Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener.


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13. Contra Reloj.

El silencio reinaba la habitación, poco a poco Hakudoshi iba teniendo acceso a los archivos de Saotome Rinne. Sus entrenamientos, sus técnicas de combate, sus antiguos casos y pronto, su verdadera identidad sería revelada. Solo faltaba la última pared, Naraku ya podía sentir la victoria, lo que sea que ocultase Saotome, él lo sabría.

La barra de descarga marcó 100%, Hakudoshi accedió a la carpeta y abrió el primer documento, al ver el contenido se quedó pasmado, no era un documento, era un vídeo, abrió otro e igualmente se reprodujo un vídeo, no sabía cómo reaccionar, no lograba entender qué había pasado. Por su parte, Naraku miraba la pantalla totalmente perplejo, ya casi tenía un tic en el ojo izquierdo. Lo que veía debía ser una clase de broma, la información debía estar cifrada, oculta en esos archivos.

―Dime que la información está en esos vídeos.

―No, solo son vídeos.― respondió el muchacho, ya había analizado los videos y no tenían información oculta, él eligió la carpeta correcta, fue la ruta correcta.

―Un gato tocando el piano.― dijo Byakuya, al acercarse a ver mejor la pantalla.― ¿Ese es un panda con hipo? ¿Por qué a la gente le causan gracia esas cosas?― a ninguna de sus preguntas obtuvo respuesta, ni esperaba recibirlas, pero le divertía molestar al muchacho.

―¿Y la información completa de Saotome?― preguntó Naraku con tono amenazante.

―Su hacker de alguna manera logró bloquearme, mandó cien videos de animales.

―Te la han hecho esta vez Hakudoshi.― dijo burlón Byakuya, recibiendo una mirada amenazante.

―Byakuya, deja tus burlas y dile a Bankotsu que nos ponga en contacto con nuestro informante, debemos tomar otras medidas.― ordenó Naraku, conseguiría a cualquier costo la debilidad de Saotome.

Hakudoshi buscó la firma del hacker que logró detenerle y se burló de él. Quien quiera que fuese le había declarado la guerra y él con gusto participaría. Oculto en el código, la firma era un espejo, solo había una persona que hacia eso, Kanna.


Inuyasha aún no se recuperaba del susto que pasó el día anterior, cuando vio los videos de gatos, Kanna explicó que su señuelo funcionó y Naraku tenía esos videos en lugar de la verdadera identidad de Saotome, Inuyasha se puso a reír como loco, por más que quisiera no podía parar. El director y Kanna le miraban preocupados, temían que hubiese perdido la razón por el estrés, una vez Inuyasha se hubo calmado un poco, el director le ordenó a Kanna borrar todo registro de Takahashi Inuyasha, no importaba que los altos mandos se enfadasen, no pondría en peligro a gente inocente, ya tenía mucho cargo de conciencia en esos momentos.

Pero ya era un nuevo día, uno que les brindaba la oportunidad de atrapar a Naraku. Había vuelto a matar y en esta ocasión encontraron el cadáver en la primera hora. Esta vez fue una chica de preparatoria, la dejó entre las flores de un jardín, un hombre que paseaba perros la encontró cuando los canes fueron directo a la jardinera.

―Dejó algo nuevo.― dijo Kouga al acerarse a su compañero con una bolsa de evidencia.

―¿Qué es?― preguntó Inuyasha quien había estado observado y analizando las entradas y salidas.

El parque tenía un horario de 6 a 21 horas y las puertas eran vigiladas. Los muros eran altos, no pasaron escalando. Tuvieron que haberla matado en el parque, pero fue alrededor de las 5 am, ¿Dónde la ocultó? ¿La secuestro en el parque? ¿Por qué Naraku no aprecia en los videos de vigilancia?

―Un collar con una esfera rosa, parece fino ¿Alguna idea?.― decía al mostrárselo, de inmediato el color se le fue a Inuyasha, ahora estaba totalmente convencido de que en la organización estaba un espía de Naraku y ya tenía sus sospechas.― ¡Hey! ¿Alguna idea?― Kouga fue tras él al verle abandonar la escena.

―No.― respondió Inuyasha, en ese momento no quería involucrar a Kouga.

―¿Estás seguro?

