Hola, mis queridos lectores. He venido con un capítulo nuevo de esta hermosa historia. Espero que puedan ayudarme dándole like a mi página de Facebook EAUchiha-Fanfiction y a mi Facebook personal Anne Kristina Rodríguez (en mi perfil está el enlace directo a ambos perfiles) desde allí estaré pendiente de ustedes y publicaré sobre mis próximas actualizaciones.
Agradecimientos especiales a mi Beta: Hikari Takaishi Y
Espero que la lectura sea de su total agrado.
Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.
Capítulo 12: Mi oscuridad.
Alguna vez escuché que detrás de las más grandes sonrisas, se esconden los más grandes pesares. Y vaya que eso es cierto, siempre me empeño en esconder mi verdadera oscuridad detrás de una sonrisa radiante. Mi nombre es Haruno Sakura, tengo quince años. Mi pesadilla comenzó un día de otoño hace unos siete años, cuando apenas tenía unos inocentes nueve años.
¿Habrá sido un sueño?, me preguntaba una y otra vez. La voz preocupada de mi madre fue lo primero que recordé al despertar. Le resté importancia al asunto, seguramente mamá se volvió a enojar con papá y no quería que yo me diera por enterada. Apuesto que ambos están en el comedor esperando que yo baje a desayunar con una enorme sonrisa por parte de ambos. Corrí al baño de mi habitación y tomé una rápida ducha. Vestí mi uniforme escolar, adorné mi cabello con un bonito listón rojo, revisé que mis deberes estuvieran en orden y salí de mi habitación. Al llegar al comedor, mi mamá no estaba por ninguna parte. Sólo mi padre en compañía de una mujer que nunca he visto, ambos se percataron de mi presencia y ella me señaló con su uña perfectamente arreglada, pintada de rojo.
— ¿Es ella?— preguntó incrédula.
— Así es, Kaguya-sama— respondió mi padre con respeto.
La mujer arqueó una ceja y se puso de pie. Caminó hacia mí, sin quitarme sus ojos grises de encima. Kaguya es una mujer con rasgos faciales muy delicados, tiene un cabello de color blanco muy largo hasta los tobillos.
— Es una infante— pronunció— Puedo ser muchas cosas, pero nunca usaría a un niño.
— Lo sé, pero podría ser buena algún día— prosiguió— ¿Qué dices?
— Admito que es hermosa, pero tendremos que esperar hasta que crezca para estar seguros— sentenció.
Mi mirada viajaba desde ella hasta mi padre y viceversa, sin entender qué es lo que ellos están hablando.
— No, ella lo hará— afirmó mi padre.
Rodeé a la mujer y me planté frente a mi padre
— ¿Qué tengo que hacer?, ¿Quién es esta mujer?, ¿Dónde está mi mamá?— exigí saber a gritos.
— Guarda silencio, Sakura— ordenó mi padre con aparente tranquilidad.
— ¡No!— repliqué molesta— Quiero saber porqué mi mama no está aquí, ella me prometió llevarme a la escuela hoy.
Mi padre se levantó de donde anteriormente estaba sentado y me dio una fuerte bofetada, mandándome al suelo.
— ¡Te dije que te callaras!— rugió furioso.
Comencé a temblar de miedo, mi padre nunca me había gritado de esa forma tan espantosa y mucho menos me había levantado la mano para golpearme.
— Y-yo só-sólo... q-quiero ver a... a m-mi... mi m-mamá— balbuceé rompiendo en llanto.
Él me sonrió con ternura, consiguiendo que mi miedo se esfumara.
— Oh, pequeña— habló con delicadeza poniéndose a mi altura, acarició mi mejilla con suavidad y luego me tomó con fuerza de ambas— A partir de ahora tu vida será diferente a como estás acostumbrada.
— ¿Por qué?— pregunté con dificultad, me duele mucho lo que está haciendo— ¿Dónde está mi mamá?— insistí.
Se levantó, llevándome con él, sosteniéndome por las mejillas.
— ¿Tu mamá?— ironizó— Tu mamá ya no está, ella decidió salvarse el pellejo y dejarte aquí conmigo.
— ¡Mi mamá nunca haría eso!— la defendí colérica.
¿Acaso es esa la verdadera razón por la cual mi padre ya no es bueno conmigo? No lo sé, no lo comprendo.
— Ella se fue para salvarse— repitió.
— ¿De quién?— me atreví a preguntar.
— De mí— respondió que una sonrisa que me causo miedo, mucho miedo.
Me lanzó con fuerza a un lado, mi cuerpo chocó con un antiguo armario de madera donde guardan las vajillas. Él caminó hacia mí de nuevo, sin borrar esa sonrisa maliciosa, como pude me arrastré hasta una de las esquinas del salón.
— Quiero que entiendas una cosa, pequeña bastarda. La única razón por la que sigues respirando es porque algún día me servirás para mis objetivos, ¿Lo entiendes?. En el mismo momento en el que tu madre decidió abandonarnos, ella firmó tu sentencia. Vete olvidando de la escuela, tú permanecerás aquí hasta que estés lista. Si te atreves a desobedecer alguna de mis órdenes, te irá mal. Si siquiera se te ocurre la estúpida idea de huir, te irá mal.
— ¿Por qué me haces esto? Soy tu hija— vociferé.
Él me miró con indiferencia.
— Eres la hija de la mujer que me traicionó, sólo eso— afirmó seco y sin emoción— Ahora, sé buena chica y no busques que te castigue— dijo dándose la vuelta, dispuesto a retirarse.
Pero antes que pudiera dar no más de dos pasos, me aferré a su pierna como si mi vida dependiera de ello.
— Permíteme ir a la escuela por favor— supliqué, él giró su cabeza para mirarme. La frialdad de su mirada no me iba a hacer retroceder— Te prometo que no haré amigos, ni tampoco me meteré en problemas para que no tengas que ir a resolverlos, no participaré en ninguna actividad que no sea fuera del horario de clases estipulado, no te pediré que firmes tu permiso para excursiones ni nada que se le parezca. Prometo ser una estudiante sobresaliente, pero por favor, permíteme ir a la escuela. No te pido nada más, obedeceré tus órdenes sin quejas.
— Estás advertida— dijo. Sonreí emocionada— Si te atreves a incumplir alguna de ellas, no volverás a la escuela.
— Sí, lo prometo— aseguré.
— ¡Danzo!— llamó mi padre. Inmediatamente el hombre apareció por la puerta.
Shimura Danzo, un hombre que ha servido a mi padre desde que tengo memoria. Él hizo una reverencia y permaneció impasible en espera de una orden proveniente de mi padre.
— Danzo se encargará de llevarte cada día a la escuela e irá a recogerte terminada la jornada escolar. Él se encargará de tu colegiatura, eso es todo ¿Quedó claro?— asentí en respuesta— Llévatela de mi presencia— ordenó al hombre.
Danzo me tomó de una mano y me obligó a levantarme.
— ¿Qué es eso que tengo que hacer cuando crezca?— pregunté por última vez.
— Lo sabrás a su debido tiempo— sentenció.
La sonrisa macabra de mi padre fue lo último que visualizaron mis ojos antes de que Danzo me sacara de la habitación.
Con el paso de los días, me di cuenta del verdadero monstruo que era al hombre al que yo una vez amé y admiré como lo que era, mi amado padre. Desarrollé un rencor nada sano por mi madre, las personas que me trajeron al mundo sólo lo hicieron para hacerme sufrir. Algunas veces hubiera preferido que mi padre me matara ese día o que mi madre haya sido menos egoísta y me llevara con ella. Jamás le desearía algo así a nadie, ni siquiera a mi peor enemigo. Me siento desorientada, sola en este mundo tan grande.
Para entender mejor la razón de algunas cosas, tendría que explicar el verdadero oficio de la persona que desgraciadamente es mi padre. Kizashi Haruno es un hombre de negocios, pero digamos que sus negocios no son necesariamente honestos como los de algunas personas en el frío mundo de los negocios. Todo lo contrario, mi padre es amante de cualquier negocio que tenga la palabra ilegal de por medio, además de otras cosas. ¿Un yakuza? No, de ser así mi madre se habría dado cuenta de inmediato. Los yakuzas se caracterizan por tener interminables tatuajes en su cuerpo, con el símbolo de su clan incluido. Él puede comportarse como uno y moverse en ese mundo con total libertad, pero no está lleno de tatuajes ni nada que lo haga identificarse como miembro de un clan yakuza. No es más que un vil mafioso sin título, un despiadado asesino que engaña a la sociedad con su apariencia inofensiva. La frase de Un lobo disfrazado de oveja le cae como anillo al dedo. Mi padre es un hombre con el cabello rosa oscuro, con un extraño peinado en forma de flor de cerezo y los ojos azules. Nadie pensaría que un hombre con una apariencia tan simple e incluso cómica, podría tener un alma tan perversa.
