MENTAL

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AUTOR: Sara Holmes

TRADUCCIÓN: Grupo Traducciones Lagrimas del Fenix - Bellatrix_2009

BETA: Meliza Malfoy

DISCLAIMER: Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a JK Rowling. No se ha ganado dinero ni se ha violado ningún copyright con este trabajo, la trama pertenece única y exclusivamente a Sara Holmes, sólo la traducción es de nuestro grupo.

RESUMEN: Harry piensa que ya ha pasado más que tiempo suficiente compartiendo su mente con otra persona, no muchas gracias. Pero un inesperado hechizo de Legilimency dirá lo contrario...


CAPITULO 13

Conseguir una pista


[size=6][font=Times] Sentado en el borde su cama, Draco permanecía inmóvil, mirando sin ver la ventana en el dormitorio de Slytherin que estaba justo en frente de los pies de su cama. El agua, más allá del cristal de la ventana estaba oscura, turbia y tranquila, y las algas visibles en el marco inferior de la ventana de piedra estaban casi completamente inmóviles, misteriosamente suspendidas en el agua, zarcillos trascendentales sin llegar a nada.

Draco se sentía igual; mentalmente suspendido en la nada. Después de la sorpresa inicial, el terror y la posterior huida de la Biblioteca y lejos de Potter, su mente se había cerrado y quedado en blanco. No sabía qué hacer, qué pensar o cómo sentirse. Él sólo quería quedarse completamente inmóvil, con la esperanza de que el mundo siguiera girando y pasara de él, sin él tener que hacer frente a lo que acababa de suceder.

Malfoy, habla conmigo.

Él parpadeó, haciendo caso omiso de la voz suplicante en su cabeza. Potter había estado pidiendo hablar con él desde que Draco había huido. Sonando con cada frase cada vez más agitado y frustrado. Draco lo había ignorado todo el tiempo, él pánico agarrando su corazón como un criminal con cada palabra de Harry.

No estaba enfadado

Estaba aterrorizado.

Él no tenía la intención de quedarse dormido, no se supone que tendría ese tipo de sueños en mitad de la maldita Biblioteca, con Potter cerca. Si, estaba absolutamente enojado, pero enojado consigo mismo por ponerse en esa situación. Él sabía que Potter tenía acceso a sus sueños. Joder, suponía que era inevitable de todos modos, probablemente Potter hubiera visto su sueño aunque se encontrara al otro lado del castillo.

Vamos, has dejado tus cosas, por lo menos ven a buscarlas.

La vergüenza y el miedo se arrastraron por su columna y él tragó saliva. De ninguna manera iba a ir a la Biblioteca para tener a Potter cuestionándole acerca de lo que había visto. De ninguna manera iba a volver para dejar que Finnigan le jodiera y todo el mundo se riera de él.

Sus ojos ardían, frotó sus manos contra ellos enfadado. No quería llorar por esto, era tan estúpido. Él no podía evitarlo, y Merlín sabía que lo había intentado. Hizo un esfuerzo para moverse y se quitó los zapatos, dejándolos caer al suelo con golpes secos y luego volvió a arrastrarse sobre su cama. Se acurrucó en el centro de ella y jaló una almohada hasta ponerla debajo de su cabeza.

No iba a llorar. No iba a hacerlo. Tenía dieciocho años y había sobrevivido a una guerra, por lo que no iba a llorar por algo tan trivial como que Potter haya averiguado que era… bueno, eh que… que él no era normal.

— A la mierda —susurró con voz gruesa y la garganta apretada. Lo había hecho tan bien para tener escondido eso de todo el mundo, incluso de sus amigos más cercanos, trató muy duro de ser el heredero Malfoy que siempre debería haber sido. Siendo el heredero obediente no implicaba ser… ser lo que era. O al menos no significaba que todo el resto del mundo descubriera que había estado fingiendo todo el tiempo.

Y ahora Potter sabía. Y se burlaría de él, lo despreciaría y le insultaría, se reiría de él y se negaría a ser su amigo.

Draco apretó sus ojos, cerrándolos firmemente, y se encogió acurrucándose con más fuerza, poniendo los puños cerrados bajo su barbilla.

Malfoy, por favor, habla conmigo.