―Recorran el perímetro, y encuentren la manera en que se coló. Yo voy a regresar a la agencia.― tenía que ver con urgencia a cierta mujer.

Antes de entrar a la tienda se detuvo a observar a su novia, ese día tenía varios trabajos que hacer, pero también estaba teniendo varios clientes, no podía hacer todo, y Kagome se ofreció a apoyarlo, ella atendería la tienda mientras él iba a lo otro. Debía recompensarla. Entró y se sintió feliz al verla sonreírle.

¿Aburrida o cansada?― la afluencia de clientes había desaparecido.

Ninguna, Souta me vino a ayudar, no tiene mucho que se fue y ahora que no viene nadie, he adelantado mi trabajo del jardín de niños.

Perdón por dejarte atendiendo, también tienes tus responsabilidades y...

Descuida.― le interrumpió.― Solo debo elegir las actividades de la semana y otro día me recompensarás, por cierto, te llegó un paquete mientras no estabas.― dijo al sacarlo debajo del mostrador y dárselo a su novio.

Kagome estaba intrigada, era pequeño ¿Qué podría ser? Por lo general lo que Inuyasha recibía eran sobres o paquetes grandes.

¿Qué tal si te recompenso ahora?― preguntó al quitarle a la cajita, los sellos de paquetería.― Feliz cumpleaños adelantado.― dijo al abrirla y mostrarle un collar de oro con una perla rosada.

Es hermoso.― dijo con ojitos brillantes.

Deja ponértelo.― con nervios le colocó el collar, solo Kagome lograba ponerlo de esa manera.

Muchas gracias.― la azabache se alzó de puntitas sobre el mostrador y le dio un corto beso al chico.

¿Solo así? Al menos podrías rodearlo.― dijo mirando a otro lado y de inmediato se arrepintió, seguramente ahora Kagome en su bipolaridad se enfadaría.

Para lo que no estaba preparado fue para ver a Kagome subirse al mostrado, hincarse en el, jalarlo por la playera para abrazarlo y besarlo más efusivamente.

El personal veía con miedo a Saotome, desde que llegó estaba hecho un demonio, nadie se atrevía a pasarle enfrente o hablarle. No querían ser el objeto de su ira.

Kagura caminaba despreocupada por los pasillos, había escuchado que Saotome no estaba de humor y lo mejor no era topársele. Pero ella no le temía, no veía razón para hacerlo, además, ya estaba cerca de su habitación. Estaba por encerrarse, cuando alguien empujo la puerta, por poco cae al suelo, miró a su visitante y se sorprendió de ver a Saotome, seguramente quería hablar sobre Naraku.

―¿Algún problema?

―¿Sigues trabajando para Naraku?― preguntó con violencia después de cerrar la puerta.

No iba a ser delicado con esa mujer, ya se había fastidiado, estaba harto de sus engaños, le haría confesar de alguna u otra manera.

―Jamás volvería a hacerlo.― contestó indignada.

―¡Dime la verdad!― gritó al tomarla con fuerza del brazo.

―¡Lo hago!, ya no tengo nada que ver con ese hombre.― dijo mirándolo a los ojos.― ¿Podrías explícate este ataque de furia?― finalmente se había soltado del agarre.

―Dejó esto en la escena del crimen.― le mostró la bolsa con el collar y analizo su reacción.― Es la misma que apareció en...

―En la revista que veías.― a completó, ahora sabía porque desconfiaba de ella.

―Exacto, la única persona que lo sabe eres tú.

―No le dije nada, lo juro, además ¿Cómo podría? No puedo salir de aquí, no puedo tener acceso a internet o un teléfono.― le recordó, eran buenos puntos a su favor.

―¿Con quién trabajas?― Kagura debía tener un cómplice, en la organización alguien más también debía trabajar con Naraku.

―Contigo.― respondió sin más.― Deberás creerme, no le he dicho nada a nadie.

―Si me mientes te vas a arrepentir, la libertad que tanto quieres solo quedará en un bonito sueño.― amenazó Inuyasha.

―Ve los videos de vigilancia, ese día en la biblioteca no estábamos completamente solos, alguien pudo observarte de lejos.― ¡Brillante! En ese momento se alegraba de que en ese lugar gravasen todo.― En vez de perder el tiempo conmigo, pide esos videos.

―Eso haré, pero sigues en mi mira.

