¡Hola a todos! Aquí les traigo otro capítulo que espero les agrade yo estaba riéndome cuando lo hacía.
Los personajes aquí expuestos no me pertenecen ya que introduciré personajes de libros, así como de la misma serie.
Agradezco a todos por sus lindos reviews, también agradezco los follows y los favoritos que pongan. Vnat07, como prometí aquí tengo algo que se acerca o revela mucho más al futuro cercano de Henry.
Por cierto, toda esta historia está dedicada a mi persona especial, aunque dudo que la lea, pero no pierdo la esperanza.
Y por si alguien quiere saber que escuchaba para que me inspire todo esto, y quieran ambientarse al leer, les dejo el nombre por como buscarla en Youtube:
Merlin (1998) Soundtrack
Disfruten.
Capítulo 13. Merlín.
Avalón.
El frío comenzaba a calar los huesos de cualquiera, al menos a esa altura en la que estaban, pues más al ras del suelo tenían una temperatura agradable, ese clima hostil fue lo que hizo que el pequeño despertara, al levantarse, se asustó, no conocía el lugar, de hecho parecía que estuviera en una habitación acondicionada en una torre de un castillo y un anciano bloqueaba la puerta durmiendo, se hincó en la cama para alcanzar una ventanita y poder así asomarse al exterior, solo noto nubes… o tal vez niebla, eso le hizo pensar que tenían una altura considerable o que estaba a ciegas si intentaba algo como saltar por la ventana. Sin pensarlo, se levanto e intento aprovechar que su guardia estaba dormido y trato de escapar sin hacer el menor ruido pero al estar cerca del anciano este lo atrapo del brazo mencionándole.- ¿A dónde crees que vas pequeño?
El anciano abrió los ojos y le sonrió.- Haces mucho ruido sabes…- Mientras se levantaba y sentaba a Henry en la silla que estaba, se agacho de cuclillas y miro al muchacho a los ojos.- No te haré ningún daño, mi nombre es Percival y no sirve de nada que huyas de tu destino, has entrado a Avalón, donde la verdadera magia existe. Ya no estás en tu hogar. Lo siento pequeño, pero tal vez sea tiempo que pienses en este lugar como una alternativa de vida mientras encuentras la forma de regresar.
¡¿El sombrero donde esta?!- Preguntó desesperado el niño.- Eso me hubiera regresado a mi casa, esa cosa tiene muchos secretos mágicos que no entendí, pero seguro me hace regresar. ¡Tengo que estar con mis mamás!- Dijo en un tono suplicante.
Lo siento hijo, ese sombrero no te pertenece y no puedes estar usándolo así como así, tiene tanto poder... Sin embargo hay algo que puedo hacer por ti… - El aprendiz no sabía si lo que haría estaba bien, pues el destino del muchacho era otro, pero era un niño apenas y no tenía que sufrir así. Con Arturo fue diferente según contó, el niño no tenía familia y fue crecido por un noble, así que no conoció el amor de una madre… pero este pequeño era muy diferente, tenía el amor de dos de ellas.
¿En serio me ayudarás?- Preguntó el niño esperanzado.
El anciano asintió.- Yo no puedo hacer mucho, pero conozco a alguien que pudiera hacer que regreses con tu familia. No te puedo asegurar nada, pero vale la pena intentarlo. ¿No crees muchacho?
Entonces el anciano se paro y le tendió la mano en son de amistad. Henry lo vio y sonrió mientras estrechaba su mano y se ponía de pie comentando muy seguro.- Pues no hay que perder la fe, lléveme con esa persona por favor.- Dijo en un tono muy seguro.
Entonces el aprendiz lo guio por unas angostas escaleras en forma de caracol hasta bajar la torre, a Henry le parecieron las escaleras más largas que había bajado en su vida y mientras bajaban el pequeño hizo algo de platica al anciano, con cosas que bueno, él tenía dudas.- Señor Percival… ¿Usted me llevo a la torre? ¿Había alguien más conmigo? ¿Han entrado más gente de mi mundo?- El niño tenía un sinfín de preguntas que hacerle al anciano pero esas eran las que más relevancia tenían para él.
El anciano sonrió ante las preguntas.- Si pequeño, yo te encontré…o mejor dicho, estaba escrito que te encontraría y te traje al castillo, mi hogar. Aunque no siempre ha sido mi hogar, he estado donde me han necesitado. Aun así… te encontré al lado de un caballero, pero el tendrá otra prueba que pasar… por eso no lo desperté. Y si ha habido eventos como los suyos recientemente… Pero creo que en cierta forma han sido benéficos en cuestión de magia.
Henry comprendió que era Robín quien había cruzado el portal con él. "¿Qué prueba tendría que atravesar el arquero del que su madre estaba enamorada?" Pensó el pequeño, pero al escuchar que si había habido más eventos entonces preguntó.- ¿Mis mamás cruzaron? Una es de cabello rubio y otra es de cabello moreno, ambas muy guapas y valientes.
