- Hace veinte años no lo veo y la primera semana de convivencia es un infierno. – murmuró por lo bajo mientras sorbía el café dulce.
Sostenía la taza con la extremidad ilesa. Gaara renovó el vendaje y rehízo curación provisoria de Sasuke, la herida no supuraba pero aún dolía. El pelirrojo levantó una ceja inquisitoria cuando vio la herida, pero no preguntó nada.
El de cabellos dorados suspiró cansino con la vista al frente. Tan sólo una semana y estaban al borde de la locura. Ironías de la vida si las hay.
- Cinco largos meses por delante.
Desde la visita del doctor, Sasuke se había recluido en la habitación principal. Apenas dejaba entrar al personal de servicio y las enfermeras.
Se sintió como Teseo en el laberinto, seguro de su destino pero ignorante del camino a seguir.
Una vez más, Naruto tomaba el desayuno solo en el amplio comedor de la estancia. A veces acompañado de una mucama que le daba charla en vez de llevar a cabo sus tareas, otras veces solo en compañía de un silencio que lo aturdía.
Una semana había pasado desde el incidente del espejo.
- Esta relación es un incidente en sí mismo. – musitó al aire. Esa costumbre de hablar sólo le acarrearía problemas con el tiempo.
- Es gracioso que pienses eso, Naruto.
Cuando el rubio vio la figura nívea descender lentamente las escaleras creyó que alucinaba.
- Hasta que el príncipe decide hacer su entrada triunfal…- masculló el rubio sin levantar la vista de su desayuno.
Sasuke avanzaba por la sala con paso presto, la espalda derecha, un porte digno de un emperador. Había cambiado el pijama que lo acompañó desde el primer día que llegó a la mansión por una ropa más cómoda e informal. Jeans negros ajustados a la altura de la pantorrilla y una playera gris que en su momento le habría quedado al cuerpo, pero que en ese instante sólo dejaba a cuenta la delgadez del moreno.
Unas pantuflas azules entraron en su campo de visión.
- Están interesantes las tostadas?
- Al menos me acompañan todas las mañanas, ¿no, chicas?
El comentario le arrancó un sonoro bufido al moreno. La mano nívea se posó de golpe sobre la madera en un golpe seco, una bofetada seca sobre la madera de la mesa repiqueteó en el silencio de la cocina.
- ¿Te has puesto a pensar acaso por qué no te acompaño? ¿O simplemente no eres lo suficientemente maduro como para sacar la cabeza de tu jodido trasero como para intentar comprenderme? – los reclamos del moreno salían como susurros enojados, apenas audible para su interlocutor.
- No me has dejado entrar a tu habitación, Sasuke. – Naruto suspiró con hastío. - No voy a allanar tu alcoba sólo por el hecho que de la noche a la mañana te volviste un jodido ermitaño. No soy la policía, ni tu médico…
- Podrías haberte acercado…
- Ni tus padres como para violar tu privacidad. – concluyó el rubio mientras terminaba el café. Sasuke se quedó callado, como si de repente hubiera visto un fantasma. – Esa frase te suena, ¿no? – finalizó con una sonrisa socarrona.
Naruto dejó la vajilla sucia en la encimera de la cocina, las criadas se encargarían luego de eso. Enfiló hacia la sala de estar, con nada en la mente y los rubíes acuchillando su espalda con cada paso que daba. Sasuke lo estaba siguiendo con sigilo, su respiración elaborada lo delató.
- Tú no sabes lo que es sentirse así…- continuó el moreno. La carcajada amarga del rubio tronó en la habitación.