Inuyasha abandonó la habitación directo a seguridad, descubriría a todos los ayudantes de Naraku y los haría arrepentirse por todo.

Con ayuda de Kanna descargó todos los videos, pero al reproducirlos, curiosamente faltaban horas, las horas en las que estuvo en la biblioteca. Ahora más que nunca estaba convencido de que Naraku tenía a su gente infiltrada en la agencia.

―Kanna ¿Qué pasó con lo demás?

―No hay más, se lo llevaron, intentaré recuperar algo pero no esperes mucho.

―¿Cuánto tiempo?― en esos momentos, tiempo era lo que menos tenía.

―Yo te mando llamar, por mucho que lo desees, no puedes apresurar los programas.

―En cuanto lo tengas, me avisas.


Los primeros días de calor habían llegado y para Kagome eran un suplicio, en ese año, sentía más calor del normal, tal vez era por el embarazo, sentía que ni con el cabello recogido se refrescaba, en un momento pensó en cortarse el cabello, pero descartó de inmediato esa idea, Inuyasha le había dicho que le gustaban sus bucles. Quería que cuando él llegase, la viese igual. Entonces por ahora, se mantendría fresca con ayuda del ventilador, aire acondicionado y agua.

A principios de Abril recibieron la visita de Miroku, quien se ofreció a ayudar en la tienda junto a Souta y así, Kagome y Sango podían descansar. Aprovechando que el día no era tan caluroso, las chicas se sentaron afuera de la casa de Kagome y comieron emparedados y té frío. Sango le contaba anécdotas de los primeros meses con las gemelas y como Miroku entró en pánico al revolverlas y no saber quién eran quien.

―Kagome, Sango, perdón que interrumpa.― dijo Miroku al verlas y escucharlas reír.― Pero Souta me mandó por taquetes y brocas, dice que Inuyasha los guarda acá.

―En su taller, él ya sabe donde ¿Por qué te mandó a ti?― preguntó Kagome.

―Debe ser por la jovencita que llegó, "Hitoki".

―Hitomi.― corrigió Kagome.― Eso explica mucho.

―Le voy a dar unos consejos.

―Tu no le darás nada.― intervino Sango.

―Pero a falta de Inuyasha en papel de "hermano mayor", yo puedo orientar a...

―No harás lo mismo que con mi hermano, tus consejos solo lograron dejarlo en ridículo.― le cortó Sango antes de que comenzase con todo un discurso.

―Pero mis tácticas funcionaron contigo, mi amada Sanguito.― dijo con orgullo Miroku.

―¡No fueron esas "tácticas"!― gritó sonrojada la castaña.― Kagome no te rías.― pidió avergonzada.

―Lo siento, creo que mejor vamos por las cosas.― se disculpó Kagome en medio de risas, se levantó y fue a la parte trasera, donde estaba el pequeño taller de Inuyasha.

Al entrar, lo primero que llamó la atención de Miroku y Sango, fueron unos muebles para bebé, a ambos se les estrujó el corazón, Inuyasha había estado preparándose para la llegada de su hijo, sin duda alguna estaba ansioso.

―¿Inuyasha los construyó?― preguntó Miroku.

―No, eran de él, los estaba reparando, solo falta barnizarlos, el colchón para la cuna y cojines para la mecedora.

―Yo podría terminar de barnizarlos.― se ofreció Miroku.

―Tendré que declinar, estoy segura que es algo que Inuyasha quiere seguir haciendo.

―Podemos ir eligiendo el colchón y los cojines.― sugirió Sango.

―Eso si podemos.

―Perfecto, en internet veremos algunos, cuando vaya con Miroku a la ciudad pasamos a verlos y elegimos alguno de los que te gustó.

―Me agrada esa idea.― ella quería salir de la isla y ver las cosas en persona, pero debía cumplir con su palabra.― Miroku, en la caja azul de aquel anaquel...― tomó aire, por un momento creyó ver borroso.― Allí esta lo que...

―¡Kagome!― gritó Sango al verla tambalearse.

Miroku la había logrado sujetar antes de que se desplomase, la pareja logró notar que Kagome se había agitado un poco y se acercaron más a ella. Al verla tomar aire y continuar hablando, creyeron que fue algo sin importancia, pero cuando ella perdió el equilibro se preocuparon.

