Capitulo 12.
-Sube al coche.-Ordenó la voz con la puerta del copiloto abierta. Me sentí protegida, como si estuviera en mi casa. Era Edward.
Me puse el cinturón corriendo. Solo por si las moscas. Mi salvador salió del coche a enfrentarse con los dos hombres que me habían atacado.
Le tenían miedo.
-¡Perdona chaval! No sabíamos que estaba pillada…-Escuché un rugido que me hizo estremecerme. Edward les cogió del cuello y los levantó a cada uno con un brazo. Estaba furioso. Salí del coche corriendo, no quería que sucediera algo del que se pudiera arrepentir después.
-¡Edward, para! –No me hizo caso los seguía sujetando. Los hombres no paraban de pedir perdón.
-¡Para!-Le giré la cara para que me mirase.-Edward, para por favor… Déjalos, lo mejor es ir a la policía.-Le dije con la más tranquilidad que me salió. Los soltó y me puso su sonrisa torcida que tanto me gustaba. Me indicó que me metiera al coche. A su volvo plateado. Aunque seguía temblando estaba muchísimo mejor gracias a él.
Me metí rápidamente. Los hombres se fueron corriendo en la moto haciéndome un gesto de disculpa.
-Asquerosos –Dije en voz alta. ¿Dónde se había metido Edward? Estaba en el parque recogiendo algo… Por fin vino, corriendo en forma humana. Supuestamente yo no sabía nada de su secreto.
-Lo siento.-Dijo. Me quede sorprendida.
-¿Qué sientes? ¿Haberme salvado la vida otra vez?-No me lo podía creer, era imposible que se arrepintiera.
-Claro que no, boba. Que me hayas tenido que ver así.
-Me da igual como estabas físicamente. Lo importantes es que estabas aquí, en el momento oportuno. No se como agradecértelo. Te debo dos vidas. Pero solo te puedo dar una. ¿La quieres?-Dije en tono de broma. Se rió el lo estaba viendo de otro modo.
-Deni, no me debes nada y mucho menos tu vida. –Conducía rápido. ¿Sabría donde estaba mi coche? Era obvio que si. Era perfecto.
Me cogió la mano derecha, estaba viendo la pulsera. Noté como me ponía roja de vergüenza.
-¡Qué ironía! –Se rió.-Que sepas que todo eso es un mito.
-Esta bien saberlo.-Le contesté. Poniendo los ojos en blanco. ¿Podía ser más perfecto?
-¿No me pides explicaciones? –Me pregunto preocupado.
-¿Debería?-No se las iba a pedir. No quería que me dijera su secreto. Se lo tiene que decir a Bella.
-Has visto demasiadas cosas extrañas, ¿no te pica la curiosidad?
-Sinceramente no. Me basta con que me hayas salvado, simplemente. –Hay se acabo la conversación. Llegamos a mi camioneta, que tenía el depósito lleno. Algo extraño pero de momento no le pregunté.
-Edward, gracias por todo.-Me puso su sonrisa torcida y hay me rendí. No podía ocultarlo, me gustaba y mucho. Le di un beso en su helada mejilla, era tan humano que se me olvidaba que se estaba controlando para no matarme. Notaba mariposas por mi estómago y mi corazón palmitar rápidamente.
-Te han dejado marcas en el cuello.-Dió un golpe a su coche frustrado aunque sin dejarle ningún rasguño.
-Da igual. -Le dije despreocupada.
-Nos vemos mañana. Me gusta mucho tu pulsera. –Me cogió otra vez de la mano y empezó a tocarla. Deseaba tanto decirle la verdad pero no tenía pruebas ya que el libro había desaparecido. ¿Qué podía hacer? Nada. Todo me salía mal. Tal vez estaba destinada o no a ser el papel equivocado que me ha tocado.
-¿Has llenado tú el deposito? –Pregunté para cambiar el tema.
-Si…-Dijo avergonzado. –Debes irte, tu padre te castigara si llegas tarde. –Me dijo abriéndome la puerta de la camioneta. Era tan caballeroso.
-Tienes razón. Gracias otra vez.
-Si vas a decirme otra vez gracias la próxima vez no te salvo. –Dijo riéndose.
-No creo. Eres muy protector.-Le aclaré agachando la cabeza por la vergüenza.
-Me siento demasiado protector contigo. Siento que peligras cada cinco minutos y creo que es verdad. Por eso te acompañaré a tu casa.-Intentó ponerse serio.
-No, me vas a perseguir con tu coche. Más bien que protector lo veo más de psicópata. –Entré a mi coche y me hizo gestos de que me iba a perseguir por si acaso. Cuando llevé varios kilómetros se me pinchó una rueda. Me baje y no supe que hacer. Menos mal que Edward estaba allí.
-Lo sabía.-Dijo riéndose a carcajadas.
-Seguro que la has pinchado tú. ¿Ahora que hago?-Dije con preocupación soplando un mechón de pelo que me caiga por la frente.
-Sube al coche. Llamaré a Rosalie para que arregle tu coche y Emmet te lo lleve a casa.-Hizo lo mismo que con mi coche, me abrió la puerta muy caballerosamente pero esta vez el asiento del copiloto. Rosalie arreglándome el coche eso no se lo creía ni él.
-Lo tenías todo planeado.-Intentaba ser graciosa aunque me salió una rama de cabreo.
-¿Prefieres ir andando hasta Forks? –Le negué con la cabeza. Entré al volvo plateado era muchísimo mejor que mi coche a donde iba parar. Me sentía tan cómoda ahí. Con su presencia y con el cómodo asiento de su coche. Tenía frío y él lo noto. Me puso su chaqueta por encima de mis hombros estaba helada pero tenía su buena olor y eso era maravilloso. Tenía hambre y sacó de un cajon del gran coche una bolsa de patatas fritas. A veces pensaba que me leía el pensamiento. Nadie hablaba y yo puse mi cabeza en su hombro. Me rendí en todos los sentidos. Lo quería conmigo eso estaba claro y me dormí apoyada en él. Cuando abrí los ojos estaba en el sofá de mi sala de estar con mi padre sentado en el sillón viendo la tele.
-Hola, ¿conoces a los Cullen?-Me preguntó mi padre nada más abrir los ojos pero yo no tenía la cabeza para explicaciones y menos del vampiro bueno que me gustaba.
-Si, vamos juntos a clase de biología. –Sabía perfectamente a que parte de los Cullen se refería.
-Te trajo dormida a casa. No quiero pensar en lo que te haya podido hacer.-Me senté en el sofa. No podía creer lo que me decía.
-¡Papá, solo somos amigos! Fui a una librería de Port Angeles a buscar el libro que necesitaba para el instituto y cuando regresé se me pinchó una rueda del coche. Dio la casualidad de que Edward y su hermano mayor pasaron con su coche y me vieron. Su hermano se puso a arreglar mi coche y Edward me trajo a casa.
-Ah. Bueno, eso cambia las cosas.- Era la mentira que mejor me salió en toda mi vida. Bueno, aunque técnicamente no era una mentira solo ocultaba la verdad. Pero no se lo podía decir. Me fui rápidamente a la cama, tenía mucho sueño, aunque no antes sin encontrarme mi nuevo libro que no sabía ni donde lo había dejado y una flor roja encima de la cama.
En el otro capitulo me confundí en lugar de decir callejones quería decir edificios :D
Besos a todos los reviews y a todos por leer este fic :D Gracias es lo único que puedo decir.