Cumplí con todas y cada una de las cosas que yo misma impuse para poder seguir teniendo mi vida de estudiante. En lo que restó de mi primaria, me aparté de todos mis amigos, sólo llegué a considerarlos simples compañeros de clases con los que sólo hablaba banalidades de niños. Pero aún seguía siendo ignorante de lo que me deparaba en el futuro, hasta que llegué a la secundaria. Luego de ello, creí que todo de lo que había pasado hasta ese momento no era nada, comparado con lo que tendría que hacer algún día. Pero seguí adelante, entré a la secundaria con otra perspectiva. Decidí que podría llegar a tener amigos, pero sólo dentro de las instalaciones, sin mantener contacto con ellos fuera de los muros de la escuela. Después de todo, ninguno de ellos se tomaría la molestia de vigilarme todo el día. Así fue como después de un extraño acontecimiento, terminé siendo amiga de Gaara y Temari. Ellos me hacían sentirme que no estaba sola, que no estaría sola nunca más. Por supuesto que eso sólo duraba mientras estaba con ellos, al llegar a casa, las cosas eran completamente diferentes. Para el final de mi primer año de secundaria, un día donde en un momento inesperado rompí a llorar, decidí que lo mejor era contarles a ellos dos lo que era mi vida en casa. Los dos me escucharon en silencio, sin objetar nada al respecto, sin juzgarme como creí que lo harían. En el momento en que ambos hermanos me ofrecieron su apoyo incondicional, me sentí la persona más feliz en ese momento, creí que ya nada podría ser tan malo. Pero como siempre, me equivoqué. Aún así, siempre permanezco positiva ante las adversidades, con la frente en alto y una gran sonrisa para cubrir lo que de verdad siento.
Es verano, aún faltan un par de semanas antes de que sean las vacaciones. Honestamente no quiero que ese día llegue, sólo estaré encerrada en mi casa. Sin tener ningún contacto con el mundo exterior, sin embargo tengo que aceptar mi realidad. Conecté mis audífonos a mi celular, mientras contemplaba el césped del campo de fútbol de la escuela desde las tribunas. Busqué la única canción existente en mi reproductor de música y la puse a sonar. Utakata Hanabi de Supercell, es mi fiel compañera en momentos de melancolía.
— No haber conocido estos sentimientos habría sido mejor. Aunque no podamos volver a encontrarnos. Quiero, quiero volver a verte. Incluso ahora, sigo pensando en aquel día de verano en el que estabas conmigo. Cuando nos cansamos, nos sentamos en el borde de la carretera. Se escuchaba una orquesta a lo lejos. El sonido de viento y las cuerdas resonaban. Una corona de flores floreció en el cielo nocturno. Dentro de poco el verano acabará. Cuando me di cuenta, me sentí triste de repente— seguí dejándome llevar por la melodía que salía de mis audífonos.
Gaara se sentó a mi lado, me quité uno de ellos para prestarle atención.
— ¿Otra vez esa canción?— preguntó. Me encogí de hombros y dije.
— Me gusta, su letra melancólica me recuerda a mí misma. Aunque claro, las circunstancias de la chica de la canción y las mías son completamente distintas.
— Tú sólo estás así cuando...— no pudo terminar la oración.
Tomé el pañuelo que estaba en mi bolsillo y lo pasé con suavidad sobre mi mejilla. La mirada aguamarina de Gaara adquirió un tinte de repulsión al ver el golpe que logre cubrir con maquillaje.
— ¿Por qué fue esta vez?— cuestionó con la mandíbula apretada.
— Lo mismo de siempre— torcí con fastidio, volviendo a cubrir el golpe con maquillaje.
— Deberías denunciarlo, Sakura— rugió.
— ¿De qué servirá? Ambos sabemos que es imposible, él tiene personas que se encargarán de eliminar las evidencias que yo pueda reunir antes de que siquiera puedan ser procesadas.
— No es justo— argumentó duramente.
Los ojos se me llenaron de lágrimas. Apreté los puños con fuerza, arrugando la tela de mi falda escolar.
— Lo sé— acepté con voz entrecortada— pero seamos realistas, no hay nada que me salve de mi destino. Sólo me queda disfrutar de los pocos momentos que puedo albergar junto a ustedes, hasta que... me gradúe— finalicé en un susurró, dejando que mis lágrimas corrieran libremente por mis mejillas.
Gaara llevó una mano a mi cabeza y me atrajo a su pecho, me aferré a su camisa y dejé salir todo lo que había acumulado en mi pecho en estos últimos días.
— Creí que pasarías el periodo libre organizando las actividades del Comité estudiantil, Presidente— comenté despegándome de él— Matsuri se enojará.
Al ser hijo de un embajador, a él y a Temari se le exigió hacer lo que fuera por conseguir el puesto de presidente estudiantil. Temari estuvo a cargo hasta el año anterior, este año era trabajo de Gaara. Matsuri es la vicepresidenta, pero Gaara asegura que ella es más autoritaria que él.
— Le dije que tenía algo más importante que hacer— dijo —Sabía que necesitabas de mi apoyo.
— ¿Ella no ha seguido haciendo preguntas?— interrogué, Gaara negó con suavidad.
Sólo Gaara y Temari son conscientes de mi verdadera situación, para Matsuri sólo tengo un padre un tanto... ortodoxo. Sí, eso fue lo que le dijimos. Ella no sabe que me golpean ni nada por el estilo, aún no me siento lista para contarle a ella también.
— No vayas a contarle esto a Temari, por favor— pedí.
— Como tú quieras— aceptó.
Desde que Temari está en otra escuela cursando la preparatoria, es muy raro verla. Algunas veces se escabulle en las instalaciones de la escuela para hablar conmigo.
— Por cierto— comentó Gaara— es extraño que no estés jugando con el equipo. Sé que no perteneces al club, pero ellas y el entrenador te dejan hacerlo de vez en cuando.
— Lo sé, pero es que...— suspiré— Se acerca una competición importante con otra escuela y me invitaron a participar, recuerda que no puedo participar en ninguna actividad extracurricular.
— Inténtalo, arriésgate un poco— aconsejó— Y date prisa en decidir, porque allí vienen— señaló.
Giré hacia dónde venían las chicas del club de fútbol, junto al entrenador.
— Haruno-san— saludó cordialmente Kankuro, el entrenador del equipo de fútbol femenino de la escuela— Vengo a insistirle sobre mi propuesta ¿Las chicas y yo contamos con su presencia en el partido?— me quedé pensativa.
Me encantaría hacerlo, pero eso significaría tener que escapar de casa el día del partido, cosa que es casi imposible. Y de conseguirlo, podrían atraparme y me ganaría otro de los castigos favoritos de mi padre.
— Me gustaría hacerlo, pero mi padre piensa que el fútbol no es un deporte adecuado para chicas— me excusé.
— Deberías intentarlo— Gaara me codeó las costillas— Ambos sabemos que así tu comportamiento sea el mejor, igual te golpeará cuando se le antoje— habló en voz baja.
— Tienes razón— respondí en el mismo tono que él. Me aclaré la garganta y me dirigí al entrenador— Kankuro-sensei, acepto su oferta. Entrenaré entre mis periodos libres y haré lo posible para venir el día del partido— el profesor asintió complacido y dijo.
— Vaya a cambiarse, Haruno. La espero en el campo.
— Sí— dije repentinamente emocionada— Iré en unos minutos.
— La espero— enunció, para luego irse de vuelta al campo.
— Deja de incitarme a hacer locuras— reclamé falsamente enojada.
— Sé feliz, Sakura— argumentó— Disfruta de las oportunidades que te dé la vida.
— Eres lindo, ¿sabías?— inquirí burlona.
— Sí, sí— añadió sonrojado— Tú y Temari no se cansan de decírmelo.
— Es que lo eres— expresé divertida— Si me disculpas, debo ir a cambiarme.
— Espera— dijo tomando una caja envuelta con papel de regalo y un listón, hasta este momento no me había dado cuenta que él traía eso en sus manos— Es para ti— explicó ofreciéndome la caja.
— ¿Qué es?— interrogué emocionada, sacudiendo la caja cerca de mi oído para escuchar que hay dentro.