Él no se movió.

La puerta del dormitorio de Gryffindor se abrió de golpe, chocando contra la pared de piedra detrás de él. Ron le miró sorprendido, mientras Harry se tambaleó al pasar por la puerta, tropezando a cada paso, con los brazos cargados de pertenencias.

— ¿Dónde diablos has estado? –dijo dejando caer "Volando con The Cannons" – ¿Y por qué tienes dos mochilas?

— Malfoy –jadeó Harry dejando caer ambas mochilas y el resto de cosas sobre su cama.

Ron levantó las cejas.

— ¿Vas a decirme por qué le estás robando sus cosas a Malfoy?

— Las dejó en la Biblioteca –dijo Harry sin aliento, agitando su mano para tratar de evitar las preguntas –Es…

— ¿Él dejó todas sus cosas? –preguntó Ron, desconcertado – ¿Es su bufanda?

— Sí, pero Ron…

— ¿Por qué él simplemente…?

— Ron, él es gay.

Harry no quería que se le escapara de aquella manera la verdad, pero no podía evitarlo. Había estado martilleando en su mente desde que había visto el sueño de Draco y él no podía mantenerlo dentro por más tiempo. Era como un fuego artificial encendido, un fuego artificial encendido que tendría que detonar en algún momento, al parecer volviéndolo loco en el proceso. Vio como las cejas de Ron se alzaron y su boca se abrió.

— ¿Él es gay? –preguntó finalmente mirándolo atónito – ¿Realmente gay? ¿Cómo lo sabes?

— Se quedó dormido –explicó Harry sentándose en la cama, al lado de la pila de cosas. Distraído cogió la bufanda verde y plata de Draco, girándola en sus manos –Estaba soñando…

— Oh, Merlín, ¿qué viste? –preguntó mirándolo alarmado.

— Sólo él, que estaba besando a alguien. Un chico –dijo Harry, aclarándose la garganta que de repente parecía estar apretada con una tenaza. Un destello de culpabilidad le recorrió el cuerpo, pero no fue suficiente para hacerle admitir que había estado husmeando deliberadamente en los sueños de Malfoy. Todavía estaba enojado con él mismo por no haberse detenido a pensar en lo que estaba haciendo, joder, antes de jugar un poco con el enlace. Él solo había estado tan absorto en las posibilidades que no se había parado a pensar en las consecuencias.

Ron negó con la cabeza, silbando entre dientes.

— Wow. Seamus me debe mucho dinero.

— ¡No! –Harry casi gritó antes de que pudiera detenerse, sus manos apretando alrededor de la bufanda –No le puedes decir a nadie.

— ¿Por qué no? –preguntó Ron, mirándole decepcionado.

— Ni siquiera yo debería saberlo –Harry dijo enfáticamente –Tiene que haber una razón para que él no quiera que yo, y nadie más, lo sepa.

Ron lo miró con atención por un momento. Harry apenas se dio cuenta, sus ojos estaban todavía en la lana suave, verde y plata, que tenía entre los dedos. No podía dejar de pensar en ello, la forma en que Draco había sido empujado contra la puerta, la pequeña sonrisa que había curvado sus labios antes que el otro chico los atrapara, ¿quién era ese chico? ¿Era un sueño o un recuerdo? ¿Se siente diferente al besar a otro tipo? La imagen de sí mismo; todos los ángulos duros, barba incipiente, pelo corto bajo tus dedos…

— ¿Harry?

Él levantó la cabeza al oír el sonido de la voz vacilante de Ron.

— Lo siento, ¿qué?

— ¿Estás bien?

Él suspiró dejando caer la bufanda en su rodilla para poder masajear sus sienes.

— Yo… Sí, sí, por supuesto que estoy bien. No es algo que debiera molestarme realmente, ¿cierto? No debería molestarle a nadie. No me molesta.

— Parece que sí te está molestando –dijo Ron con una pequeña mueca.

— Simplemente no lo sé –dijo Harry sin poder hacer nada, tratando de concentrarse y poder dejar de pensar en lo que había visto – ¿Por qué no sabíamos?

— Bueno, todo el mundo pensaba que estaba con Parkinson, ¿no? –sugirió Ron –Y nosotros realmente no hurgamos en la vida personal de los Slytherin, ¿sabes?

