#Sincerarse#

Al introducir la llave en su piso y darle sólo media vuelta, supo que Aspros se encontraba allí. Al fin de cuentas, no era tan raro. Era sábado y Aspros siempre aprovechaba para dormir hasta que su cuerpo aguantaba.

No se habían visto desde el mediodía anterior, y la realidad es que Defteros no tenía ningunas ganas de cruzarse con él. Menos aún de tener que intercambiar palabras vacías de significado y cargadas de resentimiento, como venían haciendo desde hacía tiempo, aunque a veces hallaran un oasis de camaradería y tranquilidad que duraba menos de lo que dura un suspiro.

Defteros se adentró sin decir nada, dejando reposar las llaves sobre el mueble del recibidor y echando una ojeada de refilón a Aspros, que se encontraba en el salón, medio recostado en el sofá e inmerso en alguna profunda conversación a través del teclado táctil de su móvil. Su primera intención fue pasar como si fuera una sombra, obviando la presencia de su hermano y la escrutadora mirada que éste le dedicó desde la distancia.

Ya casi había alcanzado el pasillo que le conduciría hacia su habitación, cuando la irritante voz de Aspros llenó el piso.

- ¿Ya ni siquiera saludas cuando entras en casa?

Defteros se detuvo, apretando la mandíbula y cerrando los ojos mientras un sonoro suspiro intentaba diluir la incipiente rabia que había empezado a nacer dentro de él. Su primera intención, hacer caso omiso a Aspros, así que reanudó sus pasos, pero la voz de su hermano se empeñaba en insistir.

- Defteros...¡Te estoy hablando!

Aquí ya no pudo más. Su paciencia se agotó. Su capacidad mental entrenada a consciencia para pasar de todo...para pasar de Aspros...se esfumó por completo.

- Ya te he escuchado...- Respondió entre dientes, masticando las palabras, sin regalarle ni una pizca de correspondencia con su mirada.

- ¡Pues responde!

- ¡¿Y por qué tengo que hablar ahora?!- Exclamó al fin, dándose media vuelta y apoyándose con ambas manos en el respaldo de una silla, mirando a Aspros con furia mal contenida impresa en su fruncida mirada.- Ah, claro, ya lo entiendo...- Añadió, paseando su vista alrededor, como si buscara encontrar algo y utilizando un tono de desdén.- Ahora puedo hablar porqué no hay nadie de tu preciado círculo de amigos que me pueda ver ¿no?- Aspros enmudeció de golpe, no esperando tal reflexión salir de los labios de Defteros, que seguía mirándole con dureza.- ¡¿Qué carajo quieres que te diga?! ¡Venga, aprovecha el momento, ahora no hay nadie que pueda escuchar mis supuestas sandeces!

La mirada de Aspros se limitó a estudiarle en la distancia, reparando en unas manchas que se esparcían por todas las andrajosas ropas que cubrían a Defteros.

- Defteros...estás manchado de sangre...

Defteros se quedó paralizado un segundo, antes de soltarse de la silla y mirarse sus propias ropas, dándose cuenta de un detalle en el que no se había fijado hasta ese preciso momento.

- Esta sangre no es mía.- Respondió al fin, con frialdad, mostrando la intención de irse de allí para evitar entrar en un bucle sin salida.

Con una celeridad casi sobrenatural, Aspros se alzó del sofá y le detuvo, agarrándole con fuerza por el brazo y obligándole a enfrentar sus miradas.

- Si no es tuya...es que es de alguien más...

- ¡Pero qué sagaz que llegas a ser, hermanito...!- Le espetó Defteros, soltándose de su agarre de un brusco tirón.

- ¿Entonces de quién es?

- ¿Acaso te importa?- Dijo, dándose media vuelta y sabiéndose detenido otra vez por el contacto de Aspros, que le obligó a encararle de nuevo.

- ¿En qué andas metido?

- En nada que deba preocuparte...

- ¡Y una mierda, Defteros!- Exclamó Aspros, a punto de perder del todo los pocos papeles que le quedaban.- ¡Hace días que te comportas de manera extraña!- Continuó, posando ambas manos sobre los hombros de Defteros, anclándolo contra la pared para evitar su huida.- Casi no duermes en casa, menos aún pisas estas cuatro paredes, desapareces por la mañana y no te acuerdas de volver...¡y ahora ésto!- Añadió, observándole de arriba a bajo para reafirmarse en las obviedades que su aspecto delataba en silencio.- ¡¿En qué asuntos turbios andas metido últimamente?!