— Averígualo por ti misma— sugirió con una pequeña sonrisa.
Me senté de nuevo, coloqué el paquete en mis piernas y lo abrí con cuidado para no romper el papel. De la caja saqué unas botas de fútbol de color rosa y negro.
— Son un regalo de parte mía y Temari, ella los escogió— contó.
— Se los agradezco mucho— musité al borde de las lágrimas— En serio les doy las gracias por todo lo que hacen por mí— lo abracé con fuerza y dejé un beso en su mejilla.
— Vete— ordenó abochornado.
— Recuerda que ella también cree que eres lindo— dije antes de retirarme. Su rostro se enrojeció tanto como su cabello— Deberías considerar hablar con ella.
— Lo consideraré— contestó. Asentí levemente y corrí a los vestidores.
Me coloqué el uniforme del equipo que ellos mismos me ofrecieron a pesar de no poder pertenecer al equipo, mis nuevas botas, recogí mi largo cabello en una coleta alta y corrí hasta el campo donde comencé el calentamiento. Poco después de finalizado el último período de clases, tuve que quedarme de última porque hoy me tocó la limpieza. Mientras terminaba de recoger mis cosas, alguien se paró enfrente de mí. Levanté la mirada, encontrándome con los ojos negros de Kankuro.
— ¿Se le ofrece algo, sensei?— pregunté curiosa.
— Sólo quería saber si su padre y yo podríamos organizar una reunión para concretar su estadía dentro del club de fútbol— respondió.
Abrí los ojos como platos, me sentí aterrada. Pero traté de mantenerme aparentemente sorprendida.
— E-eso no va a poder ser posible— traté de persuadirlo— Mi padre es un hombre muy ocupado.
— Pienso que podrá buscar un espacio en su agenda cuando se trata de la educación de su hija— insistió. Negué con la cabeza repetidas veces.
— Usted no lo entiende, sensei— miré por la ventana, el auto de Danzo ya estaba estacionado frente a la escuela— no intente lidiar con mi padre, se lo suplico.
— ¿Qué intentas decirme, Haruno?— cuestionó a mi espaldas.
— Sólo no lo haga— pronuncié— Él no es alguien con quien se pueda negociar— sentencié dejándolo solo con sus pensamientos.
Corrí tan rápido como mis piernas me lo permitieron para no molestar a ese hombre, después de todo, Kizashi dice que las órdenes de Danzo tienen el mismo peso que las suyas. Para no levantar sospechas, Gaara me dijo que él se llevaría los zapatos a su casa luego de finalizado mi entrenamiento.
— Lamento la tardanza, pero hoy me tocó la limpieza— informé al ver la hostilidad en la mirada de él.
Asintió en silencio y me abrió la puerta trasera del auto para que lo abordara. Durante el camino iba rememorando mi día en la escuela, lo único que me hace feliz en mi desdichada vida. Se me escapó una sonrisa inconsciente, cosa que no pasó desapercibida por él.
— ¿Por qué sonríe?— interrogó mirándome fijamente a través del retrovisor.
— Sólo recordé la clase de deportes— mentí encogiéndome de hombros.
— No olvide que a su padre no le gusta que practique deportes— me recordó.
— Y yo debo recordarles que la clase de deportes es obligatoria— repliqué.
El resto del camino a casa fue en completo silencio, como siempre. En cuanto llegamos a casa, me bajé del auto de un salto.
— Mi señor me pidió que le avisara que debe entrar por la puerta de servicio y subir a su habitación por las escaleras de servicio— informó.
Asentí levemente y corrí a la puerta trasera de la casa. Ni siquiera me molesté en preguntar el por qué, no es necesario. Sé que mi padre debe estar reunido con sus socios, a veces es sólo por diversión y otras ocasiones es para celebrar que uno de sus truculentos negocios se llevó a cabo con éxito. Esas fiestas suelen ser hasta entrada la madrugada, con bailarinas eróticas, alcohol, juegos de mesa, drogas, e incluso... muertes. Las mujeres del servicio hicieron como si yo no existiera, siguiendo en sus labores. Subí las escaleras de dos en dos y al llegar a mi habitación, le puse seguro a la puerta.
Me despojé de mi uniforme y entré a la ducha. Unos minutos más tarde, estaba sentada en mi escritorio haciendo los deberes con los audífonos conectados a mi ordenador portátil para no tener que escuchar ningún ruido proveniente de abajo. Cerca de la medianoche, el hambre ya no me dejaba pensar con claridad. Abrí la puerta con suavidad, cuidando que si alguna persona estuviera vagando por los pasillos, no se diera cuenta de mi presencia. Observé minuciosamente el pasillo antes de salir, la música proveniente del salón principal ya no sonaba o al menos ya no lo hacía a un volumen excesivo. Sólo se escuchaban unas cuantas voces, risas en su mayoría. Me entró la curiosidad, quería conocer algunas caras de las personas que son iguales de basuras que mi padre. Con cuidado, me agaché en las barandas de las escaleras y asomé mi rostro cuidando no ser vista por nadie. Mi padre tenía una expresión de fastidio, mientras el hombre sentado a su lado se jactaba de haberlo ofendido.
Desde las sombras, él salió y se situó detrás del hombre que se había tomado el atrevimiento de ofender a mi padre. Sacó una daga y le cortó el cuello de lado a lado. Me llevé ambas manos al rostro, intentando reprimir un grito de horror que afortunadamente murió en mi garganta. Mi padre seguía fumando un puro con tranquilidad, una sonrisa siniestra bailaba en sus labios, mientras aquel hombre se desangraba con el asombro de muerte grabado en su rostro. Me alejé de la baranda de las escaleras, con cuidado para que ninguna de las personas en el piso de abajo notara mi presencia. Pero no era mi día de suerte, cuando estaba a punto de llegar a mi habitación, alguien me tapó la boca para que no gritara y metió a la fuerza en mi habitación. Mis gritos quedaban amortiguados por las manos de mi captor, mientras arañaba su piel luchando por liberarme.
— Al fin saliste de tu agujero, pequeña rata escurridiza— me habló al oído.
Temblé de miedo al sentir su aliento de borracho sobre mi piel. Me lanzó a la cama con violencia, revelando al fin su identidad. Fū, uno de los hombres a cargo de Danzo. Él es un hombre joven pelirrojo y ojos de color amarillo claro. Junto con su compañero Torune, se encargan de las atrocidades de Danzo cuando no está disponible para hacerlas personalmente.
— ¿Qué haces aquí?— exigí impasible.
Por dentro puedo ser un manojo de nervios y estar aterrada de este sujeto, pero por fuera, tengo que mantenerme tranquila o sino podrá olfatear mi miedo.
— Hacer contigo lo que tengo pensado hacerte desde hace tiempo— dijo lamiéndose los labios.
Su mirada me escaneaba sin pudor, se acercaba a paso lento hacia mí, sin borrar su maldita sonrisa lujuriosa.
— No puedes hacerlo— reclamé en un intento desesperado de alejarlo de mí. Él soltó una sonora carcajada.
— Hay muchas cosas que puedo hacer contigo sin tener que arrebatarte tu virginidad— aclaró con tranquilidad.
Tragué grueso, si nadie venía salvarme estaba perdida.
La desesperación me invadió al sentir su cuerpo presionar el mío sobre la cama, gritaba suplicando ayuda, pero nadie venía a mi auxilio. Intenté empujarlo, pero él es más fuerte que yo. Sentir sus babosos labios sobre mi piel y sus manos recorrían mi cuerpo sin vergüenza alguna, me causaba repugnancia. Cuando se cansaba de mis súplicas, me golpeaba para que me callara, pero aun así no me rendiría. Sacó una navaja de su pantorrilla y rasgó mi pijama, dejándome indefensa ante sus ojos.
— Como me gustaría desfigurar ese lindo rostro para que seas sólo mía— dijo poniendo la punta de su navaja sobre mi mejilla.
La puerta se abrió de golpe, dejando ver el rostro enojado de mi padre. Cubrí mi desnudez con los retazos de tela y me abracé a mí misma en busca de calor. Por un momento sentí empatía por mi padre.
— Fū, déjala— ordenó— Recuerda que ella es mercancía invaluable.
Eso es lo que soy para él, una simple mercancía. Si hace unos instantes estaba agradecida porque llegara a tiempo, ahora lo que pueda pasar conmigo no me importa. Fū gruñó por lo bajo y salió de mi habitación. Observé a mi padre, él permaneció de pie allí unos segundos más mirándome con desprecio. La última frase que me dedicó antes de irse, se reproduce una y otra vez en mi subconsciente.