―Miroku, siéntala aquí.― pidió Sango al jalar una silla.

―Lo siento, estoy bien, el calor me aturdió.

―¿Segura? Podemos ir al médico.― sugirió Miroku, no quería tener que dar malas noticias.

―Estoy bien.― aseguró la azabache, ya se sentía mejor, pero tenía calor.― Solo necesito agua.

―Yo me quedo con ella, ve a llevar eso y yo voy por agua.

Miroku asintió, sacó de la caja lo encargado, antes de irse, y Sango se apresuró a entrar a la casa, mientras Kagome se quedaba a reponerse.

―Tranquilo, todo está bien.― hablaba Kagome con su niño, después de ese mareo, se había agitado.― Pronto ya va a venir tu papá, naces en un mes.

―Debes mantenerte hidratada.― dijo la castaña al volver con un vaso de té helado.

―Es difícil con este calor y el embarazo, sin olvidar que aprieta mi vejiga y a cada rato voy al baño, lo último que quiero es tenerla llena.

―Yo no podía comer mucho, las gemelas ocupan tanto espacio que no dejaban lugar para la comida.

Ambas mujeres rieron, era verdad que la llegaban a pasar mal y sin olvidar el dolor del alumbramiento, pero todo eso valía la pena, todo por traer al mundo a esa personita que amaban.

Cuando un breve silencio se formó, Kagome se quedó mirando el taller, le parecía increíble que hasta hace unos meses, allí le llevaba comida a Inuyasha y lo encontraba trabajando. En todo ese tiempo jamás llegó a imaginar que su vida cambiaría drásticamente, y mucho menos de esa forma. Deseaba que todo volviese a ser como antes, que un día al despertar, bajase al taller y viese a Inuyasha terminando de reparar los muebles o, al entrar a la cocina, verlo cocinando los pescados que él mismo atrapó.

Sin embargo, estaba segura de una cosa, no importaba quien fuese, ella no dejaría de amarlo, si Inuyasha debía seguir siendo Rinne, ella lo aceptaría, solo pedía que se mantuviese a salvo. ¿Podía llegar a llamarle por un nombre que le dio Kikyou? No lo sabía, ¿Quiénes eran los que le llamaban por su verdadero nombre?

―Sango... ¿Quiénes conocen el nombre de Inuyasha? Me refiero a que le conocen por los dos nombres.

―Kouga, Miroku, los dos agentes que vinieron, el director por supuesto y yo.

―¿Por qué Kikyou le dio ese nombre?

―Ella no se lo dio.― esa respuesta sorprendió a Kagome.

―Pero dijiste que les daba cuartadas y...

―A Kouga, Miroku e Inuyasha, fue Mioga quien se los dio, solo él conocía sus verdaderas identidades.

―¿Quién es Kouga?― le parecía que no le había escuchado antes.

―Otro compañero de Inuyasha.

―No le habían mencionado ¿Por qué?

―Supongo que lo olvidamos, Kouga es su esfuerzo para cuando Miroku viene, es de confianza.― respondió con una cálida sonrisa Sango, se sentía mal por mentirle a medias, pero Kagome solo seguiría tranquila si seguía pensando que Miroku estaba de respaldo de Inuyasha.

―¡Tía Kagome!― gritaron las gemelas al entrar corriendo.― Tienes visitas.― dijeron alegres.

―¿Visitas?― ella no esperaba a nadie.

―Ven adentro.― pedían ambas a Kagome, al tomarla de las manos.

Kagome miró a Sango en busca de alguna respuesta, pero ella tampoco sabía nada. Las cuatro entraron a la casa y en la sala se encontraron con el grupo del jardín de niños, que Kagome atendía.

―¡Felicidades por el bebé sensei!― gritaron a coro los infantes.

―Niños, muchas gracias.― Kagome se había conmovido, no se esperaba aquella sorpresa.

―Entre todos nos cooperamos y le trajimos esto al bebé-chan.― dijo una de las niñas al darle una colorida manta.

―Y esto a usted.― uno de los niños le dio Kagome un mullido cojín.― Mama dice que siempre es bueno tener uno cómodo.

―Son tan adorables y todo es muy bonito, muchas gracias.

―¿Va a volver a la escuela?― preguntó con mucha curiosidad un niño.

―Después de que el bebé nazca y crezca un poco.