Defteros había bajado la mirada, buscando ocultar su rostro detrás de los mechones de su largo y desaliñado cabello, mordiéndose con rabia el labio inferior al tiempo que trataba de controlar una respiración que amenazaba en soltar la bestia de su furia de un momento a otro.

- ¡Dime, carajo! ¡¿Te has peleado con alguien?! ¡¿Es un asunto de drogas?!- Insistió Aspros, zarandeándole por los hombros, buscando clavar su idéntica mirada sobre los esquivos ojos de su igual.- Por favor, Defteros...- Continuó rebajando su tono y aflojando la presión que sus manos ejercían sobre los abatidos hombros de su hermano.- No te voy a juzgar...pero necesito saber en qué líos andas...

Una intensa inspiración llenó el pecho de Defteros, que lentamente soltó el aire por la nariz, inspirando de nuevo y volviendo a vaciar sus pulmones con calma, como si buscara hallar algo de compostura entre la maraña de rabia y frustración que le despertaba la desconcertante actitud de Aspros hacia él.

- Mira Aspros...- Dijo al fin, alzando la mirada medio borrada por la cortina de cabellos que se empeñaban en cubrirla.- Ayer quise contártelo, y no me diste opción.

- Ayer no era buen momento...- Respondió Aspros, aceptando su turno de bajar la mirada.

- ¿Por qué? ¿Es que ahora has marcado horarios adecuados para poder hablar conmigo, como haces con tus alumnos? ¿Tanto te avergüenzas de mí?

- No me avergüenzo de ti...

- Pues nadie lo diría, Aspros...Me trataste como un imbécil delante de tus amigos...¡Y te regocijaste en ello!- Un empujón en el pecho de Aspros hizo que éste se apartara unos centímetros, bajando sus brazos y dejando libre a Defteros, que en contra de sus suposiciones, no se movió.

- Ayer estaba cabreado contigo...

- Ayer...y antes de ayer...y la semana pasada...y hoy...y mañana...

- ¡Basta Defteros!

- ¿Acaso me equivoco?- Aspros seguía con la mirada gacha, posada sobre las manchas de sangre que se esparcían por todos los jeans de Defteros.- Sé que no soy perfecto, como a ti te gustaría. Pero no soy mala persona. Y esta sangre no es de ninguna pelea. Así que deja de mirarme de esta manera y de imaginarte cosas que no son.

- Lo siento, Defteros...- Dijo Aspros al fin, volviendo a alzar la mirada.- Sé que no me estoy comportando de manera comprensiva contigo últimamente.

Un leve suspiro, sin cortar el mudo diálogo que se ofrecían las miradas, sirvió para que Defteros aplacara un poco la rabia que le había despertado esa repetida situación.

- Al menos lo reconoces...- Murmuró, no sabiendo del cierto si las palabras elegidas habían sido las más adecuadas para calmar el fuego abierto entre los dos.

- Hagamos un pacto.- Aspros habló con tranquilidad, esforzándose en parecer calmado y accesible. Y en el fondo, deseando sinceramente conseguirlo. Defteros le estudiaba con reservas, pero no dijo nada, esperando que su hermano aclarara las condiciones del trato que iba a proponer.- Tú vas y te tomas tu tiempo para asearte...que falta te hace...y mientras, yo preparo la comida.- Ambos se aguantaban la mirada, y Defteros seguía a la expectativa.- Y luego, nos sentamos juntos a comer, y hablamos. Sin prejuicios ni reproches. ¿Crees que seremos capaces de conseguirlo?- Concluyó Aspros, observando a Defteros aún con su ceño fruncido, pero aparentemente algo más relajado.

- Sin prejuicios ni reproches...- Repitió Defteros, suavizando las líneas que conformaban su rostro.- No suena mal del todo...

- Te prometo que no me alteraré, y que escucharé todo lo que tengas que decir.- Una casi imperceptible sonrisa adornó los labios de Aspros por un instante.

- Está bien...acepto el trato.- Respondió Defteros, permitiéndose ladear los labios en otra media sonrisa de rendición.

- ¡Pues anda! ¡Ve a ducharte, que hueles a guarida de tigre!- Exclamó Aspros, propinándole un leve y extrañamente amigable toque en el hombro antes de dirigirse a la cocina y ponerse manos a la obra con los fogones, que no dominaba mal, pero que en hermético secreto sabía que no lo hacía tan bien como Defteros cuando se ponía en serio frente a ellos.

