Cap. 13: Una lunática forma de saber la verdad
— ¿No me diga?— contestó Severus en un murmullo, apretando las mandíbulas hasta chirriar los dientes y sintiendo cómo la mejilla le palpitaba por el golpe—. Es una lástima que no me importe lo más mínimo lo que usted sienta o deje de sentir por mí.
Hermione lo miró durante un instante más sin añadir nada. En el silencio del pasillo, sólo se escuchaban sus rápidas respiraciones. Por un momento, la chica tuvo ganas de olvidarse de todo y comerle la boca para que no siguiera diciendo esas cosas que la herían tanto. Pero no hizo nada. «No puedo hacerlo. Si lo beso ahora, me dará igual todo, me olvidaré de cómo están las cosas... Tengo que alejarme de él... para siempre». Y echando mano de toda su fuerza de voluntad, se dio la vuelta y se marchó, perdiéndose en las sombras del castillo. Snape se quedó donde estaba sin mover ni un músculo. Se había ido, sin más. Acababa de decirle que le daban igual sus sentimientos, y en vez de ponerse hecha una fiera, se había largado. No le había reclamado nada. «¿Eso es todo lo que te importa lo que te he dicho, Granger? ¡Perfecto! ¡No, más que perfecto! A ver si así de una vez dejo de pensar en tonterías y me concentro en lo verdaderamente importante. Espero que Weasley y tú seáis muy felices». Y él también tomó rumbo a su sala común, deseando caer en sus sábanas y pidiendo que los brazos del dulce sueño lo atrapasen e hicieran olvidar el día que había vivido.
Y así, con tanta determinación y tanta voluntad de alejamiento, pasaron los días, y las semanas... hasta llegar a los tres meses. Llegó diciembre, con su manto blanco, su frío acostumbrado y su ambiente navideño. Hermione se había implicado mucho en su relación con Ron, intentando establecer un equilibrio entre lo que todavía sentía por Snape y lo que quería sentir por Ronald. Durante los últimos meses, ella y su ex profesor se habían cruzado en contadas ocasiones, y en ninguna de ellas se habían dirigido la palabra. En clase, ni se miraban. Esto había logrado calmar la exaltación de la primera fase de enamoramiento, y permitía mantener dormido el ardor de la segunda. Cualquier persona que los viera, pensaría que ni se conocían.
Severus, por su parte, había vuelto a sus orígenes de frialdad y amargura. En esos momentos, realmente parecía Severus Snape en todo su potencial. Había renunciado ya a intentar integrarse en el grupo de Malfoy, y ahora vagaba solo, con un libro siempre en la mano, como un meditabundo de mal humor. Todos los días se le hacían igual de tormentosos, se aburría mucho, y no soportaba ver a Weasley besando a Granger por los pasillos como si le perteneciera en régimen de exclusividad. Cuando por casualidad se los encontraba, cerraba los puños y apretaba el paso, mirando hacia el suelo y esperando que no se le notasen los celos impíos que le devoraban el corazón. Aunque de un tiempo a esta parte, había conseguido dominar muy bien sus emociones. Ya era capaz de mirarlos en pleno morreo sin que ningún tipo de expresión se apareciese en su cara.
Con todo lo que fingían, sin embargo, eran desdichados. Ninguno podía olvidarse completamente del otro, y aun inconscientemente, se buscaban por el colegio. En alguna ocasión, uno había descubierto alguna mirada furtiva del otro, o se habían rozado el hombro al cruzarse en un pasillo.
Ese día prometía ser igual de tedioso que los demás. Severus, harto de remover la tostada en su plato y de escuchar la risa de Weasley en la lejanía, cogió sus cosas y se levantó de la mesa de Slytherin, saliendo del Gran Comedor. En la puerta, se chocó con unos alumnos de Gryffindor de quinto año con los humos bastante subidos, y los libros que llevaba en los brazos se le cayeron al suelo. Farfullando entre dientes y memorizando los nombres de cada uno de los chicos por si en un futuro podía ponerlos en su lugar, se agachó a recogerlos. De repente, unas pálidas manitas aparecieron a su lado, ayudándolo a coger las cosas. Miró a su derecha y vio a una curiosa muchacha rubia de ojos claros y blanca piel, que tenía aire de vivir entre dos mundos. «¡Lunática Lovegood! ¿Qué demonios...?».