No Henry, no he visto a nadie aquí con esa descripción… Pero no dudo que no harán algo para recuperarte… Pero tal vez tú les des la sorpresa, ¿cierto?- Preguntó el anciano dándole ánimos a lo que venía.
¡Si, seguro! ¿Pero entonces…acaso fue un número grande de personas que lo atravesaron?- Preguntó pensando en que tal vez eran las hadas que se encontraban perdidas.
Sí, pero no te preocupes más por eso.- Dijo sin más el anciano.
Entonces al bajar de la torre se encontraron con un salón enorme del castillo adornado con armaduras y una gran mesa redonda de madera y mármol blanco y negro y alrededor en el techo adornaban unas banderas con un dragón plasmado en ellas y una espada.- ¿Qué escudo es ese?- No pudo dejar de preguntar Henry.
Ese escudo es de la casa Pendragón… Y de un buen rey.- Contestó el aprendiz.
Henry no recordó el apellido del Rey Arturo, por ende no hilo de que se trataba de ese rey, del que hablaba Percival.- ¿Entonces iremos a verlo? ¿Tiene magia como mi madre? – Afloraban las dudas del pequeño.
No, no iremos a verlo, y no sé si tu madre tenga ese tipo de magia de hecho… Pero si, iremos a ver a alguien con la magia más fuerte que he conocido. – Al escuchar esto, Henry se emocionó en sobremanera, los dos magos más fuertes que había conocido en su vida eran su madre y su abuelo, no se imaginaba a nadie más fuerte que ellos.
Entonces lo guió ante una pesada puerta de madera, que mágicamente comenzó a abrirse ante la presencia del aprendiz, al salir Henry volteó hacia arriba y entonces se cercioró que eran nubes lo que vio desde la torre y le quitaban la visibilidad, fuera del castillo se sentía un poco más agradable el clima, caminaron rumbo a una colina y cuando se acercó a la cima divisó una gran extensión de manzanos como el de su madre, pero en uno en especial se encontraba un anciano recostado sobre su tronco descansando bajo su sombra.
Mientras más se acercaban, mas escuchaban los ronquidos de este.- Pfffiiuuu ggrrr pffffffiiuuuu.- Una pequeña mariposita intentaba no ser tragada por el nuevo anciano que veía, parecía mucho más grande que Percival y mucho más flaco y larguirucho. Entonces Henry se impacto, no por el hombre en sí, sino por el libro en sus piernas, donde una pluma se remojaba por un tintero por si sola y como por arte de magia dibujaba a Henry en el libro. Los ojos de Henry no pudieron abrirse más del impacto… "¿A caso era este el autor?"
Percival entonces carraspeo y mencionó en tono solemne.- Maestro… maestro despierte.- Al ver que no lo hacía, solo pensó "discúlpeme por lo que voy a hacer maestro". Tomo aire y grito utilizando magia amplificando su voz.- ¡Maestroooo despierte ya!
El anciano que estaba recostado bajo el árbol, dio un pequeño salto despertando, aun saboreo su sueño, se acomodo las gafas en forma de luna y vio a Percival y a Henry, aun somnoliento.- Oh eres tú Arquímedes… ¿Qué formas son esas de despertar a uno?
Percival señor… - Corrigió al mago, mencionando su nombre.- Discúlpeme maestro, es que he venido a presentarle a este pequeño que necesita de su ayuda.
Oh sí, ya entiendo Arquímedes. – Mientras se acomodaba más en el árbol. Y comenzaba a hojear su libro.
Percival suspiro negando y luego tras un pequeño movimiento de pie dando un golpe al pie de Henry le indico que se presentara.
Eeeeh… Hola señor yo soy Henry y necesito… - Por un momento no supo que pedirle, si un final feliz para sus madres y por ende eso lo atañe a él o simplemente pedirle que lo regrese con ellas.
Pero ese pequeño momento de duda hizo que el anciano volviera a ver al jovencito apartando la vista del libro para luego mencionarle.- Necesitas tener fe y decisión Arturo.
No, digo sí, pero yo soy Henry señor.- Mencionó el niño aun confundido, no solo por lo que pediría, sino porque no comprendió porque lo llamaba Arturo.
Percival entonces mencionó viendo que el niño se había quedado en shock sin saber que decir.- Henry solo quiere regresar a casa con sus madres, señor.
¡Caya Arquímedes! ¿Crees que yo no sé lo que quiere Arturo? Solo que él no decide ni tiene fe en lo que en verdad quiere.- Sentenció algo enojado el mago olvidadizo.
Percival, señor… Y lo siento.- Suspiro, siempre era así su maestro, no tenía remedio.
Te diré lo que quieres Arturo… tú quieres conocer la magia verdadera que crea los finales felices.- Esto dijo cerrando el libro pues ya estaba decidido aunque el mismo Henry estaba a punto de descubrirlo. – Para ello debes quedarte al lado de Arquímedes y de mí, el mago Merlín.
El muchacho, asintió sin más, eso era lo que más quería, necesitaba creer que él podía traer esos finales felices casi imposibles para sus madres y así volver con ellas.