Defteros se internó en el baño, intentando hallar alguna explicación que iluminara el por qué del repentino cambio de actitud de Aspros. Luchando para quitarse de la cabeza, y del cuerpo, las extrañas sensaciones que Asmita había despertado en él. Muy a su pesar, no podía dejar de pensar en las corrientes eléctricas que los inocentes dedos de Asmita habían mandado recorrer cada uno de sus nervios, maldiciendo la propia naturaleza humana, que se encargaba de volver a dominar su cuerpo en contra de su más firme voluntad. El agua caía caliente sobre él, empapándolo por completo, pero sin conseguir aplacar un fuego que insistía en arder en su interior. Ambas manos se habían apoyado contra la pared, y había agachado la cabeza, con los ojos cerrados, dejando que el agua jugara a inundar sus largos cabellos azules, que se desparramaban como cascadas alrededor de su rostro y espalda, al tiempo que notaba un tórrida quemazón invadir su bajo vientre. No quería abrir los ojos. No quería descubrir su nueva y revivida excitación a la espera que algo decidiera satisfacerla.

- Por todos los dioses, Defteros...¿Cómo puedes sentirte así?.- Masculló entre dientes, incapaz de visualizar la evidencia que se había despertado en su cuerpo.- Es un hombre...¡¿Desde cuándo te pone así un hombre?!

El ardor en su entrepierna cada vez era más punzante, y no le quedaban muchas opciones para poner remedio a ese inoportuno despertar del deseo, que con impaciencia demandaba ser saciado de una vez por todas.

Lentamente posó su mano derecha sobre su abdomen, y la fue deslizando hacia abajo, debatiéndose entre auto-satisfacer esa necesidad o otorgarle el tiempo necesario para que ésta desapareciera por sí sola. Pero no parecía haber muchas posibilidades que ocurriera ésto último. Su mente no cesaba de recrear las sensaciones que habían impreso las manos de Asmita sobre su piel, y maliciosamente jugaba en disfrazar su propio tacto con el supuesto tacto de Asmita, otra vez, recorriendo senderos que esa misma mañana no se habían atrevido a explorar.

- Maldita sea...es un hombre...¡Asmita es un condenado hombre!

Antes que su propia mano llegara siquiera a rozar su expectante miembro, su mente fue capaz de reordenar unos desencajados comandos que hicieron que la posara sobre la manija del grifo y que lo girara del todo hasta la derecha, accionándolo al completo y apretando los dientes para prepararse a recibir una descarga de agua helada que sirviera para llevar a cabo lo que su mano no se había atrevido a perpetrar. Acabar con el maldito ardor que le quemaba por dentro y que le propiciaba unas fantasías que no debían tener lugar.

Por mucho que mentalmente se preparara para el momento, no pudo contener un ahogado grito que escapó de su garganta al tiempo que la fría cascada de agua empezaba a enfriar su cuerpo, cortándole la respiración por unos eternos instantes, hasta que su cuerpo se fue acostumbrando al brusco cambio de temperatura, y así acabar con la maldita erección que la viva imagen de Asmita se había propuesto fabricar.

Finalmente, la decisión tomada pareció funcionar, y una vez acostumbrado a la frescura del agua, Defteros siguió con su aseo sin cambiar la temperatura de su baño. Cuando salió, se dirigió a su habitación y empezó a vestirse, eligiendo unos vaqueros negros y rasgados a la altura de la mitad de los muslos, y que carecían de cremallera, sustituyendo la función de ésta una colección de botones que hacía tiempo que habían perdido al botón que presidía la fila. Luego rebuscó entre sus camisetas y se hizo con una de Metallica, que se llevó con él en la mano hacia el salón.

Una vez en el comedor, Aspros ya había preparado una deliciosa Musaca, un plato tradicional griego consistente en una base de berenjena sofrita en aceite de oliva, luego una capa de carne de cordero machacada con tomates también triturados, y la última superior de bechamel, gratinado al horno para finalizar la cocción.

Defteros, que había aparecido medio vestido, aún con la camiseta en la mano, se quedó plantado frente a la mesa, sorprendido por la dedicación de Aspros en elaborar un plato que nunca se le había dado muy bien, y que hacía años que se resistía en probar.

- Defteros...¿te has dado cuenta que falta un botón a tus pantalones?- Dijo Aspros cuando apareció al salón, cargado con los vasos y cubiertos necesarios para la ocasión, después de echarle una rápida ojeada a su hermano, que parecía recién nacido al mundo de nuevo.