―Ya no estaremos en la escuela.― dijeron con tristeza algunos que habían comprendido que ese era su último año de kínder, y estaban por terminarlo.

―¿Podemos visitarla?― preguntó alguien.

―Eso me pondría muy feliz, y cualquier cosa que necesiten, ya saben dónde encontrarme.― ella siempre estaría para ayudarlos.

―¿Quién quiere pastel?― preguntó Nodoka al entrar y se escuchó a coro un "¡Yo!".

―Mamá, ¿Tú sabías de esto?

―Claro que sí, primero te fueron a buscar a la casa y los traje acá.

Kagome observó como todos sus niños se acomedían a servir las bebidas y el pastel, se sentía tan feliz de que estuviesen creciendo como personas de bien.


Estaba dando mantenimiento a las armas, en completa concentración, cuando se escuchó que abrían la puerta y los pasos apresurados de alguien. ¿No podía tener un momento de paz? Por ello mando a comer a sus ayudantes.

―¡Viejo Totosai!― el hombre suspiró con cansancio, le había llamado hace tres horas, y justo cuando esperaba ya no verlo, se presentaba.

―Más respeto muchacho, soy tu mayor.― dijo desde donde estaba sentado.

―¿Qué es lo que me tienes que mostrar?

―Eso fue hace horas.

―No te quejes, si me llamaste es porque mueres por mostrarme lo que sea que hallas inventado.

―Ven a ver lo último en chalecos antibalas, ligero, cómodo y fuerte.― dijo al pasarle la prenda.

―¿En verdad resiste disparos?― era delgado y ligero, no creía que fuese tan fuerte.

―Pruébalo.― ofreció al señalar al muñeco de pruebas que tenía el chaleco.

Inuyasha tomó un arma y disparo al muñeco. Al acercarse, se dio cuenta que de verdad había detenido los impactos.

―Y viene a juego con este casco.― dijo Totosai al ponérselo en la cabeza a Inuyasha.

―¿Y esto?― preguntó el chico al ver que en estante, bajo llave, estaba una ampolleta con un líquido morado brillante.

―Esto es una poderosa droga, sigue en pruebas.

―¿Para qué es?

―Aumenta la adrenalina, te evita el dolor, por ello es peligrosa, no te darías cuenta que estas muriendo, sigue en pruebas.

―Estás loco viejo.

―¿Por querer un súper soldado? No te preocupes, solo quiero ayudar a los agentes a subir su condición física.

―Solo no dejes que se te suba a la cabeza.

...

El olor del incienso en la habitación le mareaba, pero tenía pendiente una charla. Ver a la mujer sentada en loto, con su respiración tranquila y los ojos cerrados, le hizo pensar que era mejor regresar más tarde. Dio media vuelta pero chocó con una silla, delatándose.

―Rinne, estaba meditando.

―Lo siento, no quería interrumpir, te dejo, vuelvo más tarde.

―No, ven aquí.― dejó su posición, se sentó sobre sus rodillas y le ofreció un lugar junto a ella.― Por tu cara, veo que necesitas relajarte, estas tenso.― Inuyasha suspiró y se sentó en el suelo.― ¿Qué te preocupa?

―Necesito que me digas todo lo que sepas de Naraku, los lugares que frecuentaba, algún dato que le hubieses escuchado.

―No.

―Kikyou, muchas mujeres están muriendo, las tortura, ayúdame.

―No quiero recordar, es tan doloroso.― dijo al desviar su mirada.

―Tu siempre fuiste fuerte, te enfrentabas a todo sin dudarlo y sin miedo, jamás dejaste que algo te doblegara, no le dejes ganar.― decía Inuyasha para intentar convencerla, ella era su única esperanza.

―Cuando entre aquí fue por mi familia, todos ellos han pertenecido a la agencia, al principio fue gratificante, pero luego, solo quería ser una persona normal, no quería seguir viviendo en este mundo lleno de mentiras y secretos, sé que Rinne no es tu verdadero nombre, no soy tonta, quería y quiero conocer al real tú, y eso solo puede ser lejos de este lugar.

―Entonces ayúdame a atraparlo, no quieres que más inocentes caigan en sus manos ¿Cierto?

―Te ayudaré, pero promete que esta vez ni Naraku, ni nadie, nos separará.