Harry resopló con cansancio.

— Muy bien.

— ¿Sabe que te has enterado?

Harry asintió con la cabeza.

— Se despertó y se asustó. Escapó sin sus cosas, es por eso que las tengo.

Ron se levantó y se acercó a la mochila de Malfoy mirando con curiosidad.

— ¿Has intentado hablar con él? Con el enlace quiero decir.

— Sí. Pero él no va a responder –dijo Harry sin entusiasmo –Y no curiosees en su mochila.

Ron se detuvo mirándolo decepcionado.

— Ah, vamos. Es una oportunidad única en la vida para conseguir los sucios secretos de un Slytherin.

— Ya tenemos un sucio secreto de él. Y de todos modos lo más probable es que esté hechizada para que nadie más entre en ella, y es probable que te coma los dedos al meterlos.

Ron retrocedió inmediatamente viéndose alarmado y llevando protectoramente sus dedos hacia su pecho.

— Buen punto. No lo consideraría incapaz de hacerlo.

Harry no respondió. Honestamente no creía que Draco hubiera hechizado su propia mochila, pero por alguna inexplicable razón no quería que Ron husmeara en ella. Le parecía mal, como si estuviera invadiendo la privacidad de Draco. Lo que era una cosa completamente ridícula e hipócrita que pensara aquello, teniendo en cuenta lo que había hecho esa noche.

— Esto hace las cosas mucho más complicadas –dijo frotándose la cara con sus manos.

— Sí nadie lo sabe, excepto nosotros, colega, no veo por qué –dijo Ron lentamente mientras se sentaba de nuevo en su cama, balanceando sus pies –No vas a molestarlo con eso, ¿verdad?

— No. ¿Por qué habría de hacerlo?

Ron se encogió de hombros.

— A algunas personas no les gusta.

— Apuesto a que a su padre no le gustaría –dijo Harry y Ron asintió con la cabeza.

— ¿Tal vez por eso no quería que nadie lo supiera?

Harry le dirigió una mirada significativa.

— Su padre está muerto, Ron.

Ron rodó los ojos.

— Ya lo sé. Pero tal vez tenía que fingir ser heterosexual cuando estaba vivo, y no ha perdido la costumbre.

Los ojos de Harry se abrieron al recordar algo que parecía que hubiera sucedido hace años: "Sea cual sea su opinión sobre la situación, él amaba a su padre y seguirá siendo muy consciente de lo que Lucius pensaría acerca de él. Le va a llevar un tiempo para salir de la costumbre y darse cuenta que él es ya un hombre diferente y dueño de sí mismo".

— Demonios sangrientos, creo que puedes tener razón —dijo Harry y Ron le dirigió una sonrisa.

— Sucede más a menudo de lo que la gente piensa.

Harry resopló con frustración, apartando la bufanda de su rodilla y dejándola a su lado en la cama.

— ¿Por qué le importa tanto lo que todos piensen? Sí, entiendo por qué no querría que su padre se enterase si estaba presionado para dar un heredero al linaje Malfoy o lo que sea, pero, ¿cree realmente que a todos los demás les molestaría que fuese…? Ya sabes.

— ¿Gay? –ofreció Ron levantando una ceja –Puedes decirlo.

— Lo sé –dijo Harry molesto, tal vez más de lo que en verdad debería estar –Es extraño, todo el mundo anda bromeando sobre ello.

— Sí… Seamus enloquecería si supiera. Creo que quemaría su libreta si supiera –dijo Ron con cierta tristeza.

— ¿Realmente apuestas sobre que Malfoy es gay? –preguntó Harry dejándose caer hacia atrás en su cama, medio aplastando su mochila en el proceso. Gimió pensando en su redacción de Encantamientos y sacó la mochila de debajo de él.

Ron hizo un sonido evasivo.

— Apostamos por todo.

Harry suspiró cubriendo sus ojos con un brazo.

— Yo la apuesta que debería haber tomado fue esa de mil a uno sobre mí saliendo con Malfoy. Me habría ganado una fortuna.

Hubo una pausa y luego Ron dijo con voz incierta.

— ¿Eh… amigo?