—No se lo tengas en cuenta— dijo la chica con voz cantarina—. Están en una edad difícil.
Ambos se levantaron a la vez. Luna le dio los libros que ella tenía a Severus, que la miraba sin saber qué decir.
—Gracias— murmuró entre dientes, casi contra su voluntad.
—Soy Luna Lovegood, de Ravenclaw. Tú eres el chico nuevo, ¿verdad?
Severus estuvo tentado de contestar con toda su mala leche, diciéndole que sabía perfectamente quién era y que no necesitaba que lo ayudase a recoger las cosas, pero por alguna extraña razón, se mordió la lengua.
—Sí, hace tres meses lo era...
—Uno nunca deja de ser nuevo hasta que hay alguien que se esfuerza por conocerlo bien. Yo estuve siendo nueva hasta que en cuarto curso conocí a Harry y los demás.
Severus puso una mueca de hastío, deseando acabar con esa conversación. No tenía bastante con ser una especie de hombre maduro en cuerpo de joven, como para tener que aguantar las locuras de una chica... rara. Luna lo sacó de sus pensamientos con una de sus famosas directas.
—Me han dicho que eres muy bueno en Pociones... ¿Podrías ayudarme?
Snape la miró con sorpresa. Por nada del mundo se hubiera imaginado que le preguntaría eso. No supo que contestar.
— ¿Tienes algo que hacer hoy? Bueno, ya sé que es sábado, pero he visto que los fines de semana apenas abandonas la biblioteca...
Sin que él hubiera dicho ni una palabra, la chica lo estaba dejando sin excusas. «¿Y no puedo decir "Porque no me da la gana", y ya?». Luna lo miraba a los ojos sin ningún tipo de titubeo, como si lo que acababa de decir fuese lo más lógico y normal entre los dos. Severus pudo verse a sí mismo negando con la cabeza. La chica sonrió de un modo etéreo.
—Vale, ¿voy a buscar mis cosas y nos vemos en la biblioteca en unos quince minutos?
Snape asintió, y aún seguía asintiendo cuando Luna ya se había marchado. «¡Idiota, Severus! ¿Por qué no le has contestado una de tus borderías y te has marchado, dejándola con la palabra en la boca?». Su conciencia le dio la respuesta. «Porque ella es la única que ha sido realmente amable contigo desde que empezó el curso». El chico bufó y se fue hacia la biblioteca.
— ¿Otra vez volvéis a tener entrenamiento de quidditch?— preguntó Hermione con fastidio—. Ron, ¿cuándo vamos a tener un fin de semana para estar juntos, sin ninguna quaffle de por medio?
—Vamos, Herms, no te lo tomes así. Además, dentro de dos semanas tenemos la excursión a Hogsmeade. Podemos ir al salón de té ese tan cursi que tanto te gusta.
Hermione le dio un suave golpe en el hombro por toda respuesta y se levantó.
—Pues que se os dé bien el entrenamiento. Yo estaré...
— ¡En la biblioteca!— corearon sus tres amigos, para estallar en carcajadas un segundo después.
La chica torció el gesto y salió del Gran Comedor con aire digno. Ron se volvió a Harry y Ginny, sonriendo.
—Creo que nunca he sido más feliz en toda mi vida, chicos.
—No, si se nota— dijo Ginny—. Y más feliz serás cuando...
Harry le dio un suave codazo en las costillas, a la vez que a su hermano se le ponían coloradas las orejas.
Tres horas habían transcurrido desde que Severus miró el reloj por última vez. Siendo sinceros, el tiempo se le había pasado volando. Para variar, había estado durante la mañana del sábado con alguien. Luna había resultado ser una alumna aplicada e inteligente, pero tenía que admitir que las Pociones no eran lo suyo. Aunque en el tiempo que llevaban juntos, había conseguido corregirle una serie de errores base, haciendo que la chica los borrase de su memoria y los cambiara por otros nuevos, rotundamente correctos. ¿Cómo es que nunca se había dado cuenta del talento de esa chica estando en clase? «Pues, básicamente, porque nunca te has tomado el tiempo ni la molestia, Severus».