— Cuida de ti misma, la próxima vez no estaré aquí para salvarte de él. Y si cumple con su cometido, date por muerta— repetí en un susurro inaudible.
Me giré en la cama, fijando mis ojos en la fotografía de mi madre reposando sobre la mesita junto a mi cama. Estiré la mano y la tomé.
— Esto es tu culpa, ¿sabes?— devolví la foto a su lugar, pero la puse boca abajo, no tenía ganas de ver el rostro sonriente de mi madre y no querer romper esa fotografía en mil pedazos— Es tu culpa por dejarme sola, mamá— acusé tomando mi muñeca de trapo.
Ese fue mi último regalo de cumpleaños, mi madre la hizo para mí. Tiene un vestido rojo y el cabello rosa, mamá me dijo: Esa eres tú, mi niña. Su traje es rojo porque ese es tu color favorito, incluso tiene un listón en su cabello como tanto te gusta usarlo. Aquella vez ella sonreía junto a mi padre. Mis últimos recuerdos felices. Me puse en posición fetal y lloré amargamente, abrazando con fuerza la muñeca en busca de consuelo.
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Los días pasaron, como siempre tuve que hacer como si nada hubiera pasado. Decidí no hablarle de esto a los chicos, fingía que todo estaba bien, me enfocaba en mi entrenamiento, en mis deberes de la escuela y todo quedaba en el olvido. Pero cuando llegaba la noche en mi habitación, los recuerdos de esa noche se vuelven una tortura que no me permite conciliar el sueño.
La última hora de clase del día estaba por terminar, mañana es el partido, pero al ser fin de semana la escuela estará cerrada y ese sí que es un problema.
— Sakura— llamó Gaara sacándome de mi ensimismo.
— ¿Qué sucede?— pregunté distraídamente.
— ¿Tienes un plan para mañana?— interrogó girándose hacia mí.
— En realidad no— respondí. Él arqueó una ceja dudoso.
— Entonces, ¿Cómo demonios pretendes presentarte al partido mañana?— cuestionó alarmado.
— Yo me las ingeniaré— aseguré sonriente.
Gaara puso los ojos en blanco, pero no dijo nada más al respecto. ¿Un plan? En realidad no he pensado en ninguno aún, supongo que sólo me queda improvisar y esperar que todo salga bien.
— Gaara— dije poniendo una mano en su hombro— Necesito que mañana me esperes detrás de las tribunas una hora antes del partido. No sé cómo, pero escaparé de casa para venir aquí. Si no llego a esa hora, entonces tu deber es asumir que me atraparon e informarle al equipo.
— ¿No te parece que estás tomando esto a la ligera?— señaló acusador.
— Tú solo haz lo que te estoy pidiendo— ordené.
Gaara asintió decidido y volvió a prestar atención a la clase.
Mi plan era sencillo, salir por la puerta del servicio. A esta hora es probable que ninguna de las mujeres haya arribado a la cocina, aún falta una hora para que tengan que servir el desayuno. Guardé mis cosas en la mochila, le envié un mensaje a Gaara avisándole que ya iba de salida y lo borré inmediatamente después enviarlo. Tuve que memorizar sus números celulares, pues los únicos contactos permitidos en mi celular son el de mi padre y el de Danzo. Escondí mi celular un cofre bajo llaves que tengo en mi escritorio y salí. Los pasillos de la casa estaban desérticos, eso era una buena señal. Bajé las escaleras cuidando que mis pasos no resonarán en ellas. Efectivamente, la cocina también estaba vacía. Abrí con cuidado la puerta, corrí por el gran jardín y salté la verja. La parte uno de mi plan fue completada, salir de mi casa con éxito. Corrí en dirección a la escuela, siempre al pendiente de que nadie me estuviera siguiendo. Una furgoneta negra desconocida me interceptó a la mitad del camino.
— ¿A dónde crees que vas?— demandó mi padre, asomándose por la ventanilla del copiloto del vehículo.
Apreté los puños con impotencia, no pensé que se dieran cuenta de mi ausencia tan rápido. Vi a una persona que por allí pasaba y no dudé en correr a pedirle que me brindará una mano.
— Señor, ayúdeme— supliqué agitada.
El hombre se mostró preocupado y se dirigió hacia mí.
— ¿Qué sucede, señorita?, ¿En qué puedo ayudarla?— ofreció.
— Me están persiguiendo, ayúdeme a escapar— respondí con rapidez.
Una mano se posó en mi hombro y lo apretó con fuerza. Giré un poco la cabeza, encontrándome con la mirada carente de sentimientos de Kizashi.
— Disculpe a mi hija— dijo fingiendo estar avergonzado— Desde que su mamá nos dejó, no ha dejado de tener un comportamiento rebelde.
— No se preocupe— contestó el hombre amablemente. Otra persona que cae ante su inofensiva apariencia— Así son los jóvenes.
— Sí, muchas gracias por entender— el hombre se despidió de nosotros y me dejó a solas con mi inminente castigo.
Ni siquiera se molestó en regañarme, simplemente me tomó bruscamente del brazo y me lanzó a la parte trasera de la furgoneta.
Cada kilómetro de regreso que avanza la furgoneta, siento que mi sentencia está más próxima. Mi padre me sacó del auto y me llevó al interior de la casa. Su silencio me resulta más aterrador que sus gritos.
— ¿P-padre?— pronuncié con timidez.
Él solo caminaba de un lado a otro sin detener su miraba en mí. De un momento a otro, se acercó hacia mí y me dio un puñetazo en el rostro. Caí al suelo, mi cuerpo impactó contra el suelo. Comencé a temblar del miedo, las lágrimas comenzaron a correr por mejillas. Se quitó el cinturón y comenzó a golpearme con fuerza con él. Los gemidos de dolor se escapaban de mis labios, las lágrimas eran cada vez más constantes.
— ¡Te atreves a desafiar mis órdenes, perra!— gritó furioso—¿Acaso no te he disciplinado lo suficiente?— continuó— Por esa razón tu madre se largó sin ti, porque ella sabía que eras una inútil.
— N-no se v-vol...Volverá a-a re-repetir, señor— tartamudeé temblorosa.
— Me encargaré que no se te olvide que desobedecerme está mal— me jaló con fuerza del cabello— Te gusta mucho tu cabello, ¿No es así?— inquirió burlón— ¿Cómo te sentirías si yo decidiera cortarlo?— tomó la tijera que su subordinado le ofrecía y me cortó el cabello.
Lo jalaba con fuerza mientras lo mutilaba sin piedad, los largos mechones quedaban esparcidos por el suelo. Él sabe lo mucho que suelo cuidar mi cabello para que luzca sedoso y brillante. Una forma cruel de recordarme que sus órdenes son absolutas. Sólo me dedicaba a llorar con amargura, mordía mis labios para que mis gritos murieran en mi garganta. Temía que si gritaba, mi padre empeoraría el castigo. El salado de mis lágrimas se mezclaba en mi boca con el sabor metálico de la sangre de mi labio partido.
— Danzo, llévala a su habitación. Pasará el resto del fin de semana sin comer— ordenó.
Apreté los puños con fuerza, la rabia nubló mi buen juicio. Tomé la tijera que mi padre había dejado a unos centímetros de mí y en cuanto sentí la presencia de Danzo a unos pasos de mí, le clavé la tijera con fuerza en una pierna. Él gritó de dolor y cayó al suelo. Me levanté de allí y corrí escaleras arriba para refugiarme en mi habitación.
Me dejé caer en medio de mi habitación y golpeé el piso con fuerza con mis puños, el dolor de mis manos no es nada comparado con lo que siento en el interior. Me desconozco, sigo sin creer que atenté físicamente contra alguien, alguien que odio, pero yo no soy quien para hacerle eso. ¿En qué me he convertido? Nunca había tenido un arranque tan violento como ese, el grito de dolor de ese hombre martilla dolorosamente en mis oídos.
— S-soy un monstruo— sollocé cubriendo mi rostro con mis adoloridas y temblorosas manos.
Recordé las razones de mi desgracia, fue culpa de mi propia estupidez. Creí que era capaz de escabullirme de sus narices por al menos un par de horas, pero nunca voy a poder escapar de ellos, estoy condenada a quedarme encerrada en este lugar. Ahora seguramente mi padre retirará mi privilegio de estudiar y tendré que comenzar con ese trabajo antes de tiempo.
