compasión aflorando en sus ojos, con un matiz de furia por no admitirlo y recibir ayuda. Thalia no sabía qué hacer ni qué decir, por primera vez en su vida. Pero Amanda sí.
-No tenías oportunidad de escapar Percy, yo lo vi, créeme- dijo y Percy volteó su cara hacia ella. La rubia pudo observar que toda la jovialidad había desaparecido, oscurecidas por su preocupación hacia Annabeth, quedaba un leve rastro de lágrimas, como ella había imaginado. El hijo de Poseidón sabía muy bien como ocultar sus miedos y preocupaciones para no alertar a los demás- Mathew de verdad te admira, debe de estar orgulloso- susurró, con una sonrisa bailando en sus labios.
-¿Mathew?- preguntaron Thalia, Susan y Percy al unísono. Amanda sonrió, recordando a su amigo, cómo le recordaba Percy a él, sus ojos y su sonrisa. Recordó la primera vez que lo vio, en la que, sin pensarlo, se volvieron amigos. Ella llevaba un par de semanas en el campamento, como por abril, y los últimos rastros del invierno quedaban ya muy lejanos. Recordó lo menudo que se veía y, por ser huérfano, nombraron ese día como el de su cumpleaños. Recordó como rápidamente se volvió fuerte, pero seguía siendo el mismo niño del primer día. Con sus cabellos castaños, ese par de pecas que llevaba en el rostro y sus orbes del color del mar era increíblemente dulce y, un sentimiento que antes había estado allí, pero nunca lo había tomado en cuenta, apuesto.
-Es tu hermano, Percy- y se vio contando todo, por qué encontró a Percy y su misión que la llevó allí. Cuando mencionó a Jason, Thalia y Percy empezaron a preguntar cómo estaba, ya que llevaba desaparecido muchos meses en el Campamento Júpiter, según informaciones de la hija de Zeus. Les contó sobre el accidente en las Cavernas de California, el extraño lugar en donde había estado, la presencia con la que había estado y, finalmente, cómo había llegado hacia donde Percy y lo que la había traído al campamento. El semidiós se quedó pensando y habló sobre cómo él también había notado esa extraña, pero poderosa presencia. Habló sobre lo que pasó luego de que Zeus se lo llevara, de cómo había estado en el laberinto –maldiciones y exclamaciones de parte de Thalia hacia su padre- el encuentro con el británico Peter Johnson y su extraño sueño.
-¿Peter Johnson?- preguntó Amanda, confundida. Percy asintió con la cabeza, pero Thalia no la dejó terminar la pregunta.
-Chicos, esto es serio, ¿saben cómo se conecta esto?- el hijo de Poseidón negó con la cabeza, pero la rubia asintió, era demasiado obvio. Susan también asintió, intrigada por todo aquello que se le presentaba. De verdad tiene algas en su cerebro, pensó la rubia, divertida, dándose un pequeño descanso de la tensión del momento.
-Alguien o algo, amenaza de nuevo el mundo. Querían a Percy, para que esta vez él no pudiera salvarlo- dijo la hija de Atenea- yo sólo fui casualidad en esto.
-Pero fuiste el detonante- intervino Susan-sin ti, el mundo todavía pensaría que Percy Jackson está muerto- y, como si fuera para aumentar el significado de sus palabras, una ráfaga de viento la secundó. Ahora las dos cazadoras y los dos semidioses estaban en su propio mundo de conjeturas y suposiciones. Y Amanda tenía el terrible presentimiento de que esto apenas estaba comenzando.
-Y mejor que siga así- opinó Thalia, haciendo caso omiso de la mirada escéptica de Percy- nadie puede saberlo o se formaría un verdadero caos, Jackson- le explicó, pero Percy alzó los brazos, indignado, y, creyó ver un atisbo de preocupación interior.
-¿Y Annabeth? ¿Y todos en el Campamento Mestizo?- preguntó, pero Amanda respaldaba a Thalia, pues porque a su parecer, ésta tenía toda la razón y asintiendo le demostró que estaba de acuerdo con ésa opinión. Entendía que el hijo de Poseidón estaba preocupado por su hermana mayor –no comprendía exactamente el porqué- pero no podían arriesgarse a aquello. Obviamente, si enviaban un mensaje al Campamento Mestizo, mucha gente se iba a enterar, luego se esparciría el rumor, llegaría al Campamento Júpiter atravesando todo el país, y en ése viaje por lo menos un monstruo se enteraría de aquello. Tal vez ya lo sabían, pero igual había que ser precavidos.
-Piénsalo, Percy. Annabeth es increíblemente impulsiva y todos querrán venir aquí. Te buscan y no podemos arriesgar nada. Tendrán que enterarse a su debido momento. Esto apenas está comenzando- dijo Thalia, seria. Percy bajó la cabeza, como un niño regañado y resignado. Susan asintió, de acuerdo con su capitana.
-Creo que Percy debería de descansar, capitana. Le duelen todas las articulaciones y de estar en un tipo de estado de coma por dos años, no me extraña- dijo Susan, pero Thalia arqueó una ceja.
-¿Coma? Oh por supuesto, ya entiendo-se paró, ajustando una pulsera en su mano izquierda- Percy, descansa. Vámonos, chicas- el mestizo trató de ponerse testarudo, pero no pudo más que tirarse en su colchón. Debía de estar realmente cansado y dolido para que renunciara a obtener un poquito más de información. Susan se agachó, lo revisó y luego se volvió a parar.
-Creo que deberíais llamar a Phoebe, capitana, para que lo revise- dijo, un poco triste por tener que separarse de todo lo que había vivido hoy. Thalia sonrió.