- Ah...sí...ya lo sé. Pero es que me dan suerte estos jeans...y esta noche vamos a necesitar mucha.- Respondió Defteros, con aire distraído mientras se enfundaba la negra y descolorida camiseta y se fijaba en el plato preparado por Aspros, que olía más que bien.- Has hecho Musaca...

- Sí. Hacía tiempo que tenía ganas de comerla. Aunque no me sale tan bien como a ti...- Respondió Aspros, apoyando las manos sobre sus caderas mientras estudiaba el aspecto que presentaba su recién obra culinaria.

- A mamá le encantaba...

- Bueno...¿comemos?.- Le cortó Aspros, sentándose a la mesa y descorchando una botella de vino rosado que hacía tiempo que estaba olvidada en la nevera.- A todo ésto...¿que te ha pasado en el baño que has metido tremendo grito?

Defteros le había imitado en sus movimientos, tomando asiento frente a él, y al escuchar tal pregunta no pudo evitar en llevarse una mano a la cabeza y alborotarse el cabello con aire de no saber muy bien qué responder, ya que la verdad no tenía cabida en ese momento.

- Ah...nada...que he decidido ducharme con agua fría para hacerme pasar un poco la resaca...- Mintió descaradamente.

- Así tomar vino no es buena idea...

- No te preocupes, ya estoy bien. Un buen choque de agua fría lo arregla todo.- Continuó mintiendo mientras observaba como Aspros llenaba los dos vasos hasta la mitad.

- ¿Me vas a contar todo lo que está pasando últimamente?- Inquirió Aspros, al tiempo que cortaba un par de rebanadas de pan y le ofrecía una a Defteros, que aceptó y le pegó un mordisco antes de probar el plato que había cocinado su hermano.

- Me has dicho que no te ibas a enfadar...

- Lo prometo.

Defteros suspiró profundamente, buscando las fuerzas necesarias para contar algo que iba a enfurismar a Aspros, aunque éste le hubiera prometido no caer en su rabia fácil.

- Está bien...Empiezo, y tú te callas hasta que haya terminado.- Aspros asintió, observando como Defteros buscaba valor en cualquier sitio menos en su directa mirada, que al cabo de unos segundos encontró correspondencia en los azules ojos de su hermano.- El otro día me multaron por fumar marihuana en la calle.- Dijo Defteros, sin perder detalle en la decepción que se imprimió en cuestión de milésimas de segundo en los ojos de Aspros.- Y me arrestaron porqué me opuse a la policía...

- Defteros...

- Has dicho sin prejuicios ni reproches.- Le cortó, apuntándole con el tenedor que estaba a punto de anclarse a un pedazo de la deliciosa Musaca.

- Está bien...sigue.- Dijo Aspros, llevándose un bocado de comida a la boca, saboreándola sin perder la atención del rostro de su hermano.

- Me tuvieron una noche en el calabozo y me soltaron a la mañana siguiente, a la espera de la celebración de un juicio rápido para zanjar el tema.- Aspros masticaba con lentitud mientras esperaba que Defteros tragara el pedazo de Musaca que ocupaba su paladar.- Como no tenía ganas de verte ni de darte explicaciones, los dos días siguientes dormí en el local de ensayo de Radamanthys, esperando el juicio.- Prosiguió Defteros, arrojando luz a la súbita desaparición que había perpetrado la última semana. Aspros no podía dominar del todo la consternación que le producía escuchar el relato de su hermano, pero se abstuvo de puntualizar nada.- Y cuando llegó el juicio y me dijeron la cantidad de dinero que se tenía que pagar esta vez, por ser reincidente, lo cambié por trabajos comunitarios a la sociedad.- Concluyó Defteros, con una naturalidad que no sabía de dónde había salido, y que sorprendió a partes iguales a los dos.

- ¿Trabajos comunitarios?- Preguntó Aspros.- ¿A tanto ascendía la multa para no habérmelo dicho?

- Te prometí que éso no volvería a suceder...y te fallé. ¡No podía permitir que pagaras con tu sueldo mis estupideces!- Exclamó Defteros, antes de pegar otro bocado a la deliciosa comida que se estaba extinguiendo con rapidez frente a él.

- ¿A cuánto ascendía...?

- A seiscientos euros...

- ¡¿Pero qué narices...?!