Toqué las puntas de mi recién cortado cabello ¿cómo explicaré a todos que mi cabello ya no está? Para nadie es un secreto el hecho de que cuidaba mi cabello más que a mí misma. Inmediatamente pensé en Temari, ella seguramente sabría qué hacer en un momento como este. Me puse de pie con dificultad, me duele todo el cuerpo por culpa la golpiza que me profirió mi padre. Caminé hacia mi escritorio, saqué mi celular del cofre, me senté en la silla y marqué el número de ella por inercia.
— ¿Sakura?— preguntó dudosa desde el otro lado de la línea— ¿Estás bien?, ¿Por qué tu respiración suena entrecortada?, ¿Qué te hicieron?
— Necesito tu ayuda— respondí en un susurro— Mi cabello... ya no está.
— ¿Qué?— preguntó Temari conteniendo el aliento.
Le hablé de forma rápida sobre lo que pasó y le pedí ayuda, ella me aseguró que se le ocurriría una idea. No tengo idea de qué hará, sólo me dijo que esperara por ella el lunes en la mañana detrás de campo de fútbol. Borré el registro de la llamada y me encaminé en dirección a la cama.
La carga emocional que tenía en ese momento, me nubló la vista y me desvanecí sobre el piso de mi habitación. Desperté desorientada, sin saber cuántas horas habían pasado desde que me desmayé. Al parecer nadie entró a mi habitación después de eso o de lo contrario alguien habría tenido la decencia de llevarme a la cama o de cubrirme con una manta. Pero todo estaba igual que como recordaba haberlo dejado. Me levanté con cuidado, mis músculos entumecidos replicaron pero conseguí mantenerme de pie. Miré la hora, eran casi las ocho y media de la mañana. Había dormido todo el día de ayer y toda la noche. Mi cuerpo se sentía débil, pedía a gritos un alimento que no se me tenía permitido porque mi padre ordenó que así fuera. Todo el domingo estuve en mi cama, con las luces de mi habitación apagada, las cortinas cerradas, sólo en compañía de mis audífonos y mi lista de reproducción de una sola canción mientras lloraba silenciosamente. La falta de alimento no fue un problema en ese momento, sólo quería llorar y fundirme con el colchón, o simplemente morir allí mismo.
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El lunes en la mañana, me levanté más temprano que de costumbre. Pero permanecí acostada, sentía que si me ponía de pie mis fuerzas me abandonarían. De pronto, mi puerta se abrió y mi padre apareció por ella.
— ¿Qué haces aquí?— cuestioné con cautela.
— Nada, sólo vengo a avisarte que yo te llevaré a la escuela— respondió.
— ¿Por qué lo haces?— cuestioné desconcertada.
— Porque eres mi hija— sentenció.
— Dijiste que sólo era la hija de la mujer que te traicionó— recordé.
— Te pareces más a mí de lo que parece— comentó.
Un sabor amargo subió por mi garganta, he pasado parte de mi vida evitando escuchar esas palabras. Yo no me parezco a él, en lo absoluto.
— Creí que estabas enojado porque herí a tu subordinado favorito— dije recobrando la compostura.
— Es sólo un sirviente más del montón, no tengo porque sentir aprecio por él— alegó.
Tuve que morderme la lengua para no aportar nada más, no sé porqué no me sorprende. Ese hombre no es capaz de amar a nadie, ni siquiera a sangre de su sangre.
— Te espero para irnos en una hora, ni un minuto más ni un minuto menos— informó cerrando la puerta, dejándome sola con mis pensamientos.
Me dirigí al baño, la persona que devolvía la mirada a través del espejo, era diferente. Hasta este momento no me había molestado en revisar que tan mal había quedado mi cabello. Era muy corto y disparejo, me atrevería a decir que quedó tan corto como el de Gaara, pero con algunos mechones más largos. Posé una mano sobre el espejo y la cerré en puño, resistí el impulso de golpearlo con mis propias manos y quebrarlo. Entré y salí de la ducha en unos instantes, mientras me colocaba mi uniforme, mi vista se fijaba en mis interminables hematomas. Los de mis piernas los cubrí usando unos calcetines largos hasta las rodillas y una falda que llega hasta allí, evitando dejar la piel de mis piernas a la vista de curiosos. Cubrí los de mis brazos con maquillaje y mi labio partido con algo de base y brillo de labios. Con mi cabello no fue mucho lo que pude hacer, sólo cubrirlo con un gorro de lana, albergado la esperanza de que los maestros no me ordenen quitármelo. Tomé mi mochila y bajé a encontrarme con Kizashi. Él desayunaba con tranquilidad y con una simple mirada me ordenó que me sentara a hacer lo mismo, agradecí enormemente ese gesto. Creo que si paso una hora más sin probar alimento, colapsaría de nuevo.
— ¿Y bien?— preguntó Temari ansiosa.
Observé mi reflejo por última vez antes de contestar. Ambas estábamos en el baño del campo. Esa mañana casi no había nadie por los pasillos cuando mi padre me dejó en la escuela, así que nadie se dio cuenta del gorro, sólo un par de personas cuando mucho.
— ¡Es como si nunca se hubiera ido!— chillé emocionada.
Ella consiguió una peluca exactamente igual a mi cabello de antes. Temari asintió complacida. Ella estaba furiosa cuando vio el estado en el que yo estaba y me prometió que ella me ayudaría a que mi cabello volviera a ser tan espléndido como antes.
— Tengo que irme— dijo después de un rato.
— Nuevamente gracias— le di un abrazo y salimos juntas del baño, encontrándonos con Gaara recargado en la pared.
— Se ve natural— comentó él fijándose en mí.
Sonreí complacida y me guindé de su brazo para ir al salón a platicar antes que toque la campana.
Ese fue mi último día de clases, mi verano de infierno llegó más rápido de lo que pensaba. En el jardín de mi casa hay una pequeña caseta, que a simple vista pareciera que en ella guardaban las herramientas de jardinería, pero no. Es la entrada a unos calabozos secretos donde me encierran de vez en cuando, usualmente porque se le antoja o cuando me gano un castigo por desobediencia. Detesto ese lugar, es oscuro, húmedo y hay ratas. Esta vez estuve allí aproximadamente un mes, aunque para mí fue una eternidad. Los días pasaban lentamente, no sabía cuándo era de día o cuándo era de noche. Cualquiera de las mujeres del servicio me traía comida y agua una vez por día. Cada día me sentía más ligera, más débil. Cuando salí de ese horrido lugar, estaba pálida y había perdido unos ocho kilogramos más o menos, cualquier tipo de luz era una molestia para mis delicados ojos. Entonces entendí que mi castigo no fue por haber apuñalado a Danzo, en realidad él se mostró complacido por eso. Durante ese mes aprendí que escapar no es una opción para mí, debo aceptar mi destino por más que me duela.
...
El verano le dio paso al otoño, noviembre llegó rodeado de un clima frío y lluvioso. Me dirijo a la dirección, al parecer el director tiene algo importante que comunicarme.
— ¿Necesitaba verme?— pregunté cordialmente.
— Tengo algo importante que comunicarle, Haruno— respondió seriamente el hombre detrás del escritorio— En un mes se llevará a cabo el examen Nacional, supongo que ha escuchado hablar de él.
¿Qué si he escuchado hablar de él? Uno de mis sueños es ir a ese examen y quedar como la estudiante número uno del país. Me he preparado para este día desde que entré a la secundaria. Y ahora tal vez he sido llamada para participar.
— Por su cara entiendo que lo sabe— continuó— Allí están contenidos su pase al examen y toda la información referente al mismo— me entregó un sobre.
Salí de allí con una gran sonrisa en el rostro, todos mis años de quedar entre los primeros mejores, al fin estaban dando frutos. Fui hasta la cafetería tarareando alegremente y dando saltitos de vez en cuando. Todo el mundo se preguntaba sobre mi actitud, pero nadie se atrevía a preguntar, excepto por...
— Chicos— canturreé alegre.
— ¿Sucedió algo bueno?— preguntó Gaara confundido.
— Apuesto que se te declaró otro lindo chico— intervino Matsuri.
— Sakura no es de las que se emociona por eso— aclaró él.
— Tienes razón— dijo pensativa.
— No se trata de un chico, se trata de eso— dije poniendo el sobre en la mesa.
Ambos observaron el objeto intrigados, la primera en reaccionar fue Matsuri, quien tomó el sobre en sus manos y sacó el contenido.
— ¡¿Es en serio?!— exclamó Matsuri. Asentí efusiva— Felicidades, Sakura.