- ¡No lo sé porque no me lo dices! ¡No hablas con nadie en esta puta casa, Sasuke! No soy un jodido adivino. – el de cabellos dorados sonreía con pesar, enfrentando por primera vez al moreno fuera de la habitación. De pie al lado del ventanal, Naruto parecía un querubín, la melena dorada iluminada por la luz del sol que se colaba por el vidrio. Los ojos celestes centelleaban carentes de brillo, fiel reflejo del estado turbado de su portador. – No voy a apuntarte con un arma a la sien para sacarte información…al menos no más de las veces que ya lo has hecho tú mismo. –masculló masticando impotencia y amargura. Las orbes celestes se perdieron en el piso, Naruto no podía sostenerle la mirada mientras obraba su frustración en el habla. – Por años deseé esto, Sasuke. – confesó con voz queda, apenas audible. – Pensé en nosotros, que sería estar así. Volver el tiempo atrás…
- Eso es imposible, y lo sabes.
- Quise que fueras lo primero que veo en la mañana. – el rubio continuó, impasible ante su breve negativa. – Y lo último en la noche cuando cierro los ojos. Ansío la mueca de hastío que pones cuando me ves echarle azúcar al café, los bufidos cuando hablo demás, que me regañes cuando golpeo las puertas.
Sasuke lo observaba atónito. Los temblores en las piernas que sintió ni bien se levantó de la cama habían desaparecido por completo, junto a sus intenciones belicosas de hacerle algo a aquel hombre que desnudaba su alma frente a él. Sin reparos ni vergüenza, ese era el hombre que había conocido hace más de 20 años.
- Cuando recibí la llamada de Shisui, pensé que estaba enloqueciendo. El divorcio con Sakura, todo cuadraba, ¿sabes? Tenía una segunda oportunidad, la vida sería justa conmigo y toda esa mierda. – el rubio volvió a reír. Los rubíes estaban fijos en su rostro volteado, trataban de descifrar esa mueca sombría que asolaba la bronceada cara pero fracasaban en el intento. – Enterarme de esto me cayó como un balde de agua fría, pero ¿sabes qué? Me importó un carajo, Sasuke. Cambio todos los segundos de mi vida por pasar contigo el resto de la tuya.
Naruto destazaba al moreno con cada sílaba, lo sabía bien. Vomitar sinceridad era su especialidad nata.
- Lo que queda de ella.
- No me importa, lo quiero todo.
Las respuestas cargadas de mala intención fueron fútiles, el rubio había sorteado los proyectiles envenenados como un maestro.
Las gemas azuladas volvían a enfocarlo, y Sasuke experimentó la muerte, más no física, sino una simbólica. La coraza que vistió con ahínco toda su vida caía estrepitosa, su sentido de preservación clamaba a gritos una respuesta que diera fin a esa sarta de coherencias que exhalaba el rubio.
El dolor añejado y acumulado por años se hizo añicos, la angustia que lo corrompió la mayor parte de su vida se quebraba frente a las palabras que salían de la boca que quien fuera su amigo y amante.
Naruto lo desarmaba, la mirada cerúlea que siempre hizo tambalear el frágil equilibrio que conservaba su mente buscaba una respuesta en la infinidad granate del moreno. Sasuke tragó saliva para el próximo embate, pero se encontró con la mente vacía de recursos. El silencio era su elección.
- No siento lástima por ti, Sasuke, si eso es lo que piensas. Estoy aquí por propia voluntad, aunque no lo creas. Me importa un carajo Shisui, el dinero, la comodidad, todo lo que puedo tener fuera de esta habitación no vale nada si no estás tú. Sean 6 décadas, 6 meses, 6 días. Volví, es definitivo. No voy a irme, así que quítate esa idea estúpida de la cabeza. No va a ocurrir. No de nuevo. – finalizó.
El silencio volvió a reinar entre ellos. Naruto juró escuchar los engranajes chirriar dentro de la cabeza del Uchiha, las neuronas al rojo vivo devanándose para responder algo a todas las cosas dichas. El bastardo quería tener la última palabra, el solo pensamiento le arrancó una pequeña sonrisa. Sasuke abrió y cerró la boca un par de veces, los rubíes fijos en el excelso rostro de Naruto.
- Te ves como un pez fuera del agua. – comentó el apuesto rubio con una sonrisa.
- No te rías de mí. – refunfuñó el moreno.