- ¡Por éso accedí a hacer trabajos sociales!- Se defendió Defteros, sin dejar que Aspros terminara su exclamación de sorpresa, o condena, o un poco de ambas.

- ¿Y qué trabajos haces?

- Pues básicamente tengo que acompañar por la calle a un chico que es invidente y que todavía no se sabe mover muy bien por él mismo, ya que su ceguera, por lo que he descubierto, es relativamente reciente.

- ¿Y la sangre?- Insisitió Aspros, ansioso de aclarar algo que no le parecía que tuviera buena pinta en absoluto.

- Pues la sangre es de este muchacho...Tuvo un accidente en su casa y se cortó al caérsele unos vasos y platos al suelo. No sabía a quién acudir y me llamó a mí. Fui y le curé las heridas...ahí debí mancharme, aunque no me di cuenta de ello hasta que lo has hecho tú.- Aspros parecía digerir las palabras de Defteros, tratando de encontrar la lógica en su relato.- La sangre viene de ésto, Aspros...es la verdad. Debes creerme.- Aspros se había sumido en una repentina seriedad que no dejaba de estudiar a Defteros en la distancia que les ofrecía la extensión de mesa que se interponía entre ellos.- ¡No soy un puto ionqui! ¡No estoy metido en problemas de drogas!

- Pero las consumes...

- ¡Ya estamos otra vez!- Exclamó Defteros, soltando de un golpe el tenedor sobre la mesa, temiendo perder los nervios que habían despertado de nuevo dentro de él.- Que consuma maria de vez en cuando no me convierte en un drogaadicto, Aspros...y desearía que algún día lo pudieras entender.

- Nunca debiste introducir ésta mierda en casa, Defteros...

- ¡¿Dónde ha ido tu intención de no hacer reproches?!- Exclamó Defteros, ya un poco exasperado por la eterna repetición del mismo tema.- A mamá le ayudaba con los efectos secundarios de la quimioterapia...le suavizaba las náuseas y le evitaba vomitar tan seguido...

- ¡Pero tú no estás enfermo de cáncer, maldita sea! ¡A tí no te hacen quimio para nada, así que la consumes por vicio!

- Aspros...¿acaso te acuerdas de lo que sufrió mamá? ¡Si podíamos hacer algo para aliviarle el sufrimiento, pues se hacía, y punto!

- Si podías hacer algo querrás decir ¿no?

- No sé a dónde quieres llegar, Aspros...

El ambiente ya se había vuelto a tensar, como siempre ocurría cuando ambos compartían algo más de media hora juntos en un mismo lugar. Aspros había dejado de comer, y Defteros apretaba la mandíbula con mal disimulada impotencia frente a una situación por la que ya hacía tiempo que no tenía fuerzas para luchar.

- Venga...dilo...¡Dilo de una vez!- Le espetó Aspros, de repente.- ¡Di lo que te quema por dentro! ¡Acúsame abiertamente de no haber hecho nada durante la enfermedad de mamá!

Una repentina aceleración en la respiración de Defteros delataba que la paciencia empezaba a abundar por su ausencia, pero aún así, batalló para contener una ira que no debía manchar un momento que habían empezado a construir tranquilos y con cierto destello de antigua camaradería.

- No voy a decir algo que no creo sólo porqué tú tengas la necia necesidad de escucharlo corroborado por otra voz que no sea la de tu propia consciencia.

La voz sonó fría y firme, pero sin ningún atisbo de acusación. Y Aspros quedó desarmado en un segundo, no sabiendo cómo replicar una sentencia que Defteros le había lanzado desde la más profunda sinceridad de su ser. Aspros dejó los cubiertos sobre la mesa y se guardó un puño dentro de la otra mano, apoyando los codos sobre la mesa y alzándolas hasta llegar a permitir que su rostro se apoyara en ellas, evitando a toda costa encontrarse con la serena y profunda mirada que Defteros le regalaba desde la seguridad de la distancia que la madera imprimía entre los dos.

- Aspros...deja de sentirte mal por éso...- Añadió Defteros, alargando el brazo y apoyándolo sobre el de Aspros, apretándolo amigablemente durante unos instantes.- Tú eras brillante con los estudios...acababas de matricularte en la carrera de tus sueños...¿Cómo iba a permitir, yo, que no tenía ningún futuro claro, que sacrificaras el tuyo por algo que podía hacerme cargo yo solo?