— Lo primero que debes hacer es asegurarte de que te dará permiso— habló Gaara sólo para que yo lo escuchara.
Es cierto, antes de cantar victoria, tengo que superar mi obstáculo más grande, mi padre.
— Le pediré permiso hoy mismo— afirmé decidida— si no lo consigo, prepárate para ir en mi lugar, después de todo eres el segundo mejor que yo.
Tomé el sobre en mis manos, en mi mente no dejaba de ensayar el discurso que le daría a mi padre. Albergaba la esperanza que me diera su permiso, estoy incluso dispuesta a rogarle de no ser así.
— Sakura-sama, su padre solicita su presencia en la cena— informó desde afuera una de las mujeres del servicio.
¿Mi presencia en la cena? Eso es extraño, usualmente alguna de ellas trae mi comida hasta aquí o bajo hasta la cocina. Tal vez esta es la oportunidad que necesito. Avisé que bajaría en un momento y me vestí apropiadamente para no desentonar con el aspecto impecable de Kizashi. Al entrar al comedor, sólo estaba él en la mesa y Danzo parado fielmente a su lado. Ahora él tiene que usar bastón el resto de sus días, los músculos de esa zona se atrofiaron y ya su pierna no es tan funcional como antes. La cena transcurrió en silencio, en mi mente existían dos debates. Uno, es la razón por la cuál mi padre solicitó mi presencia en la cena. Y la otra es cómo abordar el tema del examen.
— P-padre— comencé indecisa. Él arqueó una ceja interrogante— M-me gustaría saber si podrías darme tu permiso para...— hice una pausa para tomar aire. Saqué el papel con la información de mi bolsillo y se lo entregué— es el examen Nacional, el mejor estudiante de cada escuela del país toma el examen y luego... el puntaje más alto queda como el mejor estudiante de Japón— expliqué— ¿Puedo ir?
— Es algo prestigioso— comentó mirando el papel con interés. Creí que por fin me daría el permiso, pero...— La respuesta es no.
— P-pero, padre— repliqué.
— Dije que no, Sakura— refutó levantando la voz.
Me encogí en mi asiento y con un ligero movimiento de cabeza di a entender que había acatado la orden.
Llegué a mi habitación con los sueños destrozados. Sólo soy un pobre ilusa que creyó que él me dejaría cumplir algo que realmente deseaba hacer. Llamé a Gaara y le advertí que se pusiera a estudiar, pues no lo había conseguido.
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Ha pasado un mes desde entonces, Gaara estaba presentando el examen en una escuela en Kyoto. Al llegar a casa me di cuenta que tocaba limpieza general de la mansión, así que me tomé la libertad de indagar por toda la casa. Cuando era niña y tenía libertad de hacer lo que quería, no tenía permitido entrar a muchas habitaciones. Y después que ella me dejó, apenas y podía salir de la mía. Vi la puerta del sótano entreabierta, siempre tuve la curiosidad de saber que había allí adentro, pero no le había atrevido a entrar por miedo a mi padre. Volteé a todos lados en busca de alguna presencia, pero estaba completamente sola. Abrí la puerta de metal con cuidado y la volví a poner como estaba, la luz estaba apagada. Un olor desagradable llegó a mis fosas nasales, tuve el dilema interno de si irme de allí o ir a investigar de dónde proviene ese putrefacto olor. De pronto la puerta se cerró de golpe, me precipité hasta ella, pero no tiene para abrirla desde dentro. Comencé a golpearla frenéticamente, pero una risa desde el otro lado de la puerta me hizo detenerme abruptamente.
— Dicen que la curiosidad mató al gato, Sa-ku-ra-chan— pronunció Fū con sorna.
— Fū, no bromees de esa forma— demandé desesperada— abre la maldita puerta.
— Buena suerte intentando salir— añadió— Pero te advierto, esa habitación es a prueba de ruidos.
— ¡Fū!— grité.
— Que tonto soy, no se abre— dijo con falsa pena— Tuve la oportunidad de entrar conmigo y hacerte mía, pero me parece más divertido que descubras lo que hay si bajas las escaleras— escuché sus pasos alejarse, mientras reía estruendosamente.
— Bien, Sakura. Tú misma te metiste en esto, tú misma debes buscar la salida— me animé en voz alta.
Me pegué a la pared y bajé las escaleras, mientras tanteaba la pared en busca del interruptor de luz. El olor se hacía más insoportable a medida que me acercaba más al final de las escaleras. Conseguí el interruptor justo después de finalizar las escaleras, cerré los ojos creyendo que la luz me enceguecerá, pues ellos ya se habían acostumbrado a la oscuridad. Los abrí lentamente, dándome cuenta que sólo habían un par de focos con una luz amarilla tenue. Me horroricé al caer en cuenta de lo que en realidad se hace en este lugar, entendí porque es una habitación a prueba de ruidos. Una sala de torturas. En medio de ella hay una camilla hecha de concreto con correas y grilletes, el piso alrededor de ella está manchado por sangre, seguramente se trata de sangre de años y años de torturas. Justamente al lado de ella hay una mesa metálica con implementación médica, una cierra eléctrica y otros instrumentos que desconozco. En una esquina había una silla eléctrica. Al fondo, una puerta de madera envejecida que es probable que conecté este lugar con los calabozos. Un escalofrío me recorrió de los pies a la cabeza, siempre me pregunté que era de las personas que terminaban en el calabozo y me imaginé miles de formas de desaparecerlas, pero esto superó mis expectativas. Mi vista se clavó en una katana ensangrentada recostada sobre una pared, en esa misma habían dispuestos varios percheros con diferentes tipos de látigos colgados allí. Seguí la dirección de las gotas de sangre regadas en el suelo. Me encontré con una enorme viga con grilletes guindados a lo largo de ella, al menos unas cinco personas podrían estar colgadas al mismo tiempo. En la última hilera, estaba colgada una persona, abrí los ojos de la impresión. La sangre de la katana era de esa mujer, en su vientre había una enorme abertura por donde aún chorreaba sangre. Ella tiene el cabello color púrpura largo hasta la cintura, si no estuviera tan pálida y golpeada, podría decir que era hermosa. Sus órganos reproductores estaban puestos en otra mesa metálica ubicada junto a ella.
— ¡Oh por Dios!— grité horrorizada.
La imagen resultaba demasiado cruda para mis ojos, pero no podía despegar la mirada del cadáver de esa mujer. Caí de rodillas y vomité, el olor fétido y la impresión fueron mucho para mí estómago. Me cubrí el rostro con mis manos, comencé a llorar y gritar como enloquecida con la esperanza de que alguien me escuche y venga a sacarme de aquí.
— No mires, no mires, no mires...— me repetía una y otra vez.
Pero mis ojos inconscientemente se dirigen a ella. Me arrastré hacia atrás, me recosté en la pared y me abracé las rodillas, escondiendo mi rostro entre ellas sin dejar de llorar. Mi garganta ardía de tanto gritar. En un momento de desesperación me imaginé lo que pasaría si nadie viene a sacarme, pensé en la katana ensangrentada, en lo que haría con ella si llegaba en enloquecer en este lugar.
— Su nombre era Uzuki Yūgao— relató mi padre. Levanté el rostro en busca de su voz, él estaba de pie frente a la mujer con la mirada puesta en mí— Formaba parte de mi bar de prostitutas, era muy hermosa y codiciada por mis clientes. Pero se enamoró y salió embarazada de ese tipo. En cuanto se enteró, trató de huir de nosotros y la trajimos aquí. Le di la oportunidad de redimirse, ella abortaba a la criatura y volvía a su trabajo, así de sencillo. Pero se negó a hacerlo y yo me vi en la necesidad de tomar cartas en el asunto. Sabes que no soy un hombre que cree en segundas oportunidades, pero ella era buena en su trabajo y me interesaba mantenerla bajo mis órdenes.
— ¿Qué pasó con el joven?— me atreví a preguntar.
— ¿Él?— cuestionó pensativo— mandé a Torune que fuera por él. La razón por la que ella sigue allí es porque el chico no tiene idea de que su amada doncella estaba embarazada ni mucho menos que está muerta.
— Eres un ser despiadado— señalé acusadora.
— Tienes razón— dijo restándole importancia— De todas formas, quiero que veas lo que te pasará si algún día llegas a cometer la estupidez de enamorarte y querer huir con él. Recuerda que tú me perteneces y no tienes derecho a decidir sobre tu vida sin mí permiso ¿lo entiendes?
— Sí, señor— contesté con amargura.
