Inercia
Capítulo 5.7
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—¡Flaco, escondéme!
Chile no alcanzó a decir ni pío, ni a molestarse por la rareza que era tener Argentina hablándole, ni a percatarse tanto de ello. El mayor se metió debajo de la mesa de reuniones, pegado a sus piernas.
Dio un respingo de la sorpresa, llegando a ruborizarse un poco y observando que nadie estuviese viendo. Entonces, por la puerta de la sala de reuniones mundiales, Inglaterra entró… con los pelos en punta. Literalmente en punta: pintados de celeste y de apariencia dura como roca. De la misma forma su rostro estaba manchado de pintura, como si le hubiese explotado en la cara.
Se olvidó completamente del sonrojo y de tener al argentino escondido entre sus piernas, tuvo que contener una risa de entera diversión por ver al inglés así.
—Argentina is here?
—No —dijo escueto, casi pareciendo serio y todo.
El pitufo claro se fue y se carcajeó de lo lindo, en lo que el otro salía de debajo de la mesa y se sentaba en su silla, mirando divertido por donde se había ido el dueño de las cejas prominentes, ahora pintadas de celeste.
—Gracias, che.
Iba a contestar, pero ya por la puerta llegaron los demás países (entre ellos Inglaterra completamente alterado, con Francia riéndosele en la cara y USA tratando inútilmente de escucharlo con seriedad). España se acercó hasta ellos, con aparente orgullo pintado en la cara.
—Así se hace —Le susurró al argentino, guiñándole un ojo y revolviéndole el pelo, para disgusto del mismo, siguiendo de largo después.
Ya que Argentina no volvió a dirigirle palabra, decidió también guardar silencio. Recargó el codo en la mesa y el mentón en su mano, mirándolo con una sonrisa tenue, contenta y con un tinte de diversión.
"Erí má weón…"
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