— ¿Qué? –Harry levantó la cabeza, estirando el cuello para ver a Ron, con aspecto de estar oscilando entre la preocupación y posiblemente la risa.

— Nada –dijo Ron después de un rato, moviendo la cabeza y poniendo sus pies sobre la cama –No importa.

Harry se encogió de hombros y dejó caer la cabeza en el colchón aspirando profundamente. Estaba hecho polvo. Había sido un largo día.

Harry no podía dormir. Y estaba seguro que Draco tampoco podía.

Era pasada la medianoche y el dormitorio estaba en silencio, salvo por la respiración fuerte de Neville y los ronquidos de Ron. La habitación estaba oscura y Harry no quería más que poder descansar un poco, pero no podía. No podía dejar de pensar en lo que había visto.

Había tratado de sacarlo de su mente, realmente lo había intentado. Fue solo un beso, ¿verdad? Así qué, ¿por qué estaba obsesionado con ello como si tuviera doce años? Lo único que había visto era un chispazo de cinco segundos y ahora no podía pensar en otra cosa.

Se preguntó como sería el sabor de un tío. ¿Sería capaz de diferenciar solo por el gusto? ¿O se besan de manera diferente? Ginny le había besado con pasión, no había ninguna duda, pero la forma en que el chico había besado a Draco era algo totalmente distinto. Más enérgico, más posesivo de una manera que hizo a Harry sentirse extraño.

Preguntarle a Draco no era una opción, no importaba lo desesperado que estaba por saber. Quería saber quién era el chico que había besado a Draco, lo que había sentido. También quería decirle a Draco que a él no le importaba, que no iba a pensar mal de él, pero a la vez tenía miedo de que Draco husmeara también su mente. A decir verdad, no estaba seguro de que Draco supiera que había visto sus pensamientos a propósito. Había esperado que le amenazara y le gritara, que estuviera violento a consecuencia de su error, pero todo lo que Draco había hecho fue huir.

Los tíos tenían menos curvas. Debían sentirse diferentes cuando unos los abrazaba, ¿verdad? Experimentalmente recorrió su torso con sus manos, desde la clavícula hasta el ombligo y se preguntó cómo sería ser presionado contra otro cuerpo plano en lugar de senos. Y no había manera de que los chicos olieran igual que las chicas. Eso tenía que ser diferente. Harry podía reconocer el aroma a flores de Ginny a una milla de distancia, e incluso el perfume de Hermione a veces. Pero supuso que con chicos sería diferente.

Harry hizo una pausa, aquietándose en la cama cuando una idea vino a su mente. Se quedó totalmente inmóvil por un momento, movió lentamente su mano hasta debajo de la almohada aferrando la prenda de lana verde y plata. La sacó poco a poco y la hizo una bola en sus manos. Miró en la oscuridad las franjas de colores apenas distinguibles, y luego lenta y tentativamente la llevó hasta su cara. Respiró profundamente y tuvo que cerrar sus ojos. El olor del muchacho, de Draco, era abrumador. Tan diferente al de Ginny o a cualquiera otra chica a la que se hubiera acercado. Era más profundo y mezclado con cualquier perfume caro que Draco probablemente usara. Era extrañamente familiar, sin embargo, completamente extraño, pero reconfortante porque era de él.

Al abrir los ojos en la oscuridad parpadeó lentamente. Alejó la bufanda de su cara y la metió debajo de su barbilla y de repente tuvo deseos de dormir, así que no tuvo que pensar más. No entendía, y en ese momento no estaba seguro de hacerlo algún día.

— Harry, te has dejado la mochila de Malfoy.

Harry se detuvo en la puerta del dormitorio, acomodando su propia mochila en su hombro.

— No voy a llevarla. Venga, vamos al desayuno.

— ¿La vas a dejar aquí? –preguntó Ron confundido.

— Sí. –respondió Harry –Él la tendrá de vuelta en cuanto me la pida.

— ¿Por qué no se la das a uno de sus amigos? –dijo Neville parándose al lado de Ron y mirando con curiosidad a Harry y la mochila que estaba apoyada en las almohadas de Harry.

Harry vaciló.

— Porque quiero hablar con él –dijo finalmente, agradeciendo que Seamus y Dean ya se hubieran ido –Él está molesto por algo y no quiere hablar conmigo.