―Te prometo que Naraku pagará por todo lo que ha hecho y te hizo.

―Quiero saber tu real nombre, que me digas quien eras antes de llegar aquí.

―Lo haré.― era un trato justo, aunque con ello, le rompería el corazón.― Te lo diré cuando todo acabe, no me siento seguro diciéndotelo aquí.

―A la mayoría las escogía por aplicaciones de citas, las embaucaba, iban a él por voluntad propia, algunas eran mujeres casadas que querían una aventura o buscaban a su pareja perfecta... Otras, simplemente corrían con mala suerte porque las veía en la calle o por su foto en redes sociales, mandaba a sus hombres a buscarlas, no era muy difícil dar con ellas, esas chicas ponían constantemente su ubicación o futuros lugares a visitar en publicaciones.

―¿Qué hay con las embarazadas?

―Es un mensaje.― contestó con la mirada triste.

―¿Qué clase de mensaje?― preguntó con miedo, en ese momento ya estaba pensando que Kikyou sabía su verdadera identidad y todo ese tiempo lo estuvo poniendo a prueba.

―Uno para mí.

―¿Por qué para ti?

―No pude protegerlo.― respondió con los ojos llorosos.― A los dos meses de tenerme prisionera supe que tenía tres meses de embarazo, se enteró y me provocó un aborto, mató a nuestro bebé.― dijo llorando.

―No es posible, no podías estarlo.― Inuyasha estaba en shock, Kikyou no podía estarlo, debió haber escuchado mal, debía estar en una pesadilla.

―Lo estaba, no he dejado de culparme, de haber hecho lo que quería otra cosa hubiese sido y nuestro hijo no hubiese muerto.― se abrazó por su vientre y sintió como Inuyasha la jalaba a él, para resguardarla en sus brazos.

―No puedes estar segura de eso.

―Debes odiarme.

―No lo hago, no podría.― también era su culpa, él fue quien se obsesiono con Naraku.― ¿Por qué no me lo habías dicho?

―Tenía miedo, no quería que me rechazaras... Ahora más que nunca te necesito, cuando todo acabe, vámonos lejos, vivamos la vida que siempre deseamos.

Inuyasha ya no sabía qué hacer, las cosas se estaban complicando, por un lado, estaba Kikyou quien estuvo cautiva por Naraku, sufrió la pérdida de un hijo, creyó que la persona que amaba había muerto y pasaba por toda una serie de traumas. Por otro lado estaba Kagome, ella le aceptó con todos sus secretos, confío plenamente en él, le ha apoyado incondicionalmente, iba a tener un hijo suyo y esperaba por su regreso.

No quería seguir lastimando a ninguna de ellas. Debía llamarle a Miroku y pedir su consejo.


Miroku escuchaba atento cada palabra dicha por su amigo, sin duda estaba en una difícil y complicada situación. No tenía ni la mínima idea de que aconsejarle.

―¿Eso dijo?

―Yo no lo sabía, de saberlo hubiese dejado la agencia cuando me lo pidió.

―Es difícil enterarse de algo así, pero ahora tienes otra responsabilidad, espero no lo olvides.

―No lo he olvidado, ¿Te imaginas como se sentirá si se entera que yo...?

―Eso también lo entiendo, pero no estarás planeando vivir una doble vida ¿Verdad?― eso sería una de las cosas más tontas e idiotas que su amigo pudiese hacer.

―¡Claro que no!― jamás le haría una cosa así a Kagome.

―¿Te dijo tres meses?― preguntó Miroku después de un rato e Inuyasha asintió.― Amigo mío, a la fecha de su secuestro y supuesta muerte, tú y ella tenían tres meses separados, apenas si se veían o hablaban ¿Cómo iba a tener tres meses de embarazo a los dos meses de secuestrada? ¿Acaso te fuiste a verla sin que yo lo supiera?

―No, tal vez confundió las fechas y eran cuatro o cinco.

―Abre los ojos, te está engañando.― no tenía idea del porque Kikyou haría una cosa así, pero era muy sospechosa su actitud.

―Estas mal, debiste verla, estaba afectada y ¿Por qué haría eso?

―No lo sé, pero enfócate en lo que tienes ahora, en tu presente y no en tu pasado. Cuando llegue el momento todo se aclarará.