—Creo que ya lo he entendido. El bezoar es útil para curar todo tipo de venenos, incluso los más peligrosos.
—Ajam— asintió el chico, con la cabeza apoyada en su mano.
— ¡Perfecto!
Dicho esto, empezó a recoger todas sus cosas, ante la sorpresa de Snape, que la miró con una ceja enarcada.
—Bueno, me voy ya. Tengo que dar de comer a los Torposoplos. Si no, se me meterán en los oídos cuando me acueste, y mañana me levantaré con la cabeza embotada. Muchas gracias por tu ayuda, Severus.
Cuando el ex profesor de Pociones se percató de cómo lo había llamado, la chica ya había llegado casi a la salida. Se puso en pie precipitadamente y corrió hacia ella, provocando un mal gesto de la señora Pince, la bibliotecaria. Alcanzó a Luna justo en la puerta, y la agarró del brazo para se detuviera.
— ¿Cómo... me has llamado?— preguntó en un susurro.
La chica se dio la vuelta hacia él y lo miró como si acabara de decirle que le gustaban sus zapatos.
—Severus. Así te llamas, ¿no?
Snape la observó, atónito y sin saber qué responder.
—Eres nuestro profesor de Pociones. Te noto muy rejuvenecido— añadió, como si el hecho de que Severus hubiera vuelto a ser un adolescente, fuera lo más normal del mundo.
Mirando a los lados, y esperando que no los hubiera escuchado nadie, se acercó a Luna con aire confidencial.
—Verá, señorita Lovegood...
—Puedes dejar a un lado los formalismos, Severus. Ahora tenemos la misma edad.
Semejante respuesta le cortó el hilo a Snape de lo que iba diciendo. A regañadientes, se corrigió.
—Verás, Luna... Tienes razón, yo... soy Severus Snape. Pero de esto no puede enterarse nadie— se apresuró a añadir—. Por favor, prométeme que no dirás ni una palabra.
— ¿Y por qué iba a hacerlo? Si tú no lo has contado, tus razones habrás tenido.
Severus supo en ese momento que podía confiar en ella. Tenía gracia que una alumna a la que él había considerado una tarada, fuera ahora una de las tres personas conocedoras de su secreto. «Caprichoso el destino...».
Hermione dejó de leer y se estiró en su asiento. Llevaba toda la mañana ahí sentada y le parecía que se había quedado paralizada en esa postura. Todo su cuerpo se quejó cuando intentó moverse. Había sido un día de intenso estudio, y la verdad es que deseaba saber si sus amigos habían acabado ya su entrenamiento de quidditch o no. Recogió sus cosas y se levantó de allí. Justo antes de llegar a la puerta, sin embargo, se detuvo en seco. Allí parados— ¡y muy juntos!— estaban su amiga Luna y Snape, hablando en voz baja. Hermione podía soportar no mirarlo, ignorarlo por completo, verlo reírse de ella, pero eso... No, verlo tan cerca de otra, aunque se tratara de Luna Lovegood, la ponía enferma. Estuvo a punto de acercarse a él y pedirle un sinfín de explicaciones que el chico no tenía por qué darle. Tratando de contener sus celos, y diciéndose a sí misma que seguramente estaba malinterpretando la situación, salió de la biblioteca, dándole un golpe a Severus en el hombro al pasar. El chico se giró justo para ver quién se había chocado contra él, y pudo distinguir una larga cabellera castaña perdiéndose en el pasillo. Tragando saliva, volvió a mirar a Luna, intentando olvidar que Granger y él habían estado en contacto por una milésima de segundo.
El lunes llegó, y con él, las clases. Ese día, además, tocaba doble sesión de Pociones con Slytherin.
— ¿Crees que si vomito en el caldero y le digo a Slughorn que es una nueva poción inspirada por Malfoy, me lo dará por válido?