Por un momento, los ojos de Aspros parecieron rendirse a algo semejante a la tristeza y emoción, aunque su orgullo se encargó que las muestras no fueran más allá de un ligero titilar de sus pupilas, un poco más humedecidas de lo normal.

- Debí estar a tu lado, Defteros...- Dijo Aspros al fin, atreviéndose a devolver su acuosa mirada a su hermano, aparentemente calmado y paciente al otro lado de la mesa.- Debí haber estado a vuestro lado...y no lo hice...

- No todo el mundo afronta el dolor de la misma manera, Aspros...Tú debías brillar en lo que se te daba bien...alcanzar tu sueño...Y lo hiciste.

- Aún así...¿con qué derecho me labré un futuro al margen de mamá y de ti?

- Nosotros estábamos contentos de verte avanzar desde nuestra posición. Mamá siempre estuvo orgullosa de ti.

Un silencio, construido desde un profundo dolor compartido, aunque asimilado de diferentes maneras, se apresuró a invadir un espacio que siempre se acababa presentando pesado y costoso de respirar.

- ¿Y tú?- Preguntó Aspros, temiendo la respuesta.

Defteros no se esperaba tal interrogativa, y se tuvo que otorgar unos momentos para hallar el camino y poder reconducir la conversación hacia otros lares menos hirientes para ambos.

- ¿Sabes Aspros...? A veces me pregunto cuándo dejamos de ser hermanos tú y yo...

Sin pensarlo, Defteros alargó el brazo y se hizo con una fotografía que hacía años que dormía en el mueble del televisor, que se hallaba a escasos palmos de él. En la fotografía se veían a ellos dos, con veinte años de edad recién cumplidos, uno a cada lado de su madre, que volvía a lucir un débil cabello nacido desde la rendición de los tratamientos de quimioterapia para su cáncer, que inevitablemente había hecho metástasis y ya no tenía otro fin que esperar el momento de la última visita. La escena inmortalizada en esa imagen era la del último cumpleaños de su madre, y la sonrisa de ella era la única que se vislumbraba sincera. Las sonrisas que mostraban Defteros y Aspros obedecían a una auto-impuesta alegría que nacía desde las más veraces ansias de hacer feliz a alguien que ya no tenía mucho tiempo para recordar en qué consistía éso llamado felicidad.

La mirada de Defteros se humedeció al posarse sobre esa imagen y recordar los tres largos años de tratamientos y sufrimientos que llenaron esas cuatro paredes que ahora cobijaban las densas oscuridades de ambos.

- Creo que aquí aún lo éramos...- Añadió, ofreciéndole la fotografía a Aspros, que la tomó entre sus manos con dedos temblorosos.- Después...cuando ella se fue...empezamos a olvidarnos de lo que una vez fuimos.

- Yo siempre he velado por tí, Defteros...desde que ella nos dejó, siempre me he hecho cargo de ti...- Se defendió Aspros, llevándose de su mejilla una traicionera lágrima antes que ésta se atreviera a probar más porción de su piel.

- No se trata de velar o no velar, Aspros...- Dijo Defteros, perdiendo su también acuosa mirada sobre la mesa, sin fijarla en ningún punto físico en concreto.- Se trata de compartir...- Sentenció, alzando al fin la vista y buscando la inundada mirada de Aspros.- ¿Cuánto hace que no hacemos nada juntos?

- Estamos comiendo juntos.- Se volvió a justificar Aspros.

- ¡No quiero decir ésto! ¡Ya me entiendes!- Se desesperó Defteros, ante la barrera defensiva que había levantado Aspros.- Me refiero a cuánto tiempo hace que no compartimos una cerveza juntos..¿Cuánto hace de la última vez que nos emborrachamos mano a mano? ¿O que nos reímos de estupideces hasta dolernos el estómago? ¿O que me cuentas cómo te van las cosas en el instituto? ¿O que te interesas por mi banda?...¿O que vamos juntos al cementerio a verla?

Aspros había ladeado la mirada, buscando huir del derroche de sinceridad que Defteros estaba vertiendo sobre él, impotente y retraído frente a la gran verdad que Defteros acababa de destapar.

Una par de lágrimas más osaron escapar de la azul mirada de Aspros, que volvió a borrarlas con toscos roces del dorso de su mano sobre la piel de sus mejillas, sintiéndose abatido. Pequeño. Y frágil.

- Aspros...sólo desearía que pudiéramos volver a ser hermanos algún día. Sin reproches y con aceptación de nuestras virtudes y defectos...

Con recíproca sinceridad...

#Continuará#