— Oh –dijo Neville – Es una lástima, pensé que ustedes dos se estaban llevando mejor.

— Lo estamos haciendo, esto es solo un bache momentáneo –dijo Harry.

— Chantajearlo con su mochila probablemente no es el mejor plan que has concebido –dijo Ron rascándose la cabeza.

— Es el único plan que tengo –dijo Harry con impaciencia –Y él necesita su mochila, tiene allí la redacción de Pociones.

— ¿Qué pasa si uno de los otros Slytherin pregunta por ella?

— Le digo que no –respondió Harry con prontitud –Yo le dije eso –continuó tocándose la sien –Le dije esta mañana que si quería su mochila tenía que dejar de ser tan cobarde y venir por ella él mismo, que no se la daría a nadie más.

— Creo que estás chiflado –dijo Ron con un movimiento de cabeza.

— El enlace con Malfoy me permite estarlo –dijo sobre su hombro y empezó a bajar las escaleras. Oyó a Ron y Neville riendo tras él y sacudió la cabeza con una sonrisa. Quería llegar al Gran Comedor tan rápido como fuera posible para ver si Malfoy aparecía, sabía que Draco se debatía entre seguir escondiéndose un poco más y no seguir perdiendo más clases.

Apenas había dado unos cuantos pasos por las escaleras cuando se topó cara a cara con alguien que no se esperaba, subiendo las escaleras, Hermione.

— ¡Joder, Hermione!

— Vamos, muévete –dijo ella impaciente indicando hacia el dormitorio –Yo no pienso estar sentada esperándolos a ustedes dos mientras se preparan. Seamus y Dean se fueron hace siglos. Te juro que si Ron está recién terminando la lección de Trasformaciones para esta mañana…

— Joder, ya lo hice. Es agradable escuchar la fe que tienes en mí –la voz de Ron sonó enfadada desde lo alto de la escalera a través de la puerta abierta. Harry no podía dejar de reír, mientras obedientemente la seguía por las escaleras y entraba por la puerta.

— Tengo fe en ti –dijo Hermione con impaciencia mientras seguía a Harry en el dormitorio –Solo… ¿de quién es esta mochila?

Ella miró de Harry a la cama y luego de vuelta a Harry, la mochila de éste descansaba sobre su cadera.

— Eh, ¿de Malfoy? –dijo rascándose la nuca y no estaba seguro de por qué había sonado como una pregunta.

— ¿Me estoy perdiendo de algo? –preguntó Hermione con suspicacia.

Harry se encogió de hombros, sintiéndose avergonzado. Con todo lo que había pasado se le había olvidado contarle a Hermione lo que había sucedido el día anterior. Echó un vistazo a la mochila de cuero, mucho mejor que su propia cosa andrajosa, y luego a los demás, con los ojos parpadeando nerviosamente y deteniéndose en Neville.

Hubo una pequeña pausa y Neville salió al rescate de Harry asintiendo brillantemente y dándole unos golpecitos en el hombro a Ron.

— Los veo allá abajo, chicos –dijo –Me muero de hambre de todos modos.

— Hasta luego, Neville –dijo Harry con gratitud y Neville sonrió antes de salir, Bajó las escaleras ruidosamente y canturreando.

— Así que, ¿la mochila de Malfoy? –solicitó Hermione.

— Er… –Harry comenzó repentinamente perplejo. ¿Qué podía decirle? ¿Acerca de su plan de chantajear a Malfoy con su mochila o la parte de que Draco era gay, o de cómo había descubierto que la bufanda de Draco olía bien? En realidad, tal vez solo los dos primeros puntos, pensó distraídamente, frunciendo el ceño ligeramente. Él no quería que absolutamente nadie descubriera que había dormido abrazado a la bufanda de Draco.

— ¿Puedo contarlo yo? –preguntó Ron, sus labios retorciéndose.

— Sí, por favor –dijo Harry fervientemente, pasando los dedos por su pelo.

— Muy bien –dijo Ron alegremente –Malfoy es gay. Harry lo descubrió y Malfoy se oculta de él, y Harry no le devolverá sus cosas hasta que deje de hacerlo y venga por ellas. Y yo no tengo nada que ver en lo anterior.