—Claroooo— contestó Harry con ironía—. Seguro que te pide un frasco para guardarla de recuerdo.
—En serio, Harry— añadió el pelirrojo—, prefiero comerme una Acromántula a tener Pociones con Slytherin.
—No te quejes, que podría ser peor. ¿Recuerdas a Snape...?
— ¡Uff, a ese ni me lo menciones! Que no sé dónde está, pero por mí se puede quedar ahí durante mucho tiempo...
Hermione los empujó a los dos dentro de clase, intentando ignorar que ellos hablaban de alguien que estaba más cerca de lo que se imaginaban.
La clase del día fue tranquila. Tuvieron que elaborar una poción para dormir de un nivel muy avanzado y era una de las que podían incluirse dentro de las posibles para los ÉXTASIS. Al finalizar, el profesor Slughorn llamó a Harry, Hermione y Severus a su presencia.
—Bien, muchachos, muy bien... Verán, quería decirles que el sábado por la noche celebro una de mis reuniones, y estaría encantado de que pudieran asistir.
Ninguno de los alumnos dijo nada.
—Sería como las otras que hemos celebrado, con cena y una agradable charla entre compañeros "especiales". ¿Cuento con ustedes?
Los chicos se miraron entre sí. Cuando unos ojos negros se cruzaron con unos melados, parecieron oírse chispazos.
—Cuente con nosotros, profesor— contestó Harry, agarrando a Hermione por los hombros.
—Oh, gracias, Harry, querido. Nos divertiremos mucho. La señorita Weasley también está invitada— apuntó el profesor, guiñándole un ojo.
Harry sonrió por compromiso y se alejó de allí junto con Hermione, después de despedirse ambos del profesor. Severus continuaba ahí de pie. Era el único que no había contestado.
— ¿Y usted, Stapleton? ¿Puedo contar con usted?
—Sí, puede contar conmigo— respondió secamente.
Después, se dio la vuelta y se marchó del aula.
Harry y Hermione caminaban juntos, en silencio, hacia la sala común. El chico llevaba el brazo derecho apoyado sobre los hombros de su amiga. Con una ligera presión, hizo que se detuviera. Ella lo miró confusa.
— ¿Qué ocurre, Harry?
—Eso es lo que me gustaría saber a mí, Herms. Llevas rara desde principios de curso, desde... tu encontronazo con Stapleton en el Callejón Diagon. Y... ¿qué es lo que acaba de pasar en clase?
—No sé a qué te refieres— contestó la chica, tratando de disimular el ligero rubor que empezaba a teñir sus mejillas.
—Vamos, Hermione, que no soy tonto... ¿Qué hay entre Stapleton y tú? Porque no me puedes negar que hay algo.
—Harry, no sé qué quieres oír...
—La verdad. Somos amigos, ¿no? Por favor, confía en mí.
—Es que...
El muchacho la miró fijamente, intentando leer algo en sus ojos. Hermione temblaba como un flan. Harry era su amigo, sí, pero también era amigo de Ron, y no creía que fuera a gustarle que le dijera que... sentía algo por Stapleton. «Severus Snape», dijo para sí en su cabeza.
—Sólo contéstame a algo...— cedió el chico, intentando averiguar cualquier cosa, por mínima que fuera—. ¿Estás enamorada de Ron?
Hermione lo miró también a los ojos. Le había hecho una pregunta directa. No podía mentirle, no en esas condiciones. Empezó a negar lentamente con la cabeza.
—No, no lo estoy, Harry.
— ¿Eso significa...?
—Por favor, no me tortures más. Bastante tengo ya conmigo misma. Eso sólo significa que Ron es uno de mis mejores amigos, pero...
—Estás enamorada de otro...
—Harry, por favor...
—De...
—No lo digas.
—... ¿Stefan Stapleton?
Hermione enterró la cara entre sus manos. Se acercó a Harry para que la abrazara, pero antes de que éste pudiera hacer nada, una voz detrás de ellos dijo:
— ¿Estás enamorada de Stefan Stapleton, Hermione Granger?