— Ponte de pie, al menos que desees presenciar la cara de ese joven cuando vea a su mujer— ofreció con una sonrisa de lado.
Rápidamente obedecí, mis piernas temblaban como gelatina mientras trataba de ponerme de pie. Caminé lentamente hasta la salida, mientras mis piernas recuperaban su movilidad por completo. No quiero tener que presenciar cómo la vida de ese joven se derrumba en un segundo al enterarse que su amada murió y también su hijo no nato del cual no tenía idea de su existencia. Es espantoso como mi padre se dedica cada día a destrozar la vida de las personas por el bien de sus miserables negocios.
...
Llegué corriendo al salón, ayer salieron los resultados del examen, el director dijo que serían tres semanas después de la fecha de presentación. Gaara estaba en su asiento con la mirada perdida en la ventana. Me planté frente a él y golpeé su mesa con ambas manos.
— ¿Y?— pregunté ansiosa— ¿ganaste?
— No, quedé de tercer lugar— bufó.
— ¡Eh! Que mal— exclamé apenada— ¿Quién ganó el primer lugar?
— No lo sé— contestó con fastidio— un chico genio que vino de un olvidado lugar.
— ¿Cuál era su nombre?— interrogué con curiosidad.
— No lo recuerdo, creo que era Suke... Sake— divagó— Ah... no sé. Lo único que sé es que el chico rechazó la oferta de venir a estudiar a cualquiera de las mejores escuelas de Tokio, esta incluida.
— Tal vez está acostumbrado a la gente de su pueblo— comenté encogiéndome de hombros.
— El director está decepcionado, mira que tener la oportunidad de tener un genio como ese en esta escuela— añadió— Se dice que incluso le ofrecieron trasladar a toda su familia hasta acá porque no tienen dinero como nosotros.
— Tú tienes dinero, yo no— repliqué— El dinero de mi padre no tiene nada que ver conmigo. En todo caso, el dinero de nuestros padres es de ellos, no nuestro.
— Estás muy enojada últimamente, ¿estás segura que no es nada?— inquirió intranquilo.
— Si supieras— suspiré con pesadez— Cada día que pasa siento que me estoy sumiendo en una oscuridad de la que nadie será capaz de sacarme.
— Tú eres luz, Sakura. No permitas que nada cambie eso— aconsejó— La oscuridad con la que tú dices cargar, no te pertenece. Es sólo una sombra que pretende eclipsarte lentamente, no lo permitas.
— Admito que no quiero que eso pase, es decir, hay muchas cosas que me han pasado en estos meses y muchas de ellas me las he guardado para mí para no tener que preocupar a alguien más con mis problemas.
— Hey, para eso estamos los amigos— dijo— para ayudarte a cargar con los problemas.
— ¿Estás dispuesto a saltarte la primera clase para escucharme?— ofrecí.
— Como Presidente del Comité estudiantil no puedo aceptar tu oferta, pero nos vemos en la hora del almuerzo.
— Como usted diga, Presidente— respondí burlona.
Gaara negó divertido y volvió su atención a Matsuri, quien acababa de llegar.
...
Al inicio de la primavera comenzó una nueva etapa para mí, la preparatoria. Estoy feliz de que por fin estemos todos juntos de nuevo, el año anterior Gaara me sirvió de pilar para mantener la cabeza en alto, pero sin duda me hicieron falta los griteríos y consejos de Temari. Durante la ceremonia de entrada, un chico de ojos de color marrón al igual que su cabello, no despegaba sus ojos de mí, hasta el punto de incomodarme. Buscaba mi nombre en la cartelera para ver en qué salón me tocó y sobretodo, asegurarme que Gaara y Matsuri estén en mi clase. Suspiré aliviada al ver sus nombres en la misma lista que yo.
— Ya extrañaba verte— dijo berrinchuda Temari, pasando un brazo por mis hombros.
— Hola, Temari-senpai— saludé educadamente.
Ella sonrió socarrona y me exigió que no la llamará así nunca más.
— ¿Quién será ese chico?— comentó Matsuri abrazándome por el otro lado.
— ¿Cuál?— pregunté haciéndome la desentendida.
— Ese— señaló discretamente al chico de antes— Noté que no te ha quitado la mirada de encima desde la ceremonia de bienvenida.
— Yo lo conozco— intervino Temari— Estaba en mi clase el año anterior y parece que este año también lo estará.
— ¿Cómo se llama?— interrogó Matsuri mostrando interés.
Vi a Gaara soltar un gruñido inaudible, sonreí para mis adentros. Es lindo ver a un chico como él mostrando celos. Quisiera llegar a tener un chico que no tema mostrar celos por mí, pero siendo realista, eso nunca va a suceder. Estoy condenada a la vida que mi padre me imponga y eso significa tener que rechazar a cada chico que se me insinúa. En mis tres años de secundaria perdí la cuenta de a cuántos chicos tuve que decirle que no, aunque ninguno nunca me atrajo, pero a veces eran muy insistentes y tenía que deshacerme de ellos de una manera cruel.
— Morino Idate— respondió.
— Deberías acercarte a él— incitó Matsuri dándome un pequeño empujón.
— No estoy realmente interesada— negué encogiéndome de hombros.
— No entiendo qué clase de estándares tengas tú para escoger chicos, Sakura— se quejó Matsuri.
— Déjala, tú no lo entiendes— reclamó Temari.
— ¿Qué no entiendo? Ella ha rechazado cada tipo que se le declarado sólo porque su padre le tiene prohibido tener novio. Creo que esa es una excusa para tu mojigatería— continuó quejándose.
No tenía ganas de intervenir, esto solo es una simple discusión sobre mí entre ellas.
— Es más complicado de lo que parece— aclaró Temari.
Matsuri frunció el ceño enojada por la falta de información.
— Matsuri— llamé— Te lo contaré todo, sólo necesito tiempo.
— Vamos a clases— se dirigió Gaara hacia nosotras a secas.
Las tres intercambiamos miradas desconcertadas, sabía que él estaba molesto por el interés de Matsuri por el chico. Pero ella sólo lo hace para buscarme un novio, no porque ella esté interesada en él. Para nadie es un secreto que esos dos se gustan mutuamente, sólo que los dos son muy cobardes para dar el primer paso.
— Disculpa— él se interpuso en mi camino hacia nuestro salón— mi nombre es Morino Idate— se presentó ofreciéndome su mano.
— Haruno Sakura— respondí su saludo por cortesía.
Vi como Matsuri me animaba a entablar una conversación con él y a Gaara rodar los ojos con fastidio.
— El nombre adecuado para una hermosa flor como tú— alagó besando mi mano.
— Muchas gracias— contesté quitando mi mano con sutileza.
— Tienes un color de cabello muy peculiar, pero te queda hermoso— tomó un mechón entre sus dedos.
— Es una peluca— pensé fastidiada.
Extraño que mi cabello natural llegué a la altura de mi cintura, pero con la ayuda de los tratamientos que Temari me regala, ha crecido un poco. Pero lastimosamente, aún no es lo suficientemente largo como para comenzar a emparejarlo.
— Lo sé, me lo dicen muy a menudo— dije.
La campana resonó por todos los rincones de la escuela, salvándome de él o eso creía.
— ¿Te gustaría almorzar conmigo?— preguntó.
— Tal vez otro día— decliné amablemente.
— Sí, claro— respondió con una sonrisa torcida.
Corrí para alcanzar a los chicos, pues se habían ido sin mí. Escuché una pequeña disputa entre Gaara y Matsuri, miré a Temari interrogante, pero ella tampoco entendía nada.
— Parece una típica pelea de pareja— comentó ella con una sonrisa socarrona.
— Sí— concordé imitando su sonrisa.
— Por cierto, Sakura— dijo Gaara girándose hacia mí— Feliz cumpleaños.
— Feliz cumpleaños— repitieron Temari y Matsuri al unísono.
Había olvidado por completo mi propio cumpleaños, dieciséis años ¿eh? No estoy muy feliz al respecto, pero no puedo detener el tiempo. Pero todo lo espantoso que pueda pasar más adelante ahora queda en el olvido, lo único que deseo en estos momentos es disfrutar mi vida escolar junto a mis amados amigos.
— Gracias por recordarlo— me permití sonreír con sinceridad.
Sé que mi tiempo está llegando a su fin, pero planeo disfrutar de él hasta el último segundo. En la hora del almuerzo, las chicas sacaron un pequeño pastel que compartimos entre los cuatro. Me sentía feliz, sentía que mi vida amenazaba con dar un gran cambio y no uno malo, uno bueno. Aunque tal vez sólo sean mis ganas de una vida mejor, supongo que un poco de fe no me caería nada mal.