- ¿Qué piensas de todo lo que dije? – a eso se resumía el discurso del rubio.
Que decir.
- Yo…no quiero que te vayas, Naruto. – luego de un breve silencio la confesión brotó de sus labios con una honestidad brutal. Ese pensamiento era algo que necesitaba dejar ir hace años.
Las murallas que había levantado alrededor de sí, aquellas que creía tan firmes, caían como retazos viejos de papel. Las orbes celestes se fijaron en su rostro, buscando, indagando; la mueca en sus perfectos labios algo tensa y ansiosa por su respuesta. El moreno desvió la vista. No quería ver los zafiros que desnudaban su alma.
- Soy un jodido egoísta. – la voz del moreno sonada incierta y acuosa. – También reconozco que no mereces el trato que te estoy dando. O tal vez sí, no lo sé. Pasé de verte en mis delirios a volver a tenerte en carne y hueso, - las palabras salían de su boca en un desenfreno total. – porque sí, te veía cada vez que perdía el control y…estoy asustado.
- No voy a dañarte.
- No sé que hacer con esto. – Sasuke señaló a su compañía y a sí mismo. – Pasé tanto tiempo imaginándote, ahora estás aquí. Solo sé que si esto es una alucinación quiero que nunca se acabe.
- No quieres que me vaya pero no sabes que hacer conmigo. – musitó el rubio sopesando las palabras del de ojos rubíes. Se removía incómodo, sus manos hurgaban los bolsillos en busca de su vicio humeante para calmar los nervios que le generaban la falta de respuesta concretas del dueño de casa. Sasuke mantenía la vista pegada al piso como si su vida dependiera de ello.- Me gustaría saber que pasa por tu cabeza en este momento, Sasuke.
Los latidos del corazón del moreno retumbaban galopante en su pecho que se contraía a la vez que buscaba palabras para poner la vorágine de pensamientos que desataba el rubio con cada palabra pronunciada, cada sonrisa perlada que le dedicaba desinteresadamente sin saber lo que provocaba en él. Se humedeció los labios en un gesto claro de nerviosismo.
Siempre tan divino, inconsciente de su mera existencia tan tóxica como angelical para el de ojos rubíes. Naruto se le antojaba sagrado y pecaminoso, enfermizo y puro, algo que no quería corromper con ello que cargaba en lo más profundo de su sangre, de su alma inclusive.
La sangre mala que corría por sus venas era una de las tantas desgracias que recibió de su familia. Eso, y un orgullo nato, su pecado original, el primero de tantos cometidos a lo largo de su vida. El segundo de ellos había sido el egoísmo, malsanamente aprendido de sus mayores
En ese momento vio lo que quería, reflejado justo en los zafiros de su compañía. El rubio lo miraba extrañado y nervioso, el tic de su pie lo denotaba. Aún en su curiosidad, guardaba un silencio absoluto. El moreno dio cuenta que Naruto no estaba dispuesto a perderse ni una declaración que saliera de su boca.
Con sus piernas un poco enclenques, avanzó los pasos que los separaban con cuidado y alzó las manos al frente para apoyarlas sobre los anchos hombros del rubio.
- Sasu…
Sin mediar palabra, el de ojos bordó cerró la breve distancia que separaba sus rostros con un beso tímido, apenas un contacto entre sus labios. El pequeño cambio en la respiración de Naruto delató que no era el único con sus entrañas invadidas por un calor bien conocido por ambos. El rubio tomó el rostro de marfil del moreno con firmeza y rápidamente se abrió paso con su lengua entre los suaves labios, dando lugar a un beso más apasionado.
Un pacto sin cláusulas ni límite alguno sellado por la más dulce perdición que el pelinegro había conocido en su vida.
"Deseo absorberte, beberte, tenerte, poseerte lo suficiente para que sientas lo que yo por ti."
Si Naruto era un ángel, él estaba dispuesto a ser el más perfecto demonio por el bien de ambos.