―¿Y por ahora qué hago?

―Síguele la corriente.― posiblemente no era lo más sano, pero mientras averiguaba las verdaderas intenciones de la mujer, alertaría a Kouga, no podían darse el lujo de bajar la guardia y dejar a solas a Inuyasha.


No dejaba de pensar en el poco tiempo que le quedaba, en tres semanas su hijo nacería y no estaba más cerca de atrapar a Naraku. No iba a volver a tiempo, Kagome estaría decepcionada, por ello, le pidió a Miroku explicarle la situación. Por otro lado, tenía el asunto con Kikyou, a pesar de que Miroku le dijo que no le creyese, no podía evitarlo, se sentía destrozado por ese bebe que no nació, y para apoyar a Kikyou, procuraba comer con ella, justo en ese momento iba a verla.

―Saotome, entra.― pidió Kanna al verle pasar.

―¿Recuperaste algo?― preguntó esperanzado.

―La persona que fue a ver tus revistas es la asistente del director.

―Ella no estaba allí.

―Esta mujer aquí.― señaló en la pantalla a una mujer que vestía suéter con capucha.― Textea mucho, después de que te fuiste siguió a Kagura y llegó la asistente.

―La fue a distraer, ¿Quién era?

―No se deja ver en ningún momento, por su altura y rango puede ser Yura, Tsubaki o Asagui para mayor certeza pregúntale directamente a Kagura.

Sin perder más tiempo, Inuyasha fue a buscar a Kagura, desenmascararía a todos los ayudantes de Naraku y si debía torturarlos para obtener información lo haría, no se andaría con juegos.

―¿Dónde vas?― preguntó Kouga al topárselo en el pasillo.

―A preguntarle algo a Kagura.

―¿Quieres compañía?― algo le decía que las cosas se habían complicado.

―Vamos, necesito otra perspectiva.

―¡Saotome, Jumonji! Hay otro cuerpo.― les informó Ling al encontrarlos, no le contestaban sus llamadas y al saber que era importante, él y Tao lea fueron a buscar.

―¿Dónde?― preguntó Inuyasha, Naraku no podía ser más inoportuno.

―En el cementerio donde se supone te sepultaron.

―Que no muevan nada, llegamos en veinte minutos.― si había dejado el cadáver allí debía ser porque le mandaba un mensaje.

...

Una vez que llegaron al cementerio en helicóptero, fueron donde estaba el cerco policiaco. Ya la policía, con los forenses les esperaban. Como les habían dicho, no movieron nada. Conforme Inuyasha y Kouga se acercaban a la lápida, notaron que la mujer estaba hincada y llevaba un velo blanco que le cubría la mitad del cuerpo.

―Tiene cuatro horas muerta, el cuidador la encontró, creyó que estaba rezando pero cuando las aves se pararon en su cabeza y no las espantó, supo que algo andaba mal, vino a ver y llamó a emergencias.― explicó el oficial encargado.

―Extraña pose para ponerla.― dijo Kouga al ver que sus manos las tenía a la altura de su pecho como en oración, con cuidado la rodeo para verla mejor, tenía algo en sus manos.

―La identificamos, Aikawa Rei, su esposo la reportó desaparecida cuando no llegó a casa después de ir al médico.― decía Ling al leer el informe.

―Consigan los videos después de salir de allí, sigan sus movimientos a ver hasta dónde nos lleva.― ordenó Inuyasha.

―Su esposo estará destrozado, tenía seis meses de embarazo.― dijo con tristeza Ling e Inuyasha gruñó con rabia, ese maldito de Naraku pagaría por atormentar a Kikyou.

―Rinne.― llamó Kouga.― Le puso un atrapasueños en las manos.― dijo al haber levantado el velo.

Inuyasha de inmediato palideció, esa ya era mucha coincidencia, el atrapasueños y el collar le terminaban de confirmar lo que temía. Observó a su alrededor, examinó a todas las personas que estaban presentes, alguno de ellos debía ser un informante.

―¿Qué significado podría tener? ¡Rinne! ¡¿Dónde vas?!― le gritó Kouga al verlo marcharse.

Inuyasha caminaba directo a uno de los coches, el helicóptero ya no estaba, debía volver a la agencia, interrogar a todos de ser necesario y sobre todo, mandar a Miroku a Shikon. Apenas subió a una de las camionetas cuando su celular sonó.