...
Hoy se celebra en la escuela el festival de primavera, por ese motivo falté a clases este día. Toda la servidumbre, ya sea los lacayos de mi padre y la mujeres de la limpieza, estaban reunidos en el despacho de mi padre. No tenía intenciones de ir a averiguar sobre qué se trataba la reunión, por más curiosidad que sintiera. El rugido furioso de mi padre me erizó la piel y antes de darme cuenta, ya estaba frente a puerta de su oficina escuchando la conversación.
— Siete años— pronunció iracundo— Siete malditos años en los que esa mujer se ha burlado de mí— no pude evitar preguntarme quién es esa persona que se ha burlado de él por siete años— Ella sabe demasiado, ¿Lo entienden?. Si ella algún día decide comenzar a hablar, estamos perdidos.
— Seguiré buscando, mi señor— respondió Danzo temeroso de la furia de Kizashi— Si me permite mi opinión, esa mujer no ha abierto la boca por temor a que usted pueda tomar represalias contra su hija.
— Tu punto de vista es acertado— le concedió mi padre— Tsunade, esa mujer intenta proteger a la bastarda de mi hija desde las sombras.
¿Mi madrina? Yo siempre pensé que mi padre le había prohibido venir a verme. No tenía idea que ella estaba huyendo de él, pero ¿por qué?, ¿Qué es eso que ella sabe que puede arruinarlo? Ojalá tuviera un pista sobre mi madrina y preguntarle personalmente, y así ambas nos desharemos de Kizashi Haruno. Pegué más la oreja a puerta buscando escuchar mejor, pero hubo una complicación. La puerta cedió y quedé tirada dentro de la oficina de mi padre con la mirada de todos puesta en mí. Rápidamente me puse de pie y escapé antes de que mi padre decida pagar su enojo conmigo.
— Tráiganla— ordenó.
Aceleré el paso buscando las escaleras. Escuché los pasos de alguien detrás de mí, ni siquiera me molesté en girar a ver de quién se trataba. Esa persona me tomó de la mano para detenerme, pero me giré, le di un puñetazo en la nariz y un rodillazo en el estómago a mi víctima, o Torune en este caso.
— ¡Perra!— bramó enojado.
Desde hace un tiempo he estado aprendiendo defensa personal con Temari, ella piensa que saber defenderme es crucial para mí. Antes de que pudiera escapar, tomó mis piernas haciéndome caer. Sin soltar mis piernas, se levantó y me arrastró de regreso a la oficina de mi padre. Me dejó allí sola con él, pues todo el personal había vuelto a sus labores. Pude sentir toda su frustración y su enojo en cada golpe que asentaba en mi contra, quería gritar del dolor pero no podía, quería suplicarle que se detuviera pero la voz no me salía. Mi propio llanto me ahoga y dificulta mi respiración.
Llegué a mi habitación después de eso, nadie me dio una mano para subir las escaleras, nadie me ofreció una ayuda para curar mis heridas. Todo el mundo hizo la vista gorda como siempre, pretendiendo que no existo, que no soy un ser humano que siente dolor cuando lo golpean. Sólo soy el saco de boxeo de mi padre. Cerré la puerta detrás de mí y me deslicé sobre ella hasta quedar sentada en suelo. Me abracé a mis rodillas y lloré con amargura y dolor, nuevamente. ¿Es que acaso vine a este mundo sólo para sufrir? No creo poder soportarlo un día más, no puedo soportar tanto dolor, tanta humillación. Siento como mi corazón se tiñe de negro con el correr del tiempo y no quiero eso, quiero seguir siendo la misma Sakura de siempre. La que siempre sonríe a pesar de todo.
— Temari— dije después de que ella tomará la llamada— Ya sabes que hacer, lo siento— borré el registro de llamadas y lancé el teléfono lo más lejos que pude.
La madre de Gaara y Temari es médico, ellos suelen pedirle que haga permisos médicos falsos para mí cuando las golpizas resultan muy brutales y ningún maquillaje logrará cubrirlas del todo.
...
Este año se pasó volando, el otoño ha llegado y con él las frías lluvias. Llegué a mi habitación con ganas de quitarme toda esta ropa mojada, y calentarme con una manta y un abrigo de lana.
— ¿Qué haces aquí?— demandé bruscamente al ver a Fū parado fuera de mi habitación con la puerta abierta.
— Esa no es la forma de dirigirse a alguien que acabas de ver— dijo aparentemente ofendido.
— No estoy de humor para tus juegos— corté tajante— Vete, tengo frío.
— Quizás podría ayudarte a quitarte esa ropa mojada y darte algo de calor— me guiñó el ojo y una sonrisa lasciva se tatuó en su rostro.
— Largo— exigí entrando a mi habitación.
Fruncí el ceño al percatarme del cambio que sufrió mi habitación. En donde alguna vez estuvo mi cama, la cual era lo suficientemente grande como para albergar a dos personas. Ahora habían dos camas pequeñas separadas por mi mesita de noche.
— A partir de hoy tendrás una compañera— informó mi padre, dando respuesta a mis preguntas no formuladas.
Él estaba sentado en la silla de mi escritorio, dando vueltas en ella.
— ¿Alguna otra cosa que tenga que saber, padre?— pregunté.
— Tu deber será explicarle las reglas de esta casa, sólo eso— explicó. Asentí levemente— Cámbiate, ella llegará esta noche.
— Sí, señor— respondí haciendo una leve reverencia.
Alrededor de las ocho de la noche, mientras estaba en mi nueva cama leyendo mi libro favorito, alguien llamó a mi puerta.
— Voy entrando— una mujer rubia se asomó tímidamente esperando que le diera autorización.
— Adelante— musité.
Ella cerró con cuidado la puerta y caminó hacia mí. Es muy bonita, sus facciones son hermosas, debe tener unos veintiuno o veintidós años. Tiene el cabello largo hasta las caderas, con un largo flequillo cubriendo la parte derecha de su rostro. Sus ojos son azules y posee una esbelta figura de la cual sentí envidia por unos instantes. Ella viste unos jeans azul claro, con unas botas color piel y una blusa púrpura manga larga cuello tortuga. Busqué indicio de golpes sobre ella, pero parece ser que no opuso resistencia cuando la atraparon.
— Yamanaka Ino, mucho gusto— se presentó con una cálida sonrisa, tendiendo su mano hacia mí.
Ino es una mujer hermosa, hermosa en todo el sentido de la palabra. Su mirada refleja calidez, una calidez que me atrevería a decir es maternal. ¿Acaso la calidez de esa mujer será capaz de liberarme de mi oscuridad?
¿Qué tal? ¿Les ha gustado como ha quedó la historia? Para mí su opinión es súper importante porque gracias a sus hermosos comentarios me animo a escribir, a veces me gustaría responder a todos sus reviews pero por falta de tiempo no puedo hacerlo, pero igualmente yo los aprecio mucho. Usualmente soy muy insegura en lo que respecta en muchos aspectos de mi vida, pero cuando se trata de escribir un capítulo soy feliz y conforme con mi trabajo. Admito que cuando publico un capítulo nuevo, me entra ansiedad por así decirlo. Me refiero a que a mí me puede gustar lo que hago pero pienso ¿qué pasaría si lo que yo imaginé para este capítulo no estaba en las expectativas de mis lectores? Algunas veces he llegado a pensar que si sigo haciendo los capítulos largos, la lectura ya no será amena, sino que más bien se volverá tediosa. No les digo esto porque planeé cambiar la dinámica de mis capítulos, nada que ver. Hacer eso sería no ser fiel con mi estilo de llevar las situaciones dentro de la historia y conmigo misma, por supuesto, es sólo que quería saber su opinión. Con respecto al capítulo, no hay mucho que comentar, admito que este capítulo me mantuvo bajo mucha presión porque es muy importante y me sentía muy insegura de lo que hacía. En esta ocasión necesitaba desahogarme un poco y les voy a dejar esa tarea de comentar el capítulo a ustedes. El siguiente capítulo será publicado en cuanto lo tenga listo, aunque quisiera publicarlo el 2 de noviembre, debido a que es día es mi cumpleaños y quiero publicar ese día en particular. Pero quiero su opinión al respecto.
Espero que se tomen la molestia de dejarme sus opiniones en un review, me encanta leerlos.
Nos leemos en el próximo capítulo, Hasta la próxima.
EAUchiha