-Olvídalo, Susan, ya estás metida de lleno en esto- hizo una pausa, acordándose de algo- quédate un poco más para cambiarle los vendajes a Percy. Y llámame Thalia, capitana me hace sentir vieja- una sonrisa bailó en los labios de la morena, sentándose para cambiar los vendajes del hijo de Poseidón, quien observaba todo en silencio. Luego cerró los ojos, escuchando el resto de la conversación, pensando o probablemente quedándose dormido. La rubia también se paró, siguiendo a la hija de Zeus fuera de la carpa. El famoso viento de Minnesota la recibió, empujando su cola, haciendo que algunos mechones castaños salieran en la oscuridad de la noche. Thalia la miró.
-¿Dónde me dijiste que estaban mi hermano y el niño ese hijo de Marte?- preguntó, buscando algo entre los bolsillos de sus pantalones. La rubia miró hacia el cielo, esperando ver alguna estrella, pero los árboles tapaban lo que debía de ser una hermosa vista.
-En las Cavernas de California, los alrededores- le informó, arqueando una ceja. La semidiosa cazadora soltó un "¡ajá!", sacando lo que parecía un pequeño papel y un lápiz deforme por el tiempo. Garabateó algo en el papel, cerró los ojos, juntando las manos, y hubo una chispa allí dónde estaba el mensaje, desapareciendo el papel. Abrió los ojos.
-Esperemos que no llegue muy chamuscado- murmuró, viéndola. Amanda asintió, entendiendo lo que la cazadora había hecho- necesitamos ayuda y ellos son lo máximo que podemos pedir, por ahora- y, confirmando sus pensamientos, murmuró- esto apenas está comenzando.
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Rachel
No había estado completamente consciente, pero había escuchado y sentido las diferentes cosas que le habían pasado. Sintió pasar de los fuertes y protectores brazos de Gabriel a los de Quirón, llevándola a la Casa Grande. Leo y Piper habían desaparecido también y todos los miembros de la cabaña de Hefesto y Afrodita estaban extremadamente molestos, aunque más Hefesto, según le dijo Quirón a Gabriel, al lado del pino de Thalia, junto al Vellocino de Oro, que seguía brillando con todo su esplendor, convirtiendo su vista negra en dorada. Además de la otra niña, una hija de Atenea, que también había desaparecido. En el Campamento Júpiter Jason, Hazel, Frank y un niño llamado James también estaban desaparecidos, preocupando a Gabriel y Quirón. Dionisio no había pisado el Campamento por un largo tiempo, por el Solsticio y por una llamada urgente para los dioses, remontada unas semanas antes de éste. Todo lo oyó y lo sintió, con las interrogantes apareciendo en su mente.
¿Gabriel sabía quién era ella en verdad? Aunque, de esperarlo, no había estado tan sorprendida, ya habían sucedido suficientes cosas raras, inclusive para sus extravagantes gustos. ¿Qué decía la nueva Gran Profecía? ¿Qué significaba tanta gente desaparecida? Otras cientos de preguntas se formulaban en su mente, mientras trataba de conectarlas todas. Estaba segura de que el centauro se había despedido del mortal –o no tan mortal tal vez, nunca se sabe- y la había llevado a la mencionada Casa Grande. No podía ver nada u observar algo, pero se sentía a salvo en el Campamento Mestizo, su hogar. Sólo faltaba ver qué estaba pasando. De repente, y sin explicación, un tipo de imágenes se empezaron a vislumbrar en la negrura de la inconsciencia, como un sueño, pero sabía que no era un sueño. Una voz, firme, pero a la vez dulce y amable, empezó a susurrarle en su oído.
Las flechas hacia la ciudad histórica te van a guiar. De allí el héroe que murió asesinado por los celos vas a encontrar. El único que puede llevarte a la verdad. Para darte otra pista, en el cielo plasmado está, pero Alfa y Beta pronto dejarán de brillar.
Era una profecía, lo sabía, tanto como sabía que ella era pelirroja. Pero no podía explicarse nada, no sabía la próxima Gran Profecía y... oh Santo Olimpo. Lo sabía, lo presentía. Tenía que decírselos a todos, incluyendo a Percy. Porque ella, al igual que Nico, lo sabía, o mejor dicho, el espíritu de Delfos lo sabía. Y esto, era una profecía.
El primer escalón para salvar el mundo, de algo mucho más grande que Cronos y Gea. El comienzo de todo. Lo que ellos habían considerado el final feliz de vencer a Gea, era apenas el comienzo. La cuenta regresiva había empezado.
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20 de abril, 10:10 a.m
¿Qué les pareció? ¡Espero que les haya gustado! Un capi de, ¿cuánto? Creo que fueron 4.930 palabras, espero que lo hayan disfrutado. Hoy es el último día de vacaciones, así que no estoy plenamente segura de cuándo iré a actualizar de nuevo, chicos. Espero que hayan quedado satisfechos, que su imaginación vuele ahora que Percy está despierto x3 ok no, pero igual, espero que les haya gustado. Sus reviews me ayudan, ya saben, más reviews, más actualizaciones (¿?) vale, no, pero de verdad sus reviews me ayudaron n.n
¡Muchísimas gracias a todas aquellas humildes, solidarias, caritativas y maravillosas personas que me dejan un review por más pequeñito que fuera! :') También a todos aquellos que han dejado review en los capis anteriores, o los que dejan review silencioso (favorito)
Agradecimientos a Annabeth que siempre me dice que escriba xD
¿Mucho suspenso?
Por favor, dejen su review, se los agradecería inmensamente (y como dije antes, actualizaría más rápido ;) )
¡Gracias por leer, por favor, dejen su review!
Nos leemos chicos –no tardaré tanto, de verdad-
-Tris Chase