Hermione parpadeó hacia Harry, que balanceó su peso de un pie a otro. Hizo un sonido un poco extraño ante los hechos tan contundentes.

— ¿Malfoy es definitivamente gay? –preguntó finalmente.

Harry asintió con la cabeza.

— Noventa y nueve por ciento seguro

— ¿Y cómo te sientes sobre eso –preguntó lentamente.

Harry frunció el ceño.

— Bien, ¿por qué? ¿Cómo debería sentirme al respecto?

Hermione se encogió de hombros.

— No sé. A veces pequeñas cosas son enormes problemas para ti. A veces solo te falta poner el punto.

Harry miraba perplejo.

— ¿Falta el punto sobre qué?

— Oh no, yo solo lo dije de manera general, nada en concreto –dijo ella, demasiado rápido para el gusto de Harry –Todo esto es solo un poco confuso en realidad. Pero de todos modos, ¿cómo te has enterado que es gay? ¿Te lo dijo Draco?

— No lo creo –resopló Harry –Percibí un sueño de él estando con un chico.

— ¿En serio? –preguntó Hermione sonando escandalizada, mientras sus mejillas se cubrían de rubor – ¡Oh, por Merlín…!

— Relájate, solo se estaban besando –dijo Harry sonriendo, mientras Hermione se sonrojaba aun más.

— Pues sí, evidentemente –dijo ella un poco enfadada – ¿Quién es el chico de todos modos?

Harry se encogió de hombros.

— No lo reconocí. Puede que solo haya sido solo un sueño, ¿verdad?

— ¿No eras tú? –preguntó Ron con picardía.

La mandíbula de Harry cayó y se volteó indignado para increpar a Ron.

— No, no era yo.

Ron se encogió de hombros.

— Siempre he dicho que estoy seguro que a Malfoy le gustas. Explica por qué siempre fue tan cabrón contigo.

Fue el turno de Harry de sonrojarse.

— Tú… no… Cállate –se dio la vuelta, dándole la espalda enfadado, dejando a Ron riendo detrás de él.

— Colega, solo estaba bromeando –dijo Ron riendo, él y Hermione lo siguieron fuera de la habitación.

Harry resopló sin hacerle caso y metió las manos en los bolsillos. A Malfoy no le gustaba él, eso era ridículo. No era el jodido asunto. No era más que dos ex enemigos que no se gustaban entre sí, en absoluto, así que, ¿por qué todo el mundo decía esas cosas?

Deja de ser un estúpido y ven a Transformaciones.

Harry miró su reloj y frunció el ceño. Malfoy tenía alrededor de treinta segundos para presentarse o llegaría tarde a Transformaciones y luego McGonagall le mataría, a pesar de los problemas de enlace y el dilema gay. Había esperado tanto como le fue posible en el Gran Comedor, pero Nott y Parkinson había llegado sin Malfoy y sin mirar incluso tanto a Harry lo que le molestó aún más.

Malfoy, por favor. Vamos.

Otra vez, nada. Joder, comenzaba a ser frustrante. Malfoy nunca le había ignorado, siempre habían sido comentarios sarcásticos, argumentos irónicos e incluso maleficios. Incluso deseaba que Malfoy estuviera furioso con él, al menos le oiría. Él no esperaba que sucediera, pero así fue: después de tener un compañero constante durante semanas, perdió la voz de Draco.

¿Por qué era esto tan importante? Era ridículo, pensó Harry enfadado. No sería tan estúpido si algo como eso le hubiera sucedido a él, y si alguien hubiera descubierto por casualidad que era gay, no haría una rabieta infantil ni se escondería de todos, él solo seguiría adelante y mandaría a la mierda a cualquier persona que tuviera un problema con ello.

Debía ser duro, siempre estar cuidándose de lo que los demás pensaran.

McGonagall entró en la habitación y las charlas cesaron inmediatamente. Harry sintió que se le encogía el corazón y trató una vez más de conseguir que Malfoy hablara con él.

Draco, por favor. Habla conmigo.

No obtuvo una respuesta.