―¿Qué?― contestó de malas.

―¿Te gustó el obsequio?― Inuyasha no pudo articular palabra alguna, esa llamada le estaba confirmando todo.― No me digas que te quedaste sin habla, yo soy el que no tiene palabras para describir a la joven que está al otro lado de la acera, se ve radiante con ese vestido de maternidad, parece que tiene calor, tal vez deba ir y ofrecerle ayuda, no le vaya a dar insolación.

―No te atrevas a tocarla.― advirtió entre dientes.

―Es hermosa aun en su estado, cosa que no cualquiera.

―Déjala fuera de esto o...

―¿O qué?― interrumpió.― ¿Me matarás? Yo tengo la ventaja ahora.― dijo triunfante.

―Ella no te ha hecho nada.

―Pero tu si y la personita que lleva dentro tiene tu sangre, ¿Qué se siente estar muy lejos y saber que yo solo tengo que estirar mi mano y...?

―¿Quieres matar a alguien? Dime donde nos vemos.― si debía dar su vida por la de ellos, con gusto lo haría.

―Rinne, Rinne, Rinne... Las cosas no pueden ser de esa manera, es muy simple ¿Dónde queda la diversión?― dijo burlón Naraku.

―Yo a cambio de ellos, ya no te molestaré más.

―Te doy seis horas para llegar e intentar rescatarla, si no, me veré en la trágica tarea de matarles... Y otra cosa, nada de advertirle, no serviría, la vigilo y a la mínima sospecha el trato acaba.― dijo antes de colgar, finalmente tenía a Saotome Rinne en sus garras.

Sin perder más tiempo, Inuyasha arranco la camioneta, debía volver por provisiones para enfrentar a Naraku.

...

Echó un último vistazo a equipo que llevaba en el asiento trasero del helicóptero, le había costado trabajo sacarlo de la armería sin ser visto, pero finalmente estaba listo y preparado para enfrentarse a Naraku. Se cercioraba una vez más de tener suficiente combustible para llegar a Shikon, cuando la puerta del copiloto fue abierta.

―¿Qué haces robando un helicóptero? ¿Sabes dónde está?― preguntó Kouga quien finalmente le daba alcance.

―¿Qué haces aquí?

―Te seguí, después de ver el atrapasueños te fuiste, vi que recibiste una llamada y luego te fuiste, ¿Era él?

―Sí.

―Dime qué pasa.

―Me llamó para decirme que la encontró.

―Puede estar engañándote, primero comprobemos que...

―¡No! Él ya la encontró, mencionó el océano, el collar es similar a uno que le di, el atrapasueños está colgado en la ventana de la recamara y está en la isla, la tiene vigilada, sabe de su embarazo.

―Creí que lo de las embarazadas era por Kikyou, no me mires así, Miroku me dijo.― agregó al ganarse una mirada de sospecha por parte de Inuyasha.

―En la agencia, Naraku tiene espías, no se con corteza quienes, pero tengo en la mira a algunos, cuando en la mañana iba por Kagura esta por confirmar mis sospechas.

―Aun así, creo que mejor mandamos a Miroku y...

―No, jamás debí ponerles en peligro, son mi responsabilidad, me dio seis horas para intentar ponerles a salvo.

―Avisemos al director y organicemos un...

―No confío en ellos y no hay tiempo, me quedan tres horas.

―Llegaremos a tiempo, pero ¿Sabes pilotar?

―Tu pregunta es tonta.― dijo Inuyasha al encender el helicóptero y ponerse el casco.

Kouga rodó los ojos, había olvidado que ese tipo sabía pilotear diferentes naves.

―¡Espera que me sujete!― pido el moreno al sentir que el helicóptero se elevaba.


01/11/2016

Mil perdones por la demora, en recompensa extendí el capítulo.

Primero me enferme, cuando estuve mejorcito el módem murió, volví a clases de Japonés y el sensei deja muchas planas... Y, fuera de todo eso, en mi casa se pasa por una situación complicada donde uno lo ve irreal, como una mala broma, pero no. Solo espero que las cosas se solucionen. Por ello, si llegó tardar o no doy señales de mucha vida, no piensen que olvide o no seguiré con la historia.

Espero nos sigamos leyendo. Saludos.