He aquí otro nuevo capítulo, amigos! Menuda situación en la que se han quedado Hermione y Harry, ¿eh? Bueno, se admiten apuestas sobre quién es la persona que pronuncia la última pregunta (risas). A ver cuántos acertáis.
Y cuidadín con meterse con Luna, porque os las veréis conmigo! (risas)
Espero que os haya gustado, y gracias de antemano por vuestros comentarios.
RESPUESTA A LOS COMENTARIOS DEL CAP. 12
minerva91: Jajaja, bonita y difícil pregunta... Creo que NO se puede ser más imbécil! (risas) Imagínate qué asco, como le dé a la cicatriz de la Felix por ponerse a incordiar... No van a poder ni con su vida (risas). Espero que este capítulo también te haya gustado.
Yila: No, no, deja las uñas, porque vienen curvas... Y las vas a necesitar para sacarle los ojos a alguien (espero que no a mí, jejeje). ¿A quién no le encantaría vivir en el regazo de Sev para siempre? Ains, qué bonito! ^^
mordred6: Jajaja, creo que con tu perspicacia has llegado al fondo del tema. Reconciliarse o no reconciliarse... That's the question!
Allelu: Alaaaaa, ¿demasiado drama? Joer! ¿Realmente te resultaría entretenido si "se quedaran juntos y ya"? :S Cuando les dé por estar juntos, ya verás como no te defrauda (risas). Hasta ahora, parecía que Sev sólo podía hablar con su conciencia, pero... Ha aparecido Luna en la ecuación. Veremos cómo maneja esta nueva situación con ella de por medio. Y sí, tiene una lengua que más le valdría morderse, pero es tan "nice" que da igual lo que diga... Me sigue pareciendo monísimo! (ojillos tiernos) En cuanto al tema de Ron, supongo que en este capítulo habrás acabado potando, porque ha habido zanahorio para aburrir... Pero era lo que tocaba, guapa, así que ajo y agua.
Smithback: Bienvenidísima a "Reflejos". Me halaga mucho que esta historia haya sido una de las primeras que has leído, y espero que sigas conmigo y los demás hasta el último capítulo. Gracias por opinar que el fic merece la pena. Sí, estos dos son tercos de coj****. Ya veremos lo que le pasa a Severus y por qué se ha convertido en un adolescente. Por cierto, ¿tu nick tiene algo que ver con las novelas de Preston y Child?
BlueMeanie76: Ains, po dio, po dio, no me digas que te sentiste angustiada por el capítulo. Joooo, que me deprimo! Sí, de momento (y en tres largos meses) todo parece ser imposible entre ellos, pero sólo de MOMENTO. Espero que éste te haya angustiado menos, y que te haya hecho más gracia... Creo que hay en él un tipo de humor raro flotando en el ambiente. Y el final sí que fue un ZAS en toda la boca para Sev, aunque haya intentado disimularlo. Es lo que tiene la testarudez! Muchas gracias por tus halagos, guapa! Creo que no los merezco! =')
Daniie Snape Malfoy: Fíjate qué casualidad! Justo cuando todo podría resultar facilísimo, llega la verdad y lo jode todo! No hay derecho, a que no? (risas) Jejeje, como verás, Hermione ha sabido fingir muy, pero que muy bien que él no existe. Pero mira que irse con el zanahorio... (puaj!)
Mandy1890: Me alegra que te gustase el capi. Jajaja, pero mujer, si no les pasa a ellos, que son los protagonistas, ¿a quién le va a pasar?
LylaSnape: Ay, mujer, tampoco te angusties tanto. Éstos son tontos, y yo soy bastante mala, pero habrá un momento en que las cosas se arreglen, ya lo verás :). Y no es odio real... Sino dolor encubierto! (y testarudez, claro)
NarkSnape: Wooow, qué suerte que hayas seguido un camino de gotas de agua que te haya conducido hasta aquí. Bienvenida a "Reflejos"! Si odias quedarte con la intriga, a mí me odiarás también, porque todos mis capítulos terminan por un estilo (risa maligna).
Muchas gracias a todas por vuestros comentarios.
Un abrazo
L&S