Harry tiró su mochila sobre la cama, mirando la otra mochila que estaba allí, recostada inocentemente sobre sus almohadas. Su plan había fracaso estrepitosamente, al parecer Malfoy estaba más preocupado porque Harry supiera que era un marica que por sus EXTASIS. Lo cual era ridículo, porque Malfoy necesitaba todo lo que pudiera obtener si quería conseguir algún trabajo una vez saliera de la escuela y en segundo lugar a Harry no le importaba que Malfoy fuera gay. Bueno, no le importaba en el mal sentido, de todos modos. Estaba interesado, eso seguro, pero no de una forma negativa.

Harry había estado tan seguro de que alguien vendría a pedirle las cosas de Malfoy. Parkinson o Nott, tal vez, pero nadie había dicho nada. Miró la mochila de nuevo maliciosamente con la idea de echarle un vistazo. Tal vez tropezara con un gran cliché, tal vez el diario de Malfoy. Podría leerlo y enterarse de lo que estaba pasando en esa rubia cabeza exasperante.

Resistió el impulso y en su lugar se recostó contra la cabecera, empujando la mochila de Malfoy a un lado y deslizando su mano bajo la almohada para coger la bufanda. Suspiró envolviéndola alrededor de sus manos y deseando que pudiera decirle más sobre su dueño.

— Alguna vez ha besado a un chico mientras te lleva puesta, ¿eh? –le preguntó en voz alta y luego resopló de risa. Él realmente se estaba volviendo loco como para terminar hablando con una bufanda.

Hubo un ruido sordo y un estruendo, el saltó lejos moviéndose hacia atrás y golpeándose la cabeza con el respaldo de la cama. Había desenredado una mano de la bufanda y frotó la parte posterior de la cabeza, su corazón latiendo violentamente. La fuente del ruido era clara, la puerta del dormitorio abriéndose violentamente y golpeando duramente en la piedra de la muralla, como si alguien la hubiera abierto de golpe.

— Lo siento –dijo Ginny entrando y haciendo una mueca –Me olvidé que esta puerta hace eso.

— Merlín, Ginny, podrías advertirlo –dijo Harry frotándose el pecho. Estaba decepcionado de alguna manera irracional, su mente había imaginado un escenario en el que Draco entraba como un huracán para hablar con él para exigir sus cosas, entonces habrían analizado juntos la situación y él lo habría admitido, sentándose al lado de Harry para hablar con él.

— ¿Qué demonios es eso? –preguntó Ginny sacándolo de sus pensamientos.

— ¿Qué? –preguntó y luego su cerebro comprendió. Miró la bufanda aun envuelta alrededor de una de sus manos. Vaya –Oh, es…

— Malfoy –dijo rotundamente –Es de Malfoy, ¿no es sí?

— Sí, la dejó en la Biblioteca ayer –dijo Harry deseando que ella se fuera, deseando que ella desapareciera por algún tiempo, así no tendría que lidiar con esto, mientras intentaba ocuparse de Malfoy.

— Entonces, ¿por qué no se la has devuelto? –preguntó ella acercándose para sentarse al lado de sus piernas extendidas empujando su mochila a un lado.

— No le he visto hoy –dijo Harry y ella frunció el ceño.

— ¿Por qué no se la diste a uno de sus amigos?

Harry se encogió de hombros

— Quería hablar con él.

El cuerpo de Ginny se tensó.

— De acuerdo.

— ¿Estás bien, de todos modos? –Le preguntó Harry tratando de desviar la conversación lejos de Malfoy. Se dio cuenta que aun tenía la bufanda en la mano y la dejó caer en la cama junto él.

— Sí, lo siento, no te he visto últimamente –dijo sin mirarlo –Tenía mucho en que…

— Sí, yo también –murmuró. ¿Dónde mierda estaba Ron cuando lo necesitaba? Merlín, él interrumpía en cualquier oportunidad antes y ahora no estaba por ningún lado. Probablemente afuera tratando de meterse en las bragas de Hermione, pensó Harry poco caritativamente. O tratando de conseguir que le hiciera el jodido trabajo de Pociones.

— ¿Quieres venir a cenar? –preguntó Ginny, y ella se deslizó más cerca, poniendo una mano en su rodilla.

Harry se quedó helado. A medida que se acercaba captó el aroma de su perfume floral, y lo único en lo que podía pensar era en tomar la bufanda de Malfoy y presionarla en su rostro para olerla en su lugar. Él se apartó lejos antes de sentirse como un pendejo y luego se detuvo, tragó grueso, había apoyado su peso en sus manos y sus hombros estaban tensos.

— ¿Qué demonios? –le preguntó Ginny con incredulidad, sosteniendo su mano lejos de Harry como si la hubiera quemado.

— Lo siento –dijo sin poder hacer nada.

— ¿Qué está mal contigo? –preguntó ella.

— ¿En mí? –preguntó, de pronto la ira quemaba a través de él – ¿Qué está mal en mí?

— ¡Sí! –dijo respondiendo igualmente con ira –Estás increíblemente acalorado y frío.

— He tenido un montón de cosas con las que lidiar –dijo bajando de la cama y poniéndose de pie, cruzando los brazos sobre su pecho –Tú eres la que parece que no puede hacer nada frente al enlace, aunque no tiene nada que ver contigo…

— Es un problema de todos –argumentó, de pie al otro lado de la cama y apretando los puños a los costados.

— No, no. Es problema mío y de Draco, y si tú no puedes hacer un esfuerzo y tratar con él entonces…

¿Draco? – interrumpió ella con incredulidad –Es Draco ahora, ¿verdad?

— ¿Y qué si lo es? –dijo Harry bruscamente, bien y verdaderamente en el límite de sus fuerzas. No entendía lo que estaba pasando con nadie, ni siquiera consigo mismo, así que, ¿cómo iba a mantener a todos felices en la tierra? Por desgracia, parecía que a Ginny también se le estaba acabando la paciencia.

— Estás actuando como si él fuese más importante que yo.

— Sí, bueno, tal vez lo hago –gritó Harry –Pero por lo menos ha dejado de darme un mal rato por cada maldita cosa. Por lo menos no corre a donde su ex cada jodido minuto del día.

— Yo… –empezó Ginny, pero vaciló. Los ojos de Harry se abrieron un poco. La observación sobre Dean había sido un golpe bajo y una conjetura, pero de alguna manera le había dado justo en la cabeza del clavo.

— Solo vete –dijo Harry cansadamente, sentándose de nuevo en su cama y agarrando la bufanda otra vez –Ve y encuentra a Dean. Estoy seguro de que te está esperando en alguna parte.

Ginny lo miró por un momento y luego habló, su voz era tensa.

— Yo solo hablo con Dean porque él puede hablar de otras cosas que no sea de Malfoy. Todo lo que sale de tu boca en estos momentos gira en torno a Malfoy.

— Lo que sea –Harry se encogió de hombros, haciendo caso omiso de ella y mirando la bufanda.

— ¿Te gusta? ¿Es eso? –Ginny se quebró.

Harry casi se mordió la lengua, sentándose con la espalda recta.

— ¿Qué?

— Estás sentado allí, mirando su bufanda como si fuese la cosa más preciada que tuvieras.

— Sal, Ginny –dijo Harry ferozmente, mirándola –Sal.

— No lo niegas, ya veo –dijo bruscamente y giró sobre sus talones, corriendo por las escaleras.

Harry saltó de la cama, casi tropezando en el proceso. Corrió hacia la puerta, balanceándose en el marco de piedra para mantenerse erguido.

— No tengo un jodido capricho con Malfoy –gritó por la escalera hacia Ginny y oyó un grito indistinguible, pero furioso lanzado contra él.

— Vete a la mierda –gritó por si acaso, luego se encaminó hacia su cama recostándose en ella. Tenía de nuevo la bufanda de Draco entre sus manos antes de que se diera cuenta, enojado la lanzó lejos de él al darse cuenta de lo que había hecho. Aspiró y exhaló un par de veces. Se sentía inexplicablemente culpable, él extendió la mano y cogió la bufanda de Draco. No había hecho nada malo después de todo.

¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué de pronto odiaba que Ginny estuviera cerca de él? ¿Por qué Malfoy dominaba todos sus pensamientos mientras estaba despierto? ¿Y por qué no podía mantener esa maldita bufanda lejos de él?

Aspiró profundamente, apretando la bufanda de Draco contra su nariz, y de pronto descubrió que no le importaba.